16 de Noviembre de 2020: Nota de la Autora.

Aclaró que de todos los capítulos este fue el que más ediciones sufrió, pero no se preocupen, no es nada que vaya a cambiar el rumbo de la historia.


Gracias a Nikkithefreaky, aleprettycat y Jinxsmile por sus comentarios. Aquí he traído la continuación después de mucho tiempo.

Recomiendo que escuchen "Delineador - Caramelos de Cianuro" casi al final del capitulo.


3

¿Me buscaban a mí o a la nevera?

Sabía que debía haber cosas mucho peores que ver a tu novio arreglarse para ir a una fiesta sin ti, pero en ese momento hacia de tripas corazón para no largarle una escena de novia histérica y rogarle que no fuera a ninguna parte.

Llevaba meses encerrada en el apartamento. Volviéndome alergia a los muebles, al piso, el techo, las paredes… Y creo que ya se entendió el punto. Decir que me sentía enclaustrada era quedarme corta al describir lo impotente que me sentía rodeada por esas cuatro paredes y sin poder asomar ni la nariz por la ventana.

—No te pongas esa camisa, te queda mejor la blanca —dije cuando me pidió que opinara sobre su atuendo.

—Tienes razón, la blanca es mas informal —Me concedió la razón desapareciendo de mi vista fugazmente para ir a cambiarse.

"Maldita sean Los H.A.E.Y.P., maldita sean Los Titanes, maldita sea mi existencia, maldita sea pinte de rojo lo que iba de verde…" pensé de inmediato desviado mi atención del resto del mundo maldito y enfocándome en que le estaba pintando las hojas a los arboles de mi dibujo de un fuerte color escarlata.

—Fantástico ¡Ahora es otoño! —gruñí sarcásticamente buscándole acomodo al paisaje y tirando al suelo el arma que cometió el delito mortal (Color rojo).

—No, aun es verano, Jinxie —Escuché que Flash me corregía de manera distraída mientras se abotonaba la camisa frente al espejo. Obviamente sin entender mi predicamento.

—¡Oh, en serio bebé! es que como no salgo, ni siquiera sé en que época del año estamos —Me excuse molesta, destilando ironía en cada una de mis palabras, imitando la manera estúpida en la que suelen dirigirse las chicas de los realitys a sus novios, y formando una sonrisa tan amplia en mi rostro que le hubiera helado la sangre a cualquiera.

—Alguien está un poco irritada —comentó sereno, mirándome de manera intuitiva a la vez que sonreía. Sí, quise ser bastante obvia con lo de bebé.

—¿Yo? ¿Irritada? ¡Para nada! —contesté con falso desinterés hundiéndome en el sofá, devolviendo la atención a mi dibujo. — Ya me he acostumbrado a pasarme los días viendo a los insectos estrellarse contra el ventanal.

Seis meses. Seis meses habían pasado desde nuestro regreso a Jump City y aun nada se había resuelto. Yo seguía siendo una prófuga del lado oscuro, y Flash seguía ayudando a Los Titanes a frenar el ascenso al poder de Los H.A.E.Y.P.

Por mucho me había equivocado al pensar que luego de la defunción del Hermano Sangre la Academia Colmena no podría retomar su labor de formar a los criminales del mañana, o que si lo hacían serian una organización débil y desahuciada. Me rió de mí misma al pensar que aun subestimo la complejidad de la maldad en muchos de sus aspectos.

Al contrario de lo que pensaba, Los H.A.E.Y.P volvieron con más fuerza y determinación. Al parecer los nuevos mandos se dieron a la tarea de meter en cintura a todos los agentes incompetentes para poder seguir con sus planes de clandestino dominio mundial.

A diferencia de La Hermandad Del Mal, La Colmena nunca había tenido ningún interés en ser Lord Voldemort aterrorizando a todos a su paso. Lo de ellos era más bien un trabajo secreto. Fuera de luces. Nadie tenía que saber donde y como se formaban los terribles personajes que atemorizan a la humanidad. No era beneficioso para quien estaba detrás de toda esa organización.

Los H.A.E.Y.P. tenían todo perfectamente calculado. Cada atentado, cada explosión, cada robo. Todo era un complot. Un plan tras otro, perfectamente trazados para mantener a raya a los que no les convenía tener encima, como el gobierno, el ejército, las organizaciones especializadas. Sembrar el terror desde adentro y dar un golpe por fuerza llegado el momento oportuno era como Los H.A.E.Y.P. mantenían controlados a los que tenían poder y así controlar ese poder a su antojo sin necesidad de hacer escándalo. De esa manera la academia se mantenía, con esos fondos desviados por algún mandatario a alguna causa benéfica inexistente; es que su legado de la enseñanza del terror se preservaba. Si antes no confiaban en los políticos supongo que ahora han confirmado sus sospechas. Todos son unos arrastrados manipulables. La cara del mal se esconde tras una sonrisa reluciente.

Pero todas esas molestias para mantener el secreto no eran solo por amor al arte de cosechar escorias. No. Como bien me lo enseñaron: Lo principal era sacar provecho de todo. Y el beneficio, su misteriosa forma de controlar el mundo, recaía en nosotros; los siervos. O mejor dicho: Los obreros de La Colmena. Mientras más agentes, mejor. Éramos quienes ejecutábamos las órdenes, los que se ensuciaban las manos, con los que barrían el piso.

Y como a quienes miraban el espectáculo desde las alturas no les salpicaba la sangre; los empezamos a llamar: Los Altos.

El día que empecé a preguntarme: ¿Qué gano yo?. Conscientemente. Fue el día que mi castillo de naipes colapsó, y mi propósito poco a poco comenzó a perder sentido. Quise dejar de ser una marioneta más, pero cargaba con hilos difíciles de romper.

Y ese era mi problema específicamente. Verán, una vez que eras un agente de La H.A.E.Y.P. nunca dejabas de serlo. Eran como la mafia o el narcotráfico: Una vez que estás adentro no puedes salir, o por lo menos no caminando. No era precisamente una decisión personal, el consejero escolar no iba a venir a preguntarte: ¿A Qué quieres dedicarte cuando termines tus estudios? Y tú te la ibas a pensar: Bueno, capaz abogado. No. Se supone que tu objetivo en La Colmena debía ser instruirte, para luego acatar órdenes, y más adelante tratar de ir ascendiendo de rango. Era una jerarquía. Me declaró culpable de haber soñado alguna vez con llegar a ser una de los Altos, estar hasta arriba de los pilares, aunque bueno, eso ya pasó.

Con todo el caos que sucedió tras la caída de Sangre, muchos (Entre ellos mis amigos, y yo a regaña dientes) decidimos mantener el trasero a salvo fuera de todo el desbarajuste y escapar de aquel yugo infernal para empezar a tomarnos la vida y el negocio con calma. Nos quitamos de encima la presión que conllevaba ser un agente H.A.E.Y.P., entre las cuales podía resaltar el hecho de no tener vida propia, te sentías vigilado todo el tiempo y el precio a pagar por tus errores era muy alto. Un H.A.E.Y.P. debía ser perfecto. Mentes frías sin derecho a margen de error. Los castigos eran tan crueles. Recuerdo los continuos lavados mentales, cada vez iban mas lejos, no había rincón en tu mente donde pudieras esconderte de ellos. Era desquiciante, desalentador y humillante.

