Capítulo III
Hola chicos Y chicas!
Hoy el capítulo 3! Espero sea de su agrado
Saludos!
Incertidumbre
La sorpresa le había quitado el aliento a Yugi Muto y Tea Gardner. El tiempo parecía haberse detenido, congelado en el preciso instante en que el chico alzó, imperioso, el rompecabezas del milenio.
Allí estaba, luciendo igual que antes, una reliquia antigua, brillante y místicamente poderosa. Él hogar de un Rey al que ellos conocían perfectamente.
—Atem — murmuraron ambos al unisono.
Los labios de Yugi temblaron. Su mente era un hervidero de preguntas sin respuestas. ¿Atem estaba de regreso? ¿Cómo era posible? ¿Que había sucedido? ¿Quien le enviaría de regreso el artículo del milenio? ¿Seguiria entre ellos el faraón?
Un pequeño sollozo lo sacó momentáneamente de su estupor.
Tea, que miraba fijamente el objeto milenario, parecía que colapsaria de un momento a otro.
Vio las mismas emociones que el sentía reflejadas en sus azules ojos; asombro, confusión, felicidad, inquietud y miedo.
Pudo notar como brotaban lágrimas de los ojos zafiros de la chica, y el leve pero perceptible movimiento de su cabeza al negar lo que veian sus ojos.
—Y-Yugi —dijo Tea con la voz entrecortada— dime... Dime qué no son imaginaciones mías.
Yugi no contestó. No podia. Su lengua se había quedado apresada dentro de su boca, su garganta cerrada ante la complejidad de lo que sentía. Observó de nuevo el artículo del milenio, sujetandolo con más fuerza. Él también necesitaba saber que era real, que lo que veía no era a una ilusión a causa de un deseo reprimido, el deseo de ver de nuevo al Faraón.
Clavó su mirada en las pequeñas gotas de agua que humedecian el ojo de Horus y se filtraban entre las uniones de las piezas del rompecabezas. Confundido, se llevó una mano al rostro notando que él también estaba llorando al mismísimo tiempo que percibió un haz de luz desprenderse del artículo.
Abrió la boca para comentarle a Tea, pero el haz de luz se intensificó, expandiéndose a lo largo de toda la estancia, extramadamente brillante y caliente, tanto que dolía.
Yugi se sintió soltar el rompecabezas cuando el calor se hizo insoportable y la luz cegó a ambos chicos. Jadearon asustados. Era como mirar directamente al sol, un sol naciente en medio de su sala, calentando su piel e hiriendo sus ojos.
Se cubrieron el rostro alejándose del rompecabezas. No entendían del todo que sucedía, en un segundo todo era demasiado rutilante y al siguiente la luz incandescente parpadeo y empezó a disminuir.
Yugi pudo distinguir a través de sus dedos una figura que empezaba a formarse dentro de los últimos vestigios del resplandor dorado.
Lo primero que observó el tricolor, fue al rompecabezas levitar en la misma posición donde momentos antes lo había estado sosteniendo.
Detrás del articulo, una alta figura indudablemente humana y esbelta parecía absorber la luz en su interior, tomando forma en cada segundo que transcurria.
Pequeñas chispas de luz bordeaban su cabello en punta, sus hombros anchos y sus manos que, al mirar con atención, Yugi se percató sujetaban firmemente el rompecabezas cerca de su pecho.
La impresion de lo que veia lo había dejado anonadado. El último haz resplandeciente se consumió por completo dejando a la vista lo que tenía frente a si.
No lo podía creer. No podía creer lo que veian sus ojos. El mundo pareció inclinarse un poco cuando un par de ojos violetas como los suyos clavaron la mirada en él.
Cayó de rodillas, conmocionado. Era demasiado. Creyó escuchar la voz de alguien que le llamaba, pero el ruido fue tragado por su asombro e incredulidad.
Allí, centelleando sutilmente como la luz de una estrella, estaba Atem, el espíritu del rompecabezas del milenio.
Su audición regresó, como alguien que enciende una radio de repente. Tea suplicaba, su voz preocupada y estridente.
—Y-Yugi, reacciona por favor — pidió la chica sacudiendolo desesperadamente—¿ Qué sucede? Yugi, ¿dime qué pasa?
—¿Es que no podía verlo? —se preguntó el joven
Estaba allí de pie, mirándolos ambos con el desconcierto y la incredulidad tiñendole las facciones. No podía apartar sus ojos, temía que si lo hacía, el faraón desapareciera entre un parpadeo y el siguiente.
—Es Atem—articulo el jóven como pudo, apenas pudo escucharse a si mismo a través del ruido encordesedor de los latidos de su corazón— Ha vuelto.
