Sé lo que pensaron: Esta mujer se volvió a perder ¿Por qué volvimos a caer en esto?. Pues aquí estoy linduras de poca fé.

Primero que nada, muy agradecida con los lindos comentarios de Temperance-Sunlight, Coockie y Cin Cin Sin.

Y quiero recomendarles si son amantes del Flinx o simplemente de las buenas historias, el nuevo fic de Coockie - Cartas al Destino, reiran hasta morir, lloraran otro tanto, y puede que hasta reflexionen un poco.

Sin más que agregan: ¡Disfrutenlo!


7

Se esfuma tu amor.

Respira.

El aire entro a mis pulmones con tanta violencia que lo sentí lacerarme la garganta. Estaba helado, mi exhalación tenía cuerpo propio. Abrí los ojos estirándolos a todo lo que daban y sentí el frío de la atmosfera resecarme las corneas; simplemente un despertar doloroso.

«¿Dónde estoy?» pensé con desesperación sin saber hacia donde dirigir la mirada.

Una sensación de incertidumbre terriblemente familiar me invadió de inmediato.

«─¿Quién eres?

Agente Jinx, Codigo: 8X13N»

Las figuras con capucha, las voces, el frío; esas imagines y sonidos que llevaban años agolpándose en mi cabeza una y otra vez atormentándome, como un tráiler gore de mi vida.

«─No… ─lloriqueé, estaba perdiendo el control ─¡FLASH!

¡Jinx, detenté! ─Me rogó Gizmo tratando de acercarse a mí, pero mi poder no lo dejaba ─¡Harás que te lleven!»

─Gizmo me lo advirtió ─mascullé, mis labios estaban tan resecos que fue más que incomodo gesticular.

Entre tanto frío un cálido alivio se alojó en mi pecho al darme cuenta que podía recordar. Aquella no dejaba de ser una escena aterradora como las pasadas, pero al menos esta vez no me sentía fuera de mí; drogada o desorientada. Bueno, tal vez solo un poco desorientada. Pero sabía quien era y como había llegado ahí, eso ya era ganancia.

Una vez que recuperé el control de mis pensamientos ubiqué que estaba tendida en el piso de una especie de celda ¿Cuanto tiempo llevaría ahí? El gélido metal de la superficie me quemaba la mejilla así que me incorpore de golpe, mala elección, sentí una punzada en la cabeza como si una flecha la estuviera atravesando.

Traté de llevarme las manos al cráneo para calmar el dolor y fue entonces cuando noté que estas eran presas de unas grandes esposas que las cubrían por completo. Entre en pánico y empecé a golpear mis ataduras contra la pared de la celda, pero fue inútil.

Después de solo unos segundos estaba exhausta, era difícil respirar con la baja temperatura y no logre hacerles ni un rasguño a esas cosas. Estaba atrapada, nuevamente sería castigada por mis errores, que no eran tantos en mi historial pero sí lo suficientemente memorables. Me recosté de la pared como un animal malherido y me deslice por ella hasta parar nuevamente en el suelo.

─No entiendo la fascinación por estas estúpidas luces ─rezongué, ese violeta neón invadiéndolo todo me provocaba ganas de vomitar.

Golpeé la parte posterior de mi cabeza varias veces contra la pared, al principio suave pero poco a poco fui aumentando la intensidad hasta que un trancazo violento me sacudió por completo.

─Wally ─susurré, una gotita de sangre resbalo por mis labios resquebrajados ─La Torre, los chicos… Cheshire.

«─No me iré sin Roy.»

Cuando la razón decide rendirse; ese desgraciado que late anárquicamente en el pecho es quien dice que hagas un último intento. Y no podía culparla por aferrarse a tan hermosa mentira para mantenerse cuerda, aunque todos sabemos que prometer es perder por adelantado.

─Nunca hagas promesas que no puedas cumplir ─suspiré al recordar su cuerpo tendido sobre un charco de sangre, esa imagen me carcomía, sentía que todo había sido mi culpa, aunque desde un principio ella dejara muy en claro a lo que estaba dispuesta. ─Si tan solo me hubiera quedado en la cama, si tan solo no hubiera abierto la puerta… ¿POR QUÉ NO PUEDO HACER NADA BIEN? ─grité y volví a estampar la cabeza en la pared.

De golpe me encontraba nuevamente en el departamento. Uno de esos días terribles, incluso, me atrevería a decir que el peor. Flash llevaba diez días fuera, rastreando una pista, o qué sé yo; más de la basura en la que se habían convertido nuestras vidas. Lo único que sabía era que llevaba diez malditos días encerrada sin que él se comunicara. Sin que nadie diera señales de vida. ¿POR QUÉ COÑO NADIE DECIA NADA? ¿Los mataron? ¿Yo era la siguiente en morir? ¿O acaso creían que yo era un perro? Al que le dejaban agua, comida y la ventana un poco abierta para que no se asfixiara.

Había días en los que solo quería hacer callar a los Titanes, porque su charlatanería heroica me provocaba jaqueca. Pero, como todo en mi vida, nada se coordinaba para darse de la forma que yo esperaba. Habían escogido los peores días para su mutismo, y su perdida en acción más mi completo aislamiento fueron las gotas que colmaron el vaso.

Mi pesar inexplicable llevaba conmigo desde que regresamos a Jump City, alimentándose de esas horas en completo silencio en las que no sabía qué hacer conmigo. A veces pensaba que era el karma burlándose de mí por pensar que podía hacer como si mi antigua vida nunca hubiera existido y salirme con la mía. Pero viendo hacia atrás reconozco que yo jamás había estado sola, ni siquiera cuando lo estaba. Toda mi vida, o la parte que puedo recordar de ella, siempre estuvo programada por alguien más. Siempre estuvieron los chicos, amigos y no tan amigos. Siempre hubo alguien escudriñando mis pensamientos. Pero la soledad de Jinx era un concepto completamente nuevo para mí, y odiaba no poder soportarla como era debido ¿Qué hacían las personas comunes cuando estaban tan tristes?

Tomé el cuarzo rosado que adornaba mi mesa de noche y lo aventé contra el espejo de la peinadora, rompiéndolo en mil pedazos ¿Qué eran siete años más de mala suerte en mi vida de mierda?

Empecé a buscar que más podía destrozar, cuando de repente lo escuché. La puerta, la maldita puerta de seguridad se había abierto.

─Jinx ─Flash entró al cuarto como una exhalación sin poder dar crédito a sus ojos. Y obviamente ya había visto las condiciones en las que se encontraba el resto del apartamento, la habitación era la cereza del pastel. ─Por Dios ¿Qué paso? ¿Te encuentras bien?

Su tono demostraba una genuina preocupación. Su mirada interrogante estaba fija en mí a la esperaba de una respuesta. Increíble, no tenía ni un puto rasguño, ni un moretón visible que apaciguara las ganas que tenía de matarlo con mis propias manos en ese instante.

─¿Qué como me encuentro? ─repetí con la voz estrangulada, pero de la rabia.

Esa intriga en sus ojos había agarrado un tinte de temor muy disimulado, pero yo también estaría asustada si fuera él, porque yo parecía una completa demente, razón de peso por la que rompí todos los espejos del lugar. El rímel corrido, despeinada, sudada; no recordaba la ultima vez que me había dado una ducha o quitado la pijama. Que crimen había cometido contra mí misma, pero todo era su culpa.

Agarré el primer adorno que tuve a la mano, para que se arrepintiera de haber comprado tantas baratijas decorativas, y se lo lance, e hice lo mismo con todos los demás.

─Jinx ─Esquivó uno ─¡Detente! ─Se libró del siguiente ─¡JINX, BASTA!

Se escuchó el crujido del concreto y sus huesos cuando lo hice colisionar en la pared con mis poderes. Un rayo que se llevo la poca energía que me quedaba, mi apetito había desaparecido por completo esos días, me sostuve de la peinadora para no caerme mientras intentaba recuperar el aliento.

─Quiero que sientas, al menos un poquito, del maldito dolor que yo estoy sintiendo ─vociferé abrazándome a mí misma con el brazo libre.

Era una maldita sensación que no lograba alejar. Que no lograba comprender. Como si un fantasma me persiguiera, y no me dejara dormir, ni comer, ni sentir tranquilidad a menos que él estuviera cerca ¿Cómo se atrevía a hacerme eso después de ser él quien prometió estar ahí? Y aunque sabía que esa pregunta era un absurdo no podía sacarla de mi mente.

─¿Qué demonios me pasa? ─solté la incertidumbre entremezclada con el llanto incontenible.

Últimamente no podía parar de llorar, parecía una maldita Magdalena. Y era incapaz de dejar de sentirme peor.

Wally salió del molde perfecto que había quedado de él en la pared, lo escuche quejarse y eso me reconfortó un poco. No era justo que apareciera tan campante e ileso mientras yo vivía un infierno.

Y esperaba que me gritara con todas sus fuerzas, que me reclamará, y me dijera que estaba loca, y que él estaba más loco aun por haberse involucrado con alguien como yo. Entonces yo podría gritarle que era un imbécil. Y así, con algo de suerte, el mundo tendría sentido otra vez.