Y ahora que habían vuelto… ¡Nos jodimos todos los desertores! Y yo era la peor de todos porque no solo renuncie a La Colmena. Renuncie a ser a una villana.

Los Altos querían a sus agentes de vuelta, sean o no competentes. Querían sus filas completas nuevamente, y no descansaran hasta meter en ellas hasta la última de sus creaciones. Y además de a sus antiguos seguidores, quieren carne fresca, necesitaban echar mano de más mentes a las cuales poder manipular e infectar de maldad y rencor hacia al mundo, convenciéndolos de que son superiores por sus habilidades, y deben odiar y atormentar a aquellos que se regodean de su normalidad. De que ser diferente es ser poderoso, pero no en el buen sentido.

Con eso en mente trataba de convencerme a mí misma de que lo mejor que podía hacer por los momentos era quedarme en casa. Aunque igual era una total bazofia ser prófuga y permanecer escondida. Flash decía que habían puesto mucho empeño en buscarme, y temía por lo que planearan hacerme una vez que me encontraran.

Robin le había insistido varias veces en probar el viejo plan de infiltrada conmigo, pero Wally se negaba rotundamente, alegando que en cuanto yo pusiera un pie en La Colmena lo menos que me permitirían sería espiar como alguna vez lo hizo Cyborg. Abeja realizó mucho mejor su tarea, pero el Hermano Sangre siempre supo que Cyborg era un espía. Ojala yo también lo hubiese sabido.

Lo que estaba claro era que en cuanto me mostrara voluntariamente ante mis Señores, y después de tanto tiempo, les daría el olor a fraude en menos de lo que Wally devora un sándwich de jamón.

Y aunque mi novio no era de pelear, había tenido algunos encontronazos con Robin que normalmente terminaban en:

─¿Y POR QUÉ NO ENVIAS A STAR A LA BOCA DEL LOBO?

Como último argumento de Flash. Y se veía tan sexy cuando se enojaba con ese mequetrefe.

Porque Robin era un completo mequetrefe, estamos de acuerdo en eso ¿No? Es decir; presten atención a esta contradicción: El líder de un equipo de Superhéroes, NO TIENE NINGUN SUPERPODER. Gente, recapaciten, le están confiando sus vidas a las personas que tomaron esa terrible decisión… Y que mantienen comida mohosa en la nevera.

Ah, pero qué sí tiene nuestro belicoso amigo: Recursos económicos. ¿Ven? Lo que mueve al mundo es el dinero, amiguitos, ese es el mejor superpoder, por eso es que robamos tantos bancos.

Los Titanes… me masticaban pero no me tragaban. Era incomodo. Respetaban lo que Flash y yo teníamos, pero no por eso dejaban de pensar que estábamos mal; que probablemente yo solo era una etapa oscura del chico. Por esa cosa machista de los héroes de tener tantas conquistas como les era posible; y obviamente entre ellas debía figurar una mujer fatal, porque bueno nosotras también tenemos vagi… corazón, quise decir, corazón. Corazones ruines envueltos en cuero que se derretían por esas sensuales licras… Bah, por favor, voy a vomitar.

Los chicos pensaban que Flash y yo no pegamos ni con pegaloca. Y yo no fui — Ni soy— precisamente Mary Sue para caerle bien a todo el mundo. Además las viejas rencillas son difíciles de olvidar; y seguramente les fastidie el sueño muchas veces con los asaltos, pero siendo razonables, yo solo hacia mi trabajo, y ellos debían cumplir con el suyo, si se iban a molestar hubiera elegido otra profesión, no sé, en Medicina también se desvelan y cuidan personas tengo entendido.

Una vez tuve una pesadilla donde unos monos con la cara de Robin me arrojaban cocos y cantaban: Ella no es del clan… Es que ese día habíamos visto el Rey León 2. Esa canción me traumatizo, preferí la de Zira, y la cantaba cada vez que Flash colgaba una videollamada con Robin: Desterrada y perseguida, sola y sin protección, cuando pienso en esa Bestia aumenta mi tensión. Eso siempre lo hacia reír.

Solo tenía un mensaje para Los Titanes: ¡Supérenlo!

O sea, los buenos se vuelven malos todo el tiempo y ¡Ay sí! ellos tienen sus razones:

─Que si es un resentido social.

─Que si le mataron a la mamá.

─Que le robaron la merienda en el recreo.

En cambio; una cosa baja y macabra como yo hace algo bueno y en ese preciso instante paso a ser un motivo de angustia en sus traseros. Señores, consíganse una vida. ¿Nosotros los malos no podemos tener nuestras estúpidas razones?

Aunque por mí Los Titanes pueden meterse sus opiniones por donde les quepan en esas mayas súper apretadas. Pero son los amigos de Flash, y ya saben, a él le gustaría que nos lleváramos mejor… y que ellos dejaran de insistir con lo de la maldita carnada, por favor, Robin.

Si no fuera porque intento complacer los deseos de Flash de quedarme en mi corral en todo momento, ya me hubiera cansado de probarles mi valor a esa bola de puritanos fosforescentes.

De paso, no se estaban ganando que quisiera ser muy heroica, con todos los peros que le ponían a mi relación. Y sí, no lo niego, fui una perra con ellos. Pero repito: Era mi trabajo. Se suponía que ellos eran los buenos, los que perdonaban y todas esas cosas. Me importaba un pepino sus malas experiencias en el pasado dando segundas oportunidades, quería que Chico Bestia dejara de seguirme al baño como sabueso cada vez que iba a la Torre T.

Y si la cosa era por estúpidos resentimientos adolescentes como que Mammoth le hizo un calzón chino a Robin (Grandote, donde quiera que estés: Gracias por tanto.) entonces yo también podría sacarles varias tarjeticas rojas, en especial la de Cyborg, yo sí tengo razones para querer patearle a él su gran y mentiroso trasero de hojalata.

—Jinx… Jinxie… ¡Tierra llamando a Jinx!

"Hola, soy el Señor Piedra, soy un espía confabulador y verdaderamente no tengo ningún interés por ti, pero ya que estaré por aquí una temporada, porqué no llevarte al baile, romperte el corazón y después dejarte como una malvada toalla desechable… Oh, vamos eres una chica mala no te importara…" Pensé imaginándome su voz en un tono chillón y ridículo.

—Holiiisss…

—Zopenco, idiota con olor a cera para autos…

—Sabía que no te gustaban estos pantalones, pero no pensé que fuera para tanto —Escuche que me decía Flash acuclillado frente a mí, mirándome extrañado.

—Lo siento ¿Me decías?

Otra vez me había cachado en las nebulosas, pensando en la inmortalidad del montón de chatarra. Una no habla del aroma de los ex-lo-que-quiera-que-fuera frente a su novio, frente a su real y legal novio. No. Menos cuando lo tienes frente a ti, sin mascara y viéndote con ojitos de corderito preocupado.

—Te estaba preguntando si el pantalón iba bien con la camisa —Me aclaró el pelirrojo hablando lentamente, como tratando de hacerme comprender lo que me quería decir. Demonios, cuantas veces me habría preguntado eso y yo lo habría ignorado para que articulara de esa manera.

—Estás muy guapo —Le dije sinceramente. Me sonrió complacido, y luego le fruncí el ceño recelosa —Demasiado guapo ¿Cuántas Titanes estarán ahí? ─Tenía que preguntar, porque la que no es fiera no prospera.

