7.- Batalla de tragedia.
Esa misma noche Wolfest cerró los ojos para dormir, alegre y entusiasmado por el día que tuvo, aunque se sentía un poco deprimido porque Clow seguía ausente, pero al estar rodeado por sus hermanos se encontraba acompañado y sabía que Kerberos, Yue y Cornweill estarían vigilando la casa, no tenía una razón para tener miedo. En esos instantes el mundo estaba en orden para él, a pesar de que aún temía por esa niña llamada Hikari.
Al caer dormido abrió los ojos en un lugar familiar, junto a un árbol de cerezo en flor y frente a una casa tradicional japonesa. Volteó a ver a su mentora, Yuuko, quien le sonrió al niño.
– Buenas noches señorita Yuuko. – Saludó Wolfest con una sonrisa menos tímida a las de anteriores noches y una gentil reverencia, como se le había enseñado.
– Igualmente para ti, Wolfest. Estás particularmente radiante hoy, se nota que tuviste un día excepcionalmente bueno. ¿Pasó algo importante? – le saludó Yuuko a lo que el chico asintió inmediatamente, comentándole de la nueva amiga que hizo el día previo y lo que Cornweill le aplaudió por su bondad hacia ella, ésta escuchó antes de sonreír con tristeza, pudo notar el destino de aquel recién hermano adoptado de Wolfest, sabía que nada detendría ese evento –. Ah, un muchacho sumamente sabio sin duda, es verdad, y solo puedo revelar que sus destinos están enlazados de alguna manera. Recuerda disfrutar todo el tiempo que tengas con ese muchacho que reclamaste como hermano y aprender todo lo que él te enseñe con gran calor, Wolfest, no dejes que el dolor te ciegue ni que el miedo te domine.
– S-sí señorita Yuuko. – asintió Wolfest, un poco consternado porque sabía que eso significaba que algo malo iba a ocurrir, mas no sabía qué. Se obligó a respirar como Yue le había enseñado para calmarse y no llorar pese a querer hacerlo, comprendía gracias a Yuuko que una profecía así de vaga, sin ningún detalle o información del evento, era representante de un futuro imposible de cambiar; al menos tendría tiempo de prepararse para ese día.
– Sé que es duro, pero él pronto te enseñará la lección más importante de todas – le informó Yuuko –. Y recuerda, pese a todos los peligros que éste tiene, el futuro es brillante y maravilloso. Ahora dejemos eso de lado, dime, ¿estás listo para tus clases?
Wolfest asintió atento. Esa noche fue cuando Yuuko decidió enseñarle a comprender mejor cómo la magia funcionaba realmente de una manera simple y cómo seguía las leyes de la física, la naturaleza y la lógica pese a parecer lo contrario. ¿Un ejemplo de ello? El fuego invocado cumplía con el triángulo del mismo. Con ayuda de la magia, el polvo en el entorno era atraído y junto la fricción generada por el tronar de los dedos hacía que las partículas de polvo en el aire que rodeaban la mano del usuario se aceleraran generando calor extremo, lo cual encendía las partículas inflamables, mientras que el oxígeno que se quemaba generaba un pequeño efecto de aspiradora, cuyo poder aumentaba con ayuda de la energía.
– Ahora, el cómo la magia es manipulada es algo que no puedo decirte, nadie lo sabe realmente y es algo que confunde a todos los grandes maestros mágicos de la historia, incluso al tonto de tu padre – expresó vagamente. Para ese punto Wolfest ya estaba habituado a las actitudes de Yuuko hacia su padre, en especial porque Clow él le había explicado las razones detrás de esa actitud –. Algunos dicen que tiene algo que ver con la genética, no obstante, fantasmas e incluso ustedes los enterial pueden hacerlo, por lo que mi teoría se basa más en que tiene algo que ver con la cuarta y la quinta dimensión interactuando de alguna manera con las tres que ya son visibles. No te molestaré con los detalles, algún día, cuando Shelldon lo aprenda, te lo informará todo. Esa es la mejor explicación posible a lo que es la magia, ya que hay seres que no tienen forma física que la utilizan a diario y sin problemas, ¡Oh vaya! Parece que el tiempo se acabo, por hoy acabaremos nuestra clase. Wolfest, pequeño, espero que hoy sea un día tan brillante como el de ayer.
– Entendido, gracias por hoy, señorita Yuuko. – Dijo haciendo una reverencia de agradecimiento por la lección que la bruja dimensional le brindó en la noche,tras lo cual ella le dejó retirarse y el flujo natural de los sueños retornó a su cauce. Luego de unas cuantas horas Wolfest despertó. Clarton ya estaba sentado en uno de los lados de la cama, levantándose tras la noche, mientras que Shelldon aún seguía dormido al otro lado, dándole la espalda y dejando al menor de los tres en el medio.
– Buenos días Wolf – sonrió Clarton con gentileza a su hermano menor –, ¿cómo estás?
– Bien. – Dijo, estirándose antes de ponerse de pie y de ahí proceder con la rutina matutina: Clarton intentaba despertar a Shelldon, Wolfest se lavaba y vestía dejando a los otros dos batallar con despertarse y pudo vagamente escuchar a Shelldon tropezar con la cómoda al no encontrarse todavía habituado a ésta. Terminando eso Wolfest se adelantó a salir para ir con Yue a tomar sus medicinas. El guardián de la luna siempre sabía de memoria cuál era la dosis que el niño ocupaba y cada mañana las tenía listas para él, el año siguiente educaría al pequeño aprendiz a razón de que no tuviera que depender de otros para su medicación por el momento no querían debido a que lo consideraban aún muy joven para hacerlo por su cuenta.
– Buenos días, amo Wolfest. ¿Cómo ha dormido? – Saludo Yue, recibiendo una sonrisa y un asentimiento como respuesta, indicándole que estaba bien –. Me alegra saberlo. Venga, vayamos por sus hermanos. El joven Cornweill está terminando de preparar el desayuno y Kerberos aún duerme.
