Hola de nuevo!

Este es el segundo capítulo.

Espero sus comentarios. Que disfruten!

Capítulo II

Un sueño

"¿Es todo lo que vemos o imaginamos

Un sueño dentro de un sueño?" –Edgar Allan Poe.

Ciudad Domino.

Él se había marchado para siempre.

Un chico de ojos violetas tragaba a grandes y apuradas cucharadas el desayuno de esa mañana.

Miraba con impaciencia el reloj, se le había hecho demasiado tarde.

No ayudaba que se hubiese quedado despierto a altas horas de la noche estudiando para sus exámenes de hoy.

Un golpe en la puerta lo hizo levantarse de un brinco. Corrió a toda velocidad, tomo su mochila y se escabullo por la puerta donde lo esperaba Tea, su amiga de la infancia, que entrecerraba los ojos al sol que iniciaba su ascenso entre los altos edificios de la Ciudad Domino.

—Buenos días, Yugi—dijo la castaña de ojos azules como el mar —¿Que tal amaneces hoy?

—Muy cansado—supiro él— No pegué el ojo en toda la noche.

Tea agachó la cabeza, dejando escapar un suspiro.

—Ni yo— murmuró — no creo que me vaya muy bien hoy en el exámen de matemáticas. Es probable que repruebe.

La chica miró el rostro cansando de su amigo, las ojeras bajo sus ojos y las pálidas mejillas. Se preguntó si ella luciría igual. No quiso decirle al joven que no sólo no había dormido a causa de las pruebas de ese día, sino que también había tenido un mal presentimiento esa mañana, una sensación fría se había extendido por su cuerpo y había tiritado por unos minutos sin entender a qué se debía.

El chico alzó la mirada para encontrarse con los ojos azules de Tea. No pudo evitar sonrojarse un poco.

—¿Sucede algo, Tea?—pregunto el tricolor—pareces preocupada.

Ella sacudió la cabeza, se había perdido en sus pensamientos. Cosa que pasaba muy a menudo desde aquel día en que el Faraón los había dejado para siempre.

Un mes. Sólo había transcurrido un mes.

—No pasa nada Yugi—contestó la chica— Sólo... Sólo recordaba a...

—Atem —dijo él apartando la mirada de la castaña.

Por supuesto, cada vez que ella o sus amigos lo veían, era imposible no recordar a Atem. Incluso él no podía verse en el espejo por mucho rato, el dolor que le causaba la pérdida de su mejor amigo, su hermano, todo por cuanto habían pasado, simplemente no podía soportarlo.

—Han pasado cuatro semanas desde entonces— le recordó la chica.

–Lo sé. Tea yo...

—¿Si, Yugi?

—Nada, no tiene importancia.

No hablaron más en su camino a la escuela.

—Había mucho que decir, mucho que recordar, demasiado que extrañar, pero imposible de expresar.— Pensó Yugi.

Así había sido desde el primer día de regreso después de que el faraón se marchara.

Solo podían recordarle en silenciosa pena, aunque se alegraban de que, finalmente, Atem descansara en paz, aún así le extrañaban a sobremanera.

Llegaron por los pelos a clases, Joey y Tristán ya se encontraban allí. Durmiendose en sus respectivos asientos.

No habían corrido con mejor suerte.

—Hola Tea, Yugi — saludó Joey, se veía igual de cansado que ellos— ¿ cómo van esos ánimos? ¿Listos para la prueba?

—Muy mal —resppondió Yugi abatido — no pude resolver ni un solo problema anoche.

Tristán se cubrió el rostro.

Tea hizo un puchero.

Y Joey suspiró.

El profesor llamó a la clase y comenzó a pasar lista.

—Buen día alumnos, por favor vamos a iniciar el exámen...

