Gracias a Nikkithefreaky, iitzel y aleprettycat :). Este capi va para ustedes y todos aquellos que deseen leer. Solo quisiera aclarar algo de esta parte, que se repetira en el resto del fic, a pesar de que Jinx será la narradora principal la alternaré con Flash, y además con narración en tercera persona para fragmentos con la participación del resto de los Titanes. Ahora sí, disfruten.
2
Recuerda París.
—¿Te hice esperar mucho? —preguntó Flash asomando su cara por encima de mi hombro repentinamente; todavía lograba sobresaltarme, pero en ese momento estaba tan sumergida en mis pensamientos que no tuve ningún reflejo de sorpresa.
—El tiempo pasa rápido cuando divagas —Le respondí serenamente recargando mi cabeza en la de él mientras me rodeaba desde atrás con sus brazos.
—¿Por qué te fuiste así?
—¿No viste la cara de Robin y el resto cuando me vieron en la torre? —indagué burlonamente recordando las expresiones de "¡Oh, sorpresa!" que tenían todos los Titanes al verme entre ellos. —Es probable que ni a Lindsay Lohan le cayeran tantas miradas escépticas cuando dijo que iba a dejar el alcohol y las drogas como las que me cayeron a mi hoy por ser heroica —expresé comparando la situación de aquella estrella estrellada con la mía y nuestras irónicas reformas.
Había ayudado a los Titanes a combatir contra La Hermandad Del Mal, y fui junto con el resto a ayudarlos con el Doctor Luz. Ni que nos necesitaran tanto, ese pobre y patético hombre prácticamente se desmayó cuando vio que le venía encima aquel tsunami intrépido e invencible. Aproveché la confusión para huir antes de que empezaran a hacerme preguntas, no estaba de humor para socializar más de la cuenta, así que subí a la cima del edificio más alto de Jump City a esperar que Flash decidiera reunirse conmigo.
Durante mi tiempo a solas me dediqué a contemplar la inmensidad de la ciudad en la que hasta hacía poco quería sembrar el terror. Antes de la gran batalla había pasado dos semanas acampando en la cama de la habitación rentada donde me había acomodado Flash, sabía que con dormir no iba a arreglar nada, pero al menos dormida no tenía que pensar en mi realidad, no tenía que recordar a Madame Rouge arruinando el sueño de mi vida. Que por cierto, la razón de peso con la que Flash me animó a ir con él a la pelea fue el hecho de que podría desquitarme un poco más con esa anciana arruinadora.
Dormida no tenía que pensar que había dejando a mis amigos de toda la vida a su suerte sabiendo lo malos que eran como maleantes, solo esperaba que no se metieran en muchos problemas. Gizmo me había llamado traidora, pero Gizmo tenía la capacidad de herir con palabras de una espada de globo; es decir, una capacidad nula, a lo que yo le respondí que no era nada personal, y era la verdad: No les guardaba rencor ni nada parecido, simplemente teníamos distintos intereses. Sí, quería golpearlos por todas las veces que les pasó por sus microscópicos cerebros ignorarme, pero eso entre nosotros ya era costumbre, así que realmente no presenciaron nada nuevo en mí. Era yo pateándolos por ser tontos como siempre.
Pasé mucho tiempo imaginándonos como los sucesores de La Hermandad Del Mal, desde la secundaria en La Colmena. Ahí todo era tan fácil, pero supongo que al salir al mundo real cambiaron las cosas. Yo seguía soñando y ellos fueron realistas y se resignaron a que solo servían para robar parquímetros. Si no podían ni robar un banco sin ser detenidos, conquistar el mundo era algo muy fuera de su alcance. Me sentía un poco triste al pensar que todos esos planes infantiles que dijimos que llevaríamos a cabo al salir de La Colmena se esfumaron y que mis amigos ahora debían ser mis enemigos.
—Flash —pronuncié su nombre con tristeza—. ¿Por qué ser buena se siente tan mal? —Le pregunté sin retirar mi vista del tapiz de luces en el que se convertía la ciudad al anochecer.
—Supongo que es porque algunas decisiones correctas son difíciles —Me habló sabiamente el pelirrojo. ─Por ejemplo; esto de ser héroe ─Prefirió cambiar de posición y sentarse junto a mí, se retiró la mascara y me observó sonriente ─Se trata de proteger a las personas, a todas las personas, hasta los que no te simpatizan y que en cualquier otra circunstancia te importarían un bledo.
Que dijera eso me hizo reír, siempre era tan gracioso.
─Entonces, la mayoría prefiere la falsa seguridad que da lo que siempre han conocido, que navegar sin certezas e ir descubriendo qué onda. Supongo que todos pasamos por lo mismo, pero para personas como nosotros la decisión es más grande, más contundente en nuestras vidas, pero al final del día creo que todos decidirían ser héroes si pudieran. ─analizó muy seguro de sus palabras.
Se notaba que a Flash no solían contradecirlo mucho, pero no lamentaba bajarlo de su nube de vez en cuando.
—Yo no soñaba con ser heroína.
—No, soñabas con respeto, algo que como villana jamás obtendrías: a los villanos se les teme, mas no se les respeta. —aclaró Flash girando la cabeza para verme aunque yo no lo miraba a él. —Tenías un sueño mal direccionado, no veías diferencias, yo noté eso.
—Que observador —dije sarcásticamente girando mi cabeza para mirarlo suspicazmente.
—Más adelante entenderás que hay muchas formas de hacer el bien y de salvar a alguien, Jinx.
—¿En serio? ¿Están especificadas en un manual o algo así? —Seguí burlándome.
—Sí, este manual —contestó posando sus dedos en mi corazón.
Suspiré sin entender muy bien a lo que se refería.
—¿Todos los que llevan trajes coloridos son tan cursis? —Estoy empezando odiar esta incapacidad mía de contener mi venenosa lengua.
—Si ser cursi implica intentar salvarte de ti misma entonces me declaro culpable —respondió en su habitual todo despreocupado; como siempre sin medir sus palabras.
—¿Cómo puedes salvarme de mí misma? Me salvaste del resto de los villanos ¿Qué daño me puedo hacer yo misma, Flash? —peleé soltándome de su agarre y caminando hacia una de las orillas del edificio, me parecía tedioso cuando se ponía en el plan de las filosofías heroicas.
—Jinx, tus compañeros no te tenían prisionera, eras prácticamente su líder y lo eras porque tú lo querías, tú misma te estabas haciendo daño al no aceptarte, al remitirte a ser lo que todos esperaban de ti, intente salvarte porque estaba seguro que tú no eras esa imitación de Maléfica y lo he confirmado en el poco tiempo que llevo conociéndote —recitó hablándome seriamente, pero siempre con su semblante amable.
—Tu afecto por mí nubla tu juicio, Chico Flash —sentencié tercamente cruzándome de brazos parada en la orilla del edificio y sin dignarme a verlo a la cara.
