Investigaciones, pociones y otros amores

Ayris estaba cargando un morral aparentemente muy pesado. Albus se le quedó mirando. Ella lo notó y le echó la mochila encima.

-Ayúdame. –le dijo al pelirrojo y éste no encontró más remedio que seguirla. Llegaron hasta el lago y la muchacha empezó a desvestirse.

-Qué estás haciendo?! – la cara de Albus estaba tan roja como su cabello.

-Quitándome la ropa. –dijo ella como lo más obvio. –No quiero que se me moje.

-Qué?! Porqué?! Qué vas a hacer?!

-Entraré al agua. Quiero echar un vistazo.

-Estás loca mujer?! Hay criaturas peligrosas ahí dentro! Una vez casi matan a mi padre.

-Porque él hizo lo que no debía. Yo no molestaré a nadie.

-Si tus hermanos se enteraran, si nuestros padres se enteraran…

-Por qué tan paranoico? No te da curiosidad de saber cómo es ahí dentro?

-Sí, pero…

-Quieres venir?

-No!

-Tienes miedo Gryffindor? –dijo Ayris poniéndose algunas cosas raras que había en la mochila. Albus era un muchacho sensato, lógico, usaba la razón antes de actuar. Pero también era curioso e investigador.

-De acuerdo, iré. Para que no ye pase nada. Si te dejo sola con una idea así tus hermanos me comerán vivo.

-Toma algo de mi bolso. –Albus revisó y dedujo que todo estaba planeado pues todo el equipo estaba doble. Cayó en la trampa de Ayris, algo había sacado de lo Slytherin de su padre. Como sea, ya no iba a echarse para atrás. Se quitó la ropa y quedó solo en interiores. Ayris le pasó los pantalones y una camisa de deporte. –Usaremos el hechizo caso burbuja, lo conoces?

-Claro que sí. –hicieron el hechizo.

-Listo?

-No.

-Si… el agua debe estar fría. –Albus la miró como diciendo eso es lo único que te preocupa? –Dame la mano. –respiraron profundo. –A la cuenta de tres. 1,2,3, ya! –corrieron hasta que sus pies dejaron de tocar la tierra.

Nadaron durante 15 minutos. Había mucha vegetación. Albus vio algo moviéndose entre las algas. Prefirió pasarlo por alto y no avisarle a Ayris, porque si ella se enteraba iría a investigas. Después de eso nada pasó, admiraron la lúgubre belleza del lago. Antes de la hora ya estaban en tierra firme.

-Brrr –tembló Albus –Fue muy interesante pero creo que moriré de hipotermia. –dijo el chico.

-Todo por la ciencia. –los dos se estaban secando y quitándose hojas y esas cosas.

-Te pareces a mi madre. –dijo Luna apareciendo de no se sabe dónde. Ayris sonrió. –Vamos a la cocina, buscaremos algo caliente. –Albus y Ayris comían panqueques con chocolate mientras Luna tomaba un jugo.

-Ayris! Dónde estabas? –entró Serpent.

-Te estábamos buscando. A caso estabas en una cita con Albus? –agregó Lorcan. Los chicos enrojecieron.

*Es eso cierto? No lo creo. Mi nenita es demasiado buena para cualquiera.* –los hermanos Nott empezaron a reír. Albus estaba deseando que la tierra se lo tragara, estaba pasando mucha vergüenza frente a Ayris quien parecía algo incómoda.

-Papá…

-...-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-

*Hola preciosa. Te traje lo que pediste.* -dijo Draco.

*Yo no te pedí nada.*

*Lo sé. Fue una excusa para pasar tiempo contigo.*

*Si, ya me llegó el recuerdo.* -ella se acercó a su marido y le pellizcó las costillas. *No tenías que engañarme.*

*No, pero…* -se había quedado sin excusa. *Como sea, al menos algo bueno salió de esto.*

*Si. Tu y yo pudimos hablar con tranquilidad.* -especificó Draco.

*Yo me refería a que me trajiste libros, pero lo otro también es bueno.*

)))))))

Hermione Granger caminaba por los pasillos de Hogwarts a toda velocidad. Tenía la cabeza puesta en cierto rubio con el que había pasado la tarde. Antes, pensaba que conocía a Draco Malfoy a la perfección. Frío, egocéntrico, engreído, cobarde, chismoso, un completo imbécil. Pero hoy pasó el día con alguien diferente. Es decir, era Draco, mismos ojos, misma boca, mismo cabello, mismas manos, pero algo cambió y no sólo su edad. Su mentalidad era muy distinta, pero era Draco Malfoy, al fin y al cabo, estaba MUY confundida. No sabía que creer.

Sin previo aviso chocó con alguien y cayeron al piso.

-Tú de nuevo! No puedes dejarme en paz Granger?

-De qué hablas idiota?

-Idiota yo? Tú has sido la que ha chocado conmigo.

-Es cierto. Los siento Malfoy. –dijo Hermione quitándose de encima de él.

-Sí, aja. Discúlpate por todo. –dijo Draco incorporándose.

-Vaya, debí haberte golpeado duro. Parece que se te soltó un tornillo.

-A dónde quiera que voy me topo contigo o con tu clon. Me tienen harto!

