Mi vida
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Candy miraba por la ventana a Terry y su hijo jugar en el jardín; su sonrisa se expandió más al ver como su pequeño hijo trata de derribar a su papá saltando sobre él.
Hace más de dos semanas que regresó a su casa después de haber tenido un accidente para evitar que un coche golpeara a Susana; desde entonces Terry no la dejaba sola.
-Candy…
-Duque! – dijo sorprendida de ver a su suegro de repente.
-Creo que te asusté, disculpa no fue mi intención.
-No, usted discúlpeme a mí, es que estaba atenta observando a Thomas y Terry jugar.
-Ya veo. –dijo con una sonrisa – creo que Terry nunca dejará esa parte de su comportamiento. – no hubo crítica en sus palabras, sino que mostró que le gustaba ese comportamiento de su hijo.
-Creo que sí. Necesitaba algo?
-Eh qué? – dijo detraído - sí, disculpa creo que yo también de distraje con mi nieto e hijo. – Ambos sonrieron – bueno, Terry me dijo que irían al hogar de Pony.
-Sí, saldremos mañana a las 5 de la madrugada.
-Quería preguntarte si podría acompañarlos, bueno, no quisiera incomodar a tus madres.
-Oh claro que no, no se preocupe, ellas estarán encantadas de recibirlos. –recordó que Eleonor también le había pedido acompañarlos.
-Me alegra bastante, me agradaron mucho.
Después de esa petición el duque se retiró de la casa de la pareja, pues quería hacer algo antes de partir al hogar de Candy.
-Buenas noches mi amor. –Candy arropaba a su hijo para dormir.
-Listo para tu historia? –Terry ingresó a la habitación.
-Sí! –dijo emocionado.
-Tom! No te destapes. –dijo Candy al ver que el niño se sentaba en la cama.
-Ok, te contaré una historia sólo si te recuestas. – Terry ayudó a su pecosa.
-Es tan lindo… -dijo Candy mirando a su hijo dormido.
-Sabes que me hizo prometerle hoy?
-No, qué?
-Qué le construyera una casa en el árbol.
-En serio? Contratarás a alguien para que lo haga?
-Pecosa desconfiada y de poca fe, lo haré yo. – aclaró ofendido.
-Terry, tú no sabes hacer casas en los árboles. –dijo riendo de la cara de su esposo.
-Ya lo verás Candy, le construiré una gran casa que a todos los niños del vecindario les dará envidia.
-Ok… -dijo nada segura.
-Tenme fe amor, ya lo verás; le construiré un palacio en el árbol.
-De acuerdo, eso quiero verlo.
-Ya lo verás y cuando lo haga te disculparás por no confiar en mí.
-Si lo logras te daré un premio. –dijo acercándose a sus labios sin tocarlos.
-Entonces pondré más empeño, creo saber cuál será mi recompensa. – dijo de manera insinuante el castaño.
-Terry…
-Dime cariño, quieres darme un adelanto? –comenzó a besar el cuello de su esposa.
-No es eso, hoy vino tu padre.
-En qué momento? No lo vi.
-Tú estabas con Tom en el jardín, y sólo vino un momento.
-Qué quería?
-Me Dijo que si estaba bien si nos acompañaba al Hogar de pony.
-Creo saber el motivo. –dijo el castaño con una sonrisa de lado.
-Cuál?
-Eleonor.
-Tu madre, ya te dije que no la llames por su nombre.
-Ok, mi madre. – Candy le dedicó una linda sonrisa de satisfacción al escucharlo.
-Tú crees que tu padre quiera conquistarla de nuevo?
-Estoy seguro de eso, pero no sé si deba hacerlo.
-Por qué? Tu padre es viudo y tu madre está soltera.
-Sí, pero la corona podría oponerse y no quiero que mamá termine lastimada otra vez.
-Cariño, no creo que tu papá la lastime, se nota que la ama de verdad; además seguro tu papá debe saber muy bien eso, tal vez no pase nada malo.
-No estoy seguro. –dijo de manera seria. –Candy… -dijo después de un momento de silencio.
-Eh… qué?
-No hagas nada para interferir.
-Qué? si yo no pensaba hacer nada. – dijo sonrojada.
-Te conozco, y sé que ya estabas pensando en algo para unirlos.
-Eres un exagerado, sólo pensaba en si empaque todo lo que necesitamos para el viaje.
-Sí claro. –dijo incrédulo, pues sabía muy bien los dotes de casamentera que tenía la rubia, recordó que ayudó a Albert y a su esposa para que se enamoraran.
-Terry, mejor vamos a dormir; mañana salimos temprano.
La pareja se dirigió a su recamara, habían decidido salir a las 5 de la madrugada, pues irían en coche.
A la mañana siguiente Terry fue el primero en despertar y le costó mucho despertar a su esposa.
