Emm vale, no tengo excusa para justificar mi eterno retraso. La inspiración me viene a cuentagotas y también estoy muy liada con la uni y el trabajo... De todos modos, espero que no me odiéis mucho y que disfrutéis con este capítulo!

La pequeña sala que compartían los 3 militares se encontraba en calma, sin ruido. La tranquilidad desapareció con la llegada de unos pasos furiosos.

-¡Estoy hasta las narices de vuestras promesas, militares de pacotilla!- Mikasa entró hecha una furia, roja de rabia- ¡Ya han pasado cuatro días y aún no habéis hecho nada para rescatar a mi hermano! ¿A qué esperáis? ¿A que termine loco, muerto o-?

No pudo terminar la frase. Annie, con una velocidad sobrehumana, se plantó delante de ella y le hizo una llave que la tiró inmediatamente al suelo, en cuestión de un segundo.

-Ugh…

-Te lo dije, Mikasa- dijo Armin con voz cansada, que acababa de asomarse por el marco de la puerta-. Te dije que no entraras con esos humos…

-Os dije que tuvierais paciencia- habló Annie en un tono bajo, cargado de peligrosidad-. No me quitéis a mí la poca que tengo.

La asiática se levantó con el rostro dolorido, soltando maldiciones por lo bajo.

-A ver, calma, gente- Reiner intentó poner algo de tranquilidad-. ¿Habéis visto que haya ocurrido algo extraño en la casa en estos cuatro días?

-Nada- Armin agachó la cabeza-. Sabemos que está ahí, pero nunca nos abre. Tampoco sale de la mansión, sólo cuando nosotros nos hemos ido. Así no podemos averiguar nada…

-Hmm… Es difícil adivinar sus intenciones…

-¿Y por qué no hacemos lo contrario de lo que él espera?- Bertholdt se había levantado de su asiento y se colocó al lado de Annie, dejando ver la enorme diferencia de altura que había entre los dos- Quiero decir… probablemente él no se haya movido de ahí porque ellos están siempre encima de él, y puede sospechar que hayan avisado a la Policía Militar. No hace nada por miedo a que lo descubramos.

-Entonces…-Reiner arqueó las cejas

-Entonces Mikasa y Armin dejarán de frecuentar la casa para que así él baje la guardia y que piense que nadie le vigila. Así tal vez realice los planes que tenía previstos. Y cuando menos se lo espere…nosotros apareceremos.

-¡Bravo, Bertholdt! ¿Por qué no se nos ha ocurrido antes?

El mayor lanzó una sonrisa disimulada. No era muy hablador, pero las pocas veces que abría la boca eran de mucha ayuda.

-En ese caso…ya sabéis, chicos. No vayáis por unos días. Observaremos desde la distancia. Entonces, cuando veamos sus auténticos movimientos…atacaremos.

El rostro dolorido de Mikasa dio paso a una sonrisa siniestra.

Los rayos del Sol comenzaban a proyectarse por los grandes ventanales de la habitación, cosa que hizo que Levi se despertara. Hizo el intento de levantarse, pero los largos brazos de Eren se habían enroscado alrededor de su cuerpo como una mata de raíces. Sus intentos de zafarse eran en vano. A pesar de que el muchacho todavía seguía débil, lo amarraba con una fuerza asombrosa, incluso ahora, que estaba dormido. Al final tuvo que hacer algo de fuerza para separarse de él, pero ni se inmutó. Era lógico, pues los somníferos que le echaba en la leche cada noche eran muy fuertes.

Cuando por fin consiguió salir de la cama, se desperezó y estiró su pequeño cuerpo. Le dolía todo. Y era algo normal debido a que Eren se agarraba a su cuerpo con fuerza para dormir, cosa que le impedía a él estar en una postura cómoda.

Soltó un largo suspiro y miró a Eren con gran preocupación en los ojos.

