DISCLAIMER: Shingeki no Kyojin pertenece a Hajime Isayama, sin embargo la historia es completamente mía.
ADVERTENCIAS: Posible Levi OoC (Out of Character)
Erwin Smith.
Al despertarte aquella cálida mañana lo primero que te viene a la mente, es tu fatídico primer día en el trabajo. Te revuelves incómoda en la cama ante aquel pensamiento, en el fondo deseas que jamás se vuelva a repetir la experiencia; luego te estiras ahí mismo, abres los ojos con pereza. Bostezas, y te sientas, miras el reloj son las 6:55am estás más que a tiempo para desayunar y arreglarte.
Hoy decides ponerte un vestido negro ceñido que resalta tu figura de la mejor manera, haciéndote lucir éste, elegante, cómoda y sexy, te pones unos tacones altos negros que combinan bien y te aseguras de poder caminar con ellos para no lucir como un fenómeno de circo al caminar. Te lavaste el cabello, así que dejas que se seque al natural, cae como una cascada castaña por tu espalda, te aplicas un maquillaje discreto y ya estás lista para conducir al trabajo, con un omelette de queso en el estómago.
Llegas a las 7:45am a la oficina, no hay rastros de que Levi haya llegado, algo en tu interior sonríe y te sientes libre en la estancia. Enciendes la laptop y mientras se inicia, pones a hervir algo de agua para hacer té negro, luego enciendes la radio y escuchas la canción: sugar de maroon 5, es una de tus bandas favoritas así que te pones a cantar en voz alta y además a menear un poco tus caderas al ritmo de la canción.
No te das cuenta que Levi lleva un largo rato mirándote, hasta que giras al ritmo de la canción y quedas de frente a él, está a unos 5 metros lejos de ti, mirándote sin expresión alguna, aburrido. Tú tragas duro y te detienes en el instante, apagas la radio.
―¿Haces eso todos los días mocosa? ―Dice aburrido, mientras levanta la ceja.
―Ehm, no, ―te sonrojas furiosamente. ―hoy desperté de buen humor. ―Y haces una mueca, desvías la mirada de la suya, sus ojos tan grises como el acero. ―¿Le apetece té negro? ―cambias el tema rápidamente, antes de que pueda añadir algo más.
―Demonios sí. ―Inexpresivo, camina y se encierra en su oficina.
Estás agradecida en tu fuero interno que no dijera algo más ácido, apenas era el segundo día y tenías ganas de renunciar. Pero no ibas a dejar que alguien tan amargado como tu jefe, te arruinara tu trabajo soñado.
Preparas una taza de té para ti y una para Levi, aprendiendo la lección, tocas la puerta antes de entrar, no querías encontrarte con una escena parecida a la de ayer ya que ahora conocías el lado pervertido de tus superiores, de verdad no deseabas saber más.
Escuchas un 'adelante' y entras con cuidado de no derramar ni una gota en tu inmaculado vestido negro. Levi está de espaldas, con una mano en el bolsillo y con el teléfono en la otra mano. Él se voltea y te mira por unos instantes, luego te da la espalda de nuevo y habla en susurros.
Tú lo observas por un momento, y de repente una curiosidad infinita te invade, no sabes por qué pero un cosquilleo te sacude el estómago. Tragas grueso. Desde tu ángulo puedes observar su pequeña pero sin duda imponente figura, su particular pero sexy corte de cabello, le quedaba bastante bien, y por lo que habías vislumbrado ayer sabías que ese hombre se ejercitaba bastante. Algo hizo click en ti, y sacudiste la cabeza, dejando la taza de té sobre una servilleta que traías también.
El hombre por fin cuelga el teléfono y suelta un resoplido.
―¿Por qué no le añades azúcar al té? ―Eleva la ceja.
―Porque nunca me ha gustado el azúcar. ―Te encoges de hombros.
―Y además, ¿le agregas limón?
―Pues sí, es un sabor bastante agradable. ¿No le gusta?
―Ya puedes irte. ―Dice cortante. ―Te llamaré si necesito otra cosa.
Asientes con la cabeza, él no te había respondido. Vuelves a tu puesto de trabajo.
Extraño, este tipo sin duda alguna es extraño.
