Hola de nuevo!

Les traigo otro capítulo, pero antes:

Reviews!

Cote-Dark-Dangerous-love: awww me alegra tanto que te guste, me hace tanta ilusión. ¿La tensión? Uff! Parece que estos chicos no tendrán paz en esta historia! ¿alguien pisandoles los talones?, si, es lo más seguro. ;) Espero te guste este capítulo también! Saludos y muchas gracias.

Chiyo Asakura: infinitas gracias para ti! Tienes muchísima razón, quería plasmar algo más realista, hay tanto que decir de este anime y de ese final tan triste, que no me quería quedar con las ganas! Me alegra a montones que te haya gustado! Muchísimas gracias por tu review! Un abrazo.

Capítulo VI —Visita

—El señor Muto parece haber tomado la noticia con más calma — comentó el tricolor mayor.

— Mi abuelo cree que todo es una gran aventura.

Atem soltó una risita cuando Yugi entorno los ojos. Conocía el alma del abuelito de Yugi, era sincera, valiente y bondadosa, era él quien había encontrado el rompecabezas después de todo.

La reacción del Señor Muto había pasado de la perplejidad a la acción en cuestión de segundos.

Mientras Yugi le contaba todo lo que sabía del faraón y le había aseguro que él estaba bien, busco una pequeña libreta telefónica y comenzó a contactar con personas que, suponía Yugi, eran sus viejos amigos y compañeros arqueólogos.

— Es probable que de con Ishizu — Atem se cruzó de brazos, miraba sin mucho interés por la ventana de la habitación de Yugi. — Ella podría saber que está sucediendo, de otra forma no habría sido tan criptica con su mensaje.

Yugi alzo los ojos de su tarea para mirar al Faraón. Lucía cansado, habian pasado unas horas escaneando sus pensamientos, repasando su historia, buscando en su vida antigua algo que les diera una respuesta, hasta que Yugi le pidió que se detuviera porque le causaban un poco de dolor de cabeza. Muchos recuerdos que no eran suyos, inundaban su mente y le dificultaba pensar, haciendo que se perdiera en un pasado muy complicado que no le pertenecía y olvidara su presente.

Decidió no decir nada. No estaba seguro de que podría decirle para animarlo y albergaba serias dudas de que su abuelo pudiera dar muy pronto con ella. La situación en el país de origen del faraón no eran muy buenas, conociendo a la misteriosa mujer, ella estaría encabezando la búsqueda de los otros artículos y desentrañado cualquier indicio de lo que había pasado.

Yugi suspiró y se dió la vuelta. Pudo sentir los ojos violeta de su amigo posados en él.

— Mañana seguiremos intentando— le aseguró cerrando el libro de matemáticas y colapsando sobre su cama.

Sintió al Faraón desvanecerse dentro del rompecabezas, llevándose sus pensamientos e inquietudes con él.

Yugi cerró los ojos agotado. A duras penas durmió esa noche. El sueño del faraón se repetía en su mente como una película, a la que alguien le daba Replay a cada tanto. Escena tras escena era proyectada detrás de sus párpados, seguido de su propio sueño escalofriante.

Abrió sus pesados pardados cuando las primeras luces asomaron por su ventana. Se incorporó con lentitud, sientiendo su cabeza como si fuera a estallar.

Alguien llamó a su puerta.

—Adelante — dijo Yugi, su voz ronca, tenía la garganta seca.

Se preguntó si enfermaria.

—Buenos días, Yugi — saludo el anciano abriendo la puerta.

Su abuelito entro a su habitación, con el cabello despeinado y bolsas bajo sus ojos violetas. Yugi se puso tenso de inmediato.

— Abuelo, ¿Que pasa? — preguntó él — ¿estás bien?

El señor Muto asintió levemente.

— Lo estoy, chico — aseguró a su nieto —solo estuve toda la noche tratando de localizar a algunos amigos.

Yugi frunció el ceño. Su abuelo también había tenido una noche complicada.

—¿ Hay alguna novedad? — quiso saber.

—No, aún no reestablecen los servicios por completo — negó el anciano, el cansancio filtrados en su voz — Será mejor esperar hasta entonces — hizo una pausa y suspiró —¿ Como se encuentran ambos?

Yugi se removió nervioso mirando su rompecabezas. El Faraón no había hecho acto de presencia todavía, pero podia sentirlo vagando dentro de éste, ensimismado en sus propios pensamientos.

— Supongo que bien — contestó eligiendo con cuidado sus palabras, no quería preocupar mucho más a su abuelo — sólo es complicado... Abuelito ¿Que crees que pudo haber ocasionado esto?

El anciano observó con detenimiento a Yugi.

