¡Hola!~

Supongo que pensábais que ya no iba a dar señales de vida. ¡Error! Tal vez actualice tarde, pero no dejaré este fic a medias.

¡Disfrutad!

- ¿Me acaba de dejar?

- Más bien diría que se trata de un ultimátum. ¿Me estoy arriesgando el puesto y la cabeza para esto? ¿Para que te vayas sin él?

Todavía seguían dentro del calabozo. Eren se encontraba cabizbajo, pero intentó mantenerse lo más sereno posible. Aquel comentario por parte de Bertholdt le había tocado mucho las narices.

- No me puedo decidir en cuestión de un minuto, ¿sabes? - le miró con el rostro severo.

- Puede ser, y lo entiendo. Pero si te hubieras ido ahora con él, no tendrías el problema de lidiar con Mikasa. En cuanto te reúnas mañana con Levi, Mikasa se tirará a matarlo, te lo puedo asegurar. Su estancia aquí ha sido desagradable especialmente gracias a ella.

Un rayo de cólera se cruzó por la cabeza de Eren al imaginar lo que su amiga podría haber hecho a su pareja. Por unos instantes, estuvo a punto de correr detrás de él para alcanzarlo.

Sin embargo, siguió allí parado sin hacer nada.

- Venga, salgamos – le apremió Bertholdt -. Ya encontraré la manera de que se crean que ha escapado. Intenta salir de las disposiciones de la policía cuanto antes. Y, sobretodo, no vuelvas.

- Muchas gracias, Bertholdt – le sonrió Eren -. Espero poder devolverte el favor algún día.

- Descuida.

Antes de salir por la puerta que daba a la oficina, se volvió a girar.

- Entonces... tú estuviste cautivo, igual que yo.

- Sí.

- ¿Le amabas? ¿Te amaba él a ti?

- Puedo afirmar a las dos preguntas que sí. Aunque él tardó mucho en... en darse cuenta de cómo se tenían que hacer las cosas. Para cuando empezó a cambiar todo ya le había atrapado la Policía Militar.

- ¿Y le sigues recordando?

- Cada día de mi vida.

- Entiendo...

Al abrir la puerta, se encontró con las miradas expectantes de Reiner y, en especial, de Mikasa.

- ¿Y bien? - le dijo la asiática.

- Pobrecillo, se ha quedado temblando como una hoja – hizo un gesto como si se estuviera abrochando bien los pantalones -. Será lo último que recuerde de mí antes de morir.

Mikasa le puso la mano en el hombro.

- Enhorabuena, Eren. Por fin te has hecho fuerte. Por fin has superado lo de ese cabrón.

Que Mikasa le diera la enhorabuena por, supuestamente, violar a un ser humano le provocó una gran sensación de asco.

- Bueno, supongo que ya no tenemos nada más que hacer aquí – apremió Eren a sus amigos -. Gracias por vuestro apoyo y ayuda como policías.

- Nada, hombre – dijo Reiner con satisfacción -. Se me hará raro no verte más por aquí. Al final te he cogido cariño y todo.

- Que tengáis mucha suerte en la vida – les sonrió Bertholdt -. Y llevad cuidado por ahí. Estamos en alerta máxima por la guerra.

Annie no dijo nada. Se limitó a observar a los demás en silencio, moviendo solo sus ojos.

- Eren ya se ha recuperado del todo – Mikasa estaba radiante como nunca -, y ese hijo de puta morirá en cuestión de días. ¡Tenemos que celebrarlo! Reiner me ha dado un poco de dinero para ir tirando unos días, así que esta noche vamos a llenarnos la barriga a base de bien.

- ¿No se supone que ese dinero es para "ir tirando"? - le advirtió Armin.

- Bueno, ya. Pero ¿no os dais cuenta? - Mikasa extendió los brazos -. Estamos como en los viejos tiempos, los tres juntos. Sin nada que nos atormente.

- ¿Una guerra no te parece suficiente tormento?

- Estamos en Rose y mañana partiremos hacia Sina. Nos encontraremos a salvo allí.

- ¿Sina? - Eren habló por primera vez en un rato.

Estaban caminando por las callejuelas de la zona norte de Rose en busca de un hotel asequible. ¿Se encontraría Rivaille en alguna de esas calles? ¿Estaría a metros de él? ¿Lo estaría observando desde la distancia? De nuevo le entraron ganas de echarse a correr y perderse entre las gentes.

