¡Damas y caballeros, lectores del internet! ¡Les traigo a ustedes la cuarta entrega de esta historia! ¡Que la disfruten
Salvo por los Personajes Originales (Wolfest, Clarton, Shelldon, Cornweill y varios de los maestros entre otros que apareceran en el futuro), ningun personaje o serie presente en esta historia me pertenece. Solo las uso con fines creativos para crear una historia que sea agradable de leer y que todos disfruten. ¡Cualquier corrección o detalle no duden en mencionarlo y perdonen los horrores ortograficos ocasionales!
Insert Intro: Monody – The FatRat
Tres hermanos y planes descubiertos
Wolfest se había sentado en una banca en el jardín a hablar con los dos chicos que le ayudaron a escapar de Eustace.
– Entonces ¿No sabes de dónde se origina? – preguntó Shelldon, estaban hablando referente a marcas de nacimiento antes de recibir una negativa, Clarton y Shelldon se miraron por un minuto antes de voltear a Wolfest una vez más –, creo que Clarton y yo tenemos la respuesta en ese caso.
– ¿En serio? – Preguntó Wolfest extrañado y curioso, adoraba a Clow, él era su padre y mentor pero, el era conciente de de que era adoptado, una gran pista era el tema de la diferencia en los rasgos físicos, era que Clow tenía una esencia diferente a la suya, lo sabía.
No tardó en recibir una afirmativa de parte de los dos, quienes alzaron sus mangas y mostraron exactamente la misma marca de nacimiento: Un diamante marrón claro. Marcando la filialidad.
– ¡Es idéntica! – exclamó Wolfest sorprendido – pero ¿cómo? ¿Porqué la tienen ustedes también?
Clarton y Shelldon se miraron, tenían el permiso y de todas formas habían estado buscando, pese a haber sido separados y cuando hablaron con Clow le demostraron que lo eran, este les dio permiso, pero Wolfest debía ser el que preguntara eso y se aproxima, no obstante nada les impedía encontrar la manera de hacer que iniciara el tema.
– Antes que nada, tienes que saber que hemos estado buscándote durante todos estos años, aún estando limitados, estuvimos buscando por ti por todos lados – le explicó Clarton con gentileza –, y que no te separaremos de Clow, porque sabemos el te quiere mucho y de igual manera, nosotros dos tenemos gran afecto a nuestros Maestros, llenaron el hueco que ese día dejó.
– Wolfest… somos tus hermanos – confesó Shelldon tras ello, directo al grano para sorpresa del chico – ¿no sabias…?
– Yo ya sabía que era adoptado… – afirmó Wolfest calmó – después de todo, no es normal que yo pueda ser tan sensible a todo y entender bien las cartas y lo que me rodea, quería saber de mi familia desde que lo note… pero papá dice que la única carta que había conmigo estaba ilegible y aún está intentando arreglarla para descubrir las cosas. Apenas logró hace poco descubrir que tras "hijo de" había dos nombres… Shandu es el único que logró restaurar… pero no el otro.
– Shandu y Octubresa… esos eran los nombres de mamá y papá – explico con gentileza Clarton, pese a la tristeza en su voz –, debes saber que ellos nos amaban mucho y… dieron todo por protegernos.
– Entonces ellos… están – intentó confirmar Wolfest, notando el dolor en sus recién descubiertos hermanos que asintieron con tristeza.
– Gracias por intentarlo, wolf, pero está bien, es algo que toma tiempo, aun así, no es tu culpa. E-ellos dieron sus vidas para que nosotros podamos vivir, y llegamos a los lugares más seguros, con nuestros maestros y tu llegaste con Clow – explicó Shelldon con una media sonrisa, alzando el sombrero de este y acariciando los cabellos de Wolfest, desordenando estos –. No te lamentes pequeñin, solo recuerda que ellos nos amaron y pues, que no estás solo, también es por eso que interferimos, ese sujeto igualmente me dio malas vibras y no te dejaría expuesto a eso hasta que no logremos confirmar cuáles son sus intenciones.