—Es tan loco eso de no poder decidir de quien te vas a enamorar —¿Dónde cabe eso en la seriedad de la conversación? me pregunté cuando me salió con ese comentario. —Más allá de lo que siento por ti, Jinx, mi trabajo es ayudar. Resolver problemas, tratar de llevar por el camino correcto a chicos como tú que la han tenido difícil… ¡JINX! —Lo escuche gritar cuando vio que di un paso adelante fuera del techo del edificio y el resto de mi cuerpo se fue en picada.
No tenía idea que por qué había hecho eso, solo quería dejar de pensar, de escuchar versiones distintas de la misma historia, no quería morir, solo quería dejar de ser yo. No se había terminado de implantar esa sensación de vacío en mi estomago que te provocaba la caída cuando ya Flash me tenía entre sus brazos al correr cuesta abajo sobre los ventanales del edificio. Parecía que le había dado un buen susto, porque respiraba ajetreadamente.
—Flash…
—Escúchame, Jinx —me pidió hablando lentamente—. Si sientes vértigo, tranquila, yo te estaré aquí para sujetarte; o al menos eso intentaré—recitó para mí—. Por más que me digas que no quieres ser salvada, yo voy a salvarte, porque te quiero y no puedo permitir que te hagas daño. No me importa que esto me ponga en entredicho con el resto de los chicos, no me interesa para nada que opinen que está mal involucrarme contigo, porque yo sé que el primer deber está en el corazón, el debe indicarte lo que está bien y lo que está mal, y jamás deja que abandones a un ser querido que necesita de tu ayuda —me dijo hablándome bajito ocultando su cara para que no viera que se le habían salido un par de lagrimas.
Nunca nadie había llorado por mí, eso me hizo sentir tan enamorada de Flash que lo único que quería en ese momento era abrazarlo, y eso hice. En definitiva Flash iba en serio con lo que me había prometido días atrás y aunque trataba de hacerme la sorda ante sus ciertas palabras para dejar de encariñarme con él, me era imposible, era un chico demasiado increíble, del tipo que no puedes ignorar por más que quieras. Ya era hora de empezar a tomarme en serio lo de cambiar y hacer borrón y cuenta nueva, pero era difícil hacer eso cuando cada centímetro de donde vives te recuerda todo aquello que quieres olvidar.
—Tal vez solo necesito un cambio de ambiente —comenté bajando un poco la presión del momento
—No suena mal —aceptó él mirándome con sus azules ojos algo vidriosos, pero sonriéndome enternecido. —El lugar al que te lleve supongo que no fue el mejor sitio para despejar la mente, si lo único que hacías era encender el televisor para seguir la trayectoria de la batalla entre los Titanes y La Hermandad Del Mal e invernar entre las sabanas —expuso riendo entre dientes.
—Agregándole unos cuantos gatos y toneladas de helado sería el perfecto cuadro depresivo —Lo animé a seguir el chiste—. ¿Qué me dices? ¿Nos vamos? No puedo hacerlo sin ti —Quise saber mirándolo y sonriéndole.
—Mademoiselle, tiene a su disposición el medio de transporte más rápido y eficiente. —afirmó colocándome ágilmente en la acera, tomando mi mano e inclinándose a besarla volviendo a su buen humor y galantería.
—Tengo en mente varios lugares que me gustaría visitar —apunté como quien no quiere la cosa, rodando los ojos y actuando inocencia.
—Los conocerás todos —me aseguró mirándome obsequioso desde la posición que había adquirido para besar mi mano.
—¡Excelente! —exclamé… ¡Qué demonios!, exclamé contenta. Qué mejor idea que irme de ese lugar para poder concentrarme en la nueva Jinx. Nada de Titanes, nada de villanos, solo Flash y yo siendo nosotros. Ni modo ¿verdad? Solo esperaba que a él se le quitara esa loca idea de que tenía problemas de conducta o de autoestima, porque primero: No los tenía, él tiene que entender que estaba pasando por unos ajustes un poco complicados. Y segundo: No quería pasar todo el viaje escuchando "Filosofando con Flash". Iba a sentirme la adolescente que hacía un viaje de mil horas en auto con sus padres y estos pasan todo el camino criticándola. No me sorprendía que recurrieran a tirarse del auto, hasta voy a iniciar una campaña "Evite los suicidios dejando que su hijo escuche música y vea por la ventana como si estuvieran en un video musical durante todos los viajes en auto", era una genial idea para empezar a repartir bondad por el mundo.
—Ya envié un mensaje a los Titanes diciéndoles que estaría en una misión importante durante un tiempo y que si surge alguna emergencia solo llamen —Me indicó moviendo su comunicar para que lo viera, yo reí.
—Chico Flash ¿Mentiste? Ya te estoy mal influenciando y se supone que tú me tienes que dar el ejemplo —Lo abordé mirándolo y sonriéndole malévolamente como solía hacerlo.
—Dije que iba a una misión que me llevaría un tiempo, más olvidé decir que durante ese tiempo también aprovecharía de pasear con mi chica. El deber puede llamar en cualquier parte del mundo —Me explicó con simpleza a la vez que me guiñaba un ojo.
—Por omisión también se peca —resalté con vehemencia sin dejar de sonreírle.
No me dio tiempo de disfrutar su travieso desliz cuando ya me había tomando en sus brazos nuevamente. Al decidir arriesgarme con ese chico también decidí vivir bajo lo impredecible, cosa a la que no estaba muy acostumbrada, debía dejar de esquematizar todo y abrazar las rarezas de los buenos.
—A veces los héroes también rompen algunas reglas para poder lograr sus cometidos —Se limitó a decir cándidamente—. El manual del bien es impredecible.
¿Y ahora me leía la mente? Pensé echando mi cabeza para atrás quedando colgada del pliegue de su brazo riéndome como drogada por lo desorientada que me ponía Flash.
—Disculpa ¿Dónde te apagas? —bromeé apretando el rayo en su pecho como si fuera un botón.
—¿Qué se supone que soy? —preguntó riéndose de mi dedo atentando contra su símbolo.
—Una radio, hablas más tonterías que un radio con una mala emisora —respondí y vi como este me hacia un mohín reprobatorio.
—¡Sujétate! —Me advirtió de improviso.
—¿Qué…?
Mi queja quedó apabullada por el arranque inesperado de Flash rumbo a lo desconocido, por lo menos para mí. ¿En qué me estaba metiendo?
Me había metido en la mejor aventura de mi vida. Tuve el privilegio de desayunar un caliente y delicioso cruasán en París mientras disfrutaba de la espléndida vista que se obtenía desde la cima de la Tour Eiffel, almorzar camarones con la brisa salida de las playas de Brasil desordenándome el cabello, merendar una deliciosa taza de chocolate caliente deleitándome con el frío de las montañas Suizas y cenar sushi en un sofisticado restaurante tradicional de Tokio siendo relajada por la apacible tonada de un shamisen. Y todo eso pasó el mismo día gracias a que tengo al chico más rápido y complaciente del planeta a mi merced.
