Buscando sirenas
*Increíble! El viejo sabe cómo hacernos volver y nos abandona! –se quejó Blaise.
*Tal vez sea lo mejor. Tiene razón, debemos resolver nuestros pendientes primero.* -dijo Harry como si se tratase de una agenda.
*Pero cuáles son? –se preguntó Pansy.
-En primer lugar, despertar a los dos adolescentes. Luego, iremos a ver a la sabia. –contestó Tadeo.
-La sabia? –hasta ese entonces en el que James habló, no se habían dado cuenta de que los niños escuchaban la conversación.
*Ustedes no tienen que preocuparse por eso. Nosotros nos encargaremos.* -dijo Pansy.
-Pero queremos estar preparados para lo que sea mamá. No siempre pueden estar cuidando de nosotros. Entenderemos. –dijo Michael.
-Es cierto. Si quieren sobrevivir aquí, no pueden tener peso muerto. –aconsejó Tadeo el tigre.
*Bien. Hay que despertar a los chicos. Estoy preocupada…* -ordenó Ginny. *Profesor Snape, acompáñeme, tal vez sea de utilidad.* -Severus la acompañó con mala cara. Al llegar a la habitación vio a Lily y Scorpius tendidos en la cama. Una sudada y su rostro estaba contraído, el otro dormía muy tranquilo.
-Es magia negra. Ocurre cuando se inhala un polvo venenoso llamado "Civilio" –analizó el profesor.
*Genial..-* -todos miraron a Draco por su extraña reacción. *Me refiero a que, Por qué no sabía eso?*
-Porque el "Civilio" se extrae de una planta que se extinguió hace dos siglos. Con tantas innovaciones en la magia, por qué estudiar lo antiguo?
*Si los dos tienen lo mismo, por qué…* -Hermione se refería a la inquietud de su sobrina.
-Al parecer hubo una falla en el plan. Verán… el Civilio los pone a dormir con el sueño más hermoso y profundo de su ser. Pero si la víctima no lo reconoce, el sueño se convierte en pesadilla y se va volviendo peor, desde el punto de vista de la negación.
*No lo entiendo.* -dijo Ginny. Severus rodó los ojos.
-Ejemplo. Una persona que no ingiera calorías para no engordar puede soñar con un eterno banquete, pero en su mente existirá una negativa que no la dejará aceptar que le gusta. El deseo le irá tentando más y más, hasta convertirse en pesadilla.
*Entonces hay que despertarla. La pobre está muy afligida.* -puntualizó Luna.
-Ella se despertará fácilmente. Con el muchacho es que no estoy seguro. Parece que está muy aferrado a su sueño y esos son los casos más difíciles… necesito algunos ingredientes para despertarlos y no son fáciles de conseguir.
-Dígame que necesita. –preguntó Tadeo.
-Piel de dragón, extracto de pluma de Grifo y el llanto de una mujer pez. –el rostro del tigre se contrajo.
-Tendrá que sacar el extracto usted mismo. Me falta el llanto de sirena y no es fácil de conseguir. No hay ninguna especificación sobre la especie?
-No. Con que sea una mujer pez está bien.
-Ok. Esto es lo que haremos… los chicos se quedarán a ayudar con las plumas al igual que la de rizos. –las cosas estaban pasando tan rápido que ni siquiera se habían presentado. De pronto, apareció Marceline.
*Tú también quédate.* -la vampiresa bajó de la bestia y un traje negro la cubrió. *No dejaré a mis sobrinos sin protección.*
-Pero jefa…
*Yo guiaré a los demás hacia las sirenas.*
-Usted no se va a poner muy feliz cuando regrese.
*Lo superaré… pero primero necesito algunas cosas.*
-Lo que usted desee.
*Marceline… estás bien, amor? Me preocupaba que no pudieses llegar. Qué pasa? Por qué estamos aquí?* -preguntó Ron.
*No lo sé. Tendremos que preguntarle a la sabia. Pero primero vamos a buscar a las sirenas.* -respondió
*Pero, no te ha pasado nada?*
*No querido, descuida*
*Te veías muy sexy domando a esa bestia.* -ronroneó Ron en su oído. *Espero que pronto me toque a mí.* -Marceline sonrió con picardía. La verdad, estaba muy insegura. Sabía que su ropa desaparecería y se vería muy diferente a como era antes. En ese mundo no conocía la vejez ni las alteraciones del embarazo. Además, se había desacostumbrado a andar así en público. Pero el apoyo de su esposo y el interés en su físico, la hizo sentir segura.
*Préstenme su atención, por favor.* -habló Marceline para que los demás se callara. *En primer lugar, me disculpo por… todo.* -empezó un poco incómoda. *Sé que esto no es normal para ustedes. Las costumbres de aquí son otras. Si tienen alguna pregunta siéntanse en confianza. La necesitarán. Porque aquí no debe haber lugar para la vergüenza, ni para el miedo.*
*Cuántas posibilidades tenemos de morir?* -preguntó Blaise tratando de tocar con la realidad.
