Advertencias:
- MUCHO TEXTO.
- Este fanfic tiene escenas en donde se describe sexo explícito (es más, esto es un PWP, primer aviso), se recomienda discreción.
- Inosuke y Aoi en este fic tienen 19 y 21 años respectivamente, ya no están chiquitos, no me funen.
- Soy un poquito vulgar xd si te ofendo con las palabras que utilizo, lo siento mucho, así hablo y así escribo. También siento que mis lemon tienen a tener cosas medio random en medio de la acción, así que si sienten que es medio matapasiones no es a propósito jaja.
- Habrá ciertas partes en donde planteé ideas machistas y misóginas. Esto obviamente NO refleja lo que pienso y trato de evitar en la mayoría de mis fanfics, pero dudo que Aoi que vivió en 1910 no creciera con esa clase de ideas, especialmente con una sociedad tan estricta como lo es la japonesa. Pero la carne es débil y por eso se va a dejar llevar por el puerquito caliente (pésimo juego de palabras jaja perd0n).
- Debido a lo anterior hay consentimiento un tanto dudoso en un inicio. Esto es un fanfic, si en la vida real se encuentran en una situación en que una de las dos partes se encuentra incómoda o duda de proceder con el encuentro sexual DEBEN de parar.
Sin más que advertir, espero que disfruten del fanfic.
Amantes
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— Tengo hambre Akai— Aoi pegó un brinco por la sorpresa, pero una vez reconoció la voz, se quejó con un resoplido. Él ni siquiera había tenido la decencia de saludarla, como era costumbre.
— Buenos días, Inosuke-san— sabía bien que no podía enseñarle ni un poco de modales, ni reclamarle porque había dicho mal su nombre, llevaba años intentando y era simplemente imposible. Aun así, ella debía de ser educada.
— ¿Ya casi está?— se relamió los labios, olisqueando la comida que Aoi había preparado para todos.
— No, aún no. Me desperté un poco más tarde que de costumbre— los últimos días habían sido bastante extenuantes. Kanao y Tanjiro habían decidido que se querían casar en la Finca Mariposa, frente al cerezo que había plantado el primer Pilar de la Flor. Había sido un evento sumamente bello y significativo, pero terminó siendo una gran carga para Aoi.
No se quejaba, amaba profundamente a la feliz pareja por todo lo que habían hecho por ella, y quería que la planificación de su boda resultara lo más agradable posible, siendo ella quien se encargó de los detalles más importantes. Desde enviar las cartas con las invitaciones, limpiar y arreglar toda la finca, la decoración, preparar la comida, recibir a los invitados -que fueron aldeanos que conocían a Tanjiro desde siempre, cazadores y kakushi retirados, incluso los últimos miembros de la familia Ubuyashiki-, asegurarse de que Inosuke estuviera propiamente vestido, coordinar el evento y supervisar que el banquete estuviera perfecto.
Y así había sido, Aoi no tenía experiencia en organizar fiestas así de grandes e importantes, pero las sonrisas de los recién casados habían valido totalmente la pena.
Lamentablemente el cansancio llegó a tal punto que se retiró a mitad del banquete, ya sintiéndose incapaz de continuar andando sin caer al suelo del cansancio o que la jaqueca la terminara matando.
A la mañana siguiente Kiyo tuvo que ir a despertarla porque necesitaban ayuda en la cocina, una gran parte de los invitados se habían quedado a dormir en la finca y Aoi tenía que continuar con su papel de anfitriona.
Hoy, después de lo que parecería una eternidad, la finca estaba casi vacía, quedando solamente los amigos más cercanos, aunque no por eso menos escandalosos. Habían sido días pesados, tanto que alteró al pequeño reloj que lleva en la cabeza que le ayuda a despertarse cada mañana antes de que saliera el sol sin la necesidad de que alguien más le llamara, este simplemente se desactivó. Esa mañana se levantó de golpe y salió corriendo de su habitación, ni siquiera se había cambiado ni peinado como es usual porque no quería perder nada de tiempo, si tenía suerte, nadie se habría despertado aún y mucho menos estaría hambriento, por lo que tendría la oportunidad de preparar algo para sus invitados.
Si el resto de las personas en la finca estaban despiertos o no, no tenía manera de saberlo, quizá sólo Inosuke era lo suficientemente grosero como para exigir comida, o definitivamente todos estaban aún en el quinto sueño.
— Hmmp...— se quejó y Aoi sintió unas ganas increíbles de golpearlo. A veces era tan desconsiderado.
— ¿Porque no vas a dormirte un rato? Iré a despertarte cuando esté listo— con su mano trató de abanicarse, hacía mucho calor en esta época del año y cocinar con la estufa de leña aumentaba la temperatura de la cocina.
— No te recogiste el cabello— Aoi se detuvo y le observó. Se había vuelto muy alto desde la última vez que le vio, hace ya casi cuatro años. Llevaba el cabello bastante más largo que antes, pese a que hace un par de años eso hubiera causado mayores confusiones respecto a su sexo entre los ya de por sí hormonales cazadores, hoy día lo hacía ver de algún modo más masculino. Quizá porque era más alto o porque llevaba tanto tiempo sin verlo que prácticamente sentía que era una persona distinta. Aunque si le ponía mucha atención, estaba segura de que aún podría puntuar ciertas características femeninas en sus rasgos faciales; no obstante, Inosuke era sin dudas un apuesto joven.
— Estaba apurada— hace caso omiso a ese pensamiento fugaz y tan inusual de ella—. Tú tampoco llevas tu máscara— revisa que la comida esté condimentada adecuadamente, pero no se decide si le gusta o no—. Ven— él obedece, algo extraño en él, pero probablemente hace caso porque Aoi está cocinando y podría aprovechar para robar un bocado. Aoi toma un poco de la carne y sopla para que no esté demasiado caliente, Inosuke está relacionado con esto, ha visto que Nezuko lo hace con Zenitsu, por lo que cuando ella le acerca la comida abre la boca y la recibe—. ¿Qué tal?
Preguntó expectante.
— Sabroso— llego a su conclusión incluso antes de que ella le diera a probar. No había nada que le quedará mal de todos modos.
— No hables con la boca llena— lo regañó y volvió a lo suyo.
Inosuke no se va, y Aoi ya no le presta atención porque pronto deberá de encontrar algo con que distraerse. Pero él empieza no a verla, sino que la observa.
Pone especial atención a que sus mejillas están sonrojadas por el calor y que su cabello está pegado a su cuello a causa del sudor, que baja paulatinamente en forma de gotas hasta llegar a sus clavículas, pero antes de que este llegue a la tela blanca Aoi se limpia con una pequeño pañuelo, deteniendo ese camino que le resulta repentinamente fascinante.
Es entonces que se da cuenta de que nunca la había visto usar esta clase de vestimenta, le parece algo curiosa al principio, porque no se parece a la ropa que acostumbra a usar Nezuko ni ninguna otra chica pueblerina.
No tenía ni idea de cómo describirlo, parecía ser que tenía muchos hilos y moños celestes por aquí y por allá, pero eso era irrelevante, lo más llamativo era lo delgada, y por lo tanto ligeramente transparente, que era la tela a comparación de las ropas que Aoi usualmente usa, siempre cuidando de su apariencia y "modestia"; ese era un concepto que era ajeno para Inosuke, que pasó la mayor parte de su vida entre animales, aprendiendo que lo único importante es sobrevivir, la vestimenta para él no era más que para protegerse del frío, pero Tanjiro, como es usual, trató de explicarle cuando preguntó por qué las mujeres se cuidaban tanto de no mostrar su torso, a diferencia de los varones que podían llevarlo al descubierto sin que siquiera llamará atención.
Y ahora entendía realmente el porqué de esa norma: No podía dejar de verla, ¡y eso que apenas y tenía un poco de piel descubierta!
Aoi era sin dudas lo que una gran mayoría de la población consideraba como una mujer atractiva. Inosuke realmente no se había puesto a pensar en ello, no hasta ese momento, él sólo sabía que ella cuidaba de él a pesar de tener la mayor parte del día el ceño fruncido, y por lo tanto era una persona importante para él.
Pero hasta justo ahora no se había percatado de que, bueno, la belleza de Aoi era tal que era digna de ser admirada, incluso por alguien tan bruto como él.
Inosuke no es un fisgón y mucho menos exagerado. Los hombros y parte de la espalda de Aoi expuestos no eran nada de lo que escandalizarse, de no ser porque la tela es tan delgada que podía apreciar a la perfección la forma de los senos de Aoi y como sus pezones resaltan no estaría entrando en pánico. Desde donde estaba y gracias a su altura podía incluso ver la piel del nacimiento de sus pechos.
Inosuke sabe que debería apartar la vista, de hecho, debería retirarse porque lo más probable es que Aoi ni siquiera sea consciente de su reciente descubrimiento, pero no encuentra la fuerza para hacerlo.
Le gusta lo que ve. Mucho.
Peor aún, quiere tocar.
Le arden las manos por el deseo de sentir, y la verdad es que no es muy bueno para reprimir impulsos, desde siempre había hecho lo que quería. Pero es consciente de que Aoi es una criatura complicada, no es de las que ceden simplemente porque sí.
— Aoi— gruñó su nombre , y ella le vio extrañada, pero le ignoró después de dirigirle la mirada por un par de segundos. El joven está al tanto de que tiene que decirle que se ponga ese feo yukata gris que acostumbra, que se recoja el cabello para que no le den ganas de jugar con este y sobre todo que tenga cuidado, porque no le gustaba la idea de que otro hombre pudiera verla del modo en que él la ve ahora.
Nunca lo había pensado antes, pero la idea de que Aoi fuera de alguien más le hacía hervir la sangre.
— ¿Qué pasa?— ella ya está siempre preparada para pelear, pero con los años aprendió a evitar iniciar discusiones con Inosuke porque a las malas aprendió que es una batalla perdida. Así que va a por los platos en la alacena. Inosuke ve como la falda se mueve con cada uno de sus movimientos y cómo enmarca sus caderas y muslos.
Ella empieza a colocar los platos en la mesa. La ve inclinarse ligeramente, mostrándole la preciosa curva de sus posaderas, y fue como si el poco raciocinio que posee casi le abandonara. Corre, como si estuviera desesperado (aunque en realidad sí lo está) y la toma de los hombros para obligarla a girarse.
La ve esperando encontrar en sus ojos azules la respuesta a su duda, pero ella se queda callada, con sus tentadores labios entreabiertos, preguntándole en silencio qué es lo que pasa.