Se quitó las mascara y los guantes, camino hacia mí y sostuvo mi rostro entre sus manos, examinándolo.

─No me toques ─amenacé y lo empuje, pero rápidamente volví a sostenerme del mueble.

─Jinx ni siquiera puedes mantenerte en pie, déjame ayudarte.

─¿Ayudarme? ¡Ayudarme! estoy así por tu maldita ayuda, todo esta basura es por ti. ─grité llena de resentimiento estampando mis puños en su pecho varias veces, las lágrimas salían solas sin acompañar la ira de mi expresión ─Nunca debí hacerte caso ¿Este era tu maravilloso plan? ─grité abriendo mis brazos ─Que siguiera tu entrepierna hasta acá para luego abandonarme cuando te viniera en gana ¡DIMELO!

─¿De qué estás hablando, Jinx? Yo no te he abandonado, aquí estoy. ─habló mirándome con desconcierto pero utilizando un tono severo.

─¿En serio? ¿Te dignaste? ¿Te acordaste de cambiarme el agua? ─Ya no sabía lo que decía. Solo sabía que estaba enojada con alguien, y él era el único que estaba cerca para descargarme. ─¡Me dejaste en la nada, Wally! ─No estaba hablando solamente de ese incidente, quería abarcarlo todo, restregarle en la cara que lo estaba haciendo todo mal. O podían ser las expectativas irreales que solía poner en las persona atacándome nuevamente. ─¡Y tuve que hacerlo todo yo sola! Siempre tengo que hacerlo ¡Estoy cansada de tener que hacerlo todo yo sola! ─Sí, definitivamente estaba cansada de hacerme cargo de mí misma.

¿Saben por qué? Porque era agotadora. Y entendía que él no podía estar a mi lado las 24 horas, pero igual le eche este muerto sin importarme nada, yo necesitaba un descanso.

Me sentía como una traidora, y además me sentía traicionada. Y no quería lidiar con nada de eso, quería volver a Paris y atascarme de chucherías en un diván.

Wally se quitó el uniforme, y se quedo en short y guardacamisa ¿Cómo podía estar tranquilo compartiendo la habitación con una potencial asesina?

─Jinx, no podíamos comunicarnos, hubiera sido perjudicial para la misión dar indicios de nuestra posición ─Me explicó con calma, fatigado, sentándose en la orilla de la cama, ignorando que el colchón estaba desnudo y lleno de rasgaduras por las cuales se asomaban los resortes y el relleno. ─Pensé que lo entenderías. ─dijo al final frotándose el cuello.

─¿Te duele?

─Un poco. ─respondió sonriéndome con tristeza. ─Jinxie, deseo tanto como tú que esto termine, solo quiero protegerte, y que en algún momento podamos tener una vida normal, o tan normal como personas como nosotros pueden tenerla.

─La gente como nosotros no puede tener una vida normal, Wally ¡NO SOMOS NORMALES! ─Le tiré en la cara cruelmente para romper su burbuja ─Y lo lamentó.

Dirigió sus ojos dolidos hacia mí, mirándome con nostalgia, apostaba que quería decirme que no tenía nada de que disculparme, pero le indique con la mano que no me interrumpiera.

─Lamentó haberte hecho caso.

─¿Qué? ─inquirió sorprendido.

─Sí, lo lamentó, porque no tienes idea, no te importan los sacrificios que hice ─confesé egoístamente ─De las cosas a las que renuncié, los pedazos de mí que di para ti ¡NO HE HECHO NADA MÁS QUE PELEAR POR TI! lo menos que puedes hacer es aparecer ¿Entiendes?

Listo, lo dije, solté el veneno que tenía atragantado desde hace meses en la maldita garganta. Porque estaba harta de todo y todos.

Wally endureció la mirada, lo había logrado. Él se había agachado a darme la mano para sacarme del fango pero lo que yo quería era que se hundiera conmigo.

─Yo podría decir lo mismo, Jinx. ─retrucó en un susurró desconsolado mirando al suelo, sin ganas de discutir ¿POR QUÉ MIERDA NO ME GRITABA? ─No tenía idea…

─Es que nunca tienes idea de nada, para ti todo es perfecto. ─Hice un ademan pomposo y exagerado como si mostrara un vestido fabuloso. ─Me siento perdida, asustada, siento que desaparezco ─chillé llevándome las manos al pecho y apretando con fuerza la tela de mi camisa como si intentara mantenerme en ese lugar ─ Ya no sé quien soy o como llegue aquí, extraño a quien solía ser ─reconocí ─Quiero volver a tener un hogar ¿Sabes? Buenos amigos o por lo menos el tipo de amistad en la solíamos creer.

Creo que estaba hablando más conmigo misma que con él. En realidad estaba avergonzada de admitir que extrañaba mi antigua vida. Pero él no tenía manera de saber como me sentía sino se lo decía, aunque seguramente había mejores formas de abordar el tema.

De repente sentí como Flash me envolvía suavemente entre sus brazos, y ya no quería alejarlo, me había vaciado por completo y necesitaba que alguien me sostuviera.

─¿Me vas a echar? ─indagué monótonamente.

─No.

─¿Por qué? ─Estaba dispuesta a patearlo en las pelotas si me respondía una cursilería.

─Porque prefiero que la legión del mal nos mate ahora mismo, en esta posición, a escucharle decir a Dick: Te lo dije.

Pude sentir como se reía con la barbilla apoyada sobre mi cabeza.

─Eres un idiota ─repliqué exhausta, dejando que él izara su bandera blanca ─Pero respeto lo de soportar una horrible convivencia con una loca solo por orgullo.

─No puedo creer que pienses que tus amigos eran buenos. ─Soltó incrédulo.

«¿En serio, amigo? ¿Eso es lo que no puedes creer de todo lo que acabo de decir?» habló una voz sarcástica en mi fuero interno.

─No, Wally, ellos eran nefastos. Eran tontos, vagos y apestosos. ─respondí sin ninguna emoción, con la cabeza apoyada en su pecho, luego suspiré ─Pero eran mi familia, donde yo podía ser nefasta sin sentirme mal por serlo.

─Sabes que las familias quieren lo mejor para sus miembros ¿Verdad? ─Me dijo, supuse que en plan: Los verdaderos amigos quieren que sus amigos sean felices. Pero yo no tenía manera de verificar eso.

─No, en nuestra familia esperábamos a que alguno tropezara para reírnos. ─expliqué recordando aquello con una sonrisa.

─¿Y no crees tener un hogar aquí conmigo? ¿Ser una titán algún día?

De entrada no supe que responderle, por un lado acababa de gritarle en su cara que era un cretino y que maldecía el día de su nacimiento. Bueno, así no, pero lo pensé. Sin embargo, por otro lado, en mi vida nadie se había preocupado tanto por mí como lo había hecho él. De eso no había dudas, no quería sonar ingrata. Y siendo aun más honesta, pertenecer a los Titanes no era algo que me quitara el sueño.

─Jinx.

─¿Qué?

─Tengo hambre.

Lo miré rápidamente con mis ojos saltones e irritados del llanto, hasta que finalmente dije ─Yo también, pero hice explotar el refrigerador porque no había pudin. Así que eso sumado a que te acabo de bañar en mierda, hablando seriamente, entendería si quisieras dejarme en una canasta frente a la puerta de Los H.A.E.Y.P.

─Con una nota que diga: Sean amables con el monstruo.

Entonces ambos reímos. El mejor sonido de todos después de tanto silencio.

─Oye, tengo una idea. ─anunció contagiándome con su singular alegría. ¿A quien no le gustaría tener siempre cerca a alguien así?

En un dos por tres, me cargó y me dejo en la cama. Hubiera preferido que no lo hiciera porque quede completamente mareada, y un resorte me pullo una nalga.

─Flash ¿Crees que puedas traer un colchón nuevo a esta hora? Te aseguro que si te lo robas nadie lo va a notar ─grité esbozando una tonta sonrisa malvada.

─Cierra los ojos. ─Me indicó cuando regresó con las manos tras su espalda.

─¿O si no qué?

─Por favor. ─rogó fastidiado.

Entonces los cerré, sentándome en piernas de chino con las manos abiertas en mi regazo. Sentí que depositó algo peludo y tibio en ellas.

─Ábrelos.

La pequeña bolita de pelos negra me observó con sus enormes ojos verdes y maulló, como si me estuviera saludando.

─Un gato ─Le dije observándola de vuelta ─Me trajiste un gato negro, como para mejorar las vibras por acá ¿Eh? ─comenté irónicamente.

─Es muy linda, igual que tú. ─argumentó rascándole la cabecita.

─¿También la recogiste de un callejón?

─¡Jinx!

─¡Flash! ─devolví imitando su tono de falsa indignación ─La ultima vez que revise aun no era una solterona de 40 añ0s ─Nótense que emplee el termino "aun". O sea, que no descartaba la posibilidad.

─Pensé que una mascota sería una buena compañía, y Gelatina es perfecta para ti.

─Wally, jamás he intentado mantener vivo a otro ser aparte de mí, viste como deje el apartamento ¿Cierto? No sé si pueda cuidar de Gelatina.

