Capitulo 13 "Todo de ti"

"…porque en ese minuto te habrás ido tan lejos

que yo cruzaré toda la tierra preguntando

si volverás o si me dejarás muriendo"

̶ Neruda

Tea esperó pacientemente a Yugi fuera de su casa. El señor Muto le recibió al tocar la puerta invitándola a entrar, pero se había negado diciendo que prefería disfrutar de la calidez del sol esa mañana. También necesitaba tiempo para pensar. Su prima no había dicho nada sobre si misma, ni cómo se sentía o si la odiaba por ocultarle la verdad.

Sinceramente pensaba que jamás tendría que hablar sobre ello otra vez, que ese capítulo de su vida había terminado cuando el Faraon regresó a su descanso eterno. No tenía idea de qué todo convergería con tan poco tiempo de anticipación; el Faraon, su prima, sus amigos en peligro y la oscuridad cerniéndose sobre ellos otra vez. Tenía la certeza de que podía ofrecerle a su prima la tranquilidad que estaba buscando y no la espeluznante experiencia que estaba viviendo. Ella había aprendido y olvidado; Yugi y Atem nunca huyeron de sus problemas, comprendían que a donde fueran los acompañarían y ella no tuvo que hacerle creer a su prima que estaría mejor lejos de los suyos.

Alguien azotó la puerta tras ella haciéndola soltar un grito.. Yugi estaba de pie frente a ella, con severas ojeras marcando su rostro y la piel pálida de un muerto.

—¡Yugi! —exclamó la chica — ¡me has dado un susto de muerte!

El chico nisiquira sonrió. Solo suspiro y comenzó a caminar junto Tea.

—Lo siento, estoy un poco distraído — dijo él.

—No pareces estar bien ¿pasó algo?

Desearía que no.

Yugi le contó cómo Ishizu había aparecido de la nada después de salir de su casa, las voces en el fondo del cráter, y la siniestra advertencia que cantaban al unísono.

—¿Ella tiene que morir? — preguntó ella — ¿Qué diantres significa eso?

Yugi suspiró abatido.

—Si lo supiera ¿No crees que te lo habría dicho?

Tea lo observo caminar con la mirada gacha, casi sin prestar atención a su alredor. Realmente parecía cansado. Se preguntó cuánto de ese cansancio pertenecía al Faraon ahora que había regresado y compartía la mente de su amigo.

—¿Qué opina Atem de todo esto? — inquirio la ojiazul.

—Cree que debería devolverlo a Egipto o enviarlo muy lejos de nosotros…

—¿Se ha vuelto loco?— exclamó Tea — Definitivamente ¡no! ¿En que está pensado? ¿Qué le abandonemos? ¡No!

—Eso mismo le dije.

—Descubriremos que está pasado —sentenció la ojiazul —Todos juntos.

El instituto se asomaba ya entre los edificios más adelante, estaban atravesando la entrada cuando aparecieron Joey y Tristán frente a ellos. Lucían el mismo uniforme de educación física, pantalones cortos, camiseta y zapatillas blancas.

—Llegan tarde —les reprochó Joey — el profesor va a matarles.

—No lo dijo así, claro — dijo Tristan burlon — solo mencionó que los retardados caminarían al salón de clases sujetándose los pies.

Lo que significa …

Que si va a matarnos — se lamentó el tricolor.

Ya cállense — mascullo Tea enfadada — el profesor puede irse a ch…

Esa boca — Joey río.

Su salón estaba lleno como de costumbre, y como cada martes era de esperarse que oliera a rancio y a sudor de caballo después de la primera hora de educación física. El profesor estaba allí frente a la clase, anunciando los equipos para el siguiente partido de volleyball la próxima semana. Notó a los cuatro estudiantes colándose a la clase.

—Yugi Muto y Tea Gardner, que espléndida sorpresa — vociferó el profesor — ¿Dónde están sus uniformes deportivos?

—Profesor…

—¿Ya vieron que hora es? — preguntó señalando su reloj —Recuerdo haber dicho que tenía muy poca tolerancia a la impuntualida — luego señaló a Joey y Tristán — también recuerdo haberles dicho que los retardados caminarían sobre sus ….

Han llegado tarde por mi culpa, profesor

Tea supo quien interrumpió al profesor antes de verla. Nahia estaba allí, de pie frente a la ventana con la luz del sol reflejándose en su cabello yconvirtiéndolo en filamentos de lava ardiente. Miraba tranquilamente al profesor, la misma mirada que le había visto dedicar a sus padres muchas veces cuando creía que la reñían injustamente, cómo la calma antes de la tormenta. El profesor no se inmutó, pero a regañadientes apartó la vista de los jóvenes para dirigirla a la pelirroja.

—¿Ah si? — cuestionó — ¿A ti debo sancionar, entonces?

—Si es lo que quiere — replicó la chica tajante — Me parece que sus políticas de tolerancia son un poco excesivas.

—¿Con que derecho…

—Ninguno. Han llegado tarde porqué he olvidado traer mi almuerzo — explicó Nahia — Tuve que venir antes de clases a recoger mi horario y en la prisa olvide tomar mis cosas. Le pedí a Tea que regresara por ellas.