Inosuke no sabe qué es lo que pasa, y ese es el problema, aunque no tan grande como que el tirante de esta extraña prenda cae, dejándole ver su hombro sin nada que le estorbe, y allí es cuando simplemente pierde el control.
La besa, porque eso es lo que tenía entendido que se hacía, nunca había hecho esto con nadie. Ella está sorprendida, tiene los ojos tan abiertos que parecería que van a abandonar sus cuencas, pero no lo empuja, ni tampoco lo muerde, por lo que él supone que es una buena señal.
Cierra los ojos, dejando que su piel le diga qué está pasando, confiando en su sentido del tacto, como había hecho toda su vida.
Y quizá fue un error, porque es demasiado, entre los tersos labios que devuelven un poco dudosos sus caricias, el calor de Aoi, la suavidad de su piel, el par de senos que se aprietan contra su pecho, el frío de la porcelana de los platos que ella de milagro no ha soltado y como ella tiene pequeños escalofríos. Inosuke siente que puede estallar en cualquier momento. Debería desear que Aoi le diga que basta, que no puede hacer esto, pero no quiere detenerse.
— Aoi— le llamó por su nombre, no sabe cómo hizo para no equivocarse, pero le alegra mucho no haberlo hecho. Ella parpadea rápido, tratando de asegurarse de que en realidad lo que ella acababa pasar era la realidad—. Hazlo conmigo.
Su voz no es la misma, si bien su voz es profunda naturalmente, hay algo en el modo que dice su nombre que hace a Aoi encogerse, sintiendo que no tiene fuerza en las piernas. Inosuke le obligó a apoyarse en la mesa usando su propio cuerpo y le quita los platos para dejarlos sobre la mesa.
Aoi se ve confundida, pero no fue hasta que la volvió a tomar de las mejillas para besarla con ese sentimiento que ambos desconocían pero que al mismo tiempo por mero instinto comprendían, que se da cuenta de lo que está pasando es real.
E Inosuke se da cuenta de que no siente más hambre por la comida, solo sabe que quiere más de Aoi.
Le baja el otro tirante del camisón, y besó su hombro. Ambos han temblado, aunque a él le dé algo de vergüenza admitirlo porque debería ser firme como roca, pero siente que podría desfallecer cuando el seno izquierdo de Aoi queda al descubierto. De inmediato se apresura a jalar para poder ver al otro, y se queda fascinado viéndolos.
Sabía que eran los pechos, aunque nunca les prestó mucha atención porque su función, la de amamantar, le era irrelevante; había llegado a ver algunos por allí y por allá sin querer y no les había percibido como algo realmente atractivo, pero justo ahora no quería dejar de verlos, porque joder, ¡eran lindos!
— No me veas tanto— trató de cubrirse, pero él le tomó de los brazos y resopló, a lo que Aoi no pudo evitar rodar la mirada, ya más irritada que avergonzada. Casi sentía ganas de empezar a pelear con él. Casi.
— Me gustan— dio su veredicto, y la pelinegra deseó golpearle la cabeza para ver si así lograba reordenar sus ideas, ¡como si a ella le importara que a él le gusten! Se remueve, esta vez no para tratar de cubrirse con los brazos sino para volverse a acomodar el camisón, pero él no pareció percatarse porque siguió con su inspección—. Son un poco más grandes de lo que creí, y tu piel es más pálida aquí— continúa con sus comentarios que la hacen enrojecer—, son muy suaves— ahora la está tocando con la yema de sus dedos.
— La comida ya debe de estar lista— trató de distraerlo, o mejor dicho de distraerse a sí misma, pero él no se detiene. Esto va muy en serio, Aoi entró en pánico, porque sabe que si él quiere va a hacer con ella lo que le plazca sin que pueda resistirse, porque es más fuerte y grande que ella.
— No tengo hambre— por primera vez en su vida, Inosuke le dice que no a la comida. Ahora con más confianza sostiene ambos con sus manos, viendo cómo cambia la forma según la presión ejercida—. Quiero tocarte.
Tantea la carne tierna de sus pechos con cautela, poco a poco animándose a más y más. Aoi no sabe qué más decir ni hacer, porque es agradable, incluso si apenas y la toca ligeramente.
Ningún hombre había tenido tal osadía, probablemente porque sabían que debían esperar hasta el matrimonio. Pero seguramente Inosuke no tenía ni idea de esas cosas, y a ella le estaba excitando la forma tan natural en que él exploraba su cuerpo, sin inhibiciones.
Justo cuando estaba empezando a formular alguna especie de excusa Inosuke volvió a besarla, y perdió de manera definitiva las ganas de decirle que se detuviera.
Justo después de que puso sus manos en su cuello para abrazarlo, pudo sentirlo sonreír contra sus labios, satisfecho porque ella ya estaba por fin participando un poco en su pequeño ritual, por no decir que la sensación de esos apacibles montículos coronados lo estaban volviendo loco.
Quería todo de ella, e iba a hacer todo lo que fuera necesario para que ella fuera suya.
A Aoi la cabeza le daba vueltas, todo estaba pasando demasiado rápido. Cuando él cortó el beso, antes de que pudiera pedir otro (porque por todos los dioses, quiere besarlo hasta el cansancio), él ya se encuentra no besando sus labios, sino sus mejillas con besos esporádicos y dulces, que la hacen sonreír porque le parecen tremendamente tiernos. Inosuke no está seguro de si esto funcionará, nunca ha lidiado con algo como esto. Desea a Aoi tanto que duele, sería tan fácil girarla y tomarla por detrás, encontrar la satisfacción en un acto egoísta, pero no tenía corazón para hacerle esa canallada.
Ella se merecía que fuera lento y tuviera cuidado, Inosuke sentía la obligación de hacerle el amor.
Y para eso la necesita dispuesta, receptiva y hacerla desear esto tanto como él, pero, sobre todo, ella debía de estar tranquila.
Inosuke se sintió aliviado cuando notó que besarla había funcionado, porque ahora ya no percibe la tensión en sus hombros, y de hecho después de que besó su cuello, ella suspiró y extendió el cuello, en silencio aceptando sus caricias.
Sin duda había sido la mejor decisión.
Conforme va bajando, Inosuke se percata de que hay una fina capa de sudor, y recuerda lo que Zenitsu había dicho antes, que las mujeres siempre olían magnífico, pero no se había percatado de que Aoi olía así de bien. Era un olor diferente, le gustaba. Al llegar a sus senos notó que volvió a tensarse un poco, por lo que besó uno y después el otro.
— Inosuke... san— ella se mordió los labios, tratando de contenerse para no pedir más. Aunque, a él le bastó con verla a los ojos para saber qué era lo que ella quería.
Acunó su pecho izquierdo con su mano, llevó su boca al pezón, que ya se encontraba erecto, y succionó dulcemente.
— Ah, Inosu... ah...— Aoi se removió, apartándolo sin querer, no esperaba ser tan sensible, no hasta ese punto. Inosuke se detuvo brevemente porque se sorprendió de que ella se moviera tanto.
— ¿Te gusta?— preguntó porque quizá había malinterpretado y en realidad estaba haciéndolo mal—. ¿Aoi?— ella asintió rápidamente, no cree poder pronunciar esas palabras—. Bien.
Vuelve a tomarlo en su boca, es una sensación extraña, algo lógico porque nunca había hecho algo así, pero era extrañamente reconfortante por el modo en que se siente la piel de Aoi contra la suya, hace que todos y cada uno de los nervios de su piel estén receptivos a todo lo que ella tiene para ofrecer.
Siguió succionando con suavidad, experimentando con las sensaciones, y en estos momentos no solamente es su piel la que se encuentra en éxtasis, sino que también sus oídos ahora que Aoi suspira quedamente; quiere escucharla hacer más de esos delicados sonidos.
Aoi se ha rendido ante él y eso le encanta. Cuando ella se arqueó elegantemente -dándole mayor acceso a sus montículos, como si fueran una especie de ofrenda preparada sólo para él, y nadie más que él- se dio cuenta de que estaba perdiendo el juicio por ella.
Se vuelve voraz, ahora no sólo se encarga de uno, pues ya ha tomado el otro con su mano, juega con el pezón, lo estira y aprieta, haciendo que Aoi jadee, después simplemente hace círculos alrededor de la areola, todo sin siquiera detener sus caricias orales, que cada vez eran más fuertes y rápidas.
— Espera— lo empujó con algo de fuerza porque si lo hacía despacio no iba a poder moverlo ni un poco.
— ¿Qué pasa?— estaba algo consternado, pero afortunadamente parecía dispuesto a escuchar.
— Estás siendo demasiado brusco— al notar que él no parecía captar sus palabras, supo que tendría que ser más explícita—, me lastimas.
— Lo siento— ante el ceño fruncido de Aoi tuvo que refugiarse entre sus pechos, como buscando ocultarse de sus ojos que le recriminaban en silencio.
— N-no tienes que dejar de hacerlo— la pelinegra apartó la vista, porque en realidad lo que quería era pedirle que continuará, porque hace nada se sentía bastante bien—. Pero no seas tan brusco, por favor.
— De acuerdo— respondió entusiasmado, porque por la expresión de Aoi llegó a pensar que le iba a pedir que pararan. Besó el nacimiento de sus senos, volviendo a pedir disculpas, sólo por si acaso.
Subió regando besos hasta llegar a su cuello, en donde se concentró en succionar y morder al mismo tiempo que acariciaba con ambas manos los suaves montes, con un cuidado que era poco característico de él, que siempre se encontraba acelerando todo y usando la fuerza bruta, pero es que no se podía permitir lastimarla de nuevo.
— Inosuke...— jadeó su nombre, y sonó terriblemente hermoso. Necesitaba hacerla decir su nombre un millón de veces, como si fuera la única palabra que conocía.
Cuando Aoi cerró sus ojos, Inosuke pensó que se veía tremendamente hermosa. Bajó, pero esta vez con su lengua jugó con el pezón que antes había lastimado, haciendo que Aoi suspirara. Se toma su tiempo, hace provecho de ser ambidiestro para tocar tanto como le sea posible, poco a poco ganando confianza para subir la intensidad para que los dulces suspiros de Aoi igual fueran cada vez más fuertes.
Deja el pezón y con su lengua traza su camino hasta el otro, que de inmediato engulle. Aoi ya se deja hacer todo lo que él quiere, de hecho, ha empezado a abrir un poco sus piernas para que esté incluso más cerca de ella. Cuando aprieta el seno que ha dejado, Aoi tiene que morderse los labios para acallar el gemido que estuvo a nada de escapársele, que seguro habría hecho venir a alguien. Inosuke parece no tener eso en mente, porque no tiene empacho en tratar de arrancarle gemidos, de hecho, quiere que Aoi se exprese en todo su esplendor, y por eso vuelve a arremeter contra ella con brío y un objetivo extra bastante específico en mente.