La mente de Yugi no dejaba de dar vueltas pensando en Tea, sabía que le mentía cuando le dijo que no sucedía nada, pero no había querido insistir. Tenía cosas en que pensar; los pocos minutos que había cerrado sus ojos esa noche, los pasó envuelto en tenebrosas pesadillas, de largas sombras que salían de un profundo y oscuro agujero, de la voz de sus amigos pidiendo ayuda, y de unos ojos amatistas como los suyos, pero más serios, más antiguos, muy inteligentes, suplicando.

El recuerdo le dió escalofríos. Sacudió la cabeza para alejar esa pesadilla. Tenía que concentrarse en su exámen. Quería contarle a Tea, quería que ella le dijera su opinión al respecto, pero viéndola tan agotada por su desvelo estudiando y triste por la mención de Atem, no quiso añadir mas preocupaciones en su amiga.

Las clases acabaron. Y los cuatro chicos salieron cumpungidos cargando sus mochilas fuera de la escuela.

—Que día — se lamentó Joey con un bostezo.

—Ni que lo digas — exclamó Tristán — Odio matemáticas.

Tea río.

—Ustedes chicos, odian todas las materias.

— De ninguna manera — dijeron Joey y Tristán al mismo tiempo —solo odiamos matematicas.

— También historia — enumeró la castaña con los dedos — Física, literatura...

Tea soltó otra risita, pero se detuvo al ver que Yugi caminaba en silencio sin prestarles mucha atención. Joey y Tristán aún discutiendo el anterior comentario de Tea, notaron también la seriedad de su amigo y dejaron de reír.

—Oye amigo — comenzó Joey — ¿Que te sucede? Pareces un zombie

Yugi alzó la mirada. Sus tres amigos lo miraban con preocupación. Se recriminó a sí mismo, no era momento de preocupar a nadie, pero una sensación de que algo no marchaba bien se estaba asentando en su estómago. No sabía que era, pero estaba seguro de que tenía que ver con ese sueño extraño. Le preocupaba lo que pudiera significar.

—No es nada, no se preocupen chicos — contestó el tricolor, tratanto de parecer animado.

— ¿Estás seguro Yugi? — insistió la ojiazul, no creyendo del todo lo que oía. Conocía perfectamente a su amigo, y la presión que empezaba a formarse en su pecho le indicaba que las cosas iban de mal en peor.

El chico asintió.

—¿Que les parece si vamos por unas pizzas para celebrar? — animó Joey.

—¡No seas idiota, Joey!—le golpeó Tristán — acabamos de reprobar el primer exámen de matemáticas, ¿Te parece que tenemos que celebrar algo?

Joey se sujeto la cabeza adolorida.

—¡Bruto! Tristán —alzo la voz el rubio — ¡COMO VUELVAS A PONERME UNA MANO ENCIMA!

Tristán se carcajeo. Parecía imitar el temblor que le producía la amenaza de Joey, pero no perdió el tiempo y comenzó a alejarse prudentemente de su amigo.

—No sean tontos chicos —se río Tea — ¿ Qué quieres celebrar Joey?

Joey miro a Tea por un segundo, parecía decidir si correr trás Tristán y hacerle pagar por golpearle o contestarle a la chica. Al final, suspiró.

—Necesitamos ánimos chicos, volver a los viejos tiempos — explicó el rubio guiñandoles un ojo a Tea y a Yugi — celebrar que nos fue mal en el exámen pero que seguimos adelante como siempre. Aunque él... Él no esté.

Tristán que parecía haber escuchado, se acercó nuevamente.

—Bueno, eso si es digno de celebrar — concordo el castaño.

Luego se escuchó un golpe fuerte, seguido de un grito de dolor y las risas de Joey después de acertarle un golpe en la cabeza a Tristán.

—¡JOOOOOOEYYYYYY!—grito éste último —¡ME LAS PAGARAS! PEDAZO DE ALCORNOQUE.

— Iré por la pizza, nos vemos en 30 minutos chicos, en la casa de Yugi — gritó el rubio corriendo lejos de las manos de Tristán.

Yugi y Tea suspiraron. Retomaron el camino de nuevo en silencio.

