En medio de ese infierno de fuego y humo solo tenía dos cosas claras: el impacto de las bombas había sido tan brutal que había perdido la capacidad de escuchar por unos minutos. La segunda cosa es que, de no haber sido por Berholdt, Eren estaría muerto.

Aturdido y sin poder dejar de toser, se sentía como si se estuviera moviendo a cámara lenta en medio de todo ese humo infernal. Le costaba respirar, los ojos le lagrimeaban y no era capaz de avanzar en una dirección recta. En un intento por retomar el completo equilibrio, su voz luchaba por gritar un nombre que le era imposible pronunciar al tener las vías respiratorias llenas de polvo y ceniza.

Cuando por fin pudo recobrar parcialmente el sentido del oído, pudo escuchar lamentos y gritos de los supervivientes que luchaban en medio del caos por buscar un refugio en el caso de una segunda oleada de bombardeos. Sin embargo, los minutos pasaban, el humo comenzaba a disiparse lentamente y los sonidos de los aviones se escuchaban más lejanos. Parecía ser que habían centrado su objetivo en los barrios más centrales. Fue entonces cuando comenzó a buscar entre los escombros con desesperación.

¡Rivaille, Rivaille! -grito todo lo que sus pulmones colapsados le permitieron - ¡Estoy aquí, soy yo, Eren! ¡RIVAILLE!

Fue entonces cuando alguien le cogió del brazo y lo levantó con fuerza. ¿Era Rivaille?

Oh, Eren… Pensé que jamás te encontraría – era la voz de Hanji -. ¡Rápido, tenemos que aprovechar ahora que no estamos en el punto de mira!

Rivai…

¡Ahora ya no hay nada que podamos hacer!

No… Rivaille debe estar por aquí, me dijo que me esperaría… - dijo con un hilo de voz para luego gritar -, ¡Vamos, ¿a qué esperas para ayudarme a buscarlo?!

¡Maldita sea, Eren! ¡Esto nos va a costar la vida a nosotros también!

¡No! – Eren se aferraba al montón de escombros como si ahí estuviera su salvación, la pieza que necesitaba para poder salir de ahí con la conciencia tranquila - ¡Hay que buscarlo antes de que sea demasiado tarde! ¡SUÉLTAME!

Otro par de brazos más robustos y grandes lo agarraron. Se trataba de Berthold, quien lo levantó por encima del hombro como un saco de patatas, entre golpes y patadas. Todavía tenía un puñado de grava en la mano que, conforme pasaban los segundos, se le iba escapando de las manos, y con ello su esperanza. No pudo evitar hacer otra cosa más que forcejear y sollozar.

Al cabo de unos minutos se fue reuniendo un grupo de personas por la muralla destruida. Se trataba de ciudadanos franceses que hasta ese entonces habían sido usados como sirvientes o esclavos sexuales y que por fin iban a volver a su tierra. Antes de que se aproximara unos militares franceses, Berholdt se despidió de Hanji y eren. Dijo que el deber lo llamaba, a pesar de no tener ya una ciudad que proteger.

Toma, Eren – Hanji le entregó una carpeta que contenía unos cuantos documentos -. Rivaille y yo nos hemos encargado de que tengas los papeles en regla para que puedas disfrutar de… de lo que te ha dejado él.

¿Disfrutar? ¿Le estaba tomando el pelo? En unos instantes llegaron unas caravanas para repatriarlos. Eren no podía descifrar el idioma extraño que hablaban a su alrededor, y uno de los militares lo miró con desconfianza al ver que no estaba respondiendo a sus preguntas. Hanji tuvo que hacer de intérprete.

Los siguientes días fueron un paraje de soledad en el que Eren, incapaz de articular palabra todavía y con la mirada perdida, se dedicaba a hacer un repaso de los últimos meses, los peores de su vida. También hizo un hueco especial en su mente para maldecir a todos: A la guerra, por llevárselo todo por el medio; a Mikasa, por ser una maniática controladora y haberle tendido una trampa; a Armin, por haberse interpuesto entre Annie y él y acabar muerto; a Berthold, por habérselo llevado a la fuerza de la zona de los bombardeos; a Hanji, por haber reaccionado tan fríamente a una pérdida tan grande para los dos, aunque, por las noches, la escuchaba sorberse la nariz…

Y, en especial, maldijo a Rivaille, por haberlo dejarlo solo en un país desconocido para él y en una casa que jamás considerará como su hogar.

