La academia Umbrella jamás volvió a saber nada acerca de Klaus. Todos tenían la certeza de que había huido con la intensión de no regresar jamás, al menos mientras Sr. Reginald Hargreeves aún habitara esa casa; por lo tanto nadie se preocupó ni lo juzgó por ello. Al contrario, la repentina fuga de Klaus había inspirado a sus hermanos y los siguientes en seguir su ejemplo fueron Luther y Allison, quienes escaparon para tener la libertad de estar juntos, para así poder ser libres de amarse sin temor al castigo de su padre o a la burla de sus hermanos. Ambos se casaron poco tiempo después, sin avisar a su padre, sin una invitación para sus hermanos, todo en completo secreto.

El siguiente en marcharse fue Diego. Su deseo de hacer el bien y obtener justicia lo llevó a formarse en la academia de policía, deseoso de usar su poder para atrapar a los malos… y así lo hizo durante mucho tiempo, hasta que sus malas decisiones lo guiaron hacia su despido, aun así, continuó haciendo justica por su propia cuenta.

Número Cinco fue el siguiente; sorprendentemente el líder del equipo no fue el último en abandonar la academia. Durante los últimos años, las discusiones con su padre se hicieron más frecuentes, puesto que Cinco continuamente desobedecía sus órdenes y desafiaba al hombre sin mostrar una pizca de temor o respeto. Aunque ambos luchaban por un mismo objetivo, Cinco desaprobaba los métodos de su padre, lo cual les impidió seguir trabajando juntos como un equipo.

Al dejar la academia, Cinco fue reclutado por la Comisión, donde continúo luchando por sus ideales desde una perspectiva diferente, aun buscando proteger la línea de tiempo y evitar el apocalipsis a toda costa, pero esta vez con un cuerpo adulto y un mayor dominio de su poder.

Finalmente solo quedaban Vanya y Ben, era de esperarse ya que Vanya siempre había sido la favorita de Papá, y Ben nunca se hubiera permitido dejarla por su cuenta sin nadie que pudiera cubrir su espalda, sin embargo con el tiempo logró convencerla de dejar la academia a su lado. Lo cierto era que Ben odiaba su poder, odiaba al monstruo que habitaba dentro de su cuerpo y haría cualquier cosa con tal de no tener que volver a usarlo; por otro lado Vanya sentía que su poder era lo único que la hacía especial y temía salir al mundo real y convertirse en una chica ordinaria, pero estaba dispuesta a intentarlo por Ben y por el bien de su cordura.

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Ryan acostumbraba llevar el periódico todos los días, le gustaba leer los titulares y llenar los pasatiempos, pero Klaus pocas veces sentía interés por este, en su lugar prefería ver la televisión. Le gustaban las telenovelas cursis, aquellas donde las chicas pobres y desamparadas se topaban de repente con el amor de su vida, a veces incluso derramaba un par de lágrimas conmovidas, motivo por el cual Ryan solía burlarse de él ¿pero qué podía comprender un tipo superficial como Ryan?

Sin embargo, esa tarde Klaus estaba sentado en las escaleras del sucio complejo de apartamentos que usaba Ryan para hacer dinero y donde solían vivir ahora, sosteniendo el periódico en sus manos, pues en primera plana estaba Diego, siendo entrevistado tras haber ayudado a resolver un crimen bastante complejo. Estaba acostumbrado a ver la cara de Allison y Luther en las revistas de moda, por eso siempre hacía que Ryan las comprara para él, pero era la primera vez que veía a Diego desde que había dejado la academia y en verdad le alegraba ver que sus hermanos fueran felices y estuviesen viviendo como es correcto.

- Te traje un poco de café – levantó la vista del periódico para encontrarse con la dulce sonrisa de un hombre joven más o menos de su edad, quien tomó asiento a su lado en el mismo escalón.

- Oh gracias, Gabe – respondió Klaus, tomando la taza humeante en sus manos – aunque probablemente necesite algo más fuerte para pasar la noche.