— ¿Por qué no sale?— refunfuñó molesto y succionó de nuevo con vigor, por lo que Aoi le jaló el cabello, para recordarle una vez más que no debe de ser rudo con ella.
— ¿Qué se supone que deba de salir?— preguntó visiblemente consternada, era totalmente consciente de que Inosuke era impredecible.
— Leche.
— ¿Leche?— preguntó incrédula.
— Las tetas dan leche— Aoi se le quedó viendo, con la esperanza de que dijera que era una especie de broma, pero el semblante serio de Inosuke le hace saber que él está hablando muy, muy en serio. Al sentirse tan observado de nuevo se prende de su pezón, como si esto le trajera una especie de confort.
Aoi ríe, es simplemente inevitable no reír.
— Yo no produzco leche, tonto— se detuvo cuando ella hijo eso, un poco indignado porque le insulte después de que se está encargando de hacerla sentir bien—. No tengo un bebé.
— ¿Y qué con eso?
— El cuerpo de una mujer no produce leche hasta que hay un bebé al que alimentar.
— ¿Entonces deberíamos tener un bebé para que tengas leche?
— ¡No voy a tener un bebé contigo!— antes de que él pudiera reclamarle por qué no quiere tener un hijo suyo, prefiere atacar—, ¿para qué quieres que tenga leche en primer lugar?
— Quiero probar— se sonrojó sutilmente, haciendo que Aoi se ablandara por completo. Se veía tan lindo.
— No hay nada que probar— quizá esto sería todo, al final podría ser que él ni siquiera tuviera sucias intenciones—. Lo siento.
— No importa— parece que ya lo ha olvidado, tan rápido como apareció se fue esa loca idea. Pero al contrario de lo que había esperado, Inosuke no tenía la más mínima intención de desistir.
En cambio, apretó la fina tela, por un instante pensó en rasgarla, porque no le deja ver la desnudez total de Aoi y porque es un bruto que sólo sabe romper cosas, pero no quiere que se enoje con él y todo acabará en un regaño y no otra cosa, por lo que la levanta lentamente, para torturarse sí mismo, revelando los preciosos muslos regordetes de Aoi.
Es como esperar a que esté lista la comida.
Grande es su sorpresa al no encontrar nada debajo.
— ¿No llevas nada más?— jugó un poco con el vello del monte de Venus, yendo más al sur encontró que este se encontraba ya ligeramente húmedo. Aoi estaba cada vez más y más roja, por reflejo trató de cerrar sus piernas, sin embargo, la mano en medio de ellas se lo impide.
— No... ¡no digas eso!— la hace sonar como si fuera una pervertida, cuando no es así. El pervertido aquí es él, que la está desnudando en la cocina, en donde cualquiera podría atraparlos en su indecencia. Quiere apartarlo, pero al mismo tiempo no, es tan difícil decidir—. Es un camisón, se supone que no lleve nada más.
— ¿Camisón?— así que así se llamaba esta práctica prenda—, me gusta mucho. Deberías usarlo más seguido.
— No puedo usarlo frente a las personas, tonto. Es ropa interior para dormir— no tiene ni idea de porque le está explicando esto si no se ha tomado ni siquiera la molestia de decirle que deberían de detenerse.
— Entonces úsalo cuando estés conmigo— le toma los muslos y la obliga a abrir sus piernas, impaciente por observar ese pequeño secreto prohibido que esconde. Aoi se lleva la mano allí, en un intento de cubrirse, nunca se había sentido así de expuesta ante nadie y le apena terriblemente—, tampoco quiero que otros te vean.
Vuelve a intentar, y Aoi trata de colocarse el camisón de nuevo en su lugar. El forcejeo es tal que Aoi acaba casi totalmente acostada en la mesa y con uno de sus pies empujándolo.
— No— ordenó autoritaria, aunque juró que le temblaría la voz. Esto está yendo demasiado lejos. Tenían que parar.
— ¿Pasa algo malo? ¿Te he hecho daño?— deja intentar separar sus piernas, y Aoi ahora piensa que quizá debió dejarlo hacer lo que quisiera, porque no estaba segura de saber cómo explicarlo.
— No, es que... ¡agh!— se golpea las mejillas con ambas manos repetidamente, tratando de organizar sus ideas—. No deberíamos de estar haciendo esto.
— ¿Por qué no?— se ve tan lindo, con el ceño fruncido, sus enormes ojos expectantes y a nada de hacer un puchero.
— Porque no estamos casados.
— ¿Sólo por eso?— está confundido, ¿qué tiene que ver?
— ¡Eso es un gran motivo!— Aoi trató de apartarse, pero el agarre de Inosuke es firme—. A ti no te va a pasar nada por esto, pero a mí sí.
— ¿Te va a pasar algo malo si veo tus genitales?— Aoi quiere gritar, porque no puede creer que nadie le ha dicho que entre las muchas normas sociales se encuentra que una mujer debe de ser de un solo hombre, su esposo, y de no ser así se vuelve una cualquiera.
— No podré casarme. Ver y tocar mis partes íntimas es algo que sólo mi futuro esposo podría hacer.
— Ah— parece que no tenía ni la más mínima idea—. Entonces seré tu esposo. Pero déjame verte— tomó su pierna con su mano y le besó la pantorrilla acercándose de manera discreta, esperando convencerla.
— ¡No puedes pedirme algo así de este modo!— le empuja con el otro pie, e Inosuke gruñe decepcionado por haber fallado.
— ¿Por qué no?— se ve bastante frustrado, no es como si tuviera idea de cómo hacerlo. No estuvo presente cuando Tanjiro le pidió matrimonio a Kanao y no tenía muchos amigos en el pueblo. Nunca le había interesado el tema, por lo que ignoraba los detalles.
— ¡Eres un bruto!— se cruzó de brazos, apartando la vista para huir de sus ojos verdes que no dejaban de verla suplicantes. Si no tenía cuidado iba a terminar accediendo.
Él la tomó con delicadeza de los hombros y la obligó a sentarse en el borde de la mesa para volver a quedar frente a frente.
— Aoi— ella cerró los ojos, esperando encontrar un poco de resistencia, pero la verdad es que la perdió en el instante en que él se acercó a su rostro. El aliento cálido contra su piel la hizo girar de inmediato, e Inosuke no desaprovechó la oportunidad para besarla con una pasión abrumadora, que la hizo gemir cuando sus lenguas se entrelazaron.
Él se pegó tanto a ella que fue inevitable abrir las piernas para dejarlo estar más cerca. Con algo de resquemor puso sus manos en sus musculosos brazos, tratando de volver a familiarizarse con tenerlo así de cerca, sus pechos estaban apretados contra los músculos pectorales y ahora podía sentirlo completamente erecto con apenas una delgada tela interponiéndose.
Una ola de lujuria la golpeó sin piedad. Sí, había sin dudas disfrutado de cada una de las caricias que le brindó el autoproclamado Rey de la montaña, pero no le había invadido el impulso de desear llegar hasta el final.
Su coño dolía, ansiando tenerlo dentro. Y eso le aterraba tanto como le fascinaba.
Jaló los cabellos de puntas azules, quizá podría hacerlo desistir y así no tendría que arrepentirse de esto, pero esto pareció motivarlo a continuar, porque dejó salir un débil pero ronco gemido. Aoi respondió de igual modo, rompiendo el beso porque ya le faltaba el aire.
— Está bien— temblaba, no estaba segura de si era por el deseo o el miedo—. Puedes verme— no iba a pasar nada si él echaba un vistazo—. No tienes que casarte conmigo si no quieres... pero, solo no le vayas a decir a nadie.
Se mordió los labios, no estaba segura de esto, pero deseaba hacerlo.
— ¡Jamás! Esto es entre tú y yo— dijo entusiasmado, pero después se quedó serio, pensando en lo que ella había dicho antes de pedirle su silencio—. Si me caso contigo, podré hacer esto de nuevo, ¿verdad?
— Ah— ¿qué debía de decirle?—, ¿supongo?— ella no esperaba que él tuviera la genuina intención de casarse con ella, es decir, ¿para qué si de todos modos iba a obtener lo que quería? Quizá en su extraña cabecita el matrimonio era un precio razonable para conseguir sexo.
— Entonces Aoi será mi esposa— sonrió contra sus labios, bastante seguro de lo que decía, tanteando la piel de los muslos descubiertos, haciendo que la anticipación aumentará en la pelinegra, cuyo corazón estaba a punto de estallar. La besó una vez más, retirando la tela hasta la cadera, a Aoi le ardía todo el cuerpo de sólo pensar en lo que podría pasar de ahora en adelante.
Inosuke la jala y al mismo tiempo la hace recostarse de nuevo en la mesa, pero Aoi se apoya en sus codos, porque no quiere dejar de verlo. Trata de controlarse, pero le es inevitable no encogerse cuando él abre sus piernas, tomándola de la tierna piel del interior de sus muslos.
La enfermera apretó con fuerza los puños, y se mordió los labios, quería ocultarse. El sentirse tan expuesta ante alguien del sexo opuesto le estaba haciendo arder en vida, como si no fuera suficiente, Inosuke no pareció sentirse satisfecho por lo que la hizo abrirse aún más y se puso de rodillas, acabando con su rostro justo frente a su vulva.
Mientras Aoi se preguntaba cómo es que podría verlo de nuevo a la cara, Inosuke estaba totalmente concentrado en esta desconocida parte de la anatomía femenina. Había escuchado cosas, y, aunque le había prácticamente suplicado a Aoi por el permiso de mirar, definitivamente no había estado preparado para esto.
No estaba seguro del todo sobre qué pensar, porque le era algo totalmente ajeno. De la piel blanca con vello pasaba a ser de un tono rosado con una ligera humedad, casi imperceptible, que parecía venir del interior. Era como una especie de flor, o, mejor dicho, el botón de una flor. Se aventuró a descubrir más de esta parte que Aoi no le mostraría a nadie más, abandonando su muslo para llevar su mano a su intimidad, haciéndola jadear por su atrevimiento, y empezó la exploración al lugar secreto.
— Aoi no produce leche, pero aquí tiene miel— remarcó mientras pasaba la punta de sus largos dedos en medio de los labios vaginales, esparciendo los fluidos. Sonrió como un verdadero demonio cuando sus dedos llegaron hasta el clítoris, ya un poco más confiado respecto a cómo tocarla, haciendo que sus piernas temblaran.