Durante lo que le pareció una eternidad cruzaron una cadena de montañas que, a pesar de que nunca había visto un paisaje así y en otro momento de su vida habría estado entusiasmado, no le provocó ningún sentimiento. Sí, así es como se sentía: vacío, sin sentimientos. Incluso en alguna ocasión fantaseó con tirarse por la ladera de alguna montaña.

Dentro de un día o dos habremos llegado -lo intentaba animar Hanji-. En cuanto lleguemos tendremos que ver cómo empezamos tu proceso de adaptación. Me imagino que te habrás hecho a la idea de que vas a tener que aprender francés, ¿no? Aunque en esa zona también se habla alemán.

Efectivamente, dos días después llegaron a una pequeña ciudad colindante con la frontera alemana. Había una arquitectura completamente distinta en comparación con las apelotonadas ciudades amuralladas en las que Eren había vivido. Sin embargo, nada de eso le hizo sentir algo; ni tampoco la gran casa que lo estaba esperando en una zona tranquila de la ciudad. Cada habitación y cada sala estaba ya equipada con lo necesario para vivir con tranquilidad. Eren no podía evitar ver la situación extremadamente ridícula.

"¿Qué se supone que tengo que hacer aquí? ¿Cuál es mi propósito en este lugar si todo lo que he apreciado en algún momento ha desaparecido, si no tengo con quien disfrutar de esta libertad?". Se pasaba los días en su nueva habitación mirando un punto fijo de la pared, sobre una cama que se le antojaba escalofriantemente grande. Hanji, que por aquel entonces estaba bastante ocupada con su trabajo como médico, lo visitaba diariamente en un intento fallido de hacerle salir de la casa y adaptarse a su nuevo entorno. Un día llegó con una carta en la mano.

Toma – se lo entregó a Eren-. Estaba esperando a que te recobraras un poco para entregarte esto, pero como veo que ese momento no llega…

Fue la primera vez en una semana que Eren se levantó por voluntad propia y no por necesidades fisiológicas. La abrió con mucho cuidado.

Era una carta de Rivaille.

Querido Eren:

Si estás leyendo esta carta, no es una buena señal, pero tú ya sabes que me gusta pensar en todos los escenarios posibles, hasta en los peores. Lo primero que te quiero decir es que seas fuerte y te apoyes en Hanji. No te voy a decir que no llores porque sé que eso es inevitable. Llora hasta que sientas que te has vaciado del todo por dentro, hasta que sientas que has tocado fondo si es necesario, pero luego vuélvete a levantar, busca la motivación que necesitas hasta dar con lo que te haga feliz.

Si estás leyendo esta carta, igual es porque era justo que esto acabara así. No he sido un hombre correcto contigo, he sido alguien tóxico, y tengo miedo de que lo que te he hecho te haga salirte del buen camino. No seas como Erwin Smith; no seas como yo.

Si estás leyendo esta carta, necesito pedirte un favor: vive. Vive por los dos, por tu madre y por todo lo que has perdido en Shiganshina, en tu vida anterior. Vive, aunque sea por mí, y llévame contigo cada vez que des un paseo por las hermosas calles de mi ciudad natal, por los bosques, por las montañas…

Llévame siempre en el alma cada vez que descubras algún rincón nuevo de este mundo.

Te quiero con todo mi corazón,

Rivaille

Oh, Rivaille…

Eren se acercó la carta llena de lágrimas al pecho, y decidió que ese sería su tesoro más preciado y su motivación para salir adelante, aunque le costara un esfuerzo infinito.

Seis meses después…

El inicio de la primavera estuvo marcado por el final de una larga guerra en la que los países europeos aliados se alzaron como victoriosos. No fue hasta que salió de las murallas que Eren comprendió que había estado viviendo desde que nació en una sistema dictatorial, restrictivo y clasista, con la población dividida en estratos sociales dentro de las murallas.

