Disclaimer; Todos los personajes y el ambiente de éste fic, pertenecen al universo de J.K Rowling.

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Capítulo uno; Celos.

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Sobre el andén nueve y tres cuartos, se encontraban Blaise, Draco, Pansy y Theodore Nott, quienes se burlaban a cierta distancia, del nuevo corte de pelo de Neville Longbottom. El chico trataba de aplastarse el pelo ralo y recién cortado, con una mano, mientras intentaba evitar sin éxito que Trevor se le escapara de la otra. Su abuela meneaba la cabeza en gesto negativo, dedicándole una de sus típicas miradas severas. De repente Trevor saltó libre de su mano en la dirección opuesta al tren, Neville se apresuró a atraparlo pero tropezó con su baúl de viaje y calló al suelo, estrepitosamente.

—¡Pero qué chico más torpe! —se quejó con molestia, la abuela de Neville.

Blaise, Pansy y Theo se desternillaban de la risa, Draco observaba la escena con una sonrisa de medio lado y poco Interés, hasta que Pansy notó que su cara cambiaba de repente. Hermione Granger se acercó a Neville y lo ayudó a levantarse. Por las carcajadas de los Slytherins se había dado cuenta de lo ocurrido. Neville se apresuró a despedirse de su abuela para poder subir el baúl con Hermione, y cuando pasaron junto a los cuatro, les dedicó una mirada rencorosa.

—Sois unos imbéciles —les recriminó ella.

Tanto Theo como Blaise y Pansy, siguieron riendo más a gusto aún, la situación les parecía de lo más cómica, Draco sonreía con sorna, pero se le notaba cierto desagrado en el rostro, como era habitual cada vez que la veía.

Con todos los estudiantes ocupando cada vagón, el Expreso de Hogwarts se puso en marcha rumbo a un nuevo año escolar. Hermione, Harry y Ron hablaban sobre quién sería el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras ése año, todos los años era alguien diferente y corría el rumor de que la asignatura estaba gafada. Ron deseaba con todas sus fuerzas que tuvieran uno o dos profesores provisionales, mientras les explicaba que si no fuera así, el profesor Snape cubriría el puesto. Harry resopló con desagrado, no necesitaba más horas con Snape, la antipatía que existía entre ambos era mutua. El tren traqueteó en una curvatura de las vías, y la puerta se abrió de golpe dejando entrar a Trevor. Harry y Ron lo miraron divertidos.

—¿Otra vez? —rieron atrapando al sapo. Hermione suspiró.

—Se lo llevaré yo… ahora vuelvo.

Salió con Trevor, en las manos y pasó por el vagón en el que estaban las gemelas Patil, que le contaban emocionadas a Lavender, todos los chismes amorosos del colegio, de los que se habían enterado en el verano. Lavender se tapa la boca con una mano y reprimía la risa sin lograrlo.

Los que tampoco reprimían la risa pero sin siquiera intentarlo, eran los del vagón de Draco, que se sentaban justo puerta con puerta. Blaise hacía una parodia de Padma contando el cotilleo, y Theo le seguía el juego parodiando a Lavender. Pansy pataleaba en el suelo agarrándose la barriga, soltando carcajadas. Draco observaba risueño, el paisaje oscurecido a través del cristal de la ventana. No era especialmente dado al humor, pero admitía que aquello no tenía precio, no podía negar que le hacía gracia.

En un instante apareció el reflejo de Hermione, que atravesaba el pasillo. Fue solo un segundo, pero la visión permaneció en su cabeza demasiado tiempo. Se molestó, se disgustó y dejó de mirar, se inclinó un poco hacia Pansy que estaba a su lado, y por un momento echó un vistazo al pasillo. Ella lo contempló extrañada

—¿Qué? —le preguntó. Draco se encogió de hombros.

—Nada.

Pansy giró la cabeza para poder ver lo que había llamado la atención de Draco, en el pasillo. Unos alumnos de primero corrían gritando y riendo delante de un prefecto de quinto, que los regañaba y los instaba a volver a sentarse. Pansy volvió a observar a Draco, que había vuelto a prestar atención a las parodias de sus amigos, y está vez reía con ellos.