— No digas cosas vergonzosas— Inosuke soltó una de sus risas bobas, y Aoi cerró de nuevo los ojos e inspiró con fuerza, dejando que su ronca voz la relajara.
— Es la verdad— le divierte este poder que Aoi le ha dado sobre su cuerpo. Se siente bien. Es como tener una conexión nueva y placentera pese a que en el pasado no habían sido los mejores amigos, suponía que ahora eran confidentes.
No. Eso sonaba a una pequeñez a comparación de lo que ellos tenían justo ahora, lo que son en este presente y lo que serán en el futuro.
Si no le fallaba la memoria, la palabra era "amantes".
Con su nueva revelación, Inosuke se pone de pie, y le besó en los labios, sellando el pacto con el sonido de sus bocas y lenguas amándose. Sus manos vuelven a recorrer el cuerpo de Aoi, la mano izquierda recorriendo la curva del torso y cintura de Aoi hasta llegar a la altura de su cadera mientras la otra se posa en su seno, como un sinvergüenza, a diferencia de ella que apenas y se atreve a pasar sus manos por su espalda. Hay tantas cosas que quiere hacerle que es imposible citarlas, y probablemente no le alcance una vida.
Pero por ahora, hay algo que quiere probar.
Cuando se separa, Aoi suspira, extrañando ya que sus labios toquen los propios. Pero no le da tiempo para que pida un beso más, porque vuelve a arrodillarse, ahora con intenciones más que ver y dar un ligero toque.
Estando frente a su coño, Inosuke se deja llevar por el instinto, acercando su rostro a este. Aoi cierra sus piernas, más que nada por la impresión, pero esto sólo acabó facilitando el cometido de Inosuke, pues queda aún más cerca de su objetivo. El olor le embriaga, no le es familiar, pero le gusta porque es el olor de Aoi.
Y si algo ha aprendido, es que, si algo huele bien, debe de saber bien.
Por ello no duda ni un segundo en usar sus dedos para extender los labios menores para contemplar aún más de ella. Tener expuesto ante él tanto de ella era abrumador, así que decidió dejar de pensar y empezar a hacer. Abre la boca, dispuesto a probar del néctar que Aoi tiene para ofrecer.
Aoi nota como los movimientos de su lengua son tímidos, algo sumamente inusual en él, que siempre parecía tan seguro de absolutamente todo lo que hacía, por más tonto que fuera. Al parecer, había tomado muy en serio sus palabras respecto a su tolerancia al dolor o le intimidaba el enfrentarse a una nueva actividad.
Suspiró conforme él fue encontrando su propio ritmo, relajándose, aunque debería de estar alerta por si alguien llegaba distraído a la cocina para encontrar semejante cuadro.
— Ah— se remueve, casi como quisiera huir de su pecaminoso acto, pero en cambio sus muslos le apretaron con mayor fuerza, como si le estuvieran imponiendo el continuar.
— Aoi sabe bien— no es como nada que haya probado antes, pero es agradable. Lame de nuevo, aún experimentando con ella, improvisando la mayoría de sus movimientos y registrando qué es lo que parece gustarle más a Aoi, porque quiere que ella se sienta bien, que esté satisfecha de que él sea su hombre.
Aoi se cubre la cara, está avergonzada, no debería de hacer esto con nadie que no sea su esposo, y sin embargo deja a Inosuke verla, tocarla y probarla.
— Mírame— le ordena, nunca hace caso a sus demandas absurdas pero esta vez lo hace y se arrepiente de inmediato. Los ojos verdes de Inosuke a pesar de que están oscuros brillan y la ven con intensidad, sólo a ella y nada más que ella. Él sonríe, satisfecho porque por fin ella le ha obedecido.
La pelinegra se arquea y cierra los ojos, se ve demasiado hermoso como para ser real. Debería de ser prohibido que él hiciera este acto obsceno mientras seguía viéndose tan bello.
Sabía lo que era el placer sexual, pero las descripciones quedaban cortas.
Gime por primera vez sin reprimirse cuando él succiona allí, en su clítoris, sin pensar en que quizá alguien podría escucharla. Él también murmura por la satisfacción de escucharla sin inhibiciones, y con ambas manos de nuevo extiende sus labios para obtener más de esa miel que ella produce.
Inosuke se sintió cada vez más y más animado, abrió sus piernas una vez más tomándola de los muslos, colocándolos en sus amplios hombros, haciéndose espacio para maniobrar. Aoi sabía tan bien, estaba seguro de que jamás podría saciarse de ella.
Necesitaba más.
El murmullo obsceno que él hizo al apartar su boca para respirar la hizo estremecerse.
— ¿Qué dijiste?— preguntó totalmente descolocada, fue peor en cuanto se percató de lo brillantes que estaban sus labios.
— Quiero más— exigió como es su costumbre—, quiero todo—introdujo uno de sus dedos, el interior de Aoi es muy estrecho, el sólo sentir eso hace que su pene palpite por el anhelo—. Todo de ti.
Besa su muslo, y la ve. Quiere que ella responda.
— P-puedes tenerlo— dice con miedo, pero de algún modo segura de ello. Justo ahora está dispuesta a entregarse por completo.
— ¿Todo?
— Todo— le afirma, cerrando los ojos, e Inosuke sabe con total certeza que ella se ha entregado completamente a él.
Sonríe, no como un niño, como Aoi le vio sonreír a lo lejos tantas veces hace un par de años, sino como un hombre.
Entiende lo que significa esa sonrisa, y eso le hace amarla.
Inosuke vuelve a lo suyo, ahora no sólo lamiendo, sino succionando y apretando, doblando su dedo para que el camino de entrada y salida sea más delicioso, haciéndola recoger los dedos de los pies y taparse la boca con su mano, porque sabe que en cualquier momento empezará a gritar.
— Dijiste que me darías todo de ti— le reclama, pero Aoi hace oídos sordos. Como si se tratara de un castigo, él la penetra con un dedo más, y le es imposible contener ese sonido entre grito y jadeo, porque jamás se había sentido tan llena. Su vientre duele, pero de una buena manera, porque no es por su invasión -está lo suficientemente mojada como para que eso no pase- sino porque su cuerpo quiere más.
Lo necesita dentro de ella.
Inosuke estuvo a punto de ronronear, contento por como Aoi lucha por mantener aún un poco de cordura mientras él se divierte con su coño, cuyos fluidos le han mojado la barbilla e incluso un poco de las mejillas y nariz. Aunque su cuerpo grita por penetrarla, se encuentra demasiado entusiasmado con lo que está haciendo por ella como para detenerse.
Tenerla a su merced era algo para degustar como si fuera la mayor de las delicias sobre la tierra.
Como ya ha notado que Aoi le es difícil contener la respiración cada que se acerca a esa protuberancia que corona su vulva, decide succionar, entusiasta. Ella cierra sus piernas de nuevo, arqueándose, conteniéndose, pero él no cesó, apretó sus muslos y aunque dejó de succionar, empezó a mover su lengua de manera rítmica e incesante, obligando a Aoi a levantar sus caderas de la mesa. Pero Inosuke la sigue, sin la más mínima intención de detenerse.
— I-Ino— aprieta sus cabellos, tratando de aferrarse a algo, Inosuke levantó la mirada, curioso por qué tendría que decir, atento por si ella necesitaba parar, pero sin realmente dejar de atenderla. La pelinegra sintió que estaba aún más cerca después de observar sus ojos verdes llenos de deseo.
Todo lo que Aoi necesitó fue que él insertará un tercer dedo, porque entonces todo colapsó.
La sorpresa de sentirla temblar así obligó a Inosuke a detenerse, algo preocupado, pero cuando se apartó, no pudo hacer más que observar con total fascinación a Aoi experimentar un orgasmo.
Había cerrado sus ojos azules, con una expresión absolutamente preciosa. Sus delgados labios estaban siendo magullados por sus dientes para acallar la explosión de placer mientras se arqueaba, todo decorado con pequeñas gotas de sudor que la hacía brillar con la tenue luz del amanecer.
Era jodidamente hermosa.
Y eso lo vuelve loco, desea poseerla, no sólo justo ahora, sino toda la vida.
Ni siquiera la deja recuperarse, porque sus dedos abandonan su interior y la jala para que esté sentada de nuevo para poder besarla. Lo hace con ímpetu, arrancándole el poco aliento que aún conserva.
Aoi, aunque aún está ida, al mismo tiempo siente que podría encenderse en llamas cuando él la besa así, con su lengua invadiendo todo, sin miedo a represalias, tomándola de la cintura como si le perteneciera.
Debía ser así, ahora era su mujer.
Ella no pudo evitar temblar cuando él se le pegó aún más, en una necesidad de mostrarle que ella no era la única vulnerable; Aoi jadeó, sorprendida por sentir el miembro de Inosuke.
— ¿Qué ocurre? — sonrió presumido contra sus labios, evidentemente orgulloso de su hombría.
— Nada— no le iba a decir que estaba intimidada, ¡no le iba a dar esa satisfacción!
— ¿Segura?— preguntó antes de besarla, haciéndola probar sus propios fluidos, mientras volvía a pasar sus grandes manos por sus senos.
— Hmm... s-sí...— se removió por cómo la estaba molestando, pero se encogió al sentirlo jalar ambos pezones con taimadas intenciones—. No seas malo conmigo...— le suplicó.
— No soy malo— le aseguró mientras acariciaba con ambos pulgares las puntas de las puntas endurecidas, ahora con dulzura—, sólo quiero jugar un poco contigo.
— No quiero juegos— Aoi le miró a los ojos, con su fuego azul quemándolo.
Inosuke no estaba seguro si quería dejarla ganar o debía de rendirse, tampoco de si quería ser el vencedor.
— Entonces no jugaré— afirmó con tal seguridad que Aoi temió por exactamente qué sería lo que tenía planeado, ahora que iba "en serio".
Cuando lo vio remover su hakama[1], entró en pánico.
— Un momento— Aoi trata de detenerlo mientras vuelve a acomodarse los tirantes en su lugar, lo cual obviamente disgusta a Inosuke porque ya no puede ver sus senos, pero sobre todo porque aún no ha terminado con ella. Su miembro duele por la tortuosa espera, más porque su subconsciente ya se había anticipado a que estaban demasiado cerca de llegar al acto principal.
— ¿Qué pasa?— no entiende porque ella siempre tiene que prohibirle cosas, todo había sido sumamente gratificante.
— No podemos hacer esto aquí, puede llegar alguien y además...
