Que tal chicos y chicas?

Que tal les ha parecido el fanfic?

Por favor! Díganme

Les deseo feliz fin de semana!

Capítulo V –Un destello rojo

"Murmullo que en el alma

Se eleva y va creciendo

Como volcán que sordo

Anuncia que va a arder."

– Gustavo Adolfo Bécquer

— Deberíamos llamar a Ishizu, ella podría explicarnos.

Joey sugirió luego de decidir qué pensaba mejor con el estómago lleno.

Repartió rebanadas de pizzas a sus amigos mientras discutia el mejor plan de acción.

Tristán cambiaba los canales en el televisor después de comentar qué un hoyo en la tierra de tamaño descomunal no podía haber pasado desapercibido por la prensa.

Los reportajes iban desde un temblor que había sacudido a Egipto en las tempranas horas de la madrugada a inicios del fin de semana, y había generado durante el presente día múltiples replicas que mantenían a los ciudadanos despiertos y aterrorizados, hasta el enorme agujero que había aparecido de repente y sin causa aparente en el epicentro del movimiento telúrico.

La imagen que circulaba en los noticieros era más amplia en comparación a la que Ishizu había enviado. Nada había quedado en pie en los kilómetros cercanos a la tumba donde se realizó la última batalla, como si una bomba hubiese explotado bajo tierra y la onda expansiva destruyera cuanto estaba sobre ésta.

Tea tomo la palabra de Joey y marcó innumerables veces al teléfono que Ishizu les proporcionó para comunicarse con ella la última vez que se vieron. Sin embargo, llamada tras llamada caía directamente al buzón de voz.

—No puedo comunicarme — avisó Tea a los chicos— quizá tiene el teléfono apagado o no hay señal.

Los ánimos parecían decaer más y más.

Sabían que Ishizu estaba con vida, pues les había hecho llegar el rompecabezas, pero aún así, las noticias los abrumaba.

Yugi lanzaba miradas preocupadas al Faraón, estaba muy callado, apoyándose sobre la pared, analizando la teoría de que algo hubiese salido de aquel hoyo, algo que debía ser oscuro y peligroso, algo de lo que él no tenía idea. Nada bueno deja tanta destrucción detrás.

—Bueno chicos, a simple vista no hay nada que podamos hacer ¿Cierto? — concluyó el castaño.

—Eso no ayuda mucho Tristán — reclamó el rubio apretando los puños — algo tenemos que hacer...

— No sabes que sucedió — le interrumpió Tristán. Joey hizo una mueca. — no sabemos por qué él faraón está aquí, tampoco donde están los demas articulos milenarios, no tenemos idea de quién hizo esto —dijo señalando la imagen en el televisor de la vista del hoyo tomada por un helicóptero—parece que no sabemos muchas cosas como para tener idea de que podemos hacer.

— Si hay algo que podemos hacer —contradijo el rubio. Tristán puso los ojos en blanco, pero calló. — Sabemos donde está Ishizu ¿no? — los cuatro amigos miraron a Joey. Él sonrió — vamos a Egipto.

—P-Pero ¿Te has vuelto loco? — chilló el castaño, tomo la cabeza del rubio y la giró hacia el televisor — ¿No estas viendo las noticias? ¡Zopenco!

Joey se sacudió las manos de Tristán.

— No hablo de ir directamente alli, bruto — se quejó el rubio — podemos simplemente tomar un vuelo, quedarnos cerca y tratar de encontrar a Ishizu.

— ¡Oh no! No, no, no — Tea se lamentó — ¿como diantres se me pudo haber olvidado?

Yugi salto sobre sus pies primero que el resto de sus amigos.

—¿Que va mal Tea?

La chica buscaba frenetica su mochila.

— Tengo que irme chicos o ella va a... —se interrumpió mientras la recorría un escalofríos — tengo que correr.

— ¡No puedes irte así, Tea! — Exclamó Joey algo alterado. La chica se detuvo a medio camino de la puerta, confusa. Sus amigos la miraban con los ojos muy abiertos por la consternación — esto es importante, tenemos que planificar un viaje.

