Nota de la Autora: Solo dejare esto por aquí, para las almas que aun creen en mí y esperan leerme.


5

La cordial bienvenida.

Dejé el último escalón atrás y ante mis ojos tuve la nueva guarida de los agentes H.I.V.E, un antro de perdición cualquiera, nada original en mi opinión.

—¿Qué te parece? —Me preguntó Ojo, y creo que esperaba una respuesta muy efusiva de mi parte.

—Apesta a burdel y tiene poca luz —E hice como quien apreciaba una exquisita comida —Me siento como en casa.

—Me alegra que lo creas así, Jinx —dijo Billy con su pedante tono, que a medida que avanzaba la noche me hacía tener más ganas de patearlo —Pasemos a saludar a la familia entonces.

—No me toques —Lo detuve con inflexible expresión en su intento de rodear mis hombres con su brazo para conducirme por el lugar. Dio retro a sus acciones sin que tuviera que decírselo dos veces.

—Terminemos con esto, quiero un barril de cerveza y hamburguesas —manifestó Mammoth con impaciencia empujando al resto para abrirse paso y adelantarse.

Si una cosa no había cambiado durante el tiempo que estuve ausente eran las prioridades alimentarias de Mammoth, o sea, yo estaba bañada en… preocupación, por tener que enfrentar las catastróficas consecuencias de mis actos, pero eso no importaba en lo absoluto, había que apurarse porque a Mammoth se le enfriaba la comida.

Resoplé resignada y comencé a caminar siendo flanqueada por los chicos. Aquel lugar era bastante grande para ser un escondite subterráneo, la poca luz que poseía era de color morada irradiada por lámparas de neón en el techo, había muebles de todo tipo en los cuales echarse un rato, la mayoría dispuestos en círculos donde se reunían los grupos y en medio estaba la barra con la comida y la bebida. En el aire había una combinación de sudor, humo y grasa rancia que me provocaba ganas de vomitar, probablemente nadie les había dicho a algunos de los presentes que ser villano no era sinónimo de oler a basurero, en fin, no era la peste lo más incomodo de la situación, lo verdaderamente insoportable eran todos los pares de ojos que voltearon a mirarme en cuanto se percataron de mi presencia, echando un vistazo rápido vi muchas caras nuevas que por la forma en que me observaban podía deducir que habían escuchado hablar de mí, genial, soy como Lady Gaga pero pobre.

—Este sería un buen momento para que me mates —Le supliqué a Ojo en voz baja —Mientras más rápido mejor.

—Creo que eso va a estar un poco difícil, Jinx —Me dijo el ciclope, mi proposición le pareció graciosa, pero yo estaba hablando muy, pero muy en serio.

—Eres peor que traer un chicle pegado del trasero —Se quejo Gizmo incomodo con tanta atención no deseada.

Los incesantes murmullos no podía faltar, gracias a ellos mis oídos estaban a punto de estallar, me sentía como la mujer barbuda del circo solo faltaba que alguien se parará y me arrojará un tomate podrido.

—Muy bien, fue suficiente —dije y me di la vuelta para encarar a la multitud —¿Qué me ven? ¿Les debo? — inquirí de forma retadora, no me iban a intimidar tan fácilmente con ese cuchicheo barato de secundaria, no quería problemas pero tampoco estaba dispuesta a ser el blanco de los juicios de gente como yo, sin moral. —Eso pensé, continúen con lo suyo y dejen de meter el hocico donde no los llaman —culmine con una pequeña sugerencia-amenaza al ver que no había ninguna respuesta de parte de ellos.

Todos me observaron por unos segundos más hasta que finalmente volvieron con lo que hacían antes de mi llegada.

—Aun tienes el don de la palabra —Admiró Ojo sonriéndome.

—Es eso o se han reducido la cantidad de bocones por aquí —expuse para nada impresionada con lo ocurrido.

Aquel escenario solo era la calma antes de la tempestad, no interpretaba su silencio como temor, que es lo que debía inspirar un villano, porque seguramente los rumores que corrían sobre mí eran que me había convertido una delicada magnolia con corazón de malvavisco doblegada por las caricias de un justiciero, si el caso hubiera sido otro y a mí me llegaran con esa descripción de una desertora que volvía obligada y humillada (porque era exactamente así como me sentía) yo sinceramente me habría dado a la tarea de hacer su vida miserable, en esa parte estaba muy clara, conocía muy bien a mi gente y sabía que eso no acabaría ahí.

