DISCLAIMER: Shingeki no Kyojin pertenece a Hajime Isayama, sin embargo la historia es completamente mía.

ADVERTENCIAS: CONTENIDO SEXUAL PARA MAYOR DE 21 AÑOS ***. Posible Levi OoC. ESTO LITERALMENTE ERA LO QUE TODAS ESTABAN ESPERANDO AAaAaAaAaaA. Si no te gusta leer "lemon" puedes saltarte este capítulo :3.


Novios:

Levi te había llevado a su apartamento, era tal y como lo esperabas, lujoso hasta más no poder, tenía un toque de arte moderno y estilo clásico que te gustó muchísimo y parecía identificarse con Levi. Tenía un característico ventanal que tenía una hermosa vista y desde ahí podía visualizarse el rascacielos Ackerman & Asociados.

Te encontrabas mirando por el ventanal, absorta, sin poder creer que estabas junto a Levi.

Él se situó a tu lado, extendiéndote una copa de champaña, tú tomaste un sorbo y luego la dejaste de lado, sin dejar de mirar a Levi.

—¿Cómo fue que paso esto? —Le preguntaste, acercándote a él y rodeándolo con tus brazos.

Él se encogió de hombros, tomando un sorbo de su copa y dejándola al lado de la tuya.

—No lo sé. —dijo, francamente. —Jure jamás volver a enamorarme.

La curiosidad te invadió y quisiste preguntarle pero él ahogo tus palabras con un beso.

Volvió a besarte con la pasión característica de antes, casi como si estuviese hambriento de ti, suaves caricias en tu espalda, le correspondiste, si él disminuía la intensidad tú le seguías el paso, y si la aumentaba igual lo seguías, llegaron al ritmo perfecto del beso, sus lenguas unidas en un vaivén exquisito que aturdía todos su sentidos y te desequilibraba de a momentos en los que te aferrabas más a Levi.

Él se separó de ti y te dijo:

—Quítate los zapatos.

Te sorprendiste por su tono autoritario y en seguida obedeciste, cuando terminaste, quedaste a tu altura acostumbrada, Levi ganándote por unos cuantos centímetros.

—Mucho mejor.

Y volvió a poseer tu boca pero esta vez más intensamente, sentiste como sus manos bajaron por tu trasero, por tus muslos y finalmente te cargo como si de una pluma se tratase, instintivamente rodeaste su cintura con tus piernas sin dejar de besarle.

Él te llevo por el largo pasillo, hasta su habitación, que automáticamente se encendió cuando ambos estuvieron dentro, él te poso suavemente sobre su mullida cama king size, y dejo de besarte, mirándote seriamente.

—¿Qué quieres hacer ahora? —dijo él, para luego besarte la clavícula izquierda.

Sentiste un cosquilleo hasta las puntas de tus pies cuando hizo eso, lo miraste seriamente.

—C-creo que sabes bien. —La voz te salió ronca, y te sonrojaste furiosamente, huyendo de su mirada.

—No soy un maldito adivino, mocosa. —Te ronroneo en la oreja, de una manera tan sensual que te hizo estremecer.

—Ha-hazme t-tuya, Levi. —lograste mascullar.

Él te miró intensamente, sus ojos parecieron oscurecerse y asintió, sentiste que te derretías en el colchón. Él llevo una de sus manos a tu cabello y lo soltó, dejándolo caer a tu alrededor como si se tratase de una manta, él no podía desearte más en aquel momento. Tú cerraste los ojos, dejándote acariciar, subió su boca hasta la tuya y comenzó a besarla, primero suavemente, después fue intensificando el beso. Te sentías arder cada vez más, lo deseabas cada segundo que pasaba, él decidió quitarte el vestido suavemente, deslizándolo con delicadeza hasta más debajo de tu ombligo, hasta que lo sentiste caer hasta tus pies.

Estabas completamente desnuda ya que Mikasa había insistido que con aquel vestido no se llevaba nada debajo o de lo contrario luciría terrible, tu cara ardía de vergüenza y le tapaste los ojos a Levi con tus manos.

—¡No me veas! —le gritaste, aferrándote a su cuello y tapándole los ojos con la otra mano.