—Podrían ir millones de chicas y de igual manera solo pensaría en ti —Me espeto divertido.

—Aja, y yo soy Slade disfrazado de hada-princesa montada sobre un unicornio —Me mofé sin tomar su frase como prueba de su fidelidad.

—Nunca conocí al hombre, pero no estoy seguro de que ese sea una de sus primeras elecciones para Halloween —comentó, supuse que imaginando al enmascarado en aquel disfraz.

—Sabes lo que quiero decir, Flash —Me queje poniendo cara de berrinche y cruzándome de brazos enterrada en el sofá. —Todas… se mueren por ti —dije salpicando de acido cada palabra.

—No creo, siempre les paso por al lado y yo las veo muy sanas.

Lo golpeé con un cojín del sofá para que se dejara de las payasadas. Le arroje otro pero lo esquivó riendo, se encontraba muy agradado con aquella situación.

—No tienes porque ponerte así, todas son mis amigas y a mí me gustas tú —aclaró acercándose ágilmente hacia mi boca, robándome un beso —Toda tú —puntualizo esbozando una picara sonrisa de lado.

—Pero…pero… pero Raven tienes esos increíbles pechos —Solo alguien aturdida por un beso puede empezar a resaltar los atributos de otras frente a su novio — Recuerdo que aquella vez que nos apoderamos de la Torre T, entre en su habitación y me probé sus trajes y me quedaron tan… bajaautoestimamente grandes —balbucee torpe y aceleradamente.

—No lo había notado.

Señalo con inocencia, pero vi como se ponía la mano en la nuca tratando de parecer casual y se reía solo. Él que se ríe solo de su picardía se acuerda. Yo lo hago mucho, él no me va a enseñar a mí a ser malpensada.

—Y el otro día me dijiste que Abeja tenía unas bonitas piernas y un gran…

—¿Cuando fue eso? y ¿Por qué lo recuerdas? —preguntó cortándome en seco, pero sin dejar de reírse —Es que las chicas nunca se olvidan de esos comentarios.

—Sí te acuerdas de habérmelo dicho —Lo acuse lanzándole una mirada muerta de celos.

—Mira Jinxie, ya estoy listo, tienes algo más que decirme para reírme en el camino, no sé, algún otro detalle que no deba pasar por alto, tal vez, en Starfire o Argent —Me pulló retorciéndose por dentro de su broma y sin dejar en ningún momento su apariencia serena y despreocupada.

—Starfire es una mosquita muerta, probablemente se compra disfraces de enfermera y gatúbela para Robin, y Argent estoy segura que disfruta del sadomasoquismo —sentencie con seriedad y un aire sicópata en mi mirada a causa de mi mente torturada por la forma en que Flash se tomaba todo.

—Comprar… un… látigo… —pronunció haciendo la mímica de que se escribía algo en la mano. —Lo hare de camino a la fiesta, Señorita Berrichinx —Se burló. Muy gracioso Flash, estoy a punto de explotar por la risa.

Me mantuvo la mirada unos segundos sin mostrar contrariedad por mi ceño profundamente fruncido, pero luego relajó aun más el gesto en una expresión cansada, sonriendo con resignación. Su expresión de "Tú nunca vas a cambiar". No soy de las que sede fácilmente, me maldigo por ello. Pobre, lo tenía agotado.

Flash pasó su mano con suavidad tras mi cuello y me acerco a él para besarme en los labios. Al principio los apreté para no responderle, pero al final le devolví el beso dándole a entender que lo extrañaría mucho, aunque solo fuera a salir a divertirse unas cuantas horas. Se lo merecía, por todo su esfuerzo en protegerme. Luego de separarse, en el camino para volver a estar en pie, me dio un beso cariñoso en la frente y luego me dijo:

—Enciende las alarmas y el sistema de seguridad, dale de comer a Gelatina, págale al chico del sushi esta vez —Sabía que no lo iba hacer, pero igual lo intentaba —Y cuídate mucho —me pidió mirándome con un afán reprimido.

—¡Ya vete antes de que me arrepienta y te amarre a la cama! —Le ordené aparentando fastidio y él volvió a sonreír como todo el galán que era. —Tendré el comunicador a mano en todo momento —canturree asqueada por el tono dulce que había usado, anticipándome a la ultima petición de Flash.

Su sonrisa creció aun más, así que después de hacerme un gesto de despedida con la cabeza, se perdió de mi vista dejando tras de si el sonido de los cerrojos de máxima seguridad. Abandonándome en mi asquerosa celda. Me sentía volver a prisión, solo que cabe destacar algunas diferencias importantes; como que en el departamento tenía un minibar y no compartía el baño con una mujer bigotuda y maloliente.

Entonces, de nuevo estaba sola en casa. Flash se había ido a la gran fiesta de cumpleaños de Chico Bestia. Bravo, era hora de deslizarnos a la locura…No, no Jinx, juicio, sabes que la última vez no fue bonito. Pero, oigan, eso es lo pasa cuando encierran a una adicta al trabajo controladora. En fin, a otra cosa.

El calabacín anteriormente mencionado llevaba semanas planeando su fiesta de dieciocho años, siempre le decía a Flash que ese chico se parecía a las adolecentes irritantes que salen en los programas de "Mis súper dulces 16" (Sí, veo muchos realitys ¿Quién necesita televisión de calidad?) por el empeño que había puesto en organizar esa reunión a pesar de que estaban en tiempos de mucho trabajo.

Usaba la excusa de que debían tomarse un pequeño descanso de tanta lata maligna y que celebrar su cumpleaños sería la mejor forma de tomárselo. Aunque la verdad yo no creía que Chico Bestia necesitara una excusa para organizar una fiesta. Obviamente estaba emocionado por su cumpleaños como cualquier persona normal, y no quería que por culpa de los tontos villanos (Los H.A.E.Y.P. Una organización secreta y poderosa encamina a formar villanos y crear el caos clandestinamente, solo esa pequeñez) su celebración pasara por debajo de la mesa. Sus amigos tan buenitos y complacientes le concedieron su deseo al chiquitín (Bestia crecía en edad, pero a mí parecer el chico estaba cada vez más cerca del suelo).

Recuerdo claramente una videollamada que Robin mantuvo con Flash hace un par de días, donde estaban todo serios hablando de cosas serias. Cuando de repente apareció Chico Bestia en la pantalla con cara de "Se va acabar el mundo si no resuelvo esto", le mostró a Robin dos posavasos, uno de color verde lima y el otro morado uva y le pregunto: "—¡Robin, rápido! ¿De cual color deben ser los posavasos?, Raven me mata si dañamos la mesa.", a lo que el líder puso la expresión más WTF de la existencia, estuve a punto de soltar la risa, pero preferí no hacerlo. Robin solo le respondía con evasivas al cambiante; cosas como "Ahora no es momento de adornos, Chico Bestia" o "Ve a preguntarle a Starfire", pero Chico Bestia insistía que él debía tomar la decisión por ser el líder.

El líder estaba a punto de estallar y Flash se moría de ganas de reírse a carcajada suelta hasta que yo dije "—Que sean verde lima, serán mas originales", Flash me sonrió y el petirrojo me miró con censura (Sí, para él calladita me veía mas bonita), pero ante la mirada expectante de un Chico Bestia al cual parecía agradarle mi opinión, Robin masticó un "─Que sean los verdes" como toda respuesta, con eso Bestita salió corriendo feliz desapareciendo de la pantalla y gritándole a Cyborg que debían ir a comprar posavasos verdes. Robin continuo su conversación con Flash lanzándome miradas disgustadas cada tanto las cuales yo le devolvía con un claro gesto de "Al menos yo se elegir posavasos, Bruce Lea" y luego regresaba a la lectura de mi Cosmopolitan (Oh, miren: "10 mascarillas que puedes hacer con ingredientes caseros" eso sí era interesante).

