El mundo mágico más allá de magos y brujas
La gran familia cayó en… una blanda superficie?
*Ah!* - gimió Hermione adolorida.
*Estás bien?* -Draco estaba preocupado y desorientado. Tenía que buscar a su hijo que estaba secuestrado y cuidar a su esposa embarazada junto a sus dos hijas. Suerte que no estaba solo en esto…
*Si, es solo que el bebé no deja de moverse. Esperen, y los demás?* -Draco miró por todos lados y se dio cuenta de que flotaba en una burbuja al igual que cada grupo y muchas otras cosas más que no reconoció. Había paisajes, marinas, personas y animales con alas, hasta castillos completos flotando dentro de la prisión transparente. Alguien se encargaba de hacerlas, pero no se veía muy feliz.
-Papá creo que deberíamos pedir indicaciones. –propuso Jane.
*No estamos en el callejón Diagon. Debemos ser más astutos, no conocemos este lugar*. –el rubio no se arriesgaría a perder su orgullo. Era lo único que le quedaba.
-Por eso. –dijo Cissy como si fuese lo más obvio del mundo.
*Ya, hagan silencio. No pediremos indicaciones.*
-Disculpe! Oiga señora, aquí abajo! –la encargada de soplar burbujas le dio su atención a la rubia de rizos cabellos. Draco llevó su mano a la cabeza. –Puede decirnos, dónde estamos?
-En el mundo mágico. –respondió.
*No puede ser. Yo vivo ahí y no recuerdo nada de esto.* -dijo Hermione siempre contradiciendo.
-Es porque estamos perdidos. –todos se quedaron en el limbo.
*Puede ser más específica?* -pidió Ginny.
-Están en las maravillas inalcanzables del mundo mágico. Un lugar perdido en el tiempo, donde nadie puede encontrarnos.
*Ok. Eso quedó claro, pero qué hacemos aquí?* -preguntó Pansy.
-No lo sé. Pero no puede ser bueno, me ordenaron encerrarlos.
*Quién?* -Draco se animó a hablar.
-Laverna y Vejovis.
*Y por qué sigues sus órdenes?* -indagó Harry.
-Hace muchos muchos años, existió un hombre muy sabio llamado Lexio. Nunca se equivocaba y su inteligencia llegó a oídos de todos. Personas de todas partes ansiaban estar con él. El mundo era solo eso, mundo. No había ninguna división entre; magos, no magos, hadas, criaturas… éramos una unidad. Pero dos personas no estaban de acuerdo.
*Laverna y Vejovis.* -continuó Hermione poniendo en marcha su gran mente.
-Exacto. Nadie sabe de dónde aparecieron. Solo llegaron para destruir; esparcieron el rencor, el egoísmo, la codicia, la segregación y el odio. –la colorida mujer lloraba lágrimas doradas. –El miedo reinaba en todos menos en Lexio. Se les enfrentó, pero no fue suficiente. Y encima de todo perdió la fe en nosotros, nos volvimos seres despreciables y deshonestos. No le dimos razones para seguir peleando. Sin embargo, el mal vio potencial en él. Combinaron sus poderes y lo convirtieron en Lacero. Mucho más poderoso que cualquiera, siempre a sus órdenes. Nos sometieron y nos hicieron creer que estábamos en el buen camino. Pero si nos oponíamos, nos mandaban con Lacero. Luego, llegó Merlín. Creó barreras entre nosotros, para que no pudiésemos hacernos daño. Nos dividió en tres mundos, algo prácticamente imposible. Iba a enfrentarse a Laverna y Vejovis pero atemorizados por perder su poder, abrieron un hueco en el tiempo y desde entonces no sabemos dónde estamos, creo que ellos tampoco.
-Se te aflojó la lengua Frivesent? –preguntó Vejovis.
-Lo siento se… -no pudo terminar porque el hombre con tres perros alzó sus manos y la abrazó en un fuego. Ella se retorcía de dolor.
*Déjala! Le hace daño!* -la defendió Hermione.
-A ti te venía buscando. Cómo te atreves a hablarme? Qué no aprecias tu vida, de tus seres queridos? –le dijo el hombre-animal.
*No te tengo miedo. Eres un cobarde que huye.*
-Merlín no me asustó. Ese desdichado no duró ni un siglo. Ven, Laverna te espera. –la sacó de la burbuja y se la llevó volando.