—¿¡Pero qué carajos, mocosa?! ¡Ya te he visto desnuda antes! —Gruño. —Tch.

—¡Si pero jamás desde adelante y mucho menos desde este ángulo! —Gritaste nuevamente, avergonzada. Él soltó una risa.

—¿De qué coño te ríes? ¡Imbécil! ¡Enano idiota! —chillaste, indignada.

Este respondió riéndose todavía más, aun estando en la misma posición de antes.

—Mocosa idiota, —te dijo y atrapo tus labios en un beso, que te hizo olvidar la vergüenza. —Esta vez no me interrumpas y concéntrate.

Y dicho esto, le obedeciste algo reticente, pero volviste a acostarte, él te beso el rostro, te dio tantos besos que tu vientre exigió algo más.

Te las arreglaste para despojarlo de su ropa, hasta que quedo solo en boxer*, besándose con más pasión. Él separo tus piernas delicadamente y se situó sobre ti, te mordiste el labio inferior fuertemente cuando sentiste su erección acariciar tu centro de placer, gemiste, clavándole las uñas en la espalda, cuando él intencionalmente comenzó a frotarse contra a ti.

—Ah, Le-levi. —tartamudeaste. —ha-hazlo p-pronto. —le dijiste.

Él sonrío pero negó con la cabeza.

—Necesito que me ruegues.

Y bajo la mano hasta tu feminidad, insertando un dedo delicadamente, arqueaste la espalda, al principio fue un leve dolor.

—Estás mojada cariño, —susurro en tu oído. —pero no lo suficiente para recibirme, mójate más.

Lentamente el dolor fue desapareciendo para darle paso a una nueva sensación de placer, su dedo se sentía tan bien que tuvo que meter un segundo dedo, abriste los ojos para ver cómo te masturbaba, la visión era tan erótica que te sentías derretir todavía más. Él separo tus piernas más, y de repente saco sus dedos de tu interior y se los llevo a la boca, chupándoselos como si fuera un exquisito manjar. La boca te quedo seca y tragaste, quejándote por la ausencia de sus dedos.

Lo que hizo a continuación jamás te lo hubieses esperado, primero te beso lentamente el ombligo, y a sabiendas de lo que iba a pasar, la espera fue casi agonizante así que chillaste su nombre y abriste las piernas más para él, sintiendo su húmeda lengua abrirse paso en tu feminidad, lamiendo de una manera deliciosa, que te hacia mirar las estrellas, soltabas gemidos y te aferrabas a su cabello, empujándolo hacia ti por su nuca con tus talones.

—S-sigue, por favor, L-levi, a-ahhhh.

Él seguía lamiéndote y disfrutando de tus jugos prohibidos, las piernas te temblaban más que nunca y los músculos comenzaron a contraerse, sentías cada vez más la necesidad de liberarte.

—L-levi, aah, m-me v-voy a venir.

Él subió su mirada hacia ti y en seguida se despegó.

—No tan rápido.

Él estaba tan excitado que la erección le dolía, y cuando situó tus manos sobre la banda del boxer para que pudieras bajarlo y dejar ver su miembro, tu mandíbula quiso caer a causa de la sorpresa. Era enorme.

—Creo que no podré volver a caminar después de esto. —dijiste seriamente.

Él sonrío sensualmente y se puso de pie alejándose de ti, quisiste protestar, pero él ya te había levantado de la cama y puesto sobre tus rodillas.

—Es tu turno, —dijo en tono ronco, apretando la mandíbula.

—Y-yo n-nunca

—Yo te guio.

Te encontrabas frente a su miembro, erecto en todo su esplendor, tu feminidad palpitaba del solo anhelo de sentirlo adentro, te acercaste tímidamente hasta la punta y comenzaste a lamerlo suavemente.

—M-métetelo en la boca, m-mocosa. —dijo, entrecortadamente.

Y le hiciste caso sin rechistar, era tan extraña la sensación pero tan dulce y nueva para ti, abriste la boca para recibirlo casi todo a lo que él soltó un gemido.

—Maldición. —dijo, mientras con su mano guiaba el ritmo, enredándola en tu cabello.