Yo no asistí al magno evento por varias razoncillas. Entre ellas; que iba a tener hasta al gusano de Starfire pendiente de mí, probablemente hasta la sombrillita de mi vaso de gaseosa les parecía sospechosa. Para algunos otros no sería una amenaza, pero igual estarían alerta a que por casualidad de la vida los agentes H.A.E.Y.P. Descubrieran mi posición en la torre y se pasaran por allá, tal vez a comer algo, atacar a los presentes, bailar un poco, abrir el fuego, tomarse un traguito y luego llevarme con ellos a la fuerza.

Aunque supongo que Chico Bestia no dejo deidad pariente de Raven a la que no le rezara para que nada malo sucediera en su cumpleaños. Además, ya saben que no me llevo muy bien con la mayoría de ellos, de seguro se daría la ocasión para muchos momentos de silencios incómodos y conversaciones enfocadas en "Jinx, te acuerda aquella vez que quitaste el freno de mano de un autobús para que echara andar solo por una avenida llena de gente, ¡Que buenos tiempos!". Yo no estaba preparada para tener ese tipo de conversaciones en este momento, no era el sitio oportuno, además estaría Cyborg ahí ¡Y YA! no fui. Mejor prevenir que lamentar. Yo me quedaría en mi casa cómodamente encerrada y segura, Flash se divertiría un merecido rato con sus amigos y luego charlaríamos al respecto comiendo unos emparedados.

La vieja Jinx, siempre estaba apurada con algo que hacer. La Jinx actual era una sin oficio total que tenía que buscar algo que hacer para no morir de aburrimiento. En primera, estaba Gelatina. Flash considero que pasaba mucho tiempo sola en casa, así que me regalo una mascota. Ok, es una mascota cliché, porque mis poderes son de mala suerte y me regalo una gata negra, pero a mí me encanta. La bautizamos Gelatina, porque Flash pensó que sus ojos eran de un verde que le recordaba a la gelatina de limón (Él siempre pensando en comida). Así que la gata se quedo Gelatina.

—Bueno Tina, pidamos la cena —Le anuncie a mi hija que salió de su escondite bajo el sofá. Deje mi block y el resto de mis materiales en la mesa antes de incorporarme del mueble.

Ambas nos estiramos en el camino hacia el teléfono, con hastió de tener que dejar nuestro punto fijo en la casa. Llamé al restaurante de sushi al cual ordenaba habitualmente, dada mi poca habilidad culinaria. Siempre ordenaba lo mismo y ellos siempre hacían la promesa de que si el pedido no llegaba en treinta minutos saldría gratis.

Una vez que colgué me mire en el espejo que había en el pasillo junto al teléfono. Era un desastre. Llevaba puesta una camiseta de Flash que me quedaba hiper grande, el ancho del cuello se extendía hasta mi hombro derecho y lo dejaba expuesto junto con el tiro morado de mi sostén. No llevaba nada abajo aparte de mis bragas, pero la camiseta me quedaba tan larga que me cubría hasta la mitad de los muslos. Mi vestido de andar en la casa. Unas semanas después de regresar a Jump City me corte el cabello, ahora lo llevaba al estilo de Emma Watson en "Las Ventajas De Ser Invisible", excelente película por cierto. No saben lo increíblemente cómodo que es tener el cabello corto, además de lo bien que me quedaba el corte (modestia aparte). Pero no me lo pinte, seguía del mismo rosa pálido.

Aunque muy bonito mi corte, en ese momento lo llevaba totalmente desarreglado, con piquitos desordenados saliendo por todas partes. Como la loca de carretera en la que me había convertido.

Mi delineador estaba difuminado vulgarmente por mis ojos, a causa de dormir sin quitármelo. Andaba descalza con Gelatina frotándose en mis tobillos. Recogí el exceso de tela para que la camisa se me pegara totalmente al cuerpo y aprecie mi estado famélico, pensando que de verdad yo debía ser una creación del demonio, porque si fuera una hija de Dios tendría un buen par de lolas y curvas peligrosas hechas con amor. Luego de mi recordatorio diario de que soy una tabla me dedique a esperar mi pedido.

La vida es triste cuando no tienes un propósito. Ya no era una villana, pero tampoco era una heroína. Caminaba en la cuerda floja y los espectadores esperaban a ver de cual lado caía. No podía salir de mi casa ni a salvar a un gato de un árbol, obivamente que no soy una heroína. Era la novia ex-villana de un héroe. Magnifico mi titulo. Y mi propósito en la vida paso de "La conquista parcial del mundo" a "Lavar perfectamente la ropa". Tenía que drenar mis hábitos maniaco compulsivos en algo ¿No? La lavadora me hace caso y siempre esta de acuerdo conmigo, ni ella, ni Gelatina quieren que cambie.

Pero desde que llegue a Jump City me mentalice que debía cambiar algunas cosas sobre mí. Necesitaba cambiar para poder encajar en todo este colorido mundo de la súper bondad y súper amistad de Los Titanes. Era bueno querer cambiar. Probar cosas nuevas. Como arriesgarme a lavar con blanqueador en lugar de cloro. Podía ser feliz haciendo pequeños ajustes, ser una persona más alegre, más tranquila…

Doblaba la ropa unas treinta veces al día. La doblaba una vez perfectamente, pero pasados unos minutos de ver mi obra me entraba Lucifer al cuerpo y en un ataque de histeria terminaba desparramando la ropa por toda la habitación. Estaba perdiendo los papeles, lo sabía, Y Gelatina también. Pero necesitaba ver el desastre para luego tener algo que hacer al volver al proceso de doblado perfecto. Necesitaba ser menos neurótica.

Que linda el agua, linda el agua…Pensaba mirando el remolino que hacia la lavadora. Muy interesante. La vida de ermitaña tenía sus cosas interesantes, como ¿A donde iban las medias perdidas? ¿Se las tragaba la desgraciada lavadora, acaso?. Si me vieran ahora los chicos, rondando tanto las fronteras de lo patético, esperando para darle la segunda lavada a los trajes de Flash en modo tela delicada. Maldita sea ser prófuga —Y no precisamente de la justicia—. Era muy de la maldita sea no llevarme bien con los amigos de mi novio, porque ellos pensaban que era la jinetera de turno. Pero ellos eran los idiotas. Sí, es obvio que debía ser menos soberbia.

Es que esos ciegos de porquería no veían que a el Veloz este se le salía la baba por Cheshire, como no lo descubrían y lo jodian también. Debía agregar a la lista ser menos egoísta también. Las personas buenas no le arruinaban el buen sexo prohibido a los demás. Además Cheshire me hizo un par de favores cuando estábamos en la academia. Pero igual era una perra, ojala la descubran, y a partir de compartir esa experiencia podríamos forjar una amistad. No, soy una buena persona y me alegro por el amor.

