Hay una primera vez para todo

Hola de nuevo! Aaaah, que bueno es actualizar a tiempo…

Bueno, aquí tienen un capítulo un poco más corto que los demás. Espero que les guste y comenten.

Hermione caminaba por los pasillos de Hogwarts muy distraída. Tanto, que no se dio cuenta de la línea de armaduras delante de ella. Chocó con la primera y el efecto domino se hizo presente. Fueron cayendo una por una con estruendosos ruidos.

-Qué es lo que está pasando?! –Minerva se acercaba a paso apresurado.

-Oh Dios mío. Qué hago? Qué hago? –Sintió como le alaban la muñeca hasta una esquina. Al levantar la mirada, vio esos intensos ojos mercurio. –Qué…?

-Shhhh –le tapó la boca con suavidad

-Quién anda ahí?! –Suspiró resignada –Reparo. –todo volvió a su lugar y se marchó

-Por qué lo hiciste? Debí hacerme responsable por los daños. –dijo la castaña que tenía mucho sin saber nada del rubio. Recordó que "según su esposo" él nunca estaba haciendo nada bueno.

-Quise evitarte el regaño. Y al juzgar por el desastre, te libré de un castigo. Pero claro, me preocupo por ti un momento y recibo una reprimenda. –ella suspiró

-Lo siento. Me asusté y aún estoy un poco alterada. Gracias.

-No creas que será de gratis.

-Sabía que una buena obra de tu parte no sería porque sí. –dijo pícara sabiendo que tenía otras intenciones. Bajó un poco su vista, se toó con esos finos y pálidos labios. Si tan solo esas intenciones fuesen las mismas que las de ellas.

-Me debes una. –ojalá pudiese pagárselo a besos, pensó la castaña. –Hazlo…

-Qué?

-Bésame. –ella estaba inmóvil. Había leído su mente? Viniendo de él, lo creía muy posible. Al ver que ella no se movía, se acercó, tomó su barbilla y la acercó el mismo. Unieron sus labios en un casto beso. Rozaron sus narices, él quería más, más de ella. Pero no podía, tenía cosas que hacer. –Tengo que irme. Fue un gusto volver a verte Granger. –Hermione lo detuvo siendo ella la que dominaba la situación esta vez.

-A dónde?

-No puedo decirte preciosa. –no quiso presionarlo. A mucho llegaron con el beso. Además, le dijo preciosa. Eso le causaba cierta felicidad aunque no quisiera admitirlo.

-De acuerdo. Pero nos veremos de nuevo, ok?

-Ok

-Hoy. –Sentenció

-A qué hora? –Preguntó resignado y con fastidio

-A las diez. En la sala de menesteres

-Hecho. –Se apartó de ella y se alejó casi corriendo. Suspiró

-Ay Draco… en qué líos estás metido?

Las horas pasaron y Hermione estaba impaciente. No atendía clases, sus profesores se extrañaron de no verla levantar la mano a cada pregunta.

Estaba muy mal. Por qué le hacía pasar por esto? Lo iba a matar! No merecía la pena que ella se preocupara por él. Pero su estado físico y mental contribuirá a la procreación de sus hijos en un futuro. Aish! Pero es que Draco Lucius Malfoy es tan terco como una mula. Nunca le permitirá ayudarlo, pero al menos lo intentaría…

A la hora de cenar, Draco volvió a faltar. Ya sabía con que pediría la sala de Menesteres; pero aún faltaban dos horas para encontrarse. Jugueteó un poco con su comida probando solo algunos bocados y participó en ciertos comentarios con sus amigos.

Faltando 45 minutos para las 10 se fue a su habitación a buscar que ponerse. Al final, pensó que de todos modos volvería a dormir así que decidió irse con un vestido de pijama y abrigo de lana.

Cruzó por el séptimo piso y la sala de Menesteres apareció al instante, al parecer, ya la esperaban. Al entrar vio el tremendo desorden y a Draco en un sofá de los montones. Aún traía el uniforme; se fijó en su cabello revuelto, la camisa remangada y los primeros botones sueltos.

-Insististe tanto para verme y así te apareces? –dijo Draco al verla

-Qué? –preguntó sin entender

-Por favor Granger, debiste arreglarte un poco más. Dónde está tu lado femenino? –si supiera el tiempo que tardó decidirse en ponerse eso…

-Cuando salga de aquí me iré a acostar. –se estaba muriendo de un sueño –Además, tú tampoco puedes hablar. A caso no te viste? Al menos yo me bañé. –Auch

-No he tenido tiempo.

-Se te nota. Estás muy flaco, tienes ojeras, faltas a clases, estás descuidándote. Malfoy, vas a enfermar.

-Si viniste a reclamarme mejor vete. No necesito una niñera.

-Increíble! Ya aquí tratando de ayudarte y tú mandándome a la mierda. Pues estás muy equivocado, no iré a ninguna parte.

-No quieres pretender que te importo porque no es así! Sólo quieres obtener algo de mí! Que es? Información? Mi fortuna? Esperma?