Entonces en su rostro se extendió una sonrisa triunfadora.

─¿Por qué sonríes así? ─pregunté al ver que repentinamente parecía un retrasado mental.

─La llamaste por su nombre.

─Oh no. ─bufé rodando los ojos.

─Oh sí.

«Miau»

─Tú no te metas ─dije señalándola con mi dedo acusador, el cual ella mordió con sus pequeños dientes.

Luego me puso las patitas en la barriga y levantó la cabecita para olfatearme.

─Mírala, reconoce a su mamá.

─¡De eso nada! ─rebatí conmocionada. ─Amigas, podemos empezar siendo amigas, Gelatina ¿Por qué Gelatina? ─indagué mirándolo con desagrado mientras sentía como la gata jugaba con la tela de mi pijama ─Basta ─Le ordené distraídamente tratando de que no abriera un agujero en la prenda, que podría estar apestosa pero seguía siendo de un buen algodón.

─Lo vi en sus ojos.

─Bueno, ¿Ya qué?, tendremos que trabajar en esta relación ─Le dije tomándola por su barriguita y colocándomela frente al rostro. Ella respondió poniéndome las patitas en la cara, eran como suaves almohaditas.

─Cuidado te rasguña.

─Traicionera, nos llevaremos bien ─Auguré un excelente futuro mientras le acariciaba la cabeza. ─Bien, joven, ahora tienes una familia que mantener, así que consigue comida antes de que sacrifique al animal. ─Amenacé poniendo a Gelatina en su cara, y lo mejor fue que maulló, era como si fuera parte de la conversación, me encantaba. ─Y un colchón nuevo.

─Para ser una Hechicera de la mala suerte; tienes mucha suerte de que haya ganado la lotería, mi papá no es Batman para estar sacando muebles a cada rato ─bromeó.

Lo miré haciendo un puchero, ahora colocando a Gelatina junto a mí era aun más convincente.

Se colocó sobre sus rodillas y besó mi frente. ─Todo va estar bien.

Sabía que se refería a todo lo demás.

─Solo mantente cerca ¿Okey? ─Le pedí con sinceridad, dejándole ver lo vulnerable que me sentía. Creo que estaba por venirme el periodo.

─Okey.

─Ahora ¡TRAE COMIDA! ─exclamé sorprendiéndolo cuando arrojé a la gata sabiendo que él saldría disparado a atraparla. Le advertí que no sabía mantener seres con vida.

─¡JINX, NO! NO ES UN FRISBEE.

Escuché mi risa convertirse en un lejano eco en mi cabeza a medida que la luz ultravioleta volvía a ocupar mi atención y nuevamente sentía que había sido abandonada en la tundra.

Jinx…

Un débil susurró llego hasta mis oídos, lo tomé como una soga para acabar de volver a la realidad.

¿Eres tú?

─Por supuesto ─contesté sin tener muy claro a quien, mis dientes castañearon, tenía que arriesgarme dadas mis circunstancias. ─¿Dónde estas? ─pregunté al vacío.

─Del otro lado del cristal ─Me instruyó la voz con dificultad, como si le costara hablar.

Me levanté como pude y caminé hasta la vitrina que nos separaba, usando mi hombro derecho limpie la superficie empañada para intentar ver al otro lado.

─¡Veloz! ─No lo podía creer, estaba vivo.

Bueno, casi. Por fortuna recordaba bien su rostro. Le habían afeitado la cabeza y vestido con un kimono clínico color violeta, el hundimiento de sus ojos delataba su delgadez de prisionero, estaba sin calzar y con un monitor esposado a su tobillo.

De inmediato volví a recordar a Cheshire y mis ojos se entrecerraron con pesar.

─Sí, Jinx, soy yo ─afirmó respirando con dificultad. ─Por fin llego el día ¿Hubo muchas bajas? ─inquirió preocupado acercándose al cristal para verme mejor.

─No lo sé, no estuve ahí. ─No tenía el valor para decirle cual era la única baja que estaba en mi conocimiento.

─Entonces ─Un quejido de dolor interrumpió su cavilación ─Wally logró mantenerte por fuera. Yo quise hacer lo mismo ¿Sabes? Alguien me dijo que eras de fiar. ─compartió componiendo una sonrisa que sentí como una patada en el hígado.

─Tuve una pelea, me paralizaron con algún tipo de arma y desperté aquí ─expliqué rápidamente.

─Estamos en aislamiento, estos meses solo me han sacado para husmear en mi cerebro ─dijo colándose el puño en la frente, cerrando los ojos con fuerza contorsionó su rostro en un gesto de dolor. ─Pero he intentado mantenerme lo suficientemente atento para espiarlos a ellos también. Es nuestra oportunidad de escapar, mientras todos los agentes están ocupados en el operativo. No creen que yo sea una amenaza, pero no contaban contigo. No debieron traerte aquí, no era lo que él quería.

─¿Él? ¿A quién te refieres?

─Solo sé que es el jefe ahora, nunca he logrado ver su rostro ─admitió decepcionado de sí mismo. ─Esto no han sido precisamente unas vacaciones.

─Puedo imaginarlo, créeme ─concordé con amargura.

─Sea cual sea su plan, tú eres una parte importante, necesitan tus poderes.

«¿Mis poderes?» Las palabras de Veloz hicieron ruido en mi cabeza. En el pasado los maestros estaban más interesados en que aprendiera tácticas de combate como un soldado más, nunca pusieron especial interés en mi magia.

Mi magia, tal vez esa era la clave para salvarnos.

─Bueno, sea lo que sea, Veloz, vamos a darles un poco de trabajo extra ─señalé sonriendo de lado.

─No tenemos mucho tiempo, ya deben de estar colocando a los chicos en las capsuladas. ─Me apuró el arquero.

─Calma, no necesitamos tanto ─argumenté recordando que Cheshire había usando esas mismas palabras, era hora de terminar el trabajo, y supuse que preguntar a qué se refería con las capsulas no me iba a agilizar las cosas. ─¡Diablos, no siento las manos!

─Las esposas neutralizan la sensibilidad bloqueando tus nervios.

«Bien, saber eso me sirve para nada y un coño» cavilé hastiada.

─Sino podemos usar las manos, tendremos que ser poco ortodoxos ─expuse moviéndome por la celda, detallándola. ─Voy a sacarnos de aquí.

─¿Cómo? ─preguntó con curiosidad, ansioso por ser libre.

─Obsérvame.

Mi particular elección de calzado, aparte de ser un bonito accesorio, también fungía en una tarea de contención; el grosor de los tacos no estaban destinados al pool dance como la mayoría de degenerados pensaba. Veloz miraba como me deshacía de ellos, algo roñeros en principio pero lo logre ¡Y sin manos!.

«¡Mierda, que frío!» chillé en mi fuero interno cuando mis pies estuvieron en contacto con el suelo.

─Hace tiempo que no hago esto ─manifesté recordando con intranquilidad que hace unos momento había sufrido un pequeño desajuste en mis poderes.

─Estoy tan desesperado por salir de este lugar que no me importaría que lo hicieras estallar.

─Es bueno escuchar eso, porque… Soy un poco más destructiva de los que parezco ─confesé iluminando mi mirada.

Dibuje un círculo de energía usando la punta de mi pie derecho manteniéndome en eje con el otro, y luego salte dentro de el asegurándome de pisar firmemente liberando una onda expansiva que fue agrietando poco a poco el suelo, oxidando el metal y por ultimo hizo trizas los cristales. Veloz se cubrió para que los vidrios no lo hirieran.

Como era de esperarse, al destruir la celda de ese modo una alarma empezó a sonar de forma estridente.

Veloz tomó del suelo una escoria de maquinaria que uso hábilmente como llave para liberarme de las esposas, y con mis manos libres use mis poderes para arrancarle el monitor que llevaba en el tobillo.

─Vamos ─indicó agarrándome de la mano para que lo siguiera.

Nos escabullimos por un angosto pasillo al final de las celdas y llegamos a una puerta que Veloz logró abrir de la misma forma que me quito las esposas. La puerta daba a unas escaleras que iban en subida, él volvió a trabar la entrada y subió corriendo por estas mientras yo lo seguía de cerca.

La luz ultravioleta parpadeaba con fuerza y aun podía escuchar el eco de la alarma.

No sé cuantos pisos ascendimos pero estaba cansada de correr, me detuve a tomar aire.

─¿A… a donde vamos, Veloz?

─Al laboratorio ─respondió con una seriedad sepulcral.


─Cyborg, por favor responde ¡CYBORG! ─gritaba Abeja haciendo acopio de las fuerzas que le quedaban para apartar el montón de escombros que habían caído sobre el mitad robot.

Estaba sucia, con la ropa arañada, llena de heridas cubiertas por tierra y sangre seca, y una mejilla inflamada. Había sido una masacre. Y Cyborg la salvo de ser aplastada cual insecto luego de que esos desgraciados hicieran colapsar el techo de la Torre T.

─ABEJA.

─¡ROBIN, POR AQUÍ! ─avisó aliviada de escuchar la voz de alguien.

