Tanta luz no deja ver,

Y tal vez

Debieras darme a mi

Lo que no tendré.

Tal vez y solo tal vez.

Con sumo temor el rubio se levantó de su lugar junto al fuego, cargando al pequeño cachorro para esconderlo bajo su cesta, si alguien quería molestarlo a esta hora prefería que no lastimaran a su pequeño y fiel amigo, coloco su plato de comida aun lleno sobre la mesa de madera y se sacudió un poco el polvo del suelo, acto seguido acaricio al cachorro con suavidad para sonreírle nervioso.

- Quédate aquí y no hagas ruido Cora por favor. - Tomo un par de sabanas viejas y las dejo caer sobre el animal lo suficiente para ocultarlo, pero sus chillidos no se hicieron esperar, su mascota quería ejercer su lugar como protector de su amo.

La insistencia en el sonido de la puerta alteraba sus nervios, esperaba que no fueran aquellos chicos en plan de venganza por lo que Tenma les había hecho para defenderlo, sabía que no se repetiría su buena suerte, y menos si todos los alumnos y profesores le contaban las cosas extrañas que pasaban a su alrededor.

- ¡Y-ya voy! - Titubeo Alone tomando la oxidada perilla que alguna vez fue dorada, para cargar un poco la puerta de madera ancha y vieja que se atoraba con el andar, se colgaba bastante y ahora era necesario cargarla para poder abrirla un par de centímetros.

Con cautela salió de su hogar dirigiendo sus ojos azules al obscuro y ennegrecido bosque, notando lo tenebroso que se veía, podía visualizar desde ahí su Orfanato, sabía que los niños ya se estaban preparando para dormir, algo tras los arboles llamo su atención, creía haber visto la silueta de alguien, pero guardo silencio, sentía mucho temor de estar así de solo en el medio del bosque y más cuando las hojas de los arboles silbaban de esa forma por el viento, una noche sin luna sin duda era una noche muy obscura.

- Creo que no era nada. - Se engañó el pequeño que dio la vuelta para regresar adentro, llevando el celeste de sus ojos al suelo la luz del fuego de la cabaña iluminaban un jarrón de leche fresca, acompañados por pan y algunos peces.

El rubio sonrió, no daba crédito a sus ojos, era comida de verdad, no ese feo caldo de hongos insípido que tenía que comer para tratar de calmar su hambre, sentía su salivación excesiva, podía imaginar ese delicioso pescado sobre el fuego casi podía olerlo y saborearlo, tenía muchos meses de no probar carne, era muy malo pescando, y por supuesto no sabía cazar, cuando colocaba alguna trampa en el bosque y algo caía, generalmente lo dejaba escapar.

- Solo tómalos y entra a tu cabaña Alone anda. - Por un segundo el Pegaso se giró para ver detenidamente al otro, el algodón blanco de su pequeño camisón estaba bastante gastado, de un solo tirón lo haría pedazos, y contra la luz revelaba la silueta del cuerpo del rubio que seguía de pie a la puerta, miraba en esa dirección, Tenma se dio la vuelta suspirando por lo bajo, ¿tal vez le había visto? No podía dejar que él le agradeciera, solo había sido una última cena antes de poder terminar con su misión, debería mantenerse enfocado, no sucumbir a sus deseos y menos a ese hechizante azul de sus ojos, no tenía que encariñarse, mientras menos le conociera era mejor, ¿pero entonces porque no podía dejar de seguirle?

Ese conflicto emocional que tenía todos los días desde que había despertado su memoria, no podía evitarlo, su corazón algunas veces mandaba sobre su razón, aun nada de eso era seguro ¿Qué tal si solo se alejaba? Si simulaba que todo eso no le importaba, que no le dolía, tal vez así y solo así se liberaría de su castigo, apretó los dientes y los puños llevando la cabeza atrás para maldecir por lo bajo.

Los ladridos del pequeño Cora alertaron a Tenma y a Alone; Tenma trato de silenciar al cachorro hablándole suave, pidiéndole que se callara, pero el animal estaba metido en su papel de protector, le ladraba sin control hasta que después de un rato se sentó sobre su rabo y saco la lengua con felicidad.