-Candy… ya es hora de despertar. –susurró en la oreja de la rubia.
-Mmm.
-Vamos amor, se hará tarde.
-Mmm… un minuto más. –dijo quedito la rubia.
-Cariño, dormirás en el camino, sólo vístete para poder salir.
-Mmm… no puedes vestirme tú?
-Bueno, sabes que con gusto te quito este camisón, pero no me pidas que te vista porque me sería imposible cubrir ese hermoso cuerpo. – dijo subiéndole el camisón que llevaba puesto la rubia mientras acariciaba sus muslos.
-Terry! –dijo al sentir la caricia de su esposo.
-Tú me lo pediste, ahora no te quejes amor. –dijo con una voz seductora.
-Oh Terry! Ya estoy despierta, además dijiste que se nos hará tarde.
-Ya no me importa si salimos a medio día, ahora sólo quiero quitarte este estorboso camisón.
-Te…rry… -cuando estuvo a punto de ceder escuchó el ruido de un motor de auto.
-Sabía que era una mala idea que el duque venga con nosotros. –dijo Terry con fastidio.
-Jajaja no te quejes, él es muy puntual.
-Claro que sí, como todo inglés.
La pareja se apresuró para vestirse y preparar todo para su viaje, mientras tanto el duque ingresaba al salón para esperarlos, el mayordomo le había abierto la puerta y preparaba el carro de su patrón.
-Papá, qué puntual! –saludó el castaño.
-Sabes que todo inglés respeta la hora y la puntualidad. –dijo con orgullo por su puntualidad.
Terry estaba a punto de responder a su padre, pero en ese momento escuchó que Candy y su madre se acercaban al salón; sabía que sería una sorpresa para su madre, pues no le habían informado que su padre iría con ellos, incluso él se enteró tarde la noche anterior, y en ese momento se dio cuenta del plan de Candy, pues sabía que su madre evitaba quedarse mucho tiempo a solas con su padre.
-Pecosa tramposa. –pensó el castaño.
-Oh! veo que ya están listos. –dijo como si nada al ingresar a la sala y ver a su suegro y marido juntos.
-Richard! –dijo asombrada la rubia mayor.
-Ellie, cómo estás?
-Eleonor, Richard se unió a nuestro viaje, verdad que es una buena noticia? Decidió pasar las vacaciones con nosotros en especial con su nieto.
-Sí, eso creo. –dijo no muy segura, su suegra.
-Oh me alegra tanto que seamos una familia unida, así Thomas puede pasar tiempo con sus abuelos. – dijo apropósito la rubia pecosa - Creo que ya es tarde deberíamos salir de una vez.
-Sí, será mejor que partamos de una vez por todas.- dijo Terry alzando a su hijo en brazos, pues el niño seguía dormido.
Terry había dejado a su hijo en el asiento trasero del auto muy bien arropado para que no se resfriará.
-Ok, iremos en dos coches? –preguntó inocentemente Candy.
-Creo que sería lo mejor, Thomas está profundamente dormido allá atrás. –dijo el duque señalando a su nieto, con una sonrisa de complicidad con la rubia, pues en ella había encontrado una aliada para conquistar de nuevo a Eleonor. Terry por su parte sólo los miraba, sabía que Candy haría de cupido, pero no creyó que lo haría desde la partida, pensó que lo haría ya estando en el hogar de Pony.
-Muy bien, que dices mamá? –miró a su madre. Su mirada era de apoyo para lo que ella decida.
-Creo que tienen razón, no quisiera incomodar a Tommy.
-Bien! Ya que está decidido, Eleonor que te parece si tú vienes conmigo. –dijo el duque de manera galante.
Terry y su padre se pusieron de acuerdo en la ruta que seguirían, y que el castaño iría adelante del carro del duque. Richard, conocía la ruta, pues de joven había recorrido casi toda América siguiendo la gira de Eleonor.
-Qué haces Ellie? –dijo al ver que la actriz entraba a la parte trasera del coche.
-Estoy un poco cansada y quisiera dormir un poco.
-De acuerdo. –aceptó lo que la rubia le decía, pues no la forzaría a nada.
En el carro donde iban los rebeldes.
-Sé lo que tratas de hacer pecosa, y no estoy de acuerdo.
-Qué? yo no estoy haciendo nada, no sé de que hablas.
-Pecosa, no quiero que mamá salga lastimada.
-Terry, yo tampoco quiero eso, es sólo que tu padre de verdad la ama y no va a lastimarla.
-Sabía que te pusiste de acuerdo con el duque.
-Qué…! yo… no…
-Candy… no sé que haré contigo.
-Terry, tu papá no me pidió nada, es sólo que siento que ellos merecen ser felices, así como lo somos nosotros.
-Yo también quiero eso, pero no estoy muy seguro.