El lugar había quedado como un campo de guerra sin sobrevivientes. Nuevamente el hogar de los jóvenes había sido ultrajado brutalmente.

─¿Te encuentras bien? ─indagó un preocupado Robin al llegar hasta ella, alarmado por todo el caos que acababan de vivir y compartiendo el aspecto deplorable de la líder del Este. Su hinchado ojo derecho provocaba un bulto bajo el antifaz.

─Eso qué importa, ayúdame a sacar a Cyborg de aquí ─exigió la morena restando importancia a cualquier atención medica que necesitara en ese momento.

Robin asintió sin titubear y empezó a arrojar rocas fuera de la pila.

─¡CY! ─llamó con todas sus fuerzas ─Vamos, amigo, di algo. ─rogó esperando que estuviera bien.

Luego de unos minutos cavando Abeja logró ver algo.

─Oh, por Dios, Cy ─dijo con la respiración entrecortada por el cansancio y la conmoción. ─Robin, ayúdame a apartar esta roca.

De inmediato el líder Titán utilizo su vara retráctil para palanquear la enorme roca que cubría a su amigo.

Cuando por fin lograron sacarla de en medio vieron como Cyborg yacía inconsciente, su armadura que normalmente era de un brillante color azul se encontraba apagada y echando chispas por las articulaciones. La batalla lo había dejado en mal estado, pero el derrumbe lo terminó de desactivar.

─Cyborg ¿Me escuchas? ─vociferaba Robin colocando sus manos a los lados de la cabeza del moreno.

Nada.

─¡Apártate, Robin! ─Le ordenó Abeja.

Y sin esperar que este acatara lo hizo a un lado para abrir el compartimiento central del chico robot, en donde solía recargar su celda de poder encajo sus dedos y sin pensarlo dos veces hizo fluir de sus manos una poderosa descarga eléctrica.

─Abeja, ten cuid…

─¡Sé lo que hago! ─exclamó seriamente.

Después de unos segundos el cuerpo de Cyborg se estremeció como los autos cuando les cuesta encender y su ojo bionico se ilumino nuevamente, pero lo más importante, su ojo humano se abrió y él tomó una gran bocanada de aire cuando despertó.

Sobresaltado, como alguien que acaba de ser electrocutado.

─¡Cyborg! ─celebraron los lideres al unisonó al verlo responder.

─Hey, despacio, acabo de ser aplastado por dos toneladas de concreto ─Se quejó del alborotó, pero al menos conservaba el sentido del humor.

Abeja sonrió y le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse mientras Robin sujetaba su otro brazo.

─Vaya forma de terminar una fiesta ─apuntó Cyborg cuando logró ponerse en pie, observando como habían destrozado su hermosa torre. ─Oh, viejo, acabábamos de comprar ese sofá ─Se lamentó por el mueble en el que obviamente hicieron estallar algo… o a alguien.

─Realmente no es la decoración lo que más me preocupa en este momento ─señaló Robin devolviendo la sensatez a la situación.

─Hasta ahora parece que somos los únicos que no lograron capturar ─evidenció la chica mirando a su alrededor con la esperanza de que alguien más diera señales de vida.

─Excelente, como si esos sujetos no me hubieran fastidiado ya bastante ─gruñó recordando de forma poco grata su trayectoria con los de La Colmena.

De repente la puerta que bloqueaba la entrada al living voló por los aires aterrizando a pocos metros de ellos, haciéndolos adoptar posiciones de combate instintivamente.

Pero quien irrumpió fue Raven, para su sosiego, con una apariencia muy parecida a la que le había dejado Slade después de visitarla en su cumpleaños infernal.

Había perdido su capa junto con los tacones transparentes y el ridículo tocado de plumas de su disfraz de garota. Quedando al descubierto el bañador de lentejuelas que trato de ocultar toda la velada, solo que ahora estaba rasgado y polvoriento, pero lo que más llamaba la atención de su aspecto era que traía el cinturón de Chico Bestia surcando su pecho como una banda de concurso.

─Ahora mismo vas a decirme a dónde se llevaron a mis amigos ─amenazó lanzando con sus poderes a alguien dentro de la estancia.

El sujeto reboto por el suelo hasta que impacto contra los restos del derrumbe emitiendo un agónico quejido.

La hechicera levitaba hacia su victima cegada por la ira, y Robin sabía que en ese estado su compañera era más peligrosa que eficiente.

─Raven ─La llamó acercándose para tratar de tranquilizarla. ─Estamos aquí, estamos bien. ─Le dijo tomándola por los hombros.

─Habla por ti mismo ─resaltó un enojado Cyborg presentando un corto circuito en su cañón sonido cuando intento desplegarlo.

─¿Y los demás? Yo vi como se los llevaron en unas capsulas, a Starfire, Aqualad… A Chico Bestia ─alegó con la voz estrangulada colocando su mano temblorosa sobre la hebilla del cinturón del mutante. Sus ojos volvieron a la normalidad y regreso al suelo señalando al intruso ─Este está herido, lo atrape en la orilla de la playa intentando comunicarse con sus jefes. ─expuso la hechicera recobrando la calma.

El perpetrador usaba una armadura ligera sobre un traje de látex negro con una H en el pecho y su cabeza estaba cubierta por un casco con un distorsionador de voz incorporado.

Cy reconoció vestigios de su tecnología en la armadura, con unas leves modificaciones para hacerla más aerodinámica.

─Supongo que Sangre les dejo todo bien anotado a estos dementes ─murmuró con ironía.

Abeja se adelantó y le arrebató el casco, el rostro que vieron era el de un chico seguramente contemporáneo con ellos, pálido, con la cabeza afeitada, la mirada perdida y la boca abierta.

─¿Qué le sucede? ─inquirió Robin.

─Está en trance. ─respondió Abeja reconociendo el patrón. ─No son tontos, saben que así no podrá decirnos nada.

─No será necesario ─alegó el mitad Robot ─Mi tecnología tiene una huella digital, y así como la reconozco, también puedo rastrearla a donde sea. Esa armadura nos llevara hasta su escondite.

La líder del Este opinó que podría darle electrochoques hasta que despertara, pero la idea de Cyborg era mejor, y no corrían el riesgo de pararle el corazón al sujeto. Robin la miró de forma reprobatoria y ella se encogió de hombros con una sonrisita nerviosa como diciendo "Así hacemos las cosas por mi pueblo".

─Chicos, miren ─Raven llamó la atención de todos hacia el soldado de los H.A.E.Y.P.

Sus ojos se iluminaron en rojo intenso y su expresión se volvió circunspecta.

─El Hermano Sangre creía en la inteligencia artificial perfecta, que las debilidades de la carne eran un estorbo, pero el estaba equivocado ─habló usando un tono sombrío que parecía no venir de él ─El poder no se encuentra en maquinas dóciles, el poder está en la creación de vida como Dios nos hizo en un principio, inmortales e invencibles. ─dictaminó, y agregó con determinación ─Mis hermanos regresaran por ella ─dijo apuntando a Raven.

Esta sintió una escalofrió recorrerla, pero cuando quiso averiguar el significado de esas palabras, el H.A.E.Y.P. simplemente se esfumo. Su cuerpo se convirtió en arena y se volatizo en el espacio. Dejando a los cuatro Titanes completamente desconcertados.

─Cyborg, Abeja, traigan las naves, tengo un mal presentimiento ─ordenó Robin observando con la mirada entornada el lugar de la macabra desaparición.

Luego la dirigió hacia Raven y supo que está compartía sus inquietudes.


─Perfecto, colóquenlos bajo el escáner ─indicó el Profesor Chang con satisfacción.

Usando los ductos de la ventilación logramos colarnos al impresionante laboratorio del siniestro científico. Sigilosamente nos hicimos de un par de capuchas para camuflajearnos con el resto del personal, de todas formas todos estaban ocupados en el despliegue del dantesco experimento de aquel demente.

Como me había dicho Cheshire, capturaron a los Titanes; incluyendo a Flash. Casi no fui capaz de contener mi miedo y asombro cuando lo vi sumergido en aquel tubo de ensayo gigante, flotando en un líquido violeta, sumergido en un sueño profundo con una mascara de oxigeno cubriendo la mitad de su cara. Los demás se encontraban en las mismas condiciones; indefensos.

─¿Qué demonios piensan hacerles? ─pregunté a Veloz en un susurró.

─Están armando su propio ejercito, pero los soldados que han conseguido son muy inestables ─explicó ─Van a extraer el material genético de los chicos, y sus poderes, para terminar de estabilizar sus creaciones.

«Si todas son como Viperine y Peach, ¡Vaya que necesitan estabilidad!» argumenté mentalmente, era bueno saber que el sarcasmo no me abandonaba aun estando en peligro mortal.

Estábamos escondidos detrás de una de las súper computadoras, viendo como descargaban de una nave a los héroes caídos y les daban el tratamiento de rigor.

Chang tenía bajo el fulgor de una maquina el contenedor donde se encontraban durmiendo abrazados los pequeños Más y Menos.

