Entró en la cafetería de la esquina, bostezando y arrastrando los pies con desgano. Tomó asiento en la barra cerca a la televisión que reproducía las noticias del día a un volumen tolerable y ordenó un capuchino con crema batida. Era casi de noche, ya el sol comenzaba a ocultarse y se suponía que debía estar preparándose para recibir una larga fila de clientes, pero realmente necesitaba poner algo en su estómago que no fuera drogas o alcohol. Se dijo a sí mismo que sólo haría una pequeña pausa antes de comenzar una ardua jornada de trabajo, sin embargo, no tenía el más mínimo deseo de levantarse de su lugar en la barra. Cada día se estaba convirtiendo en una pesadilla y cada noche odiaba un poco más a Ryan. Había pensado que podía soportar esa vida, pero sólo ahora era consciente de que Gabe era lo único que lo motivaba a levantarse en las mañanas.
Alguien tomó asiento a su lado, ordenando un café cargado y Klaus reconoció la voz de inmediato. Como si lo hubiese invocado con el pensamiento, allí a su lado se hallaba Gabe, haciendo que el corazón de Klaus saltara con fuerza dentro de su pecho, con alegría y temor a la vez, pues había pasado un largo tiempo sin verle y no había nada que deseara más que poder hablar con él aunque fuese sólo un instante, pero temía lo que Ryan pudiese hacerles a ambos si se enteraba de su reunión.
- Gabe ¿qué estás haciendo aquí? Ryan va a matarnos si se entera – dijo en voz baja, como si Ryan estuviese escuchando escondido tras la barra.
- Tenía que verte, Klaus, no soportaba un instante más sin verte.
Aunque aquellas palabras llenaban su pecho de calor, no podía darse el lujo de bajar la guardia. Miró a todos lados, inspeccionando el lugar con desconfianza y tomó a Gabe de la mano para arrastrarlo hacia el baño.
Si bien su intención inicial había sido sólo platicar, no se sorprendió cuando en lugar de ello sus labios se unieron en un beso salvaje, como si estuviese muriendo de sed y aquellos labios fuesen la única fuente de agua pura. Sin darse cuenta, en cuestión de segundos había perdido sus pantalones y ahora se hallaba de cara contra la fría pared, con los ojos cerrados, gritando el nombre de Gabe, gimiendo de placer ante cada embestida, sintiendo los labios de Gabe besar su cuello y sus hombros, mientras su manos acariciaban todo su cuerpo haciéndole enloquecer, borrando de repente todas las preocupaciones en su mente. Se le ocurrió que si realmente existiera el cielo, era así como debería sentirse.
.
Regresaron a sus asientos en la barra, fingiendo que nada había ocurrido en aquel estrecho lugar y continuaron disfrutando de las bebidas que hacía mucho tiempo se habían enfriado, compartiendo miradas secretas de vez en cuando.
- Deberíamos escapar – dijo Klaus de repente – escapa conmigo, Gabe.
Los ojos azul marino del joven se posaron en Klaus con sorpresa y pareció considerar la idea unos instantes antes de responder dudoso.
- ¿Y a dónde iríamos? No tenemos dinero, no tenemos un lugar donde quedarnos, además, Ryan nos encontrará tarde o temprano y va a matarnos a ambos.
- Por favor, Gabe, no soporto a Ryan, no soporto sus asquerosas manos de cerdo sobre mí, no quiero tener que volver a compartir la cama con ese imbécil. No soportaré un segundo más si no puedo verte – intentó con su mirada de cachorro, pero no pareció tener efecto sobre el otro.
- Klaus, te amo y sabes que haría cualquier cosa por ti, pero necesito el dinero, mi tío está enfermo, está muriendo y bien sabes que es la única familia que me queda. En cambio tú tienes una familia, deberías…
Klaus dejó de prestar atención a sus palabras cuando en la televisión escuchó el nombre de Sir. Reginald Hargreeves. Sus alarmas internas se encendieron y su atención se centró en la televisión. Saltó de su asiento en la barra para subir el volumen del viejo aparato ignorando las protestas del camarero.
Sintió su mundo tornarse frío, parecía imposible lo que acababa de oír, casi podía recordar los gritos de su padre y sus duras palabras como si hubiese sido ayer. Había creído al hombre un ser invulnerable y mucho menos humano.
Sintió una cálida mano posarse en su hombro y se dio la vuelta para encontrarse con la mirada preocupada de Gabe – Klaus ¿estás bien? ¿Sucede algo?
- Es mi padre, está muerto.
Todo su cuerpo comenzó a temblar de repente, no sabía qué hacer, probablemente sus hermanos estarían reunidos en aquel momento, preparándose para el funeral y quería estar allí, más que nadie quería estar allí, pero Ryan jamás lo comprendería.
- Lo lamento – le dijo Gabe con sincera tristeza.
- Yo no – admitió – era un maldito sádico.
Gabe levantó las cejas con asombro, no era usual escuchar hablar de esa manera acerca de los muertos, más no le juzgo por ello; aunque Klaus nunca hablaba acerca de su familia, comprendió que debía tener sus razones para haber odiado a su padre.
- Sin embargo tienes que ir, tienes que volver a casa con tus hermanos.
Hubo un largo silencio antes de que Klaus volviese a hablar – ven conmigo, no puedo enfrentarme a ellos yo solo.
- Sí puedes. Si ellos en verdad te conocen, si en verdad ven lo que yo veo, estoy seguro de que deben amarte y que estarán ansiosos por verte.
- No puedo dejarte aquí, Gabe.
- Sólo serán un par de días, iré a buscarte en cuanto pueda, te lo prometo.
Klaus le miró dudoso, sus ojos verdes brillando con preocupación y sus cejas pobladas arqueadas en su frente, sin embargo se vio obligado a ceder al fin - De acuerdo, más te vale no romper esa promesa.
Gabe asintió y le ofreció una sonrisa que intentaba ocultar toda su angustia e incertidumbre, pero Klaus lo conocía mejor. No obstante optó por no presionarlo y en su lugar le obsequió un apasionado beso de despedida, no queriendo separarse nunca, queriendo conservar el sabor de los labios de Gabe durante los próximos días. Se olvidaron por un instante del resto del mundo, de las personas en la cafetería que con ternura o desagrado veían la escena, y hubiesen querido decir que no les importaba en absoluto sus miradas, pero ahora mismo era demasiado arriesgado para ambos permanecer juntos y expuestos demasiado tiempo, así que Klaus en contra de su voluntad tuvo que separarse antes de huir corriendo y desaparecer en la oscuridad de la noche.