Desde que Levi le contó la "noticia" sobre la muerte de sus amigos, Eren se había desequilibrado por completo. No podía dejarlo solo, y si lo hacía, estallaba en ataques de ansiedad, se autolesionaba o simplemente lloraba hasta que Levi volvía a la habitación. Pero los ratos en el dormitorio tampoco eran de mucho sosiego: Eren reclamaba su total atención, no se quería separar ni un metro de él y eran numerosas las veces que exigía que lo tomara. No es que no le gustara hacérselo, para nada; lo que no le gustaba es esa necesidad insana que sentía por él. Incluso a la hora de dormir quería tocar el cuerpo de su amante sin descanso. Cuando por fin se quedaba dormido, se despertaba al poco rato con pesadillas. Aquello no podía ser nada bueno. De todos modos... ¿no será éste el precio que le toca pagar por ser un mentiroso, por haber herido de gravedad el corazón y el alma de Eren? Sin duda, todavía era un precio demasiado bajo por todo el dolor que estaba pasando el pobre Eren.

Aprovechó mientras el castaño estaba dormido y bajó a la planta baja. Abrió disimuladamente una de las cortinas del comedor que daban a la puerta principal. No vio nada anómalo. Aquellos dos habían dejado de ir a su casa de la noche a la mañana, y de eso han pasado ya cinco días. ¿Se habrían cansado de esperar sin obtener resultados? ¿Se habrían marchado por fin al interior de Rose? ¿Los habrían matado de verdad? No tenía ni idea y tampoco quería saberlo, pero al menos se había quitado una molestia importante de encima. Ahora que ya no estaban ni armaban jaleo, por fin podría sacar a Eren de esa habitación y llevarlo por la planta baja, o incluso por el jardín. Se llenó de esperanza y contó con que aquello le sirviera a Eren para recuperar la cordura.

Sonrió. También podría comenzar por fin con la mudanza. Si esos dos ya no estaban por allí, significaba que la Policía Militar había pasado de ellos o incluso que ni siquiera les habían avisado. Nada le impediría abandonar las murallas clandestinamente e irse a su auténtica patria. Aquellos muros apestaban y le deprimía.

Y la mansión también. Era un avispero de malos recuerdos, pesadillas y traumas, tanto para él como para Eren.

-Uhh…

El efecto de los somníferos estaba comenzando a disiparse, pero todavía le costaba abrir los ojos. Ah, se encontraba en la misma habitación de siempre. Tenía la sensación de que se le olvidaba algo. ¿Qué era? No tenía tantas cosas en la mente como para que se le empezaran a ir los recuerdos de la cabeza. Ah…ya se acordaba: Sus amigos de la infancia, Mikasa y Armin, estaban muertos.

Comenzó a gritar desesperadamente. ¿Por qué no pudo salvarlos? ¿Por qué? ¿Y Levi, dónde estaba? ¿Lo había perdido a él también? No… no podía permitirse perder a nadie más o si no se volvería loco. Se tiraba de los pelos mientras le corroía la culpa por la muerte de sus amigos. No valía para proteger a nadie. Ni siquiera valía para contentar a Levi. Él veía en sus ojos que no era feliz de aquella manera. No valía para nada. Inútil, inservible, inútil…inútil….

-¡EREN!

Antes de poder siquiera levantar la cabeza para mirarlo, Levi ya se había lanzado sobre él y le intentaba apartar las manos del pelo.

-¡Basta, Eren! ¡Esto no es sano para ti ni para mí!

-Por eso…- le costaba hablar ente tanto sollozo- Por eso mismo te cansarás de mí y me dejarás.

-No voy a…

-¡Puedo contentarte de muchas maneras!- comenzó a pasar sus manos por el cuerpo del mayor con desesperación- Así que no me dejes, por favor…

-¡Eren!- al final tuvo que agarrarle de las manos con fuerza y separarlas. Sabía que le estaba haciendo daño, pero era la única manera de que se estuviera quieto- Escúchame muy bien: No voy a dejarte, ¿me has oído bien?

