Mi vida
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En una mansión en la zona más segura de Nueva York un hombre apuesto arropaba a su pequeño hijo, a quien no había visto en todo el día y le dolía tenerlo abandonado, bueno al cuidado de su madre, mientras él se había quedado en el hospital preocupado por el estado de su esposa.
-Papá…
-Dime, necesitas algo? – cuestionó el hombre mientras cubría a su hijo con la frazada.
-Mamá… se quedará en el hospital para siempre? –dijo con la mirada triste.
-No, volverá pronto con nosotros, sólo debe ponerse bien.
-La extraño, puedo ir a verla?
-Ya te explique que no puedes ir al hospital, no permiten la visita de niños.
-Le darás mi dibujo a mamá?
-Claro, mañana se lo llevo, se pondrá muy contenta cuando lo vea. – dijo con una sonrisa al recordar el dibujo que su hijo había hecho para su madre. – ahora te leeré un cuento y dormir. De acuerdo?
-Sí. - Acepto el niño esperando que su padre le leyera un cuento, le gustaba escuchar su voz antes de dormir, casi siempre lo esperaba para que le lea un cuento.
Después de leer el cuento besó dos veces la frente del pequeño para luego ponerse de pie para dejar la habitación; sin embargo en el quicio de la puerta se dio la vuelta para observarlo. Su pequeño tenía tres años, era un niño enérgico de cabellos rubios como el de su madre, los ojos azules tan profundos como los suyos, era su vida, soportaría todo por él.
-Desearía tanto que en ese pequeño rostro hubiera unas pecas, así como las que tenía mi pecosa. – eran los deseos internos de Terry – Candy mi amor, que estarás haciendo en este momento? – pensaba el castaño. –seguramente ya debes estar dormida.
-Hijo… - su madre interrumpió sus pensamientos.
-Pasa algo mamá? – cuestionó al ver el rostro preocupado de Eleonor.
-Llegó un telegrama de tu padre, me informa que está en camino.
-Ah sí? Y qué quiere el duque?
-No lo sé… pero debe ser para llevarte con él a Inglaterra.
-Pues pierde su tiempo, ya le dije que si quiere estar en buenos términos conmigo, se olvide de ese absurdo sueño de que yo tome su ducado.
-Estás seguro de eso?
-Sí, no quiero pertenecer a ese mundo, ya vi lo hipócritas y despiadados que pueden ser esas personas. – dijo con la mirada fija en un punto recordando una etapa de su vida.- si no hubiera sido por ti pecosa, me hubiera vuelto loco. – pensó en Candy, y agradeció el haber conocido a la rubia pecosa.
-Terry, te ves cansado; ve a dormir un poco, estuviste en el hospital desde ayer.
-Estoy bien. Gracias por haberte quedado con Thomas.
-No te preocupes por eso, ya sabes que es un gusto pasar tiempo con mi nieto.
-No te causo problemas?
-Claro que no. Es un niño muy tranquilo. – vio como Terry elevaba una ceja. – bueno, estuvo tranquilo, estaba preocupado por su mamá, quería que lo lleve al hospital para estar con ella.
-Sí. – dijo dejando escapar un suspiro. – me pidió que lo llevará mañana a verla.
-Y que le dijiste?
-Que no es posible, no lo dejarían ingresar.
-Y lo entendió?
-Sí, me dio un dibujo que hizo, dice que es un regalo para su madre… – dijo con una sonrisa al recordar el dibujo.
-Es un niño adorable. Estuvo muy concentrado toda la tarde en su dibujo detallando para que le salga bien.
-Lo es. Creo que no sacó mi comportamiento, y me alegro por eso, no fui un niño tranquilo y mucho menos paciente.
-Lo eras, mi amor, eras un niño tranquilo y adorable hasta que… - los ojos de Eleonor se llenaron de lágrimas.
-No recuerdes cosas tristes mamá, eso ya pertenece al pasado. – dijo abrazando a su madre para reconfortarla. – digo eso, pero yo aún no puedo superar la separación que tuve con mi pecosa. – pensaba el castaño.
