Libertad

La luz empezaba a asomarse. Las sombras de criaturas nocturnas que volaban por los cielos o trepaban por los árboles, se alejaban de la claridad.

-Chicos, ya es hora. –los despertó Colynd. Nadaron hasta el castillo de las sirenas. Colynd se detuvo en la puerta.

*Qué pasa?* -cuestionó Luna.

-No puedo hacerlo. No puedo mirarlo a la cara, se burlará de mí.

*Por qué?* -volvió a preguntar la rubia tendiéndole una trampa.

-Cómo que por qué?! –decía casi en llanto. –Tiene derecho a burlarse de mí. Todos estos años me he ocultado como una cobarde y…

*Entonces no le des más razones para reírse de ti.* -le interrumpió Harry comprendiendo que ese era el origen de la pregunta de Luna. *Demuéstrale que nunca debió abandonarte. Demuéstrale a todos, incluso a ti misma, que eres más de lo que pensamos, que eres importante y que no seguirán jugando contigo.*

-Tienes mucha razón. Andando. –entraron al gran castillo. Ataron a dos guardianas sin dejarlas decir nada. Evadieron cada obstáculo y sirena que se interpuso en su camino. Abrieron la última puerta…

*Ginny!* -la llamó Harry. La pelirroja estaba sobre Sam alimentándolo de pececillos. Miró al azabache con curiosidad.

-Colynd. –fue lo primero que notó Sam. –Veo que te has tomado la molestia de visitarme. Mejor te hubieses quedado escondida.

*Venimos a buscar a Ginny, mi esposa.*

-Eso no es cierto. Ahora es mía. –la tomó de la cintura posesivamente. Esa fue la gota que rebosó el vaso. Harry nadó hasta Sam y le propinó un puñetazo. Se olvidó de su varita, se olvidó de los presentes, se olvidó de quién era y hasta de sí mismo. Solo quería entrarle a golpes por su atrevimiento.

*No vuelvas a tocar a mi esposa maldito imbécil!*

*Qué haces?!* -Ginny fue a socorrer a Sam.

*Ginny…*

*Está bien precioso?*

-Te lo dije.

*No! Me niego a aceptarlo.* -Harry la tomó del brazo. Sam quería detenerlo pero Colynd y Luna lo evitaron. *Mírame a los ojos.*

*No! Déjame ir!* -ella empezó a golpearlo con todo lo que tenía. El seguía sin moverse, no reaccionaba a sus ataques.

*Mírame a los ojos y dime lo que quieres. Dime que me aleje y lo haré…*

*Lo quiero a él.* -respondió refiriéndose a Sam. El corazón de Harry se quebró dándole un dolor desgarrador. Sin embargo; no se rendiría. Ella aún no alzaba la vista.

*Él no vivirá cada día para hacerte feliz. Él nunca podrá amarte como yo lo hago.* -Ginny lo miró a los ojos.

*En serio me amas?*

*Con todo mi corazón.* -Un brillo conocido pasó por los ojos de su esposa. *Y tú? Me amas?*

*Con todo mi corazón.* -Lo besó sin miramientos. Se acordó de él. Recordó que lo amaba. Se sintió culpable por haberle hecho daño. Se separaron al quedarse sin aire.

-No! Eres una idiota. Este pendejo no es mejor que yo!

-Te equivocas. –Colynd se enfrentó a él antes de que respondiera. –Hasta la más mínima y asquerosa basurita del universo es mejor que tú, desgraciado.

-Se te aflojó la lengua? Qué no recuerdas que sin mí no eres nadie?

*Ya me harté de ti.* -Habló Luna defendiendo a Colynd. *Eres un pececillo muy malo. Y…*

-Ustedes de nuevo?! –interrumpió Ivon.

-Chicos, la lágrima… -susurró la única sirena buena.

*Harry, no me siento bien.* -dijo Ginny con la mano en la cabeza. El tritón sonrió.

-Eso te pasa por estúpida.

*Qué le hiciste?*

-Yo no le hice nada. Ella solita provocó todo.

*De qué hablas?* -Harry sacó su varita y la enterró en el cuello listo para matarlo de una buena vez. Ivon se acercó para ayudarlo pero las chicas se lo impidieron. *Responde!*

-Ya te dije que yo no tengo nada que ver. Ella entró al estanque con un corazón lleno de miedo, impotencia y preocupación. Ahora que ya no siente nada de eso, está dejando de ser una sirena.

-Dice la verdad. –concordó Colynd.

*Tienes que resistir Ginny. Aún falta para que podamos cruzar a la superficie y volvernos humanos, necesitamos la lágrima. –habló Luna.

*Y qué hago? La dejo morir ahogada?*

-Buena idea! Sería una espléndida cena. –se alegró Ivon al ver las expresiones de cada uno.

*Son caníbales?!* -preguntó Luna horrorizada.

-Carroñeros, se comen a las sirenas muertas. –responde Colynd.

*Que asco.* -dijo la rubia.

-Para qué desperdiciar la carne? AAAAAAHHAYYY! –gritó Ivon. Colynd le rompió una aleta de la cola. –MALDITA SEAS! POR QUÉ HICISTE ESO?! –sus ojos se pusieron rojos. De ellos salieron gotas grisáceas que se alojaron en sus pestañas, se endurecieron, y cayeron en la arena. –MALDITA SEA!