*50-50. Pero porque tenemos una ventaja. Aquí nadie conoce tanto su magia. Además, yo sé todo lo que pasará en esta guerra. Hay que saber usar nuestras habilidades. La familia Nott será muy útil.*
*Estamos a tus órdenes.* -dijo Theo. *Los días corren igual?*
*No. Aquí no hay días, no hay noches, no hay horas. No hay tiempo. Lo más parecido a la noche es cuando el cielo se apaga, pero la gente continúa con su rumbo igual.*
*Tenemos que medir el tiempo. Aquí podríamos pasar años sin darnos cuenta.* -dijo George.
*Crees que tarde mucho en oscurecer? No sé, no tienes un método?* -le preguntó Hermione a Marceline.
*El viento. Antes de un cambio de luces todo se llena de un tipo de neblina muy caliente o muy fría. Eso equivaldría a 60 latidos del reloj. Luego se dispersa rápidamente.* -se refería a 60 segundos, pero como aún no comprendía muy bien aquellos términos creaba los suyos.
*Bien. Yo me encargaré de medir el tiempo. Por lo menos el de la noche.* -contribuyó.
*OK. Si no hay más nada que decir, vámonos.* -salieron de la fortaleza hacia lo desconocido, en el camino llegó la noche.
*A dónde vamos?* -preguntó Pansy.
*Aunque te lo explicara no lo entenderías. Así que solo te diré que iremos a un estanque salado.*
*Eso no existe.*
*Aquí sí.* -tal y como había dicho, llegaron a un terreno rocoso con lo que parecía un estanque pero con la diferencia de que este tenía un camino de agua que atravesaba la montaña y desembocaba en el mar. *Ven cariño.* -Ron sabía lo que venía pues su esposa siempre le daba detalles de su mundo. *Recueras que hacer?*
*Si.* -el pelirrojo sacó su varita del bolsillo. *Lumus.* -con la otra movió el agua en círculos. Nada pasó.
*Hay que arriesgarse más.*
*Andando.* -Harry se alistó remangándose la camisa.
*Esperen, piénsenlo, estamos tratando con sirenas, podría ser peligroso.* -razonó Draco como todo Slytherin. Theo se alivió cuando supo que no era el único en pensar que era una locura.
*Si me dejaran terminar…*
*Ah sí, lo siento.*
*Primero tengo que advertirles, no hagan nada hasta que yo se los ordene. Quedó claro?* -todos asintieron. *Bien, necesitamos transporte.* -los magos convirtieron algunas ramas en cinco botes. *Ahora suban las mujeres. Los hombres se quedarán aquí.*
*Imposible.* -resonaron las varoniles voces.
*Entonces tendrán que taparse los oídos. Ustedes son vulnerables al canto de las sirenas.* -así fue como en pequeños grupos se fueron montando en los barcos y flotaron en el agua. Marceline le hizo unas señas para que volviera a intentarlo. *Salgan… salgan… salgan…* -susurraba. De la profundidad salió la cabeza de una mujer con el cabello repleto de criaturas marinas.
-Vaya vaya, pero si es Marceline, tienes algo diferente… Qué te trae por aquí con tan buena compañía?- preguntó la aparición mientras se acercaban siluetas de sirenas en el cristalino estanque.
*Gracias por venir Ivon. Necesito tu ayuda.* -las demás se tapaban los oídos ante la aguda voz.
-Dime, en qué puedo ayudarte… -la miró con malicia y satisfacción.
*Quiero una de tus lágrimas.* -la mujer pez soltó unas carcajadas.
-Y qué me darás a cambio?
*Nada.* -respondió secamente con los brazos cruzados.
-Los quiero a ellos. –dijo enojada.
*No.* -siguió firme.
-Pues entonces no tengo por qué cumplir tus órdenes. –se acercó furiosa ante la persistencia de la pelinegra. Ésta la tomó por sorpresa cuando le agarró por detrás de las orejas presionando las branquias.
*Escúchame bien babosa, si yo te pido que me llores un río, tú lo haces.* -dijo con un inalterable tono de voz. Con su larga cola la sirena Ivon se defendió golpeando la barca. Marceline la soltó recordando que no estaba sola. Ivon se volteó con intención de marcharse. Ginny se dio cuenta de la acción y se asustó. Si los muchachos no se despertaban podrían morir de hambre y ser, como tía y madre se asustó.
*Espera!* -la detuvo. Se destapó lo oídos y de sus ojos resbalaban las lágrimas. *Por favor, ayúdanos.*
*Ginny, mantén la calma.*
*Dame una lágrima, por favor, es de vida o muerte.* -trató de persuadirla sin hacer caso a las advertencias.
-Bueno, si vienes conmigo tal vez lo considere. –la pelirroja no entendió lo que querían decir aquellos chillidos. Recordó que en el torneo de los tres magos Harry pudo entenderlas debajo del agua. Con miedo de no poder ver los verdes ojos de su hija nunca más, saltó del bote sin medir consecuencias.
*Nooooo!* -gritó Marceline, pero era muy tarde. Había caído en el engaño de Ivon. Un grupo de sirenas jalaron a Ginny junto con sus miedos, su preocupación y su valor hacia lo más profundo de las mágicas aguas.
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Gracias a aquellas personas que siempre leen cada actualización de ésta mágica historia.
Si estás leyendo esto es probable que seas una de ellas. Mil gracias!