-Bien… será mejor que vayamos a descansar, iras mañana al hospital, cierto? – lo vio asentir con la cabeza. – entonces ve a descansar.
-Buenas noches. – dijo besando la frente su madre.
-Eh… Terry…
-Qué pasa? Hay algo más, cierto?
-Sí, la señora Marlow llamó esta tarde.
-Y qué dijo? – dijo de mala gana, pues no soportaba a esa mujer.
-No me dijo nada, sólo que mañana antes de ir al hospital a ver a su hija quiere hablar contigo.
-Está bien. Creo que ya sé que es lo que quiere decirme.
Sin decir nada más se dio vuelta rumbo a su habitación, estaba cansado, y sabía que lo estaría más con la llegada de su padre y con la presencia de la señora Marlow.
Al día siguiente se despertó muy temprano, ates de ir al hospital, pues permitían las visitas a partir de las ocho de la mañana y él quería atender a su hijo antes de salir.
-Hola campeón. – dijo al ingresar a la habitación y ver a su hijo ya despierto.
-Papi! – el niño saltó a los brazos de su padre y éste se apresuró para poder cogerlo antes de que cayera al suelo.
-No vuelvas a hacer eso, es peligroso. – lo reto, pero al ver como el niño bajaba la cabeza añadió. – Tom, si te lastimas, mamá se preocupará, además no quiero que nada te pase.
-Sí. – abrazó el cuello del castaño – vas a ver a mi mamá?
-Sí.
-Le darás mi dibujo?
-Aquí lo llevo. – dijo mostrándole el bolsillo interior de su saco donde resaltaba un pedazo de papel.
-Le darás un beso por mí?
-Uno cómo tu mamá me mandó para ti. – dijo dándole un beso en la mejilla.
-Mi mamá te dio ese beso para mí?
-Así es. Me dio uno para antes de dormir, ese te lo di anoche y otro para despertar, ese te lo acabo de dar.
-Entonces dale un beso a mi mamá para que despierte y otro para dormir y dile que yo se lo doy.
-De acuerdo y donde quieres que le dé el beso?
-Mmm – el niño se llevó un dedo a su mentón en símbolo de estar pensando donde debería darle el beso a su mamá. – ah ya sé! – dijo de pronto – aquí – dijo dejando los dos besos en el rostro de su padre.
-Ok, ahí se los daré. Ahora vamos a desayunar, luego iré a ver a tu mamá y tú te quedas con la abuela.
Después de vestirlo y asearlo, juntos padre e hijo bajaron al comedor, donde Eleonor ya los esperaba.
-Cómo está mi nieto hermoso? – dijo dándole un beso a su nieto.
-Bien! Papá le llevará mis besos a mi mamá.
-En serio. – dijo sonriendo por la ternura de su nieto.
-Sí. – dijo con una hermosa sonrisa.
Después de desayunar con su hijo y con su madre, Terry, se fue al hospital, por suerte para él la gira con la compañía Stratford había culminado, así que no era necesario ir al teatro. Cuando llegó al hospital se encontró en la puerta con la señora Marlow.
-Me alegra que ya esté aquí, mi hija lo está esperando.
-Cómo está señora?
-Nada bien, usted la ha tenido abandonada durante mucho tiempo, ni siquiera la llamó durante su gira.
-No le contesto porque soy un caballero y usted, señora, es una dama. – resaltó la palabra. – iré a ver a mi esposa - sin decir nada más se dirigió a la habitación de su esposa, no prestó atención a los reclamos que le hacía la mujer.
Cuando Terry llegó a la habitación lo primero que vio al ingresar fue a una joven rubia, quien aún dormía plácidamente, le dolía verla en esa cama, estaba pálida, con un gotero en el brazo administrándole suero y los medicamentos para que se recupere pronto. Se sintió culpable, la había abandonado durante dos meses por estar en gira y el mismo día de su arribo a la ciudad, su esposa es internada en el hospital.
