Chikaimasu ka?

Apéndice. La Noche de Bodas.

Era de noche cuando dos delicadas figuras se detuvieron frente a la reja de entrada del dojo Tendo. Se trataba de dos chicas jóvenes que iban tomadas de la mano. Estaban sucias, desaliñadas, exhaustas… y oficialmente casadas.

Intercambiaron una última sonrisa para darse ánimos antes de entrar al recinto donde seguramente les esperaba una buena dosis de realidad.

Todo estaba tan aparentemente tranquilo en el recibidor que por unos instantes se permitieron hacerse ilusiones de que podrían escabullirse hacia la habitación sin ser vistos por ningún miembro de la familia. Un leve murmullo uniforme de música y voces que se colaba a través de las ventanas indicaba que la celebración no había terminado del todo. Con un poco de suerte, todos estarían lo suficientemente entretenidos continuando la celebración como para percibir la oportunidad de ir a inmiscuirse en asuntos que claramente no eran de su incumbencia.

Sobra decir que lo que menos tenían Ranma Saotome y Akane Tendo era precisamente buena suerte, tal y como lo demostró la presencia de una temblorosa figura rechoncha al pie de las escaleras.

–¡P-chan! –exclamó Akane con alegría, inclinándose para recoger al cerdito en sus brazos.

El puerco no alcanzó a chillar ni dos veces antes de ser arrebatado con violencia de los brazos de Akane.

–Ve a ducharte primero –pidió Ranma antes de que la otra chica pudiera protestar–, te llevaré algo de ropa para que te pongas cuando salgas.

La tímida expresión de la pelirroja al intentar completar la frase de modo casual le distrajo tanto que se olvidó del chanchito por completo. Akane asintió atolondradamente y se dirigió hacia el baño, tratando de no pensar demasiado en las implicaciones de lo que Ranma le acababa de ofrecer.

Aferrándose inconscientemente a la esperanza de que nadie más notara su regreso, deslizó la puerta con cuidado de no hacer ruido, se desvistió apresuradamente, lanzando el maltrecho vestido de novia a una esquina y sin ningún cuidado.

Con la misma prisa se enjabonó todo el cuerpo, más atenta a los ruidos exteriores que a lo que estaba haciendo. No pudo evitar notar cierto paralelismo con el día que conoció a su ahora esposo y los dos incidentes que tuvieron en ese mismo cuarto de baño. A pesar de todo el tiempo que había pasado y los sutiles avances en su relación, tenía que reconocer que las circunstancias seguían siendo sumamente vergonzosas. Todavía se sonrojaba recordando el momento en el que lo vio ahí de pie, saliendo de la tina.

No sabría decir cuánto tiempo le tomaría a Ranma encontrar un atuendo para traerle, pero de lo que sí estaba segura era que lo mejor sería que para cuando él bajara, la encontrara remojada en el furoba.

"¿Por qué? No es nada que no haya visto antes", pensó amargamente, "o nada que no vaya a ver dentro de un rato".

Porque era su noche de bodas.

Al menos estando en el furoba, con el agua caliente, no tendrían que preocuparse de que se transformara en mujer, porque eso sería inconveniente.

Inmediatamente se reprendió a sí misma por la dirección en la que iba ese pensamiento. Su cuerpo entero estaba susceptible por la expectación, la espuma le hacía cosquillas y la sensación de la esponja era más nítida de lo normal. El aire enfriaba la fina capa de humedad que le cubría los hombros y la espalda haciendo que se le erizara la piel.

Ranma no se atrevería a intentar nada en la bañera, ¿o sí? Ni siquiera sabría cómo hacerlo. Ella misma no sabía ni cómo empezar a imaginarlo.

Bueno, eso no era del todo cierto. Si era sincera consigo misma, una que otra idea sí que se le había cruzado por la cabeza alguna vez. Tal vez más que unas cuantas veces, ya que se estaba sincerando.