A la hora del almuerzo, bajas al piso 21 y reconoces a Eren, Mikasa y Armin en la fila para almorzar, te acercas a ellos con zancadas.
―Hola chicos. ―Sonríes.
Mikasa te lanza una mirada mortífera, cómo si tuvieses un inconfundible olor a mierda encima. Eren y Armin te sonríen.
―Hola, (t/n) ¿cómo estás?
―Hambrienta, ―haces una mueca. ―Estoy dispuesta a ignorar mi dieta, muero por una hamburguesa.
Ellos se ríen.
―¿Haces dieta? En realidad no creo que te haga falta. ―Dice Eren, mirándote a los ojos, notas un leve sonrojo en sus mejillas. ―Estás bastante bien.
Tú te sonrojas, uniéndote a él en su sonrojo.
―G-gracias.
Mikasa suelta un resoplido y se cruza de brazos. Armin la codea, y ella voltea los ojos.
―Mikasa, nunca te he escuchado hablar. ¿Es muda? ―Le preguntas a Eren, con un tono venenoso en la lengua, tono que es indetectable para los dos chicos.
Sabías que no le agradabas a Mikasa, pero no te importaba ni un poco, tú no le habías hecho nada. Sin embargo, te gustaba fastidiarla a propósito. Antes de que Eren pudiera responderte:
―No. Simplemente no me gusta hablar con extraños. ―Enfatiza la última palabra.
Eren y Armin intercambian una mirada, nerviosos sobre lo próximo que ibas a responder.
―Psh, más bien creo que eres algo asocial. Yo solía ser como tú, cariño, ―le pones una mano en el hombro. ―Te puedo dar el número de mi terapeuta. ―Ella sacude el hombro pero tú quitas la mano antes y le guiñas un ojo.
―Creo que iré al mcdonalds de la esquina por esa hamburguesa, los veo luego.
Y sin decir una palabra más te marchas, segura de ti misma. Mikasa estaba siendo bastante injusta contigo, no se había tomado la molestia de conocerte y ya le caías mal, ella en realidad te daba igual, pero no tenías ganas de tener una enemistad con nadie.
Pues vaya manera de demostrarlo, (t/n)
Pensaste, mientras los 3 chicos te miraban alejándote, anonadados.
Mikasa no dijo ni una palabra.
Después de haber almorzado en mcdonalds, volviste al edificio con el estómago lleno, contenta y terminándote un vaso de coca-cola, arrojaste el vaso a la basura después de darle un último sorbo. Entraste al ascensor, ibas a oprimir el botón de 'cerrar' y una voz grave evidentemente masculina gritó:
―¡Espere por favor!
Rápidamente presionas el botón de 'abrir', y esperas que haga aparición el dueño de aquella voz. No esperas más de 10 segundos, y un hombre bastante alto, le llegabas a lo mínimo por el pecho, incluso con zapatos de tacón; rubio, de ojos azules cruza la puerta del ascensor.
―Gracias. ―Dice, mientras te sonríe amablemente.
Lleva un traje negro, con corbata y zapatos del mismo color, impecable, y oh dios, huele a gloria masculina, lleva un perfume bastante agradable. Te atreves a mirarlo por el rabillo del ojo, él está relajado, oh dios mío, es todo un adonis.
Wow, eso es estúpido. ¿Un adonis, en serio (t/n)?
De repente el elevador se detiene bruscamente con una sacudida, la luz parpadea, tú abres los ojos como platos, con pánico creciente en tu interior; todas tus alarmas se disparan.
―¿Por qué coño se detuvo?
―Creo que el elevador está fallando. ―Dice él.
―Wow, es usted un buen observador de lo obvio. ―Dices con un ligero tono de molestia, y evidente sarcasmo.
Él se carcajea levemente.
―Usted fue la que pregunto. ―Añade encogiéndose de hombros.
El elevador se sacude nuevamente, pero esta vez más violentamente que la vez anterior.
Tú sueltas un aullido.
―D-disculpe, es q-que yo le tengo fobia a los ascensores y soy claustrofóbica. ―Alcanzas a decir entre tartamudeos y quejidos mínimos.
Empiezas a sentir el sudor bajar por el valle de tus senos, por tus sienes y detrás de la nuca, palmas, muslos y por detrás de las rodillas todo igual de sudoroso.