-Nada de eso. Y te lo digo con toda sinceridad. Solo veo a una persona que necesita de ayuda. Y si puedo hacer algo para aliviar tu pesar, aligerar esa carga que estás llevando, lo haré.

-Aaah con que es eso! No quiero tu lástima. –dijo el rubio escupiendo las palabras con los ojos llorosos.

-Por favor! No me has dado razones para tenerte lástima.

-Y entonces? Por qué…?

-Deja de creer que tengo dobles intenciones. Solo… déjate llevar por esta noche. –Ok. Declarado. Esa noche ella se iba a trasnochar. –Cierra los ojos. –El obedeció. Hermione pensó en lo que necesitaría. –Ábrelos. –la sala se convirtió en una linda habitación con una cama extremadamente grande, un ventanal que dejaba entrar la luz de la luna, y un relajante olor proveniente de una tina con sales minerales y tónicos, una mesa con comida y un armario de roble.

-Lo sabía. Quieres mi esperma.

-No! –ella rodó los ojos. –Quiero que te relajes. Pero no te acostumbres! No puedo intervenir a cada momento porque tú cabeza-dura-Malfoy no haces caso y te estás dejando morir. –Cómo no acostumbrarse a esa chica? Era tan linda, tan dedicada, tan atenta, tan alegre, tan mujer a su manera… pensó. –Ahora ve a darte un baño. Tómate tu tiempo. –así lo hizo. Al salir, vio a Hermione cabeceando en el sofá con un libro entre manos. Ella se percató de su presencia y se recompuso.

-Tienes mucho sueño. Ve a dormir. –le ordenó el rubio. Las gotas de agua bajaban por su cuerpo desnudo formado por horas de entrenamiento y terminaban desapareciendo en la toalla que le rodeaba la cintura. Hermione estaba roja de la vergüenza o de la excitación?

-No descansaré hasta que tu hagas lo mismo. Y ponte ropa! Estás en frente de una mujer, ten más respeto por tu persona.

-Negarás que te gusta? –ella se quedó callada y él se limitó a reir. Sacó del closet unos pantalones de pijama y se los puso.

-Ponte la camisa…

-Pero…

-La camisa!

-Oook. Pero que mandona. –eran las doce de la noche.

-Ahora vas a cenar.

-Más bien a desayunar.

- Escúchame bien Draco Malfoy, si no te veo mañana a las siete sentado en la mesa comiendo algo, lo vas a lamentar. –el no poder dormir la estaba poniendo de mal humor y no estaba para "bromitas"

-Si quieres irte, hazlo. No tienes por qué estar aquí.

-No quiero irme, no lo haré, deja de insistir en eso. –Su semblante se suavizó. –Vamos. –le tomó de la mano. –Yo tampoco he cenado muy bien. Te acompaño. –ambos se sentaron en la mesa a "cenar". Esperaron unos minutos hablando de cosas sin importancia y se fueron a acostar en la cama tremendamente grande. Hermione estaba muy avergonzada. Pero ella misma había pedido eso porque no se quería despegar de él, quería cuidar sus sueños, asegurarse de que durmiera plenamente. Tal vez suene estúpido o absurdo, puesto que él nunca ha pensado siquiera hacer algo bueno por ella, salvo aquella mañana, no tenía mucha importancia, para todo hay una primera vez… pero Hermione era totalmente diferente a él y con esta acción se lo probaría a los dos. Después de esto, no volverían a estar juntos. Debía ser razonable. En sus manos estaba su destino, nadie podía venir a imponerle uno. Es decir… y si hay otro? Otro mejor? Como si fuese acto del pensamiento; la respiración de Draco se aceleró, empezó a sudar, balbucear y negar con la cabeza. Ella acortó el espacio de un metro que los separaba. Abrió un poco su camisa ya que se la había abotonado al cuello para molestarla.

-Draco, tranquilo. Solo es una pesadilla. Es solo eso. Yo estoy aquí contigo. –dijo mientras lo llenaba de caricias. Estaba angustiada porque sabía que él lo estaba y no quería decirle! Pero mejor así, no? Mejor no involucrarse con él, más de lo que estaba…

-Perdón. –susurró. –No te vayas. –la castaña estaba atónita. –No me dejes, por favor.

-No lo haré, duerme tranquilo. –tomo sus mejillas entre sus manos y lo beso en la frente. El parecía aliviado. Ella se acostó a su lado dejando que la abrazara. Podría ser Draco Malfoy, pero eso no quitaba el hecho de que fuese una persona que necesitaba ayuda.

Hermione (del futuro) se removió intranquila en la cama al captar el recuerdo. Draco, que se adentraba a su mente para velar sus sueños desde aquella vez en que ella cuidó los suyos, se sintió un poco decepcionado. Era cierto. Él no la merecía, en ese entonces. Pues sabía que esas dos personas postradas en la cama no eran las mismas que antes. La castaña se paró alterada de la cama. El rubio sabía dónde iba. Entraron al cuarto de sus hijos y respiraron profundo al verlos tranquilamente dormidos. Hermione miró a Draco con el alma quebrada reflejada en los ojos y dijo:

*Hay que mandarlos al pasado.