Wolfest le sonrió tras ello, aun algo tímido pero más tranquilo y aceptando aquella acción de afecto del de cabellos verdes y revisando su ropa, al terminar Shelldon de hacer ello le puso el sombrero de vuelta.
– ¿Por qué llevas ese saco contigo, que tiene? – cambió Wolfest de tema, sabiendo que a sus dos hermanos recién descubiertos les dolía hablar del asunto pese a que querían contarle pero sabiendo no era el momento y algo contento al saber que era querido por dos de sus familiares biológicos.
– ¿Esta cosa? Es sal ¡Mira! – expresó Shelldon abriendo la bolsa de tela en su cinturón y sacando unas piedras de sal. Sus atuendos eran de origen persa, su piel estaba bastante bronceada por haber vivido en el desierto tanto tiempo –. Por donde vivo hace mucho calor continuamente y más veces que no tenemos que ir hacia el corazón del sahara y de varios desiertos. Mi clan no es específicamente fijo en una religión, en si, cada uno tiene su ramificación, algunos van más a la egipcia, otros a la otomana… es mixto, pero en si, todos seguimos el regimiento de la magia del dragón negro del desierto
– Ya veo – respondió Wolfest – ¿dragón negro del desierto?
– Historia para otro día – sonrió Shelldon.
– Yo recido en Siberia – respondió Clarton sonriendo – usualmente hace mucho frío ya que vivimos en la parte norte, y mi mentor es del clan del mar, nosotros seguimos la magia del mar de Chukotka y su frío hielo de la isla donde vivo, mi maestro dice que en el futuro alguien la llamara "Isla de Wrangel" por alguna razón… ahí la temperatura más cálida que aspiramos es ocho grados. No es fácil sobrevivir al frío, pero existen muchas maneras para lograr sobrevivir y la magia ayuda bastante, en especial con las verduras que pueden crecer en esos lugares. Aun así, es difícil considerando el clima.
Los tres finalmente se habían conectado, tres hermanos unidos tras cinco años de larga separación, pero en otro lado de la residencia las cosas eran diferentes, Eustace se aproximaba a su Maestro quien en esos instantes estaba disfrutando una bebida a solas mientras esperaba a que su interlocutor retornara con el libro que menciono y estaba en la bolsa que dejó en la entrada.
– Disculpe, maestro, pero vengo a hacerle unas preguntas si no le es molestia. – Pidió Eustace cordialmente a Vladimir, su mentor.
– Adelante, mi estudiante, pregunta. – Accedió el viejo hechicero.
– ¿Que tan prometedor ve usted a los herederos? Es más que nada curiosidad mía para saber si puedo pasarles aquellos libros de teoría mágica que porto en mi biblioteca para poder así tener alguien audaz con quien debatir y estudiar en el futuro próximo – Expresó Eustace a su mentor , mostrando genuino interés en ellos más no por las razones que expresaba, aunque era algo que guardaba.
– Ya veo, bueno… es complejo eso. ¿Porque decisidiste querer pasar ese conocimiento? – preguntó Vladimir a su estudiante, extrañado.
– Hablando de teoría mágica con el joven Wolfest me di cuenta de su gran inteligencia, pudiendo comprender finalmente sus palabras de que tan palpable era la magia, ¡es un prodigio absoluto con un potencial inimaginable! – sinceró en esa parte –, quiero saber tambien al respecto para saber si merece la pena prestarles tales libros para tener con quien estudiar y hablar al respecto y a su vez aprender a hacer tutorías correctamente.
Con aquellas palabras Vladimir sonrió aliviado sin fijarse detrás de las palabras o notar la mentira al ser este su estudiante, creyendo que este tenía las más sinceras y genuinas intenciones de querer finalmente abrirse y socializar gracias al pequeño Wolfest, sonrió ante el pensamiento.