Extrañaba a la vieja Jinx. Extrañaba esa sensación de poder hacer lo que me diera la gana con la gente, pero no la debía extrañar. Ya no era una chica mala, ahora era una señorita de mi casa. Me divertía tendiendo todos mis trajes, que aunque no los usaba, igual los mantenía limpios para recordar cuando me consideraba la reina del mundo. La gente buena no era egocéntrica, Jinx. No gustaba de esta yo, no gustaba de mí. Y todas las santurronas amigas de Flash pueden irse al demonio con sus medidas perfectas y sus estaturas ideales. Claro, Starfire no tenía que usar un banquito para llegar a los gabinetes altos ¡Ella vuela!. Y yo tenía que usar plataformas de burdelera para llegar a un nivel de intimidación aceptable.

No nos mintamos más. Esto de ser buena para tu novio perfecto apestaba. Había que asumir las cosas como eran: Era una resentida, era una mal cogida (no por Flash, aclaración importante). Era una prejuiciosa, era una maravilla hiriente. Era todo eso. Flash debía dejar de querer tapar mis problemas psicológicos y mis fantasmas comprándome cantidades importantes de cosas en el centro comercial cada vez que salía. Porque el problema seguía ahí, no se iba por más joyas que tuviera.

—La mitad de estas cosas no las voy a usar nunca, Gelatina —Le confesaba con preocupación a la gata, planeando meter a lavar toda la ropa y lencería nueva que me había traído Flash, una nunca sabía quien se probaba esas cosas en la calle.

Pero era una codiciosa, y quería convertir mi armario en un museo. Por eso no terminaba de decirle a Flash que dejara de comprarme pantimedias y zapatos. Eso no era ser mala, era ser una chica. Amaba el shopping y era triste no poder hacerlo yo misma ahora que tenía dinero propio para pagar. Aunque era mucho más divertido el descuento de los cinco dedos. No, la gente buena pagaba las cosas.

Escuché a Gelatina maullar y luego la vi salir por la puerta del cuarto de lavado indicándome que se acercaba el repartidor con la comida; o como yo lo llamaba "La hora feliz de Jinx".

Verán, una de las ventajas de vivir en un penthouse, era tener estas ventanas increíblemente grandes por las cuales podía vigilar los movimientos de todos los mortales de la ciudad. Y me entretenía horrores haciéndole maldades al repartidor del sushi, desde que veía su auto acercarse quedaba sentenciado a llegar pasados los treinta minutos, y así mamá conseguía comida gratis (Legalmente).

—Cuidado con ese bache —dije fingiendo consternación apuntando mi poderoso dedito cargado de desafortunada energía hacia la calle, provocando que el pavimento se hundiera considerablemente y el carrito de reparto cayera en el. Que lastima.

Un momento después el muchacho alcanzó a salir del bache pisando con fuerza el acelerador. Aun le quedaban cinco minutos para llegar a tiempo con mi entrega… o eso pensaba él.

—¡Oh, mira Gelatina llego a la puerta del edificio! —le dije a mi hija como si aquello fuera un gran logro.

Chasqueando mis dedos unas cuantas veces de una manera que consideraba un poco rítmica hacia salir pequeña rocas y grietas a la acera con las que el desesperado repartidor se tropezaba torpemente, con cara de "Esto no es normal". Cuando por fin deje que llegara hasta la puerta giratoria del edificio, provoqué que esta empezara a girar con un poco más veloz de lo normal, dejándolo afuera cada vez que intentaba entrar.

—Soy muy mala, Gelatina, no mires —dije tapándole los ojos a Gelatina mientras emitía otro tronar de dedos y hacia que el repartidor se resbalara en la acera. Cayó de trasero, eso debió dolerle. Bueno, ya llevaba más de cinco minutos en aquello, por ende ya tenía permiso de venir a entregarme la comida.

Un minuto después alguien toco a mi puerta. La cual era una poco complicada de abrir, así que le pedí que esperara un momento, mientras yo quitaba todas las alarmas, cerrojos y lacers calcinadores de intrusos. Una vez que abrí la puerta tuve ante mí al pobre y magullado chico con acné que casi siempre me traía el sushi, y que ya tenía una loca teoría de que el edificio estaba embrujado.

—Otra vez tarde —Lo recibí con una pequeña sonrisa de satisfacción acariciando a Gelatina entre mis brazos. Era la perfecta imagen de la maldad, con el gato negro y la cara de zorra desalmada, solo me faltaban los lentes oscuros y el trueno cayendo a mis espaldas. Creo que él chico se imaginaba lo mismo.

—Tienes mucha suerte —murmuró con cierto enfado y resignación acercándome una hoja sobre una carpeta y un bolígrafo. —Firma.

Yo firme rápidamente, tome mi pedido y luego lo despedí:

—Y tu tienes muy poca —resalté cerrándole la puerta en su sosa cara de retrasado con continuos sueños húmedos.

Comí el sushi en el sofá compartiéndolo con Gelatina y escuchando música. ¿Para qué iba a comer en la mesa? ¿Iba a poner la mesa para mi sola y la gata? No necesito más petetisismo en mi vida. Ya es suficiente con cenar con mi gata en el sofá escuchando Get It Rigth de Glee y rogándole a Jesucristo que Raven no llevara puesto un escote en la fiesta. Que llevara cuello de tortuga de ser posible.

Flash me llamó cuando terminaba de comer para saber como estaba (mal) y comentarme sobre la fiesta, que aun no había empezado formalmente porque faltaban muchos invitados que tenían que meter a la cárcel a algunos maleantes que se encontraron en el camino y que luego llegarían. Me dijo que me quería, le dije que dejare de preocuparse y luego corte.

Recogí mis cosas de arte y fui a la habitación a guardarlas. Luego me tumbe en la cama para ver televisión con Gelatina retorciéndose a los pies de la cama. Estaban dando la película de Marie Antoinette, me dedique a verla fantaseando que esa era yo de vuelta en París, rodeada de postres y tirada en mi diván rosado. Luego comenzaron a dar Ley y El Orden U.V.E., cabe destacar que me había vuelto adicta a esa serie. Christophe Meloni podía llevarme tras las rejas cuando quiera, me declaraba culpable. Pero mi principal interés en la serie era cazar los pelones en los planes de los criminales.

—Gelatina, ¿Qué pasa por la cabeza de esos oligofrénicos cuando matan a alguien y no se ponen guantes para no dejar huellas? O sea, que pobres diablos eso es "Métodos de allanamiento básicos"—criticaba con energía las tonterías de los criminales ficticios como si la gata en verdad me fuera a dar la razón. Esa fue una de mis primeras materias en la academia.

Sin darme cuanta me quede dormida poco después de que la serie terminara.

—¿Qué…qué fue eso? —masculle con pereza. Un ruido me había despertado. Al principio pensé que había sido mi imaginación, pero luego escuche otro ruido y me incorpore violentamente en la cama.

Se escuchaba muy claro para venir de la calle. Era algo así como un torpe revolver de cosas y a eso se lo sumaron algunos murmullos. Alguien estaba en el apartamento. Antes de entrar en pánico me relaje y pensé razonablemente que debía ser Flash que había llegado hambriento a casa. Vi el reloj que marcaba exactamente medianoche, y aunque pensé que era muy temprano para que estuviera de regreso, me calme objetando que de seguro no quería dejarme más tiempo sola. Sonreí en mi retorcida alegría al pensar como conocía a Flash y salí a recibirlo.

