Impulsiva? Directa? Ofrecida!
Llegaron a la guarida donde todos los recibieron. Eran unos seres bastante particulares. Los niños interactúan con ellos como si nada.
*Harry!* -Hermione corre a abrazar a su amigo. *Luna! Que bueno que están bien.*
-Papá!
-Mamá!
Sus hijos corrieron a abrazarlos.
*Estamos bien.* -dijo Luna.
-Entonces, qué le pasa a mi mamá? –dijo Albus con su tono más preocupado. Cosa que enterneció a todos ver al menor de los Potter, el más cerrado, mostrar alguna emoción.
*Descuida, estará bien. Solo necesita descansar.* -respondió Draco.
-Si, cómo no? Igual que los demás? –habló James.
*Despertará antes de lo que crees.* -intentó calmarlo.
-Me lo prometes, tío? –preguntó Albus.
*Si. Te lo prometo.* -al ver a Draco tan cariñoso con su sobrino Hermione quiso tomarlo de la camisa y hacerle el amor ahí mismo. Pero no era el momento ni el lugar indicado. Así que solo se limitó a sonreír pícaramente.
-Llevemos a Ginny al cuarto de "los durmientes". Luna, Harry; Tadeo tiene algo para el dolor. Colynd ya se siente mejor, ella ayudará a su profesor a preparar el brebaje para los niños. –dijo Marceline luego de saludar a su amiga.
-Qué puede saber ella de eso? –Severus no quería la ayuda de nadie. –Sería un estorbo.
*Por qué no puede ser amable, una vez? No le haría daño. Al contrario, tendría más personas a su favor.* -le reclamó Hermione.
-A caso nunca dejará de ser una insufrible? No pedí su opinión Sra. Malfoy. –Draco estaba enojado por las palabras de su padrino. Iba a decirle algo pero le llevaron la delantera.
-Yo tampoco pedí su ayuda, Snape. –le enfrentó Colynd. –Vamos a trabajar.
-Quién se cree usted para darme órdenes!? Qué puede saber usted para esta tarea?
-Hace menos de una hora que fui sirena, yo tengo la lágrima, y le aseguro que se más que usted de este mundo. Alguna otra pregunta? O prefiere seguir perdiendo el tiempo? –solo le dio treinta segundos para pensarlo, al ver que no respondía se dirigió a la cocina donde prepararían el antídoto. Él la siguió… Los presentes estaban impresionados. Nadie había podido dejar a Snape callado! –Usted manda. –dijo cediendo. –Qué hacemos primero?
-Usted no sabe? –preguntó retador.
-Si. Pero pensé que usted quería tener la delantera.
-Bien. Yo haré la pasta para untarle en los ojos y usted encárguese de los demás. –ambos vertían, mezclaban y calentaban lo necesario. De vez en cuando, echaban un vistazo a lo que estaba haciendo el otro para cerciorarse de que todo estaba en orden. Pero Colynd se estaba aburriendo de eso.
-Por qué hace esto?
-Hacer qué?
-Ayudar
-Me lo ordenaron.
-Y por qué haces lo que te piden?
-Porque juré ser leal a varias personas. –Colynd se sorprendió. Un hombre, leal?
-Así como así?! No puedo creerte. Tú que ganas con eso?
-No tengo por qué darle explicaciones a usted.
-Yo quiero saber. –dijo dejando de mezclar.
-Qué haces?! Continúa o se pondrá espesa!
-No lo haré hasta que me diga.
-Bien. Yo terminaré.
-No. No lo harás. Si dejas lo que estás haciendo, también se quemará. Y tendrás que empezar todo de nuevo. –Severus lo pensó.
-Bien! Se lo diré, pero atienda a lo suyo… -dijo gruñendo. –Harry, es hijo de la única amiga que tuve en este mundo. Juré lealtad a una persona para que protegiera a su familia. Ella y su esposo murieron; pero el trato seguía vigente. Harry aún estaba vivo. Me dieron el honor de ser el padrino de Draco. Me agrada el chico, más que Harry, para ser sinceros. Me prometí a mí mismo que los protegería a cualquier costo.
*Y estamos muy agradecidos por eso.* -dijo Draco junto a Harry entrando al lugar.