La miraba con atención, era una mujer hermosa; tenía los ojos cerrados, sus pestañas eran espesas y largas; su rostro ovalado y fino; sus labios eran carnosos y rosados; su cabello rubio, que ahora lo tenía en una trenza; no le gustaba su palidez eso le rompió el corazón, quería seguir apreciando su rostro; pero de pronto vio que la rubia abría los ojos.
-Terry…
-Cómo está? – dijo acercándose a ella.
-Bien…- dijo débilmente. – cómo está Tom.
-Está bien. Me mando algo para ti. – dijo acercándose a ella y dejando un beso en su mejilla dijo – es de parte de tu hijo. – la vio sonreír. – y este es de mi parte – dijo besando suavemente sus labios.
-Gracias. – dijo la rubia con una sonrisa. – le darás uno de mi parte?
-Claro. – se parecían tanto, su hijo había heredado tantas cosas de su esposa.
-Terry…
-Dime. – dijo mirándola con una sonrisa.
-No quiero que te quedes mucho tiempo aquí.
-Tan rápido te aburriste de mí?
-No es eso, no quiero que abandones a Tom.
-Se quedó con mi madre, estará bien, no debes preocuparte.
-No es eso, sé que tu mamá lo cuida muy bien; pero él necesita de sus padres.
-No me pidas que te deje, pecosa, sabes que no haré.
-Terry…
-Sí dejo el hospital en las noches es porque no permiten quedarme, por favor cariño, no me pidas que me vaya. – dijo posando su cabeza en el pecho de su esposa.
-De acuerdo. – aceptó ella acariciando los cabellos castaños de su esposo. – pero al menos regresa a casa más temprano, no cuando Tom esté a punto de dormir.
-Está bien. – dejó un beso en ese lugar donde su cabeza reposaba. – antes que lo olvide, tu hijo te mando un regalo.
-Otro? – dijo pensando que le daría otro beso.
-Sí. –sacó la el dibujo que había hecho su hijo para su madre.
-Soy… yo?
-Sí. Verdad que se parece a ti? – dijo sonriendo.
-Bueno, creo que sí. – dijo llevando el papel a su pecho con una sonrisa, cerrando los ojos recordando el rostro de su pequeño.
-Terry, puedes ir a conseguir un portarretrato?
-Ahora?
-Sí, ya quiero ponerlo en mi mesa.
-Pero… Candy, te lo traeré después, ahora quiero estar contigo. Que te parece si lo busco a la hora del almuerzo?
-No, porque eres capaz de saltarte la comida por ir a comprarlo.
-Pecosa…
-Vamos cariño, estoy segura que ya desayunaste porque tu madre está en casa, y pronto me traerán el desayuno así mientras lo hago, tú puedes ir a buscarme un portarretrato.
En ese momento ingresó una enfermera llevando una bandeja con el desayuno de la rubia paciente; Terry rendido salió para buscar lo que su esposa le pedía, además le gustaba almorzar con ella, aunque sea comida de hospital, le divertía verla comer.
Por suerte para el castaño encontró una tienda cerca del hospital donde encontró un bonito portarretrato de plata con un diseño sobrio y elegante con acabados de perlas. Emocionado el actor regresó al hospital, pero antes de ir al cuarto de su esposa se dirigió al de otra mujer rubia, tocó la puerta y al recibir la respuesta entró siendo recibido por una joven rubia sonriente y su madre algo ceñuda.
-Terry! Me alegra que hayas venido a visitarme.
-Susana, cómo estás?
-Ahora estoy bien, me gusta cuando vienes a visitarme.
-Ya era hora que visite a mi hija, es su responsabilidad estar al pendiente de ella, después de lo que ella hizo por usted.
-Mamá, por favor. No incomodes a Terry. – Susana la detuvo antes de que su madre ofendiera al castaño y este se fuera. – mamá, podrías ir a traerme un jugo?
-Claro hijita. – dijo con una sonrisa. – iré a conseguirte el jugo que tanto te gusta. Te dejo con Terry para que te haga compañía.