Los primeros tres meses que viví con Flash fueron una locura. Fue la mejor idea de todas esa de darnos a la fuga. Gracias a Flash pude ver todos los lugares a los cuales me moría por ir y hacer todas las cosas con las cuales solo podía soñar cuando estaba en La Colmena. Recorrí el mundo en sus brazos. Al principio me costó un poco acostumbrarme a viajar de esa forma, porque la sensación era completamente alucinante, sentías como el aire que rozaba tu piel prácticamente te quemaba, las imágenes se desfiguraban ante tus ojos de manera que solo veías ases de colores que te dejaban totalmente descolocada.
Al comienzo teníamos que hacer muchas paradas, porque literalmente me desmayaba en los brazos de Flash. Luego me dejó de afectar tanto, suponía que las personas nos acostumbrábamos a todo, lo que sí fue que me vomité un par de veces, recomendación: Cuando van a viajar más rápido que el sonido nunca coman bizcochos de mora azul antes de partir. El vomito era bastante colorido y desagradable. Pero como ya dije, me acostumbré y hasta a veces pensaba que el tiempo pasaba muy lento cuando nos quedábamos mucho en un mismo lugar.
Fue como tomar las vacaciones que nunca tuve con el mejor de los acompañantes. Donde pasamos más tiempo fue en París. Amaba París. Creo que al comienzo mencione sus exquisitos cruasanes, en serio eran adictivos, en otras circunstancias me los habría robado todos, pero eso ya no me hacia falta. Fuimos a la plaza de los pintores donde tuve la oportunidad de pintar junto al río Sena, pinte el rostro de Flash, capturándolo cuando se quedó quieto un momento mientras se comía un emparedado enorme, es que ponía una cara muy graciosa cuando comía, como si estuviera realizando una actividad que requería de mucha concentración. Recuerdo su reacción cuando vio su retrato…
—¿Soy yo? —Me preguntó sonriendo incrédulo.
—Obvio —respondí riéndome de su expresión.
—¡Está genial! —exclamó halagándome. —Hazme otro —Me pidió animado.
Y luego de eso empezó a dar carreras por todo el lugar, parándose repentinamente en diferentes puntos y diciéndome "¿Te gusto así?" o "¿prefieres así?", "Este es mi mejor ángulo" a la vez que posaba. Se veía ridículo, pero lindo a la vez.
—Flash te tienes que quedar quieto para poder pintarte —Le dije preparando un nuevo lienzo.
—Pero… ¿Cuánto tiempo? —indagó preocupado.
—Todo el que necesite —expliqué con suficiencia disfrutando de su rostro torturado por la proeza de quedarse quieto.
Aunque yo me sentía de vacaciones, Flash igual seguía haciendo su trabajo heroico, pero yo estuve una buena temporada sin usar mis poderes. Bueno, hice que un mimo resbalara y se callera al río, porque me irritó que se interpusiera en mi camino a cada momento solo para que lo viéramos hacer gestos que para mí no tenían ningún sentido. Claro, que luego Flash corrió a salvarlo para que no se ahogara y me intentó dar un pequeño sermón de que no hiciera eso, pero un beso bastaba para borrarle la memoria al pelirrojo. Sí, encontré el botón de apagado. Y solía decirme "Eres tan mala" mientras me sonreía embobado a lo que yo respondía "Tú fuiste él que escogió abrir la caja de Pandora".
La mala suerte a hipervelocidad también dormía, así que durante los meses que vivimos en París nos instalamos en un pequeño pero muy bonito hotel, en el cual nos dieron alojamiento gratis luego de que Flash detuvo a una banda de ladrones que intento robar en el lobby del establecimiento; yo simplemente me senté a disfrutar del espectáculo y a reírme de como Flash se burlaba de los rateros pensando "novatos" al detallar bien al pobre grupito. Ay, en ese hotel pasaron tantas cosas de esas que jamás olvidas.
—Aún no te he llevado a Notre Dame, podrías dibujarla y agregarla a tu carpeta —mencionó revisando un mapa de turistas de los que repartían que aquel hotel.
—Mañana estaría bien ir a Notre Dame —apunté tranquilamente viendo la lluvia caer acostada en el diván de la habitación. Una vez que me acostaba en ese cómodo mueble color rosa de estilo barroco, me pesaba en el alma levantarme.
—Podríamos ir hoy al Mu…musée du Louvre —Leyó el pelirrojo pronunciando con dificultad, me pareció tan hilarante su expresión que no pude evitar reír. Realmente le costaba relajarse, que mala era al querer corromperlo con el fatal pecado de la pereza.
—Flashito, se pronuncia Museo del Louvre.
—Entonces iremos a eso hoy.
—Flash, está lloviendo —suspiré lanzando mi indirecta.
—¿Crees que haya buffet en ese museo? —La cual aparentemente alguien no capto dada su insistencia.
—Flash, aquí hay buffet —continúe con mis evasivas mientras jugaba con las puntas de mi cabello. Fue una buena idea deshacerme de los moños, me dolía menos la cabeza. ¿Y si me lo cortaba? Me estaba empezando a dar miedo como había bajado el grado de complejidad de mis pensamientos.
—A las golosinas les falta algo —se quejó débilmente.
—Y por eso no te las comes —dije sarcásticamente, ya que Flash dejaba todas las bandejas vacías, no solo las de dulces, también las de salados. ¿Y si me le cambiaba el tono? ¿Tal vez fiusha? Mi tono natural era algo pálido. —Flash no tengo ganas de salir hoy —le anuncié taciturna.
—Pero, Jinxie, no podemos quedarnos aquí todo el día, perderíamos un día de diversión —Corrió hasta mí y levantó lo que yo me imagine como la sonrisa mas Droopy del siglo, colocando sus dedos índices en las comisuras de mis labios y él sonriéndome de vuelta. Mi mirada debía decir claramente "Sino fueras tan lindo te lanzarían por el balcón". —¿En serio nos quedaremos aquí sin hacer nada? —preguntó decepcionado quitando sus dedos de mi cara.
—Esto es parte de pasear Flash, descansar —expliqué cerrando los ojos y sonriendo de verdad—. ¿No has oído la frase "El mal jamás descansa"? Bueno, es literal, siempre tienes que planear algo, asegurarte de que no dejar rastro que los buenos puedan seguir, en mi caso siempre tenía que estar pendiente que fuéramos todos los días a asaltar el minisuper, porque Mammoth se tragaba todo lo del refrigerador en un día —Por eso siempre quise tener un pequeño refrigerador en mi cuarto—. El punto es que los villanos no nacen sicópatas y científicos locos, se les funde el cerebro de tanto trabajo, pero ya eso no me va a pasar a mí así que voy a relajarme por todo lo que no me relaje por estar robando PlayStations para Gizmo y autos que ni siquiera conducía. —Y si por fin me lo cortaba ¿Qué tan cortó debería dejármelo? Podría raparme como lo hizo Britney, nah sería demasiado dado que acababa de decir que no voy a llegar a la etapa de loca, maniática y peligrosa. ¡Oh, Flash me seguía viendo con esa cara de perro regañado! Había que hacer algo al respecto—. Wally, ya sé que quiero hacer.