-Pero…

-He dicho que me escuches, mierda. Antes era un sádico loco. Te he torturado, humillado y violado tantas veces que he perdido la cuenta. Te quería, o al menos ese era mi "concepto" de querer, como me hizo creer Erwin a mí. Pero me has hecho mejorar, cambiar… me has hecho creer que puedo cambiar de ser un loco a ser alguien locamente enamorado. Ahora creo que puedo ganarme de verdad tu cariño, porque antes no lo merecía.

Suavizó el agarre de sus manos y se las besó con dulzura.

-Soy yo el que debe suplicarte que no me dejes, y no tú.

Comenzó a atraerlo hacia sí, abrazándolo.

-Te quiero. No lo olvides nunca, no importa lo que pase, ¿vale?

Eren no pudo hacer otra cosa que aferrarse a su cuello, enterrar el rostro en su hombro y llorar durante un buen rato. Pero en medio de toda aquella profunda y oscura desesperación, una pequeña cerilla de felicidad se acababa de encender.

Levi nunca le había dicho te quiero.

Hanji iba subiendo todo lo rápido que podía la pequeña cuesta que llevaba a la mansión de Levi. Hacía cosa de unas horas que había recibido una carta de éste diciendo que empezara a hacer las maletas, que era hora de irse. Hacía varios días que no pasaba a visitarlos debido a su apretada agenda como médico, y no sabía a qué se debía aquella repentina prisa. ¿Habría mejorado Eren por fin? ¿O acaso anda la Policía Militar detrás de él y quiere huir de ellos? ¿O Eren se había vuelto loco, definitivamente?

No sabía cuál de las dos últimas opciones podía ser peor. Una cosa estaba clara: Si le pillaba la Policía Militar y descubría el secuestro de Eren y el cadáver (mejor dicho, esqueleto) de Erwin Smith, no saldría de Rose con vida.

Intentó apartar aquellos sombríos pensamientos de la cabeza e intentó centrarse sólo en lo bueno. Saldrían de allí, y cuanto antes, mejor.

La guerra estaba cada vez más cerca.

Al fin se había atrevido.

Se encontraban en el patio de atrás. Acababa de amanecer y el sol no pegaba con mucha fuerza todavía por aquella parte de la casa. Había salido una mañana cálida, pero para él, que hacía meses que no disfrutaba del aire puro del exterior, era una sensación muy fría. Delante de ellos dos habían cavado un par hoyos.

Al fin se había atrevido a dar entierro a sus amigos.

No eran hoyos muy grandes ni tampoco profundos, pues no tenían cuerpos ni restos que enterrar. El silencio era sepulcral y ninguno de los dos se atrevía a decir nada, hasta que Eren comenzó a hablar con voz firme.

-Me temo que ha llegado la hora de despedirnos, Mikasa, Armin…- aparentemente, su voz no temblaba- Me habría gustado poder protegeros como bien prometí, haber continuado juntos y haber comenzado una nueva vida, los cuatro juntos.

Eren lanzó una pequeña mirada hacia Levi, pero éste mantenía la mirada fija en un punto de la pared del jardín.

-Ojalá pudierais venir conmigo a Francia; sobretodo tú, Armin, que te habría encantado conocer tierras extranjeras. Mikasa… tú habrías intentando poner un poco de sentido común en todos mis actos futuros. Más que una hermana, has sido como mi segunda madre.

Levi no podía soportar aquella tensión. ¿Por qué se sentía tan abochornado? Que acabara pronto con su discurso, por favor.

-Ha llegado la hora de separarse, pero os prometo que viviré por los tres. ¡Lo juro!- comenzó a sorberse la nariz- Esta… esta será la última vez que lloro, os lo juro.

Levi colocó una mano en su hombro.

-¿Has acabado?

-Sí… creo que sí.

-Enterraré los hoyos, pues- cogió una pala grande que había en la pared.

