Capítulo dos; La Sección Prohibida.
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Draco y Pansy se encontraban en la sala común de Slytherin, terminando un resumen sobre herbología para la profesora Sprout. Estaban cansados, había sido uno de esos agotadores días de exámenes, deberes de todas las asignaturas y entrenamiento de Quidditch.
Draco bostezó estirando los brazos y recostándose cómodamente en el sofá, por unos minutos su mirada quedó clavada en la sinuosa danza de las candelas de la chimenea, que caldeaban toda la estancia, luego la posó en la pluma de Pansy. Aún le quedaban algunos renglones para terminar.
El primer trimestre le había resultado abrumador, a gran diferencia de los años anteriores, Draco fue plenamente consciente de que le había tocado la difícil tarea, de enfrentarse a uno de sus más ocultos y vergonzosos secretos. Podía tratar de engañar a cualquiera, pero era absurdo mentirse a sí mismo. Le gustaba Hermione, le gustaba mucho y se daba cuenta horrorizado, de que cada vez le gustaba más. Había intentado convencerse de que sólo sentía curiosidad por ella, nada que debiera sorprender, sólo una estúpida curiosidad que se le había salido de las manos. Pero era inútil, simple y llanamente la chica le gustaba, la deseaba, deseaba tenerla como nunca en su vida había deseado a nadie.
Sabía que tenía que ser cauteloso, nadie podía enterarse, no podía levantar la más mínima sospecha. Únicamente Pansy sabía su secreto, ella se había hartado de tratar que la olvidara, de todas aquellas formas que se le habían ocurrido. Había buscado información en libros, había preparado pócimas y filtros, que le habían hecho sentir repulsión por ella. Pero todo aquello tenía una duración de tiempo demasiado corta, y luego todo volvía justo al mismo lugar, e incluso a veces, con mayor intensidad. En definitiva nada de éso servía, y al final habían optado por tratar de disimular, lo máximo que les era posible.
Otro problema con el que Draco estaba empezando a lidiar, era la falta de concentración, no lograba concentrarse lo suficiente, varias veces le habían llamado la atención los profesores, y otro tanto lo habían castigado. Aquella situación tan molesta lo tenía amargado e irascible todo el día. Había aprendido a observarla sin ser descubierto, y cuando no la observaba pensaba en ella, en tenerla, en doblegarla, en manipularla. Draco se daba cuenta de que sus pensamientos hacia Hermione, se habían vuelto de un alarmante tinte oscuro. No sabía cómo sentirse al respecto.
—¿En qué piensas? —preguntó Pansy, sin mirarlo, mientras acababa el último párrafo de su pergamino.
—En nada —respondió taciturno.
—Mentiroso… —Alzó la vista y lo contempló muy seria —, sé en lo que estás pensando.
—¿Si lo sabes, para qué preguntas Pansy? —le contestó molesto, levantándose del sofá. Ella recogió los materiales y los guardó en su maletín de cuero. Se desperezó, bostezó y también se levantó alisándose la falda.
—¿Sabes qué?, me parece que tenemos que cambiar de estrategia. No puedes seguir así Draco, pronto la gente se dará cuenta y no me quiero imaginar lo que va a ocurrir.
—¿Y qué sugieres que haga?, ¿me arranco la cabeza? —respondió risueño, ella, también río y puso los ojos en blanco.
—Lo he tenido en cuenta, créeme que me hubiera gustado hacerlo yo misma —suspiró, lo cogió de la mano y lo arrastró de nuevo al sofá —. Dime una cosa… ¿qué es lo que te planteas exactamente con ella?.
—¿Qué quieres decir? —le preguntó extrañado, con el ceño fruncido.
—Vamos Draco… no te hagas el tonto,
—Es que no sé de qué me hablas —Draco empezaba a sentirse muy molesto, no le agradaba tener que exponerse así
—Por supuesto que sabes de qué te hablo —contraatacó ella, con una media sonrisa cínica— te mueres de ganas por darle un buen...
—¿¡Pero qué mierda estás diciendo!? — gritó furioso, tratando de sonar indignado.
—La verdad, Draco… la pura verdad, y tú lo sabes.
Ésta vez no había sonrisa sino puro reproche en su mirada, Draco evitó encararla. No sabía qué debía responder, su amiga tenía toda la razón, por supuesto que deseaba darse el lote con Hermione, eso como mínimo, pero no estaba seguro de que estuviera bien exteriorizar esos pensamientos, aún estando en completa confidencia con su mejor amiga.
—Pansy…
—Si te lo has planteado, y yo estoy segura de que es así, quizá sea la solución que necesitas. —Draco la miró con los ojos desorbitados y la boca abierta. Pansy soltó una carcajada.