—Tú solo dime —me habló como si estuviera a punto de darle las instrucciones de una misión muy importante.
—Veremos La Pantera Rosa.
—¿Qué?
—La Pantera Rosa.
—¿En francés?
—Flash, en La Pantera Rosa no hablan; importa un comino en que idioma lo den. —Cálmate Jinx piensa en cosas felices, gente resbalando con cascaras de banana, los fanáticos que se montan sin permiso a los escenarios para tocar a las estrellas y luego estas los mandan a bajar brutalmente rompiéndoles el sueño ¡Un momento! esas no son las cosas felices en las que debería pensar ahora—. Trae muchas palomitas de maíz, gaseosa, también quiero otra almohada y un tiramisú.
Escuché de inmediato un ¡Listo!, eché la cabeza hacia un lado y todo lo que le pedí estaba en la cama incluyéndolo a él en shorts y camiseta ligera, torturando al control remoto cambiando veinte canales por segundo. Me levanté y fui a acostarme junto a él.
—Flash, ya pasaste el canal, devuélvete —dije ya mareada de tantos colores.
—Tranquila, será más rápido si le doy la vuelta a los canales de nuevo —me aseguró colocando un montón de palomitas de maíz en su boca.
Mil vueltas a los canales después… Por fin Flash dejó La Pantera Rosa y como lo tenía previsto, una hora después Flashito se quedó profundamente dormido. Lo de La Pantera Rosa era algo que invente hace tiempo para que los chicos me dejaran en paz. Cuando se empezaban a fastidiar entre ellos y por ende empezaban a fastidiarme a mí, los obligaba a que viéramos La Pantera Rosa, la cual por cierto era mi caricatura favorita, a esa Pantera sí le sucedían cosas insólitas, era realmente graciosa. Ella inspiró algunos de mis movimientos gimnásticos y mi sigilo como villana, siempre durante un robo en mi cabeza estaba la tonada de La Pantera Rosa.
El punto era que los chicos la consideraban extremadamente aburrida y por ende se quedaban dormidos cada vez que la veíamos: el silencio de La Pantera Rosa silenciaba a mis bobos e hiperactivos amigos y yo era libre de hacer las cosas que más me gustaban sin ser molestada. Adoraba a Flash, pero debía admitir que su ferviente entusiasmo a veces me aturdía, así que no estaba mal darle un somnífero cada tanto al tontito.
—Flash, Flashito —Lo llamé susurrando, pero no obtuve respuesta alguna. —Te amo —Solo le diría eso en sus sueños, así que estaba bien, le di un beso rápido en la mejilla y salí de la cama discretamente.
La música de saxofón de la rosada caricatura me hacia de sonido de fondo mientras me vestía cuidando de no despertar a Flash y luego acompañó mi felina salida por la puerta. Tranquilos, no fui a asaltar el primer banco de Francia. Quería salir a hacer una tontería que siempre había querido hacer. Bañarme en la lluvia. Sí, se notaba que no había tenido infancia. Llegué al recibidor del hotel, todo estaba tranquilo, la recepcionista revisaba con calma unos libros, había una anciana tejiendo en uno de los sillones y el botones estaba en la puerta a la espera de algún huésped.
Desde donde estaba podía ver a través del cristal de las puertas la perfecta y húmeda cortina que formaba la lluvia, era todo un espectáculo para mí. Eché a correr tirándole mi abrigo al botones, era fabuloso que los franceses fueran tan liberales, porque otras personas hubieran considerado que estaba loca.
Me encontré bajo el aguacero parada en medio de la calle, abrí mis brazos abrazando el frío aire con sabor a anarquía y lance una sonrisa al cielo en precipitación. Llovía de tal manera que por las aceras parecía correr un río, y me dispuse a correr riéndome de mí misma y de lo genial que se sentía hacer lo que uno quería. Las gotas borraban cada huella de preocupación ajena o propia que había absorbido durante años, era divertido ser ordinaria aunque solo fuera unas horas y sentirme aún más ligera ya que el peso de todo ese rencor absurdo que me había colgado se escurría por mi vestido. Dicen que las cosas buenas de la vida son ilegales, pero por dar carreras bajo lo que enmudece al sol ningún policía mí iba a detener ¿Y saben qué? Era una sensación genial. Ser libre era genial. La lluvia hoy mojaría mi ropa y empañaría mi vista, pero nadie nunca más me iba a empañar la vida y eso era motivo suficiente para dar saltos de júbilo.
"Es ilógico, ¿Cómo cabe un animal tan grande en un auto tan pequeño?" mascullé recobrando el conocimiento, bostecé y vi que en la tele aun estaba el gran gato rosado haciendo su mímica. No entendía cómo a Jinx podía gustarle eso, pero odiaba tanto a los mimos, esperen un relampagueante segundo… ¿Dónde estaba Jinx? Recorrí con la mirada la habitación iluminada tan solo por la luz que emanaba del televisor. Nada. Pasé mi brazo por el otro lado de la cama aplanando las sabanas en el proceso y reafirmando la ausencia.
—Rayos, se me perdió La Pantera Rosa, qué digo Jinx, se me perdió Jinx —vociferé frenético y fuera de control saliendo disparado como una bala por la puerta.
Rayos, imaginar que le pudiera suceder algo, era una idea que me volvía loco. Si Jinx me llegaba a faltar, podían quitarme la comida de una vez y acabar conmigo. Pensar en su cara, sus ojos, su cabello, su femenina voz ronca me empañaba el juicio, es decir; no todos los días te jugabas todo por una chica que era capaz de patearte en los testículos, pudiendo tener a otras más aceptables a tu disposición. Pero yo no me caracterizaba precisamente por ser el sujeto más sensato del planeta.
—Hola, señoritas —Me detuve momentáneamente a saludar a unas chicas francesas que tomaban algo afuera de un pequeño local, les sonreí y ellas rieron coquetamente, devolviéndome el saludo agitando sus manos. —¡Por Dios, Jinx! —exclamé acordándome de mi desaparecida musa y emprendí camino nuevamente levantando bastante brisa con mi arranque, haciendo volar un poco las faldas de las chicas que soltaron cientos de suspiros por mí.
Me lancé a la calle y la busqué, y busqué, y no la pude hallar. Iba tan rápido que no había notado que aún seguía lloviendo, pero eso no iba a detenerme. La buscaría hasta en la comisaria de la ciudad, claro estaba, rogando que no estuviera ahí. Y mientras más lugares descartaba, más empezaba a pensar que Jinxie se había ido. No podía ser, todo iba muy bien. Cálmate Flash, tú no eres de los que se preocupan, tú eres de los que buscan soluciones rápidas a los problemas, eres veloz, te lanzas a la acción… Por las sandalias Niké ¡lanzar! ¿Y si se volvió a lanzar del techo? ¡Debía correr!
