Hola, mis amigos soy Yuzu-chan

El día de hoy les subo una especie de one shot algo por así decirlo, dramático como por también trágico, un AU ambientado en la era Edo, exactamente en la época de la era Tokugawa (1600-1868) donde como era de esperarse nuestra señorita "Indecente" es la protagonista de nuestra historia y claro un ship que nosotros amamos será destruida… Y no es el Nozoeli…

Espero que lo disfruten

Yuzu y fuera

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Umi Sonoda… Puedes ser una samurái todo lo que quieras pero destruir y deshonrar una o dos familias incluyendo la tuya te hace quedar como una mísera cobarde que se aprovechó de mujer ajena, exactamente en algún barrio de la ciudad de Edo, la capital de nuestro amado shogun como su hogar.

La nieve cae a cántaros mientras tú estás mirando en aquel pequeño lago donde de alguna manera a pesar del despiadado invierno que hacía en estos momentos, siempre brilla tu reflejo, tus mejillas empiezan a calentarse quizás en busca de calor para combatir el frío a pesar de que usas tu mejor abrigo y vestuario en esas fechas.

Sueltas un pequeño suspiro , miras un poco el ambiente como la hora, son horas de la tarde a pesar del siempre estático invierno, estás esperando a esa persona que en cualquier momento puede venir, sin importar el tiempo ese oponente vendrá enhorabuena y para eso se debía tener algo de paciencia.

Caminas un poco mientras escuchas el arrullo de fines de año acompañado de los leves sonidos de la urbe de Edo donde se escuchan los cantos de la vendedora de flores como de algunos cantos de los vendedores ambulantes y de carretas yendo de un lado a otro. Notas a la distancia una pequeña sombra que está frente tuyo como si de alguna manera te habría estado observando desde un comienzo, quizás desde que estuviste en este lugar desde hace menos de una hora.

Bajas la mirada y sientes que quieres llorar pero no puedes, de hecho no te permites hacerlo, un samurái no puede actuar de esta manera porque eso conlleva a la debilidad y la debilidad conlleva al deshonor, sabes que esta situación es tu completa culpa porque jugaste con un matrimonio ajeno más con los sentimientos de aquella chica, de tu pajarito, Kotori que fue tu adorada esposa, esposa que cometió seppuku al enterarse de tu magno error como nimia consciencia de tus actos, como samurái soportaste golpes de katana sobre tu cuerpo pero los golpes que tuviste al perder a tu mujer y aparentemente tu prestigio dolían y ardían más que un simple estocada sobre tus carnes, fácil de soportar pero difícil de conllevar y tú bien lo sabes y lo ignoras.

Aquella sombra te clava unos rojos resplandecientes como los de un demonio, tus ojos caramelo no dudan en mostrar temple y valor pero sabes que toda esta situación que está pasando es toda tu culpa, en aquella noche donde hiciste aquel pecado sacrílego como el tan famoso cliché del idiota que se metió con la esposa de su mejor amigo… Quizás esa persona, Yazawa no fue del todo tu mejor amistad pero era tu senpai, era alguien que era mayor que tú y alguien que respetabas y seguías.

Ahora aquello es inexistente y se fue por los suelos, solo hay desprecio, odio y tristeza…

¿Recuerdas cómo empezó todo?

Sí, como no recordarlo…

Era una de aquellas noches donde una mujer de cabellos rojos estaba sola y frustrada pues el amor de su vida estaba en Kyoto atendiendo asuntos personales, habían pasado varios meses desde que no supo nada más de su pretendiente y con ello surgieron problemas en el interior de la atormentada mujer.

Habían varios mejores partidos y entre ellos destacabas tú, Umi Sonoda, sucesora de una familia poderosa, reputación intachable como una de los mejores espadachines de su generación, eras casada con tu amor de la infancia pero eso le valió tan poco para matar la tensión acumulada desde meses y que mejor momento cuando llegaste de enseñar en tu dojo.

