Hola! Que tal?

Les traigo otro capítulo.

Estoy corrigiendo los anteriores capítulos (algunos errores de redacción) y actualizando cada vez que puedo, espero les gusten!

Les comento también que esta historia no será un AtemxAnzu(Tea). Creo que la haré diferente, algo menos común. Que tal?

Espero sus comentarios

Hikari: Eres mi PRIMER review! Me súper emocioné. No cabía en mi dicha. Me alegro tanto que te gustara. Espero esté Capítulo también! Muchos saludos!

Capítulo IV La salida del infierno.

"...Y las nubes perecieron; la Oscuridad no necesitaba

De su ayuda –Ella era el universo." Lord Byron.

—Toma el rompecabezas— Ordenó el Faraón a Yugi.

El tricolor mas joven, aún conmocionado, alternaba la mirada entre Atem que lucía más serio y preocupado que antes, la fotografía con el mensaje que Ishizu había dejado en ella, el reluciente rompecabezas, y su amiga Tea, quien había optado por tomar asiento y cavilar en silencio todo lo que hasta ahora sabían. el rompecabezas— Ordenó el Faraón a Yugi.

Se acercó al tricolor mayor con deliberada lentitud. El Faraón lo siguió con la mirada, la cual se había suavizado un poco cuando supo que los chicos no habían tomado partido en su misterioso y sorpresivo regreso a este mundo.

Yugi tomó el rompecabezas del milenio de las manos del faraón, sientiendo nuevamente su peso entre las suyas. Le echó una mirada al antiguo Rey.

—¿Puedo? — preguntó el joven, indicándole al faraón lo que pretendía.

Él asintió. Yugi enganchó el rompecabezas a la cadena plateada que solía usar para sostenerlo, la cual permaneció con él desde el momento en que tuvo que dejarlo ir, como un recordatorio constante de que Atem había existido, que todo por lo que pasaron era real. Ahora el artículo volvía a estar donde una vez reposó antes de la batalla ceremonial; colgando del cuello del pequeño tricolor.

Tea observó con atención cuando Yugi alzo sus manos y sujetó a su cuello el artículo del milenio. No podia ver al Faraón, por supuesto, pero podia oír a Yugi hablarle a Atem, las pausas que el joven hacía esperando una respuesta y sus ojos fijos en donde, ella pensaba, estaba el rostro del Rey. Todo le hacia recordar otro tiempo, cuando su amigo se sumergia en sus pensamientos para conversar con él. Ella siempre lo había notado.

Un golpe en la puerta retumbó en la estancia, haciendo que Tea saltara repentinamente sobre sus pies y los dos chicos dieran un respingo.

— Dense prisa, Tea, Yugi — escucharon decir a Joey, su voz amortiguada por la puerta.

Tea miró a Yugi y no le sorprendió ver en sus ojos lo mismo que reflejaban los suyos; ambos se habían olvidado por completo de los chicos. ¿Que iban a decirles?

—¿Que crees que estén haciendo allí dentro? — pregunto socarronamente Tristán.

Tea decidió abriendo la puerta de un tirón.

Joey y Tristán entraron como si le huyeran a un fantasma, aplastando por poco a la castaña. Ambos sostenían dos pares de cajas de pizzas apiladas sobre sus brazos.

—¡Eh! Tea, ¿Por que han tardado tanto en abrir?— inquirió el rubio— Odio la pizza fría, hemos corrido hasta aquí ¿Saben?

Depositaron las cajas sobre la mesa más cercana. Tristán abrió una y empezó a tirar de las rebanadas de pizza cubiertas de queso.

—Chicos, no es momento para juegos.

Joey, no tan ajeno a la inamovilidad de sus dos amigos, fue el primero en darse cuenta de la intensidad con la que Tea hablaba.

Escaneó a su amiga primero, la cual lucia peligrosamente histérica, haciendo que se sintiera repentinamente alerta y en movimiento. Cuando ella desvío la mirada hacia Yugi, él hizo lo mismo. Tardó varios segundos en entender lo que veía. El chico estaba más blanco que la cal. Su primera reacción habría sido preguntarle que le pasaba, de no ser por la imagen del tricolor sujetando el rompecabezas del milenio, saltando en su visión como un letrero de neon en medio de la oscuridad, entonces él palideció tambien.

—¡Por los calzones de mi abuela!— gritó el rubio. Estuvo a punto de caerse sobre Tristán a causa de la sorpresa.

—¡Oye amigo!—se quejó Tristán — Pero que... ¿q-qué es eso? ¿Ese es el rompecabezas del milenio?