-No, espera. Lo haré yo. Será lo último que haga por ellos.

-¿No te cansarás?

-Ya estoy fuerte, mucho más que antes. Gracias por preocuparte- consiguió esbozar una pequeña sonrisa en aquella máscara de sufrimiento. Definitivamente, no podía mirarle a la cara. Todo aquello era culpa suya, pero si no le hubiera mentido, Eren jamás habría accedido a irse a Francia sólo con Levi.

Pero, a pesar de todo el dolor y las penurias, Eren consiguió recuperarse tras un par de duras semanas. Anímicamente aún estaba un poco débil, pero físicamente ya había recuperado casi toda su anterior fortaleza y vitalidad. Por fin, pensó Levi.

Y aquello no era lo único bueno: Al anochecer, ellos dos y Hanji emprenderán su marcha clandestina hacia tierras francesas. Dejarían definitivamente atrás todo aquello que los atormentaba.

Cuando hubo terminado, agarró un par de flores blancas que habían dispersas por el jardín y las colocó sobre las tumbas. Lanzó una última mirada para no volverla hacia atrás jamás.

Lo que no sabía era que lo que daba por muerto estaba cada vez más cerca de él.

Llegó el mediodía y, cuando terminaron de comer, decidieron echar una pequeña siesta, pues a penas podrían dormir por la noche con la fuga. Pero, lejos de dormir, acabaron juntos en la cama de Levi, con los cuerpos entrelazados y fundiéndose entre besos. En un principio iban a ser sólo besos y alguna que otra caricia, pero no pudieron aguantar el ardiente fuego que había en su interior y terminaron totalmente desnudos, con las sábanas y la ropa desperdigadas por toda la habitación. Desde que Eren se puso en serio con la rehabilitación, no habían vuelto a tener ningún contacto íntimo, y de eso ya habían pasado más de dos semanas.

Parecía que era Eren el que más necesitaba de aquel contacto, pues fue él quien tomó la iniciativa de desnudar al mayor y de seguir con aquel juego. Tenía algo de miedo de ser él quien tocara y explorara y no Levi, pero éste le mandó una tímida sonrisa que le sirvió como afirmación: "Sí, puedes tocarme".

Y así lo hizo. Comenzó a tocar el miembro del mayor, al principio con mucha vergüenza, pues nunca le había tocado de aquella manera, pero con cada roce, con cada caricia, iba adquiriendo maestría, cosa que a Levi le agradaba profundamente, cada vez más y más. Cuando casi estaba llegando al clímax, Eren dejó la mano quieta. El mayor no pudo ocultar su molestia.

-¿Por qué te has parado?

-Levi…

-¿Eh?

No necesitó más explicaciones. Con sólo mirar los ojos de Eren, con aquel brillo de excitación y a la vez de vergüenza, aquel rostro enrojecido y aquella mirada de decisión, lo comprendió todo. Comenzó a pensar que así habría sido en la cama el anterior Eren, el de antes de sufrir todas aquellas violaciones y vejaciones que casi lo mandan a la tumba: decidido pero con vergüenza, excitado pero a la vez tímido… con esas ansias de devorar el cuerpo del mayor. Y es que Levi nunca había visto señales de aquello que ahora Eren quería hacer.

No pudo evitar reír disimuladamente.

-¿¡Qué te resulta tan gracioso?!- todavía se puso más colorado aún.

-Así que quieres follarme, ¿eh?

-Bueno, tampoco lo digas así…

-Pero es así. ¿O acaso me lo va a negar ese pedazo de bulto que llevas entre las piernas?

-Emm…yo…

Levi le dio un beso en la mejilla.

-Eres adorable- se tumbó sobre la cama y con una mano guió también el cuerpo de Eren para que se recostara sobre él-. Hace mucho tiempo que no me hacen eso, así que lleva cuidado. De lo contrario, me las pagarás.