-Yo puedo decir lo mismo…

-Papá. –interrumpió Scorpius. –Puedo hablar contigo…

-Em… -Draco lo pensó un momento. Sus encuentros no han sido buenos. Pero no quería tener más problemas con Scorpius, después de todo era su hijo. –Claro. –Scorpius se despidió de su madre mientras que Malfoy ni la miró.

-Lamento haber sido tan grosero. –Empezó Scorpius en lo que caminaban por el pasillo. –Me sorprende que no me hubieras castigado por eso.

-Bueno, imagino que ha de ser porque yo también me comporté muy mal. No es justo que mi yo del futuro te castigue por algo que su yo del pasado también hace. –Scorpius rió.

-Es todo muy enredado… me siento solo y no me gusta. Hemos estado peleados y con el trabajo y el embarazo, no lo sé, me siento como un fantasma. Lamento ahogarte con mis problemas. –volvió a disculparse Scorpius.

-No es tu culpa. Yo tampoco he sido muy comprensivo. –le consoló Draco.

-Pero aun así, se quedaron tú estás peor que yo. Y por eso quiero ayudarte en lo que necesites porque tú siempre estás cuando más te necesito. –se sentía extraño abrirse de esa manera pero el muchacho sabía que su padre necesitaba oír eso.

-No recuerdo eso, porque aún no pasa. Pero gracias.

/

Victory iba en camino al salón de pociones. No debería estar ahí, pero sabía que cierto licántropo –metamorfo se encontraría en aquel lugar.

-Qué haces aquí? –le preguntó la pelirroja entrando al aula.

-No, tú qué haces aquí? –dijo Ted retrocediendo, como si de un paso la chica pudiese atravesar el aula para llegar a él.

-Vengo a hacerte compañía. –Victory caminó a un paso tan lento, tan tentador, que a Ted le costaba respirar. Será verdad? Yo estaré mal? Cómo una persona puede sentirse así por la presencia de otra? El metamorfo intentaba hallar una respuesta.

-Te sientes bien?

-Si.

-Entonces, por qué estás temblando? –le preguntó ya a unos pasos de él.

-No lo sé.

-Quieres averiguarlo? –le agarró del cuello de la camisa…

-Contigo no, Victory. –Ted no negó que estuviese nervioso, ni que no quisiera averiguar por qué, pero no la usaría como un experimento.

-Y si yo soy la causa? – se acercó más a él. La distancia era tan corta que podían sentir sus respiraciones, sus corazones agitados, el ambiente pesado, cuerpos juntos, debe ser su descendencia veela… era demasiado.

-Vete. –la apartó Ted. Estaba claro que su prima gustaba de él, pero podría llegar alguien y descubrirlos. De seguro, la mayoría de la culpa caería sobre él por ser el hombre y el más grande. Pero no quería que vieran de mal modo a Victory.

-Quiero intentar algunas de las pociones que leí hace rato. –las palabras del muchacho hirieron a la pelirroja. Pero no se iría, nunca se alejaría de él.

-De acuerdo, pero mantente en la otra mesa y yo estaré en ésta. Si necesitas ayuda me avisas.

-Descuida, puedo arreglármelas sola. –así fue. Ella era una experta. Sabía mezclar y cortar cualquier elemento. Habían olores y colores hermosos. Ted estaba tan entretenido que se olvidó de lo que estaba haciendo y se dedicó a observarla. –Quieres ayuda con eso? Las pociones pueden ser complicadas. –Ted rió.

-La verdad, sí. –Victory se sorprendió de que él aceptara su ayuda. –Ven aquí. –la muchacha enrojeció. No necesitaba que la llamara para que se acercara a él. Pero que él se lo pidiera era tan lindo… yo seré la idiota más grande del mundo, pero no puedo resistirme a sus encantos; pensó la pelirroja. –No puedo abrir esta cosa. –el chico se inclinó apoyando sus codos sobre la mesa y le mostró algo parecido a una bolita suave pero a la vez irrompible. Victory intentó ignorar la sensual postura y analizó el ingrediente.

-Es normal. No es algo muy común. Qué es?

-Se llama Ramapeyo. Tiene el poder de quitar alguna habilidad natural.

-Qué? Pero nuestras habilidades nos definen. No deberías trabajar con esta cosa. Eres genial, tal como eres.

-Gracias, pero no me entiendes.

-Puede ser que no. Pero te haré el favor. –con un alfiler abrió un agujero y otro y otro. Lo apretó y salieron más bolitas las cuales disolvió con agua. –Aquí tienes. –le dio el vaso.

-Waaau. Sí que eres buena, lo hiciste con facilidad.

-Aunque no lo creas, fue algo complicado. Solo… lo supuse, pues no pudiste abrirlo con un cuchillo ni romperlo y todo en agua se disuelve.

-Eres muy inteligente. –Victory quien no había parado de sonreír, se puso roja con el halago. –Ten, te regalo un par. Son muy raras y tal vez puedas darle un mejor uso.

-Gracias. –sonó el timbre para que todos los alumnos se fueran a sus habitaciones.

-Tienes que irte.

-Tengo que? –Ted sonrió al ver su cara suplicante y ojos grandes.

-Si, anda. –Victory caminó hacia la salida. Se volteó para decir algo.

-Oye Ted… -pero la puerta se cerró en su cara. –Maldito bastardo, te amo.- dijo sin saber que la escuchaba.

-Y yo a ti, Victory. –dijo Ted del otro lado de la madera.

Este es el final del capítulo!

Espero les guste.