*Totalmente. No estaríamos vivos sino fuese por usted.* -concordó Harry.
-Morí por ustedes, cierto? –los dos asintieron. –No hubo muerte más digna. –esbozó una mediana sonrisa. –Ahora largo, estorban. –Los echó de la cocina, pues Ginny había despertado y necesitaba atención.
-Eres genial! Nunca había conocido a una persona que se comprometiera tanto. –Colynd vertió la mezcla en un vaso y Snape untaba la suya en unas hojas. –Qué hay que hacer para ser merecedor de tanta lealtad?
-Ya he dicho demasiado. –el medicamento ya estaba listo.
-Eres una excelente persona. Tu corazón ama sin medidas, no hay obstáculo que lo detenga. –dijo interponiéndose entre él y la puerta. Severus notó en los ojos de Colynd un brillo extraño.
-Deje de decir tonterías. Muévase, estorbo. –Snape la empujó a un lado y fue a la habitación. Todos fueron a ver qué haría el profesor. Ambos chicos estaban demacrados, sudando y con ojeras. Lily seguía insistiendo en despertar de su "pesadilla". Scorpius, temblaba del hambre; aun así se le veía muy a gusto. Severus tomó un vendaje con la untura y lo colocó sobre sus cabezas. Tomó un vaso con otra poción y se la dio a oler a Lily. Ésta despertó al instante. Se levantó y al ver a Michael, se asustó. Estaba confundida. Estaría durmiendo aún? –Srta. Potter, beba esto de inmediato! Sino, se dormirá y no volverá a despertar. –la pelirroja no escuchaba nada. Estaba desesperada. Le estaban dando algo que olía requetemal. Empezó a marearse, nuevamente, sentía sus ojos pesados.
*Lily Luna Potter! Bébete esa maldita cosa de una vez!* -ella vio a su padre a punto de perder los estribos y pensó que debía ser por su culpa. Bebió aquella poción sin cuestionarse más nada. De repente, volvió a sentirse con energía! Pero seguía sin oír nada. Aún faltaba Scorpius, no diría nada hasta que lo despertaran. Se envolvió en una sábana mientras los espectadores observaban como Snape levantaba al rubio. Dejó que la pócima una vez, nada. Dos veces, nada. Hermione se empezaba a preocupar. A la tercera vez, despertó a regañadientes.
-Mamá… cinco minutos más.
-No se duerma Sr. Malfoy! Beba esto antes. –dijo Snape.
-Sí, tengo hambre. –sin importarle el putrefacto olor de la sustancia, Scorpius lo bebió completo. –Que raro. Ya no tengo tanto sueño.
-Y no lo tendrá por mucho tiempo. Esta poción lo mantendrá despierto hasta que su cuerpo deseche todas las toxinas que lo hacen dormir involuntariamente. –Severus volteó a ver a Lily. Ella estaba arropada hasta la cabeza hecha un bollito. Le quitó las sábanas de encima y estaba llorando. –Y a ti que te pasa? –la pelirroja no respondió. –Responde! –Lily no entendía ni media palabra. Tenía que hacérselo saber. Tomó su varita del buró y con luces escribió: no puedo oír nada de lo que dicen.
*Cómo que no puede oír?* -Ginny empezó a alterarse.
-No lo sé… -increíble, por primera vez, Snape no sabía algo.
-Déjame revisarla. –Colynd se acercó e iluminó sus oídos. Lily lloraba y lloraba. Dónde estaba? Que paso? Por qué tenía tanta hambre? Quiénes son aquellas personas que acompañan a su familia? –Tiene caracolillos.
*Qué es eso?* -preguntó una madre preocupada.
*Es una enfermedad que contraen los niños de aquí. Generalmente empieza con una sordera leve. Pero como tiene tanto tiempo dormida, no se dio cuenta. Estará bien. Solo tiene que darse una baño de lodo y los caracolillos regresarán a la tierra.* -responde Marceline. La misma le consoló y la llevó al patio donde se quitó la ropa y se sumergió en el lodo. La pelirroja se relajó y su audición empezaba a mejorar.
-Lily…
-Michael! Que haces aquí? –el simple hecho de que estuvieran en el mismo lugar y ella no llevara ni una prenda, la ponía nerviosa.
-Tenemos que hablar.