-Confía en él mi amor, no haré nada más, de acuerdo?
-Eso espero.
El viaje duro dos días, hicieron algunas paradas para descansar, en algunas Thomas pedía ir con sus abuelos en el mismo coche, cosa que le alegró a Eleonor, pues así podría distraerse con su nieto y no estar tan nerviosa al estar sola con Richard.
Cuando llegaron al hogar las nobles mujeres los recibieron con alegría, amaban a Candy y su familia. Richard había llevado muchos regalos, ropa y cuadernos para todos los niños del hogar, cosa que conmovió a su familia. Aparte de eso les dejó una gran cantidad de dinero para lo que necesiten, las mujeres le agradecieron con todo su corazón, Eleonor al enterarse en un comentario que hizo la señorita Pony vio a Richard con otros ojos.
-Abuela! –gritaba Thomas.
-Qué pasa cariño?
-Ven vamos a la colina. –tomó su mano. –es muy linda – Eleonor se dejó guiar pos su nieto y cuando llegó a la cima de la colina vio a Richard que la esperaba ahí con una cesta cerca de él.
-Richard?
-Qué te parece si hacemos un picnic Eleonor?
-Sí abuelita! - Eleonor accedió a la petición de su nieto, pues no le negaba nada.
Estaban sentados sobre una manta a cuadros que había llevado Richard el clima era perfecto; el sol estaba en todo su esplendor, brillaba orgulloso en un inmenso cielo azul; el verdor del árbol con sus ramas frondosas que les daban una sombra exquisita llena de frescor en un día de verano.
-Lo recuerdas Ellie? –dijo mirando a su nieto perseguir una mariposa.
-Fue el mejor día de mi vida, después del nacimiento de Terry. –dijo Eleonor que miraba a su nieto, que jugaba tal como lo había hecho su hijo en aquel picnic.
-Cuando me sentía desolado y solo, recordaba ese día; tú, Terry y yo éramos la familia perfecta en ese entonces antes de que yo… -bajó la mirada.
-Me lastimaste mucho Richard.
-Y me odie por eso, no sabes cuánto lamento todo lo que te hice.
-Sabes algo Richard? –él la miró atento –yo también me equivoque bastante, lastime a Terry cuando fue a buscarme, y si no hubiera sido por Candy… estoy segura que ahora no estaría junto a mi nieto.
-Sé que ella intervino para que Terry me perdone por lo que le hice, estoy feliz porque Terry encontrara a una mujer como ella.
-Yo también, y sabes que yo también aprendí a perdonar?
-Creo todos aprendimos eso de nuestra hija.
-Así es, ella es nuestra hija. –dijo la rubia con una sonrisa.
-Ellie…- ella lo miró y en ese momento el unió sus labios con los de la rubia, ella pensó en abofetearlo, pero se rindió enseguida. – Ellie dame otra oportunidad, por favor… quiero hacerte feliz quiero mostrarte que durante estos años mi amor por ti no disminuyó nada.
-Richard…
-Mi mamá y mi papá también se enamoraron aquí. –escucharon la voz de su nieto, en ese momento se dieron cuenta que el niño los había visto y los colores subieron a sus rostros. – eso dijo mi mamá, ustedes también? – había escuchado a Candy hablar sobre la segunda colina de pony, pero el niño creyó que era esa colina.
-Cariño… nosotros…
-Creo que nos pescó Ellie –dijo el duque con una carcajada. –que dices Ellie, está colina es mágica?
-Sí, es mágica verdad abuelita? –vio los ojos ilusionados de su nieto esperando por una respuesta.
-Creo que sí. – dijo sonriendo a su nieto quien la miraba con una enorme sonrisa. –Tramposo. –murmuró al hombre junto a ella.
La pareja habló un poco más sobre su situación y la rubia accedió a darle una oportunidad a Richard, a fin de cuentas ella también quería ser feliz, y aun amaba a Richard, pues entendía que ambos cometieron errores; pero estos ya eran del pasado.
-Mamá! – Thomas corría a la casa y cuando llegó a la pequeña sala donde estaban casi todos se acercó a su madre quien lo veía algo asustada por el alboroto de su hijo.
-Qué pasa cariño? – dijo preocupada, buscando alguna herida visible.
-Mami, la colina es mágica! –gritó emocionado, todos lo veían esperando una explicación, en ese momento Eleonor y Richard entraban.
-Verdad abuelita, abuelito? Verdad que la colina es mágica? – todos posaron la mirada en los mayores. –mi abuelita y mi abuelito se enamoraron ahí! - No lo podían creer que su nieto había hecho público lo que ellos habían acordado mantenerlo en secreto por el momento.
Terry dejo salir una carcajada al ver la cara sonrojada de su padre, nunca lo había visto así y ahora que lo hacía le parecía gracioso.
