Yugo abandonó la casa de Tea luego de que la chica pelirroja se escondiera en su habitación y su amiga decidiera quedarse encerrada en la cocina. No había tardado mucho en descifrar que lo mejor sería dejarlas solas y que llegado el momento hablarían sobre ese secreto que tanto parecía afectarles a ella y a su prima y por lo que presentía, a él y al faraón. Este último había permanecido callado todo el camino de vuelta a casa, ensimismado en sus pensamientos que giraban una y otra vez en torno a Nahia, las visiones de ella en sus sueños y la extraña sensación de pérdida calándole el alma. Era tal su tristeza que se la había transmitido a través de la conexión entre ambos, sintiéndose como si fuera a reventar de dolor desde dentro de sus entrañas.

Joey y Tristán no dijeron mucho en su camino de regreso, el chico tricolor supuso que la situación también había causado cierra sorpresa e incertidumbre en ellos. No podía negar que la chica pelirroja los había trastornados aún más que con la extraña llegada del faraón a este mundo nuevamente, tampoco podía evitar pensar en la insólita casualidad de los sucesos de esa semana; sus propios sueños, la sesancion de que su amigo estuviera en peligro, el rompecabezas en sus manos, Nahia la prima de Tea la cual sólo tenía un día de haber llegado al país, solo un par de horas de conocerla y tan solo un minuto para darse cuenta que tenía una relación importante en todo esto. Estaba tan seguro como el Faraón de que una fuerza externa a ellos lo había traído aquí y que esa misma fuerza trajo consigo sus sueños y a Nahia. Se preguntó qué más podría estar por venir, y no le gusto nada el estremecimiento que recorrió su cuerpo y se alojó en su corazón, no esperaba que fuera algo bueno.

—Tenemos que hablar con Ishizu —dijo el Faraón de repente dentro de su cabeza— Es la única persona que nos puede decir que está sucediendo.

Yugi suspiró. Podía escuchar el hastío en la propia voz del Faraón y se imaginó cuan desagradable era para él no recordar nada en absoluto sobre ella, pero que sus visiones fueran tan reales que lo hiciera tener la certeza de que era parte de su pasado, uno oculto, misterioso y fuera de su alcance.

—Mi abuelo me habría telefoneado si hubiera dado con Ishizu— comentó el tricolor más joven.

—Lo se — murmuró él, miraba por encima de los edificios de la ciudad como si esperara que algo apareciera sobre sus cabezas de improviso o alguien — pero siento que será muy tarde sino logramos contactarla ya.

—Faraón — alguien llamó detrás de ellos. La voz sonó muy conocida, queda y indudablemente femenina.

Ambos se dieron de la vuelta. Y allí estaba Ishizu, apenas iluminada por los últimos rayos del sol. Luciendo su vestido largo de lino blanco y adornada con múltiples joyas en oro que colgaban de su cabeza, orejas y muñecas. Ya no llevaba consigo el artículo del milenio que anteriormente adornaba su cuello, pero aún parecía saber dónde encontrarlos sin la ayuda del collar milenario.

El Rey tomo su lugar en el pequeño cuerpo de su amigo Yugi. Una breve transformación y ya se hallaba frente a la misteriosa mujer.

—Ishizu— llamó él —creíamos que … el terremoto ¿Qué es lo que está pasando?

—Nada remotamente bueno, su alteza — la mujer clavó sus ojos azules en él — he venido a decirte el peligro que corre mi Faraón. Alguien ha robado todos los artículos milenarios a excepción del suyo y aún no se el motivo, pero está tras usted.

—¿Quién, Ishizu? ¿Quién está haciendo todo esto?

—No lo se, Alteza — negó levemente la mujer — puedo decirte que algo salió de ese agujero sobre la tierra, lo se porque oí voces.

—¿Voces? — inquirio él tricolor — ¿Quiénes eran y que decían?

Ishizu negó nuevamente.

—Eran muchas voces, quizá cientas de ellas entonando un cántico o una simple letanía. Ninguna era identificable para mi, pero se lo que decían.

—¿Qué decían?

Ishizu calló por un momento y pareció tomar aire antes de volver a hablar. Noto el peso de su preocupación y se preguntó qué podía asustar tanto a Ishizu.

—Ella tiene que morir.

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—¿Ella tiene que morir? — preguntó su abuelo por quinta vez — ¿En que clase de locura estás metido ahora, jovencito? ¿Qué significa eso?

Su abuelo había comenzado a alarmarse exponencialmente desde que le había dicho que Ishizu había aparecido para advertirle sobre los peligros que perseguían al Faraón. Saber que alguien tenía que morir no lo había hecho ninguna gracia.

—No lo se abuelito — dijo él con cansancio — Ishizu no sabe de quién se trata o que es lo que quieren.

—¿Qué más dijo? ¿Por qué no vino aquí a decírmelo? Era yo quien haba tratado de localizarla todo este tiempo — Preguntaba el Señor Muto exacerbado — Quiero saber todo lo que dijo, Yugi, absolutamente todo.

Yugi se echó hacia atrás en el sillón y miró fijamente a su abuelo, ¿Cómo podía explicar que él no sabía por qué Ishizu hacía lo que hacía y la forma en la que lo hacía? Tomó aire y soltó todo lo que él y el Faraón sabían, sin omitir nada. La boca de su abuelito se abrió cuando le contó sobre Nahia, y pareció que iba a desmayarse cuando supo que ella podía verlo. Habló sobre Ishizu y cómo los había encontrado en el camino a casa, le dijo todo lo que ella había visto en el agujero sin fin en donde se había llevado a cabo la ceremonia hace un mes. Que todos los artículos milenarios habían desaparecido, que no había rastro de ellos y que Su percepción sobre el rompecabezas y el regreso del Faraón era muy simple, quien quiera que lo haya regresado a este mundo quería que lo encontráramos, quería que estuviera aquí.

Yugi calló. Luego alzó la mirada y vio a su abuelito. Este meditaba profundamente con los ojos cerrados.

—Entonces … está viniendo hacia aquí— murmuro el abuelo — si lo que dice Ishizu es cierto, lo que sea que quiera esta … cosa, está de camino aquí.

—Es lo que cree él también — coincidió Yugi.

—¿Él? — preguntó su abuelo.

—El Faraón — contestó el chico — piensa que … bueno, ha estado muy preocupado pensado que algo malo estaba pasando, ahora sabe que es así aunque no sepamos que y la idea de ponernos en peligro por su causa, lo ha hecho un poco … — se calló al tiempo que pensaba en cómo describir la actitud del rey — a decir verdad está muy enojado.

Su abuelito lo miró fijamente por unos segundos, como si tratara de tomar una decisión, pensó el tricolor. Había algo allí asomándose en su expresión que no podía identificar, lo había mirado así todo el rato. Su abuelo suspiró y al final dijo:

Ishizu no es la única persona que vigilaba el lugar de la batalla ceremonial — comentó el anciano de repente — no he podido contactar a mis viejos amigos, pero en cuanto lo haga sabremos que está sucediendo.

El señor Muto se levantó del sillón y subió las escaleras a su habitación sin decirle ni una palabra más a él.

Tu abuelo está preocupado por ti — dijo una voz que hizo saltar al tricolor más joven — Lo siento, no quería asustarte.

Yugi negó con la cabeza.

Creo que tiene miedo por ambos — murmuró el chico.