—¡Te entrarán moscas, Draco!, cierra la boca. Escucha, creo que puede ser una solución perfecta para que puedas olvidarla de una puñetera vez, ¿me entiendes?, es lo que os pasa siempre a los chicos, cuando no podéis tener a una chica, os obsesionáis con ella tanto, que empezáis a perder la cabeza. Justo lo que no queremos que te pase a ti.
—Pansy, ¿tienes idea de lo que estás diciendo?.
—Líate con ella, desfógate y cuando por fin te hayas saciado y estés tranquilito, verás que no querrás volver ni a oír su nombre en lo que te queda de vida.
—Tú te has vuelto loca —rió Draco, con ironía.
—La deseas, sabes que la desea. Y sólo así lograrás sacarla de tu cabeza —. Draco suspiró perdiendo la paciencia.
—¡Se te olvida la parte en la que ella me odia! —Pansy se encogió de hombros
—Eso no quiere decir que no tenga ojos en la cara, la inmensa mayoría de las chicas del colegio te encuentran atractivo, no tendría porqué ser distinto en ella.
—Es imposible que no me vea cómo a un enemigo, todos sabemos que es una realidad.
—Tantea el terreno, eso se te da muy bien… no pierdes nada con intentarlo —Draco se la quedó mirando sin poder creerse que le fuera a hacer caso.
—¿Y ya está?, ¿así de fácil?, ¿me le acerco y le propongo que nos enrollemos?, ¿qué crees que ocurriría en el… hipotético caso de que acepte?, ¿también has pensado en eso? —preguntó con las cejas alzadas.
—Es evidente que no te lo va a poner fácil, por lógica no te tendría que aceptar de inmediato… a menos que esté tan loca y desesperada como tú… —soltó un par de carcajadas mientras Draco le lanzaba un cojín, que atrapó al vuelo— Sí… querido amigo… creo que vas a tener que allanar el campo primero.
Bajaron a cenar y se sentaron junto a Theo y Blaise, que hablaban animadamente con Crabbe y Goyle. Theo había sacado unos calderos de chocolate y whisky de fuego, comprados en Honeydukes. Pensaba repartirlos para el postre. El profesor Snape miraba a Theo dudando si requisar o no los dulces. Tenían una carga tan mínima de alcohol, que no representaban una verdadera falta a las normas del colegio, pero no era el alcohol lo que había molestado al profesor, sino las continúas veces que pilló al chico, tratando de meter algunas botellas a escondidas, y la falta de preocupación total, a un posible castigo. Se levantó de su asiento dirigiéndose a la mesa de Slytherin, dispuesto a poner fin de una vez por todas, a su descaro y ya de paso haría que sirviera de advertencia para el resto.
—¡Accio calderos de chocolate!
De inmediato, todas las cajas de calderos de chocolate, volaron en un montoncito a sus manos, con un toque de varita las destruyó, haciéndolas desaparecer.
—Señor Nott, como castigo… limpiará y ordenará todos los libros de la sección prohibida de la biblioteca. Hablaré con la señora Pince… para que no ponga objeciones a que esté allí.
—¡Profesor, hay exámenes!, ¡no tengo tiempo, tengo que estudiar! —se quejó Theo, de mal humor.
—Entonces lo hará cada día, cuando acabe de estudiar… —La cara de satisfacción de Snape, era más que notoria. Draco sintió pena por Theo y quiso salir en su ayuda, se le ocurrió que al ser el favorito del jefe de su casa, no lo castigaría.
—Profesor… en realidad fui yo quien repartido los calderos, son míos… no de Nott —comentó Draco, tratando de inculparse, sin embargo Snape sabía lo que estaba haciendo y no lo iba a dejar pasar, ni por Draco ni por nadie, sentía que debía imponerse a los alumnos.
—Entonces el castigo será para usted, señor Malfoy. La próxima vez… no intente cubrir las faltas de sus amigos… sin esperar malas consecuencias.
Toda la mesa de los Gryffindor, que habían estado atentos, rió y Snape les resto treinta puntos a su casa.
—¡Eso es injusto profesor!, ¡usted no puede quitarnos puntos sólo por reír! —argumentó Hermione, con enojo.
—¡Oh!, ¡por supuesto que puedo…!, ¡y además los puedo castigar! —respondió Snape, con una sonrisa.
—¡No puede hacer eso!, ¡no hemos hecho nada! —El profesor Snape se sostuvo la barbilla pensativo, y se quedó en silencio un instante.
—Otros treinta puntos menos para Gryffindor. Y… acompañará usted al señor Malfoy… en la limpieza de los libros de la sección prohibida. Siéntase feliz de tener compañía —Hermione se había quedado lívida, y con la boca abierta.