La intención de Aoi era que esto se acabará justo ahora, antes de que volviera a perderse en el placer salvaje que le ofrecía Inosuke. Pero él, con su mente más simple interpretó que ella se refería a que quería ir a otro lugar, lo cual era lógico para él hasta cierto punto. La cocina era muy caliente, y ahora que lo pensaba Zenitsu o Tanjiro podrían verla desnuda, algo simplemente inaceptable, ni que decir que la vieran retorcerse del placer, eso era para su deleite personal.
Tampoco le agradaba la idea de ser interrumpido en pleno acto.
Definitivamente no podían quedarse allí.
— Ya entiendo— antes de que ella pudiera terminar de explicarle que debían detenerse él la cargó y corrió hacia su habitación.
— ¿A dónde me llevas?— el joven estaba a punto de contestar cuando recordó que compartía su habitación con Zenitsu. Definitivamente no podían ir allí.
— Tú habitación, ¿dónde está?— se detuvo, preguntándose exactamente en dónde debería de huir con ella.
— Es la primera habitación del ala oeste— respondió en automático, sin darse cuenta de cuál era la razón de la pregunta hasta que Inosuke empieza a correr en esa dirección. Aoi se queda perpleja, ¿esto realmente estaba pasando? ¿Iba a permitirle a Inosuke, un salvaje que jamás le había hablado de amor, tomar su virtud?
Le había dicho antes que le daría todo, ¿lo había dicho en serio? ¿Era algo que de verdad deseaba, y no era algo sacado de la mera necesidad de "más"?
— Llegamos— le anunció contento, ajeno a su pequeño conflicto.
En cuanto él la colocó en el futón[2], tomó su decisión: Ella iba a hacerlo, ¿qué más daba? No es como que los demás tuvieran que enterarse, y de tener la mala suerte de que eso pasara, ya se encargaría después de arreglar lo que aún pudiera ser salvado.
Lo besó para llenarse de confianza antes de que le sacara completamente el camisón, deseando que la intoxique con su deseo para armarse de valor. El suave susurro que hizo la tela al abandonarla le sonó tan lejano, como si ella estuviera en un lugar completamente distinto, en un plano en el que sólo ella e Inosuke existen.
Por un momento sintió el impulso de cubrirse con sus brazos, porque Inosuke le veía intensamente, pero decidió que no quería hacerlo, de hecho, pasó sus dedos entre sus cabellos, para acabar con ellos detrás de su espalda, para que toda su piel quedara descubierta, intentando arreglarse para él, incluso si sabía que eso no le importaba a él, porque la deseaba tal y como era.
Él lanzó el camisón al aire, sin preocuparle mucho en dónde fuera a caer, al fin y al cabo, ya no lo necesitaban. Prácticamente se le subió encima. Los besos no se hicieron esperar, siendo estos tan o más demandantes que antes, con las ansias erizando cada uno de los cabellos de sus cuerpos.
Le ponía nerviosa este dolor en su vientre, el que parecía que sólo podría ser aliviado una vez él decidiera tomar el siguiente paso. Suspiró largamente, sintiéndose cada vez más impaciente. Con duda lleva sus manos a su torso, haciendo con sus uñas un camino hacia su cadera, trazando el borde del hakama.
— Quítatelo— le pidió mientras se relamía los labios hinchados de tanto ser besada.
— Quítamelo— él en cambio, la retó.
Aoi apartó la mirada, ¿cómo es que él le pedía eso?
Como él notó que ella se había acobardado se sintió un poco decepcionado, en verdad quería que ella se lo quitará, por lo que le tomó de los hombros para levantarla, obligándola a sentarse y quedando él de rodillas. Después tomó su mano y la acercó a la correa que sujetaba el hakama.
— Inosuke-san— se puso completamente roja, pero él fue dejando besos de su cuello a su oreja.
— Solo tienes que hacerlo— la tentó, esperando que como en veces anteriores eso fuera suficiente para que ella terminará aceptando.
Ella cerró sus ojos ante sus palabras, ¡cómo es que hacía lo que quería con ella! Debía ser un crimen que la haga hacer lo impensable.
Pero cuando abrió los ojos, llevó la otra mano a la dichosa prenda, y con diligencia comenzó a deshacer el nudo. Una vez lo logró, con algo de torpeza lo jala hacia abajo, le hubiera gustado que hubieran estado ambos de pie, así hubiera sido mucho más sencillo, pero se las arreglan de todos modos.
Entonces llegó la parte complicada, quitarle el fundoshi[3].
Se remueven algo incómodos, es complicado deshacer el nudo, sobre todo porque Inosuke insiste en querer seguir tocándola. Después de un par de jadeos molestos y un par de gemidos involuntarios de parte de él porque Aoi rozó sin intención su erección, haciéndola querer reír porque él era demasiado sensible para su propio bien, por fin quedan ambos totalmente desnudos.
Aoi se queda petrificada unos instantes. Ella, como enfermera, ya había visto muchos hombres desnudos, aunque lógicamente los había visto moribundos y con terribles heridas. De hecho, incluso como una adolescente hormonal jamás había visto a alguno de sus pacientes como otra cosa, por más espectacular que fuera su porte. Ella había visto a Inosuke muchas veces como vino al mundo (por no decir que se la pasaba medio desvestido la mayor parte del tiempo), y, sin embargo, verlo desnudo ahora, fue completamente impactante.
Inosuke no solo es guapo, sino que siempre ha tenido un cuerpo de infarto, antes podría parecer demasiado musculado para haber sido un adolescente de apenas quince años y con una cara tan bonita que parecía la de una niña; pero en la quietud de su habitación, con un par de años encima, el tiempo le había beneficiado incluso más, pues le había definido sus facciones como más masculinas, porque las mejillas regordetas desaparecieron y en su lugar una mandíbula bien definida apareció, y los músculos le favorecen aún más ahora que es más alto, con una cadera delgada y espalda ancha, perfectamente proporcionado, como si fuera esculpido para ser una obra de arte que era aún más hermosa por las cicatrices regadas por todas partes, algunas enormes como las que lleva en el pecho, y otras tan pequeñas que ya están desapareciendo.
No se sorprende de ver en los fuertes muslos cicatrices que no conoce de cuando él era cazador, era algo lógico, para Inosuke era imposible no herirse a sí mismo cada tanto por realizar alguna de sus ocurrencias. Pero con timidez continúa su rápida exploración a su desnudez.
Traga fuerte.
Antes lo había sentido y le había intimidado, pero ahora definitivamente estaba algo más preocupada. Aun con eso, no puede dejar de admirar el fino rastro de vello que va desde su bajo vientre hasta su miembro. Y bueno es... lindo. Jamás pensó que llegaría a describir un pene erecto de ese modo, pero lo era. Tenía una curvatura delicada, la piel del prepucio, que es unos tonos más oscura, cubre parcialmente el glande, que tiene un bonito color rosa.
Ante la mirada atenta de Aoi, el miembro de Inosuke palpita, lo cual la hace sentirse más acalorada, pero no deja de verlo por ello.
— No me veas tanto— Inosuke siente como le arde toda la piel por el modo en que Aoi le ve, si de por sí es muy sensible, percibir su mirada le hace sentir aún más extraño, o, mejor dicho, más excitado, con ansias de continuar, aunque sabe que debe ir despacio, porque de ningún modo le quiere lastimar. La ojiazul parpadeó por fin, y sonrió bobamente, primero porque se ha perdido totalmente en observarlo, y después, porque es exactamente lo que le dijo cuando le descubrió los pechos.
— Me gustas, Inosuke-san— le respondió de modo similar al que él hizo previamente—. Por eso quiero verte— agregó esa confesión, con una confianza que era desconocida para ella.
— Puedo sentir tu mirada— balbuceó algo tímido antes de volver a tumbarla en el futón y de ponerse encima de ella, para acabar con su rostro a centímetros del de ella—. Pero yo quiero sentir tu cuerpo.
Aoi le tomó de los cabellos, jalándolo para besarlo, porque es simplemente irresistible no hacerlo, estaba nerviosa, pero con él así se sentía mejor. Había escuchado cosas terribles de la primera vez, tantas que le es imposible empezar a listarlas, pero no quería pensar en ellas, porque todo había sido maravilloso hasta ahora.
La lengua de Inosuke le da escalofríos, que se intensifican cuando el vuelve a pasar sus dedos por su vello púbico, como advirtiéndole que era lo que venía, y Aoi esta vez decide abrir sus piernas un poco más, permitiéndole hacer lo que quiera con ella.
Al mismo tiempo que Inosuke deja de besarla es que introduce completamente dos de sus dedos, permitiéndole suspirar por la intromisión.
— Inosuke-san— su nombre se ha convertido en un ruego ante los movimientos de su muñeca, que hacen a sus dedos entrar y salir con fuerza, porque lógicamente él no va a compadecerse. Besa de su mandíbula a su cuello, pasando la lengua por las clavículas para finalmente llegar a sus senos, en donde se volvió a ensañar, mordiendo y succionando la blanquecina piel, dejando marcas que seguro permanecerán por un par de días.
Aoi tomó su miembro con su mano torpemente, lo que lo hace saltar de la sorpresa, no esperaba eso. Ella apartó su mano pensando que ha hecho mal, pero en su lugar Inosuke le sujetó de la muñeca para hacerla volver.
— Tócame— Inosuke le pide, no va a dejar pasar esa repentina confianza que Aoi ha tenido con él.
— Ah— gime, cerrando los ojos, se ha puesto roja hasta el cuello— eres tan malo—, pero es complaciente. La piel es terriblemente tersa, haciendo un contraste deleitable con la dureza del miembro.
Mueve su mano despacio, de arriba a abajo, la piel del prepucio deslizándose al ritmo de su accionar, exponiendo el glande y volviéndolo a cubrir parcialmente. Es bastante obtuso, se sintió incluso algo tonta por sentir que no estaba haciéndolo propiamente, por más lógico que fuera al no tener esa experiencia, pero por el modo en que para acallar sus gemidos Inosuke tuvo que llevarse uno de sus pezones a su boca supo que de algún modo lo está haciendo bien. Pese a ello, no podía ocultar el modo en que temblaba y respiraba con dificultad.
Se encargan de conocer sus cuerpos de este nuevo modo por quién sabe cuánto tiempo, Aoi no estaba segura de sí fueron segundos u horas, pero de repente él deja de succionar y vuelve a besarla.
Inosuke se sorprende pensando en que le gusta mucho hacerlo. No lo había analizado antes, había sido como un acto reflejo, pero ahora que le dedicaba unos milisegundos entre sus constantes besos, se dio cuenta de que era porque se sentían demasiado bien. Le encantaba besar a esta mujer.