– En ese caso puedo decirte, mi estudiante, que esta generación es la más prometedora y poderosa que he visto desde la guerra de los magos – expresó Vladimir con una gran sonrisa –, me alegra ver que finalmente encontraste a al menos una persona con quien te interesara formar una amistad estable y te brinde el deseo de socializar y alejarte de tu estudio y tu recamara.
– G-gracias maestro, realmente hablar con Wolfest fue algo sumamente enriquecedor y satisfactorio, nunca imagine poder encontrar a alguien tan prodigioso y potente como él en esta vida. – Respondió Eustace logrando una afirmación física de su aún sonriente aparente mentor, era un increíble actor y el fingir pena por ello, era algo que él sabía hacer bien. No obstante era consciente que no todos podían ser engañados, Wolfest era uno, este siempre se mostró dubitativo con él y había alguien más que no se tragaba su intento de inocencia.
Cornweill Cramington, el aprendiz de Alpha, también dudaba de este desde el instante que lo vio intentar aislar a Wolfest para poder hablar solo con él por algún fin, le debía demasiado a Alpha como para fallar y Wolfest era un buen chico, desde el día uno dudaba de Eustace y Wolfest aún era muy joven, no podía dejarlo solo, estaba por interferir cuando Clarton llegó y logró alejar a Wolfest, lo cual le dio alivio. Aun así, tenía que vigilarlo, algo en Eustace iba mal, era demasiado siniestro y sentía ese algo planeaba por el como hablaba y actuaba, pero antes de poder seguirlo cuando este se retiró, alguien se acercó.
– ¿Todo se encuentra bien, Cornweill? – preguntó un hechicero, Alpha, jalando la atención de su aprendiz – Te noto alterado.
– No creo sea nada, maestro, quizá solo paranoias mías – respondió Cornweill negando a su mentor, intentando calmarlo, no podía preocuparlo con eso, no sin evidencias –, no poseo evidencias pero creo que alguien de los otros estudiantes aquí tiene intenciones menores a benignas y solo quiero quitarme mis temores y sospechas de encima.
– Ya veo… quizá luego de cenar puedas explicarme que te causa temor. – Expresó Alpha revolviendo sus cabellos al notar aun la consternación de su estudiante, conocía al chico, lo había rescatado de las calles cuando era muy joven y este había creado sin querer una tetera que era básicamente viviente, no era lista como un humano pero si tenía la actitud de un perro leal.
Este no tardó en asentir a su mentor, sonriendo un poco y aliviando el estrés que sentía encima, admiraba y adoraba al viejo mago profeta. Este lo salvó en ese crudo invierno y se había vuelto lo que su propio progenitor nunca fue, en especial tras abandonarlo: Un padre. No obstante no podía confesárselo, temía a que este lo rechazara, pero apreciaba esos instantes.
Pronto todos fueron llamados a comer incluidos los aprendices y Clow hizo hazaña de su magia y creó el gran mesón de los magos en donde todos se sentaron, cada estudiante y aprendiz al lado de su mentor, con Clow y Wolfest en la cabecera, Eustace comía en silencio, observando a todos los otros presentes y tras acabar antes del postre, observando la apertura de regalos.
La mayor parte eran telas, especias, dulces, libros, ingredientes básicos y una que otra cosa básica, Adrián le había entregado un amuleto, por parte de Clarton, bastante piel fina, al parecer de algún oso o de foca, algo difícil de definir, Shelldon, quien había sido informado previamente, le había regalado un palo de combate, con ambas puntas de acero y finalmente de Eustace había recibido un anillo extraño, que al parecer todos los demás herederos también habían recibido, por una u otra razón, el anillo le causó incomodidad, pero no le quedó de otra más que probarlo en esos instantes. No parecía nada más que eso, no obstante sentía un drenado extraño y eso era todo, más tarde en la noche se lo quitaria y descarta, pero no podía por ahora.
Agradeció a todos por aquellos obsequios de manera apreciativa y pronto observaron el pastel tan grande como el de las bodas ser servido ante todos y siendo recibido con sorpresa y elogios por la belleza de la inmensa pieza de repostería que fue cortada y servida junto a dulces tradicionales de diferentes partes del mundo para todos.
