Aprender a hablar

-Bayayo? gaaazizizzi wwwegueno z dada babeno TA! Bayayo… zazazaza pun eeeeff baaaaaaaa! –Scorpius entablaba una conversación con su juguete favorito; Bayayo, un gusano largo, rojo y verde, cortesía de Hermione.

Pareciese como si le reclamara por algo. Estaban jugando al escondite con una mantita, sentadis en la cama. El rubio y la castaña se encontraban en cada extremo para evitar que se cayera.

-Scorpius… puedes decir caaaama? Caaaaaaaammaa. –La castaña intentaba hacer que le dijera una palabra concreta. Scorpius soltó una risa para luego sorprender a todos.

-Henamione! –Ésta al escuchar que el niño intentó llamarla gritó y se lo comió a besos. No lo dijo correctamente, pero estaba muy conmevida de que él la tomara en cuenta. –Y no tienes nada que decirle a papá? –Scorpius lo miró fijamente.

-Papá! –Draco quedó anonadado. No se lo podía creer. –Papá! Papá! –Cómo si escuchara sus dudas, lo volvió a repetir. Draco lo tomó en sus brazos, lo brincó, lo bailó, lo besó… Hermione pensó que no cabría tanta felicidad en él. Hasta que paró en seco.

-Qué pasa?

-Es que… No dijiste que el bebé no podía decirme papá hasta que no me lo otorgaran completamente?

-Cierto. Lo siento. No esperaba que el niño aprendiera tan rápido precisamente esa palabra. Pero no te preocupes, fue un accidente. Seguro el Sr. Carlys lo entenderá.

-Esto es inaudito! Cómo pudieron meter la pata? Y ahora que iban tan bien y esto que casi culmina. –Dijo Carlys sin una pizca de entendimiento.

-No creo que sea tan grave para que se ponga así. –Respondió Draco tratando de no perder la calma.

-Además, como usted dijo; todo ha salido bien. No tienen suficientes razones para no darle la custodia a Draco. Él es un excelente padre y se merece que Scorpius pueda llamarlo así. –Al rubio se le iluminaron los ojos al escuchar a las castaña defendiendolo.

-Sí. Pero eso no lo decide usted Sra. Granger. –Ambos se quedaron callados. Era verdad. Por más que lo desearan, era otro quien poseía en sus manos el destino de Scorpius. –Chicos… no quiero que rompan ninguna otra regla. Fui claro?

-Si Sr. Carlys. –Dijeron al mismo tiempo con la cabeza hacia el piso. El Sr. Se marchó.

-Lo siento. No debí decirle a Scorpius que eras su padre. –Draco miró a Hermione mientras ella aún seguía con la mirada baja.

-Ya te dije que no te disculpes por eso. Me gustó ese detalle. –Intentó acercarse pero ella se alejó. Como si le tuviera miedo. Como si pensara que él iba a dañarla. Sabía que esa dulce y tierna actitud solo eran una máscara. Qué oculta? A caso está resentida? Piensa que él le hará algún mal? Pero por qué no se lo dice en su cara en vez de evitarlo! Es como si no supiese hablar. –Por qué eres así?

-Así cómo?

-No intentes hacerte la desentendida que nunca te ha quedado.

-Qué te pasa?

-Tú sabes muy bien que me pasa. Me tratas como tuviera la peste o fuese un asesino.

-Eso no es cierto! –Los ojos de la castaña comenzaron a humedecerse.

-Y lo estás negando?! –Hermione iba a responder pero Draco habló primero. –Sabes qué? No importa, solo estás aquí para hacer tu trabajo. Lo que pasa o deje de pasar entre nosotros no importa. –Hermione tenía las palabras atascadas en la garganta. Algunas lágrimas resbalan por sus mejillas. A Draco se le partía el corazón. Pero peor hubiese sido que se quedase con esa espina enterrada en el pecho. –Scorpius se durmió temprano hoy. Será la primera vez en todo éste tiempo que dormirás en tu cuarto y no en la sala. Yo me quedaré aquí por si el niño quiere algo. Buenas noches. –Con esto último se despidió y se arropó en el sillón.