– Sí Yue.
El guardián con forma de ángel le brindó al chico una pequeña sonrisa gentil ante la respuesta recibida y lo alzó suavemente en brazos. Yue adoraba a Clow y, considerando su relación actual con él, tenía un fuerte nexo con Wolfest, al que protegía con gran atención; en cierta manera tomaba un rol "materno" con él.
Antes de bajar, Yue se aseguró de que el menor tomara su dosis de medicinas, luego fue por el guardián solar quien, extrañamente, seguía dormido en cama por su lado, Cornweill colocaba la comida en la mesa para los chicos. Luego de unos minutos vieron al guardián con forma de león llegar al desayunador.
– ¡Vaya guardián del sol! No despierta sino hasta bien salido su astro. – Le reclamó Yue.
– Mira quien lo dice. – Respondió Kerberos.
– ¿Qué clase de ejemplo le dan a estos niños, peleando tan temprano en la mañana? – Exigió saber Cornweill, deteniéndolos antes de que escalara. Clow, antes de irse, le explicó de eso – ¡Se supone que son el modelo para saber cómo debe ser la hermandad y la familia! Hm, tendré que reportarle a Clow de esto.
Ambos guardianes se sonrojaron ante el regaño, con Wolfest intentando no reír por lo bajo. Clarton solo miraba con una sonrisa un tanto triste la escena y Shelldon reía más abiertamente pese a que de sus ojos un par de lágrimas de tristeza se reflejaban.
– Lo sentimos. – Se disculparon simultáneamente los dos guardianes, no les gustaba ser regañados por el invitado, no obstante Clow le había dado permiso especial de disciplina a Cornweill en caso de surgir una situación como esa o de que Wolfest lo necesitase… aunque desde los terribles dos años ya no pasaba. Tras ello se sentaron a la mesa, uno a comer, el otro a vigilar que el resto comiera, en particular Wolfest, y obligarse a comer algo. No lo necesitaba pero Cornweill tenía un punto y siempre lo hacía cuando estaban todos a la mesa: debían ser un buen ejemplo para Wolfest y alimentarse para asegurarse de que él imitara aquel patrón también.
– Bien, el día de hoy será educativo: vamos a avanzar en combate físico, practicarán música y artes plásticas – comentó Cornweill –. También Clow me pidió que les enseñara a cómo hacer trueques y detalles discretos referente a oferta y demanda al mayoreo como cliente; Wolfest, eso significa qué es lo que te conviene más comprar para evitar una estafa o que te vendan algo viejo o que está por caducar si se trata de comida o el material que necesitas para hacer las cosas.
Wolfest asintió, si bien ya sabía el significado de las palabras no entendía el concepto, por lo que le ayudaba y agradaba cuando le explicaban así las cosas. Cornweill no podía enseñarles magia ni la teoría tras ésta porque creía que eso era algo que los maestros y padres debían hacer, de todas formas él había admitido que su fuerte era la de combatiente.
Tras terminar de hablar, Cornweill salió con los tres niños al jardín en donde comenzaron el calentamiento diario y de ahí su entrenamiento marcial. El muchacho se preguntaba cuánto les tomaría a Shelldon y Wolfest dominar sus armas respectivas; Clarton ya era bastante eficiente en la lanza y le había confesado que sabía cómo cazar usando el arco y flecha, solo le faltaba experiencia real para dominarlos del todo.
Eustace e Hìsäêr avanzaban por el pasillo olvidado del templo donde el clan del dragón azul habitaba y estudiaba, el primero terminaba de planear cómo atraería a Nef a una alcoba donde le tenderían la trampa, Eustace se encontraba ya recuperado de la invocación de hacía un par de noches y sabía que Nef había estado estudiando y practicando un hechizo bastante agotador durante esos días; el segundo, en cambio, se detuvo y entró al lugar acordado a esperar a Eustace. Su sirviente se encontraba frustrado por tener que dar tantas vueltas, pero por alguna razón la guardia era muy alta y reingresar al sitio le había sido bastante complejo.
– Nef – llamó Eustace al heredero de Vladimir tras encontrarlo en el cuarto de prácticas –, perdón por molestarte, sé que estás en extremo cansado, más tras tus estudios y experimentos, pero sin el maestro me temo que no tengo a nadie a quien acudir por asistencia para mi proyecto.
– ¿Proyecto? – Nef volteó, pronto viéndose arrastrado por su compañero, estando demasiado agotado como para detenerse a recordar las advertencias de Cornweill, aunque tampoco era de los que le creyeran en primer lugar.
– Hay un eclipse solar, el momento perfecto para probar mi teoría referente a cómo el poder de la magia lunar y la solar interactúan con la magia defensiva. – Expresó Eustace a lo que el otro parpadeó antes de recapitular lo surgido en la reunión de magos, que fue más una excusa para una fiesta.
– ¿Por eso no parabas de acosar al aprendiz de Clow en relación a los báculos y teoría mágica en la reunión? – Le preguntó con un tono casi sarcástica y una mirada un tanto fría
– Solo hablaba de teoría mágica con él – Fue la defensa de eustace sin dejar de arrastrar al otro –. Clarton y Shelldon se rehúsan a hablar conmigo y el aporte y consejo de un Enterial, por joven que sea, siempre es beneficioso y Wolfest era el único disponible. Después de todo, sus conocimientos son, aún cuando se trata del instintivo, invaluable.
Nef resopló ante su comentario, comenzaba a recordar finalmente la razón por la que Cornweill le decía de alejarse de Eustace.
– ¿Qué es lo que realmente tra…? ¡Hey woah! – Exclamó antes de ser empujado a la alcoba, cayendo de espaldas a Eustace quien cerraba la puerta – ¿Qué rayos…?
– Paralyžiuoja tamsus – Le atacó, lanzando el conjuro contra Nef, quien antes de verse paralizado logró agarrar su báculo –. Mi amo… aquí está su presa.