─Interesante, son gemelos monocigóticos separados en el período de disco germinativo bilaminar ─decía de forma analítica observando a los niños con las manos tras su espalda, mientras junto a él un encapuchado tecleaba en el panel de la maquina ─Inmediatamente antes de la aparición de la línea primitiva, cosa que rara vez ocurre ─continuó colocando una mano en su barbilla ─A de ser por eso que comparten su poder. Queremos individuos con habilidades independientes, así que haremos la separación del cigoto en la etapa temprana del periodo de blastocisto para evitar el riesgo de separación incompleta del disco germinativo, no quiero más monstruos dobles. ─dictaminó, obteniendo como respuesta el asentimiento de otro encapuchado que bajo una palanca en el panel de control.

«ALERTA SECTOR 13, FUGA DE PRISIONEROS, ALERTA»

La alarma retumbo en el laboratorio acompañada del parpadeo de las luces de neón, los encapuchados dejaron lo que estaban haciendo y de inmediato se hicieron con sus armas para acudir al llamado.

─¡No dejen que escapen! ─Les ordenó Chang.

El Profesor oprimió un gran botón rojo en la pared provocando el cierre automático de las salidas haciendo que el volumen de las sirenas fuera más violento, pero justo en ese instante ocurrió una explosión en el techo que hizo que Chang buscara resguardo, lo que quedaba de la caballería había llegado al rescate.

─Pensé que nunca volvería a estar tan feliz de ver a ese pedazo de hojalata ─confesé sonreída al verlo bajar de la nave T disparando su cañón sonido. ─¡Vamos, Veloz! ¿Veloz?

Cuando voltee Veloz se tambaleaba de un lado al otro, sosteniéndose la cabeza con desesperación.

─Sal… de… mi… mente ─exigía con voz entrecortada, tratando de oponer resistencia a la intervención.

Corrí hasta él para tratar de ayudarlo aun sin saber como, lo tomé por las muñecas y le di un sacudón.

─Tú puedes, resiste ─Le grite.

─Tiene… un… mensaje… para ti ─logró articular apretando los parpados mientras meneaba la cabeza con violencia.

─Pues entonces que me lo de ─desafié harta de aquel juego.

Solté las muñecas de Veloz y este instantáneamente entrelazo sus dedos tras mi cráneo. Respiré y percibí como un aura se adentraba en mí. Fue como despertar de un profundo sueño. Me encontraba suspendida en la oscuridad de un universo, calmo y surrealista.

¿Qué quieres de mí? ─pregunté sin emitir palabra, todo se desarrollaba como el eco de un pensamiento en el espacio ─Ya no pueden controlarme.

Mi niña ¿Y quien hablo de controlarte? ─Me respondió una voz susurrante y misteriosa. ─Yo quiero ayudarte.

¿Cómo? ─increpé desconfiada.

Yo quiero liberarte, Jinx. Quiero que consigas ver el alcance de tu verdadero poder ─explicó aquella presencia que parecía que proviniese de una deidad.

Mientes, siempre mienten. Me lo han quitado todo ¿Por qué volvería a creerles? Yo ya tengo un lugar al cual pertenecer.

Tú no perteneces a ese lugar, tú eres mucho mejor que ellos, aquellos que le sirven a los mortales y las maquinas ¿Con qué propósito? Los odian y envidian por ser extraordinarios, y planeo que ellos lo vean de la misma forma.

Nunca lo lograras. ─dictamine, pero debía admitir que aquella dulzura me inspiraba más miedo que escuchar a alguien en la plenitud del cólera.

Hija, ahora eres tú quien miente, te engañas a ti misma al pensar que puedes encajar en un mundo que te juzga y te rechaza porque viste claramente lo que eres capaz de hacer y que con eso puedes obtener todo lo que desees.

Mientras siga sus ordenes ─espeté.

No es mucho lo que pido, solo te quiero a mi lado. El sol pronto se ocultara para este mundo, los humanos mágicos son el cambio, hija mía. Los ángeles caídos. Únete a nosotros y te devolveré lo que has perdido.

Mis parpados se separaron aun más, incrédula de sus palabras.

Hay una pequeña vagando en tus pensamientos que elige quedarse en un lugar muy roto y enfermizo por muchas razones, Jinx. Se queda porque ella se siente indigna y no amada, indigna de ser amada.

Sentí como las lágrimas se aglomeraban en mis ojos.

¡Cállate!

Únete a mí y ella volverá a tener una identidad, a reconocerse cuando se mire en el espejo. Tendrá un nombre.

A mis oídos llego una melodía que por alguna razón me hacia sentir segura, un arrullo que a veces tarareaba sin saber de donde lo conocía.

Parpadee, dejando salir unas cuantas gotas de mis ojos que se dispusieron a flotar sin rumbo en el infinito. Pensé en Wally.

El amor es debilidad, Jinx. El amor es la mayor debilidad, lo sabes, nosotros no somos débiles, nosotros no sentimos y no nos importa. ─recitó con una placidez y una convicción que hubieran persuadido a cualquiera.

Sí me importa, no quiero que sufra por mi culpa.

Entonces hagamos un trato, Jinx.

Abrí los ojos, y me encontré con la imagen de un Veloz que me sonreía como si por fin hubiera encontrado la paz.

─Gracias… ya podre reunirme con ella ─Me hizo saber antes de que su cuerpo empezara a disolverse, volviéndose arena que fue arrastrada por el viento.

─NO ─grité soltando las lágrimas, abriendo y cerrando las manos intentando agarrar esa vida que desaparecía frente a mis ojos.

A lo lejos también escuche gritar su nombre, giré para encontrarme con la mirada dolida y consternada de Abeja, quien llevaba a los gemelos inconscientes en sus brazos.

─¡Jinx! ─exclamó Robin llamando mi atención cuando me sujetó de la muñeca. ─¿Qué sucedió?

─Yo… no lo sé ─respondí casi sin voz ─¿Dónde está, Flash? Necesito verlo. ─pregunté rápidamente, ya no tenía tiempo para explicaciones sobrantes.

Me deshice de su agarré y fui hasta la capsula de la que aun no habían sacado a Wally. De un puñetazo de energía rompí el vidrio y el líquido del contenedor me empapó, terminé de quitar los vidrios con mis manos, Wally cayó de rodillas al fondo y tomé su rostro para quitarle el respirador. Poco a poco empezó a despertar.

─Jinx ─murmuró agotado pero feliz de verme, lo vi en sus ojos.

─Flash ─dije mirándolo tiernamente, con su cabeza entre mis brazos ─Vas a estar bien, todo va a estar bien ─Le aseguré acariciando su cabello.

─Solo mantente cerca ¿Okey? ─recitó regalándome una de sus bellas sonrisas solo que esta era más apagadita de lo normal.

Me rompió el corazón, más no se escucharon caer sus pedazos porque las alarmas y el caos opacaron el ruido.

─No puedo.

─¿Qué quieres decir? ─interrogó alejándose de mí, mirándome sin comprender.

Ya no había tiempo, lo ayude a levantarse y le sostuve el rostro obligándolo a mirarme.

─Wally West, empecé a sentir amor por ti, y de inmediato lo sentí por mí también. Quererte, fue querer más mi vida ─Le hice saber, le debía aunque sea el conocimiento de ese merito. ─Sin embargo hay cosas que no puedes hacer por mí. ─manifesté con un nudo en mi garganta, observándolo con una curva en mis labios que pretendía ser una sonrisa, una muy melancólica.

─Haría cualquier cosa por ti, Jinx, te quiero, y tú también a mí. ─declaró con miedo en sus palabras, empezando a entender lo que sucedía.

Entonces también sostuvo mi rostro en un burdo intento por retenerme.

─Y mira lo que ese sentimiento ha causado. ─aseveré en un suave murmullo invitándolo a ver el desastre a su alrededor.

Sus ojos también se hicieron vidriosos y percibí en ellos su angustia e impotencia.

─Mis poderes ─habló sin verme esta vez. ─No funcionan.

Le acaricie las mejillas con mis pulgares para transmitirle que aquello pasaría pronto. Entonces proseguí.

─Si tuviera que elegir entre la vida de un ladrón y la tuya, elegiría que tu vivieras sin dudarlo, no me importaría que una escoria muriese mientras tú estuvieras a salvo, cosa que tú jamás harías ─admití ─Tienes honor, haces la diferencia con tus habilidades. En cambio ¿Quién soy yo juzgando a los criminales cuando soy igual que ellos? Poco me importan otras vidas y eso no está bien, Flash. Lo intenté, de verdad lo intenté, desearía cambiar mil veces por ti ─Necesitaba que lo supiera, que lo comprendiera ─Pero hay un gran hueco en mi interior en el que siempre vuelvo a caer ─dije bajando la mirada. ─Y me da miedo estar sin ti, la costumbre nos maleduco. ─Una fugaz risa rompió mi llanto.

─¿Por qué me dices esto ahora? ─preguntó soltando mi rostro para envolverme en un abrazo.

─Para que sigas adelante. ─respondí al final con mi cabeza agachada en su pecho y toda la seriedad que me fue posible.