Dos expresiones de idéntica sorpresa llenaron sus rostros.

Tea fue la primera en hablar, no tardó mucho en explicarles que Ishizu había enviado de vuelta el rompecabezas, les mostró bajo que circunstancias tuvo que hacerlo al enseñarles la fotografía y la nota al pie de la misma.

— ¡Vaya! Que lío. — dijo Joey al fin, sus ojos alternaban de las caras de todos sus amigos al rompecabezas— ¿Quiere decir que el Faraón está allí?

—Si Joey, está aquí. Puede escucharte y verte— respondió el tricolor.

—¡Vaya! Hola faraón — saludó Joey mirando varios puntos de la sala— Donde quiera que estés.

Atem y Tea rodaron los ojos.

Yugi río.

— Increible. Esto es totalmente increíble —repetía Tristán cada tanto.

—Quiza sea mejor que nos sentemos — sugirió Tea.

Los cuatro tomaron asiento. Sólo Atem aún de pie, observaba a sus amigos con detenimiento, especialmente a Yugi a quien sentia inspeccionar sus pensamientos y recuerdos como antes. Una sensación un tanto invasiva, dado el tiempo que tenía sin experimentarla.

La mente y el corazón del chico eran un torbellino de emociones; la más brillante era la felicidad que sentía al tenerlo de vuelta, sin embargo, ésta se teñia con el oscuro remordimiento y la más negra de las culpabilidades, mientras pensaba que era egoísta al querer que él permaneciera en contra de su voluntad. Había olvidado cuán puros eran sus sentimientos, cuan profundos, tan fáciles de leer en su rostro, cuán valiente y dispuesto a ayudar a sus amigos aunque sin importar de que se tratara y sin anteponer lo que él queria. Se sintió abrumado de repente.

Lo siento — pensó Yugi al notar lo que pensaba su alter ego— realmente lo siento, yo no quería...

No, no lo sientas, yo también los he echado de menos.

Yugi sabía que el faraón era sincero, podía leerlo en su mente. No pudo evitar suspirar, le dedicó una mirada agradecida a su amigo, se sintió más ligero al saber que Atem no le culpaba de nada, ni si quiera de su felicidad, ni la de ninguno de sus amigos.

Atem señaló a Tea con un ademán de la cabeza. Yugi parpadeo desconcertado.

—Yugi —llamo la chica. Al tricolor le pareció que ya había solicitado su atención antes —¿Crees que Atem y tu puedan explicarnos que está sucediendo?

El chico se dió cuenta que sus tres amigos estaban un poco hastiados. Se río apesadumbrado.

—Lo siento , chicos — se disculpó — Es un poco difícil concentrarme.

Despues de un tiempo empiezas a olvidar como se sienten ciertas cosas— razonó para si mismo.

Tomó aire y continuó.

— Atem no sabe más de lo que nosotros sabemos. Su memoria de éste mundo inicia en el momento en que tomé el rompecabezas de la caja y regresó la conexión entre nosotros.

—¿Quiere decir eso que no sabe quien lo... — Tea calló pareció dudar sobre lo que iba a decir.

Dile que no, no se quien me encerró aquí — murmuró el faraón a Yugi, mientras escrutaba a la ojiazul. Había algo de pesadumbre en su voz con un toque de amargura.

Un escalofríos recorrió al chico. El estaba al tanto de que vivir en el rompecabezas se asemejaba mucho a estar en una prisión .

—No, no sabe quien ha sellado su alma de nuevo en el rompecabezas.

Su voz sonó pequeña. Muy debil. Joey, Tristán y Tea percibieron la incomodidad y preocupación del pequeño.

—Es cierto, quizá él este allí otra vez, pero algo podremos hacer para devolverlo a donde pertenece ¿no?

Joey parecía querer anadir algo de entusiasmo a sus amigos.

—Estoy un poco dudosa, chicos — Tea inició — si nosotros tenemos el rompecabezas, ¿En donde estarán los otros artículos milenarios? Y ¿por qué Ishizu no los ha enviado hasta aquí?

—Es probable que no los tenga con ella, Tea — contestó Tristan

— Quizá los han robado — agregó Joey — Tal vés quienes hicieron el agujero.

— No se ustedes chicos — advirtió Tristán —pero todo esto me asusta mucho, ese lugar luce como si la luz del sol hubiese sido tragada por ese hoyo, que a mi parecer podría ser la mismísima entrada al infierno.

—O la salida de él — dijeron Yugi y Atem al mismo tiempo.