A pesar de la victoria de los países aliados, el desgaste producido por la guerra y la miseria también llegó en parte a Francia. Había muchas personas y familias enteras que habían sido liberadas y que habían regresado a su tierra, pero que se han encontrado con hambre y pocas oportunidades de salir adelante. No fue de extrañar, pues, que los robos y la delincuencia se fueran convirtiendo en el pan de cada día.

En una panadería que estaba de bote en bote, un chico se coló entre los clientes para robar dos barras de pan. El panadero, que lo vio enseguida, fue detrás de él.

-¡Eh, ¿qué demonios estás haciendo, renacuajo de mierda?! - El hombre se dirigió furibundo hacia el chico -.¡Te voy a enseñar a no robar a nadie!

Justo cuando estaba a punto de bajar la mano para golpear al menor, una mano impidió que llegara a pegarle. Un hombre joven, de mediana estatura, se había interpuesto entre el chico y el panadero. Se había quedado mirándolo con seriedad.

Oye, ¿y a ti no te han enseñado que no se le debe pegar a un menor? - le dijo con un marcado acento extranjero, y le lanzó unas monedas al suelo - Si tanto te vas a cabrear por dos barras de pan, aquí tienes. Invito yo- alzó el chico por el brazo y se lo llevó-Venga, vamos.

V-vale… - dijo el chico duditativo.

Eren, que ya se conocía bastante bien la ciudad, llevó al chico a un buen restaurante para que comiera todo lo que quisiera. Su apariencia se había vuelto mucho más serena y saludable en comparación a hacía unos meses, y también se le notaba en una forma de hablar más madura.

Muchísimas gracias – dijo el chico con gran agradecimiento mientras se terminaba el postre -. Así esta noche mi madre no tendrá que cocinar para mí y se ahorrará comida.

No tienes que agradecerme nada – le dijo Eren con una sonrisa -. Deduzco que tu familia ha estado presa dentro de las murallas, ¿cierto?

Sí… Pero estamos haciendo todo lo posible por salir adelante, es la primera vez que robo algo, de verdad – contestó con apuro.

No me tienes que dar ninguna explicación, tranquilo. Yo viví allí toda mi vida y he pasado por lo mismo que tú – se quedó pensando un momento mientras miraba fijamente al chico. Se notaba que hacía tiempo que había dejado atrás la niñez, pero todavía no estaba en la edad adulta -. ¿No has pensado en buscar un trabajo?

Claro que sí, pero si mis padres no encuentran trabajo, ¿cómo voy a conseguir yo algo?

Sí, debéis estar pasándolo muy mal… - dijo Eren mientras seguía mirando al chico, tan fijamente que el muchacho, incómodo, apartó la mirada de él -. ¿Y si te propongo un trato?

¿Un trato? – dijo el joven con curiosidad.

Eren siguió deliberando mientras lo examinaba lentamente con la mirada. Ahora que Eren está más activo, ya no tiene tanto tiempo para encargarse de algunas tareas de la casa, Podría pagarle algunas horas para que hiciera él esas tareas por él, sí, y así de paso le puede hacer algo de compañía.

"Además, el chico es bastante guapo", pensó mientras daba un sorbo a su café.

Al segundo se atragantó con la bebida. ¿Qué clase de pensamiento se le había acabado de pasar por la cabeza? Avergonzado de sí mismo y sin decir ni una palabra más, puso en la mesa la suficiente cantidad de billetes para que el chico y su familia pudieran llegar hasta final de mes y salió a toda prisa, Y corrió, corrió sin saber a dónde se dirigía, volviendo a sentir una desesperación que hacía tiempo que no le acechaba.

"No seas como Erwin Smith; no seas como yo".

¿Acaso era esta la maldición de Erwin Smith de la que le habló Rivaille? Claro, no podía ser de otra forma. Tenía que admitirlo: se había convertido en alguien aburguesado, acostumbrado a vivir (o sobrevivir) como un autómata. ¿Para qué quería todos esos lujos si iba a terminar igual que Rivaille cuando lo conoció? Jadeando, llegó a las afueras de la ciudad, y desde allí se podía ver con claridad las montañas.