―Oh no te preocupes, en algún momento enviaran a alguien para que arregle esta situación. Oprimiré el botón de alarma en caso de que no hayan notado ninguna irregularidad.―Lo hace. Y luego él te mira y frunce el ceño, denotando preocupación. ―Estás pálida.
―No jugaba, de verdad tengo miedo de estas situaciones.
Él se acerca hasta a ti y pone una mano en tu frente, estás fría como el hielo y pálida como la nieve.
―Recuéstate por favor.
―¿Sabe usted algo de primeros auxilios? Creo que me voy a desmayar o voy a morir.
Él sonríe.
―¿Qué coño es tan gracioso? ―Frunces el ceño, tomando la mano cálida del hombre aceptando su ayuda para recostarte.
El elevador vuelve a sacudirse.
―Maldición. ―Mascullas y te abrazas las rodillas, sintiendo como tu garganta se cierra levemente.
―Tranquila, no necesito que te de un ataque de hiperventilación, en serio podrías morir aquí, ―te dice con seriedad. ―por favor inhala y exhala al tiempo que yo te diga.
Una ola de calor fuerte y repentina te invade, no lo piensas demasiado y te desabrochas los primeros cinco botones del vestido, dejando ver algo más que tu escote, es un sujetador negro de encaje. Tienes demasiado miedo como para pensar que estas encerrada con un desconocido que podría ser un psicópata total o para pensar que estás mostrando más de lo normal.
Te echas hacia atrás, usando de abanico tu propia mano.
―Creo que vamos a morir aquí. Ni siquiera he perdido la virginidad. Oh diablos, voy a morir. ―Lograste decir sollozando.
El hombre deja salir una risa ronca.
―Escucha, no vas a morir aquí. ―Dice con seriedad y preocupación al mismo tiempo. ―Hace un calor horrible aquí. ―Dice, y se quita la chaqueta a la vez que se arremanga la camisa hasta los codos, no puedes evitar admirar su pecho ancho y musculoso, marcado por su camisa blanca y aquellos antebrazos fibrosos, te muerdes el labio inferior inconscientemente. Desvías la mirada rápidamente. ―Estaremos bien, solo hay que tener paciencia. Inhala y exhala. ―Hace un gesto con las manos, para que hagas lo que te dice.
Tú obedeces, inhalas y exhalas, preocupada, tu corazón latía en tus oídos, un zumbido constante en ellos. Aprietas los ojos.
Y entonces el elevador se sacude violentamente, tú te lanzas al cuello del hombre, aferrándote a él como si la vida se te fuera en ello, aprietas los ojos todavía más, su perfume invadiendo tus narinas al instante, de alguna manera te tranquiliza la fragancia masculina.
Sientes que pasa una eternidad hasta que el ascensor abre las puertas, la luz vuelve a la normalidad.
Escuchas el carraspeo de alguien. Abres los ojos y en seguida te das cuenta de la posición embarazosa en la que estás con ese tipo que apenas conoces.
Él te sonríe, tú le sonríes de vuelta tímidamente y te pones de pie. Hay dos vigilantes fuera del ascensor, están en el piso 28.
―Perdón. ―Le dices al hombre rubio. Y te acomodas unos mechones de cabello, el ambiente comienza a enfriarse.
―No te preocupes, el miedo hace cosas terribles y a veces graciosas con las personas. ―Y suelta una risita ronca.
Te encoges de hombros, apenada.
―De verdad lo siento.
―No te preocupes, aquí me bajo yo.
―¡Y yo también! ―Gritas y sales detrás de él.
Te sacudes el vestido y te abrochas los botones del mismo, le diriges un gesto con la cabeza al hombre y musitas un gracias hacia los vigilantes, despidiéndote. Luego te vas hacia las escaleras, no le dices nada a ese hombre porque no sientes que tienes que hacerlo además fue vergonzosa aquella situación, murmurando tales cosas como que ibas a morir y que no habías perdido la virginidad, lo bueno era que probablemente nunca volverías a ver a aquel tipo y tampoco ni en un millón de años volverías al elevador. Así que, te tomaste un momento para inhalar y exhalar, y subes las escaleras hasta el piso 30.