-Señora, no tarde mucho, pues tengo que volver con mi esposa y estoy seguro que no querrá que su hija se quede sola mucho tiempo.
-Debería quedarse hasta que regrese. – dijo mirándolo fijamente.
-Sabe bien que no dejaré a mi esposa sola mucho tiempo. – hablaban en voz baja para que la rubia no los escuchara.
-Debes estar desesperado por ir con Candy. – dijo Susana con una mirada triste.
-Me preocupa dejarla sola, aún no se recupera completamente.
-Dale las gracias de mi parte. Si no hubiera sido por ella ese carro me hubiera atropellado.
-Se los daré… me enteré que hoy te dan de alta.
-Sí, creo que exageraron al tenerme internada por dos días sólo por un brazo roto y algunos rasguños.
-Me alegro que no haya sido nada grave.
-Terry… cuando Candy se arriesgó por mi entendí, por qué la amas tanto, en verdad es alguien formidable. Hace cuatro años, cuando te veía tan triste por haberla perdido, creí que exagerabas y que sobrevaluabas su persona, tenía la esperanza que te dieras cuenta que ella no era como creías, incluso cuando nació tu hijo y la vi en el hospital trabajando, pensé que te desilusionarías por abandonar tu hogar, pero… me dio una bofetada con lo que hizo por mí, por alguien que casi le roba al amor de su vida y trató siempre de opacar su felicidad.
-Ella no te ve de esa manera, Candy es muy noble y nunca ve lo malo de las personas. – dijo recordando los momentos que vivió con ella desde que la conoció.
-Lo sé. Me alegra que esté bien y que estén juntos. Sé que nunca te dije esto; pero me alegra que se hayan casado y que tengan un hijo hermoso.
-Gracias. Tú también encontrarás a alguien que te ame como lo mereces.
-Gracias. – dijo con tristeza, recién había comprendido que Terry no la amaría nunca, cuando le devolvió su palabra, lo había hecho en un arrebato de rabia por no sentirse amada por el actor, y no quiso comprenderlo cuando el castaño partió en busca de su pecosa esa misma noche sin mirar atrás.
-Bueno… será mejor que me vaya, Candy debe estar esperándome. Realmente me alegra que ya estés bien.
-Gracias, salúdala de mi parte. Terry… - dijo al ver que el castaño abría la puerta.
-Dime. – se giró hacia la rubia.
-Gracias por el tiempo que pasaste a mi lado. Nunca me reclamaste lo egoísta que fui.
El castaño no refutó sus palabras, simplemente sonrió de manera afable, despidiéndose de esa manera de la rubia, pues sería la última vez que la vería ya que le había dicho que ella y su madre se irían al campo con unos familiares; aún le dolía que haya tratado de separarlo de su pecosa, pero Candy le había persuadido para que él lo olvidará y perdonará a la rubia ex actriz, pues gracias a ella estaba vivo y si no fuera por eso no estarían juntos y mucho menos tendrían a su hijo .
-Tardaste mucho.
-Fui a visitar a Susana, hoy le dan de alta.
-En serio? Me alegra que ya esté bien.
Candy y Terry pasaron toda la tarde juntos, él la embromaba con el dibujo que su hijo había hecho, y ella sonreía cada vez que veía lo veía en el marco de plata que Terry había comprado para ella; el dibujo era de ella con un árbol cerca, ese gran árbol que tenían en su jardín y donde pasaba la mayor parte del tiempo jugando con su hijo, pero lo gracioso de la imagen era que el niño había puesto un montón de puntitos en la cara del dibujo, simulando las pecas de la rubia, quien con el tiempo había perdido la mayoría de sus pecas; ahora sólo quedaban algunos que con maquillaje desaparecían completamente.
-Pecosa…
-Dime.
-Prométeme que nunca más arriesgaras tu vida de esa manera. –dijo con una emoción en la voz que a Candy le partió el corazón. –No sé qué haría si algo te pasara.