—No es que no me guste estar parado como un idiota decorando el salón pero ¿por qué mejor no se mueven y nos sentamos? —mandó Gizmo, a veces ese pequeño en verdad tenía ideas útiles.

Nos sentamos en un rincón alejado, lo bastante oscuro y decadente para mi gusto así podría auto-compadecerme en paz. El sillón tenía forma de L y era de cuero negro, frente a el había una mesilla redonda que Billy uso para poner sus pies cruzando sus tobillos, Kyd Wykkyd y Mammoth fueron a la barra y Gizmo se sentó en una orilla del sillón a jugar con un videojuego portátil.

—¿Quieres algo de comer? —indagó Ojo parado junto a mí.

—¿En serio crees que a mí ahorita me pasa algo por la garganta? —Fue mi simpática respuesta, sentada de brazos cruzados.

—¿De tomar entonces? —insistió.

Suspiré —Supongo que, desgraciadamente, un trago no me matara —contesté fastidiada pero en mi extraña lengua eso significaba "sí".

—¿Qué quieres?

—Cianuro —dije sin verlo y en un tono lo bastante despreciativo como para que entendiera que podía traerme vomito de perro en un vaso si le daba la gana y de igual manera me importaría una mierda. Ojo pareció captar el mensaje y se fue.

Billy se multiplico en dos más y se levantó a jugar a los dardos con sus clones. No terminaba de asimilar aquella situación, la cabeza me daba vueltas con tantos pensamientos que pasaban por ella en ese momento, me preocupaba el futuro, sobre todo me preocupaba Flash; no podía dejar de pensar en él, de pensar en su cara cuando descubriera lo que hice ¿Qué le diría a sus amigos? Después de todo lo que paso por defenderme, no se la puse nada fácil al pobre, pero eventualmente lo superaría, me superaría a mí, en la mejor de las situaciones terminaría odiándome, porque sé que solo odiándome podría olvidarme, estoy segura de ello, aunque suene egocéntrico de mi parte.

Nuestra situación ya era insostenible, yo le había robado su vida y la había convertido en una trágica novela, lo había convertido a él en un hazmerreir, él necesitaba una buena chica a su lado no a mí, no a una piltrafa. Entre tanto, creo que por mi parte el olvido no sería una opción, Flash tenía en su vida muchas cosas buenas con las cuales remplazarme, pero en mi vida y en mi corazón él no tenía ninguna competencia, él siempre sería lo mejor que alguna vez me paso.

—Aquí tienes —Ojo me sacó de mis cavilaciones, poniendo delante de mí un vaso desechable de color rojo.

Lo tomé y miré su contenido.

—Es rosado —Le dije de forma monótona.

—Sí, pero lamento decirte que no tiene veneno —informó él con falsa desilusión.

—Ojo ¿vas? —Lo llamó Billy para que su uniera a él y sus copias en los dardos.

—Sí, pero espero que me pagues los veinte dólares que te gane en la apuesta de ayer.

Una vez hecho el recordatorio Ojo me dejo por el juego de azar, crucé mis piernas y me acomode todavía más en el sillón, me dedique a ver como hacia girar el hielo de mi bebida rosa como si estos me fueran a dar las respuestas a las preguntas que me inquietaban.

«¿Qué harás en este preciso momento, Wally?»

. . .

—¡BESTIA! ¡BESTIA! ¡BESTIA! —gritaba la multitud eufórica en el calor de la fiesta en la Torre T.

La torre estaba abarrotada de Titanes, obvio, nadie se quería perder el cumpleaños del más alocado y chistoso de todos los héroes, Chico Bestia. Killowat hizo estallar la pista con las luces y los lasers, Hot Spot puso la pirotecnia, Bushido se encargo de la barra de sushi, por supuesto con vareados rollos vegetarianos para el cumpleañero y su amigo atlante, ya que nadie quería ver a Aqualad llorando por sus amigos acuáticos convertidos en bocadillos de fiesta. El tema era "El Carnaval en Río" y Cyborg corono como el súper radical DJ.

—¡COWABUNGA! —exclamó Bestita al arrojarse con todo y ropa a la piscina interna que instalaron en el sala para la ocasión, regalo de cumpleaños de Aqualad.

—¡PARTY PEOPLE! —gritaron Más y Menos tirándose tras Chico Bestia.