Su pulso se aceleró, porque incluso si nada pasaba en el baño, no podría decir lo mismo de la habitación. Tarde o temprano tendrían que enfrentarse a ese momento, y Akane no tenía la más mínima idea de cómo actuar, de cómo…

Cuando el sonido de la puerta abriéndose la sacó bruscamente de sus pensamientos, se dio cuenta de que no estaba preparada. Entró en pánico por unos segundos, abrazándose en un intento desesperado por cubrir un poco su desnudez, sintiéndose ridícula y decidiendo adoptar una pose sexy en el último momento, en caso de que Ranma se asomara. Estaba tan nerviosa que había empezado a temblar ligeramente.

Podía distinguir una silueta al otro lado de la puerta corrediza, moviéndose con total tranquilidad. Tal vez Ranma sólo dejaría la ropa en alguna parte y saldría sin decir nada. Al cabo de unos cuantos minutos, Akane empezó a impacientarse.

Respiraba agitadamente, con los músculos tensos para sostener la posición que consideraba le favorecería más. Le pareció haber esperado una eternidad cuando la puerta corrediza del furoba finalmente se deslizó y a través de la abertura se asomó una sonriente Kasumi. Akane no supo si sentirse aliviada o avergonzada así que se limitó a seguir enjabonándose con la esperanza de que su hermana no hubiera notado nada fuera de lo común.

–¿Necesitas ayuda, Akane-chan?

–¿Ehh? ¿por qué necesitaría...? –hizo una pausa en la que se mordió los labios–, digo…

–¿Quieres que te talle la espalda? –intervino Kasumi, completamente ajena a los pensamientos de su hermanita.

Akane se limitó a asentir suavemente, sintiendo cómo un peso se hundía sobre su estómago.

No era que no quisiera hacerlo, pero estaba muy nerviosa porque no sabía qué esperar. Se sentía completamente perdida y deseó más que nunca que su madre estuviera ahí para hacerle todas las preguntas que se amontonaban en su garganta.

Tampoco era que Ranma le resultase desconocido. Había tenido suficiente tiempo para habituarse a su cuerpo, su calor, su cercanía. Los brazos seguros y confiables alrededor de ella y el latir acelerado de su pecho le era casi tan familiar como el de su propio corazón.

Sabía que no había nada que temer, pero no estaba segura de poder cumplir con las expectativas. El matrimonio traía consigo nuevas actividades en las que no tenía nada de experiencia. Ranma estaría consciente de ello también, y seguro esperaba que Akane cumpliera con su nuevo papel de esposa. Imágenes atroces de Ranma transformado en un voraz depredador hambriento empezaron a llenar su cabeza sin que pudiera evitarlo.

–Kasumi-oneechan, –llamó en un susurro– la verdad es que estoy aterrada…

–¡Oh, Akane-chan! –la mayor de las Tendo se llevó una mano a la mejilla en un gesto de preocupación maternal– No tienes nada de qué preocuparte, todo va a salir bien, ya verás.

–¿En serio lo crees? –no pudo evitar que sus ojos se iluminaran de esperanza.

–¡Por supuesto, pequeña! –rió de forma reconfortante–. Tía Nodoka y yo vamos a limpiar el dojo, papá y tío Genma se encargarán de empacar las mesas para devolverlas a la rentadora. Todo quedará reluciente y de vuelta a la normalidad.

–A la normalidad… –repitió Akane suavemente. Si tan solo fuera tan fácil.

–Así es, Akane-chan, –continuó Kasumi sin inmutarse– tú y Ranma-kun seguro estarán tan cansados mañana que no sería justo darles trabajo extra.

–¡Kasumi-oneechan!

Akane se encogió sobre el banquillo, sintiendo un sonrojo de cuerpo completo. Su hermana mayor sólo continuó sonriendo impasible, con esa calma permanente ostentaba hasta ante las más raras circunstancias.

–¿Ya estás lista, hermanita? –Nabiki se asomó por encima del hombro de Kasumi.

Akane le lanzó una mirada de desconfianza a la recién llegada. Todos sus deseos de sincerarse y pedir consejo se esfumaron de inmediato.

