Capítulo 14 Sombras
"…de tal manera que el camino entre las estrellas de la muerte
sea un violento vuelo comenzado desde hace muchos días y meses y siglos?" —Neruda
Nahia estuvo largo rato observando al faraón, considerando su pregunta, analizándolo. En circunstancias diferentes se habría ido pitando de allí antes de contarle su vida privada a un desconocido, pero había algo en él que la hacía sentir fuera de lugar, muy lejos de quién era o de lo que normalmente hacía. Algo que la incitaba fuertemente desde su interior a revelarse, a gritar todas las atrocidades que había visto y hecho, a reprocharle cuan dura la vida había sido con ella y su familia, a llorar largo y tendido para desahogarse, decirle cuando se odiaba a si misma y cuan fácil sería terminar con todo aquello. Se mordió el interior de su mejilla para detener sus pensamientos y la sensación de que iba a quebrarse allí mismo frente a él.
—¿Por qué tendría que responderte eso? — preguntó ella mirándolo fijamente.
—Quizá no confíes en mi…
—No, no confió — aseguró — pienso que no les ha quedado absolutamente claro a ninguno de ustedes que no quiero ser parte de esto.
—Ese es precisamente el punto — artículó Atem devolviéndole la mirada seria y clara —Eres parte de esto, quieras o no. Tú lo sabes, sabes que todos estamos en peligro, lo veo cuando te miro, sabes más de lo que quieres admitir.
Nahia desvió sus ojos de él. Desde el momento en que él le dijo quién era supo que no estaba segura en ninguna parte. Fue una tonta al pensar que podía escapar de ello, solo quería alejarse de su familia, no hacerles más daño. ¿Y si está era la forma? Si alguien más orquestaba todo lo que le sucedía, entonces significaría que podría detenerlo. No creo en las casualidades, había dicho Tea. Suspiró.
—Nací aquí en Japón hace 17 años — susurró sin mirarlo — mi madre es la tía de mi prima Tea. Desde pequeña yo … bueno, cosas extrañas pasaban.
—¿Cosas extrañas?
—Al principio solo eran cosas extrañas, objetos que cambiaban de posición, ventanas abiertas a la mitad de la noche, ruidos escalofriantes… Todo empeoró con los años. No entendía lo que sucedía, todo a mi alrededor cobraba vida cuando yo estaba en casa, en el parque o en la escuela. Mis padres empezaron a volverse paranoicos cuando en medio de mi salón de clases inicié un incendio, porque un niño había tomado mis lápices de colores y los partió en dos.
Ella se calló y lo miró. No había asombro en su mirada, ni si quiera curiosidad, ni esa mirada extraña que ella creyó la gente común haría ante lo desconocido y peligroso. Solo la miraba, con firmeza, solo a ella.
—¿Lo heriste? — preguntó él con suavidad.
—Desee hacerlo —respondió quedamente sin mirarlo— Me desmayé después de perder el control. No recuerdo nada más, solo el deseo de que ardiera y se consumiera por lo que hizo. Supe entonces que había algo mal en mi y que no lo podía controlar. Después de eso, mis padres decidieron marcharse de Japón. Viví en EEUU la mayor parte de mi vida, encerrada. No salía de casa, mis padres siempre estaban cerca para tratar de controlar a la criatura que les había quitado La Paz y la felicidad a su familia.
En mi cumpleaños número 14 les rogué a mis padres que me permitieran ir de fiesta con las chicas de mi curso, había sido el año más tranquilo, sin ningún incidente. Pensé que había logrado controlar la energía que me envolvía, y logré convencer a mis padres de dejarme asistir. Disfrute cada instante, conocí a un chico, baile con el, reí con él, hasta que…
La voz de Nahia se apagó y observó al Faraon. El la miró con tristeza.
—Hasta que…
—Murió —dijo ella y su voz se cortó — él… él quería demostrarme que podía hacer un clavado perfecto. El agua… había agua, yo …
—No tienes que decirme — le dijo él interrumpiéndola — puedo imaginarme.
—No, nadie puede.
Nahia bajo la mirada. La mesa estaba cubierta de delicadas flores de cerezo, hojas secas y marchitas. Tomo una y la estrujo entre sus dedos.
