¡Volví! Después de mucho, pero aquí estoy. Escribí esto hoy, sin revisarlo. ¡Solo quería publicarlo ya!
Un poco sobre la vida de nuestra Nahia.
Que lo disfruten.
CAPITULO 10
La Noche oscura del Alma
Nahia se deslizo sobre la puerta de su habitación una vez que la hubo cerrado firmemente detrás de ella. Todo su miedo había aflorado tan repentinamente que su visión y todo a su alrededor se oscureció, como si una corriente la hubiese arrastrado hacia el oscuro fondo marino, ahogándola, llevándolo lejos. Se sintió desfallecer por lo que parecieron horas, hasta que fue consciente de sí misma y abrió los ojos. Al principio nada tenía sentido, todo estaba en silencio y en absoluta oscuridad, trato de luchar contra la nebulosa que aplastaba su mente y se puso de pie al tiempo que buscaba con una mano encender la luz de la habitación.
Se cubrió los ojos del resplador y con dificultad se arrastro hacia la cama. Necesitaba tumbarse. Apoyo su cabeza sobre las almohadas y espero que su cuerpo entumecido se recuperara de estar horas sobre el duro y frio piso. Para entonces, todos los recuerdos la sobrevinieron. El faraón, la historia inverosímil que le había relatado, la expresión transtornada de todos y cada uno de ellos cuando fueron consientes de que podía verlo, de que ella de alguna increíble y fascínate forma, tendría que ver con todo esto que estaba sucediedoles a ellos, cosa que hasta el momento ignoraba. Su prima nunca le había dicho que compartían una vida de misterios ocultos, de peligrosas aventuras y de contacto con lo sobrenatural. Jamas le había mencionado ni una palabra, y no pudo evitar sentirse traicionada. Ella siempre había creído que Tea y ella tenian un lazo mas allá de una relación filial, ella conocía sus secretos, sus miedos, lo que había sucedido desde que empezó todo. Todo.
Desde el momento en que había nacido, su vida había sido complicada y eso era decir poco. Las cosas más extrañas pasaban a su alrededor, escucho decir a su madre un día, desde el mismo día de su nacimiento. Recordaba la voz de su madre preocupada y temerosa, diciéndole a su padre como el pequeño cuerpo de su hija cambiaba de posición dentro de su cuna, como las mantas aparecían desperdigadas alrededor de la habitación como si de un tornado se tratara, las ventanas abiertas de par en par y los sonidos extraños e identificables que no tenían provenir, pero que solo ellos escuchaban. Todas las noches fueron diferentes y tormentosas para sus padres, hasta que creció. Todo fue más intolerable cuando empezó a darse cuenta de lo que sucedía. El día de su cumpleaños número catorce, sus padres finalmente habían aceptado que podría ir a cualquier sitio totalmente sola sin causar algún estrago fuera de lo normal, y ella estaba tan ansiosa de asistir a una fiesta de su escuela con algunas chicas de su curso y olvidarse de que la miraran como la chica pelirroja de ojos raros a la que nunca veías fuera de clases o en alguna lugar lejos de su casa. Había bailado un montón, comido y reído hasta más no poder, pero consideró después que toda tenía un costo, incluso un pequeño instante de felicidad.
Un chico estuvo tras ella toda la noche, invitándole bebidas, una que otra rebanada de pizza y bailar con él la mayoría de las canciones. Había aceptado todas sus atenciones de buena gana, platicaron todo el rato y sintió por primera vez, el inicio de la verdadera amistad. Amo la forma en la que todo podía ser tan sencillo y lo fácil que podía olvidar todo y dejarse llevar. No duro mucho, claro. Esa misma noche, Julian la había arrastrado entre risas y parloteos a las albercas detrás de la escuela con la promesa de darse un chapuzón sin que nadie los viera. El había dicho que podía subir al trampolín más alto y realizar un clavado perfecto. Ella no le había creído, y el insistió en enseñárselo. Se hallaban allí entonces, ella riendo de su sagacidad, y él con el orgullo y la pomposidad de los niños dispuesto a demostrar que podían hacer cualquier cosa. El agua estaba helada, le había hecho saber ella a Julián en el momento que se acerco a las escaleras del trampolín dispuesto a subir. Una brisa fresca generaba pequeñas olas en la superficie y le alborotaba los cabellos a ambos. Ella recordaba la forma en la que Julian había subido decididamente y sin mirar atrás, haciéndole sentir admiración por él en ese entonces, realmente lo iba a hacer, y se pregunto cómo sería tener esa valentía y hacer lo que quisieras sin tener que preocuparte por nada en absoluto. Él no le había mirado hasta que se hallaba en el trampolín, bajó su mirada hacia ella y la observó por un instante, ella le saludó con una mano alentándolo y él le envió desde su posición un beso lanzado al aire. Ella se sintió ruborizar al tiempo que una calidez emergía del interior de su cuerpo y la envolvía, dulce y placenteramente con la sorpresa de su gesto espontaneo hacia ella. Fue entonces cuando el tiempo se detuvo repentinamente y todo fue notoriamente más lento; la brisa ceso, las olas en el agua se detuvieron, no escuchaba la música del otro lado de la escuela, incluso el sonido de la noche había sido tragado por un absoluto silencio. Sintío que su temperatura aumentaba, que la calidez que había sentido en esos pocos segundos se había transformando en una burbuja de bochorno extremo que buscaba salir de ella. No entendía que estaba sucediendo, y el pánico la había clavado en el suelo, solo un sonido extraño la hizo salir de su entumecimiento. Era como un burbujeo constante y bastante conocido, provenía de la alberca a sus pies. Con temor agacho la mirada, y vio el agua hirviendo en grandes y peligrosas burbujas que estallaban en la superficie y rociaban todo a su alrededor. Se echó hacia atrás de un salto al tiempo que gritaba tan fuerte como podía. Julian, Julian, Julian no lo hagas, por favor. No saltes. El agua. Pero él no estaba viéndola ya, se había colocado de espaldas y estaba dando saltos sobre el trampolín. Ella gritó aun más fuerte cuando Julian se arrojo hacia atrás y floto por unos segundos suspendido en el aire, para luego verlo caer a gran velocidad en lo que sería un clavado perfecto de haber quedado agua en el interior de la alberca. Se había evaporado. Y Julián había muerto esa noche.
Nunca le contó a nadie que había sucedido esa noche. Ni si quiera cuando la policía llego y la interrogó, ni cuando sus padres la llevaron a casa. Todo lo que podía decir era que el agua había desaparecido y por supuesto nadie le creyó a excepción de sus padres, ellos sabían todo sobre su hija. Desde ese momento todo cambio para mal, sus padres comenzaron a temerle y a mantenerla alejada de cualquiera al que pudiera lastimar. Lloro, grito y sufrió cada vez que sus padres la veían como un monstruo que habían traído al mundo. Cuando creyó que no lo soportaría mas, llego de visita la hermana de su padre, su tía. Tras ella, había una chica de su misma edad, con ojos azules y cabello corto castaño. Ambas venían de Japón a visitar a su padre y a la familia.
La chica ojiazul la miro y le sonrió a modo de saludo, una sonrisa sincera y sin temor. Nadie que la conociera habría hecho tal cosa con ella, incluso la madre de Tea la abrazo y le comento a su hermano lo grande y rápido que crecían los niños. Ellos se quedaron rígidos por un instante, temiendo por ellos y lo que su pequeña hija pudiera hacerles. Solo Tea advirtió el gesto y le dedico una larga mirada de entendimiento, ella sabía todo y no le importaba. Ella era su familia. Desde entonces, ella había sido su confidente y su amiga más leal.