-Callada! Puedes maldecirme todo lo que quieras; pero recuerda que soy yo quien puede hacerlas realidad. –Colynd saca una varita dorada hermosamente tallada. –Desmaio! –la sirena quedó inconsciente. Se acercó al tritón. –A ti… te aturdiré manualmente. –cerró su mano y le dio el puñetazo de su vida. El golpe fue tan fuerte que lastimó sus nudillos. –Tenemos que irnos. No creo que la pelirroja pueda resistir más. –Ginny se había puesto pálida, estaba casi en el suelo, se le acababa el aire.

Nadaron hasta un punto no muy profundo y sus aletas no les permitían llegar más allá.

-Ahí viene una ola. Tenemos que montarla hasta legar a la orilla. –a lo lejos, se veían los caballos de mar listos a la superficie. –Preparados?... YA!

*Este lugar no se me hace conocido. Es por donde vinimos la última vez?* -preguntó Blaise.

*En realidad no. Ellos no saldrán por donde entraron.*

*Así que hay que esperarlos en la salida…*

*Exacto Pansy.* -llegaron hasta lo que parecía ser una playa. Tirados sobre la arena estaban 4 magos.

*Luna, despierta amor.* -le llamó Theo tratando de no espantarla.

*Amor?* -levantó la vista para comprobar quien era. *Amor…* -suspiró. *No quiero ir a trabajar hoy.*

*Harry! Vamos viejo, levántate. No me hagas ponerte una inyección.* -decía Draco sabiendo que lo que más odiaba Harry eran las vacunas.

*Hazlo y te mato Malfoy.* -dijo abriendo los ojos lentamente.

*Estás bien?* -preguntó Ron.

*Si.* -con su respuesta, el pelirrojo fue a ver a su hermana.

*Despertó?* -le preguntó a George.

*No. Lo que nos faltaba; otra bella durmiente.* -vieron que Harry se acercaba arrastrándose.

*Ginny.* -la llamó. *Ginny.* -dijo un poco más desesperado.

-Te está escuchando. Pero hay mucha agua en sus pulmones y está más agotada que nosotros. Si no saca el agua, morirá.

*No en mi guardia.* -dijo Draco y como todo buen medimago se puso en acción. Se colocó sobre ella y le quitó la blusa.

*Ey ey ey qué haces?!* -Harry se puso celoso. El único que podía ver los lindos brasieres que se ponía su esposa era él.

*La blusa mojada impide que haga mi trabajo.* -le aclaró. Volvió a su trabajo y le tomó el pulso por la garganta. Bajó un poco para escuchar su respiración. *Está viva, pero le cuesta mucho inhalar y exhalar.* -juntó sus manos y las puso sobre su pecho, empujó hacia abajo para que saliera el agua.

*El método mágico no es más efectivo?* -preguntó Harry diciéndose a sí mismo que era como una visita al doctor.

*Si. Pero duele más. Y juzgando que ustedes aún no se han levantado, deben estar adoloridos. No quiero hacerla sufrir tanto.* -explicó sin detenerse.

*Le duele mucho?* -volvió a preguntar preocupado.

*Si.* -en segundos, Ginny tosió expulsando el agua de su organismo. *Tranquila, respira.*

*Me duele todo.* -dijo en voz baja. El pecho le ardía y le costaba tomar aire, sentía que el cuerpo se le quebraba.

*Me lo imagino. Secare tus pulmones para hacerte las cosas más fáciles. No te asustes, no puedes moverte, ok?* -ella asintió. Draco apunto a su pecho con la varita y susurró algo inentendible para los presentes. Nuevamente, su pecho se sintió caliente; pero esta vez era reconfortante. En el proceso se quedó dormida.

-Marceline… -dijo Colynd, pero la persona que había atendido su llamado le parecía un tanto diferente. –Tú no eres Marceline, o si?

*Claro que soy yo. Solo que un poco más adulta.*

-Ya recuerdo, los chicos me lo explicaron. Cómo has estado?

*Ay amiga! No sabes cuánto te he extrañado.* -la vampiresa la abrazó nostálgica. Había pasado mucho tiempo sin saber de su mejor amiga. *Eres tan tonta…*

-Lo siento, actúo por impulso y tú lo sabes.

*Lo entiendo. Si no fuese por tu filosofía, nunca me hubiese casado. Pero qué te hizo quedarte tanto tiempo?*

-No lo sé. Quizá no quería aceptar que me equivoqué.

*Hasta los más inteligentes tienen derecho a equivocarse.*

-Sabía que me convencerían, por eso los mandaste a buscarme. –dijo segura.

*No iba a dejar que te siguieras pudriendo en esa fosa.*

-Gracias. Te quiero.

*Yo también te quiero.*

-Ahora, necesito otro favor tuyo. –se mordió el labio sin saber cómo decirlo. –Se me olvidó como caminar. Me das una ayudita?

Recorrieron nuevamente el camino a la fortaleza. Angelina llevaba a Ginny con un hechizo de levitación ya que Harry estaba muy débil y ella era muy buena manteniendo su concentración. Marceline y Ron ponían al día a Colynd sobre su relación y de paso la sostenían para que se fuera acostumbrando a sus pies. Draco y Pansy chequeaban que el camino estuviese despejado y fuese seguro. Mientras que Luna y Harry eran ayudados por los demás.