Hìsäêr se aproximó despacio y retiró el báculo que Nef poseía, dejándolo desarmado. Sabía bien que los humanos necesitaban catalizadores para poder usar sus poderes con eficiencia, existían algunos que podían hacerlo sin éstos pero esos eran particularmente escasos y bastante poderosos, usualmente brujas dimensionales, éste no lo era, ese humano era un aprendiz aún, un estudiante, y tal cual su fiel sirviente le señaló, su magia era poderosa y su alma pura.
– Sin duda alguna no exagerabas cuando decías que tenían un poder extraordinario para su edad. – Expresó mientras alzaba a Nef, quien gimoteó aterrado al ver al ser ante él y su sádica sonrisa, la cual fue la última cosa que atinó a ver entretanto envió un mensaje mágico de ayuda urgente a quien pudiera recibirlo antes de que su muerte surgiera y los dos se movieran a la siguiente víctima. Hìsäêr ansiaba los gritos de súplica pero era paciente y esperaría a tener la capacidad de estar del todo anclado de vuelta al mundo terrenal.
No tenía tiempo de disfrutar a su presa según su gusto pero eso no tomaba importancia en esos instantes, mordió el cuello del heredero de Vladimir, de esa manera comenzando a devorar el cuerpo y alma de su presa la cual duró con vida solo un minuto antes de perecer por la repentina pérdida de sangre y el dolor de cada mordida, al pasar de media hora la única evidencia de su presencia y ataque fueron el báculo y un rastro de sangre bastante notorio antes de que fueran al siguiente lugar.
Durante la luna roja solar, el Señor de la Discordia se alzará,
y solo los Elegidos lo podrán derrotar,
ellos se aliarán, desde lugares diferentes aparecerán,
y unidos deberán vencer al Señor de la Discordia.
Pero el Señor de la Discordia sabe de su existencia
y luchará por destruirlos antes de que ellos estén preparados.
En soledad, los Elegidos se levantan contra aquel que todo busca devorar,
y solo las habilidades que heredaron podrán ayudarlos a enfrentar
al ser que todo busca tomar.
La Pitonisa le recitó esas palabras a Clow, Vladimir, Claktus, Rudolph, Alpha y Omega. Los últimos dos tuvieron que ir puesto a que alguien debía retener el poder del segundo sin que el primero tuviera que usar su magia en tanto el tercero y el cuarto lo obligaban a pensar otra vez.
– Pero… ¿Cómo es que se liberará? ¿Quién? – preguntó Vladimir, no entendía el por qué.
– Uno de tus estudiantes, Vladimir. Y tenemos un testigo que observó un diálogo entre Hìsäêr y él – expresó Alpha con firmeza –. La razón por la que cinco fuimos los que tuvimos que arrastrarte hasta aquí es porque sabemos bien que con meras palabras no vas a escuchar, necesitas evidencia en la cara, y con lo comprado que estás por él ni siquiera intentarás investigar al respecto. Ahora has escuchado la predicción y sabes que es verdad que ese maldito monstruo ha muerto.
– Él dice la verdad, joven mago – ambos expresaron con seriedad, tomando la esfera de cristal y haciendo que Vladimir la agarrara –. El futuro señor de los Enterial pudo reconocer la amenaza aunque no fuera consciente de a quién servía tu aprendiz, pero la verdad vendrá con un terrible precio para todos.
– Clow, ¿estás bien? – Interrumpió Omega, quien notó que el mentor de Wolfest se encontraba preocupado.
– Algo está pasando en la casa… Los escudos están extraños y siento que una magia externa intenta penetrar en ella. Yue y Kerberos están alarmados, ni ellos ni las cartas pueden salir de la casa… No atino a ver qué ocurre, sin duda fue dirigido para bloquearme; tenemos que volver. – Declaró, eso que le pasaba sabía bien qué significaba: el ataque había empezado y, por lo que notaba, debían ser rápidos. Giraron ambos al escuchar a Vladimir exclamar que sabían era un insulto en alguna lengua extraña que solo él comprendía.
Cornweill supervisaba a los chicos jugar con una sonrisa, esa paz era agradable, y tras ese descanso de mediodía comenzarían las clases de música. No obstante, se detuvo de golpe y giró al cielo al notar un cambio repentino en la luz: la luna estaba tornándose del color de la sangre y comenzaba un eclipse solar.
– No puede- – suplicó Cornweill agarrando su báculo, recitando rápidamente mientras cerraba su mano libre, la cual elevaba frente a él – Jafnvægi endurskoðun.
No tardó en abrir su mano cuando un giroscopio apareció, mismo que empezó a girar fuera de su cauce, brillando en negro, acelerando al punto de desaparecer.
– ¡Chicos, acérquense rápido! – Ordenó Cornweill, terminando el conjuro y corriendo a los tres hermanos que voltearon extrañados antes de ser cargados por el joven adolescente quien los arropo. No tardaron en escuchar el sonido de algo que parecía desactivarse: el escudo estaba cayendo.
Al notarlo, Cornweill los llevó directo al cerezo, poniéndolos bajo éste, saliendo de ahí y cortando la palma de su mano con la punta de su báculo previo a poner ésta en el piso y alzar un escudo.
– Quiero que se queden dentro de esta barrera. NO salgan de ahí por nada del mundo. Regresaré tan pronto pueda poner a otros a salvo.
– ¿Q-qué está pasando? – Preguntó Wolfest extrañado.
– Algo muy malo, no salgan. – Volvió a ordenar, girando su báculo para abrir un portal y saltar a la carga a donde estaba Rhys. – ¡Rhys! ¡Rápido! ¿Donde está Falak?
– Está visitando a Adrián, ¿por qué la prisa? – Logro decir antes de ser agarrado y arrastrado por Cornweill al otro lado del portal, empujado dentro de la barrera – ¡¿Q-qué?! ¡Oye Corn! ¡¿Qué rayos?!