-Por al amor de Dios! Puedes esperar un rato? Me estoy bañando, qué no ves?
-No puedo esperar ni un minuto más.
-Si no te vas voy a gritar con todas mis fuerzas y ahí sí que la vas a cagar.
-Inténtalo. –dijo Michael encogiéndose de hombros. Ella hizo el amago de gritar pero él se acercó a ella para taparle la boca. Lily se asustó y se removió en el lodo. –Si me prometes una conversación civilizada, te soltaré. –ella asintió
-Eres un patán, un bruto, acaso vienes de las cavernas?
-Vale, lo siento. Es que tú nunca quieres escucharme.
-Bien. Terminemos con esto. –dijo Lily rindiéndose. Se recostó y cerró sus ojos esperando a que Michael continuara. El solo se contenía. No sabía que era pero pasar tanto tiempo sin oírla, sin sentirla cerca… y ahora, sentía una inmensa felicidad. –Qué me vienes a decir?
-Cómo estás?
-Hambrienta
-Descuida, no durará mucho. Ya están haciendo la cena.
-mmmmm. Algo más¡
-Qué soñaste? –Lily volvió a sentirse nerviosa
-Qué te importa?
-Estabas mal. Parecía como si te estuviesen torturando.
-No era tortura. Más bien, es algo que no quiero que pase.
-Qué soñaste?
-Que era débil. –Michael rió.
-Entonces, yo no estaba ahí.
-Por qué estás tan seguro de eso?
-Porque quiero pensar que cada vez que te falten fuerzas, que te sientas débil; yo estaré ahí. –sin previo aviso, se metió en el lodo.
-Qué haces?! –le pelirroja se alejó a una esquina y se hizo un bollito.
*Vengo a revisar tu progreso cariño. –dijo Marceline.
-Lo siento. Me asustaste tía. –la vampiresa miró sus oídos.
*Ya falta poco. Quince minutos más y estarás oyendo a la perfección. Después del aseo, baja a cenar, sí?*
-Ok. Gracias. Puede irse tranquila. –Lily pensó que Michael moriría asfixiado. Su tía salió y Lily buscó con sus manos el cuerpo del chico. Encontró su camisa y haló hacia arriba. –Michael! Mírame, respira. –decía Lily mientras daba golpecitos en sus mejillas.
-Lily, eso me duele. –Estaban muy cerca. Ella sin ropa, los dos sonrojados de la vergüenza. La pelirroja pensó que estaría del mismo color que su cabello y que de momentos a otro iba a explotar y de ella saldría escarcha roja. Michael, por otra parte, estaba excitado. Lily lo soltó bruscamente y volvió a su esquina.
-Sal de aquí. –su pelirroja ni siquiera lo miraba a la cara.
-Lo siento. –Lily tomó su varita e hizo una simulación de limpieza.
-Sal. Y dúchate antes de bajar a cenar.
-Gracias
-Largo! – el obedeció. Ella tenía el corazón agitado. –Maldito idiota. A caso no ve que me gusta?
-Qué te gusta hacer? –preguntó Colynd quien había acosado a Severus todo el día.
-Nada. Deje de seguirme.
-Vamos, tiene que gustarte algo. O que te haya gustado…
-Por qué insiste en indagar sobre mí?
-Porque creo que me estoy enamorando de usted. –El rostro de Snape era un poema. Casi le da un infarto! Nadie, NADIE, se había atrevido a enamorarse de él. Eso tenía que ser un error. Definitivamente.
-Imposible. Solo tiene unas horas conociéndome. Cómo está tan segura?
-Es amor a primera vista. Pues sentirlo. Tengo cierta intuición para estas cosas. –El pelinegro sonrió a la mitad pensando en sus expedientes amorosos, como siempre. Analizándolo todo.
-Usted es una mujer loca y necesitada, con un pésimo gusto en hombres. Por qué mejor no se va y… -Colynd lo tomó del cuello y lo besó impidiéndole hablar. Fue un beso apasionado, muy diferente a los otros que había tenido. Era un hombre, no era de piedra, le correspondió el beso. Al quedarse sin oxígeno se separó de ella de manera brusca. –Me deja tranquilo! –completó la fresa. –Usted es una…
-Impulsiva? Directa?
-Ofrecida!
