16 de Noviembre de 2020: Nota de la Autora.

Me es dificil de creer que publique esta historia en 2011... Y aquí estoy, en 2020 editandola. Lo primero que dije sobre ella cuando la publique es que fue una idea Flinx que vino a mí repentinamente y que no podia dejar escapar (JAJAJA) Bueno, es que a mí nunca se me escapan, el problema es mantenerlas una vez que se convierten en realidad. También dije que me hubiera gustado dejarla como un One-shot, no sé cuales problemas habre tenido con la computadora en aquel entonces, pero bueno, el destino jugo a su favor y los que me conocen saben que me cuesta ser breve, me gusta hacer historias largas, y esta creció mucho con los años, a pesar de que sigue siendo de mis fics más cortos, es como dije al principio, siempre tuve clara la idea principal.


A Juli,

Creo que de todas mis historias de esta fue de la que menos te hable. En todas las demás suelo mencionarte, pero en aquel entonces no pensé que esta fuera a gustarte tanto. Eres la principal responsable de mantenerla, "vos le diste alimento", y quise dejar asentado que es tuya, aquí está su hija, señora.

Gracias por tanto.


Disclaimer: Teen Titans no me pertenece.

1

Quédate conmigo.

Bien, querías hablar, entonces hablemos —Le indiqué al audaz pelirrojo al que solo le había tomado veinticuatro horas poner mi mundo de cabeza. Vaya rapidez—. ¿Qué quieres de mí? —interrogué primeramente.

Toda mi vida había transcurrido en un mundo poco convencional, donde los principales valores estaban un poco invertidos, así que estaba educada con la férrea idea de que nadie hacía nada por nadie sin esperar nada a cambio. Por lo tanto siempre tenía segundas y terceras intenciones con las personas y esperaba que ellas pensaran igual. Y ahora venía este chico a decirme que quiera reformarme solo porque vio algo diferente en mí y porque era su deber como héroe. "¡Sí, cómo no!" pensé sarcásticamente "Y de seguro Gizmo no se chupa el dedo cuando duerme", cavilé sonriendo para mí misma al saber que lo del pequeño calvo era cierto al igual que mi idea de que Chico Flash no me había regalado una rosa precisamente porque quiere llevarme a "Malvivientes Anónimos" a rehabilitarme.

—Esa es una pregunta bastante interesante. —Comenzó a hablar Chico Flash rápidamente, como era de esperarse. —Tengo en esta ciudad un par de días cubriendo a unos amigos mientras ellos están en una misión importante. Son los Jóvenes Titanes ¿Los conoces?

—Por desgracia —Le contesté de manera cortante dándole a entender que continuara.

—Bueno, el punto es que ahí estaba yo haciendo mi trabajo como cualquier otro día, manteniendo a todos a salvo y evitando crímenes, hasta que de repente por primera vez un villano me da un certero golpe bajo que me deja fuera de combate.

—En serio ¿Quién? —Ansiaba saber el nombre de tal profesional.

—Tú —respondió sonriéndome dulcemente con las manos cruzadas tras de él y mirándome con esos ojos que ¡Agh! Okey, no me esperaba eso—. O sea, apareciste esa noche en el museo toda majestuosa e imponente y me dije a mí mismo "Cielos, ¿Por qué las bonitas tienen que ser malas?" —Me explicó usando una voz aterciopelada y comportándose despreocupado, igual que cuando nos encontramos por segunda vez en el museo y él se acercó a hablarme ignorando que planeaba golpearlo con un aviso de "Piso mojado" ¡Oh, vaya! Ahora me sentía mal por eso.

—¿Esa es tu forma de decirme que te gusto? —Solté hablando perspicazmente mientras hacía girar ante mi mirada la rosa entre mis dedos.

—Algo así, aunque pretendía no ser obvio —confesó falsamente y yo le sonreí a sabiendas de sus vagos intentos por ser disimulado.

—Entonces lo de enmendarme y hacerme ver los errores que he cometido solo eran parte de tu guión de casanova —deduje inmediatamente.

—No, también es cierto que me gustaría ayudarte a que le dieras un mejor uso a toda esa energía que tienes, pienso que eres fabulosa y que puedes conseguir el respeto que tanto quieres sin necesidad de ser ruda —Me contradijo mirándome y hablándome seria, pero serenamente.

Sus palabras me hicieron dar un respingón sobre el contener de basura en el cual estaba sentada. Aquella era una escena totalmente fuera de lugar en mi vida, estaba manteniendo una charla en un callejón con un paladín enmascarado a la luz de la luna.

Llevaba esperando durante largo tiempo que alguien viera algo especial en mí, y me dijera que estaba hecha para hacer grandes cosas, pero imaginaba que ese alguien se trataría de un gran villano de la real academia de la maldad, no un pretendiente heroico. Mi gran modelo a seguir me acababa de resaltar que era una gran decepción como villana. Y por más que ahora creyese que ella era solo una vieja perdedora y arrogante, no me dejaba de doler el pensar que he mandado años, nada más y nada menos que de mi vida, al infierno. Y ahora este, en verdad nada feo chico, me decía que he andado por el camino equivocado, que debería reenfocarme en hacer… (Me daba asco pensarlo) hacer el bien.

—Me dejas con muchas cosas en las cuales pensar —Le dije de manera enigmática.

—Eso es un buen comienzo, siempre y cuando ahora tomes las decisiones correctas —respondió él ante mi enigmática mirada clavada en uno de los paredones del callejón.

—Podrías empezar explicándome… ¿Cuáles son las decisiones correctas? —expuse empezando a sentir a la impotencia y la confusión invadirme. Quería llorar.

—¿Confías en mí? —Me preguntó de nuevo.

