¡Hola a todos! espero que les guste este nuevo capítulo :D El próximo en una o dos semanas mis queridos lectores!

Mención especial para aquellos que cariñosamente me dejan un comentario: los amo ;) y desde aquí les envió un gran beso y saludos ;D

Disclaimer: Ovio, Candy Candy no me pertenece hehehe. Pero me encantaría que Terry si hihihihi

Hasta pronto chicos ¡!


Capitulo 2: La espera

La espera es dolorosa

El olvido es duro

Pero no saber que hacer es incluso peor…


La espera

Aproximativamente las 3 de la mañana...

En el hotel todo era silencioso. Ya eran las 3 de la mañana; todos dormían….

Todos excepto él y su patrón… William Andrey.

George se paró delante de la gran puerta en roble y sin tocar entro a la oficina.

Parado las manos cruzadas en su espalda, mirando por la gran ventana del cuarto estaba ese hombre que años atrás lo acogió en su familia. Él … Un jovencito que robaba para sobrevivir.

- Cuáles son las noticias, pregunto el hombre sin voltear la mirada de las calles de Londres.

- Los empleados del hotel continúan la búsqueda cerca del puerto. El joven Albert y Dorothy aún no vuelven tampoco.

No había noticias...

William Andrey no mostró ningún cambio ante tal anuncio. Era en esos momentos que el patriarca mostraba esa máscara de hombre frío… sin corazón tal vez…

Lo que él veía era más a un fantasma…

- No tenemos nada… solo una dudosa descripción del hombre cuál Candice siguió, murmuro sarcásticamente el viejo hombre.

George observó al hombre delante de él. Las manos cerradas en puños… La respiración profunda y lenta…. El tono de voz… bajo y ronco.

La mirada fija en las calles de Londres, viendo sin ver….

George aguantó un suspiro.

Preocupación… cada poro del cuerpo del hombre delante de él transpiraba una angustia silenciosa, solo camuflada por una máscara de frialdad que se resquebrajaba delante de él.

- Anna O'Brien … - rompió abruptamente el silencio el patriarca. – Está en Londres?

Anna O'Brien… amiga de dama Priscilla… periodista!

- No tengo aquella información señor, respondió él.

- Averígualo – ordeno el hombre – Has que el retrato de ese hombre aparezca en su periódico.

Eran las 3 de la mañana. Sería difícil encontrar a la señora a esas horas.

Difícil…

Y si la encontraba nada decía que lo recibirían a esas altas horas de la noche.

Extremadamente complicado…

Y convencerla de reimprimir todos sus periódicos y que estén listos para la distribución de las 5 de la mañana…

Imposible….

Esa era la especialidad de George… los imposibles volverlo posible!

- Si señor, permiso – respondió George con calma, listo para su nueva misión.

- George? Lo llamo en voz baja el señor Williams.

George paro sus pasos, atento.

- Gracias… murmuro el viejo hombre volteándose en fin.

La encontraremos señor, quiso decirle al patriarca luego de ver los ojos llenos de angustia del viejo hombre.

No dijo nada y solo salió de la oficina, rumbo Dios solo sabia hacia donde.


Aproximativamente las 3 h 30...

Las calles estaban vacías, ni vagabundos o ebrios… Inglaterra dormía.

En teoría debía ser fácil encontrar a Candy.

En teoría toda su familia debería estar durmiendo, en seguridad, en las camas del hotel.

En teoría...

Ya eran casi las 4…

Donde estás pequeña? … Se preguntaba angustiado Albert.

¡Donde rayos podría estar! Candy no conocía Londres…!

Había tomado prestado el auto del señor Max y desde hace horas que pasaba calle tras calle en búsqueda de su hermana.

Su hermana!

Candy, la intrépida y alegre niña que en una colina hacia 5 años atrás conoció. Una niña que ese día lloraba… Pero que tenía la facultad de sonreír incluso estando triste.

Ese día por la primera vez desde hace mucho tiempo dejo de sentirse único. No era el único que sufría por la perdida de alguien que se ama.

Sin darse cuenta Albert acelero.

- Pronto saldrá el sol, comento la persona al costado de él.

Dorothy había suplicado que la dejara venir. Los ojos castaños de la chica estaban hinchados de tanto llorar. En sus brazos, el pequeño Clin parecía perdido.

- No creo, respondió él viendo rápidamente su reloj de bolsillo. – Falta aún un par de horas…

Albert se pasó la mano sobre la cara. Estaba cansado y frustrado.

- Talvez, pero…, objeto la muchacha bajando la cabeza hacia sus pies.

- Si quieres te llevo al hotel, propuso lo más amablemente él.

Parques, calles, bares… ya no sabía donde buscar. ¡Era como si Candy se hubiese esfumado! Y sin dinero… sin ninguna dirección donde ir … Donde podría estar…

¿Cómo era posible que aún no la haya encontrado?