-Terry… perdóname, mi amor. Ya no lo volveré a hacer. Prometo que seré más cuidadosa. Sé que Thomas me necesita y yo te necesito a ti, no quiero dejarte aún.
-Yo también te necesito, mi amor. – se acercó a ella para besar sus labios. – tú y Thomas son lo más importante para mí, no quiero ni imaginar que algo malo les pase.
-Terry… - el castaño elevó la mirada hacia Candy. – he decidido dejar de trabajar, amo mi trabajo; pero creo que pasar medio tiempo con nuestro hijo no es suficiente, quiero estar siempre con él y cuidarlo yo misma.
-Te entiendo amor, pensé lo mismo; yo también he decidido dejar de ser actor.
-Qué? Terry es lo que amas hacer, no dejes tu sueño.
-Amor, por seguir este sueño me perdí de momentos importantes en la vida de mi hijo y la tuya, las giras son interminables paso casi medio año fuera, no pienso perder los momentos más importantes de mi familia por un sueño banal, mi verdadero sueño siempre fue formar una familia contigo y de que sirve tenerlo si no lo disfruto.
-Pero… estás seguro?
-Tan seguro cómo cuando te pedí que te casaras conmigo. – la vio sonreír. – sabes…? –Candy lo miró con atención esperando a que hablara – escribiré guiones, así no tendré que salir de gira y seguiré en el teatro, nada mal, no?
-Si con eso eres feliz, yo te apoyaré en todo.
-Te amo mi dulce ángel; pero si vuelves a darme un susto como éste otra vez, me enfadaré contigo. – dijo besando su frente.
-Ya no lo haré, ahora regresa a casa y dale a mi bebé un gran beso de mi parte.
-Ah –soltó un suspiro –de acuerdo, ya que me voy te doy su beso de buenas noches. – dijo posando un beso en la nariz de la rubia tal como ella hacía con su hijo.
Tres días después Candy dejaba el hospital. Llegaba a su casa donde le esperaban sus suegros, sus amigos y sus madres para recibirla con un gran abrazo, pues la rubia les había dado un susto. Cuando Richard se enteró del accidente tomó el primer barco para regresar a América, en verdad apreciaba a su nuera; Albert junto a su esposa esperaba ansioso por verla más recuperada, ya que cuando fue a visitarla al hospital se veía muy pálida y delgada, tuvo que regresar a Chicago para recoger a la señorita Pony y la hermana María junto a la tía abuela Elroy, quien llegó a querer sinceramente a la rubia.
Cuando Candy abrió la puerta lo primero que vio fue la gran sonrisa de su pequeño hijo, quien corrió a sus brazos buscando el abrazo de su madre, quien lo llenó de besos.
-Mami! Ya estás aquí.– Dijo besando la mejilla de la rubia. – papá te dio mis besos?
-Si mi amor, me dio todos tus besos. Y él te dio los míos?
-Sí! Y te dio mi regalo?
-Mmm… hablas de ese hermoso retrato que hiciste de mí? – vio a su hijo asentir con la cabeza – sí, sí me lo dio, y sabes dónde lo pondré?
-No. Dónde mami?
-Lo pondré aquí sobre la chimenea, donde todos lo aprecien.
Y como dijo Candy puso el portarretrato sobre la chimenea en la parte más visible para que todo aquel que los visite vea la obra de arte de su hijo, sin saber este hecho incentivó a su hijo quien años posteriores se convertiría en un gran pintor famoso, pero el dibujo que hizo para su madre, el que su padre puso en un costoso y elegante marco sería el más valioso para la familia Granchester.
Fin…
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Hola! Volví con esta pequeña historia de nuestros rebeldes para las Terrytanas que últimamente no tienen mucho que leer, así como pasa conmigo, suelo estar al pendiente de las actualizaciones de los fics que sigo y a veces no tengo nada que leer y me desanima bastante. Bueno… sólo espero que hayan disfrutado la historia.
Se cuidan mucho, pronto volveré con otra historia, hasta entonces! 🌻