Tea lo miró un segundo. Arrodillada junto a él podía notar el temblor casi imperceptible de los labios de su amigo mientras observaba fijamente algo que ella no podía ver y pronunciaba esas palabras que se repitieron como un cántico en su cabeza.
Ha vuelto.
Ha vuelto.
Atem, ha vuelto.
Contempló como flotaba el rompecabezas del milenio varios palmos sobre el piso y se preguntó si era a Atem a quien Yugi veía sostener el rompecabezas del milenio.
Su corazon acelerado seguía el ritmo de sus pensamientos.
Un latido. Ha vuelto.
Dos latidos. Ha vuelto.
Tres latidos. Él ha vuelto.
¿ Cómo era posible?
El faraón, algo confundido, miraba con turbación la escena frente a él. Al principio creyó que había tenido una visión de algún recuerdo de sus amigos, era común para él disfrutar de ellos en el impasible y tranquilo lugar en el que residía, con los espíritus de sus antiguos aliados y compañeros, al fin reunidos más allá de este mundo.
Pero ésto no se asemejaba a un recuerdo, no sentía que estuviera frecuentado sus memorias, era demasiado nítido, demasiado claro, se sentía demasiado real.
La visión de sus dos mejores amigos, le sobrevino como un ola gigantesca sobre su cabeza.
—Yugi —dijo al fin el Faraón— ¿ Qué es lo que han hecho?
El aludido palideció. Su voz era fuerte, directa, decidida, carente de la suavidad de su propia voz. Era tal cual Yugi la recordaba. Firme, la voz de un Rey. De uno muy antiguo y poderoso. La voz de su mejor amigo.
Sin embargo, sintio algo abrirse en su corazón, la incredulidad surgiendo de cada parte de su cuerpo. ¿Que habíamos hecho? ¿Acaso no sabia él que sucedía? ¿ Creía que ellos lo habían traído de su descanso eterno para residir de nuevo en este mundo? Peor ¿No se alegraba de verlos nuevamente?
Se puso de píe. Tea, lo siguió. Sentia la presión de las manos de la chica en su brazo derecho. Sabía que no escuchaba al faraón, sólo él podía hacerlo.
—F-Faraon — murmuró al fin, su voz quebrandose. La chica a su lado volteó la mirada hacia él, atónita — Faraón, nosotros no hemos hecho nada.
—Entonces, no puedes explicarme que estoy haciendo aquí en medio tu casa?
—N-No, no Atem —tartamudeo el chico— mi abuelito recibió ese paquete está mañana, el rompecabezas estaba allí.
El tricolor más joven señaló con un dedo la caja que estaba en la mesa a un lado del faraón.
Él rey observó la caja con atención, luego los miró. Yugi siempre había sido sincero, y las expresiones idénticas de él y Tea denotaban lo inesperado de la situación. Si ellos no lo habían traído de vuelta, entonces ¿quien?
Bajó su vista al rompecabezas, no había advertido que usaba su poder para mantener el objeto flotando entre sus manos.
Su alma pertenecía al rompecabezas. Una vez más.
Apretó los labios. ¿Que había hecho para tener que regresar aquí? ¿Que lo esperaba ahora? No podia ser bueno. Nada de esto podía ser bueno.
—¿Sabes quien lo han enviado?— inquirió nuevamente el tricolor mayor.
—No, no había datos en el paquete — respondió Yugi.
—Entonces ¿como...
—Yugi —llamo Tea. Los dos alzaron la cabeza al oír a la chica hablar. Se había acercado a la caja donde habían sacado el rompecabezas, sin que estos se dieran cuenta — Aquí hay algo, creo que es una fotografía.
Tea parecia haber salido de su estupor. Siempre era ella quien reaccionaba primero ante cualquier situación.
Tenía entre sus dedos un pequeño cuadro de papel, no mas grande que una tarjeta de cumpleaños. Lo sostuvo en alto para que Yugi y Atem, siendo este último invisible a los ojos de la chica, pudieran ver la fotografía.
Al principio se podía observar la sencilla foto de un desierto árido y soleado, de vegetación inerte, una imagen desolada, como si el color y la vida de ese sitio hubiese sido absorbido de repente. Era el sitio donde tuvo lugar la batalla final, el dia en que Atem había regresado a su tiempo, sólo que lucia diferente, no tan familiar a simple vista, hacia falta algo. No tardaron en descubrir que era. Una gran mancha negra como la tinta, similar a un agujero enorme ocupaba el centro de donde una vez se había desarrollado la batalla ceremonial. Todo a su alrededor había desaparecido.
—Hay una nota detrás —dijo la ojiazul — está firmada.
Tea le dió la vuelta a la fotografía.
Una elegante letra cursiva adornaba el píe de la misma.
Sólo conozco un lugar donde el rompecabezas del milenio y el faraón pueden estar a salvo...
-Ishizu Ishtar