Las horas de la noche pasaron desde una simple bienvenida de dos personas que se respetaban y se querían hasta que las botellas de sake se dispersaron por el suelo dando un espectáculo de dos ebrios sin cerebro que celebraban por una razón extraña, extraña razón que no existía pues el jolgorio y la fiesta digna de tu época en que viven dominaban sus mentes.

Pasaron la noche juntos, quizás valía la pena estar con la mujer de tu senpai pues su belleza como inteligencia te dejaban muy maravillada como también su apariencia, cabello rojo como el fuego, ojos morados como algunas variantes de la noche y esa mirada que más parecía una encarnación animal tallada de acuerdo a la apariencia humana.

Aquella noche no fue el comienzo real, de esa noche fueron muchas más y era de aquellas relaciones que lograban estar en la clandestinidad con gran éxito pero que luego de un tiempo donde las horas eran días y los días eran meses ya estaban al descubierto.

De pronto alguien irrumpe a tu persona, es una pequeña chica pelirroja de tono vino y ojos dorados brillantes y de hermosa piel, la pequeña está inclinándose y sosteniéndose de sus rodillas mientras respira agitadamente como si hubiese corrido toda su vida hasta dar con su ama.

-¿Qué pasa Riko? Hoy llegas temprano- Preguntas mientras la pequeña aludida levanta su vista y se nota que estaba con una pequeña mirada de preocupación

-Eh... Ah... ¡Umi-sama!- La pequeña alza la mirada algo temerosa- Quería verla lo más rápido posible

-¿Es por eso que corriste todo el camino hasta aquí?

-Es para decirle que Yazawa-san la espera en el camino secreto del cementerio

-Ya veo…- Ves nuevamente a esa sombra de ojos de sangre- Dile que acepto su reto

-Hai…- La pequeña sirviente asiente y decide cumplir tu orden, quizás la última porque posiblemente Riko al perderte se volvería en una vulgar ronin, una vagabunda sin señor que terminaría siendo una criminal sin tener a alguien a quien servir pero habría la pequeña esperanza de que alguien la adoptaría a su servicio pero… Viniendo de alguien con ahora una mala reputación eso era muy dudable, una verdadera pena y tristeza por una pequeña que no tenía nada que ver pero la reputación familiar depende de tus acciones que definen si eres o no un samurái.

Sin duda alguna fuiste alguien deleznable Sonoda

Miras detenidamente a quien podría ser tu verduga o quizás la persona a quien matarías, tal como se esperaba de Yazawa que su mirada juvenil seguía perenne pero había una pequeña cicatriz en la mejilla izquierda posible hecha en su viaje a Kyoto o en algún otro duelo anterior pero se notaba que se veía como un samurái de antaño, un destajador, un hitokiri en todo su esplendor.

También de aquello recuerdas algunas que otras noches idílicas donde esa mujer no dejaba plasmarte tu esencia de mujer sobre la tuya, la de otra mujer… Tú como Maki como se llamaba esa mujer trataban de lidiar si había alguien por ahí, no había nadie alrededor en el dojo por lo que una vez más decidieron dar riendas a lo suyo.

Fueron a la habitación matrimonial donde más de una vez hicieron su sacrilegio y una vez comprobaste la belleza de esa mujer tan singular y tan curiosa, la mezcla perfecta entre un demonio, un animal y un humano.

No importaba las veces que se veían y saciaban sus necesidades en las sombras, tal como esperabas de Maki… Eso pelo rojo cobrizo hasta los hombros, esos ojos brillantes como las noches extrañas de los festivales, esa piel blanca y suave como la crema e incluso la suave sensación de sus labios al basárseles, todas esas cosas te hechizaban cada noche y cada rato…

Pero sin embargo esas veces dolían mucho… Actuabas algo fría ante Kotori quien pensaba que las ocupaciones en el dojo como en el buró político donde estabas, en la bakufu, te dejaban con menos tiempo libre y aquello era comprensible, bueno eso ella creía antes de revelarse aquello y en eso al menos te sentías algo segura sabiendo del precio que estarías pagando.