Al menos que… ya la hayan encontrado y que este ya en seguridad en el hotel.

- No! - grito entre asustada y molesta Dorothy.- ¡Tenemos que encontrarla!

Albert dio un vistazo al rostro de la doncella de su hermana.

Dorothy…

- Gracias, murmuro él sin poder impedir la emoción en su voz.

Esa chica era….

- La encontraremos, aseguro Dorothy, los ojos enrojecidos pero la mirada firme.

Los ojos castaños de la joven eran de una total franqueza.

Él asintió, Esa chica se había pasado horas llorando y echándose la culpa de la desaparición de su hermana. Como si ella tuviese un control sobre los actos de la rebelde …

¡Llena de preocupación y remordimiento y ahora sacaba fuerzas para tranquilizarlo…a él!

Una sonrisa se formó en el rostro de Albert. Sincera y dolorosa.

- Sí… La encontraremos, aseguro él también capturando la mirada de la doncella, tratando de transmitirle un poco de aquella seguridad que ella le había dado.

Los ojos de Dorothy...

Pasaron así unos momentos, en completa tranquilidad, observando las calles de Londres.

Había seguramente pasado un cuarto de hora antes de resignarse.

- Regresaremos al hotel, decidió Albert. Talvez ya la encontraron.

Con suerte…

- El señor William debe de estar muy molesto, palideció Dorothy. Él le había dicho a la señorita Candy de no alejarse de él.

- Mmm… si probablemente, asintió Albert antes de darse cuenta de la expresión de su compañera.

Dorothy se veía más preocupada que anteriormente.

Las manos de la chica se apretaban las una a la otra con nerviosismo.

- Que pasa? No se la va a comer sabes, rio Albert para tranquilizar a la chica.

Dorothy le devolvió la sonrisa, pero esta no llego hasta sus ojos. Incluso parecia mas dudosa que antes.

- Que crees que le hará? Pregunto curioso y preocupado Albert.

- Oh…. No sé… - esquivo Dorothy. – es solo que no son muy cercanos el señor y la señorita.

Él asintió y espero tranquilamente a que Dorothy continuara.

- Yo… no creo que la quiera mucho….- murmuro con una voz temblorosa Dorothy - Y como tenía negocios para el día siguiente nuestra llegada a Londres… temo que…

Dorothy cerro la boca y miro de tiempo a tiempo el rostro de Albert.

Con la velocidad del auto quedaban solo una cuadra antes de llegar al Hotel.

A su lado la chica parecía de repente incomoda.

- Estoy siendo injusta, declaro de repente Dorothy con seguridad. El señor nunca ha dejado a Candy atrás. Yo….

- Que era lo que ibas a decir antes, pregunto sereno él. ¿A qué tienes miedo?

Dorothy callo, paso saliva, tomo un buen y profundo respiro y miro a Albert quien ya había detenido el auto delante del hotel.

- A que le retire el apellido Andrey, dijo Dorothy en un murmuro las mejillas rojas de vergüenza.

Albert bajo del auto y Dorothy le siguió el paso más despacio.

Al llegar delante de la puerta de la suite él se detuvo y detuvo a Dorothy.

- A veces es difícil de comprenderlo…, murmuro Albert sin voltear a ver a Dorothy. Pero en ningún momento he dudado cuanto me ama.

Albert voltio a ver a Dorothy, no sabía lo que sus ojos reflejaban, pero sabía lo que reflejaban los ojos de Dorothy.

Desconcierto.

- Lo comprendi cuando.. perdimos a nuestra familia. - murmuro con nostalgia el - Su silencio, su ausencia, sus ojos vacíos... Es la única manera de alejar a la gente. Es entre la máscara y sus acciones que está la verdad. y cuando lo veas comprenderás cuando es que el ama...

Albert abrió la puerta de la suite y entro.

Dorothy se quedó unos momentos allí parada en la entrada. No sabía qué hacer…

Entro a la suite y delante de ella padre e hijo hablaban sin mirarse el uno al otro.

En el reflejo del vidrio de la ventana podía observar los ojos azules del patriarca… eran como mirar a una pared.

Aguantando un suspiro, se decidió por acercarse a la chimenea y enardeser el fuego.

Que habría querido decirle el joven Albert...

la doncella agarró un palo y movió la leña de la chimenea antes de observar atentamente lo que el fuego quemaba...

En la chimenea habia rastro de cajas de cigarrillos … llenos, consumiéndose en el fuego. Y el único que fumaba ahí era...

El corazón de la muchacha se encogió al comprender… El viejo hombre amaba a Candy y eso era algo a nunca dudar…


Aproximadamente la 4h30 …

George se estacionó delante de una coqueta casa. Había sido difícil dar con el paradero de la periodista….