- Claro, Eren. Lo hablamos hace ya mucho tiempo. ¿No lo recuerdas?

- ¿Seguro que deberíamos irnos?

- ¿Y qué quieres que hagamos? - dijo Armin - ¿Quedarnos aquí a esperar que llegue la guerra? En Rose no tenemos nada ni a nadie. En Sina nos acogerá mi tía hasta que encontremos un trabajo y podamos valernos por nosotros mismos.

- No sé... no es la idea que más me convence ahora mismo...

- ¿Y qué sugieres tú? - Mikasa lo estaba mirando fijamente con los ojos abiertos, aparentemente sin expresión. Se dio cuenta entonces que debería llevarse mucho cuidado con ella - ¿Eh, Eren?

Podría empezar a sospechar de él.

- Me... me gustaría salir de estos muros. Conocer el mundo exterior como siempre hemos querido.

La mirada de Mikasa le estaba empezando a dar miedo de verdad.

- Ese comentario ha sido bueno, incluso gracioso – lo ignoró completamente -. Mirad, parece que aquí hay un hotel bastante decente.

Eren y Armin se miraron por unos instantes. Mikasa ya no estaba tan alegre como antes. Se dio cuenta de que a partir de entonces debería llevar muchísimo cuidado con cada comentario que hacía, con cada uno de sus gestos y miradas.

Tenía al enemigo en casa.

- Buff, no puedo más. Voy a reventar

- Deberíamos habernos llevado un tupper o algo así.

- ¡No nos habrían dejado! Es curioso que sigas hablando de comida cuando eres tú la que más ha comido.

Mikasa y Armin seguían con su animada charla, mientras Eren, ignorando lo que decían, se iba desanimando cada vez más. Acababan de llegar al hotel y se disponían a irse a dormir. Mañana iba a ser un día muy largo con todo lo del viaje.

Eren no se quería ir, no estaba dispuesto a alejarse de Levi. Pero tampoco quería alejarse de sus amigos, con todo lo que habían hecho por él.

"También han hecho que me separe de Rivaille..."

Además, Eren ya no se sentía igual de cómodo con Mikasa desde la noche en la que le propinó una paliza, intentando convencerlo de que la brutalidad del noble no era amor. Siguió dándole vueltas a la idea de que sus amigos salieran del país con Levi y él, todos juntos. ¿Sería posible eso? Antes se alinearían todos los planetas del Sistema Solar que Mikasa aceptara ir con él... Se encontraba en un callejón sin salida.

Y si...

¿Y si les dijera la verdad a medias? La verdad excluyendo un elemento (Levi). ¿Qué perdía por intentarlo?

- Emmm... chicos...

- Vaya, por fin has hablado – le riñó Mikasa -. Empezábamos a pensar que eras un zombi o algo así.

- Chicos...

- ¿Es importante lo que tienes que decir? - dijo Armin -. Necesito ir al baño...

- Escuchadme, joder. Ya tendrás tiempo de cagar.

"Allá voy", dijo. "¿Qué pierdo por intentarlo?"

- Chicos... no vamos a ir a Sina. Nos vamos a otro país.

- ¿Quéee? - dijo Armin, boquiabierto.

- Lo que habéis oído. La guerra no tiene pinta de parar a corto plazo, y, tarde o temprano, acabarán por entrar a Sina, el corazón de este país. Es de lógica.

- Eren – dijo Mikasa, inexpresiva en apariencia.

- ¿Qué mejor lugar que ir a otro país para conseguir la paz? - ya no podía parar de hablar, las palabras le salían solas -. Toda nuestra vida hemos querido saber qué había más allá de estos podridos muros. ¡Ahora es nuestra oportunidad antes de que nos bombardeen y acabemos asfixiados bajo los escombros como nuestros padres!

- Eren.

- ¡Es ahora nuestro momento, Mikasa!

- Eren.

- ¡Deja de gastarme el puto nombre!

- Eren. ¿Cómo piensas llegar a ese sueño idealizado que te has montado?

Sabía que se lo iba a preguntar, era inevitable.

No debía verlo dudar.

- Ahora es un poco pronto para aclarar algunas cosas, pero conozco a una mujer que nos llevará hasta Francia.

- Amiga del hijo de puta, ¿a que sí?

- No exactamente. Gracias a ella conseguí escapar de mi celda. Gracias a ella estoy aquí ahora con vosotros, no lo olvidéis.