¿Y el señor Muto? —contraatacó el profesor — Seguramente tiene otra buena explicación ¿no es así?

Yugi se ofreció a acompañarla.

Dejemedecirle una cosa señorita Takara — pidió el profesor con una sonrisa irónica en sus labios —este instituto valora mucho la puntualidad y ofrece castigos a quien no lo cumpla en su reglamento, y es exactamente lo que tus amigos recibirán. Su pequeño intento de defenderlos no servirá de nada, así que le recomiendo abstenerse en futuras ocasiones.

El profesor dirigio una sonrisa insulsa a los dos chicos frente a él.

Capítulo 18 del reglamento de estudiantes — aludió la pelirroja altiva— textualmente dice que solo el director tiene la facultad de imponer sanciones a sus estudiantes por causa de sus faltas. Solo el director.

Mira niñita insolente…

Creo que mis amigos y yo tenemos cita con el director ¿no es así?

Nahia tomó su mochila y salió del salón. El profesor le lanzó una mirada siniestra a Tea y a sus amigos cuando los chicos se apresuraron a seguir a la pelirroja. La chica iba por delante de ellos, pisando fuerte con sus botas de tacón alto.

—¡Vaya! — exclamó Joey — casi le da una apoplejía al profesor ¿vieron su cara?

—Eso fue un Nocaut — coincidió Tristán riéndose — directo en la mandíbula

—Chicos …

Nahia se detuvo frente a una puerta, haciendo callar a todos. Unas letras doradas anunciaban que se trataba de la oficina del director.

—Nahia — llamó Tea.

—Solo yo entraré — soltó la chica.

—¿Qué? No

—No quiero a ninguno de ustedes balbuceando cuando hable con el director.

La pelirroja entró sin llamar y cerró firmemente la puerta tras ella.

Creo que ya hemos esperado suficiente — apostilló el chico rubio mirando a sus amigos — ¿no creen?

¿Que quieres decir? — preguntó el tricolor

Quizá Tea ya nos pueda decir que sucede con Nahia.

Tea se envaró.

Joey no creo que…

Está bien Yugi — murmuró la chica echándole un vistazo a su amigo, ella sabía que lo había querido preguntarle por respeto a sus sentimientos — Joey tiene razón.

No tienes que decir nada si no quieres, Tea.

La chica negó lentamente.

No contaré lo que no me pertenece, pero si puedo decirles que Nahia siempre ha sido un poco diferente.

¿Diferente? — cuestionó Tristán — ¿Cómo que?

Tea miró a sus amigos, uno a uno, mientras pensaba cómo podía explicarles lo que Nahia era y lo que podía hacer.

Piensen en Yugi chicos – les indicó — el tiene esta comunicación interna con el Faraon, puede verlo y hablarle, puede saber que piensa o que quiere. Solo él puede hacerlo. ¿Eso no lo convierte en algo diferente? ¿ Especial? Nahia es así.

Por eso puede ver al Faraón — coincidió Yugi.

Asi es chicos, por eso puede verlo aunque …

¿aQue? ¿Qué pasa?

Tea miró a Yugi y recordó lo que Ishizu le había dicho. "Ella tiene que morir" ¿a quien se referían? No, no quería imaginarse cosas.

—Nada chicos, ya todo es suficientemente raro.

La puerta se abrió de un click tras ellos. Nahia apareció en el umbral, su rostro serio y sus ojos fijos en Tea.

—Estamos suspendidos —anunció con aburrimiento.

—¿Queeee? — se quejó Joey con un chillido —¡Suspendidos! ¿TODOS NOSOTROS?

—Joey y yo no llegamos tardeeee — miró acusadoramente a Tea y a Yugi.

—Solo Tea, Yugi y yo estamos suspendimos — corrigió la chica.

Yugi suspiró y Tea puso una mano sobre su hombro, aún mirando a Nahia.

—¿Por qué?

Nahia se encogió de hombros y se alejó de ellos. Caminando rápido y decididamente.

—Esa mujer me da miedo — confesó Tristán en voz baja

—¿Te has dado cuenta que sus ojos parecen dos pozos de ácido tóxico? — aventuró Joey — a veces creo que me puedo derretir o convertirme en piedra si me mira.

—Es espeluznaaaaante — canturreo Tristán.

—¡Chicos!

Yugi no escucho como reprendía Tea a sus amigos. En su lugar vio al faraón aparecer a su lado.

—Necesito hablar con ella — le dijo Atem sin perder el tiempo, con la mirada en el lugar donde Nahia había desaparecido al cruzar la esquina.

—No creo que ella quiera hablar con ninguno de nosotros.

—Lo hará —Atem le miró — si soy yo quien le habla.

Yugi miró a su amigo de vuelta. Sentía su preocupación y cuan deseoso estaba de perseguirla por esos pasillos. También habia algo en sus ojos violetas que no podía identificar, cómo algo que solo él podía entender.

—Iré por ella y luego dejaré que tomes mi lugar.