–Ya todos están esperando, Akane –insistió Nabiki, entrando al baño para ponerse cómoda sobre el borde del furoba.

–¿Esperando?

–Sí, ya sabes. El mizuage.

La única respuesta que obtuvo fue el crujido del cubo resquebrajándose entre las manos de Akane.

–¿Sabes?, sus amigos pagaron muy bien por dejarlos espiar desde mi cuarto, –continuó Nabiki impávida–, ya sabes que desde ahí se escucha muy bien todo.

El grito de frustración de Akane llegó se escuchó hasta el segundo piso.

Desde la planta alta, Ranma sintió el impulso de ir a socorrer a su mujer, pero en ese momento se enfrentaba a sus propios problemas. Había ido a la antigua habitación de Akane en busca de ropa, hasta que fue emboscado por el maestro Happosai y su colección completa de los modelos más atrevidos que jamás pensó que pudieran existir. El muy desvergonzado todavía se los estaba ofreciendo, a cambio de que pasara su noche de bodas transformado en mujer y lo dejaran observar.

Antes de que pudiera inventar más condiciones absurdas, Soun y Genma entraron a la habitación, visiblemente ebrios y riendo escandalosamente. Tenían los rostros colorados y se tambaleaban tanto que sólo podían mantenerse en pie apoyándose el uno en el otro.

–¡Ranma-kun, hijo mío! ¡Qué feliz soy! –Soun se abalanzó hacia la pelirroja, llorando a moco tendido mientras lo abrazaba.

–Escucha, muchacho –vociferó Genma, agarrándose del marco de la puerta ahora que había perdido su principal punto de apoyo –. No tenemos mucho tiempo así que pon atención.

Genma rebuscó dentro de la chaqueta de su kimono. De pronto, se le iluminó el rostro y sacó la botella de shochu barato que Ranma había descartado durante la ceremonia. Después procedió a empinar el codo con una sonrisa triunfal, olvidando lo que iba a decir. Los enormes ojos de Happosai se iluminaron al ver el licor y se abalanzó hacia Genma para quitarle la botella, descubriendo que llevaba varias más dentro del haori.

El anciano se apresuró a vaciar el botín, lanzando todo tipo de pequeños objetos al aire. Bolsitas de botanas, pañuelos, naipes y abanicos de papel se esparcieron por el suelo.

Un raído pergamino rodó hacia los pies de Ranma. Soun se inclinó a recogerlo pero perdió el equilibrio, cayendo de nalgas al suelo.

–Todo lo que necesitas saber está aquí –espetó Soun seriamente, como si se hubiera sentado a propósito en vez de haber caído con toda la torpeza de una gallina alcoholizada.

Desde el exterior de la habitación les llegó el golpeteo de unas fuertes pisadas estampándose sobre el pasillo, seguida de cerca por los suaves murmullos de las mujeres de la casa.

–Como sea, me iré a bañar –murmuró la pelirroja en dirección general hacia sus padres que continuaban hablando arrastrando las palabras, entre risas y cambios súbitos de tema entre una frase y otra.

De pasada solo alcanzó a ver que las mujeres se metían al cuarto de Kasumi, pero las risitas entusiastas de las dos hermanas mayores teminaron de crisparle los nervios. Decidió que Akane sobreviviría. Nada en el mundo lo iba a convencer de entrar ahí.

Se metió a bañar a toda prisa, temiendo ser atacado por el maestro, así que para cuando los tambaleantes borrachos finalmente llegaron al baño, Ranma ya estaba saliendo del furoba, transformado en hombre.

–Ahora que Akane-kun y tú están casados, hay cosas que tenemos que explicarte –balbuceó Genma entre tragos de licor.

–Este es el momento para responder todas tus dudas, Ranma-kun. ¡Así que pregunta todo lo que quieras! –acotó Soun, intentando arrebatarle la botella a su amigo.

–La primera vez va a ser difícil, pero estamos aquí para orientarte. –Continuó Genma, estirando el brazo para que Soun no alcanzara la botella.