– ¡No salgas de la barrera! ¡Voy por Galterio, Tem y el resto! ¡Si no regreso, quiero que fuerces tu magia sobre los sellos de este escudo y lo mantengas activo hasta que lleguen los maestros, estamos bajo ataque! – Señaló previo a cambiar el punto de salida del portal al mover de derecha a izquierda el báculo, como si se tratara de pasar la página de un libro. Saltó al siguiente lugar, en donde su adorada estaba; sabía que debía priorizar a los otros herederos pero… era humano.
– ¿Ataque? – Preguntó Rhys extrañado, sin recibir respuesta y pronto viendo a los tres asustados Enterial. Solo pudo suspirar y acercarse a ellos para calmarlos.
Cornweill se daba prisa, tenía que ser preciso. No tardó en llegar con Galterio, sabía que él estaba visitando a Teamhair y necesitaba sacarlos de ahí rápidamente antes de que Hìsäêr y Eustace los atraparan. Buscó a ambos en el exterior del templo del clan de la Naturaleza, comenzando por el lago antes de correr al bosque al recordar que se encontraban trabajando en un proyecto que sus dos clanes llevaban a cabo. Los rastreó como pudo y no paró hasta encontrarlos cerca de un sector lleno de hongos el cual ambos inspeccionaba.
– ¡Tem, Galterio! – Exclamó al verlos.
– ¿Qué haces aquí Corn? Creí que estabas cuidando de los pequeños Enterial – Galterio miró al que era el aprendiz.
– Está pasando lo que temía, todavía debo ir por Falakar y el resto, pero es urgente que vengan conmigo, por favor. Al menos hasta que los maestros retornen. – Suplicó Cornweill al dúo, guiándolos como podía.
– ¿Lo que temías? – Galterio intentó recordar qué era eso antes de que el silencio reinara en el bosque – Hìsäêr...
– Eustace lo liberó antes de tiempo y no sé cómo… Por favor, tenemos que irnos – suplicó, mientras una sensación de pavor y muerte inminente se aproximaba, el odio y asedio se sentían aproximarse y Cornweill agarró a los dos, corriendo con ellos al portal al cual los empujó – ¡Quédense en la barrera, con Rhys y los niños! ¡Intentaré regresar, si no lo hago quiero que fuercen su magia sobre la barrera y la mantengan viva hasta que los mentores retornen!
– Amor… – Intentó pronunciar Teamhair.
– Lo intentaré, mi flor del desierto, solo manténgase a salvo. – Le pidió, a lo que ella asintió y obedeció, pero tenía un muy mal presentimiento.
Cornweill cambió el portal y saltó, necesitaba llegar con Falakar, rescatarlo cuanto antes. Él era el heredero del clan de Rhys y debía llevarlo a un lugar seguro, no obstante se paralizó. Ahí estaban ellos, Falakar no se encontraba más entre los vivos, Hìsäêr apenas terminaba de engullir a su presa… y Eustace abría el portal hacia donde Teamhair y Galterio estaban. Había llegado tarde… De Adrián no había pista tampoco, pero si el segundo báculo en el piso decía algo y la sangre en el rostro de Eustace también, entonces...
– Pero mira nada más… mi querido Cornweill llegando a la fiesta. ¿Por qué tú, Tem, Gal y Rhys tienen siempre la manía de llegar tarde a mis festejos? Tan maleducado de su parte – expresó Eustace viendo al muchacho que había sacado ya su báculo y escuchando a Hìsäêr reir de forma sádica al verlo –. Pero ya estás aquí, ¿comenzamos el vals? Paralyžiuoja tamsus.
– Odins skjold – Respondió alzando un escudo para bloquear el conjuro de parálisis – Thor er vrede
Una centella eléctrica salió disparada de su propio bastón, golpeando a los dos enemigos. No iba a centrarse en uno, ambos eran un peligro y tenía que actuar; no dudó en atacar una segunda vez con otro conjuro antes de saltar por el portal y retornar. No tenía más tiempo para ejecutar algo diferente o ir por el resto al ya haber sido descubierto. Cerró el portal para asegurarse de que no lo pudieran seguir.
Aterrizó sobre su espalda a unos metros de su salida original, pese a la dolencia se levantó, moviéndose rápidamente, revisando desde el exterior la casa en donde las cartas y guardianes estaban; revisó todo con cautela y señaló a un sello que se suponía no debía estar ahí, revisándolo mágicamente. Descubrió que Eustace los plantó y no tenía cómo quitarlos, aun así agarró una piedra y comenzó a frotar deprisa, deteniéndose al notar la misma sensación de perdición absoluta que en el templo del clan de la Naturaleza. Se le acababa el tiempo.
Yue se acercó, intentando salir por la ventana sin éxito a pesar de que estaba abierta. Miró las nubes oscuras que comenzaban a llenar el sello. Cornweill maldijo, agarrando una piedra que ató con magia sobre la punta de una rama, acomodándola correctamente y doblándola con apoyo de la magia.
–¡Toma, no dejes de frotar el sello, con suerte destruirá el sello y toda la estructura mágica! ¡Iré a proteger a los niños! ¡Libérense pronto, no podré solo! – Expresó antes de darle la rama, retirándose al cerezo a la vez que iba concentrando su magia. Rhys aún intentaba calmar, con ayuda de Teamhair y Galterio, a los tres pequeños Enterial aterrados. Cornweill clavó en uno de los sellos su báculo, activando la parte sagrada de la defensa, conectando las raíces y ramas del cerezo con los sellos, enviando la magia que había concentrado cuando el siniestro portal se abrió.
– Kwan Yin no lo permitas… – Jadeó Rhys, aterrado al ver a Eustace salir del portal recién abierto, seguido de Hìsäêr.