—No lo sé, chico — musitó apretandose el puente de la nariz — tengo el presentimiento de que nada bueno — por un instante, una sombra cruzó por sus ojos y luego desapareció— en fin, se te hará tarde para ir a clases, será mejor que te des prisa.

Y salió de la habitación.

Yugi estuvo esperando a Tea por un largo rato, la chica no había aparecido como de costumbre para irse juntos a clases. Le extrañó un poco, por lo que telefoneó a la chica un par de veces, sin obtener respuesta.

El Faraón sentía la ansiedad de su amigo ir en aumento. Temía que algo pudiera sucederle a sus amigos a causa suya. Su regreso suponía un peligro para ellos también.

— Quizá se le hizo tarde y decidió ir directamente a la escuela — sugirió Atem no muy seguro de lo que decía.

Yugi frunció el ceño ante su duda y la del faraón. Sujetó con fuerza su mochila y empezó a andar. Esperaba que tuviera razón, y ella estuviera bien, estaba cansado de imaginarse lo peor.

—El Señor Muto nos honra con su presencia — dijo el profesor con una sonrisa cínica formándose en sus labios — ¿Que lo trae tan tarde por aquí?

El chico llegó retardado a clases. Ignoró al profesor, un tipo alto, de ojos castaños y mirada severa, y le echó un vistazo al lugar que ocupaba Tea en el salón. Su asiento estaba vacio.

—Cuando quiera puede dignarse a contestarme — advirtió el profesor entrecerrado los ojos con irá contenida — sino quiere que lo expulse.

—Lo siento profesor, ha sido mi culpa —dijo el chico con voz monótona, sus pensamientos en otra parte. Vio la expresión del profesor endurecerse más.

— En mi clase, la puntualidad es un requisito obligatorio Señor Muto — amenazó sonriendo levemente —no se equivoque al pensar que ésto no acarreará ninguna sanción.

Yugi asintió. No sabía que tipo de sanción iba a ponerle al joven, pero tampoco le importaba. Se acomodó en su asiento con la mirada fija en el puesto vacío de su compañera.

Joey y Tristán le lanzaban miradas interrogadoras al ver que el tricolor llegaba sin la castaña como acostumbraba.

— ¿Donde está Tea? — le pregunto Joey en un murmullo, inclinándose desde su asiento hacia el chico. Éste se encogió de hombros. —¿ Le habrá pasado algo?

—Señor Wheeler — llamó el profesor. Un escalofrío recorrió al rubio— ¿Que le parece si comparte su pequeño interludio con el resto de la clase?

Joey se ruborizó hasta las orejas. Yugi palideció. Toda la clase los miraba ahora.

—N-No es nada, profesor — mintió el maldiciendo que le temblara la voz— N-Ncesitaba una... Una goma de borrar.

— Aquí tienes vie... ¡Compañero! — salió Tristán al rescate y le entregó el suyo.

Joey le dedicó una sutil mirada de agredecimiento a su castaño amigo.

El profesor los miró con ceño a los tres.

—Sus ojos en la pizarra — dijo al fin. Y continuó con la clase.

Los tres chicos se relajaron notoriamente. Sin embargo, se miraron por un largo momento y luego al asiento de su amiga. El tiempo transcurria lento y Tea no llegó a clases. Ni siquiera después del receso.

— Ella nunca faltaría a clases — le dijo Yugi al Faraón.

Este último observaba como Joey desahogaba su frustración pateando con furia un lata.

— Como nos haces esto ¡TEA! — gruñia por lo bajo y aventó la lata lejos de allí. — Cuando la vea... Ya vera.

El rubio se dió la vuelta y caminó hacia Yugi. El Faraón parpadeó y dirigió su mirada sería al joven.

— Las malas noticias son las primeras en llegar — le aseguró y desapareció.

Yugi se pellizco el puente de la nariz.

— ¿A donde dijo que iba Tristán? — llegó el rubio diciendo — se ha tardado horrores.

Una cabeza castaña apareció en la visión del tricolor. El chico se acercaba corriendo. Yugi hizo un gesto con la cabeza para señalarlo.

— Allí viene.

—Traigo noticias — los alcanzó el castaño, se detuvo para recuperar aliento.

— Pues sueltalas viejo — apuró Joey sujetando con fuerza a Tristán del brazo.

— ¡Cálmate viejo! — lo empujo el castaño, tomo aire y miro a ambos chicos — Tea tenía un permiso para faltar hoy.

— ¿¡QUE!? — vociferó el rubio abriendo mucho los ojos — ¿ Por qué no dijo nada? Esa cabeza hueca de Tea, ¿ ¡no podía enviar un mensaje!?, ¿¡Una señal de humo!? ¿Algo?