-Vaya que es mágica esa colina! – dijo el castaño recibiendo un pellizco de su esposa.
No les quedó más que aceptar que se estaban dando una oportunidad, ya que no había caso ocultarlo y mucho menos negarlo, pues nunca harían ver a su nieto como mentiroso.
Antes de partir de regreso los Granchester visitaron a la familia Andley, Albert y su esposa habían viajado a centro América, Albert tuvo suerte en encontrar a una mujer igual de aventurera que él, la tía abuela estaba acompañada por Elisa, así que, sólo la visitaron un par de horas.
El regreso fue más tranquilo y nada incomodo, Thomas pidió ir con sus abuelos ellos felices lo mimaron todo el camino.
Dos semanas después.
-Estás seguro que podrás hacerlo?
-Tengo que. Candy cree que no podré hacerlo.
-Y está en lo cierto, no puedes hacerlo.
-Y es por eso que pedí ayuda profesional. –dijo orgulloso por su idea.
-Ahora entiendo el por qué le pediste a tu madre que sacara a Candy de la casa todo un día.
-Vamos papá, tú también te verás beneficiado.
-Yo no necesito que tu madre crea que soy bueno para este tipo de trabajo. – en ese momento el mayordomo le informaba a Terry que el equipo había llegado.
Era un grupo de seis personar, quienes se encargarían de construir la casa en el árbol para su hijo, para que sea creíble Terry había pedido que hagan algo sencillo y resistente; los hombres habían trabajado arduamente para lograr terminar antes de las diez de la noche, pues su madre le había dicho que llegarían con Candy a esa hora. No comieron ni descansaron; pero al fin lograron terminar, la casa estaba en la cima del árbol y se veía resistente y bonita.
-Vaya Terry, quedó hermosa! –dijo Candy con asombro cuando vio la casa.
-Te dije que podría hacerlo, pecosa desconfiada.
-Thomas está contento, le gustó mucho.
-Sí, me pidió que esta noche durmiéramos ahí.
-Y por qué no aceptaste?
-Porque hoy me darás mi premio, lo recuerdas?
-Ah, es verdad! pero antes vamos a acostar a nuestro pequeño.
-Tienes razón.
En el cuarto de su hijo Candy estaba arropándolo mientras Terry buscaba un cuento para esa noche.
-Mami…
-Dime mi amor.
-Mañana podemos dormir en mi casa?
-Claro, mañana dormiremos ahí.
-Y podemos llamar a los señores para que me hagan un parque? – Terry se puso rígido al escuchar a su hijo.
-Señores? –cuestionó la rubia
-Sí, los que hicieron mi casa, papá sabe.
-Así que papá sabe. –dijo viendo al castaño con una ceja elevada.
-Chismoso… -susurró el castaño.
-Qué te parece si hoy vamos a dormir a la casa del árbol. –propuso la rubia.
-Sí! –saltó el niño emocionado.
-No… -dijo Terry bajando los hombros de manera derrotada.
-Vamos mi amor, no vale hacer trampa. – la rubia sonreía al ver el estado de su esposo.
Esa noche la familia Granchester durmió en la casa del árbol de su pequeño, ya Candy le daría su premio después a Terry por ser un gran padre.
-Terry… -murmuró pues su hijo ya se había dormido.
-Dime cariño. –dijo besando su frente, pues ya estaban a punto de dormir.
-Hoy fui al médico.
-Te sentiste mal? – dijo sentándose de golpe.
-No, bueno sí.
-Qué tienes amor, estás enferma? – la preocupación era notoria en el rostro del castaño.
-No, no te preocupes, lo que tengo es normal, y pasará pronto.
-Qué? comiste algo que te cayó mal?
-No mi amor, pronto tendremos un nuevo integrante en la familia.
-Quien…? –se calló al comprender a lo que se refería la rubia. – estás segura mi amor?
-Sí, hoy lo confirmé.
-Oh Pecosa! cada día me haces más feliz. –dijo besando su rostro un repetidas ocasiones. Luego bajó al vientre de la rubia. – hola bebé, soy papá, ya quiero que estés con nosotros. –dijo besando el vientre femenino. – espero que tenga tus pecas. –murmuró cerca los labios de la rubia.
Así siete meses después Candy daba a luz a un pequeño niño castaño idéntico a su padre, pero con las pecas de su madre, lo llamaron Timothy. Thomas, en lugar de sentirse celoso de su hermano, era sobreprotector con él, sus abuelos estaban locos por sus nietos, pasaban mucho tiempo con ellos, Candy y Terry habían formado la familia que siempre quisieron tener, eran unos padres amorosos; pero también correctos, nunca mimaban por demás a sus hijos, ellos querían que sus hijos se ganen las cosas con trabajo y respeto. Eleonor y Richard se casaron y permanecieron cerca de sus hijos y sus nietos.
Fin.