Llegas sin aliento hasta la oficina, es una molestia porque la puerta de las escaleras de emergencia está cerrada con doble llave en la oficina de Levi puesto que no había necesidad de utilizarla.
Si claro no hay necesidad de utilizar esta puerta, ¡al demonio!, creo que voy a ponerme en forma después de todo.
Tocas la puerta, esperando que hubiera alguien del otro lado. Esperas 30 segundos.
―¿Qué carajos? ¿Eres tú mocosa?
Ese inconfundible tono de voz.
―Si Sr. Ackerman, tuve un accidente en el elevador y decidí entrar por las escaleras.
Pasan 5 minutos y te encuentras con Levi mirándote como si fueras la cosa más aburrida y estúpida del planeta.
―Maldición, esta puerta nunca había sido abierta en todos los jodidos años que llevo aquí. Eres una molestia. Te prohíbo que vuelvas a usar esta puerta asquerosa. ―Dice molesto, examinando la puerta recién abierta con una mueca de asco en el rostro. ―El polvo me da nauseas.
No lo puedes creer, pero en realidad ves que Levi sacude, no, de hecho son arcadas de puro y real desagrado.
―Por favor limpia eso. ―Y se aleja rápido hasta su oficina.
En realidad la puerta si tenía bastante polvo, y al abrirla el polvo que se encontraba alrededor del marco se expandió hasta la impoluta alfombra blanca. Tendrías que aspirar todo el lugar, no podías creer lo maniático que se había mostrado Levi, no dejabas de sorprenderte con aquel hombre, era tan impredecible.
Cuando terminaste de asear toda la estancia, suspiraste aliviada. El teléfono sonó y diste zancadas para responder.
—Buen día, Arquitectura Ackerman.
—Oh gatita eres tú, —Dice Hanji a través de la bocina. —Dile al enanin que Erwin llego hace como media hora y que ya está listo para reunirse con él.
—De acuerdo, ya se lo comunico.
—Oh y también pregúntale si quiere que nos reunamos en su oficina. Respóndeme al whatsapp por favor.
Entonces ella cuelga, tú te levantas, armándote de valor para tocar la puerta de tu amargado jefe.
Toc – toc.
—¿Qué quieres?
—Hanji llamó, dice que el Sr. Erwin llegó hace como media hora… —Esperando su respuesta, escuchas el 'adelante'. Y abres la puerta.
Él está sentado ojeando unos papeles con el ceño fruncido, se pasa la mano por el cabello negro, despeinándolo un poco, y te mira de pies a cabeza sin recato alguno, luego sube la mirada hasta tus ojos.
—¿Decías?
Su mirada te había desconcertado un poco, y te había puesto un poquitín nerviosa pero no dejaste que eso te distrajera.
—Hanji dice que el Sr. Erwin llegó hace media hora, y pregunta en donde se van a reunir… —Dices sin titubear, mirándolo también a los ojos plata.
—Dile que no pienso bajar, y que traigan sus asquerosos traseros hasta acá.
—Entendido.
Y te retiras. De inmediato le respondes a Hanji por el whatsapp.
Después de unos veinte minutos, Hanji hace acto de presencia, puedes escuchar su escandalo antes de que puedas visualizar su forma física por completo.
—Ya llegamoooooos, —dice con tono atorrante. —Hey gatita, hay alguien a quien quiero que conozcas.
Levantas la mirada de la pantalla, para mirar a Hanji y luego el hombre que está a su lado, puedes sentir como te pones de todos los colores. Sientes las mejillas arder.
—U-usted e-es
—Erwin Smith, —extendiendo su mano hacia ti. —a tus servicios. Ya nos conocimos esta mañana, hubo un incidente en el ascensor, fue bastante gracioso en realidad. —Comenta con una sonrisa bastante atractiva.
Tú le estrechas la mano, asintiendo muy apenada.
—Después me tienes que dar más detalles, cejotas. —Comenta Hanji con un tono de burla. Mirándote como si fueras un payaso de su diversión exclusiva.
—Lo s-siento, Sr. Smith y-yo n-no tenía ni idea.
—No te preocupes, y dime Erwin. —Te vuelve a sonreír.
La sonrisa de aquel hombre te ponía muy nerviosa, sin ninguna razón aparente.
—Bueno, seguiré en mi trabajo.
