Hola chicos,
Disculpen el retraso, no tengo internet.
Fue una semana muy complicada, y más sin poder actualizar.
Espero esté capítulo les guste, la próxima vez que suba uno, contestaré los reviews. Quiero que sepan que agradezco sus comentarios siempre. Les envío un fortísimo abrazo y muchos saludos.
Que disfruten.
Capítulo VIII Coincidencia
Nahia sintió el crudo pánico emerger de su interior cuando una figura semivisible apareció de la nada, en un abrir y cerrar de ojos, frente a ella. Se tambaleó y cayó hacia atrás en el mismo momento que un grito brotó de su garganta. Únicamente, cuando el piso la golpeó con fuerza, sofoco al estridente chillido.
Ni en sus peores sueños imaginó que tendría que lidiar con fantasmas alguna vez en su vida.
Se quedó pasmada allí sobre el frío linóleo, mirando al personaje masculino levemente transparente que se cernía sobre ella. Su estómago se contrajo por el terror y las ganas imposibles de salir corriendo, aunque sintiera sus piernas como bolsas de agua incapaces de sostenerla.
Por un segundo, un par de ojos violetas, muy abiertos, bajaron la mirada hacia ella observándola con profundo y chocante asombro. Notó, también, el cabello en punta de tres colores diferentes, un flequillo amarillo familiar, una versión adulta de alguien que estaba en esa misma habitación, con quien había hablado segundos atrás.
Luego, el chico alzó la mirada atónita, viendo algún punto por encima de su cabeza. Con miedo, Nahia echó la cabeza hacia un lado y vio al pequeño Yugi de pie, junto al lugar donde ella había caído, mirando entre ambos con la incertidumbre plasmada en su rostro.
El aire se escapó de sus pulmones.
Había dos de ellos ...
Había dos chicos de rasgos muy similares en esa sala; uno sólidamente humano y otro misteriosamente incorporeo, dos almas totalmente diferentes, como dos hermanos luciendo un aspecto compartido.
Alguien la alzó tomándola de un brazo. Aún atemorizada, se apartó violentamente hacia atrás, su espalda, cabeza y hombros chocando fuertemente contra la pared. Quería retroceder más. Alejarse de allí.
—Nahia, Nahia, por favor — una voz la llamaba, sonaba demasiado lejos — reacciona por favor... ¡Yugi!— llamó — ¿Que es lo que está pasando?
Reconoció la voz de Tea, pero Nahia no podía apartar la mirada de ambos chicos que la comteplaban desconcertados.
—¿P-puedes verlo? — inquirió con voz temblorosa el tricolor menor.
Las expresiones de ambos pasando de la turbación a una seriedad que se le antojaba sospechosa.
Ella tardó varios segundos en procesar la pregunta. Claro que podía verlo.
—Es evidente, Yugi, que puede verme — el otro chico de ojos violeta contestó, la mirada exclusivamente en ella. El joven lo miró con desasosiego.
—¿ Qué puede ver qué? — estalló alguien — ¿Que pasa aquí?
— ¿¡Que alguien nos explique!?
—Dile a tus amigos que le den espacio a Nahia para recuperarse.
Nahia tembló ante la mención de su nombre en los labios del tricolor mayor. Él no le quitaba la vista de encima, sus ojos entrecerrados, sopesandola, evaluando sus reacciones, como si la midiera, como si pudiera ver a través de ella. Sintió algo resolverse en su interior, erizandole la piel, calentadola, haciendola sentir que no era la primera vez que alguien la miraba así, que su voz pronunciaba su nombre, que había algo extraño, inexplicable y pertubador en todo esto, pero deliberado y conocido, como una sensación olvidada que de pronto regresaba a ella.
—Vamos, todos apartense— pidió Yugi, luego alzó las manos frente a ella con gesto concialidor — Nahia, por favor... Todo está bien, él no te hará daño.
Él. Entonces fue consciente, por primera vez, de que ella no era la única que podía verlo. El joven también podía. Estudió por un segundo a los demas presentes, sus ojos alternando entre ella y Yugi, nadie más veía al extraño espíritu de píe junto a él, pero tampoco habían reaccionado al conocimiento de que había alguien presente en la sala invisible para ellos, sino a que ella pudiera verlo. Se percató de que ya sabían lo que ella estaba viendo, lo entendían todo.
Se sintió relajar, su cabeza despejandose, el terror desvaneciendose y sus pensamientos más claros y centrados.
—No estaba mal de la cabeza — se dijo a si misma— pero ... ¿Por qué lo extraño la seguía hasta el otro lado del mundo?
Se tomó un momento para analizar lo que él chico le decía y luego suspiró. ¿Quien era esta persona tan idéntica a él y como era que podía verla?