Cuando estuve de vuelta en la habitación del hotel, me di cuenta que tenía los pies un poco calientes, miré hacia abajo para revisarlos y descubrí que había andado corriendo por París sin zapatos, había olvidado ponerme mi traje y por ende las botas, estaba en calcetines así que levanté un pie para ver el daño: básicamente mi piel estaba bien, pero la parte de debajo de mi calcetín había desaparecido.
—¡Demonios! Y este par era tan cómodo —exclamé con algo de enfado y luego miré a las puertas del balcón en cuyos cristales estaban cayendo las gotas de agua y volví a mi dilema anterior. —¡JINX! —grité saliendo al balcón casi rompiendo las puertas al retirarlas de mi camino.
Me apoyé en la baranda del balconcito y eche un vistazo a la calle, permitiendo que por fin la lluvia me mojara, pero eso no me importo una vez que vi a Jinx y pude respirar tranquilo nuevamente. Una bailarina bajo un diluvio a la que parecía no importarle el mundo fue con lo que me encontré desde el mirador. Flotaba en puntillas sobre el húmedo asfalto y daba volteretas perfectas contrastantes con los haces de luz que se colaban por el chubasco. Llevaba su melena rosa alborotada y la sonrisa que a mí me encantaba. Ella no era mala, lo sabía muy bien e intentaba hacérselo ver, pero ella era tan terca, sin embargo; por alguna razón eso me enamora más.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí espiándome? —Me gritó notando que la estaba observando. Colocó los puños a ambos lados de su cadera y me miró.
—El suficiente para saber que te ves hermosa empapada —respondí dedicándole una mirada sinuosa que esperaba no se notara a través de la lluvia.
—¡Ven aquí! —Me ordenó enroscando su dedo índice convirtiendo en señas sus palabras.
Bajé de inmediato y nos cubrí con un paraguas que tomé prestado de la recepción. Estábamos rodeados por las cataratas que corrían por la parte externa del paragua.
—Pensaba que a los gatos no les gustaba el agua —bromeé mirando sus ojos afelinados.
—Eres un payaso —dijo con su mano cerca de mi rostro la cual echó hacia arriba con delicadeza para alzar mis mechones doblegados por el peso del agua.
—¿Qué se supone que hacías? —indagué curioso mirando lo que caía fuera del paraguas.
—Tú quieres saberlo todo ¿Verdad?
—Si es todo sobre ti, sí —aclaré sonriéndole.
—Me gusta la lluvia, es linda y perfecta —me respondió simplemente y no tuve ganas de rebatirle.
—Igual que tú —dije dejando la sombrilla a un lado y abrazándola.
Ella lentamente también me abrazó y noté que empezó a balancearse sedantemente, invitándome sin palabras a que bailáramos bajo la lluvia en París, la mejor idea de todas para nuestro amor tan de trinchera. El compás de mis ojos fueron sus caderas, pequeñas y finas. Se separo de mí y me tomó de la mano, yo la envolvía hacia mí y ella salía otra vez chapoteando en los giros. No era un baile específico, básicamente saltar en los charcos con algo de estilo, soy malo con la gimnasia así que me caí torpemente en varias ocasiones provocando risas entre ambos.
—Esto es una total pérdida de tiempo, pero es tan divertido —comentó doblada de la risa por mis caídas. La tomé de los brazos para que se cayera junto a mí.
—Cuando eres tan rápido como yo el tiempo se tiene de sobra —repetí mi frase de presentación viéndola tumbada a mi lado en la calle—.Yo jamás pierdo tiempo, pero si esto es perder tiempo, me agrada perderlo contigo.
—Le debes decir eso a todas —Se burló acostándose boca arriba. Me acosté junto a ella. La lluvia se había hecho más liviana y nos caía suavemente en la cara.
—Por supuesto, se lo digo a todas las locas con las que me voy de pinta durante casi cuatro meses a lugares con miles de cosas para hacer pero en los que terminamos tirados en la calle con agua sucia en nuestro cabello. —declaré burlescamente volteando la cabeza para verla. —Jinx ¿De qué sirve tener tanto tiempo de sobra? Si no es para compartirlo con quien quieres. —Le susurré. A la espera de un beso furtivo.
Acción y reacción, de inmediato volteó la cara y me dio un sonoro beso y nos quedamos un rato más ahí acostados.
—¿Estuviste planeando esto durante la tarde?
—No, solo fue algo que se me ocurrió, se suponía que dormirías más —Se rió y agregó —Me alegra que no lo hicieras.
—¿Y en qué pensabas? —pregunté recordando su expresión de concentración.
—No sé si… —Comenzó a decir e inclinó la cabeza a un lado pensativa, a lo mejor me tenía que decir algo importante y no encontraba cómo—… cortarme o pintarme el cabello. —"Amo a esta chica" fue todo lo que pensé cuando me dio esa respuesta.
—Creo que deberíamos levantarnos de aquí antes de que nos atropelle un auto —sugerí no muy preocupado realmente.
—Morir juntos sería romántico —señalo serenamente acercándose para darme otro beso un poco mas profundo que los anteriores.
Estábamos acostados de lado sobre el asfalto, quedando frente a frente, y mientras me besaba subió su pierna por la mía hasta mi cadera dejándola reposar ahí. Instintivamente pasé mi mano por su torneado y delgado muslo que estaba cubierto por la pantimedia, la cual sentí ganas de arrancar y esas ganas hicieron que mis músculos se tensaran un poco, sabía hasta donde quería llegar con aquello. Separé mi boca de la de Jinx para sostenerle la mirada.
—No voy a hacer esto en medio de la calle —Le advertí agravando un poco mi voz. Lo que a ella le pareció divertido y me lanzo un sonrisa pícara.
—¿Quién habló de hacer algo? —inquirió jugando con mi mente, me desquiciaba que hiciera eso—. Tal parece que ahora el héroe quiere ser el villano —insinuó esbozando esa sonrisa malvada tan de ella.
Rodó por el asfalto separándose de mí. Jinx… pronuncié tratando de que no se comportara de esa manera, no me gustaba hacerme el serio.
—¿O será que me tienes miedo, Flashito? —cuestionó mirándome con sugestión de reojo, volteando un poco la cara hacia mí.
No le di respuesta a aquella pregunta tan tramposa y solo me quedé viendo cómo se sentaba dándome la espalda y haciéndose la desentendida, como si yo no estuviera ahí. Sacudió su cabello húmedo y lo llevó por delante de su hombro dejando descubierta la parte de atrás de su cuello y algo de la parte superior de su espalda en la cual se marcaban unos pequeños huesitos de su columna. Fingiendo que tenía comezón en el otro hombro, paulatinamente empezó a mover los tiros tanto de su vestido como de su brasier hasta hacerlos caer por el brazo y yo pensaba "Auch, golpe bajo".