– Perdóname Rhys, no pude salvar a Falakas o a Adrián y no podré llegar con el resto; ni siquiera sé si aún están vivos, pero prometo que los protegeré. Teamhair, mi bella flor del desierto, te amo – declaró Cornweill quien iba recargando su magia para comenzar el duelo –. Clarton, Shelldon, Wolfest, no miren; chicos, no los dejen ver.
– ¿Ya dejaste de jugar a las escondidas entonces? Muy bien, y ¡mira nada más! ¡El resto de la pandilla! – dijo Eustace con un tono sarcástico, viendo el lugar y la situación antes de sonreír de manera sádica – Y una fiesta sorpresa… Oh, no debiste Cornweill, en serio… Ahora deberé regresarte el favor.
– No dejaré que los toquen. – Gruñó.
– Oh, Corn, debido a ti ellos están fuera de alcance por ahora, aunque debo confesarte con toda franqueza – comenzó Eustace entretanto cargaba su magia y Hìsäêr salía tras de él del portal –, que esto solo hará que los momentos posteriores sean más jubilosos tanto a mi paladar como al de mi señor.
– Una barrera sagrada con el cerezo como ancla principal… aun no tengo la fuerza para destruirla por mi mismo, no obstante destruyendo al convocador podremos acceder al fruto bajo él y ahí están ellos tres como prometido, tres deleitables Enterial – observó Hìsäêr hambriento a los que se escondían tras el escudo, helando su sangre, antes de retornar su vista a Cornweill –. Comencemos con esto, mi siervo. Acaba con él y utiliza su sangre a tu placer.
– Con placer mi Amo – obedeció Eustace, acumulando la oscuridad en el área – Ähvardavad nooled.
– Odins skjold – respondió Cornweill para defenderse en el acto y responder al ataque, en el cristal central de su báculo hielo puro comenzaba a formarse y transformarse en un fino y afilado polvo gélido que era rodeado por fuertes vientos los cuales lanzó contra Hìsäêr y Eustace–. Pohjoismainen jauhe.
El demonio por su parte recitaba en una complicada y compleja lengua siniestra, la oscuridad en el lugar comenzaba a moverse y sombrías estalagmitas comenzaron a salir del piso, buscando atravesar a Cornweill quien esquivaba y respondía al disparar rayos de luz los cuales buscaba reflejar también esta y al menos elevar un poco la iluminación en el área de batalla entretanto buscaba obligar a ambos a centrar su ataque contra él.
Hìsäêr respondió junto a Eustace a estas acciones, Hìsäêr moviéndose más atrás al comenzar a absorber las almas para fortalecerse y asegurar obtener un poco más de poder, Cornweill solo pudo apretar su quijada respondiendo a los ataques de Eustace al sentir como los lazos de familiaridad y amistad que tenía con los fallecidos comenzaban a desaparecer; sabía qué es lo que estaba ocurriendo, los ataques de sus dos enemigos solo aumentaban de poder y precisión para su preocupación.
En la barrera Wolfest y sus hermanos se aferraban a Rhys, Teamhair y Galterio, quienes estaban angustiados al ver la situación, el último quien había crecido con Cornweill, estaba en particular desesperado por encontrar una forma de salir de esa barrera, buscaba con su vista en cada borde, logró encontrar una debilidad la cual sabía era necesario sellar; pero él la aprovecharía antes… cargó a Shelldon; quien era el que estaba en sus brazos y lo puso sobre los brazos de Rhys quien aferraba a Clarton antes de dejarlos tumbados y moverse a la pequeña ventana de oportunidad. Tras ello corrió a la carga y desde adentro lanzó un conjuro de corte que abrió el agujero que necesitaba por el que saltó y tras salir se volteó viendo como la barrera se cerraba otra vez y se regeneraba, de ahí usó otro conjuro para fortalecer y cerrar bien esa barrera dejando solo el oxigeno pasar, Rhys soltó a los dos enterial para correr e intentar imitarlo, topándose solo con una pared brillante que lo hizo rebotar al interior.
– ¡¿Qué estás haciendo porque no me dejaste también?! – le cuestionó furioso Rhys.
– ¡Porque si nosotros caemos USTEDES serán la última defensa de estos chicos, mi lugar es con mi hermano, el de ustedes es sobrevivir si nosotros caemos y mantener esa cosa fuertemente aferrada, esos niños son Enterial y lo saben, protéjanse y rueguen los maestros regresen pronto y este maldito eclipse dure menos de dos horas! – respondió antes de voltearse al combate y correr.
– Por dios, esto ya es demasiado ¿porque no pueden entrar y estar aquí a salvo? – se cuestionó Teamhair aferrando a los tres Enterial e intentando evitar viesen la batalla, temía lo peor.
– ¿Por qué ellos nos están atacando, que hicimos? – preguntó Wolfest.
– Porque ellos dos son malvados y les gusta lastimar a otros, ninguno de nosotros hizo nada malo, solo existe gente así de horrible y seres así de terribles. – Respondió Clarton, con pesadez y temor, él mismo lo sabía bien.
– Sólin soihdut – Fue algo que Cornweill pudo escuchar y volteo en el acto, notando como una llamarada pasaba a su lado, impactando a Eustace quien se protegió con una barrera de energía oscura. Por su parte Hìsäêr comenzaba a recitar algo en algún idioma ancestral, dejando a criaturas diversas aparecer.
Criaturas de aspecto humanoide y animalescas comenzaron a aparecer, esos seres tenían entre dos y cuatro metros de altura. Las bestias humanoides medían 2.15 metros de altura, ojos rojos, con un pelaje muy espeso color café negruzco y una complexión física robusta que señalaba que eran muy fuertes, tenían espinas en la espalda y colmillos de 5 pulgadas en su boca, cuernos en la cabeza y una cola llena de pinchos y tenían gigantescas garras afiladas en sus manos y lo que no estuviera cubierto de pelaje, entonces tenía expuesto escamas negras similares a las de un lagarto.