– Disculpen maestros, pero antes de comer me gustaria usar los aseos si no es molestia. – Pidió repentinamente Eustace a quien le asintieron y le dejaron marchar, Clow informando que estaba cerca de la biblioteca para la facilidad de este, a los pocos minutos Cornweill también se levantó, retirándose con la excusa de ir a buscar su tetera y sus guantes, en esos instantes Alpha comenzó a presumir de su estudiante y la tetera-perro que este tenía a todos los presentes que escuchaban atentos, no obstante lo que de verdad ocurría era otra cosa.
Eustace se había movido con cuidado e internado en lo más distante del jardín, y Cornweill siguió su rastro con discreción hasta poder encontrarlo y vigilar el asunto, quedando pálido cuando atestiguo la escena ante él. Estaba aterrado ahora, pero, no podía retroceder, debía investigar que era lo que querían y porque y también como detenerlos antes de que hicieran lo que parecían planear.
– Mi Señor Dusk of Fall, me presento ante usted – Llamó Eustace, arrodillado frente a una especie de sombra siniestra que parecía un portal de comunicación.
– Ah Eustace, mi fiel espía ¿que información haz obtenido el día de hoy para mi? – Cuestionó el ser de ojos rojos al otro lado del portal, su voz era tenebrosa y en cada palabra se notaba el intenso deseo de destrucción y una insaciable sed de sangre y muerte.
– Oh, tanta información. He encontrado a tres Enterial en este lugar, aprendices de tres hechiceros y sospecho que aquel trío Enterial son consanguíneos, uno es negro cual noche, otro verde como los bosques y el último y el más apetecible para usted, celeste y creo haber visto quizá otro color en él, a su vez, más información de los otros herederos, todos han demostrado con su mera presencia tener un poder extremadamente alto. – Informó Eustace sin mayor temor ni problema, sonriendo al demonio, quien no tardó en soltar una risa oscura y hambrienta.
– ¡Excelente trabajo! ¿que otras noticias posees? – Preguntó Dusk of Fall, con interés.
– El ciclo de la luna roja comenzara en una semana, mi amo – Respondió Eustace con honestidad.
– Ah, ¡perfecto! Podré entonces salir por tres semanas de aquí, el tiempo suficiente para atrapar a esos deleitables hechiceros y tres Enterial y tras ello librarme del todo, haz hecho bien Eustace – elogió el feroz demonio a su sirviente –, cuando sea la hora serás recompensado, puedes retirarte.
– Para servirle, oh mi gran señor. – Respondió el ruin hechicero dejando la conexión acabar, Cornweill estaba lejos pero lo había visto y estaba paralizado por el terror al ver eso. Sus temores habían sido confirmados y era peor a lo que él creía.
– No puede ser… D-Dusk of Fall, pero si yo creí era una leyenda – pensó el aprendiz del clan del dragón arcoiris, retrocediendo cuidadosamente para regresar a la casa de Clow, debía encontrar la manera de advertirle a los magos acerca de lo que vio pero en el proceso acabó por romper una rama – ¿Quién está allí?
La pregunta de Eustace fue con fuerza y frialdad lanzando una roca contra el arbusto, temiendo haber sido descubierto. Cornweill con terror y rapidez imitó a la perfección sonido de un gato asustandose por la piedra, había muchos gatos en esa ciudad lo cual pareció complacer al enemigo y que éste se moviese al sanitario, no había mentido con lo de tener que ir al baño. Mientras Cornweill regresaba rápidamente a la casa y entraba para ir al comedor tras tal macabro descubrimiento luego de recoger de la cocina su guante y la tetera que al sentir a su amo, saltó a sus brazos y restregó el pitorro en este, Cornweill aferró a la tetera viviente a si mismo, buscando su confort mientras pensaba en como explicar lo que vio.
Insert Ending: One Dream - Anselm JAPAN