—Voy adentro ¿Vienes o te quedas? —Me preguntó y otra vez sin esperar que yo le diera una respuesta dio un brinco y se puso de pie yendo hacia el hotel. Vi que el botones le dio algo que vislumbre como un abrigo y ella siguió caminando hacia las escaleras.
—Ay, Jinx —susurré ladeando la cabeza y sonriendo satisfecho.
Más rápido que un mensaje de texto estuve abrazándola por detrás un escalón abajo del que ella estaba en las escaleras. Acariciando su nuca subiendo suevamente con mi nariz rozando la punta contra su piel. Jinx olía a gloria. Ella llevó su mano hacia atrás y me masajeó el cabello riendo por las cosquillas que le provocaba en la nuca.
—¿Quién te tiene miedo? —pregunté arrogantemente.
—Aun… tú —musitó en mi oído seductoramente.
Giré a mi perdición velozmente poniéndola frente a mí para luego abrazarla fuerte y besarla apasionadamente. Nos dispare hasta la habitación cerrando la puerta tras nosotros. El cuarto aun estaba oscuro a medio iluminar por la luz del televisor, el cual busqué para apagar de inmediato. Caminamos tambaleándonos en la oscuridad mientras nos moríamos de la risa por la torpeza, carcajadas que eran silenciadas por los besos. Tomándola con firmeza por la cara trasera de sus muslos la subí a mi cadera aferrándomela y ella cruzo sus piernas en mi espalda para mantenerse.
Lancé nuestros cuerpos sobre lo primero que tuve cerca, aparentemente era el tocador, ya que al sentar a Jinx ella empezó a echar un montón de cosas al suelo al irse reclinando hacia atrás en el mueble mientras yo iba subiendo a besos por su vientre, escabulléndome por debajo de su vestido mojado. Pude escuchar cómo ella ronroneaba respirando agitadamente y apretaba con fuerza mis nudillos buscando su contención. Una vez que recorrí todo su tronco, salí de debajo del vestido y retiré mis manos de las de ella, las cuales sentí como buscaba pero al no encontrarlas se aferró a las orillas del mueble.
—Voy a quitarte el vestido —anuncié, no sabía para qué realmente.
—¿Acaso necesitas permiso? —Lo único que lograba con su sarcasmo era excitarme más.
La levanté y le quité el vestido atropelladamente, dado que la ropa mojada se hacia un poco adhesiva. Ella no se quedó atrás y jaló mi camiseta levantándola desde mi espalda, pero lo que concluyó con aquello fue unos cuantos rayitos rosados que tasajearon mi camisa.
—Lo siento —Se disculpó y su tono de voz me dio a entender que estaba tan hambrienta de mí como yo de ella.
—Esta ni siquiera me gustaba —respondí sin mucho rodeo sacudiéndome los trozos de tela.
Jinx se tumbó de nuevo en la madera y gracias a unos rayos de luz que se colaban por las ventanas, pude verla mejor. Me encontraba encima de ella y ella veía hacia otro lado con la mirada nublada y la boca entreabierta tratando de regular su respiración, su labio inferior se veía sensual y sonrosado a pesar de no ser grueso en lo absoluto; sus mejillas normalmente rosadas estaban encendidas, prácticamente de color fucsia, bajé mi mirada por el resto del cuerpo que ya no estaba bañado por la lluvia sino por el sudor. En Jinx todo era más pequeño y delicado de lo normal, pensé en hacerla comer un poco más. Pasé uno de mis dedos por toda ella, para grabar cada una de sus formas, mi roce la hizo estremecerse. Era fabuloso que yo le provocara eso a esa cosita bulímica.
—Eres hermosa —murmuré más para mí mismo que para ella sin retirar la vista de mi recorrido.
Jinx me miró y me regaló una sonrisa conforme. Se movió indicándome que quería sentarse, la ayudé en eso quedando ella sentada en el mueble y yo de pie frente a ella. Dirigió sus manos a mis brazos y los mimó con sus caricias, su forma de mirarme me daba a entender que ella también quería captar cada espacio de mi cuerpo. Sin previo aviso cuando llegó a mis muñecas, las tomó y llevo mis manos hacia su espalda. Yo al entender el gesto, me mordí el labio inferior tratando de permanecer sobrio ante su petición, pero no podía negar que estaba ansioso por sacarle todo lo que la cubría. Un simple tirón basto para que su brasier cayera víctima de la gravedad.
—Espero no decepcionarte —insinuó bajando la mirada avergonzada. Sentí subir mi ego al escuchar que le importara tanto lo que pensara de ella.
—Todo en ti es perfecto, linda —La halagué sonriéndole.
Se abalanzó colgándose a mi cuello y besándome con desesperación buscando el mayor contacto posible. Del tocador, la llevé cargada hasta la cama, dejé que se extendiera sobre las sábanas mientras yo me despojaba de mis shorts rápidamente. Luego me di a la tarea de sacarle esas pantimedias con rayas que me hacían perder la cabeza, era mi droga ver a Jinx quitárselas y colocárselas con aquel estilo y movimientos elegantes que solo ella podía lograr.
—Sé que las moradas con negro son tus favoritas —declaró colando sexymente la punta de su pie en mi pecho.
—Estas rosadas con negro también están geniales, no te preocupes —mencioné enrollando hacia a mí la pantimedia, dejando al descubierto la pierna de Jinx.
—Sabes moverte lento cuando quieres —insinuó notando el cuidado que ponía en lo que estaba haciendo. Yo sonreí de una manera algo narcisista, lo admitó.
Una vez que las pantimedias estuvieron fuera, deslicé mis manos por debajo de los laterales de sus bragas para sacarlas. Jinx ante el tacto en su pelvis dejó salir un gemido placentero, curvando su espalda hacia arriba vertiginosamente. Al estar en total desnudez en la cama me subí a mi delgada novia cuidando de no poner todo mi peso sobre ella; fui directo a sus senos y me dediqué besarlos, tomando cada uno con una mano, masajeándolos. Ya para Jinx eso era demasiado, la rudeza desalojó su mente de inmediato: podía sentir toda esa vulnerabilidad que emanaba. No estaba en condición alguna de ponerse a la defensiva y yo no tenía intención alguna de detenerme.
Yo era un charco de gasolina y Jinx al empezar a sollozar de esa manera fue el fosforo que necesitaba para encenderme. Ambos estábamos hirviendo, tal vez hasta teníamos fiebre por habernos mojado, pero eso como que le agregaba sabor al asunto. Nos di la vuelta mientras nos besábamos intensamente como si quisiéramos chuparnos el alma. Jinx estaba arriba ahora y yo me abrí paso entre sus piernas para introducirme en ella.
