El humor de las vampiresas

-….Despeje -aun no reaccionaba. Se aproximaba la última descarga, la última oportunidad. -Despeje! -milagrosamente Scorpius tomó una fuerte bocanada de aire y se incorporó. Draco y Hermione corrieron a abrazarlo.

-Que mierda te da?! Me tenias preocupada! -dijo Hermione tan sobreprotectoramente como siempre.

-No lo sé. Me pasa desde niño.

-Y que? Nunca te llevamos a un médico o algo así? -Draco estaba frustrado. Vio a su hijo a punto de morir y no podía hacer nada, ni siquiera sabía qué pasaba. Tan irresponsable era como padre que no había procurado llevarlo a un buen médico?

-Si, lo hicieron. Fuimos a todas partes del mundo en busca de una solución, pero nadie nos daba una respuesta. Luego, estudiando la medicina muggle, descubriste que tenía algo parecido a la epilepsia. Con la diferencia de que hay magia de por medio. Soy el único mago del mundo mágico registrado con este caso.

-Eso quiere decir que también pierdes el conocimiento? -preguntó la madre analizando la enfermedad. (Epilepsia: enfermedad del sistema nervioso, debida a la aparición de actividad eléctrica anormal en la corteza cerebral, que provoca ataques repentinos caracterizados por convulsiones violentas y pérdida del conocimiento).

-Si. -Hermione lloraba desconsoladamente y lo abrazó nuevamente.

-Lo siento. Es que no me lo esperaba. Eres un chico tan lindo, tan lleno de vida, eres mi hijo y me duele pensar por todo lo que has pasado. Por qué esperaste hasta ahora para decirme una cosa así? Y si te hubiese pasado algo estando solo?

-Papá pensó que era lo mejor. No me dan ataques regularmente y siempre estoy acompañado.

-Bueno. Ya lo pasado, pasado. Ahora lo importante es que no te exaltes mucho. Juegas Quidditch? -decía la enfermera

-Si. Mi condición no me lo ha impedido.

-Bien, si tus métodos son efectivos, es mejor no cambiarlo. Pero te recomiendo que no te esfuerces demasiado por unas semanas y cuides tu alimentación.

-Así será. -contestó Hermione antes de que Scorpius pudiera hablar. El chico a pesar de estar a punto de morir, se sentía mucho mejor y le dieron de alta el mismo día. Sus primos lo esperaban a fuera de la enfermería. Al salir, Mary corrió a sus brazos.

-Que bueno que estés bien! -sus ojos luchaban por no dejar salir lágrimas.

-Podrían darnos un momento a solas? -Scorpius no esperó una respuesta a su pregunta, solo se fue.

-Scorpius… -le llamó su madre.

-Déjalo. -dijo Draco posando un mano sobre su hombro. -Estará bien. Que haga lo que tenga que hacer.

Estaban sentados en las gradas del campo de Quidditch. En silencio. La tensión podía cortarse con un parpadeo.

-Lamento que siempre tengan que aguantar mis ataques. -el chico rompió el silencio.

-No tienes que disculparte.

-Entonces gracias. Por preocuparte por mí.

-Por nada. Somos familia. -a Scorpius se le hizo un nudo en la garganta.

-Y si no lo fuéramos? -dijo a duras penas.

-De qué hablas? -ella intentaba hacer contacto visual; mientras él quería evitar mirar aquellos profundos ojos para no perderse en ellos.

-Y si no fuéramos familia? No tenemos la misma sangre, no somos familia. -levantó la vista. No podía estar un segundo más sin verla. -Pudiera… tener la oportunidad de demostrarte lo que siento por ti?

-No sé cómo puedes sentir ese tipo de cosas por mí. Scorpius, soy un monstruo.

-No digas eso.

-Lo soy. Soy una hibrida, una mezcla.

-Y quién no? El mundo mágico también está lleno de mestizos.

-Pero yo soy rara.

-Eres especial. Al igual que yo. Tienes una manera diferente de ver el mundo y nadie puede comprenderme mejor que tú. Eres única. -el corazón de Mary latía fuerte, Scorpius estaba muy cerca de ella.

-Es que te conozco, porque soy de tú familia.