Salpicaron a varios y cuando volvieron a la superficie chocaron los cinco con el cumpleañero.

—¡WOO HOO! —aullaron todos los chicos que los siguieron al agua, entre ellos el que había hecho el obsequio; cuando Aqualad se quito la camisa, bueno, se imaginaran que muchos vestidos volaron también para zambullirse en esa piscina.

—¿Bailas, Cy?

Cyborg se encontraba subido a la tarima instalada para el equipo de sonido, las bocinas y todo lo necesario para hacer las mezclas, estaba a punto de responderle a la chica cuando de repente Abeja salió de detrás de él y le dijo.

—Atrás hermana, este cargador ya tiene donde enchufarse.

Sin entrar en más polémicas la heroína se alejo con su grupo de amigas, todas sabían que era mejor no discutir con la líder del Este.

—Que ruda —Le susurró Cyborg a la morena, con los labios muy cerca del ángulo de su cuello y abrazándola por la cadera, provocando en ella risitas de colegiala.

—¡Abeja, deja quieto a ese hombre!—Le grito Veloz del otro lado del salón.

Se escucharon risas por la broma, pero la chica lo que hizo fue darse vuelta en los brazos del mitad robot para besarlo, de espaldas a Veloz levanto el brazo y le mostro el dedo medio.

—¡Veloz! ¡Veloz! ¿Qué significa eso? —preguntaron los gemelos al mismo tiempo acercándose a la orilla de la piscina.

—Eeeh… que soy el número uno —contestó el pelirrojo rápidamente para salir airoso de la interrogante.

—Uuuuuuuuh… ¡Somos los número uno! ¡Somos los número uno! —empezaron a cantar Más y Menos, mientras se alejaban nadando haciendo la seña.

—¡PERO USTEDES NO LO REPITAN! —Los regaño Veloz de inmediato entrando al agua para perseguirlos.

—No se vale mechudo, nosotros también queremos ser número uno —Le decían los niños divertidos nadando a toda marcha para que Veloz no los atrapara.

«Luego de esto le tendré que pedir prestado un poco de gel para el cabello a Robin» pensó el arquero dando las brazadas más veloces que podía.

—Ese par es genial —reía Chico Flash de la escena. —Todavía no puedo creer que hayan metido una piscina en la sala —Le dijo a Raven impresionado.

—Si no lo hubiéramos dejado ponerla Robin y yo habríamos muerto con la presión arterial alta —vislumbro la hechicera.

Todavía martillaban en su cabeza las cuarenta chácharas de Chico Bestia sobre: "Los Titanes Este tienen una piscina interna ¿Por qué nosotros no podemos tener una también?" y "Es mi cumpleaños ¡Ustedes nunca me complacen! además de ser más encantador que Aqualad, yo me transformo en todos los animales acuáticos que existen ¡Merezco una piscina tanto como él!". Una vez que accedieron a la exigencia Raven recordó porque amaba tanto el silencio.

—Esa y otras cosas inverosímiles pasan cuando Chico Bestia hace un berrinche.

—¿Cosas como ese disfraz de plumero? —inquirió Flash conteniendo la risa.

La temática de la fiesta era "El Carnaval en Río", y a petición del chico del cumpleaños Raven y Starfire andaban vestidas como unas exóticas garotas, entaconadas con sexys trajes de dos piezas repletos de brillos, adornos y tocados de plumas coloridas. Pero la chica gótica llevaba el atuendo a su manera, viéndose muy cómica con su capa puesta, cerrada herméticamente, y solo dejando a la vista los zancos transparentes en los que estaba montada y su cabeza con la estrambótica corona de plumas, al menos le habían permitido maquillarse a su gusto para no quedar como un travesti. No se había parado de la silla en toda la noche y los comentarios de los invitados la tenían más huraña que de costumbre.

—Ríete y terminaras de cabeza en la alberca —Le advirtió Raven a Flash usando como siempre su tono inalterable y escalofriante.

Para no tener que sacar los brazos de la capa, Raven hacia flotar junto a ella una copa de Martini que contenía una bebida de color turquesa de la cual emanaba un humito gélido y estaba decorada en el borde con una cascara de limón ensortijada, eso le recordaba a Flash que la hechicera tenía como cumplir sus amenazas de forma eficaz. Robin estaba reunido con ellos y compartía con Raven la cara de pocos amigos.