—Vaya, los chicos buenos parecen Cenicienta acabando la fiesta a las doce ¿Me trajiste algún… —Pero en cuando estuve sobre los dos escalones que daban a la sala no pude dar crédito a lo que veía. Frente a mí no estaba Flash, los que ocupaban mi salón eran cinco figuras estáticas escondidas en la oscuridad que identifique vagamente, y de verdad esperaba equivocarme en ese reconocimiento. ─recuerdo?

Tragando saliva me arme de valor y levante el interruptor que tenía junto a mí, encendiendo las luces de la casa. Cuando las figuras quedaron definitivamente al descubierto, mi shock no fue nada normal.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH…! —grité alterada al ver a los cinco intrusos ahí paradotes.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHH…!—gritaron ellos espantados soltando todo lo que tenían en las manos, era comida ¿Por qué no me sorprendia?.

Eso me hizo pegar otro grito de histeria al cielo, que ellos volvieron a repetir con cara de estúpidos. Seguí gritando y ellos siguieron gritando también, aparentemente todos con el mismo sentimiento de ¿Qué carajo pasa aquí?.

—Creo que ya deberíamos dejar los gritos ¿no?

Reconocí claramente esa voz y a quien le pertenecía. Sin dejar de dar otro grito agarre el adorno de un caballo de madera que tenía cerca en una mesa y se lo arroje directo a la cara. Cuando el objeto impacto en su cara grito un montón de maldiciones a las que yo respondí lanzando mas adornos pero sin rumbo fijo, que le pegara a cualquiera.

—¡No! ¡No! ¡No!

—Jinx.

También reconocí esa voz casi amable que hablaba con algo de sorpresa en su tono. Gire la cabeza y me dirigí a él.

—¿QUÉ?

—Hola.

El resto de los presentes lo miraron a él y luego a mí, totalmente confundidos. Aquello era el colmo.

—¡HOLA! ¡¿Cómo que HOLA? —replique indignada tirándole el globo de nieve que tenía en la mano al chico ciclope. —Nada de HOLA, tú no estas aquí, ninguno esta aquí, estoy todavía en mi cama, estoy soñando, no, estoy teniendo una pesadilla, ese rollito california tenía mucho wasabi —Claro Jinx, échale la culpa al condimento. Caminaba de un lado a otro desesperada, apretándome el puente de la nariz con los dedos y cerrando los ojos con fuerza, las mayores groserías acudían a mi mente con velocidad.

—Pues créelo, nena, estamos en tu recibidor charlando y usando tu kétchup —dijo Billy con descara tranquilidad en su inolvidable y burda manera campesina de hablar. Es como si siempre tuviera un rancho en la cabeza. Mientras echaba salsa de tomate a una salchicha.

—Jinx.

Pronuncio una voz nasal e incrédula. Voltee para encontrarme con la mirada de asco que me dedicaba Gizmo. Trágame tierra.

—¿Quién… te destruyo? —preguntó examinándome con sus pequeños ojos negros de arriba abajo, como si no pudiera creer que la chica que tenía enfrente fuera yo. Entonces caí en la cuenta de las fachas en las que me encontraba. Si los milagros existían en aquel momento lo único que me pedía era que me partiera un rayo. —Te pareces a las mujeres de las novelas vomitivas que ve Kyd Wykkyd, que salen del cuarto con las camisas del tipo con que…

Gizmo que mantenía el rostro en una clara expresión de repulsión no pudo terminar la frase porque todos los presentes se echaron a reír con ganas, desparramándose por todo mi piso. El único que no se reía de manera tan altiva era Ojo, quien reía con un dejo de amargura en su expresión. Podía sentir como la sangre se me acumulada en la cara dándole a mis mejillas normalmente rosadas un tono de lava hirviendo debido aquel comentario. Que vergüenza, "Señor, te juro que empezare a pagar las cuentas de la comida a domicilio si un avión se estrella ahora mismo en el apartamento" pensaba con ilusas esperanzas.

—Jinx tiene quien le haga los favores, Gizmo —insinuó Billy riendo socarronamente. Con un gesto pervertido en sus labios mientras llevaba la salchicha a su boca.

—Como no te atragantas —murmuré ya mas enfada que en shock.

En ese mismo instante Billy empezó a toser con cara de asustado y cayó al suelo tras el sofá. Sonreí algo satisfecha por lo que había hecho. Pero los demás seguían mirándome, ignorando que el numeroso de asfixiaba.

—No puedo creer que estén aquí —dije sin mirarlos siendo mas consiente de la ridícula situación.

—¿A quién esperabas? a Hannah Montana y su coro —escupió Gizmo burlón y molesto al mismo tiempo.

—Jajaja… Gizmo no se pierde las comiquitas de niñas —repuso Ojo sentándose en los apoyabrazos de uno de los muebles individuales.

—¡Repite eso cara de estiércol! Ella es una maestra del disfraz.

Sin perder tiempo Gizmo se tiro sobre Ojo y empezaron una tonta pelea, que se me hacia tan… ¿Familiar? Gizmo pataleaba y Ojo le gritaba que le iba a sacar el ojo bueno, eso definitivamente me dio mucha risa.

—Aun conservas el sentido del humor —señaló con un gruñido osco Mammoth tras el mostrador de la cocina engullendo un sándwich enorme que debía tener hasta zapatos ahí dentro, pero dedicándome una mirada amistosa. Me provocó abrazar al grandote y todo, pero recordé que nosotros no nos abrazamos.

—¿Qué hacen aquí? ¿Cómo vinieron a parar a mi apartamento? —Le pregunte ignorando la pelea de Gizmo y Ojo, y a Kyd ayudando a Billy a coger aire.

—Investigamos en el lugar del pescado crudo —respondió Mammoth secamente encogiéndose en sus grandes hombros como si aquello fuera nada.

—¿El sushi? —Pensé en la frase: "El pez muere por la boca". Y quien la haya dicho no podía tener más razón.

—Nos hemos sudado el trasero buscándote como locos —chilló Gizmo dejando en paz a Ojo.

—Pero… eso no tiene ningún sentido ¿Me están viendo la cara de tonta?

—¿Acaso tienes otra?

—Te voy a matar pequeño renacuajo —Pero antes de que enroscara mis manos en el cuello del pelón, Ojo habló.

—En realidad… yo pensé, que sería útil echar un vistazo en ese lugar —expuso rehuyendo mi mirada y sonándose los huesos de los dedos algo nervioso —Tú siempre pedias y robabas comida ahí, te encantaba —destacó riéndose un poco — Hipnotice al gerente para que nos diera el registro de sus pedidos y averiguamos que a esta dirección traían mucho lo que tu siempre comías —concluyó aun sin estar seguro de dirigirse a mi directamente.

—Ustedes… Recuerdan lo que yo comía —hable sin pensar, mientras sentía un montón de sentimientos encontrados, no sabía si sentirme enternecida, orgullosa o rabiosa. Por alguna razón no estaba tan diabólicamente molesta con ellos como debería estarlo. Gizmo se cruzó de brazos, murmurando insultos por lo bajo con una expresión despectiva sin dignarse a mirarme y Mammoth tampoco me miraba encontrando increíblemente interesante el interior del refrigerador como siempre. Aquello era muy incomodo.

—¿Qué sucede, gatita? te tocamos el corazón —indago Billy ya recuperado de su apuro con la salchicha, con dramático y falso sentimentalismo, llevando una mano a su pecho sobre el signo de división de su traje. —Muchachos recuérdenme ¿Jinx tenía corazón? ¿O eso también es nuevo?.