- ¿Y qué garantías nos das de que es de fiar? - Armin hablaba con desconfianza, pero en sus ojos comenzaba a brillar una nueva luz: emoción. Ilusión.

No sucedió lo mismo en Mikasa.

- Te lo acabo de decir. Me ayudó a escapar. Es médico, su única ambición es ayudar a la gente. Mañana por la mañana nos reuniremos con ella en la puerta norte de Rose, la conoceréis y todo os parecerá más normal. ¿Qué me decís?

- Bueno... podemos ir aunque sea solo para conocerla y ver si es de fiar. ¿Tú qué opinas, Mikasa?

Mikasa se quedó mirando a Eren de aquella forma que tanto lo inquietaba.

No se esperó la respuesta.

- Claro – dijo mientras lo seguía mirando -. Iremos a ver a esa mujer.

- ¿¡En serio!? - Eren no cabía en sí del asombro.

- Pues claro. ¿Por qué te iba a mentir?

- No es eso. Es que... me ha sorprendido mucho que hayas aceptado.

- Mientras no sea nada que tenga que ver con el hijo de puta, me parece bien.

El estómago de Eren dio un vuelvo tan fuerte que pensó que iba a vomitar ahí mismo.

- Ya veréis, chicos – dijo intentado animarse a sí mismo más que a los demás -. Por fin podremos ver el mundo sin barreras.

- Ojalá – Armin sonrió.

Mikasa no dijo nada. Tampoco le cambió la expresión. Siguió mirando a Eren hasta que, segundos después, decidió irse a dormir.

Mañana iba a ser un día muy largo.

Fuego.

Era lo único que podía ver en aquellos instantes. Y humo. Mucho humo. La escena se llenó de gritos, llantos y lamentaciones. Estaba buscando a alguien con desesperación, pero su cuerpo no le respondía.

- Maldita sea... ¡muévete!

Sabía que tenía que estar en medio de todo aquel fuego, pero a penas podía andar. Deseó con todo su ser que fuera él quien lo encontrara, poder verlo por fin. Pero no fue así. De repente comenzaron a escucharse unas explosiones ensordecedoras que dieron paso a más fuego y humo.

- ¡No! ¡Tengo que encontrarte!

El calor comenzaba a engullirlo.

- ¡NO! ¡RIVAILLEEE!

Se despertó en la cama del hotel, empapado en sudor.

Había sido solo una pesadilla. Sin embargo, aquella sensación de calor no le abandonaba.

Echó un vistazo a su alrededor.

Vio que Armin, todavía medio dormido, lo estaba observando con preocupación. Al parecer lo había despertado.

- ¿Has tenido una pesadilla?

No respondió. Se quedó mirando la cama que se encontraba al fondo de la habitación. La cama donde debería estar durmiendo Mikasa. Debería.

Se levantó de un salto. Tenía un mal presentimiento.

- ¿¡Y Mikasa!?

- ¿Eh? - Armin terminó de despertarse -. Qué raro, no nos ha avisado de que iba a salir...

El cerebro de Eren solo le ordenaba una cosa.

- Tenemos que salir de aquí.

- ¿Por qué? Tenemos que esperar a que venga Mikasa.

- ¡Mikasa no va a volver! Venga, vístete.

- ¿Qué me estás queriendo decir?

Eren no podía decirle exactamente qué estaba ocurriendo, pues ni él mismo lo sabía con exactitud. Pero Mikasa ha ido a hacer algo... algo que tiene que ver con Levi. Si sus sospechas resultaran ser infundadas, se la encontraría en la puerta norte y todo quedaría en un susto, nada más. Pero de momento no podía permitirse el lujo de quedarse en el hotel esperando a lo que tuviera que llegar.

Ignoró a Armin y se dispuso a cambiarse. Al final el otro acabó también por seguirlo. Cuando salieron del hotel le habló.

- Vamos a esperar a Mikasa en la puerta norte, ¿vale? Y no admitiré preguntas.

- Mm... está bien – Armin no parecía muy convencido.

Los nervios de Eren aumentaban por momentos. Los ruidos de la guerra no sonaban precisamente lejos, y la desesperación corría como la pólvora. La gente se alborotaba en las calles, el desconcierto se hacía presente, situación que aprovecharon los carteristas. Eren temía que llegaran tarde para reunirse con Levi.

Rivaille... por fin estarían juntos de nuevo.