La dulce sonrisa de Gabe desapareció, transformándose en una mirada de tristeza, haciéndole sentir ligeramente mal por ello. Sabía que el joven odiaba el hecho de que consumiera drogas y Klaus siempre odiaba ver una mirada triste en su bonito rostro, aunque no pudiese hacer mucho para remediarlo. Gabe era su compañero de trabajo, otra de las putas de Ryan, sin embargo era muy diferente al resto; era dulce, gentil y con un gran corazón, no era nada extraño que Klaus hubiese llegado a desarrollar fuertes sentimientos por él.

- ¿Estás leyendo el periódico? Pensé que preferías no enterarte de "las banalidades del mundo exterior" – dijo citando las propias palabras de Klaus en una torpe imitación.

- Lo sé, el mundo es una mierda, pero ¿ves a este tipo con cara de idiota? – dijo señalando la foto de Diego quien fingía una expresión desafiante en un intento por parecer interesante – es mi hermano – se encontró diciendo con orgullo.

- Impresionante – respondió Gabe tras leer el titular, con aquella sonrisa que siempre lograba cautivarlo – perdona que te lo pregunte, pero si tienes un hermano como él ¿Qué estás haciendo en un sitio como este?

- Quizás no heredé los mejores genes de la familia, él es el fuerte y listo, yo sólo soy el guapo.

- Sabes a qué me refiero – respondió Gabe, suplicándole con la mirada que hablase en serio por una vez en su vida.

Klaus sonrió con tristeza y cerró el periódico abruptamente, incapaz de seguir observando la fotografía de su hermano – ha pasado más de una década desde que nos vimos, es probable que ni siquiera me recuerde.

- Deberías buscarlo, esta no es vida para ti, Klaus, mereces algo mejor.

No es cierto – pensó con desilusión, en realidad merecía esa vida, había sido su elección después de todo.

- Probablemente no acepte lo que soy, ya sabes, Diego siempre ha sido el correcto. Recuerdo que sus ojos se abrieron como pelotas de pingpong cuando encontró una bolsita de marihuana oculta en mi habitación. Así que prefiero evitarnos a ambos ese momento incómodo.

- No lo sabrás si no lo intentas. Sé que no eres feliz con Ryan, es un idiota, no entiendo cómo ha podido tener la suerte de tenerte.

Klaus sonrió con ternura antes de posar su mano delicadamente en la mejilla de Gabe – yo soy quien tiene suerte de tenerte. Por favor, por favor, no nos pongamos melancólicos ahora, vamos a divertirnos antes del trabajo ¿eh? ¿Qué dices?

Gabe pareció dudar por un instante, más luego sonrió con picardía, tomado la mano de Klaus en las suyas y guiándolo apresuradamente hacia el viejo club de la esquina, donde cada noche solían acudir en busca de clientes. No les importó en lo más mínimo las miradas extrañas de la gente, esa noche eran sólo ellos dos, los demás podrían irse al carajo.

Bebieron una copa tras otra mientras hablaban de asuntos triviales, como si fuesen simplemente un par de amigos pasando un buen rato y en algún momento de la noche, Klaus arrastró a Gabe hacia la pista, por lo que ambos terminaron moviéndose torpemente y burlándose de los movimientos del otro. Para la tercera canción y la quinta copa, sus cuerpos comenzaron a atraerse como imanes, comenzaron a bailar de manera mucho más provocativa, rozando sus cuerpos lentamente al ritmo de la música y pronto el deseo comenzó a emanar de sus poros. Ya no reían, ya no gritaban, sus ojos se hallaban fijos en los labios del otro.

Incapaz de contenerse, los labios de Klaus se unieron con los de Gabe en el beso más puro y casto que hubiese recibido jamás, pero al mismo tiempo el más lujurioso que le hubiese dado a cualquier hombre. Embriagado por el deseo, terminó esa noche en la habitación de Gabe, enredado entre sus sábanas sucias, arañando su espalda, gimiendo de placer, el cual experimentaba por primera vez en su vida. Estaba acostumbrado a dormir con hombres desde los 16, pero por primera vez lo hacía con alguien a quien verdaderamente amaba y esta vez lo estaba disfrutando como nunca.

- Te amo, Gabe – susurró aturdido en medio de la noche, pensando que el otro ya se habría quedado dormido.