Sentado en el gran comedor, como cada año, Draco presenció la nueva selección de los de primero, su aburrimiento y hastío eran evidentes, aplaudía con desgana cada vez que Slytherin obtenía un alumno, pero ya quería que aquella noche acabara, estaba cansado por el viaje y hambriento, se preguntaba si el "pesado del director Dumbledore" daría un discurso corto, para poder cenar e irse a dormir lo antes posible. Tan absorto había estado que no se había dado cuenta de que el banquete de bienvenida, ya estaba engalanando la mesa, con todo tipo de manjares.

—¡Nunca nos dan vino! —se quejó Blaise, agarrando su copa de zumo de calabaza, y mirándola con gesto negativo— ¿¡Por qué nunca nos dan vino!?— preguntó cómo si fuera lo más lógico del mundo.

—No sé… ¿será porque estamos en un colegio, Blaise? —le respondió Pansy, con diversión.

—Pues yo bebo vino todos los días, en mi casa —inquirió haciéndose el ofendido.

—¡Eh, Blaise! —Theo, sentado al lado de Draco, le hizo un gesto para que lo viera, había sacado del interior de su túnica, una petaca de plata con whisky de fuego. Cogió la copa de Blaise, la rellenó generosamente con el whisky, y luego hizo lo mismo con las de Draco, Pansy y la suya propia. Blaise y Theo chocaron las manos y rieron con triunfo.

—¡Te adoro Theo!, ¡eres el mejor! —lo alabó Blaise, alzando su copa para brindar con los tres.

Justo antes de empezar a beber, Theo se sobresaltó sintiendo un pergaminazo en la nuca, que le dejó la piel ardiendo. Snape con rostro malhumorado, los había pillado en una de las tantas faltas graves que había entre las normas del castillo. Con un movimiento de varita, convirtió las bebidas de los cuatro, en agua y en sus platos aparecieron una hoja de lechuga para cada uno.

—¡Ésto será todo por hoy!, ¡y agradezcan que les haya pasado por alto el castigo!— gruñó el profesor.

En la mesa de enfrente, Hermione, Harry y Ron reían de buena gana. Ellos se habían dado cuenta de lo que pasaba en cuanto llegó el profesor Snape a la mesa de los Slytherins. Ron tiraba de la manga de Harry mientras reía a más no poder, Hermione los contemplaba igual de risueña con las cejas arqueadas, con las mejillas rojas, y meneando la cabeza de un lado a otro, sin poder creer que hubieran sido tan bobos.

Draco la miraba, la miraba serio, con una sensación extraña, sabía que era desagrado pero había algo más, era una molestia diferente, una molestia que no entendía, quería gritarle algo, algo que la hiriera, algún defecto físico del que ella pudiera avergonzarse, ¿pero cuál?, observaba su pelo, su rostro, su figura por encima de la mesa, bien oculta por la túnica escolar. A pesar de todo, no encontraba nada y eso lo irritaba todavía más.

—¡Cincuenta puntos menos para Gryffindor! —volvió a gruñir Snape— Así aprenderán… a mantener la vista y los oídos cerrados… a los asuntos ajenos… —terminó de decir arrastrando las palabras, con una leve sonrisa malévola, volviendo a la mesa de los profesores.

Los Slytherins rieron y se burlaron de los Gryffindor, que se quejaban con Harry y Ron, por hacerles empezar el año con puntos de menos.

Draco miró fijamente a Hermione, sonriendo ampliamente, ella le devolvió la mirada disgustada, no cortó el contacto visual, ni él tampoco. Pansy se dio cuenta de lo que pasaba.

—¿Por qué le sonríes a la Sangre Sucia, Draco? —le preguntó molesta, con el ceño fruncido. Draco inmediatamente apartó la vista.

—Solo me hace gracia que Snape le haya quitado puntos.

Las primeras semanas habían empezado duro, tenían tareas de todas las asignaturas, pero estaban felices porque pronto comenzarían las pruebas para seleccionar a los jugadores de Quidditch, y también porque se acercaba el primer fin de semana que tendrían permiso para ir a Hogsmeade. Hermione se pasaba todo el tiempo libre que tenía en la biblioteca, quería terminar los deberes a tiempo para poder tener todo el fin de semana, sin ninguna otra obligación que pasar un buen rato agradable con sus amigos. Tenía claro que sólo si ayudaba a Harry y a Ron, los tres podrían ir juntos, por lo que no le importó hacer las bases de los trabajos, para que ellos tuvieran cierta idea de cómo terminarlos con sus propias lógicas.

