En el que a Yuuki no le gusta que no le presten atención.
El centro de atención
En clase de literatura, cuando estaban leyendo e interpretando un poema que Yuuki no puede recordar de quien era ni como se llamaba ni de que iba, el profesor explicó que la gente era como hojas llevadas por el viento.
Cree que el poema debía ser sobre buscar el significado de la vida, porque recuerda a Kaname explicarle, una revista enrollada en su puño con la que iba pegándole en el brazo, a un ritmo parecido al de los cambios de intensidad con la que iba entonando las frases, un golpe por cada vez que la intensidad llegaba a su punto álgido, que esa era uno de los grandes temas de la literatura
Quizás era un haiku, de esos que a Chizuru le hacían tanta gracia. Se los aprendía de memoria y luego los soltaba en medio de una conversación normal, como si fuera cosa de cada día hablar en verso. Él lo quería hacer parecer profundo, pero Yuuki siempre se burlaba de él y conseguían, entre los dos, hacer reír a todos.
La cosa está en que Yuuki es un poco como esas hojas metafóricas que son movidas y bailotean un poco en el aire. A pesar de todas las veces que alguien ha dicho que Yuuki parece indiferente a la vida que pasa a su alrededor, Yuuki sabe que no es verdad. Por ejemplo, Yuuki es un celoso.
Esa parte de sí mismo la descubrió en la secundaria, cuando le preguntaron si le gustaba alguien y él contestó que sí.
Kaname estaba en la mesa de delante, concentrado en algunos deberes de Presidente de clase o del Consejo de estudiantes que probablemente no le pertenecían a él. Yuuki se aburría, había entrado a la clase con la intención de jugar con su hermano o a burlarse de Kaname, pero sus planes habían sido chafados por la ausencia de Yuuta y por el mismo Kaname, que lo ignoraba.
Estaba hojeando un manga, un shounen que llevaba pocos capítulos publicados y al que Yuuki no veía mucho futuro.
Pensó que las chicas de la clase de su hermano (y de Kaname) eran iguales a las chicas de la su clase. Se acercaron silenciosas a él mientras leía, rojas como tomates y vacilantes y luego le preguntaron sin ningún rodeo si le gustaba alguien.
Yuuki esperaba que le preguntaran quién era la persona que le gustaba, temeroso durante un momento, y vió la espalda de Kaname girarse lentamente por encima de su manga y la ceja levantada de su amigo apareciendo a poco a poco.
Pasó una página de su manga, el protagonista realizando uno de sus ataques especiales, el nombre del ataque ocupando casi media página, y decidió contestar una de las preguntas de las chicas, con la esperanza de que le dejaran.
Miró a una de ellas, bajita, tan roja como las otras, el cabello negro y unas gafas finas decorando su cara:
—En el viaje a Kioto me cogió la mano, —asintió brevemente.
Las chicas se mostraron decepcionadas, Kaname seguía mirándolo, la ceja alzada y el cuerpo medio girado, un brazo apoyado en el respaldo de su silla.
Yuuki giró otra página.
—¿En serio?
Preguntó una de ellas. La atención de Kaname se redirigió hacia ella, entonces, ojos en la chica mientras esta hablaba.
A Yuuki no le dio tiempo a pensar antes de contestar, casi exclamando y la siguiente página todavía sin leer:
—Dos veces.
Fue infantil, pero siempre había sido infantil. Todavía era un niño, como le gustaba decir siempre a su padre, y nunca ha estado seguro de si algún día superará esa parte de sí mismo.
Había pensado en el balanceo de una catana de juguete y en alargar el brazo, medio perdido entre el momento y otros recuerdos parecidos, una mano más pequeña y un paraguas, y volver a la realidad de repente al ser atrapados sus dedos y después su mano. No exactamente en lo que estaban pensando las chicas de la clase de su hermano, pero lo había contado igual.
Esperó a que Kaname dijera algo, a que exclamara incrédulo cuando pasó algo como eso si habían estado casi todo el viaje juntos, pero no lo hizo.
Yuuki volvió a pasar de página, sin leer lo que ponía en las dos últimas y las chicas empezaron a hablar entre ellas, apoyándose en la mesa de al lado.
Kaname volvió a girarse hacia su mesa, a continuar sus deberes, sin hacer ningún comentario, quizás no interesado, entiendiendo la conversación por acabada.
Yuuki volvió dos páginas atrás, a leer lo que se había perdido.
El recuerdo en el que piensa Yuuki sobre las catana es del capítulo 41 del manga.