—¡Pero tenemos exámenes! —gritó frustrada —Snape sonrió aún más.
—Les sugiero que comiencen cuanto antes. De ésa manera… acabarán antes.
Dicho eso y dejando a Hermione alucinada y sin saber qué hacer, se alejó de las mesas de los estudiantes. Pansy se mordió el labio riendo por lo bajo y contemplo a Draco, con las cejas levantadas.
—Qué conveniente… —le susurró ella.
Al día siguiente, después de acabar las clases y de estudiar para los exámenes que tendría, Hermione salió de su sala común para cumplir con su castigo. Aún no era media noche pero se sentía fatigada, si no hubiera discutido con Snape, ya llevaría una hora durmiendo. Recorrió los pasillos solitarios, iluminados por tenues faroles, encontrándose con un par de alumnos que se dirigían a sus dormitorios. Subió las escaleras que llevaban al cuarto piso, y pudo ver en el rellano a Draco, que acaba de llegar, él giró la cabeza un momento, advirtiendo su presencia.
—Granger… —la mencionó con su habitual tono de desagrado. Ella no le contestó, lo adelantó sin mirarlo.
Recorrieron en silencio el tramo de pasillo que los llevaba a la biblioteca. Una vez allí, se encontraron con la señora Pince, que los observaba con absoluto disgusto. Los acompañó a la Sección Prohibida y quitó el cordón de seguridad para que pudieran pasar.
—Escuchadme bien los dos con claridad, voy a daros instrucciones de lo que tenéis que hacer y de cómo lo tenéis que hacer —puntualizó irritada—. No quiero escucharos dar, la más mínima excusa de que tal libro hizo ésto o aquello, ¡es más!, no quiero escucharos ¡ni respirar!. Lo único que tenéis que hacer, es coger un plumero cada uno, sacar un libro de la estantería, pasarle el plumero suavemente por las cubiertas y los bordes, limpiar el hueco en el que se encontraba y volverlo a colocar en su lugar. ¡Únicamente eso!. No toquéis ningún libro que esté marcado como "cubierta viva" esos los pasaréis de largo. Cuando acabéis con las tres primeras estanterías, os podréis marchar. Mañana vendréis a la misma hora y así cada noche, hasta que acabéis el trabajo. El último día nos avisaréis al profesor Snape y a mí, para que podamos cerciorarnos de que habéis cumplido lo que se os ha indicado. Los plumeros los tenéis detrás de mi mesa, dejadlos ahí cuando acabéis.
La señora Pince se marchó cerrando la biblioteca tras ella, y dejándolos casi a oscuras. Hermione soltó un largo suspiro de hastío y buscó el plumero que iba a necesitar. Se acercó a la primera estantería, se puso de puntillas e intentó alcanzar el primer libro, lo intentó varías veces pero se dio cuenta de que estaba demasiado alto. Se sobresaltó al darse cuenta de que Draco estaba detrás de ella, alargó el brazo y alcanzó el libro. Él se lo entregó. Era una sorpresa para ella, que Draco no la hubiera insultado nuevamente como de costumbre, estaba confundida de que además la hubiera ayudado, aunque fuera con algo tan común como pasarle un libro.
—Gracias… —susurró, obligándose a no perder la cortesía.
—Será mejor que yo limpie los que están arriba del todo, tú no llegas, y así acabamos antes —Draco no dejó entrever ninguna expresión en su rostro, pero se estaba divirtiendo de ver a Hermione tan desconcertada.
Limpiaban en silencio libro por libro, saltando de vez en cuando alguno que no debían tocar. Hermione estaba concentrada en lo que hacía perdida en sus propios pensamientos, tanto que contuvo la respiración, por la sorpresa que se llevó al escuchar a Draco
—¿Sales con Potter? —ella se detuvo y giró la cabeza observándolo estupefacta y con la boca abierta. No podía creerse que Draco le estuviera preguntando por su vida privada, como si cualquier cosa.
—¿Cómo? —contestó sonriendo y al mismo tiempo, mostrando su enfado.
—Supuse que no tendrías tan mal gusto de estar saliendo con Weasley —Hermione meneó negativamente la cabeza, sonriendo
—No tendría porqué estar saliendo con ninguno de ellos, y no es asunto tuyo, Malfoy —Draco le restó importancia a sus palabras, e ignoró que en efecto no era un tema de su incumbencia.
—Soló digo que se te ve muy cómoda con ellos, sois la comidilla de las demás casas… —afirmó con desprecio.
—Eso se llama amistad, cosa que seguramente, tú no conoces —Draco alzó las cejas, sonriendo.
—En eso te equivocas, Granger...
—Comprar amigos no es lo mismo que tener amigos —A Hermione empezaba agradarle, soltar algunos comentarios que pensaba que enfadarían a Draco, se estaba animando.