Iba tan ensimismado en sus pensamientos que, cuando se le cruzó Annie por medio en el callejón que estaban cruzando, no pudo evitar pegar un salto. Tenía el rostro frío. Más todavía.

"Se acabó".

- Hola, Annie – Eren actuó de forma casual, fingiendo tranquilidad -. Vaya casualidad encontrarnos, ¿eh?

- Sabes tan bien como yo que no ha sido casualidad – le dijo con voz gélida -. Dime ahora mismo dónde está Levi.

- ¿Qué dices, Annie? - Armin no entendía nada.

- Vaya, eres un cómplice sin ni siquiera saberlo – lo miró con desprecio -. Resulta que tu amigo ha soltado al noble cuando fue al calabozo. Sabía que no era buena idea. Lo peor de todo es que fue con la ayuda de Bertholdt... menuda decepción de policía. Ha sido listo y ha huido antes de que nos diéramos cuenta; de lo contrario, ya tendría el corazón apuñalado cientos de veces.

- ¡Eren! - Armin miró a Eren con dureza - ¿Cómo has podido? Después de todo...

- Jamás lo entenderías, Armin. Le quiero, y él a mí – ya no le daba vergüenza admitirlo ante los demás. Ahora se dirigió a Annie -. ¿Cómo sabes dónde vamos?

- Deberías saber pulir mejor tus mentiras y engaños. No todo el mundo es tan corto como tu amiguito rubio.

"Mikasa..."

"Mierda. Lo ha contado todo".

La asiática se caracterizaba por su astucia, por calcularlo todo. Entonces comprendió por qué ayer aceptó ir a la puerta norte casi sin oponerse. Le había dirigido a una trampa. Se sintió estúpido por haberle contado su plan, pero se sintió aún más al pensar que el día anterior pudo haber elegido irse con Levi y no hacerlo.

No sabía qué decir ni qué hacer.

- ¿Entonces no nos ibas a llevar con la mujer, sino con Levi? ¿Con ese monstruo?

- Levi ya no es como antes. Ha cambiado – dijo Eren con irritación -. Actuaba de aquella manera porque de joven sufrió lo mismo que me hizo pasar, ¡así que dejad de llamarlo monstruo! Estaba... trastornado.

- Que hubiera ido al psicólogo. A mí qué me cuentas – Annie dio un paso enfrente. Imponía demasiado para tener una estatura tan pequeña -. Entregaos sin oponer resistencia o correrá la sangre. Y yo no bromeo como el gorila de Reiner.

Estaban atrapados. ¿Qué podía hacer a parte de pensar en la imagen de Levi esperándolo en la puerta norte y lamentarse de que ese momento nunca iba a llegar?

Entonces Armin se abalanzó sobre Annie.

- ¿¡Qué haces, loco!? - le gritó Eren.

- ¡Vete, Eren, ve con Levi!

Debería haberse quedado defendiendo a su amigo, pero le hizo caso y huyó. Giró una última vez la cabeza para observar con horror como Annie crujía el cuello de Armin y lo tiraba al suelo como un muñeco sin vida.

Armin, su amigo de confianza, su consejero, su futuro compañero de aventuras en el exterior...

- Perdóname, perdóname... - decía con la voz entrecortada por el llanto y la fatiga – Viajaré por los dos y te describiré cada uno de los detalles cuando te encuentre en el Más Allá. Oh, Armin...

¿Cómo había llegado a esto? Pensó en todos los momentos que habían vivido juntos y en todo lo que se iba a perder. Pero se tenía que preguntar algo: ¿seguro que él mismo iba a poder llegar a la libertad? ¿No acabaría él por perdérselo todo también? Si Annie lograba alcanzarlo recibiría el mismo destino que su amigo. Decidió no volver a mirar atrás. Corrió. Corrió aunque le faltaba el aire, aunque lo comenzaban a temblar las piernas. Corrió sin descanso, perdiéndose entre la muchedumbre.

Finalmente llegó a la plaza donde se situaba la puerta norte. Se encontraba tan mal que acabó vomitando (aunque ya estaba bien de salud, hacía mucho tiempo que no realizaba esfuerzo físico). Cuando se le pasaron los mareos levantó la vista hacia la puerta, que estaba a menos de cien metros. La poca gente que quedaba estaba huyendo despavorida en dirección al centro de Rose, pues las bombas sonaban cada vez más cercanas. ¿Dónde estaba Levi? ¿Cómo iban a huir de allí si tenían la guerra esperándoles al otro lado de la puerta? Intentó no dejar que el pánico lo consumiera.