Lo dijo sin ninguna mala intención, pero aquella frase bastó para que el menor se tensara y un escalofrío recorriera todo su cuerpo. Al parecer, las heridas del pasado tardarían en sanar mucho más de lo creído, pensó Levi. No volvería a gastarle una broma así.

-Anda, ven aquí…- con una pierna, atrajo al joven hacia sí-. Eren… nunca habría dejado que nadie me hiciera esto otra vez. Pero tú eres mi Eren, y yo también quiero ser tuyo.

El castaño no pudo hacer otra cosa que aferrarse a él, repitiendo su nombre sin cesar.

-Rivaille…Rivaille…- repetía contra su cuello- Oh, Rivaille… te quiero tanto…

Justo cuando estaba a punto de entrar, con la punta rozando su entrada, no pudo evitar sentirse un tanto "poderoso". Por una milésima de segundo se le cruzó la idea de entrar sin miramientos, como él le hizo tantas veces, pero aquel pensamiento se desvaneció enseguida. Eren sabía que el noble había pasado por lo mismo que él y necesitaba mucho cariño.

Comenzó a entrar poco a poco, sin prisa. Estaba tan estrecho que incluso a él le molestaba un poco. Fue entrando y saliendo con suma lentitud hasta que finalmente tocó fondo. Fue una sensación maravillosa para el menor, sentir a Rivaille así, con todo su ser. Pero aún era más maravillosa la vista que tenía del noble: abierto de piernas, con la espalda medio arqueada y la cabeza echada hacia atrás en una mueca entre el placer y el dolor; él también estaba rojo. No pudo hacer otra cosa que comenzar a moverse, necesitando cada vez más de aquel contacto.

Rivaille, por su parte, no podía evitar sentirse un poco avergonzado. Hacía tanto tiempo que no hacía eso… sabía que estaba colorado y no quería que Eren le viera así. Seguro que se reiría. Notó como Eren comenzaba a moverse, y aquella sensación de molestia fue desapareciendo junto con la vergüenza. Hubo un segundo en el que, sin querer, Levi miró directamente a los ojos de Eren, y ya no pudo despegarlos. Aquella mirada estaba cargada amor, deseo, cariño… Al diablo con todo, pensó. Y se aferró al cuello del menor, dando gracias a todas las deidades de que le hubieran dado a alguien así. También suplicó que por favor jamás se lo arrebataran.

Y ocurrió. Con mucha calma, con mucho amor. Y se lo hizo con mucha lentitud y apremio al mismo tiempo. Eren era tan gentil, tan dulce…pero tan pasional a la vez…

Aquella tarde, Rivaille gritó. Como nunca antes lo había hecho.

Todo el equipaje estaba listo.

Tampoco es que tuvieran mucho para llevarse. Eren tan solo llevaba lo puesto y alguna que otra prenda que Levi le había comprado. Y el mayor tampoco es que llevara mucho más que él.

-Oye, Rivaille- preguntó, mirando por última vez el comedor de la mansión-. ¿Todos los muebles y las cosas de la mansión se van a quedar aquí?

-Así es. Tan sólo sería un estorbo ir cargados con tanta cosa. Nos acabaría pillando la Policía Militar, así que lo mejor es salir con lo puesto y poco más.

-¿Y cómo haremos para sobrevivir en Francia? Ya no tendremos la mansión, y…

-Calma, calma- le interrumpió, poniéndole un dedo sobre los labios con dulzura-. Soy un noble y tengo muchos contactos y poder. Todo lo que necesitamos está en Francia. Y Hanji lleva los papeles y esas cosas legales.

-Ahí va. Entonces…- se quedó pensativo- Si yo soy tú…bueno, pareja o lo que quiera que sea… ¿eso me convierte a mí también en noble?

-Técnicamente, sí. Aunque para mí eres más como un rey. O mejor, un emperador.

Eren sólo pudo sonrojarse como respuesta.

-Vamos, es hora de irse. Hanji nos está esperando en las murallas de la zona norte.