*Hermione!* -Draco y los demás intentaban salir de la burbuja pero no podían. *Noooo! Ven y pelea mal nacido! Enfréntate a mí!*
-No durarías ni cinco minutos peleando con él. Que no ves que el controla la impotencia? Puede controlarte. –dijo un tigre parlante.
*Es cierto, pero tú quién eres?* -preguntó Theo.
-Soy el felino que más quieren. Soy su salvación. Pero tendrán que mantenerse calmados. Si actúan con maldad, nos descubrirán. Así que relájate rubio. –Draco hizo caso y respiró profundo. No tenía otra opción, si este raro le ayudaba a recuperar a su esposa, haría lo que fuese.
*Weasley´s, tiene que ser pariente suyo.* -dijo Draco bromeando con el cabello pelirrojo.
*Ja ja. No se te podía pasar, verdad Draco?* -dijo George a lo que él encogió los hombros.
-Muy bien, vámonos. –de entre sus patas sacó varias cuchillas afiladas y saltando de un lado a otro agujereó cada esfera para que no cayeran de lleno en el piso. Luego hizo cortes más amplios ya en el suelo.
*Frivesent, acompáñanos.* -le pidió Luna.
-No puedo. –le mostró las cadenas en sus tobillos.
-Claro que podrás. –el tigre mientras golpeaba sus ataduras desesperado.
-Tadeo, te estás descontrolando. Ya llegará nuestro tiempo. Ahora hay cosas más importantes. –razonó la mujer.
-Volveré por ti. –prometió el tigre.
-Lo sé. –le lanzó un beso volador mientras se iba.
*Por dónde?* -preguntó Blaise.
-Deben estar en el patio trasero. Ahí es donde ejecutan las muertes.
*Muertes?!*
-Si. Ahí también están el chico rubio y la pelirroja. A diferencia de ustedes, atrapados en una cárcel de ensueño. –explicó el tigre Tadeo. De su morral sacó las varitas. –He ido por ellas primero, las necesitaran.
-Hazlo ya! –los perros labraban inquietos. Hermione estaba acostada en un oscuro césped envuelta en un manto de espinas sin poderse mover.
-Cálmate Vejovis. Qué me crees, una experta en abortos?
-Golpéala hasta que lo expulse. –sugirió el hombre.
-Nada me haría más feliz que verla morir, pero lastimaríamos al niño también y lo necesito vivo. –un agudo pero ronco sonido los distrajo. Una de sus mejores bestias estaba gritando. Fueron a ver qué pasaba seguros de que ninguno de sus prisioneros podían huir. Sobre el monstruo una mujer con alas de murciélago intentaba montarlo, lo dejó ciego, vendó sus ojos y le colocó ataduras.
*Tranquilo bonito, tranquilo. Ahora todo estará bien, soy yo. Tu dueña.* -Marceline, familiarizada con su mundo, encontró a su mascota. *Es muy bueno verte después de tanto tiempo.*
-Deja a mi Blaguish en paz! –le ordenó Laverna. (Blaguish es una criatura parecida a un gorila sin pelo, de cara larga y dientes largos).
*No te atrevas a decir que es tuyo, ni te molestes en llamarlo. Tu magia ya no influye en él. Le saqué los ojos, tu hechizo se rompió. El ya no te verá como su reina. Ahora yo vuelvo a dominarlo.*
-Aaaahhhh! Te mataré! –Laverna sufrió la metamorfosis pero esta vez salía fuego de las palmas de sus manos.
-Laverna! Dónde están los demás? – la mujer salió dejando un rastro de fuego a su paso. Con ayuda de sus patas de perro Vejovis llegó más rápido proporcionando fuertes temblores en todo el mundo.
-Frivesent! –entró enojado. –Dónde están mis prisioneros?! –los volcanes empezaron a explotar. Los habitantes sabían que algo andaba mal y ellos serían quienes pagarían por eso.
-Escaparon. –respondió tranquilamente.
-Y no nos avisaste! –entre los dos le proporcionaron tanto dolor que quedó inconsciente. –Deben estar escapando. –dedujo Vejovis. Efectivamente, todos se habían ido.
-Los mataré a tooodos!
Lo sé, los capítulos están más cortos. Pero Ey! Estoy publicando más rápido.