- Gracias a los dioses. - Suspiro Tenma recargándose contra el árbol donde tenía su escondite.

-¿Te estas escondiendo de alguien? ¿Necesitas refugio? - Al girar el rostro de Tenma se topó de lleno con el curioso semblante de Alone que mantenía un poco su distancia, pero que no apartaba esos bellos ojos de su acompañante.

- ¿Q-que? N-no para nada, ¿tú que haces aquí? ¿No se supone que duermes adentro con los demás? - Verle tan cerca sí que le había producido un mini infarto, no podía dejar de apreciar su belleza, le sorprendió lo pequeño que se veía, y lo mojado aun de su cabello, probablemente tendría frio, ¿Por qué salió así de su casa? Porque no solamente tomó las cosa y se dispuso a comerlas, ¿Qué ocurriría si se enfermaba? ¿Quién le cuidaría? Alone era un inconsciente.

- Ah, es…los demás no quieren tenerme muy cerca, por eso me enviaron aquí, perdona si te asuste es solo que Cora nunca se escapa así- Alone dio un paso atrás, esperando no molestar al otro, por algún extraño motivo quería acercarse a Tenma, pero prontamente recordaba su lugar, no debía involucrarse mucho, ese chico era fuerte y si deseaba lastimarlo lo haría con facilidad, era mejor tener precaución.

-¿Tienes un perro? No se supone que tengamos mascotas está prohibido. - Comento Tenma mirando al cachorro que seguía sentado, pero ahora más cerca de su dueño, era un bello perrito que le miraba con esos ojos castaños, curiosidad, igual que los ojos de Alone, no había ni una gota de maldad en su mirada.

- N-no se lo digas a nadie por favor t-tengo pan y mmmm p-pescado y algo de leche te los puedo dar, p-pero por favor no le digas a nadie que tengo a Cora….le harían daño.- Tan fácil se estaba desprendiendo de esos alimentos, era claro que el chico no comía demasiado, pero también sabía que no podría vivir eternamente de frutas del bosque, algún día debía comer algo más sustancioso, pero a pesar del hambre había cambiado todo por el pequeño perro que ahora cargaba en brazos.

Para Alone era más fuerte su instinto de proteger a su amado cachorro, era su mejor amigo, el ser que le acompañaba todos los días y las noches, el que jugaba con el y que se acorrucaba junto a su lecho, algún día aprendería a pescar y podría alimentar al perro con mas que pan y sobras.

Pero ese fuerte rugido producto del estómago de Tenma hizo que ambos se miraran por un segundo. Alone se llevó una mano a la boca para tratar de no reír, mientras que Tenma se giró de inmediato, sentía mucha vergüenza, su rostro estaba completamente rojo, sentía que sus orejas pulsaban, cerró los ojos fingiendo indignación ¿porque su estómago le estaba jugando esta mala pasada?

- ¿Te gustaría c-comer? Puedo prepararte algo solo por favor te pido que no le cuentes a los demás de Cora. -El rubio trato de acercarse a Tenma un poco para poder notar su respuesta, esperaba que él le entendiera, que tuviera un poco de piedad, todavía no le conocía, todavía no sabía quién era, pero en esos tiempos de escases todo el mundo quería comida extra. Soltó por un segundo al cachorro que corrió de nuevo a la cabaña dejando al rubio solo con el castaño, con cobardía Alone coloco su mano sobre el hombro de Tenma que lo miro por un segundo.

- ¡NO! no quiero nada tuyo. - Ante el toque de Alone el Pegaso reacciono de la peor manera soltándole un fuerte puñetazo que le hizo caer al suelo de inmediato, el rubio se quedó en el suelo asustado mientras el perro regresaba de su escondite para encarar al agresor, ladraba sin control a Tenma tratando de atacarlo.

- Lo siento muchísimo no lo vuelvo a hacer. - Alone se llevó una mano al rostro limpiando la sangre que salía de su labio inferior, tratando de detener a Cora para protegerlo entre sus brazos, pero el animal no cedía, estaba molesto.

Ver su rostro lastimado, el terror en sus ojos, esa frágil figura tirada en el suelo, le hizo sentir de la peor manera, luchaba por no alzarlo en brazos y brindarle su protección, pero las cosas no funcionarían de esa manera.