Todos rieron por lo bajo. Hombres, siempre se apañan todo y a mí que me coma un tigre. Con ellos jamás se puede andar con cursilerías. A las más mínimas muestras de debilidad se te echaban encima. Ellos entendían un solo lenguaje, que yo aun recordaba como hablarlo a la perfección.

—¡Púdranse todos ustedes bola de mandriles! —estallé agitando mi brazo en el aire como un látigo, salieron algunos rayos rosáceos haciendo que todos volaran por la estancia, aterrizando contra algún mueble o pared de la estancia dirigiéndome miradas noqueadas. Y antes de que alguno me mandara al infierno, hable autoritariamente asesinándolos con la mirada. —¿Qué demonios quieren? —contuve las ganas de reírme al notar que aun los hacia estremecer.

—No es obvio —gruñó Billy levantándose— Ya que te encontramos tenemos que llevarte con los Altos. Esa es la misión que nos dieron, llevamos meses registrando cada rincón oscuro en la ciudad, pensaba que sería un trabajo sencillo y que te encontraríamos en la primera esquina en la que volteáramos —Ese comentario tenía tanto doble sentido que hasta Mammoth frunció el ceño. Si debía darle un orden de jerarquía a mi odio, Billy estaba en lo más alto. El único estúpido capaz de multiplicar su estupidez.

—Mira Numeroso, deja de pagar tus horas de soledad en la baño conmigo y ponte serio por una vez en tu vida. —Le recrimine con desagrado.

Los chicos se destornillaron de la risa nuevamente, estaba vez dirigidos por mí contemplando la cara de rabia de Billy. Reprimí ese enfermizo sentimiento de poder que se sentía tan bien porque sino me costaría mucho mantener la seriedad.

—Llamare a Flash —dije por ultimo yendo hacia un panel de control que estaba tras un cuadro en el pasillo hacia las habitaciones. ¿Y para qué lo dije? ¿Quién entra a robar y toca el timbre? Ya me estaban contagiando la idiotez debía correrlos de inmediato.

—¿Entonces es verdad? ¿Te fuiste con él? —La voz de Ojo sonó tan desconsolada e incrédula, que detuvo mi proceder para volver a mirarlo.

—Sí, ya lo sabían ¿No? ¿Por qué el tono de sorpresa? —cuestioné aparentando fastidio.

—Pensábamos que solo estabas molesta con nosotros, como siempre —comenzó a decir Mammoth.

—Y que luego que se te pasara el berrinche de nenita y regresarías a casa a fastidiarnos, como siempre —agregó Gizmo, repitiendo la última frase de Mammoth.

—Pero después de un tiempo a ninguno nos dio la ineptitud para seguir pensando que alguna vez volverías —concluyó Ojo hablando amargamente, como si estuviera recordando algo desagradable— Que importa que te largaras Jinx, pero te fuiste con uno de ellos —Era evidente que si importaba que me hubiera largado; y que importaba más aun que me fuera con uno de ellos.

—Recuerda que a Jinx siempre le gustaron los del otro lado Ojillo ¿O ya olvidaste el episodio con el farsante del hombre de hojalata? —agregó un resentido Billy.

¿Que acaso ahora yo era la perra de la película y ellos los solecitos? —Con quien yo me fuera o no, no es problema suyo, además pensé que era obvio después de lo de La Hermandad Del Mal.

Gizmo chasqueó la lengua con desgano y dijo —Pensamos que solo estabas ardida con esa vieja chiclosa de Madame Rouge, que solo querías desquitarte, no que estuvieras ahí precisamente para ayudar a esos molestos titanes.

—No soy una titán si es lo que les preocupa —replique con amargura mirando hacia otro lado.

—Claro que no lo eres, solo te acuestas con uno.

—¡AJA, BILLY YA LO DIJISTE, YA HA QUEDADO CLARO LO PROSTI QUE SOY, TE PRESTO LA COMPUTADORA PARA QUE LOS PUBLIQUES EN INTERNET, AHORA CALLATE LA BOCA DE UNA VEZ O TE VOY A…—A medida que gritaba me encamine hacia el criminal y lo tome por el cuello del traje amenazadoramente, pero antes de que pudiera hacer otra cosa una mano silenciosa se poso sobre mi hombro, diciéndome sin hablar que me calmara. Siempre Kyd Wykkyd salvándole el trasero a Billy, a quien solté antes de que se orinara en mi alfombra, vi como caía de rodillas en el suelo como la cucaracha que era y luego sacudí el hombro con elegancia para apartar la mano del chico vampírico.

Iba a llamar de nuevo a Flash hasta que me di cuenta de que había un aparato extraño en el panel y entonces caí en la cuenta de que aquello tenía la marca registrada de Gizmo por todas partes.

—¿Qué es eso? —Me precipite hacia el niño degollándolo con la mirada.

—El mismo dispositivo que usamos para abrir tu puerta, no estaba mal el sistema de seguridad, pero tenía puntos de entrada, de seguro lo instaló esa escoria virulenta de Cyborg ¿No? ─Inquirió mirándome con suficiencia.

En realidad, sí había sido él, pero jamás lo admitiría delante de esa garrapata presumida. Gracias, Cy, por joderme una segunda vez.

─Con eso se inhabilita cualquier posibilidad de comunicación, y todas las medidas de seguridad dentro de este lugar. Al principio pensamos que la pista que seguíamos era una apestosa perdida de tiempo porque entramos y solo vimos una chica dormida en la alcoba, decidimos comer algo para luego irnos, pero ya que estas aquí —apuntó con resignación.

—No pienso moverme de aquí.

—Tienes que venir con nosotros —dijo Mammoth sacando una pierna de jamón del refrigerador —Ya les dijimos a los jefes que estábamos tras tu pista, si regresamos a la base sin ti…

No termino la frase pegándole un gran mordisco al jamón.

—Nos cortaran los traseros y los colgaran como trofeos en la pared —quiso terminarla Gizmo. —No es solo por ti, ahora también sabemos donde encontrar al mentecato de Chico Flash, los jefes quieren echarle el guante desde hace mucho tiempo.

—Le hacen algo a Flash y les juro que cualquier castigo de sus jefes no será nada comparado con lo que yo les hare —Los amenace respirando agitadamente.

—También son tus jefes, Jinx —soltó Ojo sin delicadeza alguna —Se acabo el juego, ya hemos chivado a Los H.A.Y.E.P., si no vienes con nosotros ahora, ellos regresaran después cuando menos te los esperes y no tendrán contemplaciones en llamarte traidora y en deshacerse de ti y del titán —vislumbró Ojo, para que entendiera bien la situación —Ya tienen un campo de fuerza nivel cuatro con su nombre escrito.

Fin del camino, estaba totalmente jodida. Me cago en mí misma por haber pensado que este momento nunca llegaría, por haberme hecho ilusiones de que el pasado me dejaría en paz. Por haberme entregado ciegamente a las palabras alentadoras de Flash, yo no era así, yo no era una persona optimista y esperanzada. Jugué a serlo. Sabía perfectamente que todo eso pasaría en cualquier momento, y que en algún punto del camino de rosas empezaría a pisar las espinas. Por lo menos lo disfrute mientras duro. Aunque no me iba a ir así como así. Sí me llevaban sería bajo mis condiciones.