Introduce su tercer dedo, sabiendo que ella puede con eso, incluso más porque está aún más mojada que antes.
Le gustaría hacerla retorcerse un poco más, pero ya ha llegado a su límite, sobre todo ahora que Aoi levantó las caderas, buscando que sus dedos lleguen incluso más profundo, y le ha soltado sin intención, dejándolo al borde de la locura.
Le besa la frente, como un último acto de ternura, porque después de eso, no está seguro de si podrá contener su naturaleza bruta.
Sus dedos abandonaron su interior, y en su lugar envuelven su miembro. No pudo evitar masturbarse unos segundos ante la imagen frente a él. Aoi se ve tan apetecible allí, acostada en el futón, esperando por él.
— ¿Puedo?— preguntó mientras se frota contra ella tortuosamente, su mano sujeta su pene para restregar el glande completamente descubierto contra su clítoris, siendo totalmente injusto con ella porque no había modo de que dijera que no.
— Te dije que podrías tomarlo todo— no puede dejar de ver cómo están tan cerca, como la punta de su pene brilla por culpa de sus fluidos.
— Bien— cambia ligeramente de posición, y Aoi se da cuenta de que ambos respiraban con dificultad. Está a punto de hacerlo, ella no puede dejar de mirar, más que nada por la curiosidad de contemplar el acto.
Hubo un poco de resistencia, incluso por un instante Aoi pensó en decirle que parara porque no iban funcionar, pero antes de rendirse, suspiró fuertemente, y aunque jamás pensó que terminaría usando algo como la respiración de concentración total después de años sin practicarla -y mucho menos para la actual situación- funciona, relajándola casi de inmediato, permitiéndole a Inosuke introducir apenas unos centímetros.
Ambos jadean por la sorpresa, pero gracias a esto es que él entra aún más, Aoi se sujeta con firmeza de su brazo, como si tuviera miedo, pero es más para tranquilizarse a sí misma, y recordarse que debe de respirar.
Duele, pero no es nada del otro mundo, probablemente porque está demasiado mojada, tanto que incluso está segura de que tendrá que lavar el futón cuando esto acabe. Realmente lo que la abruma es todo lo que estaba pasando en su cabeza.
Porque está pasando: está teniendo sexo con Inosuke.
El crío molesto y ruidoso que tenía que perseguir porque no se estaba quieto ahora era el hombre con el que se permitió tener su primera experiencia sexual.
— Despacio— le recordó. Se relamió los labios, nerviosa, pero controlando la respiración. Inosuke le besó la frente, algo sorprendido de aún tener control.
— Lo sé— jamás se había movido con tanta cautela, es tortuoso tener que contenerse, pero es por el bien de Aoi—, dime si te hago daño.
Aoi asintió al mismo tiempo que cerró los ojos, abrazando su cuello, acercándolo más a ella. Inosuke interpretó eso como su rendición, y después de asentir volvió a mover su cadera hacia delante.
Mientras continuaba introduciéndose, Inosuke sentía como si pudiera hacerse pedazos, volverse uno con el calor de Aoi.
Jadeó con su voz ronca, tratando de procesar todo lo que Aoi le hacía sentir: Cálido. Mojado. Apretado.
Pero sus emociones eran incluso más abrumantes: Poder. Gloria. La razón de su ser.
Era satisfacer el más primitivo de los instintos del ser humano, el cómo el coño de Aoi le envuelve con su férreo agarre era irresistible, como si le invitará a jamás abandonarle. ¿Y qué no daría por poder estar así con Aoi para siempre? No se detiene en este punto, lento, pero sin dudar, hasta que logró estar completamente dentro de ella.
Aoi suspiró cuando sintió como la cadera de Inosuke rozó sus muslos. Lo habían logrado. Realmente no dolía, sólo se sentía algo extraño, así que ahora podía estar tranquila porque estaba segura de que podría soportar si Inosuke de repente perdía el control.
Contra todo pronóstico, no hubo nada de movimiento. Aoi abrió sus ojos azules para comprobar que todo estuviera en orden.
— ¿E-estás bien?— se había quedado completamente quieto, como nunca. Aoi no pudo evitar preocuparse, no era normal—. Oye...
Le tomó de la cara, en su mejilla y mentón, y entonces pareció apenas regresar de ese estado catatónico.
— Aoi— gimió su nombre suavemente, sorprendiéndola, porque nunca lo había escuchado así, tan vulnerable. Y la abraza con fuerza, haciendo que sus cuerpos queden más juntos; levanta un poco la cadera, haciendo a Aoi soltar un pequeño quejido porque lo sintió llegar incluso más profundo—. Aoi.
Se mueve despacio, más como si él mismo estuviera tratando de acostumbrarse a ella.
— Ino-Inosuke...— responde, sintiéndose feliz por el modo en que él decía su nombre. No había un motivo para ello, pero así se sentía—. ¡Inosuke-san!— él empezó a moverse con mayor brío, confiando en sus instintos y en el modo en que Aoi se siente contra él.
— Aoi, ¿se siente bien? ¿duele?— preguntó para tratar de distraerse un poco, pero sin hacer pausa. Aoi sonrió porque él estaba temblando tanto o más que ella, seguro debía de estar abrumado por el placer.
— Se siente bien— el joven cerró sus ojos, por lo que Aoi tuvo que decirlo en voz alta—. Se siente muy... bie-nnh— la parte de la experimentación estaba acabando, Inosuke ya le embestía con un ritmo que le empezaba a robar dulces suspiros, y francamente no dolía nada—, sigue.
— Aoi también se siente muy bien— besó su mentón y después bajó a su cuello, en donde se decidió a succionar la piel blanca—, dime más...— jadeó roncamente—... de cómo se siente— el sonido de sus pieles chocar distrajo a Aoi, que se concentró más en disfrutar que en empezar a formular palabras—. Aoi...
Al no recibir la respuesta que quería decidió ir más despacio, pero sin dejar de llegar tan profundo como antes. Aoi se quejó mientras movía sus caderas contra las de él, esperando tentarlo como para que volviera a ese ritmo salvaje que la hacía encaminarse a la perdición.
— Inosuke-san, no pares— le imploró mientras pasaba las manos por ambos brazos, hasta llegar a sus hombros—. Se siente bien, es lo mejor que he sentido en mi vida— Aoi se asombra de este nivel de necesidad que tiene, pero no le importa mucho—. Quiero más.
— ¿Todo?— el de ojos verdes le preguntó sonriendo contra sus labios, deteniéndose cuando justo estaba completamente dentro de ella.
— Dame todo de ti, y yo te daré todo de mi— le prometió, desesperada. Él la volvió a besar, pero ya tenía los ojos cerrados, y de inmediato abrió la boca para que sus lenguas retozaran.
Él le sujetó una de sus piernas, pero antes de que pudiera hacer otra cosa Aoi le abrazo con ambas, acercándolo aún más.
— Aoi, Aoi, Aoi— se movía ya sin control, como si tratará de recuperar lo perdido en esa breve pausa, su pelvis golpeando la suya con fuerza una y otra vez, impaciente por más que ese todo que ella le había prometido, de darle más que su todo, porque en este punto todo no era suficiente.
— Inoo-oh— le robó el aliento— Inosuke-san—, gimoteó su nombre con la lasciva melodía de él golpeando contra ella de fondo—. ¡Inosuke-san!
La cadencia se volvió irregular, pero más intensa, Aoi apretó sus hombros y con sus piernas se encargó de mantenerlo tan cerca como pudiera.
— Ah, Aoi... Nnhg— entonces, con un último gemido ronco, llegó.
El orgasmo que sintió Inosuke, más que abrumador, fue monstruoso.
Le arrancó todo, dejándolo completamente indefenso. Le dejó temblando e incapaz de pensar, dejando salir su simiente como un regalo para su amante en múltiples y delirantes disparos, tan profundo como le fuera posible.
En estos instantes, todo lo que pasaba por su mente era el nombre de su amante, su Aoi, la misma que solía regañarlo todo el tiempo por no seguir las indicaciones de sus tratamientos, que ahora tiernamente pasaba sus dedos entre sus cabellos, haciendo que sintiera unos agradables escalofríos por todo el cuerpo.
La pelinegra se sintió abrumada por el agradable calor en su vientre, debió decirle que lo hiciera fuera para disminuir las posibilidades de un embarazo, pero no encontró la voluntad para hacerlo, quería sentirlo, todo de él, tal y como se lo había pedido antes. También le dejó un poco estupefacta la sensación en sus piernas, se sentían muy débiles, como si intentara ponerse de pie no fuera a lograrlo. Siente como tiemblan y cosquillean un poco.
Él le besó el cuello y se separó un poco de ella, mientras pasaba su pulgar por su mejilla. Cuando ella abrió los ojos, notó como un precioso rubor apareció en el pecho y sobre todo el rostro de Inosuke debido a la sangre fluyendo rápidamente debajo de la piel, Aoi estaba segura de que estaba dispuesta a hacerlo verse así un millón de veces, y quizás incluso más.
Aoi le sonrió tan feliz que Inosuke se preguntó si podía ser real sentirse así.
Qué manera tan poco convencional de encontrar... esto, sea lo que sea que es.
Aoi le jala los cabellos para que la bese, con la euforia recorriendo sus venas. Es un beso lento, dócil y con muchos sentimientos, tan mezclados que no podían distinguirlos.
Cuando Inosuke cortó el beso es que finalmente se rindió ante un cansancio agradable, tirándose encima de su amante. Aunque es considerablemente más pesado que ella, a Aoi no le resultó molesto en lo más mínimo, de hecho, ella cree que es bastante reconfortante.
Solo se dedican a sentirse en la brevedad de su encuentro, con Inosuke mordisqueando su cuello y hombro.
La calma después de su pequeña tormenta es sumamente apacible. Aoi jamás pensó que podría estar encerrada en una habitación con el Rey de la montaña sin que tuvieran una discusión. Pero esa calma no dura mucho.
A Aoi no le sorprende para nada sentir como se está poniendo de nuevo duro, aún dentro de ella, después de un par de minutos de relajación total; es decir, era totalmente esperable que no fuera a quedar satisfecho con una sola ronda.
Elevó su torso, mostrándole sus iris que se encontraban oscuros; Aoi llevó su mano a su rostro y acarició su mejilla, él cerró los ojos y se inclinó hacía su mano, antes de abrir los ojos al mismo tiempo que tomaba su brazo para después besar su muñeca.