Advirtió que todos tenían los ojos clavados en ella, Joey y Tristán lucían algo confundidos, Yugi y el alma a su lado, muy pensativos y cripticos, como si conversaron entre ellos, y Tea, sorprendentemente, la miraba como si fuera una extraña, casi como sino la conociera. Apartó rápidamente la mirada de ella.
— ¿Quien es? — preguntó a Yugi, su voz chirriando como papel de lija. Trato de no mirar al espíritu, no se sentía capaz de hacerlo y mantener la cordura.
El chico pareció considerar la pregunta.
— ¿Realmente no sabes quién es? — Yugi puso su mano sobre un objeto que colgaba de su cuello.
La peliroja reparó en el raro artilugio dorado de forma triangular como una pirámide que sostenia el muchacho. Una figura particular sobresalía levemente de éste; la imagen de un enigmático ojo abierto como un sello antigüo, y a su alrededor líneas de acoplamiento como si la reliquia constara de piezas emsablables. Jamas había visto algo como aquello.
— No — murmuró, negando con la cabeza — ¿Que es eso que sostienes allí?
El chico dirigió una mirada escéptica a ella, y luego al espíritu a su lado. Nahia la ignoró, había percibido la magia que los envolvía, la silenciosa comunicación entre ellos como líneas de energía, sintió el poder, la luz y la oscuridad en precario equilibrio, como a punto de explotar, de sucumbir o desaparecer. ¿Como no lo había notado, siendo capaz de lo que era? ¿Era está otra forma de tortura? ¿No tenía suficiente ya?
— Será mejor que se lo expliquemos — dijo el espíritu, sus ojos fijos en Yugi — Quizá ella...
— Es probable — murmuró el joven tricolor — a estas alturas no creo en las coincidencias.
— Nahia — el espíritu se volvió. Ella se vio obligada a mirarlo, sus ojos violetas como dos brillantes ascuas, impasibles y centrados la hicieron tiritar — me gustaría presentarme — dió un paso más cerca de ella — Mi nombre es Atem, soy el alma que reside en el rompecabezas del milenio — señaló al objeto entre las manos de Yugi — mi historia es larga y complicada, pero, si me lo permites, quiero...quiero contarte, quiero explicar, y la razón es que necesito respuestas y creo que quizás tu puedas ser una de ellas.
Nahia le dedicó una insondable mirada, aquella que dedicaba cuando tenía que hacer cosas que no quería, que no deseaba, pero que algo le instaba a continuar, un tipo de curiosidad casi morbosa, porque ella también necesitaba respuestas, siempre era movida por la necesidad de hallar las respuestas. Asintió levemente hacia el espíritu, la tensión de él y Yugi desvaneciendo un poco.
—Sera mejor que tomemos asiento — sugirió este último.
Tea reaccionó a las palabras del joven, saliendo de su inamovilidad, luciendo algo perpleja, confundida y preocupada, no dejaba de lanzar miradas a Yugi al tiempo que instaba a los chicos a volver a sus asientos y ella hacía lo propio.
El espíritu del rompecabezas del milenio se ubicó sobre el brazo del sillon junto a Yugi y Tea. Su postura erguida, sus brazos cruzados sobre el pecho, y esa mirada solemne le confería cierta actitud altiva, no muy propia de esta epoca, pensó Nahia, sino se equivocaba tenía la apariencia y las cadencias de algún alto gobernante, no uno del presente siglo, tenía la extraña certeza que era mas antiguo de lo que se imaginaba.
Fue la última en moverse, con algo de rigidez dió unos pasos al sillón mas alejado del joven tricolor y la ojiazul, sentía los pies como pesadas piedras.
Tomó asiento con cuidado. Tristán y Joey, los más cercanos la observaban con diligencia.
—Bueno chicos — dijo el rubio — ¿Quien nos explica que está pasando?
— ¿No te parece obvio? — contestó el castaño con impaciencia — Nahia puede ver al faraon.
Nahia parpadeo atónita hacia él, luego desvío la mirada cuando se percató que la estudiaba. ¿Un faraón?
Joey rodó los ojos.
— Me refiero a como es posible.
El espíritu suspiró.
—Yugi — llamó suplicante — por favor.
— Es cierto, chicos — asintió el jóven — ella puede verlo, tanto como yo puedo hacerlo— le dedicó una media sonrisa a sus amigos — Lo cierto es que no sabemos por qué — la miro entonces — y por lo visto, tu tampoco ¿No?
Ella negó. No le gustó nada ver cinco pares de ojos recelosos, le dolió un poco que su prima estuviera entre ellos. La ojiazul desvío la mirada.
— Yugi ...
—Dejame continuar Tea — pidió el tricolor — el Faraón tuvo un sueño antes de regresar con nosotros.
— ¿Un sueño? — exclamó Tea — pero tú dijiste que su primer recuerdo era...