- También te amo, Klaus – respondió entre sueños, abrazándolo con más fuerza y Klaus se permitió sentirse seguro en sus brazos, quedándose dormido al instante.

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Esa noche durmió mejor que nunca, por primera vez sin rastro de pesadillas, sin recuerdos de fantasmas gritando su nombre o del frio del mausoleo; sin embargo la mañana siguiente le apartó bruscamente de los brazos de Gabe.

La puerta se abrió abruptamente dándole apenas tiempo a ambos de cubrir sus cuerpos desnudos con las sábanas.

- Con que aquí estás pedazo de basura – gritó Ryan con furia, haciendo estremecer a ambos al verse descubiertos- ¿En qué demonios estaban pensando cuando decidieron fugarse en medio de un día de trabajo? ¿creen que para eso les pago?

Pero la furia en los ojos de Ryan indicaba que el problema iba más allá del dinero, había celos en su mirada y el rastro de un orgullo herido, sin embargo Gabe no pareció captarlo.

- Lo siento mucho, Señor, es mi culpa, le prometo que repararé el daño, recuperaré el dinero que ambos perdimos anoche – dijo Gabe procurando sonar tranquilo.

El rostro del hombre enrojeció con furia asesina y dio un paso hacia adelante, Klaus pudo ver los puños apretados a sus costados y el deseo homicida en sus ojos, así que corrió para interponerse en el camino de Ryan, luchando con las sábanas que había enredado torpemente alrededor de sus caderas y posando una mano temblorosa en su pecho.

- Por favor, Ryan, no hagas esto – Había en su mirada una amenaza tácita de abandonarlo, lo cual el hombre pareció comprender.

- Bien, trabajarás el doble las próximas semanas y me quedaré con el 100% de lo que ganes – dijo dirigiéndose a Gabe - Y si vuelves a poner tus manos sobre Klaus, te juro que no voy a despedirte...voy a matarte.

Gabe asintió con vehemencia y Klaus simplemente enmudeció, con sus ojos verdes fijos en Gabe, ofreciendo una disculpa silenciosa mientras se dejaba arrastrar por el hombre de regreso a su habitación, la cual estaba apenas a unos cuantos metros de distancia en el pasillo. La demás prostitutas asomaron sus cabezas entrometidas por las puertas, compartiendo risitas entre ellas, pero Klaus ni siquiera se percató de ello, simplemente luchó contra el fuerte agarre de Ryan, quien le obligó a entrar de un empujón.

- ¿En qué demonios estabas pensando, Klaus? – La mirada de Ryan lucía herida y decepcionada mucho más que enojada – te he dado todo, he hecho todo para que estés bien y en cuanto me doy la vuelta, vas y te revuelcas con otro.

- Es lo que hago todo el tiempo, para eso me pagas – respondió, encogiéndose de hombros. No vio venir el puño de Ryan que repentinamente conectó con su rostro en una bofetada.

Cayó sobre la cama, sintiendo la sangre rodar por su barbilla y su labio inferior palpitar con fuerza. Se llevó una mano temblorosa al lugar de la herida, viendo sus dedos mancharse de sangre.

- No te atrevas a comparar tu infidelidad con el trabajo.

- Tal vez odie este maldito trabajo de mierda – escupió mirando a Ryan con furia.

- Pues es el único que tienes. Espero que sea la última vez que te vea con ese imbécil.

Sintió su corazón romperse en mil pedazos al pensar en la idea de no volver a ver a Gabe nunca más, pero al final tuvo que tragarse su orgullo y asentir.

- Por cierto, te traje tu estúpida revista – dijo Ryan, arrojando bruscamente un volumen arrugado en la cama frente a los ojos de Klaus, antes de ponerse su abrigo y marcharse, dando un portazo al salir.

El rostro de Allison y Luther en la portada llamó su atención al instante y una sonrisa nostálgica escapó de sus labios heridos. Pasó con cariño los dedos temblorosos y ensangrentados por el rostro sonriente de ambos, hasta que vio las letras pequeñas que hablaban acerca de su divorcio y la débil sonrisa en su rostro se desvaneció.