- Nunca vuelvas a tocarme. - Con dolor el castaño dio la vuelta, comenzando a correr sin dirección alguna, esto sería mucho más difícil de lo que pensaba, otra vez le había lastimado, se preguntaba si ese golpe había sido muy fuerte, sabía que tenía una fuerza superior, conocía sus capacidades, y ese cuerpo tan frágil sería fácil de herir.

-¿Maldito Hades por qué? - El Pegaso corrió a los adentros del bosque, encontrándose con un muro de roca con el que desquitaría su frustración, golpeaba una y otra vez las piedras con sus puños, una existencia como la suya era miserable, dañarlo era algo que no sería capaz de hacer, ¿entonces qué haría? ¿Protegerlo? Traicionar su juramento, traicionarla a ella. Esa fugaz sonrisa de Atenea cruzo su mente, sus largos cabellos violeta, sus bellos ojos verdes, él había jurado lealtad hacia ella, pero ese amor que sentía hervir su sangre, ¿Por qué no podía sacarse a ese chico de la cabeza?

Desde la cima de ese árbol podía apreciarlo todo con claridad, no llevaba puesta su usual armadura dorada, no para una misión así, la guerra aún no había dado inicio, así que su humor no era el mejor, Manigoldo era un ser un poco extraño, añoraba el calor de la batalla, honrar a sus seres caídos, esa era la mejor forma de demostrar amor para él.

Vigilar a Tenma le deprimía un poco, era un niño y un ser débil, pero él era el mejor radar que tenían para poder encontrar al nuevo contenedor del Dios Hades, eso era lo único en lo que su mente se entretenía, pero si no había señales de Pandora por ningún lado entonces ¿Por qué tanto drama?

- Protege a Pegaso, captura al Pegaso, has esto haz lo otro, como si no fuera suficiente con verlo comportarse como una niña llorona…Verlo me produce nauseas. - Dijo haciendo muecas con el rostro al mismo tiempo que se llevaba una jugosa manzana a la boca, tenía hambre y la noche seria larga.

- Silencio Manigoldo, tu enojo está haciendo que tu cosmos se eleve, trata de no llamar la atención - Recrimino su compañero desde su lugar sin girar a verlo todavía.

-De todos los caballeros dorados me tenía que tocar contigo…- Sonrió fastidiado girando esos zafiros para acomodarse mejor.

- Tampoco me hace feliz estar contigo en esto, pero ordenes son ordenes, así que silencio. - Resoplo el de cabellos celestes dirigiéndole una horrible mirada, Albafica podía ser el ser más hermoso sobre la tierra, pero también tenía un carácter horrible.

- ¿Tú piensas quedarte ahí sin hacer nada? Esto es perder el tiempo, no hay señal de Hades, no hay peligro, me aburro. - Resoplo rascándose la coronilla, alborotando más su rebelde cabello azulado.

- Sabes este bosque es muy grande, ¿Por qué no vas a dar un paseo mientras yo cuido de Tenma? Anda así nos regalas paz a los dos. - Ese comentario había sido certero e hiriente igual que sus rosas, dio la vuelta y continuo con su observación, alguien debía proteger al Pegaso, era fácil que se metiera en problemas y para muestra un botón, tan solo había permanecido en el templo un par de meses y todas las constelaciones y sus respectivos guardianes habían enloquecido.

- Nadie me respeta. - Bufo molesto el de cáncer para cruzarse de brazos, tal vez si era más entretenido dar un paseo por ahí, buscaría algo que comer que tuviera más sabor que esa manzana.

- Iré a ver al otro, ¿no me extrañaras verdad? - Jugo el más alto de los dos que se puso de pie en un segundo, Manigoldo era tal vez el caballero con el que menos conversación podía entablar, eran contadas las ocasiones en las que tuvo que cruzar palabra con él, ambos eran diferentes y bastante, Albafica protegía la vida y la sutileza de las cosas a su alrededor, apreciaba la belleza de los detalles pequeños por el contrario Manigoldo siempre prefería los enredos, las batallas, la destrucción pero odiaba la muerte, era extraño que detestara la muerte y la guerra si vivía en batalla consigo mismo todo el tiempo, en conclusión era un enigma.

