¡Hola! Lo siento por el capítulo pasado, no sé porque salió de esa manera, a mí me cargaba bien. ¡Pero, ya lo corregí! Espero que disfruten de este también… ¡Comenzamos!

Su punto de vista.

Decir que apure al taxista sería poco, al pobre hombre casi le da algo cuando le pedí que acelerará. Por suerte sé que Zeref siempre toma el camino más largo, entonces estoy más que seguro llegaré antes que ellos. En la puerta de entrada se encontraba Mavis y August jugando con arena. La primera se sorprendió al verme ahí, pero mi sobrino en cambio, tiro su castillo para venir a saludarme, la madre aun no salía de su asombro.

-¡Tío! – sonreí – ¡Mira mamá!

-Lo veo mi amor – se coloca de pie – Hola Natsu.

-Mavis – el niño es muy parecido a ambos ¿Será que el nuestro se parecerá a mí?... ¿O a Lucy?

-¿Estas bien? Te veo como raro…

-¡Estoy fantástico! – agrando los ojos – yo cuidare de August.

-¿De acuerdo? Iré a ver la comida mientras, en cualquier momento llegan tu hermano y Lucy.

-Ok – el pequeño jaloneo mi brazo y me llevo hasta la caja de arena para que lo ayudara a reconstruir lo que acaba de pisotear.

Me contaba que estaba deseando una patineta, pero que no tenía nadie con quien jugar y que desearía que su mamá pudiera hacer crecer más bebes en su panza. Porque casi todos sus amigos tienen algún familiar de su edad y el no. Mi hijo se llevará pocos años con mi sobrino, pero igual creo que se complementaran de maravilla.

-¿Te puedo contar un secreto? – asintió de manera rápida – En la panza de Lucy hay un niño y pronto podrán jugar juntos.

-¡¿DE VERDAD?! – afirme - ¡Tengo que decirle a mamá y papá! – ¡Guau no! ¡Lucy me matara!

-No puedes – me mira confundido – es un secreto y si se lo dices, no te daré esa patineta que tanto quieres.

-¿Me la darás?

-Solo sí guardas el secreto – nunca vi a alguien mover tan rápido la cabeza sin lastimarse el cuello. Iba a agregar algo más, pero el sonido de unas ruedas al frenar me alertó.

Una de las personas que bajo de ese vehículo estaba feliz de verme, la otra se paralizo y se puso pálida como un fantasma. No escuche lo que mi hermano me decía, estaba demasiado concentrado en la rubia despampanante frente a mí. Le dije que teníamos que hablar y pude ver como sus preciosos ojos chocolates se apagaban y su se precipitaba al suelo rápidamente. ¡Gracias al cielo mis reflejos están súper agudizados! Logre alcanzarla antes de que se lastimara.

Zeref y August comenzaron a gritar asustados, yo solo miraba el rostro de mi compañera, blanco, sin el hermoso color rojo de sus mejillas cuando me mira; temí muchísimo por el bienestar de ambos. Mavis se acercó y me dijo que la lleváramos a descansar, que llamaría al médico de la familia. El hombre mayor le hizo un chequeo rápido, pero dijo que no encontraba nada fuera de lugar. Que probablemente se haya descompensado a causa del calor o el estrés, y que para un resultado más certero debemos ir al hospital a hacerle algunos análisis.

-Yo la llevaré ni bien despierte – le indique.

-Su esposa es muy joven, debe tener cuidado con su salud – me sonroje cuando dijo eso, mi hermano y Mavis lo notaron.

-Cla. Claro que si doctor – saque mi billetera para abonar la consulta y me dijo que no era necesario. Que el realmente no hizo nada y que se sentiría culpable si me cobra, vive a dos casas de Zeref. Cuando este se retiro, mi hermano comenzó a molestarme.

-¡Cuida a tu esposa campeón! – se mofo de mí.

-Mejor guarda silencio o tu nariz sufrirá las consecuencias – el aludido se alejó de mí.

-Déjala descansar, seguramente está muy cansada.

¿Tanto miedo tiene a mi reacción? La puse bajo tanta presión que termino desmayándose y descuidando su salud. La miraba dormir y no podía pensar en que algo malo le pudiera llegar a pasar, porque me dolía el alma. Aclararemos todo y los cuidaré a ambos con mi vida. Frote su vientre y hable al pequeño ser que crece dentro de ella.

-Seré un buen padre – por mi cabeza una imagen de una pequeña Lucy con cabellos rosas me hizo reír – prometo no ser demasiado pesado y siempre estaré para ti – mire mi reflejo en el espejo, me coloque de pie y le hable a la imagen que se reflejaba - ¡Serás un grandioso padre! ¡Serás valiente y tu familia podrá depender de ti! ¡Nada de volver a correr Dragneel, eres responsable! – un golpe en la puerta me saco de mi motivación.