—Preferiría que Star también anduviera con una capa —comentó el joven maravilla con el ceño fruncido, dándole un sorbo a su lata de soda. Por los tiempos que corrían en los que había que permanecer alerta ante cualquier movimiento de los H.I.V.E, Robin optaba por pasar del alcohol.

En ese instante la pelirroja apareció para abrazarlo fuertemente y darle un beso en la mejilla.

—¿Qué haces, Robin? Ven a bailar conmigo o como dicen en el argot terrestre "hagamos brillar la pista, viejo"—expresó Starfire cruzando los brazos sobre su pecho, haciendo con ambas manos la señal de la paz y colocando la boquita de pato.

—Sería descortés dejar a los chicos en medio de la conversación ¿verdad? —buscó apoyo en Flash y Raven.

Ellos murmuraron cosas como "es importante" o "es un tema sumamente interesante".

—¡Es la hora de bailar zumba! —anunció la alienígena con las manos arriba.

—Es samba, Star—Le corrigió su novio abochornado. —Las garotas bailan samba.

—¡Lo que sea! —contestó ella sin cambiar el tono festivo y salió corriendo agitando las manos en el aire.

Robin se golpeó la frente con la palma de su mano y luego dejo que esta resbalara por su rostro jalándole la piel.

—¿Seguro de que no quieres uno? —ofreció Raven refiriéndose a su bebida flotante.

—NO.

—Solo preguntaba —aclaró, tomando ella un trago de su copa.

El petirrojo rodo profundamente los ojos y fue a tratar de tapar un poco a su novia de las miradas que provocaban su pequeño conjunto en los invitados.

—¿Star, no tienes frío? —gritó, dejando solos a Flash y Raven.

—Claro, él le va a preguntar a la chica que andaba en minifalda por la Antártida ¿si tiene frío? —Se burló la gótica, el alcohol comenzaba a mejorar su humor —No cabe duda de porque es nuestro líder.

Su rápido amigo rió de su broma y chupo su lata de cerveza con su copa flotante.

Al otro lado de la sala otra invitada estaba llegando a la fiesta, con un elegante retraso. Cyborg, que había ido por unas bebidas mientras Abeja estaba en el baño, la recibió cordialmente dándole uno de esos grandes abrazos que solo él podía dar, luego la condujo hacia donde estaban reunidos Raven, Flash y Robin, quien había logrado que Starfire se sentara un momento a tomarse algo que no contuviera alcohol, ni azúcar.

—¡Oigan, chicos! miren quien llego —anunció Cyborg al grupo, trayendo consigo a la chica.

—¡Donna! —exclamó Chico Flash emocionado y en un dos por tres capturo en sus brazos a la heroína.

—Oh Wally, también me alegro de verte —dijo ella algo abochornada por la bienvenida tan efusiva de su viejo amigo.

Donna Troy era una Titan honoraria, mejor conocida como Wonder Girl, y amiga desde hace mucho tiempo de Robin y Flash, los tres trabajaron juntos en innumerables ocasiones. Ella andaba con su larga cabellera negra y brillante atada en una distinguida cola de caballo, un vestido de tirantes color rojo que le llevaba hasta las rodillas y acentuaba muy bien su silueta, tacones de un patriótico tono de azul y pendientes en forma de estrellas, en sus manos traía el obsequio de Chico Bestia envuelto delicadamente.

Una vez que el pelirrojo la deposito en el suelo nuevamente fue a saludar a los demás, empezando por el líder Titán.

—Hola, Dick ¿Cómo estás? —preguntó amablemente.

—He estado mejor —Fue la vaga respuesta de Robin mientras le devolvía el saludo del beso en la mejilla.

—Anímate, una conspiración mas, una menos, es parte del trabajo —minimizo la ojiazul como si estuviera hablando de una banalidad. —¿Qué tal, Starfire? ¡Uy, que linda andas! —La halago fijándose en su deslumbrante disfraz.

Minplins guserlut tur lidium —respondió la pelirroja con una gran sonrisa.

—Ah… —Wonder Girl no encontraba que responder a eso.

Cyborg le susurró algo al oído de Robin y este le dijo a la pelinegra —quiso decir que gracias y que también estás bonita.

—Gracias Cyborg —El moreno le devolvió una sonrisa bonachona.

—Hola Raven.

—Hola. —saludo la hechicera, sin desvivirse mucho.

—Eso se ve bien —manifestó la recién llegada con una picara sonrisa.