—Recuerdo la mirada de mis padres esa noche, había dejado de ser su hija. Era una asesina y un potencial peligro para ellos y para quien se cruzará en mi camino. No volví a la escuela, ni salí nunca mas de casa sola.
Un año después Tea y su Madre estuvieron en EEUU. Mis padres no querían exponerlas al monstruo que habían engendrado, pero no pudieron detenerlas. Sus esfuerzos por mantenerme dentro de mi habitación fueron en vano. Admiré la tenacidad de Tea para sortear a Mamá e instalarse en mi habitación durante su estadía. Confié en ella, fue la primera persona a la que no le atemorice o tuvo miedo de mí ni lo que hacía. Era la única que entendía. Poco después de que se marchara empezaron los sueños.
—¿Sueños? — inquirio Atem —¿Qué clase de sueños?
—Al principio no tenían sentido —explicó ella — había mucha oscuridad y despertaba con la sensación de que me ahogaba. Fueron tomando forma luego de que nació mi hermano pequeño. Sebastián.
—¿Le ocurre a él lo mismo que a ti?
Nahia se sobresaltó. No podía imaginar un mundo donde su pequeño hermano sufriera lo mismo que ella.
—No, en absoluto — negó con severidad — solo soy yo.
La mirada de Atem cambió, como si hubiera encontrado sentido a algo que ella no podía ver.
—¿Por qué viniste aquí? — preguntó él —Fueron los sueños ¿No es así?
Nahia apretó los puños, sus manos pegajosas por las múltiples hojas que habia destrozado entre sus dedos. Sabía que en algún punto tendría que hablar y decirle que la había traído allí, aunque no quisiera.
—Si — masculló entre dientes — uno en particular.
—¿Quieres contarme?
—No — Nahia sonrió triste — pero ¿Tengo opción?
Atem no dijo nada.
—Estaba en mi habitación como de costumbre —empezó diciendo — escuche a través de la puerta que mi madre tenía que salir por una emergencia en el hospital donde trabajaba y que dejaba a Sebastián dormido y a cargo de mi padre. Jamás lo dejaría a mi cargo, claro. Era alrededor de las 11pm y salí de la habitación por un vaso de agua. Mi padre dormitaba en el sofá frente a la TV encendida, donde una mujer hablaba sobre las noticias del día. Me acerqué con cuidado y lo apague. Entonces fue cuando lo escuché. Alguien lloraba. Lo reconocí como los berrinches que hacía Sebastián cuando tenía hambre o algo no le gustaba.
Mire a mi padre esperando que lo despertara el ruido de sus chillidos, pero este siguió durmiendo imperturbable. No pensé en moverlo o llamarle, solo me dirigí a la habitación de Sebastián y abrí la puerta. La luz estaba encendida, iluminando la pequeña habitación con paredes azul cielo con patrones de cochecitos y superhéroes. La pequeña cuna estaba en el medio de la habitación, rodeada de juguetes para niños y un sillón donde su madre acostumbraba a sentarse para alimentar a su hermano. Se acercó a la cuna y notó que los chillidos habían parado. El bebé estaba completamente dormido cuando lo alcanzó, no lloriqueaba y no había signos de que lo hubiese estado haciendo. Su carita regordeta estaba plácidamente relajada, seca y sin lágrimas. Acaricié su cabello castaño pensando que quizá lo había imaginado, estaba agotada y era una posibilidad. O al menos eso quería creer. Decidí quedarme un poco más, solo para asegurarme de que mi hermano estaba perfectamente y me senté en el sillón.
Me dormí sin darme cuenta y soñé. Estaba oscuro, no sabía dónde estaba o qué hacía allí. Solo era consciente de una espesa masa negra que trataba de tragarme para hundirme en la oscuridad. Luchaba fervientemente contra ella, pero como arena movediza me hundía más y más. Por primera vez pensé en dejarme ir, dejar que la oscuridad me llevara, por lo que deje de luchar, entonces sentí que algo cambió; la negrura se convirtió en luz y estuve de nuevo en la habitación de mi hermano, extendida en el sillón.. Alguien estaba parado allí frente a mi, mirándome desde arriba. Su cuerpo estaba cubierto de una túnica completamente negra, más negra que la noche misma, parecía estar viva con sus extremos retorciéndose en el suelo como algas agitadas en una corriente marina. La visión de la criatura me dejó clavada allí, contemplándola. Su rostro completamente cubierto bajo su túnica. Echó su cabeza hacia atrás, una sonora y siniestra carcajada salió de su boca. Su risa se elevó y se elevó tan alto hasta convertirse en un chillido de absoluto terror, taladrándome los oídos. Me desperté de un salto. Mi madre estaba allí, observando por encima de mi cabeza con los ojos muy abiertos y el horror petrificando sus facciones. Mire en su dirección y vi a mi hermano. Aún estaba dormido, pero su pequeño cuerpo flotaba sobre la cuna, muy alto sobre nuestras cabezas. Menciendose en el aire, lenta y apaciblemente. Fue demasiado.