Realmente no me jactaba de haber sido delicado en ese momento tan crucial, entre rápido y sin rodeos, lo cual en cierta forma me hizo sentir un poco desanimado. Tonto orgullo machista. Pero me aliviaron los suspiros acalorados que dejaba salir mi brujita. La agarraba con fuerza de su trasero y empujaba frenéticamente sintiendo un enorme desenfreno dentro de mí. Jinx se elevaba al ritmo de mis entradas, sus pechos rebotaban un poco, por lo cual me agarré de uno de ellos y ella se sujetó el otro resistiendo las ganas de gritar, se mordía el labio de tal manera que parecía querer rompérselo, pero ya estaba sintiendo que esa presión en mí se iba liberando haciéndome embestirla con mayor brutalidad mientras me bebía los salvajes gruñidos de ansiedad de mi compañera.
Disfruté de la prismática mirada que me dedicó antes de desplomarse sobre mi pecho, exhausta. Fue hasta mi boca para robarme un beso y con él un poco de mi aliento para remplazar el que había perdido, mientras que mi miembro yacía latente en su interior. Ahogó un quejido en mi boca y luego fue a reposar sobre mi pecho una vez que estuve fuera de ella. Tomé su mano y dejé que nos quedáramos así, alineando nuestras respiraciones.
—Que no fueras el primero no significa que no hayas sido el mejor —recitó con serenidad manteniendo los ojos cerrados por el cansancio, me sonrojé y sonreí apenado. Jinx se había dado cuenta de mi pequeño desliz de incomodidad minutos atrás, pero eso realmente no me importaba.
—Olvídalo —indiqué tranquilamente, acariciando su espalda con la mano que tenía libre. Eso le ponía la piel de gallina y me daba risa—. Tengo hambre —confesé riendo un poco más.
—¿No puedes parar ni un momento, verdad? —Me reprochó sin ganas—. Podemos comernos el tiramisú que me trajiste esta tarde —sugirió dándome a entender que también tenía hambre.
Acomodándonos bien en la cama nos dispusimos a comer el postre, mientras veíamos un documental sobre rituales de hechicería africana que a Jinx le llamó la atención en la tele. Cabía destacar que la semana que siguió a esa noche la pasamos en cama, pero porque pescamos un gran resfriado.
Fueron seis perfectos meses de amor, turismo, buen sexo y comer como morsas sin engordar ni un gramo. Sí, Flash me había vuelto bastante golosa. Nos tenía que caer el veinte de la realidad en algún momento. Al Ferrari humano que tenía por pareja realmente no le afectaba tener que volver a hacer su trabajo de lleno en lugar de seguir rescatando los mimos que tiraba al Sena. Pero a mí no me emocionaba para nada la idea de volver a Jump City y menos el motivo que nos hacia volver.
Nuestra ida de pinta por tiempo indefinido, llegó a su fin, —válgame la incoherencia— ayer en la mañana. El día había comenzado como cualquier otro, me desperté tarde y Flash me esperaba con una montaña de comida para desayunar, mientras veía todos los canales de deportes al mismo tiempo. Todavía no había logrado averiguar cómo lo hacía. Luego planeamos la salida del día y le dije que me provocaba almorzar fuera del país. Normal. El infortunio llegó cuando decidimos darnos una ducha antes de salir. Como siempre para asearnos y… Les aseguro que no jugamos monopolio precisamente mientras nos bañamos. Mientras estábamos en la ducha Flash escuchó sonar su comunicador T (Como cosa rara, porque hacía mucho que no lo hacia).
—Vuelvo en un momento —dijo sonriendo nerviosamente y salió volando fuera de la ducha.
—Flash no sé para qué me dices eso, si te vas, parpadeo y ya estas de vuelta, es… —Pretendía seguir con mi queja hasta que Flash me tapó la boca con su mano y me indicó que hiciera silencio. Abrió el comunicador y de inmediato identifique la voz de Robin.
—¿Qué tal petirrojo?, ¿Cómo va todo? Felicidades por lo tuyo con Starfire —saludó Flash casual y animado como de costumbre.
—Gracias, Flash —Escuché que respondió Robin algo abochornado—. Muchas, muchas gracias por tus buenos deseos amigo veloz y vivaracho —agregó la que imaginé era Starfire, ¿qué la delataría más: el silbato que tenía por voz o la palabra "vivaracho"?
Flash soltó una carcajada y luego dijo:
—De nada, tan linda como siempre Star —"Cuida tus palabras amiguito veloz y vivaracho" pensé lanzándole una mirada matadora, él simplemente quito su cara del comunicador un segundo y me tiro un besito aparentemente divertido por mi expresión.
—Disculpa que te molestemos mientras estás en la ducha, Flash.
—Oye, tranquilo, yo respondo al deber desde donde sea ¿Qué novedades me tienes? —indagó el pelirrojo relajadamente.
—Flash… ¿Has estado con Jinx últimamente? —Y yo que le tenía algo de respeto a Robin, con ese tipo de preguntas estúpidas se lo estaba comenzando a perder.
—Creí que lo había dejado claro aquella vez en su casa cuando les dije a todos "¡Hey chicos, estoy saliendo con Jinx, ¿saben? la villana del lindo cabello rosa!" —contestó jocosamente sin tomarse a mal el comentario de Robin, ¿por qué no se lo toma a mal? ¿Por qué yo tengo que ser la mala? Ahora era yo la de las preguntas estúpidas—. ¿Por qué preguntas? —Se interesó Flash más seriamente en la conversación.
—Han estado ocurriendo extraños desde hace un par de meses, Flash. No estamos muy seguro de qué puede estar sucediendo, pero buenas fuentes nos han informado que Los H.A.E.Y.P. están planeando regresar. —Ahogué un grito aún con la mano de Flash sobre mi boca, eso no sonaba nada bien. Flash cambió su expresión despreocupada a una más desdeñosa —Y también creo que buscan a Jinx —concluyó Robin seriamente.
—¿Cómo puedes saberlo? —interrogó Flash claramente enojado, pero sin alterarse.
—Nada es seguro, Flash, por mucho que odie decirlo estamos trabajando a ciegas, pero Veloz fue atacado hace poco por unos personajes desconocidos. Él supone que fue una confusión por lo que alcanzó a escuchar durante la pelea: ellos buscaban a una de sus agentes que desapareció después de verse involucrada con un héroe; no son idénticos, pero pudieron haber confundido a Veloz contigo, si esos nuevos chicos son parecidos a Mamuth entonces no deben ser muy listos —explicó Robin.
—Entiendo, es posible —aceptó Flash—. Te puedo asegurar que Jinx no tiene nada que ver en eso —Me defendió a pesar de que Robin no hubiera insinuado nada sobre mí.
—No desconfió de tu juicio, Flash, todos hacemos el intento de aceptar tu decisión, todos tienen derecho a una segunda oportunidad —dijo Robin condescendientemente—. Te hice esta llamada, porque necesitamos tu ayuda en este caso, necesitamos la ayuda de todos los que estén disponibles. Con derrotar a La Hermandad Del Mal solo le dejamos el camino libre a aquellos que habían preferido mantenerse en las sombras; ahora que salieron tenemos que ser más eficientes y aprender de los errores pasados —Debía admitir que ese chico tenía labia, con razón era el líder.