—Te preparare uno —Le comunicó la garota encapuchada, levitando fuera de su asiento para ir detrás de la barra con Cy.

—¿Y dónde está el cumpleañero? —indagó Donna por el motivo que la había llevado a aterrizar en la Torre T.

Al escuchar preguntar por él, Chico Bestia salió de la piscina tomando forma de sabueso para sacudirse bien el agua, una vez seco fue hasta Donna sin volver a su forma humana, esta lo acaricio y le sonrió al ver sus ojos de perrito enamorado.

—¿Qué tal, cachorrito? Feliz cumpleaños —Lo felicitó y deposito un besito en su cabecita perruna.

—Graaaciass —suspiró Bestita sumamente contento.

—Te traje un regalo —canturreo Donna mostrándole la caja al muchacho verde, quien la vio como un can cuando le muestran un juguete.

—¡REGALO! —exclamó, olvidando toda su ensoñación con Wonder Girl tomo su obsequio rápidamente y estaba a punto de rasgar el envoltorio hasta que una energía oscura se lo quito de la manos.

—No, no, no —Lo regaño Raven volviendo rapidamente. —Te dije que los regalos se quedaran en tu cuarto hasta que termine la fiesta, luego los podrás abrir —Le recordó y acto seguido abrió un portal por donde mando el regalo a la recamara de Chico Bestia.

—Ay, déjalo —trató de disuadirla la chica maravilla.

—Tú no eres la que tendrá que limpiar después —replicó la maestra de la magia sin dejar espacio para la discusión.

La reprimenda de la hechicera hizo que Chico Bestia volviera enfurruñado a atender a sus demás invitados, encorvado, con el ceño fruncido y murmurando como un niño enojado «No hagas esto, no hagas aquello, es mi cumpleaños y ella ni siquiera puede usar bien el estúpido disfraz, no la mataría enseñar un poquito de piernas».

Donna al escuchar los murmullos del verde soltó una risita y se dirigió a Robin —Hablando de piernas, me extraña que estés tan aguafiestas con tanta piel a la vista y a tu disposición —Le dijo al petirrojo de forma que solo él oyera, refiriéndose a Starfire.

Disimuladamente el pelinegro le indico que hiciera silencio.

—Oh, como solíamos divertirnos —suspiró la chica saboreando sus recuerdos.

Ante ese nostálgico comentario Robin esbozo una sonrisilla de medio lado que Wonder Girl imitó con complicidad.

—Aprecio mucho al chiquitín verde, pero bien mi regalo podía haberle llegado por correo desde Washington, así que dime ¿Cuál era tu insistencia, Grayson? ¿Para qué necesitas a esta chica? —interrogó la chica yendo al grano, muy recelosa de que Robin la sacara de sus ocupaciones solo para que fuera a una fiesta en su casa.

—Pueees —habló el líder Titan haciéndose el desentendido —Pensé que encontrarías a alguien más, aparte de mí, con quien recordar viejos tiempos. —expuso inocentemente.

Donna puso los ojos en blanco al comprender a que se refería su amigo, que de inocente no tenía ni un pelo engomado. Su actual forma de trabajar lo había vuelto remilgado, no idiota.

—¿Por qué me pides que excave en un poso tan hondo? —inquirió ella usando un tono de cansancio ¿Era que acaso a Robin le producida placer torturarla? —Yo ya no puedo, viejo.

—¿Desde cuándo te rindes con tanta facilidad? —La reto el chico maravilla mientras Star jalaba de su manga insistiendo que fueran a bailar —En un minuto, linda —La contuvo brevemente. —Si no te apetece, puedes disfrutar de la fiesta igualmente.

Y luego de dejarla con esa frase, saco a su chica a bailar para complacerla. Donna se quedo sola, cavilando sobre la obsesión de Robin por tener las cosas bajo su control y su capacidad para lograr que los demás le cedieran ese poder, pero él la conocía muy bien y sabía que ella iba a tomar la oportunidad, aunque en su interior estaba consciente de que ese Titan se traía algo más grande entre manos que un simple paseo por la nostalgia.

Exhaló con resignación y se dio la vuelta para posicionar la mirada en su objetivo, relamiéndose mentalmente por lo atractivo que se veía Flash en esa ocasión «Bueno, él siempre se ve estupendo» pensó siendo sincera y considerando que "esa tal Jinx" no tuvo una buena idea al dejar salir así a su presunto novio.