Nahia dejó de hablar, y observó las largas sombras de los estudiantes a medida que caía la tarde. No tenía que decir más, estaba claro porque había venido aquí.
—¿Hace cuánto fue eso? — le interrogó el Faraón, sus ojos violetas se habían oscurecido.
—Un mes.
Atem cerró los ojos.
—Todo está relacionado — declaró él — la batalla ceremonial fue el mes pasado. Mi regreso aquí y tú… los sueños. Todo está relacionado, pero no se como atar los cabos.
—Quizá todos nosotros podamos…
La voz de Tea surgió detrás del árbol de cerezo. A Nahia no le sorprendió, y el Faraón solo alzó los ojos hacia sus amigos. Tea tomo lugar al lado de la pelirroja y los chicos junto a Atem.
—Es tiempo de una junta en la mesa redonda — anunció el rubio.
—La Mesa es cuadrada, sopenco
—Cállate Tristán.
—Chicos …— Tea llamó — no es momento para juegos.
Atem suspiro. Y Nahia solo siguió mirando a la nada.
—¿Que hacían detrás del árbol? — preguntó él.
—Eh pues … pues ¡Yugi! Huiste como si te persiguiera un demonio — se excusó Joey — Te seguimos, claro.
—No es Yugi — murmuró Nahia. Un silencio la precedió. Ella los miró— solo para que sepan
Tea, Joey y Tristan miraban entre ella y el Faraón. Solo Atem la mirada fijamente.
—Yugi está aquí —explicó Atem — pero por ahora ocupó su lugar.
—¡Vaya! Hola Faraón — saludo el castaño — cuánto tiempo…
—Si amigo, deberían decirnos más a menudo para no confundirlos…
—Yugi me permitió un tiempo para hablar con Nahia.
—Y el tuvo la decencia de no espiar —agregó la pelirroja.
—Lo sentimos Nahia — se disculpó Tea — nosotros no…
Nahia la ignoro.
—Olvídalo — se levantó de la mesa, pero el faraon la tomó de la mano.
—No te vayas — pidió — por favor.
Ella miró la mano que la sujetaba. Era amplia y morena, emanaba tanto calor que traspasaba su piel y enviaba descargas en todo su brazo entumencindolo hasta el hombro. El la soltó con rapidez.
—Estoy seguro se que solo se preocupaban por Yugi — dijo rápidamente — todo esto los tiene tan alterados a ellos como a nosotros.
Nahia los miró.
—Realmente lo sentimos —dijo Joey — por haber husmeado …
—Lo cierto es que tu historia es horrible — Tristán opinó.
Se escuchó un golpe bajo la mesa y Tristán aulló.
—¡Bruto!
Nahia entornó los ojos hacia el faraón y el solo se encogió de hombros acongojado.
Ella tomó asiento de nuevo.
—Quiza sería bueno hablar luego de tener algo en el estómago —Tea sacó varios envases de su mochila —Traje la cena que preparé ayer, como ya no pudimos comerla…
—¡Vaya! Esto huele deliciosos — Joey aspiró sonoramente luego de abrir uno de los envases.
Tea río.
—Este es para ti — le entrego a Nahia su almuerzo —Realmente lo traje, se que solo dijiste que me lo habías pedido para ayudarnos en clases, pero si lo traje.
—Gracias —dijo la pelirroja.
Todos comieron en silencio, incluso Joey y Tristán que no dejaban de lanzarse miradas mortíferas entre ambos.
—Tea nos comento lo que Ishizu dijo ayer — soltó Joey — esa mujer no puede aparecer sin dar malas noticias.
El faraón miró a Nahia que observaba a Joey sin entender.