-Disculpa – la futura esposa de mi hermano me miraba desde la puerta – Zeref quería hablar contigo.

-¿Sobre qué?

-La llave – oh… mire a mi novia.

-¿La cuidarías por mí?

-Claro que sí. Ve tranquilo.

Había olvidado que le di a mi hermano la llave para que abriera la caja de seguridad que mamá dejo a mi nombre. En la que él tenía había cartas, en la mía no sé qué encontraré ya que a mí me las enviaba a través de papá. Tenía en sus manos una bolsa bastante grande de color negro y luego dudo por un momento si devolverme o no lo que consiguió.

-¿Revisaste que eran?

-Son tarjetas, algunas de cumpleaños, navidad, pascuas.

-¿Por qué guardo eso en el banco? – me tendió un pequeñísimo adorno dorado, parecía un dije.

-Algunas tarjetas tienen estos adornos, son letras de color dorado.

-¿Letras?

-Sí, son como esos adornos que cuelgas en los collares – enarque una ceja – mamá siempre fue muy extraña, tu no recuerdas mucho, pero yo sí.

-¿A qué te refieres? ¿Extraño cómo?

-Era de esa clase de personas que parecen vivir en su propio mundo – rio – una vez nos llevó al colegio en pijamas y te pego un tatuaje de dragón en el cuello. Esos que vienen en los plásticos de los chicles.

-Mamá era drogadicta – le aclaré.

-Lo sabía, escondí todo lo que pude su adicción. Pero ¿Qué puedes pedirle a un niño de 12 años?

-Las cartas que me dejo podían demostrar su mejoría, pero igual se la notaba extraña.

-Si hubieras visto las que tengo arriba, ni el mejor detective podría entender algunas – carcajeo, pero su sonrisa fue muriendo en sus labios – cuando se fue, lo sentí demasiado.

-Natsu – Mavis ingreso a la sala – tengo que hacer una llamada, August se quedó con Lucy, pero creo que lo mejor es que vayas con ella mientras.

-¡Claro! – deje la bolsa sobre el sofá, pero voltee hacia Zeref antes de avanzar más – mejor dámelas después, por ahora mi prioridad es Lucy.

-De acuerdo, las guardaré arriba – asentí con la cabeza, emprendiendo camino por el pasillo hasta la habitación del niño.

Ella se hallaba con los ojos abiertos, mirando de manera interrogante al niño que le sonreía de oreja a oreja. Corrí junto a ella, examiné su rostro buscando algún síntoma de malestar, pero parecía un poco mejor. Temí que mi sobrino dijera algo y se pusiera delicada de nuevo, así que lo alejé de ella con la excusa de que le buscara agua; al verla tan decaída me sentí fatal, yo ocasione sus miedos con mi actitud.

-Lo siento mi amor - su mano al agarrar la mía temblaba, tratando de echarse la culpa de algo que ni siquiera sabemos cómo paso. Disculpándose conmigo cuando soy yo el que ha actuado sumamente mal. Besé sus labios y le recalqué que esto es cosa de dos.

-¿Que vamos a hacer? - ni siquiera yo lo sé. No tengo experiencia en bebés - Lo arruine todo – no, no, no, no llores mi Lucy. Todo estará bien, siempre y cuando estemos juntos, se la veía aún demasiado pálida - Muero de hambre - no pude evitar reír por esto. Eso será algo que pasará muy seguido a partir de ahora.

Me reprendió por habérselo contado a August, pero necesitaba compartir con alguien esa alegría y sé que estará enojada conmigo si le digo a nuestros amigos. Mavis le indico que, si volvía a sentirse mal, la llevaríamos al médico sin dudar y yo solo pude asentir. Observe durante la cena su semblante para ver si volvía a ponerse pálida y cuando nos quedamos en la cocina a limpiar todo mire a Zeref.

-Algo me dice que sigues a prueba – el mismo tenía una expresión extraña en el rostro - ¿Qué tienes?

-¿Cuánto tiempo tiene Lucy?

-¿Qué? – mire a mi sobrino y este salió corriendo – Maldito mocoso…

-Mavis te escucho hablar solo – golpee mi frente al verme atrapado por descuidado.

-No lo sé. Me enteré esta mañana – asintió - ¿Por?

-Porque estoy preocupado por mi futuro sobrino, eres algo especial con ese tema. Espero que seas lo bastante consiente como para saber que no debes correr y dejar a la madre de tu hijo sola.

-Espera ¿Qué? – frunce el ceño - ¡¿Realmente me crees capaz de deja?!

-Claro que lo creo, entre tu niño fobia y las hermosas enseñanzas del señor Dragneel sí, es más probable que corras a que te hagas responsable de ese bebé – me ofende la duda, y lo peor de todo es que no puedo culparlo.