— Joey ... Chicos, no. — negó con la cabeza, sus orbes azules muy serios — ¿recuerdan la nota de Ishizu? — cuatro pares de ojos ahora dubitativos la miraban - "Solo conozco un lugar donde el rompecabezas del milenio y el faraón pueden estar a salvó" — citó a media voz — Creo que no deberíamos llevar de regreso al Faraón a Egipto. Por algo lo envió aquí de vuelta ¿No es obvio? — inquirió observandolos — Debemos protegerlo a él y eso significa mantenerlo donde está seguro. Con nosotros.

Yugi, Joey y Tristán suspiraron. Atem sólo escrutó a la castaña por un momento. Luego miró a Yugi.

—No debemos ir a Egipto — murmuró el Faraón — En eso tiene razón Tea, pero lo que sea que haya salido de allí, si yo soy su objetivo, encontrará su camino hacia mi y también hacia ustedes.

Yugi lo miro. La preocupación en aumento.

—¿Debo decirle eso a los chicos? —penso el tricolor hacia el Faraón.

Atem negó cerrado los ojos.

—No los preocupemos hasta no saber que está pasando.

El joven miro de vuelta a sus amigos, que se habían quedado mudos esperando la respuesta del faraón

—Nada de viajar a Egipto — musitó.

Tea acomodó la mochila sobre su hombro. Le dedicó una última mirada a su amigo antes de volverse y salir corriendo por la puerta. Sentia que había más que sólo la negativa de un viaje, pero no tenía tiempo para insistir. Peor que un nuevo enemigo acechando al Faraón y por extensión a ellos, había alguien esperándola, no se quería imaginar que pasaría sino llegaba a recibirla.

Seguramente pondría precio sobre su cabeza —se río la castaña para sus adentros.

Los cuatro chicos vieron a Tea salir, como alma que se la lleva el diablo.

— Alguien sabe a quién se refería Tea cuando dijo "...o ella va a..." —pregunto el castaño imitando la voz de la chica.

— Su madre ¿ Quizá ? — parpadeó el rubio, algo extrañado.

— No se, lucía espantada — apostilló Tristán.

— Seguro nos dirá luego — aseguró el tricolor más joven.

Ambos chicos suspiraron.

—Pues, supongo que deberíamos volver a casa — musitó el rubio — mañana será otro día.

Atem contempló a sus amigos despedirse de Yugi. Sentia que estaba poniéndolos en peligro, que el mañana podía traer más que sólo un nuevo día.

—¡Hasta luego faraón! — se despidió Joey alzando la voz.

— ¡Callate! — Lo golpeó Tristán — toda la cuadra va a oírte.

—¡Auch! ¡Tristán! — se quejó acariciandose la cabeza y haciendo muecas por el dolor.

El castaño arrastro a su amigo hasta la salida, mascullado que era probable que el faraón tuviera que asistir a un otorrino por culpa de ese zopenco.

Atem observó a Yugi.

— No te sientas culpable — le reprochó al joven — me alegro de estar aquí, de cierto modo verlos y saber que están bien me hace feliz.

Yugi lo miró pensativo.

— ¿Realmente es así? — preguntó el chico, evaluando a su amigo — no pareces muy alegre, por un momento pensaste que nosotros...

Yugi sacudió su cabeza.

— Que me habían traído de vuelta — terminó la frase del joven. Suspiró. — Lo siento Yugi, yo... Yo no quería dar a entender que lo habían hecho, simplemente anhelaba tanto el descanso ...

—Que pensaste que nosotros éramos tan egoistas para interrumpirlo.

Yugi le dió la espalda, no quería que viera el dolor que le causaba.

— Lo siento —se disculpo de nuevo el Rey.

Yugi podía sentir el arrepentimiento del faraón, por lo que encaró de nuevo a Atem. Suspiro y le dedicó una sonrisa.

—De verdad, me alegro de verte — el chico dijo, su voz honesta — no esperaba hacerlo en mucho, mucho tiempo, pero sea lo que sea que haya pasado te prometo que resolverémos esto juntos.

Atem asintió. Devolviéndole la sonrisa.

— Es hora de que me digas todo lo que sabes — pidió el chico. Atem alzo una ceja — se que estás tratando de controlar tus pensamientos.

El faraón se alborotó el cabello. Había dejado de sonreír, una expresión triste llenó su rostro.