Entonces oyó su voz.

- ¿¡Eren!?

Allí estaba, a sus espaldas, a varios metros de él. Ninguno de los dos se movió ni habló; se limitaron a observarse, a recordar sus facciones, a disfrutar de aquel momento en medio de todo el caos.

Todo sucedió muy rápido. En cuanto Levi dio el primer paso, una sombra se abalanzó sobre él como una fiera, tumbándolo al suelo como si de un saco se tratase. Mierda, no sabía que Annie podía ser tan rápida. Sin embargo, cuando se separaron un momento, descubrió que no se trataba de la policía.

Era Mikasa.

- ¡Mikasa, ¿qué coño haces?! - Eren entró en histeria -. ¡Déjate de gilipolleces, tenemos que irnos!

En aquel momento, para ella no existía nada más que la idea de golpear a Levi, de modo que lo ignoró por completo.

- ¡Armin está muerto por tu puta culpa!

Los dos seguían enzarzados en el suelo, golpeándose sin cesar. Sabía que si no hacía algo acabarían matándose. De todas formas, no tuvo mucho tiempo para pensar; Annie se estaba acercando de una forma peligrosamente veloz.

"Mierda, mierda, mierda..."

El golpe que le dio hizo que el mundo se volviera patas arriba y comenzara a dar vueltas. Sintió que perdía el equilibrio y cayó al suelo. Antes de que pudiera ponerse en pie, Annie se sentó encima de él, con todo su peso, y comenzó a ahogarlo.

- ¡Eren! - oyó decir a Levi.

No escuchó a Mikasa. Ni siquiera se molestó en ir a ayudarlo.

"¿Cómo hemos podido llegar a esto?". Sintió una mezcla de decepción y odio hacia aquella que siempre había considerado su hermana. Cerró los ojos y no pudo evitar derramar lágrimas. Se sentía traicionado por Mikasa, aquella que ahora mismo estaba luchando a muerte contra el amor de su vida. Rivaille... ya no podría verlo más. No había escapatoria. Iba notando poco a poco como le faltaba el aire.

Entonces Annie dejó de apretar. Al abrir los ojos, se encontró a Bertholdt clavándole un puñal a Annie en el costado, que acabó por caer al suelo inconsciente.

- ¡Bertholdt! - en cuanto se levantó, dirigió la vista hacia Mikasa y Levi, que seguían peleándose, con los rostros ensangrentados -. ¡Ayúdame! ¡Tenemos que parar a Mikasa!

Bertholdt, que no escuchó a Eren, tenía el rostro lleno de terror, no por lo que acababa de hacerle a su antigua compañera, ni tampoco por la escena entre Levi y Mikasa.

Estaba mirando el cielo.

El ex-policía agarró fuerte del brazo a Eren y se lo llevó lejos de allí con todas sus fuerzas.

- ¿¡Qué coño haces, Bertholdt!? - grito Eren con desesperación -. ¡Hay que ayudar a Rivaille!

- ¡No podemos, créeme! ¡DEJA DE OPONERTE, MALDITA SEA!

- ¡SUÉLTAME, DÉJAME IR A AYUDARLO!

- SI LE AYUDAMOS, VAMOS A-

Un ruido ensordecedor lo llenó todo. El ruido dio paso a una explosión, dos, tres, cuatro... llenándolo todo de calor, de fuego, de muerte y destrucción.

Igual que en su sueño.

Lo que no había adivinado en su sueño era que todo aquello había sido provocado por un bombardeo. A pesar de la resistencia que había opuesto Eren, Bertholdt consiguió avanzar lo bastante para que a penas resultaran ser dañados. Pero Levi...

Las bombas habían caído por aquella dirección.

Al igual que en su sueño, comenzó a gritar el nombre de Rivaille con desesperación, sin recibir respuesta alguna.

Bueeeno... como os dije, nos estamos acercando al final de este fic. El próximo capítulo será el último. No sé cuánto tiempo tardaré en escribirlo. Sin embargo, quiero escribirlo antes de que acabe septiembre (en octubre me iré de erasmus y entonces sí que no podré subir nada de nada en mucho tiempo). Por favor, no os impacientéis aquellos que me habéis seguido todo este tiempo. Os prometo que tendréis un final.

¡Hasta dentro de poco (espero)!