A veces se llevaba los libros al comedor. Leía, releía, escribía y corregía sin casi prestar atención a sus comidas, tampoco era consciente de que estaba siendo observada, y menos de la forma tan escrutadora en la que lo hacían.

Cuando llegaron la pruebas de Quidditch, Ron celebró con la casa de Gryffindor que lo habían elegido de golpeador, estaba tan feliz de jugar junto a Harry que ni siquiera las burlas de los Slytherins, lograban opacar su alegría. Sin embargo le extrañaba que Draco ya no se dirigiera tanto a él, sabía que le tenía cierta manía a Hermione, pero de un momento a otro, parecía que era el único objetivo de sus ofensas. A Hermione le gustaba verlos entrenar, ignoraba las mofas de Pansy y Millicent Bulstrode, sentadas a unas gradas de ella. Trataba de concentrarse sólo en el entrenamiento, mientras las otras dos se reían a su costa.

—¡Eh Granger! —le gritó Bulstrode — ¡ya que eres tan lista, podrías enseñarle a tu novio, a mantenerse en la escoba! —. Las dos chicas rieron a carcajadas.

—¿Quién es el novio de la Sangre Sucia? —preguntó Draco, con asco en la cara. Pansy se encogió de hombros.

—No se sabe bien, puede ser la comadreja o el cara rajada, ¡o puede que los dos al mismo tiempo! —Pansy sonrió de oreja a oreja, y esperó divertida a que Draco se uniera a las burlas. Él se miró la mano vendada, si la hubiera tenido bien, tenía claro que los hubiera derribado a ambos, montando en su escoba Nimbus 2021. Sin embargo, Pansy comprobó que la cara de Draco se agriaba.

—Vaya vaya con la mosquita muerta… ¡eh, Sangre Sucia!, ¡hay que tener agallas para mezclarse con la comadreja y con el cara rajada al mismo tiempo!, sabía que no tenías posibilidades con nadie… ¡pero no sabía que fueras una fulana también! —. Hermione se levantó encarándolo.

—¡Lo que yo haga con mi vida no es asunto tuyo, Malfoy!

—Entonces lo admites —Le soltó Millicent, partiéndose de la risa, Pansy también reía pero Draco estaba serio, su semblante había cambiado.

—No merece la pena que pierda un minuto de mi tiempo respondiendo estupideces vuestras —contestó Hermione, que bajó las gradas con rapidez y se encaminó malhumorada al castillo.

Pansy miraba fijamente a Draco, ya eran varias las veces que su actitud Hacia Hermione, la sorprendía.

La ida a Hogsmeade había sido ansiada y largamente esperada por todos los alumnos a los que los habían autorizado padres y tutores. Blaise y Theo se habían adelantado para poder coger sitio en Las Tres Escobas, Pansy y Draco iban unos metros detrás de ellos, conversando sobre los diferentes objetos oscuros, que coleccionaba el padre de Draco. Por su lado vieron pasar a tres figuras abrazadas y contentas, cantando canciones a toda voz. Hermione iba en medio, agarrada de Harry y Ron, que reían e intentaban respirar.

—Repugnante… ¡sólo falta que se deje meter mano! —susurró Draco, más para sí, que para que Pansy lo escuchara. Ella lo observó detalladamente, guardó silencio y siguió caminando cogida de su brazo.

A la mañana siguiente, sentados mientras desayunaban, las lechuzas sobrevolaron a los estudiantes dejándoles caer el correo, Ron abrió su carta y dio un saltito de alegría

—¡Harry!, ¡Hermione!, ¡mis padres os invitan a pasar las navidades en La Madriguera!, ¡van a ser unas vacaciones geniales!

—¡Oh!, ¡estupendo Ronald! —contestó Hermione, entusiasmada —le escribiré a mis padres inmediatamente, para avisarles de que me quedo con vosotros éste año.