—Oh no, tienes que reunirte con nosotros gatita, tienes que tomar notas por mí, Levi siempre dice un sinfín de cosas que no tienen sentido para mí en el momento pero que después son importantes.
—Oh, de acuerdo.
Pasaste toda la reunión tomando nota de lo que decía Levi, de vez en cuando sentías la mirada azulada de Erwin, sentías que te ardía la nuca y que si tuviera algún extraño súper poder te hubiese derretido el rostro.
—Eso es todo por ahora… —Dice Levi, dejándose caer en la silla y cruzando las piernas.
—Vale, enanín, después te pasaré todo lo que me pediste, en cuanto mi gatita me envíe la lista por correo electrónico.
—Debería cederle tu puesto a la mocosa.
Tú levantaste la mirada hacia él, tratando de hacerle notar que te ofendía como se dirigía hacia ti, pero te gano su par de ojos color acero, que brillaron como en una película de ficción cuando chocaron con tus ojos. Tragaste duro, y te pusiste de pie.
—B-bueno si me disculpan v-
—Srta Caulfield, me encantaría tomarla prestada para cenar. ¿Le importaría? —Te dice Erwin, con las manos entrecruzadas, la barbilla descansando en las manos. Y mirándote con atención.
—Ahmmmmm, y-yo —miraste a Hanji, con un gran signo de interrogación en la cara.
—¿No estás intentando robarte a mi asistente, verdad cejotas? Depende de ella, normalmente su jornada termina temprano.
—Entonces está decidido, —dice Erwin seguro de sí. —Paso por ti a las 7:30.
Y entonces abandona la oficina junto con Hanji. Levi todavía te está mirando, apenas lo notas tu corazón se dispara.
—¿Puedo ofrecerle algo, Sr. Ackerman?
—Té negro. De inmediato. —Dice con un tono leve, pero autoritario.
Todavía no podías creer que tenías una cita con Erwin Smith, el socio de tu jefe, después de que le dejaras la jarra de té completo a Levi en su oficina, decidiste transcribir todos los apuntes que habías hecho en la reunión, fuiste rápida y eficaz como de costumbre.
Estiraste el cuello y las manos en tu lugar, y luego te pusiste de pie, tocaste la puerta.
—Adelante.
Levi se encuentra de espaldas, mirando por el ventanal, tiene los brazos cruzados por lo que puedes vislumbrar, así que también te cruzas de brazos y pegas la cadera al marco de la puerta.
—Sr. Ackerman, ya termine todo mi trabajo por hoy, ¿podría marcharme temprano?
—De hecho, no. No puedes. Te necesito aquí. —Dice con voz firme, sin voltearse.
Tú frunces el ceño levemente, y asientes lentamente con la cabeza, esperando que dijera otra cosa.
—¿Qué tal te fue en diseño? Tengo entendido que acabas de graduarte, —se aclara la garganta, y se voltea hacia ti, sientes que te examina con la mirada.
—Pues bastante bien en realidad… —te aclaras la garganta. —Fue mi asignatura favorita de hecho, fui preparadora*. —Dices, llevándote una mano a la nuca.
Él solo asiente.
—Vale, necesito que revises estos planos, todavía no estoy convencido, por favor échales un vistazo y dime si crees que necesitan una modificación o algo…
Tú no podías creer lo que estabas escuchando, Levi Ackerman te estaba pidiendo que corrigieras unos planos, asentiste de inmediato y diste zancadas hasta él, extendiendo las manos para recibir los planos.
—Solo quiero que quede claro que no los hice yo, —se rasca la nuca. —Son de los pasantes, creo que hay talento ahí… pero aun así no me convencen. —dice con tono seco. —Puedes retirarte ahora. Y hazme más té por favor, en cuanto termines puedes marcharte. Es todo.
No perdiste tiempo y te pusiste manos a la obra, cerrando la puerta tras de ti. Hasta que recordaste que se suponía, tenías una cita con Erwin a las 7:30, si revisabas los planos rápido te daría tiempo de salir temprano para arreglarte.
Eran aproximadamente de 10 a 13 planos para corregir, así que te pusiste a hacer el trabajo.
Tiempo después todos los planos estaban corregidos, tuviste que tomar un break para hacerle té a Levi y dejarle nuevamente la jarra, para volver a corregir los planos, pero lo lograste.