─Jinx, por favor. Escúchame… ─suplicó tomándome de la barbilla, taladrándome el alma con la aflicción grabada en sus orbes azules ─Jamás te he pedido nada, cuando te digo que te amo, no es por simple deseo o porque no pueda tenerte, no tiene nada que ver contigo, amo lo que eres, lo que haces, como lo intentas. ─Lo miré atónita ─He visto tu amabilidad y tu fuerza. He visto lo mejor y lo peor de ti y entiendo con perfecta claridad quien eres exactamente ¡Eres un infierno! Y dije que iba a intentar ser tu último amor, no importa cuanto tiempo me tome.

─Quizás en otras vidas, Wally. ─dije para luego capturar sus labios en un beso, que el correspondió con tanta ansiedad, que nos imagine ardiendo en el fuego azul de nuestra tristeza.

─¡FLASH! ¡JINX! ─escuché gritar a Robin.

Mi pelirrojo me apretaba con fuerza contra él, negado a perderme. Así que, como todo aquello, corrió por mí cuenta alejarlo definitivamente haciendo uso de mis poderes, dejándolo caer junto a Robin.

─¡LLEVATELO! ¡SALGAN DE AQUÍ, YA! ─ordené.

Di un pisotón en el suelo e hice que este temblara, entre nosotros se abrió una gran grieta a la cual le arrojé un rayo que la hizo aún más ancha. Podría considerarse incluso poética la forma en la que yo misma había interpuesto un abismo entre nosotros; entre nuestros mundos.

─JIIIIINX ─aulló forcejeando con Robin.

─YA NO HAY TIEMPO, FLASH ─vociferó Robin sujetándolo con fuerza para subirlo a la nave T.

Las compuertas a mis espaldas finalmente fueron derribadas abriendo paso a la horda de encapuchados que disparaban contra los Titanes, me agache para esquivar el ataque y aprovecharon para volverme a esposar.

─NO PODEMOS DEJARLA ─Escuché gritar a Flash exigiéndole cordura a sus compañeros.

Me arrodillaron, capturándome las manos tras la espalda. Raven protegía con un campo de fuerza oscura la ofensiva a las naves. Y el petirrojo, en su infinita misericordia, miró hacia atrás pensando verdaderamente en hacer algo. Fue entonces cuando me vio, por esta vez viéndome realmente, y con la determinación que solo un líder reconocería en otro, moví mi cabeza en una clara negativa.

─¡Titanes, retirada! ─pronuncio sin más contratiempos.

−¡NO!

─¡Vámonos! ─confirmó Abeja arrancando junto con Cyborg los motores de las naves.


Valiéndose de lo que quedaba de la Torre T y del invaluable poder de Cyborg para improvisar y reparar con rapidez cualquier cosa, destinaron la enfermería y algunas habitaciones más para tratar a los heridos. Algunos más maltratados que otros, pero todos preocupados por el síntoma cardinal de la sustracción de sus poderes. Raven junto al mitad robot hicieron los análisis pertinentes y las curaciones, pero nada indicaba que hubiera algo mal con los chicos.

─Tal vez vuelvan espontáneamente y solo sea un efecto secundario de los químicos ─dijo Raven estudiando esa posibilidad para tranquilizar a los presentes.

─Eso espero ─habló optimistamente Chico Bestia ─Porque salir a buscar trabajo siendo verde no es precisamente un cumpleaños, créeme, ya lo intenté ─bromeó acostado en la cama hospitalaria junto a la que estaba parada Raven, con un par de electrodos adheridos a sus cienes monitoreando sus ondas cerebrales. ─Y hablando de cumpleaños, debo decir que este no ha sido de los mejores que he tenido ─agregó mirando a la hechicera con una sonrisa de lado.

─Los hay peores ─respondió ella en plan "Si te sirve de consuelo" devolviéndole la sonrisa.

Este rió por lo bajo. Luego una interrogante atravesó por su mente, pero dudo un momento en si debía o no expresarla, olvidando brevemente que debatirse mentalmente junto a Raven no era por completo privado.

─¿Sucede algo? ─Terminó por inquirir ella presintiendo su inquietud.

─Raven… ¿Tú sabes qué fue lo que ocurrió allá? ─preguntó empleando un tono ingenuo y confundido. ─¿Qué pasó con Jinx?

La eludida miró un segundo al otro lado de la estancia, donde Cyborg y Abeja mantenían una "conversación" sobre lo sucedido, hecho que se desarrollaba con él insistiéndole en que la gente no podía simplemente desintegrarse, tratando de encontrarle lógica a los eventos, mientras Abeja le exigía que no la tomara por loca, recordándole que él mismo vio como ese sujeto que atrapo Raven se disolvió como un sobre de Tang en una jarra de agua, y así mismo paso con Veloz. Y lo único que la líder del Este concluía de eso era que su amigo había muerto y quien exclusivamente podía darle una explicación al respecto parecía haber vuelto por donde vino.

─¡Abeja! ¡Abeja! ¡Queremos juguito! ─demandaban los gemelos brincando en sus camas contiguas, Más iba a la de Menos y viceversa, también con monitores en sus cabezas.

─¡ABEJA INTENTA ESTABLER UN PUNTO AQUÍ, NIÑOS! ─Los regaño.

─Oye, no les grites ─opinó Cyborg de forma condescendiente.

─¿Por qué? ¡¿Los traumo?! Los acabo de sacar de un experimento nazi, Chispitas, creo que podrán superar que levante la voz ─dictaminó la morena con firmeza ─¡Y DEJEN DE SALTAR!

Acto seguido los pequeños pelirrojos se quedaron quietos en sus respectivas camas sentados de piernas cruzadas, Menos encontrando que había un mejor misterio por resolver en el interior de su nariz mientras Más lo alentaba a ir más lejos en su investigación.

─¿En qué estábamos? ─dijo Abeja para retomar su "conversación" con Cyborg restándole importancia a aquel encantador cuadro que acababa de secarle la matriz.

Raven prefirió desviar su mirada perpleja de aquel despliegue de paternidad responsable y devolver su atención a Chico Bestia, esta vez dejando ver algo de preocupación a través de su semblante imperturbable. Ciño a su cuerpo la tabla donde llevaba el control de los heridos.

─Yo tampoco lo sé ─expuso con sinceridad ─Pero me temó que percibiremos pronto una espantosa calma ─especuló la psíquica mirando por la ventana ─Durante la cual se alinearan fuerzas que no entendemos en contra de nuestra vulnerabilidad. ─Chico Bestia la escuchaba sin comprender una sola palabra, pero con un mal presentimiento que supuso era lo que la empática quería transmitirle ─Creo que a Jinx le pasó lo que a Roma, cuando Sila quiso devolverle su libertad, esta no pudo ya recibirla ─concluyó volviendo a mirar al mutante.

─Ese tal Sila ¿Sería Flash?

Raven asintió y volvió a ver por la ventana observando al susodicho abajo en la playa, emanando tanta aflicción que esta golpeaba a la hechicera como las olas en las rocas de la isla.

Flash aun llevaba puesta la ropa de civil, que ahora le parecía una ridiculez, la camisa blanca arrugada fuera del pantalón sin cinto. Patético, se sentía patético. Caminaba de un lado al otro de la playa contemplando el horizonte, viendo el sol ocultarse poco a poco. Hizo unas cuantas sentadillas, estiró sus piernas. Y corrió; corrió con todas sus fuerzas rumbo al mar. Lo intentó varias veces, pero su potencia le fallaba.

─¡MALDICIÓN! ─despotricó dando una patada contra la arena haciéndola saltar.

«─¿Por qué me dices esto ahora?

Para que sigas adelante.»

Enfurecido con la repetición de esas palabras en su cabeza, volvió a salir disparado hacia el mar, pero seguía sin poder vencer la tensión superficial del agua. Se adentro en ella; estaba fría, la marea comenzaba a subir y las olas intentaron arrastrarlo devuelta a la orilla, más él continuo luchando contra la corriente. Aturdido y abrumado.

Una vez cansado y con el agua llegándole a la cintura, respiró agitadamente viendo la puesta de sol. ¿Qué acababa de ocurrir?. Él seguía sin comprender como su vida había cambiado radicalmente de un momento a otro. No podía sacar de su cabeza como la mirada de Jinx se desvanecía a medida que la nave se alejaba, dejándola ahí, sola y abatida. Y lo peor no era eso, lo peor era que ella misma se entrego, se rindió. ¿Por qué?

─¿Por qué, Jinx? ─habló al aire con los ojos fijos en el atardecer, el tornasol se reflejaba en sus pupilas desoladas. Otra ola rompió contra él y lo empujo con fuerza, pero él se mantuvo firme.

«Hay cosas que no puedes hacer por mí.»

Luego de un instante se dio vuelta con la cabeza baja, sintiendo sus hombros alicaídos, entonces volvió a la orilla, sintiendo sus piernas pesadas, por el agua, por todo.

─Flash ─Lo llamó Robin.

Este le arrojó una mirada asesina.

─Te dije que quería estar solo, Dick ─soltó dándole la espalda, preparándose para intentar correr nuevamente.