—Esta bien, no me queda de otra, iré con ustedes… —Vi que Gizmo quería decir algo, pero lo ataje de inmediato— Pero solo si me prometen que no dirán nada sobre Flash a los Altos, déjenlo fuera de esto.

—¿Y qué te hace pensar que haremos e…

—Trato hecho, tú vienes y nosotros negamos todo sobre Chico Flash —cedió Ojo, cerrándole la boca a Billy.

—Bien.

—Bien —Se limito a imitarme el resto. Como siempre.

—Esperen aquí, voy a cambiarme —anuncié haciendo ademan de irme.

—¿Y como sabemos que no vas a escapar? —preguntó Billy, colmándome la paciencia.

—Podría partirles los huesos ahora mismo, pero a diferencias de ustedes yo si tengo algo que perder si lo hago —sentencie fulminándolo con la mirada. Note que todos aun poseían algo de comida en sus manos, un emparedado o un alita de pollo y Mammoth se disponía a levantar el refrigerador para darle la vuelta sobre su boca enfureciéndome aun más.

—¿Qué es esto? ¿Un albergue de beneficencia? —Les espeté con enfado — ¡¿Vinieron a buscarme a mí o a la nevera? —Mammoth ya había puesto sus manos alrededor del refrigerador, pero yo enervada por la impotencia agarre una escoba que estaba recostada en un rincón y con el palo castigue los dedos regordetes del grandulón con un golpe seco y sonoro, como lo haría una maestra de primeria con una regla a un niño malo. —¡Deja eso! cualquiera te ve y piensa que no has comido en tu vida.

Mammoth aulló de dolor y se llevo los nudillos palpitantes y enrojecidos a la boca cual bebesote. Los demás nos miraron palideciendo y retrocediendo un poco.

—¡Ahora se me sientan ahí hasta que vuelva o la que usara sus colas de adorno en la pared seré yo! ¡ENTENDIDO! —chillé endemoniada señalando con la autoridad de mi dedo índice hacia el mueble. No fue necesario decir más, los cinco cobardes de mis "amigos" se situaron en el sofá con una velocidad comparable a la de Flash, bien sentados y viendo al frente.

—Sí, señora —gritaron al mismo tiempo.

Bufé fastidiada, en verdad nada había cambiado y yo ya no tenía nada que cambiar. Me voltea para ir a la habitación y escuche un…

"Tal vez otras alitas de pollo en salsa barbecue…"

—¡NOOOO…! —rugí haciendo temblar las paredes, devolviendo el silencio de esa manera.

Cuando estuve de vuelta en la habitación cerré la puerta a mis espaldas, aun sin poder creer lo que estaba pasando. Gelatina levantó su cabecita de la cama para mirarme confundida con ese par de limones que tenía por ojos.

Fue entonces cuando me golpeó con fuerza la idea de que nunca más volvería a entrar en ese cuarto. Nunca más.

Después de lo mucho que me costó, pero creía haber convertido eso en mi hogar. Y también empezaba a creer que yo, la mala, la equivocada, podía tener un final feliz con un héroe. Pero la realidad era que alguien tan bueno como Wally no tenía porque pasar tantas molestias por mi culpa. En la perfecta vida de un titán no había espacio para la mala suerte.

¿Saben? siempre he escuchado decir a las personas que si amas a alguien debes aprender a dejarlo ir. Cosa que me parecía una porquería sin sentido, pero ahora, que tengo que elegir entre estar con él y su sufrimiento a mi lado, solo veo una opción lógica.

Maldita sea, quería llorar, pero ¿Para qué llorar? no tenía caso llorar sobre las crónicas de una muerta anunciada.

De repente mi comunicador empezó a sonar y vi que era una llamada entrante de Flash. Al parecer a alguien se le paso cortar las transmisiones entrantes también ¿Qué tan quemados los tendrían ahora en La Colmena? Con paso pesado como de quien va camino a la guillotina agarré el pequeño aparato con dedos temblorosos, cuidando que los chicos no escucharan. Lo abrí rápido y conteste.

—Hola ─Debí gritar: Auxilió.

—Hola, Jinxie ¿Por qué no me contestaste hace un momento?

—Me quede dormida viendo la televisión —respondí tratando de que mi voz pareciera neutra. Podía escuchar el fulgor de la fiesta claramente. Esperaba que se la estuviera pasando bien.

—Casi me da un infarto, pero los chicos insistieron que debías estar bien y lo intentara luego —Su voz sonaba tan aliviada y feliz.

—Por favor quédate tranquilo —Lo regañe, pero sin ninguna severidad —Deberías dejar de llamar, en serio, estoy bien, nada va a pasar a estas horas, solo quiero dormir.

—¿Segura que estás bien, Jinxie? —preguntó juguetonamente.

«No, no lo estoy, pero tú sí vas a estarlo» dijo una voz en mi interior. Y entonces lo supe, era hora de marcharme.

En ese momento hice la única cosa desinteresada que hecho en mi vida. Cuando recordé a Flash retorciéndose de dolor punzante, agonizando bajo aquel campo de fuerza que yo misma le arroje una vez, decidí dejarlo ir. Por su propio bien.

—Segura, disfruta la fiesta, quédate toda la noche si quieres, a veces en la vida hay que divertirse, Flash —Yo ya me había divertido bastante. —Ya estoy cansada, no tiene caso que sigas llamando si voy a estar dormida y no contestare.

—Si tú lo dices, entonces le tomare la palabra, señorita —cantó dulcemente por el comunicador —La verdad es que probablemente llegue un poco tarde, así que sueña conmigo —Me indico, podía imaginarme su sonrisa del otro lado de la comunicación. —Te quiero. —susurró al final.

—Yo también —respondí con un hilo de voz antes de escuchar como se cortaba la comunicación.

Cerré el comunicador T con lentitud entre mis manos, memorizando bien ese momento. A partir de ahí Flash me detestaría una vez que se enterara de que lo había dejado. Me detestaría, como debía ser. Ya no quería seguir fingiendo, también estaba cansada.

—He aquí tu Jinx buena, la que se aleja —pronuncie pensando en lo incomprensible que era la vida. En los malditos sentimientos, en el desesperante ardor que atacaba antes del llanto ─La mala se hubiera quedado.

Me desplomé y deje que algunas lágrimas silenciosas teñidas de negro rodaran por mi rostro.

─¿Esas son lagrimas de delineador? ─preguntó Flash parado frente a mí con su sonrisa eterna, vistiendo su uniforme.

Me froté los ojos violentamente, no me hubiera molestado rompérmelos. No podía estar ahí.

─¿Por qué me mientes? ─preguntó sentándose a mi lado en el suelo.

—No nos pudimos entender, no lo pudimos vencer. ─gemí con la voz estrangulada y los ojos vidriosos.

Ningún dolor físico se podría comparar al dolor que sentía en alguna parte desconocida de mí. Wally deslizó su mano por mi mejilla para limpiarla, cerré los ojos con fuerza dejando escapar todas esas lágrimas negras agolpadas en mis ojos. Pero no sentía su tacto, y para cuando abrí los ojos él ya no estaba.

No sentía nada. No era una novia ideal, no estaba hecha para esa vida. Era una perra maldita. Y las perras malditas agente de La Colmena no lloraban. No sentían nada. Hasta ese momento nunca había sabido lo que era ser fuerte, hasta que ser fuerte fue la única opción que tuve.