— ¿Qué... qué planeas hacerme, Inosuke-san?— ella sabe bien lo que hará, y lo anhela.
— Te haré mía— acarició sus senos con ambas manos e inició un nuevo beso, lento como el anterior, pero Aoi podía sentir lo diferente que era, pues el deseo demandante de Inosuke era tan notable que era casi doloroso.
Ella estuvo cerca de decirle que era suya, y que no sería jamás de nadie más.
— Nngh— lo pegó más a su cuerpo con ayuda de sus piernas, que nunca dejaron de abrazar sus caderas. La exquisita fricción junto a Inosuke estimulando sus pezones la hizo vibrar.
— Aoi— Inosuke inició un par de movimientos lentos, aún si no estaba completamente erecto, pero ya se encontraba impaciente por volver a la cima, esta vez con el objetivo de no llegar a menos de que estuviera seguro de que Aoi lo hiciera a su lado—. No sé si pueda...
— ¿Qué cosa?
— ¿Podemos cambiar?
— ¿Uh?— él comenzó a removerse, la tomó de la cintura con una mano y con la otra del omóplato. Haciendo gala de su fuerza, la levanta para hacerla quedar sobre sus muslos, con las piernas aún alrededor de su cadera. Él sonríe con malicia mientras dobla las piernas de manera que sus talones se acercan entre sí, como si estuviera a punto de meditar. Pero por el modo en que lo siente palpitar dentro de ella, sabe que lo que viene es todo lo contrario.
Aoi da un pequeño respingo cuando trata de acomodarse mejor, porque en esta posición el pene de él llega incluso más profundo.
— Es bueno tenerte así— la acercó más a su cuerpo, tanto que sus senos se pegan con su pecho musculoso, puso una de sus manos en las nalga de Aoi y la otra en su muslo, para arrimarla todavía más—, puedo sentir todo de ti.
— ¡Inosuke-san!— lo regañó por su más reciente acción, como si fuera muy diferente a todo lo que ha estado haciendo.
— ¿Qué? Me gustan— le confesó—, como todo de ti. Por eso quiero tocarte.
— ¡No me copies!— las orejas le zumban por toda la sangre allí aglomerada.
— Tu lo hiciste antes— frota sus narices, obligándola a verlo a los ojos—. Pero de verdad me gustas, Aoi. Mucho.
Ella no supo qué más decir, aunque le mantuvo la mirada, no iba a dejar que le ganara.
— Tú me gustas más— en lugar de iniciar una pelea, como ella esperaba, se ganó un montón de besos en las mejillas y finalmente uno largo y profundo en la boca. Mientras estaban en ello, Inosuke prosiguió a mover sus caderas hacia arriba.
Ella tuvo que parar el beso para gemir entre sus labios. La penetración es bastante profunda, y la cercanía que tienen la hace mejor. Pasa sus manos de sus brazos a sus hombros, y de allí a su pecho, no sabe qué hacer con sus manos, solo que no quiere dejar de tocarlo.
— Ah— Inosuke gimió cuando Aoi se meció contra él, de atrás a adelante. Ella sonrió orgullosa de no ser la única que acabaría hecha un desastre, aunque poco le duró porque él, que aún tenía entre sus manos su trasero, la acercó más su pelvis, llegando hasta lo más hondo de su ser.
— Ahnnn... Inosuke-san, tan... de repente— lo sintió palpitar, ahora completamente erecto, estaba segura de que no tardaría mucho en volverse una maraña de nervios, apenas logrando abrazarse a él, incapaz de hacer otra cosa más que sentirlo dentro de ella. Las grandes manos de él ahora están en su cintura, ayudándola a seguir moviéndose pese a que siente que en cualquier momento va a rendirse.
— Bésame— él la deja tomar el control, haciendo que los movimientos sean lentos, pero potentes. Al verse libre de tener que mantener el ritmo, se toma la libertad de tocar tanto como puede, de arriba a abajo, con sus manos toscas buscando hasta el más oculto rincón del cuerpo de la pelinegra.
A pesar de que apenas han comenzado, Aoi siente cercano el paraíso al que Inosuke le había llevado en la cocina, con su clítoris ahora rozando con su pelvis, y por el modo en que él se estremece contra ella, sabe que él también está cerca.
— I-Inosuke-san— ella ocultó su rostro entre sus cabellos, moviéndose ahora en círculos.
— ¿Eres mía?— Aoi asintió mientras se mordía los labios, no quería gritar y que alguien la llegase a escuchar—, dímelo. Quiero escucharte decirlo.
— Soy...— lo abrazó con mayor fuerza del cuello, para quedar tan cerca cómo es posible, sintiendo que está a punto de llegar al ansiado orgasmo. En un descuido, Inosuke dejó su muslo y puso su mano entre ambos, sus dedos exploraron entre el vello, y cuando lo encontró, no dudó en empezar a frotar el hinchado clítoris con delicados movimientos circulares. Aoi no pudo contenerse. Apretó con mayor fuerza sus piernas, casi allí—. Ah, ah... Yo...
— ¿Qué pasa?— sonríe pícaro antes de besar su mejilla, sin detenerse.
— Hmm... voy a... ¡ah!— ella no pudo contenerse más: Como si fuera una avalancha, llegó al pináculo del placer. La ojiazul se aferró a él como si fuera lo único que quedará en este mundo, apretando sus hombros, dejando un rosado camino marcado por sus cortas uñas, jadeando con fuerza mientras luchaba por respirar. Su vagina se contrajo, como exigiendo una vez más el semen de Inosuke, él aprieta los dientes para no eyacular.
— Hmmmm... A-Aoi— todo es tan perfecto, pero quiere que dure más.
— Inosuke-san, bésame— obedeció su súplica, mordiendo sus labios e invadiendo su boca, aguantando la respiración para no desconcentrarse. Inosuke recorre con sus manos la espalda de ella, trazando su espina, trayéndola de vuelta sin premura.
Aspiró con fuerza cuando se separaron al hacerle falta el aliento. Inosuke sonrió, se veía tan bonita así, despeinada y con sus pupilas completamente dilatadas. Ella se rindió, y apoyó su frente en su hombro, tratando de controlarse, pero se le escapó una risita, incrédula de todo lo que había hecho hasta ahora, y que probablemente volvería a hacer.
Porque si de algo estaba segura, es que esto no iba a ser suficiente.
— ¿Cómo te sientes?— preguntó como si no fuera obvio.
— Feliz— incluso parecía estar a punto de cantar.
— Dime que eres mía.
— No lo diré— le desafió, como si hace no mucho no hubiera accedido a absolutamente todo lo que él le pidiera. Al ver su ceño fruncido por el rabillo del ojo, no pudo evitar reír de nuevo—. Soy tuya— decidió entregarse, ni siquiera está segura de cómo es que se le ha soltado tanto la lengua, pero se sentía bien decirlo, aunque no sabía qué provocaría en él—. Toda tuya, Inosuke-san— esas simples palabras le han arrebatado la más o menos inexistente racionalidad que Inosuke posee, que se impulsa hacia adelante, tumbando a Aoi en el futón con brusquedad—. ¡Oye!— se quejó por el golpe, pero después se quedó muda al verlo.
Inosuke estaba jadeando, sudando, con el cabello alborotado y un poco pegado a sus mejillas y frente, los fuertes músculos de su torso, brazos y piernas, la erección aparentemente muy dolorosa, que no parecía que fuera a ceder tan fácilmente, pero lo más intimidante de este bello cuadro eran sus ojos de cazador.
Aoi se encogió en su lugar, pero no hubo mucho que hacer, pues él se posicionó de nuevo en medio de las extremidades inferiores, y aunque la pelinegra estuvo a punto de pedírselo, él ya se ha introducido una vez más. Jadeó por el modo brusco y encantador en que sus paredes se ven forzadas a extenderse para darle paso a su pene.
Él empezó a bombear con fuerza abrumadora contra ella, forzándola a taparse la boca para no gritar.
Aun así, los gemidos y jadeos contenidos son audibles para él, que no puede detenerse.
— ¡Aoi!... Aoi se siente tan bien— tomó su delicada pierna derecha y la puso sobre su hombro.
— Ah, ah, Inosuke-san— se arqueó, anhelando más del toque de él y al mismo tiempo tratando de ajustarse a la nueva posición. Finalmente acaba apoyada en ambos codos, Aoi siente que se marea cuando nota el favorable resultado de esta nueva posición: Puede ver a la perfección como él entra y sale de su sexo y como sus pechos rebotan según marcan los sonoros golpes de la pelvis de Inosuke.
— Ah, Ah-oi.
Él no parece poder resistirse a eso, porque toma con su otra mano el derecho, apretando con la fuerza necesaria.
Aoi sabe muy bien que no va a durar mucho así, ya ha aprendido a reconocer la dulce presión en su estómago, la que le avisa que está a punto de liberarse.
Cuando él, en lugar de seguir arremetiendo contra ella, se mantiene completamente dentro, moviendo sus caderas de arriba a abajo, causando el roce necesario contra el necesitado clítoris de Aoi, es que ella ve estrellas mientras jadea con fuerza, tanta que seguramente alguien la habrá escuchado, pero de lo único que está segura es que murió por un par de milisegundos antes de que las embestidas de Inosuke la trajeran de vuelta, para encaminarla a volar una vez más.
— Es... Estoy... ¡Inosuke-san!— sus piernas tiemblan como si hubiera corrido la carrera más larga e intensa de su vida, Inosuke no cede, gimiendo para ella, ahora tan perdido en la búsqueda de su propio éxtasis, que sin querer está a punto de causarle uno más a ella.
— Hazlo— no necesitaba su permiso, pero su cuerpo reaccionó a su ronca voz, corriéndose una vez más, esta vez casi al mismo tiempo que Inosuke desembocó en ella.
— Ah, ah, Inosuke-san— sentirlo venirse adentro una vez más fue tan gratificante que sintió que no se saciará jamás de eso. Él estaba temblando, y aunque él había sido quien tenía el control siempre, se sintió poderosa de poder verlo con sus ojos cerrados, su rostro y pecho sonrojados una vez más.
— Hmm... Aoi...— continuó con pequeños movimientos de cadera, no rindiéndose aún, tratando de obtener y dar todo el placer posible— Aoi— la llamó con un jadeo profundo, ella ni siquiera se había dado cuenta de que había cerrado los ojos, pero cuando los abrió, pudo admirar sus hermosos ojos verdes—. Hey— entonces se dio cuenta de que habían vuelto del paraíso y estaban de vuelta en la tierra, en la Finca Mariposa, en su habitación, haciendo un acto prohibido e inmoral.