—Ishizu Ishtar, su familia custodió mi tumba durante muchos años — explicó el faraón — es una vieja amiga. Fue ella quien regresó el rompecabezas a Yugi cuando …
—Aquí tengo la foto — dijo Tea sosteniendo una fotografía rectangular en sus dedos 6
Y ofreciéndosela a su prima.
Nahia la tomó. Era una sencilla fotografía de un desierto árido y un cielo azul casi traslúcido. En el centro de la foto había un enorme agujero irregular, negro y profundo hasta donde se alcanzaba a ver rondeado de montículos de tierra a su alrededor. Parecía que un enorme gusano hubiera salido de allí.
—¿Qué es esto? — preguntó la pelirroja.
—Allí fue la batalla ceremonial, cuando Regrese al más allá. Es una historia realmente larga.
Tea, Joey y Tristan asintieron.
—Algo salió de allí — señaló Tea en la fotografía — Ishizu dice que en el fondo podía escuchar voces.
—¿Voces? —la pelirroja pestañeo — ¿De quien? O ¿Qué decían?
—Ella tiene que morir.
Nahia abrió la boca y la cerró abruptamente.
—No sabemos a quién se refieren — murmuró el faraón sujetándose el puente de la nariz, sus ojos firmemente cerrados — Se llevó los artículos milenarios y me dejó encerrado en el rompecabezas, otra vez.
–Lo que nos hace pensar que la persona que lo hizo tiene el mismo poder o superior al que tiene el Faraón — comentó Tea solemne — para hacer lo que hizo.
—Lo que quiere decir que estamos muy joooo
—¡Cállate Joey! — gritó Tristán.
—Es probable que Joey tenga razón — masculló Nahia. El rubio abrió la boca sorprendido— desconocemos las capacidades de esta persona, pero sabemos lo que ha hecho y si dicen que su poder es incluso mayor del que percibo en ti …—miró al faraón — ¿Qué posibilidades tenemos?
—¿Puedes percibir … — Joey tartamudeo
—No podemos suponer nada — le interrumpió Atem — lo único seguro es el peligro que corremos todos.
—Eso nos deja solo dos opciones – dijo Nahia — adelantarnos y averiguar quién es y qué quiere o esperar que venga por nosotros.
—No me agrada nada esperar que venga por nosotros —chillo Joey.
—Cobarde — masculló Tristán — ¡Que venga! Estaremos preparados.
—No creo que sea tan sencillo chicos — apostilló la ojiazul — creo que deberíamos hablar con Ishizu. Lo cierto es que no le dijo a Yugi nada de gran utilidad.
Atem asintio.
—La contactaremos.
—Nahia — llamó Tea — ¿Podrías acompañarnos? Es probable que le interese saber…
—¿Qué soy un monstruo? —sonrió con pesar.
—Nahia …
—Iré — aseveró ella —Mientras más rápido acabemos con esto, mejor.
Los chicos se levantaron de la mesa, solo Nahia permaneció en en su lugar. Yugi había aparecido junto al faraón. Esta vez no se había inmutado, pero le causó curiosidad verlo ahora como había visto al Faraon el día anterior. Atem la miró.
—Yugi no quería asustarte — dijo él.
Yugi sonrió a modo de disculpa. Los chicos se detuvieron a escuchar.
Nahia negó con la cabeza y se puso se pie.
—Pocas cosas me asustan.
—¿No les parece increíble que pueda verlo? — preguntó Joey sin dirigirse a nadie.
—¿Sabes? Es cierto — coincidió Tristán — Creo que Nahia tal vez sea como el Faraón.
—¿Qué quieres decir? — preguntó Tea.
—Un ser antiguo con un pasado como el mío — respondió Atem sin vacilar.
Tea lo miró. Él no apartaba sus ojos de su prima, ni siquiera cuando hablaba con ellos. Notó que Joey y Tristán se dieron cuenta, riéndose sorprendenmente en silencio. Nada de lo que ellos hacían era silencioso. Nahia le regresó la mirada. Todo en ella si era silencioso, y así se mantuvo después de que el Faraón hablara.
—Se a donde tenemos que ir para encontrar a Ishizu — indicó la ojiazul.
Atem si la miró esta vez. Recordando.
—El Museo Dominó.
La ojiazul asintio.
—¡Andando!