Las animalescas eran de igual manera muy grandes con una longitud de tres metros y pelaje idéntico, mandíbulas de hiena y sus patas y garras afiladas eran como las de un tejón o las de un glotón y con más púas en su espalda. En ambos casos su saliva era de un tono azul ácido bastante brillante. No tardaron en rugir con una intensidad y sed de sangre que congeló a los que estaban escondidos tras la barrera quienes cayeron hacia el piso arrodillados por el terror que esa energía les inundo mientras Hìsäêr reía complacido al sentir el pavor presente y Galterio se posaba espalda con espalda junto a su buen hermano y el aire se hacía más gélido.
– ¡Dread Beasts, Dread Lizards, Ataquen! – comandó Eustace sonriendo y atacando con estacas oscuras que cada vez eran más poderosas y que Cornweill comenzaba a bloquear como podía y se esforzaba por invocar hielo sagrado para contrarrestar al no poder sentir la luz y tener que centrar esta sobre la barrera.
– ¿Qué demonios haces aquí afuera? ¡Regresa a la barrera antes de que el pico más alto del eclipse surja! – Ordenó Cornweill intentando no colapsar por el pánico y usando ataques.
– No te dejare solo en este duelo contra estos malditos monstruos – Respondió Galterio lanzando varios conjuros contra las bestias y Eustace, teniendo que dar mas tiempo e intentando hacer más pareja la batalla.
– ¡Te van a matar aquí afuera, regresa! – Objeto.
– ¡Y a ti también, así que no tienes fundamento para tu objeción!
La discusión y duelo de los tres brujos seguía siendo escuchada por todos los testigos presentes y Wolfest temblaba espantado habían caído al piso observando a Galterio y Cornweill pelear contra Eustace, el Demonio y esas horribles criaturas que serían fuente de sus futuras pesadillas y comenzaban a despertar algo que estaba dormido en él debido a los eventos que estaba atestiguando. Los dos combatientes aliados hacían lo posible para intentar derrotar a las criaturas y a Eustace sin darse cuenta de que Hìsäêr se acercaba a la barrera una vez más…
Wolfest gimoteo amenazando con llorar, estaba aterrado, y podía percibir toda la maldad del terrible ser que se aproximaba a azotar la única defensa que tenían contra aquel ser, el cual sabía le estaba observando en particular a él. Se sentía igual que cuando tenía dos años de edad, pero esta vez ni Kerberos, Yue, las cartas o Clow estaban ahí para protegerlo del monstruo.
– L-la luz está desapareciendo, toda la que queda está alimentando a la barrera – alertó Teamhair a Rhys.
– E-entendido – Respondió entre tartamudeos moviendo a Clarton y Shelldon al árbol y corriendo a Wolfest a recogerlo, no tenía alternativa, intentaba moverse mas pero no paraba de temblar, hizo lo mismo –. A-agarrense al árbol, no se suelten de él, si esta barrera cae, el cerezo nos protegerá.
Galterio y Cornweil aún discutían durante el combate contra las criaturas que los rodeaban y Eustace rondaba en el círculo, buscando su oportunidad, la magia de los dos héroes fallaba cada vez más por la carencia del poder sagrado y Eustace comandó el ataque mientras cargaba un hechizo de desarme y observo a los dread beasts abalanzarse contra Galterio, quien no tardó gritar preso del pánico y el dolor al sentir el rasguño, ante la vista de Cornweill las garras soltaron una especie de líquido de color idéntico al de su saliva, ahora sabía era veneno y atacó a las criaturas intentando defender al heredero de su clan el cual en esos instantes era devorado con vida por las criaturas, logrando herir a una en uno de los ojos para ver la sangre color verde emanar e intentar alejarlos y salvar algo; notando cómo absorben también el alma de su amigo y la enviaban a Hìsäêr quien sonriendo se comenzó a potenciar y digerir la misma para el desespero del guerrero quien utilizó en un gran desespero una descarga eléctrica poderosa para matar a las criaturas solo para verse repentinamente desarmado para voltear a Eustace quien había alzado su mano libre y detenido a las Criaturas Terribles.
– Maldito seas… – Condenó antes de verse tumbado contra el piso y ver sus manos y cuerpo ser atados por unas lianas negras las cuales comenzaron a absorber su magia para que no pudiera defenderse con esta, Eustace se postró encima con una sonrisa victoriosa y sádica.
Entre tanto Hìsäêr rondaba la barrera, revisando la misma y aprovechando la situación de victoria para ver cómo deshacerse de la misma para poder atrapar lo que él consideraba era su deleitable premio ahí dentro. Teamhair estaba para ese punto usando su magia y energía misma para mantener la misma barrera con la misma potencia de antes de que la energía sagrada desapareciera. Todo estaba oscuro, las estrellas en el cielo relucían por el momento y aún así, todo el entorno se veía teñido de rojo, Rhys aferraba a los tres pequeños Enterial a él e hizo que escondiera sus aterrados rostros en su manto al no querer que vieran lo que iba a pasar.
– Has sido una gran molestia en los planes de mi señor, deteniendome en cada instante, e intentando inútilmente detenernos y fallaste de la manera más patética y miserable de todas – recitó Eustace, convocando en su mano un conjuro de energía mientras sonreía, él sería su primer premio entre tanto las criaturas restantes rugían esperando órdenes –. Ese inútil escudo no resistirá lo que viene y pronto mi señor termina de consumir a todas sus presas, comenzando con tu delicada flor del desierto.
Se burló Eustace agarrando finalmente el cuello de Cornweil, lanzando la descarga eléctrica contra este, sin intenciones de matarlo aún, quería disfrutar lo que vendría y no tardó en reír al escuchar su grito de agonía.
– S-sueltame, m-maldito. – Intento responder entre el dolor y el pánico al tiempo que veía como este agarraba esa daga y luego como invocaba fuego y rodear así la navaja con este para calentarla.