Rivaille… - dijo llorando mientras hundía los puños en el suelo - ¿Qué se supone que es lo correcto? ¿Qué se supone que es lo que debo hacer?

Después de varios minutos, volvió a alzar la vista en dirección a las montañas, y, a pesar de que no se veía más allá de la cordillera, su mente miró más allá de ella, y comprendió algo: Rivaille nunca habría querido que Eren acabara malviviendo día sí y día también dentro de las cuatro paredes de la casa que él le había dejado. Rivaille le había dado esta vida para que cumpliera su sueño de ver más allá de esta ciudad, más allá de estas montañas, que esas montañas no se convirtieran en una nueva muralla donde estar atrapado.

"Llévame siempre en el alma cada vez que descubras algún rincón nuevo de este mundo."

Se levantó y fue con decisión a la consulta de Hanji.

Me parece muy bien lo que quieres hacer, pero ¿y tus clases de francés? Aún te entrecortas mucho al hablar.

Bueno, dicen que viajando es una buena forma de aprender un idioma, ¿no?

No, si yo no digo nada… Estoy contenta de que tengas ese sueño, la verdad.

Sí… Es lo que Rivaille habría querido.

Yo también lo creo.

Eren y Hanji guardaron unos segundos de silencio mientras miraban la puerta de la gran casa que Eren acababa de cerrar con candado. Y así se quedaría por una buena temporada.

¿Sabrías decirme cuándo volverás? – dijo Hanji con cierta tristeza.

Pues no lo sé, la verdad – Eren cogió la maleta que había dejado en el suelo y la subió por encima del hombro -. Siento que necesito hacer este viaje, ver por fin el mar… No te preocupes, te enviaré alguna carta de vez en cuando.

No me preocupo – entonces Hanji abrazó a Eren con fuerza -. No viajas solo.

Lo sé. Créeme que lo sé.

Y así fue como Eren empezó un nuevo viaje que lo llevaría a descubrir otras tierras, como él siempre había querido. Y, lo más importante, estaba emprendiendo un viaje para descubrirse a sí mismo.

Bueno… No sé muy bien cómo empezar. No tengo excusa que justifique no haber terminado la historia después de cuatro años. Empecé mi Erasmus en Alemania y se suponía que iba a estar solo seis meses. Han pasado más de cuatro años y sigo en este país, y muchas cosas en mi vida han cambiado. Y, siendo sincera, el yaoi ha dejado de ser una prioridad en mi vida. No es que no me guste ya, más bien diría que me ha dejado de interesar tanto como para ponerme a escribir.

Hace casi un mes que me mudé a Berlín y entre el corona y otras cosas no estoy pasando por una buena racha. No sé por qué, pero me dio por mirar mi cuenta de Fanfiction y de AmorYaoi y todas mis carpetas del ordenador con cosas yaoi (que no son pocas xd), y recordé la ilusión que me hacía escribir fanfics, volví a leer los reviews de personas animándome a seguir escribiendo, y sentí que no podía dejar la historia sin acabar. ¡Así que aquí la tenéis! Tarde, pero ha llegado.

He de decir también que no creo que vuelva a escribir más fanfics. Este será el último que suba. Además, he vuelto a leer esta historia desde el principio y me sorprende que estuviera tan zumbada como para que se me ocurriera semejante idea maquiavélica para escribir xd. Creo que si la hubiera escrito ahora jamás se me habría ocurrido meter cosas como torturas o violaciones. También he notado algunos fallos de estilo o coherencia, pero supongo que eso es algo que se va puliendo con el paso de los años.

Sé que este final no va a ser muy querido, pero, para qué nos vamos a engañar, Levi ha sido un cabronazo xD. Después de pensarlo mucho creo que no me habría parecido demasiado lógico ponerlos a los dos juntos en una casita en Francia como si no hubiera pasado nada. Al final Eren ha conseguido el sueño del millenial promedio: irse de viaje por el mundo y reflexionar sobre qué quiere en la vida xD.

En fin, no quiero entreteneros más. ¡Muchísimas gracias a aquellos que me habéis seguido estos años y a los que me leéis hoy!