Eren no podía evitar sentir una serie de sentimientos encontrados en aquel momento. Aquella mansión había sido donde se enamoró de Levi, después donde fue secuestrado durante más de 2 meses, y finalmente donde ambos declararon su amor. No sabía si sentir lástima o alegría. Lo único que sabía era que, en la oscuridad de la noche y con todas las luces apagadas, aquella casa era un lugar tétrico y siniestro.

Dieron un último vistazo al interior de la casa y la cerraron para no volver a abrirla jamás, con todas las pesadillas confinadas allí dentro. Lo mismo hicieron con la puerta principal, echando una última mirada al jardín y a las dos tumbas. Eren no pudo evitar seguir mirando la mansión desde fuera.

-¿No te sientes triste?- preguntó a Levi- Por abandonar la casa, quiero decir.

-La verdad es que no. Han sido demasiados momentos dolorosos los que he tenido que pasar allí dentro. Demasiado cerca del cadáver de Erwin… Hanji ha pagado a alguien para que en unos días queme la mansión. Sólo así podré estar tranquilo del todo.

Todo aquello era demasiado doloroso. Eren se limitó a cambiar de tema mientras bajaban la colina.

-Oye, ¿es difícil el francés? No creo que allí hablen el idioma de aquí.

-No es para nada difícil, sólo suena un poco raro. Además, por esa zona se habla también alemán. Ambas lenguas conviven y te puedes comunicar en una de las dos.

-¿Alemán? Nunca lo he oído…

-¿Sabes? Creo que te pega más hablar alemán. ¿Sabes que tu apellido, "Jäger", significa cazador en alemán?

-¡CAZADOR CAZADO!

A penas le dio tiempo a Levi de reaccionar. La voz que acababa de dar el grito salió de entre las sombras. Se trataba de un tipo alto y muy corpulento: Reiner Braun. No pudo fijarse en nada más, pues le hizo una llave que lo tiró al suelo de inmediato.

-¡RIVAILLE!- fue corriendo en dirección del noble, pero Annie apareció de la nada y lo sujetó por atrás- ¡Soltadme, malditos!

-¡Eren, por favor, estate quieto!

Esa voz…

Giró la cabeza todo lo que pudo, y allí estaban.

-Armin… ¡Mikasa! ¿¡Cómo…!?

¿Qué estaba pasando?

Estaba oscuro, pero pudo ver la gran sonrisa de alivio que había en la boca de Armin. Mikasa, en cambio, parecía que iba a estallar en cólera en cualquier momento.

-No entiendo nada…- Eren sentía que se iba a desmayar en cualquier momento. ¿No habían muerto? ¿Qué hacían allí? ¿Se estaba volviendo loco?

-Después hablaremos y sabrás toda la verdad- Mikasa se adelantó y continuó hacia delante-. Pero ahora…

Comenzó a patear a Levi, que yacía en el suelo dolorido por la caída. Seguido lo levantó de los pelos y comenzó a llenarle la cara de puñetazos.

-¡MIKASA, DETENTE!- Eren se movía tanto que parecía que ambos fueran a caer al suelo- ¡NO LE HAGAS DAÑO!

-Y todo el daño que te ha hecho a ti, ¿qué?- le reprochó con una voz fría como el hielo.

Justo cuando Annie le dio un ligero golpe en la nuca que lo dejó inconsciente, lo comprendió todo.

Su historia de amor se había acabado.

*Llueven tomates*

No me gusta ser mala, pero tarde o temprano Levi tenía que empezar a recibir su merecido. ¡Es la fuerza del karma!

Por cierto, si mis cálculos no fallan, el próximo capítulo será el antepenúltimo, o sea, que este fic será de 15 capítulos. Me da pena pensar en el final, pero no me gusta alargar innecesariamente la trama...

Espero que os haya gustado este capítulo (y a Levi pasivo, ¿a que es adorable? e.e). Si podéis dejar reviews, os lo agradeceré en el kokoro :')