Aoi no pudo evitar sonreírle. A pesar de todo, jamás se había sentido tan feliz.
Se observaron como si llevaran toda una vida haciendo esto, e Inosuke bajó la pierna de Aoi de donde la tenía para después inclinarse, para besarla una vez más.
Se besan tanto que los labios les duelen, y Aoi piensa que quizá Inosuke está dispuesto a iniciar su danza una vez más, pero cuando empieza a pasar sus dedos por su cabello, y acariciar sus pómulos con los pulgares, sabe que es más bien una sesión de mimos.
Pasados unos minutos, él sale de su interior, Aoi cierra sus piernas casi de inmediato, avergonzada porque siente como el semen sale de su coño, pero Inosuke en cambio toma ambas extremidades y la obliga a abrirlas, porque quiere ver los resultados de hacerle el amor. Aoi tan solo apartó la mirada, con la cara totalmente roja por la fascinación en la expresión de Inosuke.
— Es suficiente— declaró, más que molesta, cansada. Aún no se terminaba de recuperar.
— Está bien— Inosuke estaba de demasiado buen humor como para buscar una pelea, así que se tiró, esta vez a su lado y no encima de ella, y para gran asombro de Aoi, la jaló para atraparla en un abrazo de tal modo que quedó, una vez más, completamente pegada a él. Están pegajosos, sudorosos y hace mucho calor, no obstante, recibe el gesto con gusto.
— ¿Cuándo sabremos si tendrás un bebé?— le besó el cuello, completamente satisfecho, como si hubiera logrado la más grande de sus victorias.
— No voy a tener un bebé— pensó en golpearlo, pero está demasiada cansada -y satisfecha- para eso.
— ¿Por qué no? Eyacule dentro. Dos veces— Aoi esta vez sí lo golpeó, no podía creer su cinismo. Él en verdad lo hizo a propósito—. ¡Oye!— aunque se escuchaba un poco molesto no se apartó ni un poco, evidentemente cómodo.
— No voy a quedar embarazada, así como así—, no se iba a poner a explicarle de la ovulación ni ciclo menstrual. Podría resultar contraproducente.
— Hmm— se quedó brevemente pensando, como procesando las palabras de Aoi—. No hay problema, seguiremos intentando hasta que tengas un bebé— le dio palmaditas en sus posaderas, completamente seguro de, en su opinión, perfecto plan.
— ¿Para qué quieres que tenga un bebé?— preguntó más que intrigada con esa extraña y repentina obsesión—. No me digas que es por lo de la leche.
— No— Aoi entrecerró los ojos, exigiendo una respuesta veraz, Inosuke no pareció tolerar mucho eso porque la abrazó con fuerza, ocultando su cara en su cuello—, quiero que tengas un bebé, mi bebé.
— No quiero tener un bebé. No aún— esa vida la veía demasiado lejana.
— Tienes razón. Aún no estamos casados— Aoi se removió para deshacer su abrazo, algo que, por supuesto, disgustó a Inosuke, pero es que necesitaba sentarse en el futón.
— Inosuke-san— él le vio entre curioso y molesto, pero al mismo tiempo somnoliento, lo que lo hacía verse muy lindo—. ¿Hablabas en serio de eso?— no había guardado esperanzas de que fuera así. Pero si ya había pasado el calor del momento y él insistía, debía de ser el momento de hablarlo.
— Sí, ¿por qué no?
— Porque no decides, así como así, casarte con alguien— trató de razonar con él sobre el asunto, como sí que él tuviera la intención de desposarla fuera algo malo.
— Monjiro lo decidió de repente.
— ¡Pero él y Kanao eran novios!— sabía que no tenía caso, pero de todos modos lo intentó
— Bueno, pero tú y yo somos más que novios, somos amantes— Aoi se puso roja por el modo en que los había clasificado, qué libertades se daba este cabeza hueca—. Así que nos casaremos.
Declaró, como si tuviera la última palabra.
La ojiazul guardó silencio por unos segundos, pero finalmente suspiró, cansada.
— De acuerdo— no quiso hacerle pensar que él había tomado la decisión final—. Nos casaremos, y entonces tendremos un bebe. No antes— le advirtió.
— Bien— dijo ya satisfecho, antes de darle un beso rápido en los labios, que a ambos les supo a felicidad. Quizá era efecto de la euforia restante del orgasmo, quizá algo más...
Se volvieron a acostar, y Aoi sintió que el nudo en su estómago desapareció, dejando en cambio un agradable cosquilleo. Inosuke se maravilló de lo suave que se sentía Aoi, era mucho mejor estar así con ella que solo.
Sin duda podían acostumbrarse a esto.
Y también podían ausentarse al desayuno.
— Aoi-nee debió estar muy cansada— Naho servía la comida para todos, se había empezado a quemar, pero afortunadamente Tanjiro logró salvar la comida gracias a su prodigioso olfato—. Imagina que tanto como para que haya tenido que irse a dormir antes de terminar de preparar la comida.
— Sí, creo que nos pasamos con ella— Tanjiro le dio la razón—, deberíamos de darle un regalo de agradecimiento.
Kanao asintió en silencio, mientras llevaba los platos en sus brazos, tenía el pendiente de llegar a tirar algo de comida, así que trataba de no distraerse.
Colocaron todo en la mesa, y Naho fue a por los demás para que pudieran empezar a comer, seguida por Kiyo y Sumi.
— Zenitsu-san, buenos días— dijeron las tres chicas a coro, ya con años de práctica.
— Buenos días— se frotó el ojo, aún algo adormilado. Las niñas rieron discretamente al verlo, así se veía como un niño, aunque tuviera veintiuno.
— ¿E Inosuke-san?— preguntó Kiyo cuando no le vio dentro de la habitación.
— ¿Eh?— Zenitsu volteó y lo buscó con la mirada, y se sorprendió al no encontrarlo—. Debió de despertarse primero para ir a comer algo.
Era lo más obvio, pero las niñas se quedaron pensativas.
— No estaba en el comedor ni la cocina. ¿Se habrá ido?— todos sabían que Inosuke a veces sentía la necesidad de irse de la nada y no se molestaba ni en avisar.
— Bueno, él usualmente empieza a actuar raro antes de irse— Zenitsu empezó a rascarse la cabeza, estaba muy cansado, entonces, con el silencio que hicieron las niñas por estar pensando en dónde estaría, con su agudo sentido del oído juró escuchar un gemido—. Vámonos— dijo nervioso.
— ¿Pasa algo, Zenitsu-san?— preguntaron curiosas. El rubio se puso aún más intranquilo cuando escuchó una muy conocida voz diciendo el nombre del desaparecido.
— Nada, es solo que creo que Aoi está castigando a Inosuke por alguna de sus fechorías— ¡él no iba a decirle nada a estas pobres niñas! Tenía que alejarlas, no fuera a ser que empezaran a ser más ruidosos y entonces lo notaran—. Y creo que se va a tardar un poco más de lo normal.
Mientras iba a paso tan apresurado que casi las dejaba atrás, no podía dejar de maldecir mentalmente la suerte que tenía su salvaje amigo.
Glosario:
[1] Prenda tradicional japonesa, es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás).
[2] Un futón es un estilo de cama tradicional japonesa consistente en un colchón y una funda unidas y suficientemente plegables que puede ser o no guardado durante el día.
[3] La cosa más antisexy del mundo JAJAJA un fundoshi es una pieza grande de tela que se anuda al cuerpo para formar una especie de calzoncillo o tanga que deja las nalgas al descubierto. No me gusta mucho pero históricamente sería la ropa interior que usaría Inosuke, por no decir que que entendí que canónicamente lo es jajaja.
Muchas notas finales:
Por si alguien tiene dudas de exactamente que tipo de camisón esta vistiendo Aoi, vendría siendo el tercero de esta ilustración: http/wearinghistory.*clothing/circa-1917-combination-underwear-chemise-pattern/
Y bueno, estoy lista para ser declarada una degenerada. No me importa, esto no está ni cerca de ser mi mayor nivel de perversión jajaja. Ah, sí... Quería escribir un lemon InoAoi con cunningulus (porque qué injusticia que no haya uno en español, que yo me haya dado cuenta al menos) y lo hice, ¡hurra! También tuvo mucho que ver con la poca cantidad de contenido explícito que hay para este par, y aunque he leído un par de fics más que buenos que abordan el tema, no encontré lo que buscaba, y, por lo tanto, yo misma debía de escribirlo jajaja.
Perdón por si lo de la leche materna sonó muy raro o fetichista (he de decir que no me gusta la lactafilia), pero es que ni echando pasión Inosuke deja de hacer y decir pendejadas JAJAJAJA.
Por otro lado, este lemon me ha sido especialmente difícil porque suelo escribir con una protagonista que toma el mando y marca el ritmo, pero no veo a Aoi en ese modo (aunque claramente sigue siendo muy autoritaria, como habrán visto en este fic), es que la veo casi, casi como una mojigata (contrario a Inosuke, que ve al sexo con naturalidad, algo que me gustaría abordar con mayor profundidad en otro trabajo); es la primera vez que escribo a un hombre tomando el "total" control, y no sé si lo he hecho bien, ustedes dirán en los reviews jajaja.
Debo admitir que tengo una debilidad por Inosuke pidiéndole a Aoi matrimonio. Algo irónico porque al principio los veía más como que en unión libre en donde Inosuke va y viene porque le es difícil adaptarse a la vida humana, y Aoi acepta eso porque obligarlo a ser "normal" sería volverlo infeliz (y porque ama que sea un salvaje, muy en el fondo jajaja). Esto y que personalmente no creo que el matrimonio sea el epítome del amor, pero como que esto de las propuestas se volvió un placer culpable jajaja.
Y bueno, ¿por qué no se dijeron te amo? Porque no era el momento jajaja soy medio especial con los "te amo", a veces me salen tan fácil y en otras no siento que sea necesario o adecuado incluirlos. Y también porque me gusta escribir sexo espontáneo y con sentimientos ambiguos, no sé porque jajaja. Otra cosa, ¿por qué Aoi sigue usando el "san"? No sé xD es que como que siento que es lindo que le diga así jajaja.
Por último, una petición: Déjame tu opinión. Estoy escribiendo esto desde finales de julio entre las actividades de la universidad, otros asuntos personales que francamente a veces me drenaban por completo y por supuesto, otros fics. Me gustaría saber si consideran esta clase de material algo que gustarían de leer más o si solo debería de dejarlo en mi cabecita loca jajajaja.