—¿Y tú crees que Potty y la comadreja están contigo por lo interesante que eres?, sólo te usan porque te necesitan, necesitan tu cerebro, mejor dicho…
—¡Eso es una estupidez!, son mis amigos y lo han demostrado muy bien, todos éstos años. A diferencia de ti, yo sí sé apreciar a los demás
—¡Oh…!, ¡santa Granger! —Se mofó Draco, riendo.
—Te molesta que los demás sean felices ¿verdad?, eres despreciable… —Draco se encogió de hombros.
—Cuando me aburro, me divierto a vuestra costra.
—¡Lo has dejado siempre, bastante claro!, ¿por qué no limpiamos en silencio, eh? —Hermione se enfadaba y Draco se divertía viendo cómo agitaba el plumero, cada vez más rápido. Pero no pensaba hacerle caso, no iba a callarse en toda la noche. Después de varios minutos en silencio, volvió a atacar
—Así que Potty no… la comadreja no… ¿y Mclaggen?, he escuchado muchos rumores de que te dejabas manosear de Mclaggen. Reconozco que ahí apuntaste alto… —Hermione no quería contestarle, sabía que era caer en sus provocaciones y si se enfrentaban ahí mismo, los volverían a castigar.
Escuchaba a Draco evitando estallar, siendo consciente de repente, de que lo tenía demasiado cerca, nunca se le había aproximado tanto, eso la extrañaba. Supo que Draco había dejado de hablar, continuó con los libros, poniendo cada uno en su lugar, y cuando bajó el brazo sus hombros se rozaron, ella se apartó inmediatamente, sintiendo que su corazón latía a mil por hora. «Demasiado cerca… estamos demasiado cerca» pensó, abrumada.
Draco había advertido su gesto, había mirado su cara ruborizada y supo enseguida lo que estaba pensando. Sonrió internamente. Él volvió a acercarse a ella y fingió que acomodaba uno de los libros de arriba, había sido tan rápido que no lo había visto venir, Draco hizo el mismo movimiento con el brazo, y al bajarlo rozó nuevamente su hombro. Ella se paralizó, todo su cuerpo entró en tensión, y no supo qué hacer.
Draco vio en su mirada algo parecido al pánico, ése mismo pánico que sintió él, al darse cuenta de que ella le gustaba.
Se apartó de ella al instante y siguió con la siguiente estantería. El resto del tiempo trabajaron en silencio, Hermione turbada y Draco saboreando su turbación.
Al finalizar la limpieza de las tres estanterías que les tocaba ése día, Hermione se apresuró a dejar el plumero en su sitio. Casi corrió hasta la sala de Gryffindor, Draco caminó despacio sin ninguna prisa, como si disfrutara de un agradable paseo. Al llegar a la sala de Slytherin, vio que Pansy lo esperaba despierta, leyendo un libro. Lo dejó inmediatamente en la mesa y lo observó expectante
—¿Y bien? —preguntó ella, con intriga
—Será más fácil de lo que pensaba —contestó con una sonrisa maligna.
La siguiente noche, empezaron a limpiar en silencio, Hermione puso especial cuidado en mantener una considerable distancia, se apartaba cada vez que Draco se acercaba más de la cuenta, él lo notaba. Hacía el esfuerzo de no mirarlo, intentaba ignorarlo todo lo que le era posible. Pero no podía evitar estar nerviosa, y tampoco era buena ocultando ése hecho.
Trató de controlase, sin embargo estaba tan distraída que puso el libro donde no iba, causando que el de al lado cayera al suelo. Se agachó a recogerlo pero Draco ya lo había agarrado. Los dos se incorporaron sujetando el libro al mismo tiempo. Los ojos profundos de Draco se clavaron en su mirada, Hermione comenzó a temblar, Draco tiró del libro que ella no soltaba, acercándola peligrosamente a él. Bajó la cabeza despacio, acercando su rostro al de ella, haciéndole sentir el calor de su piel, su olor, su esencia masculina
—¿Por qué tiemblas…? —susurró contra sus labios. Hermione tenía el corazón disparado, la mente nublada, no era capaz de dar ni una sola respuesta que sonara coherente
—Yo… yo…
No tenía manera posible de confrontar ésa situación, allí se encontraba a solas con él, pasada la media noche, casi a oscuras, hipnotizada por su mirada y su cercanía. Sintió la otra mano de Draco posarse suavemente en su cintura, acercándola aún más a él. Sintió sus propios dedos aflojarse y dejar caer el libro al suelo. Sintió sus labios entreabiertos y enrojecidos, calentarse a merced de la boca de Draco. «irresistible… » pensó Hermione, antes de que todo se oscureciera.