Una vena resaltó en la frente de Ranma, pero se contuvo mientras se vestía lentamente. Al menos alguien había tenido la amabilidad de dejarle algo de ropa limpia en el baño. Hizo una nota mental de agradecer a su madre hasta que vio que bajo el yukata había una tanga roja con un ridículo diseño de elefantito en la parte de enfrente. Debajo del caricaturesco rostro del animal se asomaba una diminuta pero prolija corbata de moño. Típico de Nodoka.

–Antes que nada vas a tener que hacer el ritual del mizuage –explicó Soun solemnemente mientras Genma masticaba ruidosamente unas galletas de arroz que se había encontrado entre los pliegues de su kimono. –Durante siete días te vamos a dejar tres huevos encima de la cama.

–Debes comer sólo las yemas, –acotó Genma, con la boca medio llena–, las claras son para lubricar, ¿entiendes?

Ranma bufó hastiado sin prestar demasiada atención a los viejos. Se enfocó en resolver el problema más inmediato. Si algo bueno había adquirido a partir de su maldición era el hábito de tener siempre al menos ropa interior para emergencias en uno de los cajones de la entrada del baño. Después de vestirse, se escondió la tanga entre la ropa para que sus padres no fueran a encontrarla, ya pensaría después en una forma de deshacerse de ella.

–Esto es muy importante, Ranma-kun. No debes apresurarte. –el tono de voz de Soun empezaba a tornarse agobiado.

–Relájese, Tendo-kun. Ranma ya sabe todo eso.

Genma le dio un par de sonoras palmadas en la espalda a su amigo, quien volteó a verlo con el rostro plasmado de esperanza.

–¿Está seguro, Saotome-kun?

–¡Por supuesto! La actuación de esta noche solo será un espectáculo simbólico para completar la ceremonia. Ya sabe, para convencer a los invitados.

Ranma se cepilló los dientes con un poco más de fuerza de la necesaria, haciendo su mejor esfuerzo por ignorar las cada vez más estruendosas carcajadas de Soun y Genma.

–¡Así es, Tendo-kun! No tiene nada de qué preocuparse. Estoy seguro de que mi hijo ya ha tenido muchas oportunidades para aprender y perfeccionar la técnica.

–Tiene razón, Saotome-kun. Su muchacho no desaprovecharía todas las veces que ha tenido para practicar, después de todo este tiempo viviendo aquí en el dojo.

–¡Cierto! El futuro de la escuela de combate libre quedará bien asegurado. –soltó Genma bien pagado de sí mismo, quitándole la cáscara a su edamame.

–¿Es verdad eso, Ranma-kun? –chilló Soun con los ojos ilusionados y llenos de lágrimas, colgándose de la camiseta del muchacho. –¿Nos harás sentir orgullosos?

Ranma salió tranquilamente del baño, dejando atrás a los dos hombres a los que acababa de moler a golpes y disfrutando de su bien merecido momento de silencio.

Al llegar al segundo piso, se encontró con una temblorosa Akane que miraba hacia el interior de la que antes era la habitación de huéspedes como si se estuviera asomando hacia el mismísimo infierno. En sus manos llevaba la canasta apretujada con los restos pulverizados de sus artículos de aseo personal que no habían sobrevivido la conversación que tuvo con sus hermanas minutos antes.

Detrás de ella, Kasumi y Nodoka sonreían reconfortantemente, ajenas al horror de la chica y con un tono jovial que no hacía más que acentuar la consternación de Ranma. Nabiki ni siquiera hacía el intento por disimular la risa.

Por un momento, Ranma se encontró planeando una ruta de escape. La facilidad con la que podría simplemente tomar a su esposa en brazos y salir huyendo por la ventana era tan tentadora, pero no podía hacer eso. Ya no más. Respiró hondo y caminó hacia el frente con la espalda erguida.

Nodoka, Kasumi y Nabiki retrocedieron un par de pasos para dar espacio a los nuevos esposos. Ranma asintió en dirección a su madre y se situó al lado de Akane.