Hermione se acostó en su cama. Pero por algunna razón se sentía íncomoda. Daba vueltas y vueltas en el colchón con la sensación de que le faltaba algo. Abrazó una almohada pero solo pudo dormir 15 minutos. No la reconfortó lo suficiente. A parte de eso no podía dejar de pensar en la conversación que tuvo con Draco. Estaba muy enojado. Se sentía como una… como una… no sabía ni cómo, pero mal. Pero decidió ser sincera con él. La había tratado muy bien, él no se burlaría, ya se tenían confianza.

Se levantó de la cama y cruzó los brazos para protegerse del frío. Bajó las escaleras y caminó hasta el sofá. Vió a Draco con un cojín en brazos como si se le fuese la vida en ello. Ella se rió al recordar que ella había hecho eso mismo. Se acostó a su lado y colocó su cabeza en el pecho de Draco. Éste la había percibido desde que estaba en la escalera. Al sentirla escalar sobre él, pensó que no podría ocultar su excitación. Pero debido a su experiencia en esconderla a causa de su presencia todos esos días, ella no se dio cuenta.

-Pasa algo malo?

-No. Quiero decir… si. Bueno, no ahora. Aunque si. Arrrg! Quiero darte una respuesta.

-En serio? Porque no entendí tus últimas respuestas. –Ella lo golpeó suave en el pecho, lo suficiente para llamarle la atención.

-Te voy a decir algo importante.

-Te escucho. –Hermione respiró profundamente.

-Un día fui a visitar a Victor Krum, mi novio. Se suponía que todo sería perfecto. Salíamos mucho, nos besamos. Hasta que un día se puso más intenso, tocaba más de lo acostumbrado. Pero él no me llenaba, me sentía vacía a su lado. Una vez leí en un revista que el sexo lo compensaba todo, así que cuando quiso hacerlo en un baño público yo casi se lo permití. –Draco se alivió al escuchar la palabra 'casi'. –Al llegar a su casa lo intentó otra vez y otra vez casi pasa. Eso a él no le gustó. Me quitó la varita y la rompió sin pensarlo dos veces. Yo estaba asustada, él solo me observaba. –Hermione lloraba mientras relataba su historia. –Siempre le había gustado mi figura. Podía pasar horas contemplándome, pero esa vez quiso más. Con un hechizo me ató y me manoseó el cuerpo bruscamente.

-No tienes que seguir si no quieres. Fue una idiotez mía juzgarte. Y más siendo yo… -Decía Draco tratando de parar sus sollozos.

-Luego intentó quitarme la ropa. –Draco lloraba junto a ella.

-Ya basta, no sigas.

-Pronto quedé desnuda e indefensa ante él.

-Suficiente!

-Me abrió las piernas. Pero vi mi escape cuando se paró en frente de mí. Le dije que estaba excitada y que quería su miembro en mi boca. Por suerte se lo creyó y se lo mordí tan duro como para castrarlo.

-Se merece eso y más por Cabrón!

-Me golpeó, pero cayó al suelo a causa del dolor.

-Hijo de…

-Me paré, golpee su estómago. Fui a la cocina y con un cuchillo corté las sogas. Él se arrastraba en busca de su varita. Yo tomé mi camisa y mis pantis para viajar en chimenea. Ni siquiera le di ubicación, solo quería salir de ahí. Fue entonces cuando conocí a Mary una vampiresa que olfateó la sangre de mis muñecas. Curó mis heridas y me llevó a casa de los Weasley, donde se enamoró de Ron.

-No me hables de la comadreja. Dime que pasó con el imbécil de Krum.

-Pues… le dije a los chicos. Quisieron darle una lección. No quería que fuese público porque me da mucha vergüenza. Les dije que si iban, no les volvería a dirigir la palabra. Porque… no quería que tuvieran problemas por mi culpa. –Ella lloraba casi descontrolada.

-Escúchame, eres preciosa y nada de eso fue tu culpa. Él es un mal nacido y tú fuiste una víctima.

-Gracias. Por todo. Por comprender, por escuchar… Gracias.

-No… Gracias a ti por confiar tantas veces en mi.