—Habia olvidado que se siente compartir mi mente — musitó para si mismo, pero el joven pudo oírlo — no recuerdo mucho Yugi, creo que algunas cosas sobre que pasa después de la muerte deben permanecer en secreto —Atem miro a su descendiente esperando que le entendiera — sólo recuerdo la paz, la tranquilidad ... Aunque también algunos sueños muy confusos.

— ¿Sueños? — indagó el tricolor menor pensando en sus propio sueño. La voz de Atem pidiendo ayuda, sus amigos, la oscuridad y el miedo.

— Si, algo parecido — asintio el rey leyendo la mente de su amigo y pensó en sus propios sueños — creí que eran parte del lugar donde descansaba, pero creo que los tuve en el momento en que deje de estar del otro lado.

Atem aprovechó la conexión de sus mentes permitiéndole a Yugi ver lo que recordaba; era un sueño donde él recorría largos e interminables pasillos de piedra, alumbrado por chorros de luz tan blanca que desteñia el color de las parades y dificultaba su visión, todo se distorsiona de tal forma que le causaba un poco de desesperación, tratando de aferrarse a algo definido para entender hacia donde iba. Su mente giraba sobre el sueño, mientras seguía caminando, caminando y caminando sin detenerse. Escuchaba murmullos que salían de las paredes, voces lejanas que no lograba entender. Luego un sollozo, una risa funesta y un grito de terror. La piel se le puso de gallina y el miedo apareció. Cuando notó un destello rojizo como hilos incandescente flotando al final del pasillo, fue que comenzó a correr. Su cuerpo y su alma le decían que tenía que alcanzarlo, que tenía que llegar hasta la llama parpadeante que se alejaba deprisa, sino sería demasiado tarde. Pero ¿que era? ¿Que era eso que se movía como abanderado en el viento y lucía cómo el fuego?

Yugi parpadeo confundido. El color de las llamas llenando su visión, ¿o era la de Atem? Se desprendió poco a poco de su sueño y le dirigió una mirada inquisitiva a su amigo.

Atem soltó una risita compungida.

— Extraño ¿No?

Yugi fijo sus ojos violeta en el Faraón.

—De lo mas raro.

Yugi estuvo largo rato vacilando sobre lo que le había mostrado Atem. La sensación de pérdida se había calado en sus huesos, la necesidad de correr y alcanzar algo que no sabía que era, lo hacía asustarse de la intensidad de los sueños del faraón, más que eso, se preguntaba sino sería un recuerdo. Algo real.

Atem estudiaba decididamente el techo, sentado en el sofá con la cabeza reclinada hacia atras, luciendo ahora la misma ropa del colegio que él, se veía menos intimidante, menos como un rey y más como lo recordaba.

Quería preguntarle sobre tantas cosas, habían estado en sus memorias tiempo atrás, pero ahora que él había recuperado todas sus recuerdos y el rompecabezas era menos un laberinto de puertas con trampas mortales detrás, sentia curiosidad de escuchar las anectodas de un Rey antiguo, y de saber si había algo en sus recuerdos que le dijera si olvidaron hacer algo el día de la batalla ceremonial, o algún asunto pendiente de esos que traían de vuelta a los muertos del más allá.

Vio a Atem poner los ojos en blanco.

—Si tuviera algún asunto pendiente — mascullo con una nota de fingida contrariedad — estoy seguro que ser un fantasma me otorgaría más libertad, ya sabes, para espantar a la gente.

Yugi río.

Iba a decir algo, pero el ruido de una perilla girando lo hizo callar enseguida.

Su abuelo entró deprisa, sosteniendo cargadas bolsas en un brazo, y en el otro el periódico de esa mañana. Murmuraba tan rápido que resultaba ininteligible.

Yugi sólo captó las palabras: increíble y espantoso, cuando se apresuró a ayudar a su abuelito.

—Yugi, ¡yugi! — llamo su abuelo, su voz un tanto histérica — ¿haz visto las notícias? Un enorme...

El señor Muto enmudeció al mirar a su nieto, sólo le bastó echarle el ojo para saber qué ya lo sabía y que sobre su nieto, colgaba de nuevo el artículo milenario.

—Si, abuelo... Ya lo sabemos.

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