Y ahora era aquella noche… Tú y Maki estaban en el aposento matrimonial, tu aposento que por legalidad se debía compartir con Kotori pero preferiste hacer caso más a tu lujuria que a tu raciocinio, sus cuerpos estaban desnudos pero ocultos bajo las telas del futon mientras no dejaban de unirse sus esencias, la pelirroja disfrutaba más de tu acercamiento dentro de sus entrañas, se sentía bastante a gusto de esa manera.

No había nada sucio ni lo estaban haciendo, de eso tú y ella estaban bastante seguras, eso creían… Hasta que llegó aquello donde tu esposa llegó acompañada de la pequeña pero servicial senpai que había llegado de la capital del cielo pero se topó con la peligris que trabaja en costurera en sus ratos libres a lo que decidieron de paso saludarte y luego que Yazawa fuera a su dulce hogar con Maki.

Pero después el triste escenario cuando tu esposa notó tu breve ausencia en la sala a lo que subió al cuarto y para su sorpresa una espalda femenina estaba de pie en el futón mientras algo en su alma se estaba estrujando, tu nombre fue gritado con destrozo a lo que atendiste a ese lúgubre llamado, notaste que era tu amada esposa, tu pajarito que ya estaba herido de muerte.

Sus hermosos ojos dorados estaban siendo traicionados, las saladas mojaban sus mejillas, su mirada estaba confundida mientras que aquella sonrisa que en algún tiempo amabas y jurabas proteger se había borrado y de tu querida senpai ni se diga pues desde muy joven la tuvo muy difícil para lograr el status en el que estaba y Maki como su corazón era un motivo para lograr una vida respetable como samurái y todo destrozado a sus espaldas.

Kotori era una mujer tierna, pura e inocente y tú con tus necesidades vanas la hiciste quitarse la vida… Fuiste una persona sucia y ahora probablemente hoy lo pagues con tu vida. Ella era tu persona especial y juraste estar hasta el final, todo marchaba bien pero las cosas pasan y sus consecuencias le siguen.

Sin pensar más en el asunto decides irte no sin antes echar una mirada a lo que posiblemente sea uno de los últimos lugares que veas en vida con tintes románticos, como olvidar aquel lugar donde en más de una ocasión ibas a atender tus asuntos familiares y tu Kotori, tu amada esposa te abrazaba preocupada por tu porvenir pues la vida de alguien de buen estrato social estaba en peligro pues los hitokiri, ronin y yakuza estaban a la vuelta de la esquina pero siempre respondías sincera aunque algo incómoda como ruborizada que estarías bien y tal como decías siempre regresabas sana y salva.

Ahora ya es hora de la partida posiblemente al cielo o quizás al infierno, quizás quieres alcanzar hacia donde está tu amado pajarito pero al final de cuentas terminarán separándose eternamente quizás hasta que existiese la otra vida o quizás nunca se hará realidad aquel reencuentro. Como sea, tienes que atender el asunto a lo que ya sabes el sitio.

La sombra femenina de ojos rojos porta un haori y hakama de color negro, de hecho todo su ropaje es oscuro y su rostro estaba medio oculto por un gorro ancho de paja. La susodicha da los primeros pasos para dirigirse al lugar del encuentro y tú la sigues a posteriori de hecho el camino va directo a un respetable como algo concurrido barrio de Edo.

Las dos duelistas se dirigen tal como dijo la pequeña Riko hace unos momentos, el cementerio, tu posible morada final rodeado de tumbas en demasía donde tristemente no estarás junto a tu gran amor mientras que Yazawa mantiene la mirada fija hacia el trayecto que debe seguir hasta dar con el paradero del enfrentamiento. Después de haber pasado todo el panteón van por un sendero rodeado de grandes árboles cuyas hojas están cubiertas de blanca nieve hasta dar con un posible lote baldío de abundante nieve junto a unos pocos faroles, el viento invernal mueve el ambiente imaginario que tiene la dicha de ser testigo de que una vida más se vaya en estos tiempos donde la espada es el diario vivir y la sangre es la cuota de ello y el cielo ahora era gris y triste anunciando el cruel e indolente suceso.