-¡Cambie! Si fuera el viejo Natsu, ni siquiera estaría con Lucy ahora – lo piensa un segundo – no me hubiera mudado con ella, no la habría presentado a todos mis conocidos y mucho menos estaría al pendiente de ese bebé.

-Voy a creerte por ahora, si llego a sospechar por un segundo que vas a correr te ataré al poste de la mansión.

-¡Dios! – ¿Será esa la reacción que tendrán los demás? No me sorprende que a Lucy le haya dado algo por culpa mía.

-Pobre Lucy – mi ceño fruncido le habrá dado una pista de que debía guardar silencio.

-Pobre nada, yo estaré para ella. También para mi hijo y seremos muy felices juntos.

-Ojalá lo sean.

Le rogué que no mencionara nada en presencia de Lucy, ya que ella no quería divulgar aun la noticia. Acepto, pero me indico que eso es algo inevitable; si o si se van a enterar y aunque no lo parezca, a mí no me molesta que lo sepan los demás. Volvimos al tema original, las tarjetas entregadas por mamá. Fuimos a traerlas y mientras me comentaba de que se trataban algunas de ellas, y me entregaba la llave apareció Lucy por la puerta.

-¿Qué es eso? – miro la bolsa en mis manos - ¿Esa es la…?

-Son tarjetas y si, es la llave – la note pálida nuevamente y me preocupe - ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te traiga agua? ¿Algo?

-No yo… - miro a Mavis – solo, estoy algo cansada ¿Podemos ir a casa?

-Seguro, veré de que se tratan las demás ahí.

Nos despedimos, pedimos un taxi, pasamos por un helado a pedido de mi novia y una vez en nuestro acogedor hogar recordé el verdadero motivo por el cual fui a su trabajo. Ella se estaba dando una ducha, así que aproveche y coloque la pequeña caja rosada sobre su almohada, me senté sobre el sofá y disimule estar leyendo las tarjetas.

Ella paso de largo, estaba secando su cabello y una vez que se sentó en la cama, hizo saltar el pequeño regalo y este rodo hasta chocar con sus pies. Parpadeo y luego volteo hacia mí, pero yo fingí leer atentamente una de las tarjetas. Lo tomo en sus manos, y al abrirlo la alegría baño sus facciones.

-¿Para mí?

-¿Para quién más? – lo coloco en su dedo y vino caminado hacia mí. Saco las tarjetas del sofá, arrebato la que estaba en mi mano y sin dudar, subió sobre mi regazo.

-¿Por qué me lo das?

-Por lo que hablamos la semana pasada… - me miro con duda – para que sepas, que quiero casarme contigo más adelante.

-Ya sabía eso sin necesidad del anillo – inclino la cabeza al mirarlo - ¿Qué es?

-Una corona resguardada por un dragón.

-No soy una princesa – sonreí.

-Lo eres para mí - ella negó, haciéndome cosquillas con el movimiento de sus cabellos. Sujeté su rostro y la besé; como solamente con Lucy me nace hacerlo. No tengo miedo de admitir que amo con locura a esta mujer, que daría lo que sea con tal de verla feliz. Se colocó de pie y muy sonrojada agrego -.

-Creo que debo vestirme – carcajee, ya que el motivo por el cual se había levantado tan rápido, es porque mi amigo estaba respondiendo a su cercanía.

-Lo siento, eres demasiado sexy y no puedo evitarlo – me tiro una almohada - ¡Oye!

-Deja de decir bobadas – se acercó al placar y comenzó a rebuscar entre su ropa interior algo que ponerse. Yo me concentre únicamente en ella - ¿Qué?

-Nada, solo estoy disfrutando del espectáculo – se sonrojo hasta el cuero cabelludo.

-¡Deja de mirarme! – me coloque de pie y me acerque muy lentamente a ella. Podía ver como su piel se erizaba.

-Eres la mujer más hermosa del mundo – no me creyó – y no hagas esa cara, porque lo eres.

-Dentro de poco ya no me veré así.

-Igual serás hermosa – acerque su cuerpo al mío, tan pegados que el espacio era prácticamente inexistente – me gustas Lucy, desde que te conocí aquella vez en casa de mi tía quede embobado contigo.

-¡No es -.

-Claro que sí, mira que ir a llevar medicina de gato a una desconocida – realmente adoro la sensación de su piel – es algo un poco arriesgado.

-Seguro, yo era muy peligrosa – rio conmigo.

-Aun lo eres – amase sus nalgas y pego un brinco.

-¡Natsu!

-Soy una inocente paloma – cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de cuan loco me tiene por ella. De cuanto necesito tocarla y besarla a cada momento. Eres el mejor embrujo que el destino puso en mi camino, no pienso separarme de ti Lucy. Te haré tan feliz, como tú me haces a mí.