Lo lamías como él te pedía que lo hicieras, luego por instinto lo tomaste con tu mano y comenzaste a acariciarlo de arriba abajo, arrancándole profanidades a Levi de la boca.

Él te detuvo y te subió hasta su boca, besándote con pasión, te empujo a la cama nuevamente y una vez más se puso encima de ti, separándote las piernas con las rodillas, y acariciándote los senos con las manos, cerraste los ojos, concentrada en las sensaciones.

—¿Estás lista mon amour?

Tú asentiste y abriste más las piernas, él situó la punta de su miembro con su mano en tu entrada, acariciándote primero, quisiste insultarlo por tentarte de esa manera.

—¡Hazlo! —exclamaste, mirándolo a los ojos, él sonrío.

Y obedeciendo tu orden, procedió a penetrarte suavemente, ya que era tu primera vez. Soltaste un gemido suave al principio, dolía bastante, sus dedos no se comparaban al dolor que su miembro te estaba proporcionando, te aferraste a su espalda con tus uñas, él todavía no había terminado de penetrarte, sentiste que algo se rompía dentro de ti, y encajaste tus uñas todavía más en la suave piel de su espalda. Él te mordió el hombro, y poso sus manos sobre tus caderas, aferrándose a éstas.

—E-estás tan… estrecha. —Soltó en tu oído. —¿E-estás bien?

Tú lograste asentir suavemente, unas lagrimillas abandonaron tus ojos sin tu permiso.

—S-sí estoy bien. N-no es nada.

—¿Seguro mocosa? M-me puedo quitar si quieres

Él hizo ademán de alejarse, pero tú lo aferraste a ti todavía más con tus piernas logrando que terminara de penetrarte y sacándole a los dos un gemido. Él tuvo que aferrarse a la buhardilla de la cama.

—V-voy a comenzar a moverme. Avísame cuando ya no duela.

Él empezó a moverse suavemente, tenía los ojos apretados, se estaba controlando demasiado, pensaste, pero luego te concentraste en que ya no estabas sintiendo dolor sino placer, y que necesitabas que el movimiento fuese más intenso.

—L-levi, más duro.

Se fundieron en un beso de pura pasión, entregándose uno al otro y cada vez más con cada embestida, subiste las caderas para moverte junto a Levi. Él te besaba con tanta pasión, te acariciaba y llenaba todos tus sentidos. Vista, tacto, olfato, gusto y oído. La vista con su maravilloso cuerpo, su abdomen definido y su belleza innegable, el tacto de la misma manera, su espalda esculpida y ese trasero de concurso, olía a pura gloria masculina, sabía al más delicioso de los manjares y te deleitaba cuando de pronto gemía.

—Joder —dijo.

Y al mismo tiempo que te liberabas, alcanzando el clímax. Él también alcanzaba el orgasmo, liberándose dentro de ti.

Una capa ligera de sudor cubría ambas de sus frentes. Él salió de ti cuidadosamente, y tú cerraste los ojos sintiéndote vacía nuevamente con un dolor recién descubierto de piernas.

—Joder, ¿tomas pastillas anticonceptivas?

Pero qué manera de terminar, Sr. Ackerman.

—S-sí.

Él se acostó a tu lado, revolviéndose el cabello, para abrazarte luego.

—No acostumbro a hacer esto, mocosa. Pero me has dejado exhausto, —dijo, dejando salir un bostezo. —¿te gustó? ¿Te sientes bien? ¿Tienes hambre?

Tú lo miraste, sintiendo su respiración, y negaste con la cabeza a lo que él hizo una mueca, pero no pudiste aguantar y comenzaste a reírte.

—No me gusto para nada. —Dijiste, respondiendo a su primera pregunta.

—Tch, maldita mocosa. —Entorno los ojos, luego poso su filosa mirada gris sobre ti. Notaste que lucía condenadamente sensual después de tener relaciones sexuales. —Por cierto, ¿quieres ser mi novia?

—Después de un acoston así, ¿quién no querría?

Él se sonrojo levemente, y negó con la cabeza.

—Mocosa de mierda, duérmete.

Y así, pasaste tu primera noche junto a Levi Ackerman quién una hora más tarde te despertaría para exigirte más.