— Se lo que dije — interrumpió, su mirada seria en la ojiazul — en ese momento Atem no sabía lo que era, no estábamos seguros. Al principio era un conjunto extraño de imágenes sin sentido y luego, cuando la vimos — cabeceo hacia Nahia. Ella se abrazó a si misma — supimos que no era un sueño, sino un recuerdo de su antigua vida.
— ¿Que fue lo que vieron? — preguntó el rubio.
— A ella, claro — señaló Yugi azorado — huyendo de...— dudó un momento — bueno, no lo sabemos con exactitud, pero indudablemente era ella. El recuerdo está haciéndose más nítido.
Todos la observaron de nuevo.
— Creia que el Faraón había recuperado todos sus recuerdos, cuando...
— Parece que no, Tea — murmuró el tricolor, le echó una ojeada al espíritu — él también lo creía, y no le hace mucha gracia que no sea así.
— ¿Piensa que ella puede ser la razón? —inquirio el castaño pensativo — es decir, el motivo por el que está aquí ¿no?
Yugi se encogió levemente de hombros, pero no contestó. El Faraón había cerrado los ojos, pellizcandose el puente de la nariz, se veía claramente estresado, confundido y molestó.
— ¿La razón de qué? — preguntó al fin la peliroja, dirigió su pregunta mirando al tricolor mayor— No entiendo absolutamente nada de lo que está pasando.
Él abrió los ojos lentamente, dándose cuenta que nadie le respondia, la miró.
— Tampoco yo — dijo con lentitud — pero esto es lo que tienes que saber...
Nahia escuchó atentamente lo que él espíritu le decía, una historia que inició mucho tiempo atrás, casi inmemorial, borrado por los años y las arenas del antiguo Egipto. Observó al tricolor hablar sobre su pasado, decirle con un poco de pesar filtrandose en su voz, que era el hijo de un gran Rey, que había heredado su trono cuando él murió y posteriormente poseedor de los artículos milenarios que lo llevaron a ser vencedor de su más grande enemigo, Zorc. Le comentó quién era él y lo que había hecho para vencerlo en un principio, dispersado sus memorias junto a su nombre, al tiempo que sellaba su alma y la de su rival dentro del articulo milenario que ahora poseía Yugi.
El abuelo del joven, de quién habló con un velado agradecimiento, halló el rompecabezas un día en la tumba del Rey, pasando por delicadas y peligrosas pruebas, pero que de esa manera el artículo había llegado a manos de su nieto, quien lo resolvió y descubrió los secretos que albergaba en su interior así como al alma del Faraón, que residía ahora en su cuerpo.
Yugi era su descendiente y el destino se encargó de hilar cada evento en sus vidas, hasta su encuentro. Explicó que ser poseedor del rompecabezas del milenio trajo consigo lazos de amistad, nuevas aventuras, peligro, ansias de poder, sombras, oscuridad, mucho miedo, e infinidades de sucesos inverosímiles que los llevaron a enfrentar diferentes y aterradores enemigos, hasta el punto de regresar a su pasado con ayuda de sus amigos, para recuperar sus recuerdos, su nombre y enfrentar a Zorc.
Finalmente, sin quitarle su violacea mirada de encima, le contó sobre su último día en el mundo de los vivos, la batalla ceremonial; el último duelo, definido por la victoria de Yugi, el momento en que cruzó la puerta y se sintió libre al fin.
Su expresión se ensombrecio un poco, pero prosiguió:
— Hace pocos días regresé a éste mundo nuevamente — dijo en un hilo de voz — algo o alguien me trajo de vuelta y desconocemos por qué — sus ojos se estrecharon — hasta que te ví.
Nahia se levantó apretando los puños.
— ¿Estas diciéndome que yo te traje de regreso?
El Faraón también se puso de píe. Negó impasiblemente con la cabeza, sus brazos firmemente sujetos entre sí.
—No, estoy diciendo que hayas sido tu.
— Entonces ¿Que? — inquirió rechinando los dientes, le resultaba exasperante la tranquilidad con la que hablaba — todos tienen la equivocada idea de que esto tiene que ver conmigo, puedo verlo en sus caras... No se que es exactamente lo que vieron ustedes dos, pero yo no hice esto.
— Son demasiadas coincidencias...
— ¡No fuí yo! — gritó.
El rey frunció el ceño.
—Nahia, por favor, escúchame — pidio él amablemente. Nahia sentia el palpito de la ira creciendo en su interior — lo que ví, no fue a ti trayendome de vuelta, te ví alejandote de mí — desvío la mirada hacia la ventana. Nahia se sorprendió — es sumamente extraño que estés conectada a un recuerdo que no logro concretar dentro de mi cabeza, con tu imagen vívida en mi mente y que estés aquí justo ahora en el momento en que yo lo estoy, como si el destino moviera los hilos nuevamente, poniéndote cerca de mí el mismo día en que yo desperté de nuevo en este mundo.
...