Lo que vio dentro del cuarto lo dejó helado.

Durante la planeación de la boda, había escuchado ciertos comentarios acerca de los cambios de dormitorio que se harían a partir de su matrimonio, así que esto no le tomó por sorpresa. Lo que jamás se imaginó fue que sus padres hubieran encontrado el tiempo para decorar la habitación que ahora compartiría con Akane como si fuera una oda al mal gusto.

–Entren, no sean tímidos –los alentó Nodoka, genuinamente convencida de que estaban encantados con la sorpresa.

Ranma y Akane intercambiaron miradas de pánico. Ambos sabían perfectamente que no podrían oponerse a la sonrisa amorosamente maternal de Nodoka, mucho menos si estaba secundada por la gentil expresión de Kasumi.

Akane tomó a su esposo de la mano y dio un par de pasos hacia el interior de la alcoba, tratando de convencerse a sí misma que su situación no era tan mala.

Lo primero que saltaba a la vista era la cama matrimonial que Soun había mandado traer como principal regalo de bodas. Estaba cubierta por una manta bordada a mano con figuras de corazones, amuletos de fertilidad y frases de ánimo en distintos tonos de rojo y rosa. Ninguno de los dos recién casados necesitaba ver las sonrisas orgullosas de Nodoka y Kasumi para saber que todo eso era obra de ellas.

Encima de la cabecera había un pequeño altar dedicado a Inari, la diosa de la fertilidad. Lleno de pequeñas estatuas, omamoris y velas con formas fálicas de diferentes tamaños y colores. Alrededor de éste, toda la pared estaba cubierta con corazones de papel brillante precariamente recortados, enmarcando una serie de pósters y folletos evidentemente robados del Kanamara Matsuri.

Avanzaron un par de pasos más, siguiendo el camino de pétalos de prímulas, madreselvas y camelias, custodiado por estatuas jizo de piedra, cada una con su respectivo gorrito y bufanda de lana tejidos con impecable destreza y cargando pequeños saquitos llenos de arroz.

Del techo colgaba un gigantesco kusudama que les explotó en la cara, rociándolos con confetti y miles de amuletos ema con deseos escritos a mano por Genma y Soun. Tampoco necesitaban leerlos para saber que los mensajes no tenían nada de inocentes.

Akane se sentó sobre la cama, tratando de recobrar el control. Estaba vestida con un sencillo yukata como los que usaba en los resorts de baños termales y se veía completamente adorable con las mejillas rosadas y esa respiración agitada. Verla ahí, de pronto hizo que todo se volviera más real. Ranma no pudo evitar que sus ojos viajaran hacia el armario casi sin pensarlo.

–Si quieres, puedo dormir en el futón, –ofreció tímidamente.

–¡No seas ridículo, Ranma! –le llegó el grito de su padre a través de la pared.

–¿Cómo puedes decir algo así a mi hijita justo en su noche de bodas? ¿Acaso no tienes corazón? –sollozó Soun asomándose por la rendija de la puerta.

–Vaya, cuñadito. No creí que fueras tan lento.

–Hijo… eso no es muy varonil de tu parte –al murmullo preocupado de Nodoka le siguió el chasquido metálico de una katana siendo desenfundada.

–No es necesario, Ranma –respondió Akane con voz firme, como si no hubiera escuchado los demás comentarios. –Tienes el mismo derecho que yo de dormir aquí.

La mirada asesina de color avellana que recorrió a todos los presentes fue suficiente para silenciarlos.

Ranma tragó duro, asintió levemente y caminó hacia ella para tomar asiento a su lado. Se miraron de nuevo como si no existiera nadie más en el mundo mientras los demás retrocedían ligeramente intimidados.

–¿Estás bien, Akane? –preguntó el chico en un susurro tembloroso.

Quería reconfortarla, pero tenía que admitir que se sentía mucho más asustado de lo que ella se veía.

–¿Podrían hablar más fuerte? No oigo nada –exclamó Ukyo a través de la pared, desde el pasillo de al lado.