-No! No es cierto. Además, que importaría? Si el sentimiento es mutuo… -la miró esperanzado, pero por más que esperó no obtuvo respuesta. -Tu silencia lo ha dejado todo muy claro. Espero que algún día puedas amar a alguien como yo te amo a ti. -se levantó de las gradas y se fue. Lejos de su presencia, los dos hicieron lo propio de un corazón partido: llorar en soledad.

En el gran comedor, los Gryffindor trataban de que cierta vampiresa comiera algo.

-Vamos mamá, el pollo está medio crudo, como te gusta. -dijo Rodrigo a la vez preguntándose donde estaría Mary. Genial, tenía que ocuparse de dos vampiresas con humores cambiantes y su padre estaba enojado.

-No me harás comer esa cosa. Se ve asquerosa.

-Peor que lo sirven en el mundo perdido? -susurró James y Harry le dio un codazo.

-Marceline, tienes que comer algo. -la chica seguía negada. Dejaron de insistir.

Ron daba un paseo nocturno por los pasillos. Pensando en que su vida sería un asco. Para empeorar las cosas, vio a Marceline temblando y mirando hacia la ventana. ¿Cómo la podría dejar ahí? Si ella misma se había dejado a su suerte…

-Oye, fea. -no pudo evitar insultarle. Aunque fuese una total mentira, no sería tan bueno con ella. -¿Qué tienes?

-Aléjate de mi niño. -Ron era obstinado, estaba cansado de ella; pero haría lo posible para molestarla.

-Lo haré cuando se me dé la gana, anciana. -la volteó para ver su rostro, estaba pálida. -Te ves mal.

-Largo de aquí! -le gritó tan fuerte como pudo y sacó los colmillos. Pero ya no era cuestión de quién era más fuerte, porque Ron no la dejaría así.

-No me intimidas. Ahora, dejarás de lado tu mal humor y me dirás qué te pasa y en qué puedo hacer para ayudarte.

-Por qué? -sentía que se le iba el aire.

-Porque lo necesitas. -ella lo pensó un momento. No podía enfrentarse a ese mundo sola; pero en vez de buscar aliados, ganaba enemigos. Así que decidió ceder.

-Tengo hambre.

-Es eso? -soltó una carcajada. Ella frunció el ceño. -De acuerdo, yo me pongo así a veces. -dijo con una sonrisa. -Qué comes?

-No es obvio?

-Si, lo siento. Qué pasaría si no te alimentas?

-Buscaría comida donde fuese.

-Mmm… eso no es bueno. -se quitó la capa, desabrochó los primeros botones de su camisa y extendió su cuello. -Soy B+.

-No te morderé.

-La cocina está cerrada, no puedes buscar un animal en el bosque prohibido porque sería peligroso, ésta es la mejor opción.

-No, podrías morir.

-Solo procura no beber toda mi sangre y estaré bien. -ella miró el bocadillo que le estaba ofreciendo. No lo pensó más y clavó sus colmillos, Ron hizo una mueca de dolor. Luego de un rato lo soltó. El pelirrojo estaba mareado, pero no lo dijo. -Mejor?

-Si, gracias. Y… lamento la manera en la que me he comportado. Tengo miedo, sabes?

-De qué? Eres una guerrera.

-Pero solo sé hacer eso, pelear. Nunca conocí a mis padres, aprendí a defenderme y a ser fuerte. Pero no sabría cómo ser madre, ni esposa, mucho menos en un mundo que no es el mío.

-Si no sabes aprenderemos juntos. -le dijo con una sonrisa. -No será fácil, nada en la vida lo es. Pero para que el trayecto sea más ameno, haz lo que haga feliz a tu corazón… que descanses. -se dio la vuelta y se fue a descansar, se sentía muy débil.

Que extraño… una sonrisa apareció en el rostro de la chica. Entonces comprendió, él la hacía feliz.

Hola!

Quiero decirles que me encanta Ron! Y aunque todos los personajes son igual de geniales, no encontré uno que encaje con mi percepción de Ron. Por esto, he creado a Marceline.

Espero que el capítulo haya sido de su agrado.

Bye, hasta el próximo capítulo.