George bajo del auto y fue directo a sonar el timbre de la residencia.

Levantar a la gente a esas altas horas de la noche no ayudaría a su causa, pero no tenía de otras…

La puerta se abrió y el rostro hostil de una mujer se hizo ver.

- Señor… es un poco tarde para una visita… saludo la probablemente ama de llaves.

Era como decía, levantar a la gente a esas horas…

- Lo siento, se disculpó él, medio harto de la mirada asesina de la señora delante de él. – Me temo que la urgencia de lo que me trae no pueda esperar.

Urg… La falta de sueño no lo ayudaba a ser más carismático….

- Podría hablar con los señores de la casa?

- Veré lo que puedo hacer… Contesto más relajada la mujer.

- Les dirá que vengo de la parte de la familia Andrey.

La mujer asistió, le dio una sonrisa y le cerró la puerta en sus narices.


Aproximadamente a la 4h30

- Ve a dormir Dorothy, pidió Albert mareado ante el revoloteo de la doncella.

- Pero…

- Cuando encontremos a Candy te necesitara y es mejor que estés descansada.

Y además él también necesitaba que Dorothy deje de dar vueltas en el salón…

Lo estaba mareando

- Cuando la encontremos enviaré a alguien que te despierte, prometió lo más gentilmente Albert.

Dorothy lo miro un momento, suspiro y asintió.

- Antes de ir a dormir… necesitas algo? ¿Un café? Pregunto con solicitud la joven.

- No gracias. Ya me diste como diez tasas Dorothy, sonrió Albert.

- Bueno… entonces no olvides levantarme si … ¡Cuando la encuentren!

Albert vio Dorothy entrar a uno de los cuartos y cerrar la puerta.

Los empleados del hotel llegaban uno tras otro… cansados y sin ninguna noticia…

Él también estaba cansado…

- Padre… - Interpelo Albert al ver a su padre entrar al salón.

El viejo hombre tampoco había dormido y se la había pasado delante del ventanal de su provisoria oficina.

- Es hora… asintió el viejo hombre, adivinando las intenciones de su hijo.

Tratando de sacar energías, Albert se levantó del mullido sofá. Que raro… todo le dolía….

Ya ni sentía que podía pensar bien…

- Que sea el mismo capitán de la jefatura de policía más cercana que venga, ordeno secamente su padre y él solo asintió.

Genial… Se le olvidaba a su padre que él no era George…

- Albert… solo da la información básica por teléfono. Le explicaremos en persona lo que pasa. No quiero que esto se vuelva un circo.

Que mal genio… talvez le conseguiría cigarrillos en el camino…

- Si no le decimos lo que pasa talvez no quiera priorizar nuestro caso, padre – trato de contradecir él.

- Porque crees que hará algo por nosotros aun así… - se burló el viejo … arrrg – Mueve relaciones Albert, no le estamos pidiendo que venga… se lo estamos ordenando.

Albert abrió grande los ojos…. Aveces su padre era terrorífico.

Él asintió sintiendo que un dolor de cabeza se le avecinaba.


- Señor, puede pasar, concedió la ama de llaves al abrirle de nuevo la puerta. – Por aquí.

No sabía lo que había pasado en esos minutos de ausencia, pero la amabilidad y respeto con cuál la señora lo atendía distaba mucho de su actitud al principio.

Inconscientemente sus músculos se preparaban para huir…

George siguió a la señora hasta una pequeña pero linda sala.

- Desea algo de beber mientras espera a los señores?

George observó a la mujer delante de él. Su cabello trenzado de un color de paja… Unos ojos tan oscuros que daban miedo… y aunque siendo más alto que la mujer, sentía que era ella quien llevaba las riendas entre ellos…

- Un café bien fuerte si es posible, pidió en voz baja él.

Sentía que si bajaba la mirada, la leona delante de él se lo comería…

La mujer asintió antes de retirarse del salón.

Incluso de espaldas la leona parecía al asecho.

Unos minutos luego el café le era entregado. ¡Esperaba sobrevivir al beberlo!


Aproximativamente las 4h55

En una pequeña casa una mujer miraba insistentemente la hora.

Charly y su amigo, el tal Terry, aún no regresaban… ¡Qué molestia!

Pero que rayos podían estar haciendo dos escuincles de a penas 17 años a las 4 de la madrugada. Charly se estaba pasando de la raya.

La mujer miró de nuevo el viejo reloj que colgaba lamentablemente en el muro… la 4h55… ¡iba a llegar tarde al trabajo a causa de esos mocosos!

La mujer decidió terminar su desayuno y dejar un poco de dinero encima de la mesa.

¡No podrían decir que era una mala madre!


Aproximativamente las 5h00

- Capitán? Capitán?