Yugi sintió el peso de toda la preocupación disminuir. Incluso sintió desaparecer una energía negativa que no había notado antes, surgiendo del rompecabezas. Frunció el ceño, comprendiendo.

Ah, estabas preocupado también ¿no? — pensó hacia el artículo milenario.

El Faraón lo ignoró. Yugi puso los ojos en blanco. A veces el Rey se comportaba de lo más extraño.

— Habrá que preguntárselo a ella — dijo tristan chasqueó la lengua — Propongo que la vayamos a su casa.

—Eso me parece justo — gruñó Joey con una macabra expresión formandose en su rostro — no debería hacernos esto, no después de todo lo que está pasando...

El rubio y el castaño asintieron y luego miraron a Yugi.

Este levantó las manos tratando de calmarlos.

—No es para tanto chicos...

—¿Como dices? — gruñeron ambos, sus ojos flamenado de ira.

— Ahm, eh ... Ire con ustedes, claro — se apresuró a decir, temiendo que sus amigos hicieran combustión espontánea.

Después de clases, los tres chicos caminaban deprisa a la casa de Tea. Dos de ellos mucho más motivados, daban largas sancadas dejando al tricolor atrás.

El chico se esforzaba en seguirles el paso, pero tuvo que correr detrás de ellos para alcanzarlos.

Llegaron pronto a la casa de la chica. Joey apretaba el timbre con desesperación, una, dos y tres veces.

La cara de Yugi más pálida.

— Chicos...

Tea abrió la puerta.

— oh, ¡Hola chicos! — saludo la castaña un poco sorprendida de ver a los tres allí. Ella miró su reloj — ¿Que hacen aquí?

—¿COMO NOS HACES ESTO TEA GARDNER ?

Yugi se cubrió los oídos. Sabía que su amigo rubio estallaria en cuanto la viera. La chica palideció.

—¿QUE QUE HACEMOS AQUÍ? — repitió incrédulo el castaño — ¿QUE TE PARECE QUE HACEMOS AQUÍ?

Tea enrollo un mechón de su cabello en una mano, la ojiazul lucía confundida y a la vez culpable.

—No sabíamos nada de ti Tea — gruñó Joey — sabes lo que nos has hecho ¿ah?

—Lo siento chicos...yo

—¿LO SIENTES? — la interrumpieron Joey y Tristán — ¿¡Que significa eso¡?

La chica se mordió el labio.

— Chicos, ya es suficiente — pidió el tricolor. Lo dos le dedicaron una mirada de odio perverso. Hizo una mueca — Dejen a Tea explicar todo

La castaña sonrió a su amigo.

—Sera mejor que entren — se apartó de la puerta para dejarles pasar, jugando con sus manos, nerviosa — así pueden verlo con sus propios ojos.

Los tres chicos pestañearon, pero decidieron entrar.

Los jovenes dejaron que Tea los guiara dentro de su casa, la estancia estaba muy bien iluminada por grandes y amplias ventanas con vista a la calle por la que ellos habían llegado. Las paredes, desde el largo pasillo que conectaba la sala con las habitaciones, eran de color azul cielo ribeteadas de blanco, y estaban adornadas con cuadros y fotografías de su familia y ella. En la mesa del comedor estaba dispuesta una vajilla de porcelana en tonos turquesa y a mitad de la sala, rodeada por dos amplios sillones de un tono melocotón, habia una mesita de reluciente cristal y sobre ésta dos tazas blancas humeantes que desprendian un sutil olor a chocolate caliente recien preparado.

Los chicos alzaron las cejas. Yugi le iba a preguntar a la castaña si habían llegado en mal momento, pues parecía que la chica tenía visitas, pero decidió callar cuando unos pasos se acercaban por el pasillo frente a ellos.

— Estaba probandome el uniforme — una voz indiscutiblemente femenina y melodiosa como el canto de una sirena acompañaba los suaves pasos sobre el linóleo — pero he escuchado unos berridos horribles, esa criatura debe estar sufriendo ¿Crees que haya que llamar a la policía? O quizá un Veterinario...

Los chicos parpadearon. Las últimas luces que entraba por la ventana iluminaron a la alta chica que se detuvo frente a ellos. Tenía la piel de un tono marfil y un par de inusuales ojos verde uva, pero lo que más llamó la atención de los chicos, fue el aura de destellos rojizos que se formó detrás de ella cuando el sol tocó su largo cabello ardientemente rojo como el fuego.

La chica los miró perpleja, moviendo la cabeza de ellos hacia Tea, haciendo que su cabello danzara como llamas suspendidas en el viento.

—Les presento a Nahia — dijo la ojiazul — mi prima.