– No lo entiendes aún ¿verdad? Bueno… lo entenderás – sonrió Eustace mientras con la cuchilla ahora al rojo vivo cortaba de forma lenta las ropas y rozaba la piel, quemando la misma y causando gruñidos de incomodidad a medida que se acercaba a áreas más sensibles que causaron gimoteos, dejando expuesto al chico ante él entre tanto Eustace decidía hacer aparecer una afilada piedra de obsidiana –, pronto mientras mueres verás como tu amada novia muere junto a tu mejor amigo, devorados por mi amo y a esos tres pequeños Enterial ser tragados del todo. Todo al tiempo que tu sangre cae y nos alimenta. Es hora de disfrutar el espectáculo, Corny.
Una vez dicho eso, Eustace volvió a usar la daga para ir cortando despacio las áreas que él quería sensibilizar más antes de usar su afilada obsidiana para comenzar a cortar por las zonas y causar que Cornweill gritara una vez más al tiempo que lo obligaba a voltear su cabeza en dirección del cerezo con la barrera dorada que defendía a los que estaban adentro y ver a Hìsäêr comenzar el embate contra la barrera, causando gritos de pánico en los de adentro. Rhys no tardó en levantarse y buscar una manera de salir del lugar para alejar a Hìsäêr de ellos e ir al rescate de su mejor amigo, mientras que Clarton aferraba a sus hermanos menores y contenía sus lágrimas las cuales amenazaron con salir con aún más fuerza al escuchar como sus dos hermanos menores comenzaban a llorar histéricamente presos del pánico y desespero que los afligía en esos instantes.
– "Todo estará bien, todo estará bien" – les susurraba Clarton, igual de aterrado que los otros dos, pero intentando ser fuerte pese a que podían escuchar los gritos de agonía de Cornweill y sus desesperados intentos de hacer que el demonio se alejara del portal, Teamhair lloraba entre el horror y el dolor al ver a su novio agonizar y aun así suplicar por que la dejaran a ella y el resto en paz, Hìsäêr arremetía con más fuerza en el punto vulnerable que había encontrado –. "Shelly, Wolfy, no abran sus ojos, cubran sus oídos, no se preocupen yo los protejo, yo los protegeré, lo prometo."
El mayor del trío Enterial intentaba amparar a sus hermanos quienes gritaban por sus padres, Wolfest por Clow, Shelldon por Claktus, por su madre y padre… Clarton estaba igual que el segundo pero intentaba mantenerse fuerte por ellos dos. Escuchaban el rebote de las paredes de aquella media esfera mágica que comenzaba a tener dificultades para resistir los golpes del corrupto ser el cual ansiaba comenzar su siguiente masacre.
Eustace no paraba tampoco su ataque, entre electrocución, los cortes con la obsidiana y su cuchilla al rojo vivo y recientemente clavar incluso agujas invocadas hechas de oscuridad. Su sonrisa despiadada estaba presente al tenerlo ahí contra el piso, herido, moribundo y volteando de tanto en tanto, encarando su mirada contra Clarton quien intentaba calmar a sus hermanos pese a que el shock lo comenzaba a inundar, Rhys quien desesperadamente golpeaba la pared de la barrera desde adentro gritando el nombre de su amigo y Teamhair la cual intentaba mantener la única defensa al ser el deseo de su amado. Lentamente fue cortando por los ligamentos para planear su siguiente movimiento mientras Cornweill dejaba las súplicas y solo gritaba en esos instantes, no obstante el sonido similar al de un cristal quebrarse fue escuchado al poco por el entorno y la luna comenzaba a moverse otra vez.
El eclipse estaba terminando y con ello su oportunidad, no tardó en que una especie de llamarada golpeara a Hìsäêr y seguida de esta una serie de fragmentos de cristal y una serie de ataques elementales, los Dread Lizard y Beasts intentaron atacar a las mismas cartas que llegaban ahora, no obstante otras como The Erase los eliminaban en el acto mientras que Silence detenía el conjuro de Eustace quien volteó en el acto antes de lanzar la obsidiana y reaccionar para actuar y defender a su Amo mientras la barrera colapsaba finalmente.
– ¡¿Cómo escaparon del encierro?! – Exigió Hìsäêr.
– Nunca lo sabrás, bestia infeliz – Rugió Kerberos, iracundo por los eventos.
– ¡Y jamás tocarás al Amo Wolfest! – Exclamó Yue atacando otra vez y dirigiendo a las cartas junto a Kerberos quien volteó pronto y atacó a Eustace quien había llegado a asistir a su amo y atrapar a uno de los recién liberados, Teamhair y Rhys corrían al lado de Cornweill mientras Clarton trepaba con ayuda de Árbol a Wolfest y Shelldon al cerezo y sacaba su báculo para protegerlos, solo para verse rodeado por la carta Escudo y Vuelo que lo obligaron a subirse también a aquella planta gigantesca para protegerlos. Y no tardo que las cartas pacíficas los rodearan para darles protección y consuelo, mientras que las elementales y las de combate seguían su arresto con gran ferocidad.
– Yue… Kero… – musitó Wolfest aterrado aún, ¿y si a ellos también los lastimaba? – ¡Yue, Kerberos!
– Tranquilo Wolfest, te prometí que el monstruo de debajo de la cama no te tocaría – sonrió Kerbero viendo por un segundo al niño con afecto antes de retornar su vista contra Eustace y Hìsäêr quienes habían logrado ser distanciados del árbol – ¡Y me aseguraré que se mantenga así!
– Todo terminará pronto, joven amo, dejanos esto a nosotros, el Amo se acerca, y estarás a salvo otra vez – le confirmó Yue lanzándose al ataque una vez más junto a Kerberos, ambos decididos a triunfar en su batalla.
– Malditos sean… No dejaré arruinen nuestro plan – Bufó Eustace mientras cargaba su próximo hechizo, dejando de lado al herido hechicero cuyas fuerzas decaían a gran velocidad y se encontrara en un duelo por mantener la conciencia ocasionando en el proceso que la fuerza de la barrera flaquease.