—Oye Yugi —llamo la chica, Yugi la miró— se que algo sucede, quiero decir, tengo el presentimiento de algo sucede o sucederá, no estoy segura, pero también tengo el presentimento de que tu lo sabes.

Yugi se detuvo. Miro atentamente a Tea.

Entonces no era el único que lo sentia, pensó él.

Estaban a pasos de llegar a su casa, pero no quería que nadie más escuchara ésta conversación. No si su abuelito estaba en casa.

Suspiró.

—Creo que se dé que me hablas. Yo también siento... —el chico cerró los ojos — anoche tuve un sueño...

—¿Un sueño? — interrumpió la castaña.

—Si, uno muy raro —continuo él — no era algo específico, había mucha oscuridad, creía que iba a tragarnos a todos de un momento a otro. Alguien gritaba diciendo mi nombre. Me sentía ansioso, todavía lo estoy, como si aún estuviera dentro del sueño, como si estuviera al borde mismo del abismo. Tengo mucho miedo, Tea, pero no se exactamente de qué.

Tea lo miró. Notaba la preocupación de su amigo como si fueran uno. La presion en su pecho aumentó.

—¿Crees que signifique algo?

—No lo sé — respondio el tricolor — no me gustaría pensar que él está en problemas.

— ¿Él? ¿A quién te refieres? — inquirió la chica.

—Atem, él era quien me llamaba.

Los dos chicos entraron a la casa. Yugi necesitaba unos minutos a solas, por lo que casi corrió a encerrarse en el baño. Unas náuseas tremendas se produjeron luego de decirle a a Tea que Atem pedía ayuda en su sueño, había tenido que ver la reacción de la chica, su rostro había cambiado; sus ojos se habían abierto tanto que creyó rebotarian lejos de su cara. Pudo leer el temor en ellos. Realmente se había asustando, tanto como él.

No sabía que significaba todo esto, pero saber que Tea se sentia de la misma forma no ayudaba para nada.

Se sujeto fuertemente al lavamos esperando que la sensación de mareo desistiera en su intento de hacerlo desmayar, cuando notó que el dolor disminuía, decidió salir y enfrentar a la castaña.

Tea se hallaba en la sala, parecía inspeccionar un paquete sobre la mesa del comedor que Yugi había pasado por alto en su carrera al baño. El chico se acercó, y noto que la castaña sostenía una pequeña nota entre sus manos.

—Es para ti —dijo la chica al ver a Yugi — Lamento haber husmeado.

— No te preocupes —nego él recibiendo la nota.

Reconoció la letra de su abuelito. Algo temblorosa por la edad, pero clara.

Querido Yugi, llegó este paquete para ti en la mañana después de marcharte. No indica quien lo envía, pero el hombre que lo entregó estaba completamente seguro de que era para ti. Me pareció de lo más extraño. Ábrelo con precaución.

He ido por las compras, volveré pronto.

Con amor

Tu abuelo.

Yugi miró con atención el paquete. Una caja un poco más pequeña que el televisor de su casa, parecía estar en vuelta en muchas capas de papel para embalar y proteger. Daba la impresión de que, lo que yacía dentro, tenía un alto grado de valor para quien sea que lo haya enviado.

Le echó una mirada a Tea, que miraban aún el paquete con interés y ansiedad.

Como indicaba su abuelo, el paquete no decía quien lo enviaba, causándole más intriga. Comenzó a desenvolver con cuidado las capas de protección.

Cuando por fin pudo abrir el paquete, noto que dentro había algo sumamente familiar, rodeado de pequeñas bolas de papel que mantenían fija la posición del objeto en su lugar.

Algo trigualar se asomaba por encima de las bolas de papel y sobre éste, el ojo de Horus resplandecía dorado iluminado apenas por la lámpara sobre las cabeza de ambos chicos. Yugi alzó el objeto con prisa. No podían creer lo que veian sus ojos. Tea y el chico dejaron escapar el aire que no sabían que estaban conteniendo hasta ese momento; sorprendidos y algo atemorizados.

El rompecabezas del milenio yacía de nuevo en sus manos.