El único lenguaje existente es el sonido del viento que movía los grandes campos mientras los dos oponentes están a una distancia prudencial, caramelos y carmines se miran queriendo dar comienzo al enfrentamiento, el primero en dar el primer paso es Yazawa que saca toda su arma, desenvaina el objeto y tira su vaina al piso, su filo estaba cubierto de rojo punzó, no es necesario decir algo al respecto pues ya es de saberse quien fue la desdichada víctima de su ataque anterior.

Sacas el arma al instante y ambas proceden a andar de manera lenta manteniendo el arma sola con su sola mano derecha, tu senpai la mantiene alzada mientras tú la mantienes sobre el suelo hasta que finalmente se posicionan en chudan, posición común fija con la espada apuntando a la garganta de la contraria, los brazos flexionados, los pies estando paralelos manteniéndose un ancho, el pie izquierdo mientras te quedas firme, la típica guardia común donde encuentras el equilibrio entre el ataque y la defensa.

Primer golpe, ambos filos chocan haciendo ese sonido fuerte y metalico bastante característico y luego se apartan de un liguero brinco pero sin perder el enfoque fijo, Yazawa lleva el filo a la derecha manteniendo la guardia chodan aunque bajando al estomago pues cree que un golpe en el pecho usando una trayectoria le podría conclusión pero tú mantienes esa posición común.

La mayor se lanza de lleno pero evades al instante y luego bloqueas un golpe, una vez se ponen en guardia cambiando sus posiciones, mantienes tu arma solo con tu diestra mientras afianza la zurda en la vaina, tu senpai mantiene el filo alzado con ambas manos calculando sus movimientos y en menos de nada las estocadas, las carreras por todo el lugar, la velocidad, reflejos y esquives se hacen presentes en medio del desolado panorama blanco.

Luego de unas rondas de golpes bien leídos como inútiles ahora están en lo que podía ser el último round, Yazawa ahora alza la katana con ambas manos apoyándose sobre su cabeza dándole un gran aire de completa mientras que tú ahora estás con los brazos extendidos haciéndote una forma en cruz que no duda en intimidar un poco hasta que emprenden otros golpes, la manga derecha de tu gi está rota pero no hay herida parcial en tu brazo.

Sigues ahí estando en guardia pero ahora haces una X con tus brazos mientras que Yazawa ahora está adelantando el pie izquierdo mientras que sus brazos empueñan el arma blanca cuya brillante hoja está sobre el costado izquierdo, no pasan varios segundos cuando se lanza al ataque pero la evades y un choque más suena.

El filo de tu espada se parte y la primera mitad cae sobre la nieve, tienes que recurrir a la wakizashi para tratar de dar ataques rapidos y lo bastante ingeniosos para dar a tu adversaria pero es inútil completamente, ya has dado el primer paso a tu final. Ahora es tu querida senpai que hace una X con sus brazos caminando lentamente como si estuviese anunciando a cada paso que tu fin ha llegado mientras te afianzas con la wakizashi.

Ambas se lanzan al ataque al instante, el famoso cliché de ataque mortal al último minuto hasta que ahora en menos de un minuto ambas están de pie a la espalda de la otra dejando con la incertidumbre de quien gana y quien cae.

En el frío invierno se escucharon sonidos leves de un peso cayendo al suelo y luego el sonido se hizo más fuerte como si una nevada acudiese para ver el espectáculo dantesco y que alguna manera borrarlo, mientras que en el lugar habían tres armas blancas, dos caídas sobre el frío suelo a una distancia enorme, unos hilos rojos que manchaban el blanco escarchado y sobretodo dos bultos apartados que resaltaban en aquel solitario lugar.

Hasta la fecha no se sabe si dos personas que fueron a un duelo ese día desaparecieron o murieron ahí mismo…