Mientras los dos guardianes mágicos y cartas combatientes peleaban con toda su furia buscando defender a los jóvenes dentro de la barrera e intentarán dar tiempo al herido de fuera para recobrarse y escapar. No tardó mucho que Hìsäêr acorralaba a la Bestia Guardiana del sol listo para apuñalarlo mientras este cargaba una llamarada solar; pero cuando estaba por actuar una ráfaga congelada lo aventó lejos de este y al voltear noto a su fiel lacayo ser alejado del Guardian de la Luna por una figura humana de cabello oscuro y largo atado por una trenza y traje asiático tradicional negro solo para verse golpeados por atrás por otro conjuro, esta vez animales hechos de estrellas… los hechiceros habían retornado.
El rostro usualmente sereno del poderoso hechicero Clow estaba en esos instantes repleto de ira y furia, algo que nunca antes había pasado y sus guardianes sabían, pero ambos estaban de igual manera iracundos. Habían intentado lastimar a Wolfest, al pequeño Amo y a su familia.
Alpha y Claktus combatían lado a lado para deshacerse de Eustace, Vladimir, Rudolph y Clow centraban sus fuerzas contra Hìsäêr.
– ¡Yue, Kerberos, vayan a atender al joven Cramington! – Comandó Clow
– ¡Sí amo! – fue la respuesta instantánea de ambos que corrieron al hechicero caído, quien jadeaba agónico y buscaban curar sus heridas.
Los hechiceros adultos presentes no eran juego fácil, Hìsäêr lo sabía y si bien ya había consumido las almas de los herederos, aún no tenía la fuerza para enfrentar a los líderes de esos clanes o a Clow, no tardó en aprovechar un instante para alejarlos y desaparecer entre las tinieblas, jalando a Eustace consigo para la furia de los hechiceros.
– ¡Papá! – Llamó con desespero Wolfest, simultaneamente, Clarton y Shelldon llamaron a Claktus y Rudolph, en el acto Clow y los dos previamente mencionados líderes voltearon y corrieron a la barrera mientras Alpha iba hacia Cornweill quien al ver a su mentor a su lado finalmente soltó y liberó la barrera.
– ¡Wolfest! ¿Estas bien, no estás herido? – Preguntó Clow, aferrando al pequeño niño en sus brazos quien comenzó a llorar con desespero, mientras Claktus arruyaba con fervor al Enterial de cabellos verdes en sus brazos, soltando frases de consuelo en persa y acariciando los cabellos de este mientras Clarton se escondía bajo las espesas capas de ropa de Rudolph quien revisaba con ojos consternados por la salud de su heredero.
Rhys y Teamhair corrian por su lado hacia Cornweill, quien jadeaba.
– Lo siento tanto, Cornweill, perdon mi pequeño estudiante, no llegue a tiempo. – Suplicaba Alpha.
– Le perdono, maestro, se que usted me creía, pero las herramientas para lidiar con ellos no las tenía – jadeaba el joven Cramington, sabía con eso Vladimir podría revocar la magia del clan de Eustace y ahora sabían que era necesario para destruirlo –. No esperaba atacara tan pronto… pero al menos los salve, e-ellos estarán a salvo. Perdóneme a mí, no logré salvar al resto.
– No, mi niño, no, lo hiciste bien, haz sido tan fuerte y valiente, los enfrentaste solo hasta que no pudiste más estoy tan orgulloso. – Confesó Alpha, logrando una débil sonrisa en su estudiante quien volteó a ver a los dos que llegaban.
– ¡Cornweill! – clamó Rhys – ¡Idiota! ¿Por qué no nos dejaste venir? ¡Podríamos haber evitado esto, te podríamos haber ayudado!
– ¡Amor, por favor, resiste! – Suplico Teamhair, intentando usar los hechizos de su clan para salvarlo.
– No habrían sobrevivido, no conocían la magia de Eustace como yo – confesó, sabía no iba a sobrevivir – y necesitaba protegieran a los tres pequeños si hubiera caído antes. Lo siento, Rhys… no podré cumplir nuestra promesa.
– ¡No digas tonterías! ¡Debes vivir! – Exclamó Rhys, desesperado.
– No sobrevivire… la-la tiniebla que me obliga a seguir vivo está desapareciendo – Confesó Cornweill, lo sentía, lo sabía –. Rhys… en mi cajonera, al lado del traje azul está una caja… es tuya. Maestro… Gracias por todo, díganle a Clow que… Wolfest hizo… una amiga. Teamhair, lo siento tanto mi bella flor del desierto, vuelve a amar… te amo.
La magia que lo forzaba a seguir vivo pese a la extensa tortura y desangrado finalmente cedieron tras esas palabras, falleciendo en el sitio tras lograr esbozar con sus últimas fuerzas una sonrisa.
– No, no… vamos, no así – dijo Teamhair con desespero, los tres hechiceros y dos guardianes intentando traerlo de vuelta a la vida, no obstante no logrando nada, no tardó que de Rhys un desgarrador grito de desespero surgiera, llamando el nombre de su amigo y forzando a los tres pequeños enterial a llorar con mas fuerza.
Shelldon y Clarton sabían lo que ese grito significaba; lo habían oído antes y lo habían exclamado antes. Su propio llanto se intensificó, Wolfest solo lloraba, lo había sentido… el desespero en esos deseos, la desaparición repentina de otros y el dolor tan intenso. Clow solo se centró en ahora arrullar al niño de cabellos celestes en sus brazos mientras Vladimir se apartaba, había tenido que ser arrastrado contra su voluntad y visto la muerte de un joven que en ese bautizo de batalla se volvió un gran hombre y la pérdida de la inocencia en tres niños para entender la maldad que se escondía en su propio estudiante.
La vergüenza y la pena lo llenaron e ingresó a la casa, necesitaba calmarse y ver cómo compensarlos por todo el sufrimiento que su ignorancia y negligencia habían causado.