En menos de lo que dura un parpadeo lo tenía justo frente a mí, con su frente recargada en la mía haciendo que nuestras miradas se conectaran y entrelazando sus manos con las mías delicadamente.

—¿Para cuándo necesitas la respuesta a eso? —Le cuestioné algo abrumada por todas las emociones que estaba experimentando en ese momento.

—Sinceramente te digo que me encantaría que me la dieras ahora —respondió Flash jocosamente y ambos reímos.

—Recuerdo que cuando era más joven siempre había alguna chica grande de La Academia alardeando de que tenía a algún héroe comiendo de la palma de su mano o diciendo que lo tenía de amante eventual. Nunca quise ser como ninguna de esas chicas —Le relaté esperando que captara el mensaje oculto en mis palabras.

—Te sorprendería saber la cantidad de héroes que mantienen relaciones secretas con villanas, pero tampoco quiero ser uno de ellos —Me susurró encantadoramente.

—¿No lo eres ya? —susurré de la misma forma juguetona en que él lo había hecho.

—Llevo algún tiempo buscando a la chica correcta, y ahora que tengo el presentimiento que la encontré no quiero arruinarlo manteniendo una relación en secreto como si estuviera haciendo algo malo, porque enamorarse no está mal, y menos si es correspondido —La manera en la que me observaba mientras me decía aquello habría levando a un muerto. ¿Dónde estaban los chicos así entre los estudiantes de la Colmena?

—¿Qué harías si te dijera que no quiero hacer el papel de chica buena?

—No había pensado en eso —Admitió ingenuamente alzando un poco sus hombros — Normalmente soy bastante convincente.

Había momentos en la vida en los que había que tomar algunas decisiones con el corazón y no con la cabeza. Los villanos silencian al corazón, porque en su dogma claramente lo tenían a él como un mal consejero, pero en ese momento mi cabeza estaba totalmente embotada ante todo lo que había sucedido, no me sentía en capacidad de ser calculadora o manipuladora, y al único que quería escuchar era a mi corazón que me gritaba, que se me quería salir del pecho. Ahí estaba, esa era la prueba innegable de porque no podría ser una villana completa. No quería seguir amordazándome el corazón, eso solo me había traído decepciones y malos ratos. En este momento deseaba escucharlo, porque me gustaba lo que decía y aunque sabía que seguir su consejo me podía traer muchos problemas, ya qué importaba: Una vez que se te agotaban las cartas lo más lógico era aceptar la derrota y comenzar un juego nuevo, así que tomaría a Flash como el as de mi nueva baraja.

—No sé si seas convincente, no sé si es que estoy delirando porque le acabo de patear el trasero a la mujer que siempre soñé con que estuviera orgullosa de mí, realmente no sé lo que me está pasando, pero supongo que tú puedes ayudarme a averiguarlo —Le dije dándole a entender que sí quería confiar en él, pensando que mi vida ya no podía ser peor de lo que era.

—Haré mi mejor trabajo en esas averiguaciones —prometió riéndose divertidamente con la cara aun escondida en la mía.

—Por favor, no me defraudes —rogué prácticamente terminado de echarme a llorar, ya sin poder contenerme más.

Desaté mis manos del agarre de las de Chico Flash para envestirlo con un abrazo desconsolado. Ya no lo veía a la cara, porque ahora refugiaba la mía en su pecho. Hacía tanto que no lloraba y jamás había dejado que alguien me viera llorando, me sentía tan débil, tan desubicada. Me sujetaba a Flash más por desesperación que por afecto, sentía que algo dentro de mí se había roto, que todo mi mundo se había hundido y que no podía pisar sobre terreno seguro. El único salvavidas que encontraba en ese momento era Flash, así que no me soltaría de él y si él llegara a faltarme creo que en definitiva me ahogaría. No debe ser bueno poner todo tu destino en manos de alguien a quien acabas de conocer, pero no veía una mejor opción.

Luego Flash también me rodeó en un cálido abrazo y recargó su cabeza sobre la mía con cuidado intentado reconfortarme. Pasamos algunos minutos así hasta que sentí su mano sujetando mi barbilla delicadamente, para a continuación levantar mi cara obligándome a mirarlo, no había terminado de abrir los ojos cuando sorpresivamente sentí los labios del atrevido pelirrojo posarse sobre los míos. Creo que hubiera sido lógico que lo separara de mí al instante por lo rápido que era en verdad en todos los aspectos, pero bueno… Ya el día no podía ser más incoherente y debía admitir que yo también tenía ganas de robarle un beso desde hacía rato. Al menos robar besos no era un crimen. Metí una de mis manos entre nosotros y lo tomé por el cuello del traje buscando acércalo salvajemente a mí y hacer el beso más intenso, él no se opuso ya que estaba muy ocupado disfrutándolo.

Jamás iba a olvidar ese momento en el que un sucio callejón se convirtió en el lugar más romántico del mundo. En el que decidí hacer algo espontáneo por primera vez en mi vida, como era irme con Flash a donde sea que me llevara sin ni siquiera tener la intención de pasarme por la guarida a avisarles a los chicos. A lo mejor ni lo notaban, opiné con la cabeza llena de ruiseñores encantadores que no me permitían pensar con claridad. Pensar; por ejemplo, en todas las consecuencias que podía acarrearme darme de baja como villana de esta manera. He escuchado decir mucho que el amor todo lo puede e inclusive Flash había citado esa célebre frase para darme a entender que podíamos superarlo todo mientras estuviéramos juntos, y aunque estaba embriagada por mis emociones, de todas maneras una vil pregunta vino a mi mente sin reparar en argumentos: ¿Y si el amor se acababa?