─Flash, detente, vuelve a la enfermería, necesitas descansar ─Le pidió Robin, aunque para Flash, él ya tenía instaurada esa forma de hablar que hacia que todo lo que dijera pareciera más una orden que una recomendación u otra cosa. ─No sabemos lo que Chang les pudo haber hecho, tenemos que…

─No sabemos que hicieron… yo te diré lo que hicieron: Secuestraron a Jinx, y tú te quedaste observando como un imbécil mientras lo hacían ─disparó el pelirrojo a quemarropa.

─No te voy a permitir que me hables así ─Le espetó el líder ofendido ─Esa fue su decisión, tienes que respetarla, no todo se trata de ti, Wallace.

─Entonces de quién se trata, Richard ¿De ti? ¿De qué tenías razón y esto me iba a explotar en la cara? Jinx por fin hizo lo que querías, ¡Debes estar encantado!, ahora sí tenemos que respetarla, ¡Se sacrificó!, es una mártir que salvo nuestros condenados traseros. ¡GRACIAS! ─gritó rabioso apuntando con el brazo al mar, mientras otra ola se estrellaba contra la isla. ─Ahora sí es lo suficientemente buena para ti ─pronuncio con tristeza sintiéndose completamente vacío.

Se quedó parado ahí, con el brazo extendido, con la vista perdida en el horizonte.

─Es todo ¿No es así? ─preguntó, sin verlo, una lágrima solitaria resbalando rápidamente por su rostro.

¿Era ese su final?

Robin caminó hacia su amigo y le colocó la mano en el hombro tratando de darle algo de consuelo.

Pero Flash no quería su compasión. A lo mejor era el dolor quien lo guiaba, y todo estaba muy fresco, y quizás no debían hablarse en ese estado, y continuar diciendo cosas que los lastimarían. Aunque claro, el único que sentía ganas de lastimar a alguien era él. Y si tenía que elegir un candidato para culparlo de su perdida, pues su amigo se le antojaba una excelente opción, aunque injusta.

«─Quiero que sientas, al menos un poquito, del maldito dolor que yo estoy sintiendo.»

Sacudió su hombro con brusquedad para zafarse de su agarre.

─Flash…

Fijó su mirada en el infinito, entrecerrando los ojos. El mundo pareció relentizarse, sus pies se clavaron en la arena liberando una pequeña onda expansiva. Correría otra vez hacia el agua. Percibió el impulso volver a su cuerpo, ese que hacia marchar el mundo en cámara lenta, cada musculo tensándose, el aire silbando en sus oídos.

A penas faltaba algo de sol por perderse en el mar, y erguida ante el atardecer como una visión sobre las aguas, Jinx lo miraba con desilusión.

«—¿Cómo puedes salvarme de mí misma? Me salvaste del resto de los villanos ¿Qué daño me puedo hacer yo misma, Flash?»

Aceleró, y salió al ruedo sobre ella, disparado como la bala humana que era, dejando nada más que polvo a su paso, perdiéndose de vista antes que el chico maravilla pudiera hacer otra cosa.

─Robin.

Este estaba a punto de gritarle a Flash que volviera cuando escuchó la suave voz de Starfire a sus espaldas.

─¡Star! ─exclamó feliz de que la alienígena hubiera despertado y sin esperar ni un segundo la abrazó.

Ella le respondió el abrazo sonriendo con la barbilla apoyada en su hombro.

─¿Cómo te sientes? ─indagó el petirrojo cuando se separaron.

─Creo que bien ─respondió ella con una expresión dubitativa, levantando una mano para mostrarle a su novio una bola de energía verde completamente perfecta. ─Raven tenía razón, volvieron solos. ─acotó dejando atrás la demostración.

─Ya veo ─comentó Robin con seriedad viendo el camino que había recorrido Flash.

Ella dio un paso y se colocó junto a él.

─Discúlpame por lo que voy a decir ─Se adelantó, conociendo la terquedad de su interlocutor, pero a la vez su capacidad de ser razonable, y era algo que quería decirle desde hace tiempo, y probablemente después de aquella confusión no habría mejor momento para hacerlo ─pero por lo que escuché, creo que Chico Flash tiene algo de razón.

─¿Qué? ─espetó Robin saliendo de sus cavilaciones ─Starfire mira…

─Fuiste... ─Lo interrumpió, pero luego pensó un segundo en corregirse antes de continuar ─No, en realidad todos fuimos ─sentenció sintiéndose un poco cabizbaja porque ella siempre tuvo una opinión distinta sobre el tema de Jinx, pero tal vez no puso el suficiente empeño en darla a entender ─Fuimos jueces muy presuntuosos ─razonó con tristeza.

─Creo que no deberías meterte en ese saco ─alegó Robin sonriéndole.

─No, las cosas son como son, Robin, es decir; le extendimos la mano a mi propia hermana y sabemos como resulto eso ─aclaró la pelirroja encogiéndose de hombros ─Esas cosas dejan marcas.

─Igual siempre eres la primera que prefiere ver la bondad en todos. ─dijo rescatando a la chica de su propia sentencia ─Yo no podía parar de pensar en que quizás Jinx estaría fingiendo o que estaba metida en tantos problemas que la protección de Flash era su mejor opción valiéndose de su… ¿Cariño? no lo sé, también al principio pensé que Wally debía estar completamente loco por meterse en tantos problemas solo por una chica ─admitió chasqueando la lengua.

─Robin ─llamó se atención algo divertida ─Recuerdas las veces que huí al espacio ¿Cuántas me seguiste? ─preguntó cruzándose de brazos con una miradita perspicaz.

Este quiso replicar pero luego bajo su dedo acusador pensando «Muy bien, entendí la idea».

─Modificar un submarino para poder ir al espacio a buscarme porque no podía aceptar que me había salido un cuerno en la frente ¿No crees que es meterse en muchos problemas por una chica?

─Tú valías la pena. ─dijo tomando su mano.

─Entonces ponte en el lugar de Chico Flash ─Lo invitó sabiamente ─Si hay algo que no sabes es que pensé en irme de la tierra tantas veces como granos de arena tiene esta playa, porque me sentía tan fuera de lugar como un zarnet en un baile formal.

Robin contuvo las ganas de preguntar ¿Qué era un zarnet?

─Lo que quiero decir: Es que trato de ponerme en el lugar de Jinx. Yo extrañaba a mi gente, mis costumbres, mi familia, pero luego recordaba que esa misma familia me entrego a unos seres despreciables para salvar su propio pellejo sin importarles cual sería mi destino, no entendí que habían traicionado mi confianza hasta que llegue aquí. Y el problema es que los sigo amando a pesar de todo ─resaltó mostrando sus palmas a modo de rendición ─Ustedes, mi equipo, me dieron una oportunidad, a pesar de que al principio no me veía del todo amigable, a pesar de que les dije que no me siguieran. Me mostraron una forma mejor de ver la vida. Pero nosotros hicimos sentir a Jinx como la extraterrestre todo este tiempo, Wally era su tierra ¿Por qué atentaría contra él sin una buena razón? ─Apostó Star por el beneficio de la duda.

─Wally se largo con ella por meses, Star, como si tuvieran algo que esconder. Cuando hace ese tipo de cosas me lleva sistemáticamente a cuestionar su sentido común ─El chico maravilla hablaba desde el conocimiento de los impulsos de su amigo por hacer locuras, pero luego suspiró colocándose la mano en la nuca ─¿Qué más da? El daño ya esta hecho.

Robin había tenido mucho tiempo para meditar sobre aquel asunto. Los pros y los contras. Y aunque él no tenía derecho de entrometerse en las relaciones afectivas de nadie, como líder de aquella agrupación de héroes, lastimosamente se veía obligado a meter su cuchara hasta en los afectos de sus miembros.

De un momento a otro su equipo se había vuelto un gigante fuerte e importante gracias a sus alianzas y hazañas. Llevando por bandera que en la unión estaba la fuerza. Si hace años le hubieran dicho que iba a comandar una legión de héroes, él simplemente hubiera puesto una expresión escéptica y contestado que prefería trabajar solo. Pero el destino tenía otros planes para él, que conllevaba a la responsabilidad de velar por el bien de los suyos, y eso no era un trabajo fácil, estar bajo la lupa y escrutinio constante. Todos esperaban que él siempre tuviera la respuesta correcta. Y eso, aunque no lo dijera, le provocaba un miedo terrible. El miedo a equivocarse.

Pero su conversación con Donna durante la reunión le había hecho considerar replantearse el asunto "Jinx". Dejar sus prejuicios de lado y confiar. Lastima que la idea le llego un poco tarde, ya no podía hacer nada para redimirse con su amigo, cualquier cosa que hiciera o dijera de ahora en adelante parecerían impulsadas por un sentimiento de culpa. Culpa que él en verdad no sentía del todo, porque si bien aceptaba haber sido algo inflexible con la integración de Jinx, lo que les acababa de suceder era algo que salía por completo de su control.

Ahora tenían peores cosas de las que preocuparse que una ruptura amorosa. Por fin habían visto la magnitud del complot al que se enfrentaban, por poco la habían librado. Alguien los había traicionado, alguien había muerto o eso creyó ver; y Jinx continuaba siendo una incógnita.