Atem asintió.

—Gracias, Yugi.

Yugi tomó la misma dirección que Nahia, dejando a sus amigos atrás.

—¡Yugi! ¿A dónde vas? — escuchó que le llamaban —¡ hey! Amigo, esperanos

—¡Nos vemos luego! — les gritó y corrió más deprisa.

Era algo que tenían que hacer solos.

Yugi no tardo demasiado en encontrar a Nahia. Todo el mundo actuaba raro cuando llegaban estudiantes nuevos y todas las miradas curiosas se dirigían casi siempre al mismo lugar. La chica estaba sentada en la última mesa de camping al final del campus, a la sombra de un enorme árbol de cerezo. El chico observó como su cabello se oscurecía cuando no le daba el sol, haciéndolo lucir del color de la sangre fresca.

A medida que se fue acercando, notó que la chica tomaba notas en una pequeña libreta de apuntes. Ensimismada, no se daba cuenta del resto de los estudiantes que pululaban a su alrededor, observándola o tratando de llamar su atención. El chico estaba a un metro de distancia cuando la pelirroja alzó la mirada y sus ojos verdes, con la precisión de un láser, se encontraron con él inmediatamente, sopesándolo. Al tricolor se le erizó el cogote y se detuvo. Joey y Tristan tenían razón, la chica era espeluznante.

—Hasta aquí he llegado — dijo Yugi para sus adentros desviando la mirada de Nahia — tú te las arreglas con ella a partir de ahora.

Yugi cambió. Tenía mucho tiempo que no lo hacía, que no dejaba su cuerpo y su mente a la disposición de Atem. La sensación era nueva otra vez, una llama que iniciaba en el centro de su cuerpo y se extendía por todas sus extremidades calentándolo, hasta que el faraón tomaba su lugar y la fuerza de sus poder se concentraba en el rompecabezas otra vez.

—¿Dónde quedó tu valentía? — preguntó el Faraón quedamente a la mente de su amigo.

Yugi no respondió, dejándolo completamente solo con la chica pelirroja que aún lo miraba a la distancia. El la observó. No le tenía ningún miedo a Nahia, ni a su carácter, ni a la forma curiosa en la que lo veía. Había una chispa de curiosidad en sus ojos, pero también una fiera cautela. Le hizo recordar a los felinos. Ella se veía así, como un felino salvaje demasiado astuto y receloso para acercarse alrededor del sujeto que le tendía la mano llamándolo, permaneciendo a una distancia prudencial de él, sin apartar la filosa mirada verde, solo aguardando que diera un último paso más cerca para salir huyendo.

El faraón suspiró. Ella no era un felino y él no iba a hacerle daño.

Retomó el camino abarcando la distancia hasta la mesa de camping y se sentó frente a ella aún sosteniendo su mirada. De cerca, sus ojos se veían más brillantes y hermosos, su piel pálida y blanca. También notó el aura de poder que irradiaba de ella, podía sentirlo como un fuego que empezaba a arder y que podía arrasar gradualmente con lo que se encontrara de frente. Esperaba, silenciosamente, que no a él.

—Hola — saludó por fin.

—Ese ha sido un excelente truco de magia — habló ella — ¿A dónde va Yugi cuando tú estás aquí?

El parpadeó sorprendido. Un tanto por su pregunta y otro tanto por el tono de su voz melodiosa como el canto de una sirena.

—¿Lo viste?

—¿Ver que?

—El cambio — aclaró Atem.

Ella no contestó. Y el supo que si lo había visto, que podía ver más de lo que quería y eso la agobiaba.

—El rompecabezas crea un enlace entre nosotros, entre nuestras mentes y almas. — explicó él con tranquilidad — Yugi puede estar aquí en el rompecabezas o en su propia mente.

—O aquí como un fantasma — añadió la chica.

El sonrió apesadumbrado, no sabía si todo aquello podría espantarla de nuevo.

—Si, así es.

Ella lo contempló otro segundo.

—¿Qué es lo que quieres? — preguntó por fin.

El consideró su pregunta. ¿Qué quería de ella? ¿Algo en específico? ¿Solo una parte de ella? Su alma y su mente habían estado corriendo tras ella desde que llegó al mundo de los vivos. El no quería solo algo de ella. Queria saber quién era, que la trajo aquí,porqué que estaba en sus sueños, quería mantenerla cerca, tenía la certeza absoluta de que él y sus amigos estaban en peligro, ahora sabía que ella también y quería protegerla, de todos, de quién viniera por ellos, de sí misma, de lo que la agobiaba y la hacía tener ese apariencia mordaz que no había tenido hasta que lo vio. Quería saber porqué se sentía de esa forma a su alrededor, tan protector, tan poco dueño de si mismo. De donde venía la tristeza cuando la miraba, el frío en su alma cuando la veía marchar, la ansiedad de que no la volviera a ver y la certeza de que a donde fuera no podría serguirla.

El la quería a ella y no sabía porqué.

—Quiero saberlo todo — pidió él sosteniendo su mirada —Quiero que me digas todo sobre ti.