Levi salió, se acomodaba la chaqueta y sostenía su maletín, tú le lanzaste una mirada fugaz.
—Sr. Ackerman, los planos están corregidos, me tome la libertad de hacer una lista de anotaciones con las correcciones que les hice… ¿No le molesta?
—Vale, déjalos sobre mi escritorio. Nos vemos mañana.
Y dicho esto, salió de la oficina dejándote completamente sola y desconcertada. Miraste el reloj 5:45 pm. Tenías tiempo de sobra para volver a tu departamento y arreglarte.
Después de darte una buena ducha caliente, saliste de tu baño envuelta en una toalla, te estabas secando el cabello mientras decidías que ponerte.
Optaste por un vestido corto manga larga, color vinotinto, ceñido al cuerpo, marcando tus curvas, con un par de zarcillos a juego y una gargantilla delgada con un dije de cristal, zapatos de tacón muy altos negros, y te dejaste el cabello suelto como de costumbre, con un maquillaje que resaltaba tus mejores rasgos.
Estabas nerviosa, no habías tenido una conversación normal con aquel hombre, pero te relajaste.
Tu iphone repicó.
—¿Hola?
—¿Srta. Caulfield? Soy Erwin, ya estoy esperando abajo.
—Oh de acuerdo, Sr. Smith. Voy bajando.
Colgaste el teléfono, con nauseas crecientes, y una cosquilla extraña en la garganta. Inhalaste y exhalaste y agarraste tu abrigo y cartera, y saliste.
Cuando divisaste a Erwin, notaste que era incluso más alto de lo que recordabas, él tenía una sonrisa cálida y atractiva plasmada en el rostro, tragaste duro. Vestía un traje negro con corbata color azul marino, le sentaba perfecto, además mantenía ese olor a gloria masculina, te mordiste la mejilla.
—Sr. Smith, —dices, haciéndole un gesto con la cabeza y tratando de sonreírle.
—Srta. Caulfield, está usted hermosa esta noche. —Él se inclina hacia ti para besarte la mejilla.
Sus labios se sienten cálidos y envía escalofríos por toda tu piel.
—G-gracias Sr. Smith. Usted también está muy guapo.
—Llámame Erwin por favor y no me trates de usted.
—Entonces ust- tú llámame (t/n) por favor… —Dices con timidez, sientes las mejillas arder levemente.
—Será un placer. —Te sonríe y luego toma tu mano delicadamente. —Por favor sube, —abre la puerta de su audi r8 negro.
Te deslizas y después de cerrar la puerta, se sube al asiento del piloto. Puedes observar su perfil, como de un dios griego, hermosos rasgos. Suspiras, y te ajustas el cinturón de seguridad.
—¿Y a dónde me llevas? —Preguntas, con curiosidad creciente.
—Vamos a ir a mi restaurant favorito de toda Firestone Bay, se llama The Firestone Jewel, ¿has ido?
—No en realidad, he oído que es bastante costoso.
—No será un problema para nosotros.
Después de 10 minutos de charlas triviales, llegaron al restaurant, Erwin se mostraba siempre caballeroso, poniéndote atención cuando hablabas, abriéndote la puerta para que salieras del auto y agarrándote la mano para que te sirviera de apoyo para no resbalar.
The Firestone Jewel, era un restaurant evidentemente elegante y muy costoso, la entrada era custodiada por dos estatuas de leones dorados que en la boca tenían una joya de color rojo, como tenía paredes de cristal podías ver las mesas y a las personas que estaban ubicadas en cada una de ellas, también se veían unas escaleras para acceder al segundo piso, en la entrada también se hallaba una chica rubia vestida elegante que asignaba las mesas a las personas que recién llegaban.
—Buenas noches, bienvenidos a The Firestone Jewel, ¿tienen reservación?
—Sí la tenemos, a nombre de Erwin Smith.
La rubia asintió levemente, buscando el nombre en la lista de reservaciones.
—Sr. Smith y Srta. Caulfield, pasen adelante.
Les dedicó una última sonrisa y Erwin te hizo una seña con las manos para que pasaras delante de él, así lo hiciste.
Un mesero los recibió amablemente y los llevo hasta su mesa asignada, estaba en el segundo piso, en la sección VIP, así que tuviste que ayudarte de Erwin para poder subir las escaleras sin tropezar.