─Vi algo en sus ojos, Star, no sabría explicar qué pero era algo familiar ─expresó Robin con un aire misterioso.

Era complicado explicarle a su novia que en los ojos de esa chica se vio así mismo. Frío, determinado, vio al Robin de Slade. ¿Habría sido coaccionada? ¿Qué estaría pasando realmente? Fuera lo que fuera, ahora era su trabajo averiguarlo.

─Mientras estuve en esa cabina temí por mi vida ─soltó Starfire abriendo mucho los ojos, sintiendo un escalofrió recorrer su espalda ─No imagino a nadie poniéndose en esa situación voluntariamente.

─Solo el tiempo nos lo dirá, Starfire ─resolvió el pelinegro.

─¿Y Chico Flash? ¿Qué pasará con él? ─inquirió preocupada.

─Por los momentos solo le daré su espacio ─concluyó dándose la vuelta, enfilando rumbo a la Torre a averiguar el estado de los demás.

Starfire se quedo un momento más para contemplar el final de aquel día funesto, dirigió su mirado al cielo pensando en que a veces ni todo el espacio exterior te bastaba para aliviar un corazón desorientado.


Irrumpí en el departamento como un rayo en medio de una tormenta. Porque así me sentía, abatido, sumergido en la tempestuosa melancolía; empapado por la incertidumbre. Las preguntas daban vueltas en mi cabeza sin darme tregua, y las únicas respuestas que se me ocurrían eran las más fatalistas. Y lo fatal para mí, era pensar, que después de todo lo que vivimos, igual y ella no me quería tanto como yo pensaba.

─No ─exhalé la respuesta que quería escuchar, con un optimismo que no sabía a que venía en aquel momento.

«─Cielos, ¿Por qué las bonitas tienen que ser malas?

¿Esa es tu forma de decirme que te gusto?

Algo así, aunque pretendía no ser obvio.»

Reí con sorna ante el puñal de mi subconsciente. Ni las ganas, ni el descaro, ni el amor habían sido suficientes al parecer.

Todo estaba a oscuras y en silencio. Oscuridad y silencio. Empecé a tomar aire con fuerza, tratando de hacer el mayor ruido para ahogar aquel maldito silencio. Sentía como me hormigueaba la garganta acompañado de algo parecido a la asfixia. Entonces vi mis manos, estaban temblando… y vacías.

¿Qué me quedaba?

«¿Cómo matar de un día para el otro… lo que con tanto empeño he protegido?» Lloré, tal cual un bebé en mi fuero interno. Estaba ahí, parado en medio de la oscuridad y el silencio, como un perdedor, un patético perdedor que se había quedado con sus sueños en pedazos, y a nadie más parecía importarle.

─AAAAAAAHHHHH…

Impulsado por esa herida sangrante en mi interior que solo yo podía ver, tomé el sofá y lo arrojé contra el televisor, haciéndolo añicos junto con otro montón de cosas, produciendo un gran escandalo de cristales rotos y golpes sordos; imaginé que así se escuchaba lo que percibía en mi pecho, algo estrellándose contra el suelo rompiéndose en mil pedazos que jamás se podrían recomponer.

«─ No tienes idea de los sacrificios que hice.»

No, no tenías idea. Tras otro gruñido iracundo volqué la mesa del comedor, con todo y sillas, también cayo victima de la gravedad el florero lleno de rosas que siempre estaba sobre ella y di por terminada su labor, el agua se desparramo por el piso al igual que las flores. Rosas. Todo comenzaba y terminaba con ellas. Con la forma en que se iluminaba tu mirada al verlas, y lo rico que olía la casa cuando cocinabas los pétalos. Tu cabello olía a rosas, ahora cómo conseguiría dormir sin abrazarte.

Supongo que no puedes aferrarte a alguien, porque mientras más fuerte los aferres, más quieren escapar.

«─De las cosas a las que renuncié…»

¿Acaso extrañarías mi abrazo también? Como esas noches en las que ninguno descansaba. Cuando a las tres de la mañana te escuchaba murmurar los mismos sonidos casi sin fuerzas, cuando decías: No me siento bien… pero juro que lo haría cien veces otra vez. Me era imposible dejarte sola cuando vagabas descalza por el apartamento, dando vueltas en la madrugada, intermitente e insomne por las pesadillas de las que no te gustaba hablar.

Entre vodka y vino blanco surgía lo que era indebido, lo que ya era tan obvio pero no estaba dicho. Y era tan bueno lo que estaba mal, tan prohibido que me hacia volar. Te dejabas llevar, gritando cosas que nadie más que yo te perdonaría. Porque yo debía ser el fuerte aquí. Estoico, cuando te sentabas a dar pinceladas nerviosas, envolviendo tu cuerpo únicamente con una frazada, armada con la caja de galletas saladas a un lado. "O aprendes a querer la espina o no aceptes rosas" dijiste un par de veces, con la vista dura clavada en el lienzo, mientras yo me colgaba a tu cintura sin hacer preguntas. Porque así te amaba; cuando gritabas, cuando callabas.

«─Los pedazos de mí que di para ti

¡NO HE HECHO NADA MÁS QUE PELEAR POR TI!»

Fui hasta la cocina y encendí todas las hornillas, busque una de nuestras fotografías y la puse en las llamas, una vez que empezó a consumirse, rápidamente busque diez más y las tire con todo y marco. Permanecí observando como un autómata, pero el humo no tardo en invadir el departamento y hacer que se activaran las alarmas contra incendios, un pitido fastidioso dio paso al agua que se regó por todas partes.

«—Me gusta la lluvia, es linda y perfecta.

Igual que tú.»

De repente desperté, y metí las manos al fuego para tratar de salvar las fotos, cayeron al suelo astillándose los cristales. Quebrándose justo entre nosotros dos; entre dos personas ajenas al caos que me pegaba el cabello al rostro y se deslizaba fría por mi espalda. Todo había quedado en cero. Di un puñetazo al aire y luego barrí con mi brazo todo lo que había en la mesada, ya nada estaba en su lugar de todos modos. Todo estaba en quiebra, en llamas, lloviendo sobre mojado, con imagines cuya brasa era consumida soltando leves humaradas.

Me senté en el suelo colocando el rostro entre mis manos, sin sabía qué hacer. Yo te conocía y sabía que algo no andaba bien.

De repente, en medio de aquel campo de batalla escuché un maullido lastimero.

─Tina ─susurré preocupado levantando la cabeza al instante para buscarla. No estaba en la cocina.

Volé a apagar las alarmas, todo goteaba en el departamento, pero no me preocupaba pasar un trapeador por los momentos.

«Miau»

«Oh no, ¿Y si la aplaste con el mueble?» corrí a hacer un lado el sofá pero no la encontré, por fortuna.

Me dirigí hasta la habitación, si por mí hubiera sido habría pasado la noche afuera en una alfombra, porque lo menos que quería era entrar a ese cuarto.

─¿Gelatina?

Ella maulló desde debajo de la cama, me agaché y la hallé allí abajo temblando de miedo por mi escandalo, viéndome de forma reprobatoria con sus grandes ojos de gelatina sabor a limón.

─Ven acá, bebita ─La alenté delicadamente extendiendo mi brazo bajo la cama ─Todo está bien.

Caminó hacia mi mano y me dejó sacarla de ahí. Me recosté de la mesita de luz, abrazándola contra mi pecho mientras ella emitía un ronroneo tranquilizador. El calor que me brindaba hacia que me olvidará del frío que sentía con la ropa mojada pegada a mi cuerpo. De repente, se removió liberándose de mi abrazo, y trepó por mi hombro a la mesita.

─Jaja… ¿Qué haces, loquita? ─Le pregunté volteándome para ver lo que se proponía.

Con su patita buscaba sacar un papel pisado por un portarretrato. De inmediato entendí lo que ocurría, invadido por una repentina emoción me hice con la carta color de rosa y la abrí torpemente.


Nota de la Autora: ¡FELICIDADES, SOBREVIVIERON! Un abrazo por llegar hasta acá, también tengo pañuelitos por si los necesitan. Ya en este punto podemos conversar un poco más: ¿Qué les pareció esta parte?, a mí me gusto escribirla pero me costó un poco; verán, cuando inicie esta historia estaba pasando por un momento de mi vida "Oscuro y silencioso", una de las razones por las que me había costado continuarla era porque de una forma u otra tuve que reconectar con esas emociones. La ansiedad, la frustración, el sentirte perdida e insuficiente. Recaer en lo malo, porque no encuentras como hacer las cosas bien. Culpar al otro, culparte a ti. Lo difícil que es dejar de pensar destructivamente.

Aquí también jugué mucho con los tiempos narrativos, es mi manera de trabajar todos los puntos de vista. En el próximo capitulo seguiremos jugando con el tiempo, y los recuerdos.

Ahora quiero saber ¿Qué piensan? ¿Les gusta el recurso de los recuerdos? ¿Conectaron más con Jinx o con Flash? ¿Qué parte les gusto más? Cuéntenmelo todo.

La próxima actualización sera en Miserables Bellezas, aviso para los que también leen por allá.

Besitos.