—Dale las gracias a tus padres, de mi parte, Ron, estaré encantado de no tener que volver a casa de mis tíos éste año —Repuso Harry, levantando el pulgar y sonriendo.

En la mesa de enfrente, Draco escupió el té, que se estaba tomando.

—¿Todo bien, tío? —preguntó Blaise, dándole palmadas en la espalda. Draco lo apartó de un manotazo y se levantó furioso de la mesa, yendo a su sala común. Blaise también se levantó un tanto preocupado, pero Pansy le hizo un gesto negativo con la cabeza.

—Déjame a mí, Blaise… —Pansy suspiró harta e irritada, y siguió a Draco hasta las mazmorras. Allí lo encontró con una copa de whisky de fuego en una mano, que estrelló contras las maderas de la chimenea encendida.

—¿¡Qué!? —preguntó enfadado, esperando que la chica lo dejara solo. Ella lo contempló seria y con gesto de advertencia.

—Que dejes la obsesión con Granger, Draco… ¡déjalo ya!.

—Estás loca —repuso Draco, a modo de defensa, evitando su mirada inquisidora.

—No estoy loca, Draco, ni tampoco soy estúpida. Y mucho menos, ciega. Pero por lo que veo… ¡tú eres el que se ha vuelto estúpido, ciego y se está volviendo loco!.

—¡No sé de qué estás hablando!

—¡Claro que lo sabes!, Draco… escucha, simplemente… haz un esfuerzo, ¡haz un jodido esfuerzo para recuperar la cordura!. Libera tensiones, aquí tienes decenas de chicas puras, más que dispuestas a ayudarte— él seguía evitando su mirada, ella meneó la cabeza negativamente y salió de la sala común, exasperada.

Las navidades habían pasado lentas y frías, dejando un manto denso y helado de blanca nieve. Los alumnos habían vuelto a Hogwarts, relajados y felices por tener unas merecidas vacaciones. Poco a poco todo volvía a la normalidad, excepto algunas circunstancias que estaban tardando más de lo normal, en habituarse a lo inevitable. Draco había tenido tiempo de pensar y convencerse de lo que le estaba pasando, estaba asustado y furioso consigo mismo por no poder luchar contra lo que sentía, sin embargo se sentía agradecido y asombrado de que su mejor amiga, quien guardaba celosamente su secreto, no lo hubiera abandonado a merced de semejante desgracia. Pansy creía que era un simple encaprichamiento, que tarde o temprano se le iba a pasar, y esperaba que ocurriera lo antes posible, antes de que la propia torpeza de su amigo lo delatara y tuviera serios problemas de verdad. Ella estaba decidida a ayudarlo, lo cubriría y le inventaría excusas convincentes, siempre que hiciera falta. Intentaría pasar a su lado el mayor tiempo posible.

Aunque Draco había aprendido a controlar un poco esos impulsos que lo embargaban, seguía observando a Hermione a escondidas, lo hacía todo lo que podía, pero no había perdido la costumbre de insultar al Trío Dorado, delante de sus amigos, creía que eso ayudaría a no levantar sospechas.

El siguiente fin de semana, después de las vacaciones de Navidad, tuvieron otro permiso para ir a Hogsmeade. Todos estaban contentos menos Draco, que haciendo caso al consejo de Pansy, se quedaría en el castillo. Caminaban tranquilos por uno de los pasillos, charlando sobre lo bien que les había salido el examen de Pociones, cuando sintieron voces alegres, y risas que pasaban justo a su lado.

Pansy se subió a una banqueta ayudada por la mano de Draco, trataba de mantener el equilibrio, poniendo una de sus esbeltas piernas delante de la otra, los dos giraron la cabeza con curiosidad para ver de quiénes se trataba. Draco sonrió amargado, y ella sonrió contemplando la sonrisa de Draco

—Mira Pansy… la Sangre Sucia ha vuelto a desenterrar la cabezota de los libros, y se va ¡otra vez con San Potty y la comadreja!, a Hogsmeade…

—Draco, querido… haz el favor de disimular un poco esos celos, que te has puesto más rojo que un tomate… pronto no podrás seguir fingiendo.