Finalmente llegaron a la mesa, estaba apartada de todas las otras y tenía una vista hermosa de toda la costa de Firestone. Estabas maravillada.
—¿Te gusta?
—Sí, bastante… Siempre me ha gustado la vista de la bahía, me deja sin aliento, jamás podría cansarme de este paisaje... —Te volviste hacia él. —¿Por qué me invitaste a salir? ¿Por qué el interés repentino?
Erwin enarco las cejas, con una pequeña sonrisa dibujada en el rostro.
—¿Te sorprende? —Pregunta, con las cejas enarcadas.
—La verdad, sí. —Respondes, seriamente.
—Eres una mujer bastante hermosa, —te dice, mirándote a los ojos. —(t/n) no entiendo porque te sorprendes, debes estar cansada de que te inviten a salir. Y me pareces muy interesante.
Frunciste el ceño levemente, y negaste con la cabeza. No podías creer lo que te estaba diciendo, nunca te habías considerado una persona con 'belleza física' por eso te sorprendía tanto, te pusiste un poco nerviosa al mirarlo a los ojos tan azules como el cielo, aferraste los dedos a tu cartera.
—Creo que deberíamos comer, tengo hambre. —Soltaste de repente, él te respondió con una sonrisa.
—Opino lo mismo.
La cena transcurrió con tranquilidad, Erwin te hacía muchas preguntas a las que respondías sin problema alguno, intercambiaron algún que otro chiste…
Y de repente el trasero de Levi apareció en tus pensamientos, un calor ardiente coloreó tus mejillas, Erwin pareció notarlo.
—¿Te pasa algo? Estás algo roja.
—D-disculpa, creo que fue el picante en las ostras, —dijiste apenada, tratando de pensar en otra cosa. —Estaba realmente picante.
El trasero de Levi otra vez, y la cara de Hanji en tus pensamientos, una y otra vez. Tuviste que llevarte la copa de vino a la boca rápidamente para tratar de dejar esos pensamientos en el recoveco más profundo y lejano de tu mente.
—Creo que necesito ir al baño, si me disculpas.
Dejaste a Erwin con una cara de confusión y diste zancadas hasta el baño. En cuanto entraste, inhalaste y exhalaste un par de veces, mirándote al espejo.
¿Por qué estás pensando en estas cosas? Qué vergüenza. Estúpidos jefes pervertidos. ¿Mi cuerpo estará pidiendo sexo? Oh no, no, no.
¡No puede hacerlo! ¡Ni siquiera conozco al hombre! Cerebro tú y yo, tenemos que colaborar… Después de todo no puede ser tan malo tener tantos años de virginidad encima… ¿O sí?
Abriste los ojos como platos, mirando tu reflejo, sacudiste la cabeza y te alisaste el cabello con las manos. Tus mejillas aún tenían un leve tono rosáceo.
Volviste a tu lugar, solo que Erwin estaba en el balcón observando fijamente la bahía en algún punto desconocido para ti.
—¿Qué observas?
—Oh, ahí estás, ¿te encuentras bien? —Te pregunta con un ligero tono de preocupación.
—Todo bien aquí, mucho picante. —Te aclaras la garganta. Y desvías la mirada hacia el mar.
—Solo estaba pensando en lo afortunado que soy por estar aquí, contigo. —Enfatiza la última palabra, atento a tu reacción.
Este hombre es muy intenso…
Le sonreíste levemente, en realidad no creías que fuera algo racional que dijera esas cosas, apenas tenían unas horas de haberse conocido. No sabías qué decir en realidad, así que solo asentiste con una sonrisa y dijiste:
—Bueno, ¿nos vamos ya?
—No sin antes, comer postre.
Erwin te dejo en tu casa, le agradeciste por la cena y el postre que se comieron después de la pequeña charla en el balcón del restaurant, pudiste percibir que Erwin era un gran hombre, pero no era tu tipo.
Te quitaste los tacones apenas entraste a tu edificio, estabas más cansada de lo que querías admitir así que llegaste a tu apartamento, desvistiéndote, quitándote el maquillaje y cepillándote los dientes para finalmente caer como una roca sobre tu cama hasta el día siguiente.