- ¿Qué me delato? - Esa sonrisa, haría que la mismísima Afrodita tuviera envidia del caballero de piscis, la rosa más bella pero también la más venenosa.

- Diviértete niño bonito nos vemos al amanecer. - Giro de espaldas para descender del árbol, pero el sonido del viento cortarse con fuerza y velocidad le retroceder un poco, notando como esa rosa blanca se había incrustado en la madera justo frente a sus narices.

- No vuelvas a llamarme niño bonito nadie te dio el derecho de hablarme así. -

- ¿Nadie te ha dicho que tienes pésimo carácter? Ah espera imagino que no porque siempre estás SOLO. - De ninguna forma iba a tocar esa rosa envenenada, y mucho menos le arrojaría algo al otro, una pelea era lo que menos necesitaban para ser descubiertos, con molestia el protector de cáncer descendió del tronco del árbol, emprendiendo su paso, vigilaría la pequeña cabañita de Alone, lejos del psicópata de Albafica.

-Y que si me hubiera clavado esa rosa en un ojo? ¿Alguien le diría algo? No, dirían muy bien Albafica, felicidades. - Torció el gesto y continuo con su camino, sentía molestia, ¿Por qué Dokho no quiso acompañarle?, tampoco era como que el necesitara refuerzos, es decir ¿dos caballeros dorados para cuidar a uno de bronce? Era ridículo, ni si quiera esto tendría que llamarse misión si no capricho.

Algunas veces deseaba entablar conversación con el otro, pero Albafica era extremadamente complicado, le gustaba permanecer en soledad esa coraza protectora alrededor de su persona era impenetrable, siempre insistía en que era para protección de los otros, tal vez había algo de ello, pero sabía que en el fondo había algo más, el corazón del caballero de piscis estaba roto, y su soledad le envenenaba aún más que sus letales rosas.

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El rubio permaneció en el suelo un rato más, no entendía que había salido mal, tal vez Tenma si sería igual que los demás en su Orfanato, personas sensibles y con poco criterio que se creían los cuentos fantásticos que inventaban los demás.

- N-no te preocupes no pasó nada, está bien v-vez vamos adentro anda.- El ojiazul se levantó de su lugar apartando la mano de su mejilla, notando ese sabor metálico en su saliva, no se había equivocado ese muchacho tenía una fuerte pegada, pero no era de fiar, le lastimaría otra vez, y lastimaría a Cora, no podía permitirlo pero tampoco le enfrentaría odiaba la violencia y además no era rival para alguien como Tenma.

-No quiero que te separen de mí. - Dijo Alone preocupado al pequeño animal, acariciando su rostro canino, sonriendo, no quería alejarse de lo que más felicidad le traía, sería mejor empacar sus cosas he irse, las cosas en el orfanato jamás iban a cambiar, las personas le seguirían odiando igual, cada vez llegaban más lejos, y le herían más, en cualquier punto le atacarían en su casa como acababa de pasar.

Camino con lentitud a la cabaña, mirando aun la comida que estaba en el suelo, su hambre era demasiada, le alegraba tener comida, algo con que llenar su estómago le haría sentir bien, si las cosas se complicaban partiría pronto, de ninguna forma le separarían de su mascota, lo protegería a como diera lugar.

Esa noche seria larga, hacia frio afuera, pero con el fuego de la cabaña y la compañía de su fiel Cora el dolor y la preocupación de Alone se disiparon con rapidez, disfrutar de ese delicioso pescado a las brasas y ese suave pan le hacían sentir tremendamente feliz y satisfecho, dormiría profundamente esa noche, que, aunque había sido agitada había sido una buena noche.

Fuera de la pequeña casita de madera alguien más vigilaba la tierna escena desde la ventana, sintiéndose feliz de que el rubio estuviera a salvo, por fin su búsqueda había terminado, era hora de informarle a Pandora que su Dios poseería un nuevo cuerpo humano, uno digno de su presencia.

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Muchísimas gracias por leer.

Att: Olderskyland18.