—Para mis amigos siempre estoy disponible, Robin, pueden contar conmigo —argumentó Flash sonriendo de nuevo, pero aún con un atisbo de seriedad en su mirada.
—Y con esto también pretendo advertirte, Flash. Si como dices, Jinx en verdad no está involucrada en esto, entonces puede estar en peligro por lo tanto tú puedes estar en peligro —dictaminó Robin preocupado.
—No tienes ni que decirlo, amigo —Le aseguró Flash entendiendo las implicaciones del caso—. Hemos estado fuera del país durante bastante tiempo: probablemente si alguien busca a Jinx a empezado por los lugares conocidos donde ella podría estar —analizó mi inteligente novio.
—Seguramente.
—Pero de todas maneras volveremos a Jump City, estando cerca todo será mas sencillo —Olviden lo de inteligente, fue solo impresión mía.
—Me alegra oír eso, pero ten cuidado, se muy cauteloso.
—Los villanos jamás me ven venir, Robin, mi segundo nombre es cauteloso —bromeó por fin.
—Cambio y fuera entonces, esperamos verte pronto —Se despidió el líder titán y se corto la comunicación.
Una vez que el comunicador estuvo cerrado mordí la mano de Flash.
—¡Maldición! ¿Por qué fue eso? —replicó el muchacho agitando su mano en el aire.
—Porque eres un tonto ¿Cómo se te puedo ocurrir siquiera pensar en regresar a Jump City? —rebatí enojada.
—¿Quieres que te de champú mientras conversamos sobre esto? —intento escudarse tras su sonrisa de comercial levantando frente a mí el champú que de repente estuvo en sus manos.
—¡Agh!, ¡necesito champaña! —exclamé saliendo histérica de la ducha, agarre una bata de baño dispuesta a tirarme en mi diván y ahogarme en la bebida espumeante. "Jinx ¿qué te he dicho sobre beber de esa forma?" escuché que gritó desde la regadera, pregúntenme si me importó.
Y así pasamos de lo asombroso a lo odioso. Flash, flasheaba por toda la habitación empacando nuestras cosas a toda velocidad mientras que yo iba por mi segunda botella de champaña aún sin sentir efecto alguno. La molestia no me dejaba embriagarme y sentir esa fugaz y falsa alegría. Paso junto a mí y por quinta vez iluminé mis ojos y lo hice caer.
—Sé que estas de mal humor, pero por favor deja de atentar contra mi humanidad —reclamó graciosamente, debía admitir.
—No quiero volver a esa ciudad, dijiste que cuando nos fuéramos de aquí iríamos a vivir a Central City ¿No puedes ayudar a los titanes desde ahí? Es ilógico que si me están buscando en Jump City vaya ahí justamente —replantee el asuntó.
—Según la información que me envió Robin al comunicador, los sucesos han pasado a Ciudad Acero las ultimas semanas, eso quiere decir que ya han debido notar que no te encuentras en Jump City, en este caso podemos aplicar lo de "No hay mejor escondite que el más obvio" —explicó ordenando unas cosas en la maleta grande.
—Flash, luego que el Hermano Sangre fue derrotado y por lo tanto derrocado de todo poder en La Colmena, reventó un gran problema; el Hermano Sangre no era el único implicado en la dirección de la academia, eso es toda una organización de la cual muchos querían ser lideres y las cosas se volvieron algo complicadas, se crearon bandos, alianzas convenientes y muchos como los chicos y yo decidimos "independizarnos" para evitarnos dolores de cabeza —ironicé la ultima palabra haciendo comillas aéreas—. No tengo idea de lo que estén tramando, pero debe ser bastante malo, si alguien más ha tomado la dirección.
—¿Qué paso con mi Jinxie relajada?
—Se fue por el drenaje de la ducha hace una hora y… —Bebí lo que quedaba en mi copa y voltee a ver que la botella ya estaba vacía—. Dos botellas de champaña.
—Jinx, escúchame, ellos podrán ser muy malos, pero yo, nosotros —suponía que había incluido al resto de los Titanes— somos muy buenos; ya verás que regresaremos y todo se resolverá muy rápido, ni siquiera tenemos claro su propósito, así que no deberíamos empezar a sacar conclusiones fatalistas—. Intentó tranquilizarme y me dio un beso en la frente—. Tengo algo que va a gustarte —canturreó y agitó frente a mí un par de llaves relucientes.
—¿De qué son? —pregunté sin ganas.
—De nuestro nuevo hogar —contestó sonriéndome y elevando las cejas.
—¿En qué momento pasamos a tener un nuevo hogar? —cuestioné sarcásticamente.
—Me muevo rápido y tengo muchos contactos, tómalas —dijo y puso las llaves en mi mano desapareciendo momentáneamente de mi vista y junto con él desapareciendo las maletas.
—Listo —habló, satisfecho por el orden de la habitación—. Le dejé una tarjeta de agradecimiento al gerente por tenernos aquí durante tanto tiempo y una cesta llena de panquecitos —comentó enumerando las cosas que tenía que dejar hechas antes de irnos.
—¡Wou, ese hombre debe estar extasiado! —Me burlé pensando que Flash pudo llenar la canasta con algo mejor.
—Ahora solo faltamos nosotros —expresó mirándome sagazmente.
—Ni siquiera me he vestido —Que mala excusa para retrasar lo inevitable, el alcohol debió empezar a hacer efecto en ese momento.
—Te vestirás en tu nuevo departamento, luego vendré a devolver la bata —Mi novio no sabía cuánto lo odiaba en aquel momento.
—Amo este mueble ¿Podemos llevárnoslo? —chillé acariciando la aterciopelada tela rosada del diván.
—No, Jinx, es del hotel, te compraré uno para ti, ahora vámonos —me ordenó dándome la espalda para que subiera a ella.
—No será lo mismo —confesé una vez agarrada a su espalda.
Le eché un último vistazo a nuestra habitación y suspiré con tristeza.
—Recuerda, todo estará bien mientras estemos juntos —pronunció empatizando conmigo. Abracé con fuerza su cuello sin responderle y cerré los ojos, consciente de que al abrirlos ya no estaría en aquel hermoso lugar.
En menos de cinco segundos pasamos de estar en un cuarto de hotel con olor a rosas a un pasillo gris y estéril, frente a una puerta que consideré bastante elegante.
—¿Qué te parece? —Quiso saber Flash emocionado.
—Bueno, es un pasillo muy… Limpio —dije tratando de emocionarme.
Cabe destacar que lo primero que estrené en el departamento fue el inodoro, otra recomendación: Cuando vayan a viajar a la velocidad de la luz no beban su peso en alcohol, la resaca era mucho peor y llegaba más rápido. Ahora ya instalada en mi "nueva casa" solo me quedaba esperar, y recordar París.