El hombre miro hacia atrás, uno de sus nuevos hombre corría hacia él.

El capitán no pudo evitar sonreír. ¿Esos jóvenes tenían tanta energía!

- Que pasa Rognon? Preguntó el capitán a su energético subordinado.

- Ah llegado un mensaje especial a la comisaria mi capitán. – anuncio con orgullo el joven policía – Por pedido especial lo llaman personalmente a entrevistarse con el señor William Andrey.

Pedido especial … Ricos significaba, pensó con fastidio el capitán de la policía de la jefatura 14 de Londres.

Arg… Otra vez esos ricos… Y siempre lo llamaban por tonterías!

- Iré cuando termine aquí, gruño el capitán alejándose de su subordinado.

¡Había crímenes más importantes que atender los caprichos de la alta sociedad!

- Mac! Llamo en un grito autoritario el hombre.

El tal Mac volteo su cabeza hacia el capitán, susurro algo a uno de los policías y enseguida se encaminó hacia su superior.

La cabeza rubia del hombre resaltaba entre todas esas ropas negras que llevaba encima. Ni siquiera era aún invierno, pero para Mac Mcgone que había crecido en América, el clima era frío incluso en verano…

- Capitán, saludo Mcgone.

Mac Mcgone era uno de los tenientes más sobresalientes en la jefatura 014. Inteligente, paciente y tenas!

- Que sabemos hasta ahora? Pregunto el capitán masajeándose los tímpanos.

- Un triple rapto, suspiro Mcgone. Al menos a primera vista. He pedido a Rayan de retratar a los individuos que los testigos han visto.

El capitán observó a los lejos sus hombres al trabajo. Los dos testigos estaban alejados el uno del otro para que no influyan en el relato del otro.

- El primer testimonio que tenemos es el de la mujer allá, señaló de un movimiento de cabeza Mcgone. Parece que un grito la despertó alrededor de las 4 de la mañana. La señora dice que dos hombres maltrataban a una joven de al menos 15 años. Uno de ellos llevaba ropa vieja mientras que el otro, aunque llevaba ropas de buena calidad estaba totalmente desaliñado.

El capitán observó el parque. En el piso cerca de una banca un sombrero de dama estaba tirado.

¿Se le habría caído a la victima durante el forcejeo?

Luego volteo a ver a la testigo. Unos 50 y tantos años, peinada a lo rápido pero peinada… Habría tomado su tiempo antes de llamar a la policía o bien había dormido peinada… No, si hubiese dormido peinada su cabello sería un desastre…

Una mujer que miraba la calidad de la ropa… Una burgesa.

- El testigo siguiente, continuo Mac señalando esta vez a un hombre a 3 metros de distancia de la primera testigo. Dice que los jóvenes solo jugaban entre sí. Y que al parecer habían pasado toda la noche en este parque riñandose amigablemente aunque aveces la chica se alejaba de los 2 otros.

El testigo esta vez era totalmente diferente a su predecesor. Ropas sucias, cabello medio largo, canoso y todo enredado. Un equipaje con cosas de primera necesidad estaban tirados aun cerca de un arbusto. Un vagabundo. 70 años más o menos.

- El hombre afirma que hace menos de una hora, un carruaje se detuvo cerca de los jóvenes y dos hombres forzaron a los jóvenes a entrar a la fuerza. El joven riquillo dio un puñetazo a uno de sus raptores pero el otro logro noquearlo. La chica gritó auxilio y mordió al que la empuñó del hombro, y fue como un saco de papas que la lanzaron dentro.

- Y el tercer joven? Pregunto curioso el capitán.

- El tercero solo levanto las manos y se dirigió con tranquilidad a dentro del carruaje.

- tenian armas?

- no segun los dos testigos. Solo fuerza bruta.

Que raro… no todos podían quedarse tranquilos durante un ataque… y sobre todo un adolescente … y rendirse en vez de fugarse...

- 3 adolescentes de diferentes círculos sociales en un parque durante la noche… , murmuro el capitán para sí mismo.

Y a dos calles de distancia de su propia comisaria… grrrr…

El capitán salió de sus pensamientos al ver Rayan, su experto retratista, acercárseles.

- Tengan, dijo simplemente su especialista.

El capitán miró de reojo los cuatro primeros dibujos, pero observo atentamente el rostro de la chiquilla.

Que hacia una jovencita afuera a tan altas horas de la noche… ¿?

Dos coletas rizadas, un rostro un poco redondo que conservaba un trazo de niña que antes había sido.

- Los testigos lograron ver que la chica tenía pecas? Se asombró el teniente a su lado.

- No, contradijo Rayan, Pero al parecer uno de los otros jóvenes no dejaba de llamar a la chica "pecosa".


Xoxoxo