Se escucharon un par de golpes sordos y un objeto cayendo al suelo, seguido de los susurros frenéticos de Konatsu rogándole a Ukyo que se fueran de ahí.

–¡Hey, ustedes dos! –interrumpió el potente grito de Nabiki –, ¡si rompen algo, se los cobraré por el doble de lo que cueste!

–¿Ucchan? –balbuceó contrariado Ranma –, ¿qué rayos haces aquí?

–¡No es la única, Ranma-sama! –las potentes carcajadas de Kodachi se escucharon tan claras como si estuviera ahí sentada en medio de ellos y no al otro lado de la pared. –Aquí estaré para recibirte cuando te canses de jugar con esa chiquilla andrajosa y quieras probar una mujer de verdad.

–¡Saotome, maldito demonio! –agregó Tatewaki –, ¡no creas que engañas a nadie con esta ridícula farsa! ¡Admite de una vez que jamás serás digno de mi adorada tigresa y libérala de tu vil embrujo!

Ranma le lanzó una mirada de incredulidad a la pared, pero cuando giró a ver a su mujer, ésta se limitó a negar resignadamente con la cabeza. Se volvieron a quedar en silencio y fue cuando Akane notó el pequeño biombo que se encontraba mal acomodado en una de las esquinas de la habitación. Estaba decorado con unos zorritos blancos garabateados en diversas posiciones, sosteniendo herramientas de campo y canastas rebosantes de arroz. Era tan pequeño que por arriba se alcanzaba a ver la coronilla de las personas que se ocultaban tras él y a los lados se asomaban los pies y pedazos de kimono.

–¿Se puede saber qué están haciendo? –exigió Akane acercándose al biombo, aún más indignada al notar los agujeros que sus familiares había hecho para poder ver mejor.

–No te preocupes, Akane-chan, querida, –respondió Nodoka con toda tranquilidad –aquí estaremos toda la noche para reconfortarte y darles ánimos.

–Así es –, apoyó Kasumi –, vigilaremos en todo momento.

Akane no supo si reír o llorar cuando se asomó tras el biombo y descubrió a Nodoka, Kasumi, Nabiki, Soun y Genma cómodamente instalados alrededor de un kotatsu, con humeantes tazas de té y todo tipo de aperitivos sobre la mesa.

–Por supuesto, hermanita –rió Nabiki de forma burlona. –Aquí estaremos durante todos los siete días del ritual, sin falta.

–¿Siete dí…?

Los ojos color avellana volaron automáticamente al centro de la cama, donde recordaba haber visto una canasta con tres huevos, atados con un listón rosa pálido y una tarjeta de buena suerte. Obvios toques de Kasumi.

–El primer día es solamente un dedo, Ranma-kun, –se apresuró a explicar Soun. –Mañana tal vez podrás intentar con dos, luego con tres y así sucesivamente hasta que...

–¡Gracias, papá! –Interrumpió Akane con el rostro casi morado de la vergüenza. –¡Es suficiente!

Ranma se sonrojó pero sólo pudo apretar los puños y bajar la cabeza. Akane lo miró con empatía para luego dirigirle una mirada asesina a los huevos como si fueran los culpables de todo lo que estaba pasando. En un impulso, los apartó bruscamente para ocultarlos en el cajón de la mesita de noche. Por el momento era suficiente con ponerlos fuera de su vista.

–¡No estarán solos, Akane-san! –le llegó la voz temblorosa de Ryoga desde el pasillo de enfrente, –¡si ese canalla aprovechado de Ranma intenta hacer algo que tú no quieras, solo dilo y acudiremos en tu ayuda!

–¡Buena suerte, Akane-chan, Ranma-san! –apostilló Akari con entusiasmo, como si los estuviera animando en una competencia deportiva.

–¡Oye! ¿A quién le dices aprovechado, pedazo de tocino?

–¿A quién más, niñita? –se escuchó cómo Ryoga se puso de pie de golpe, –¿crees que no sé qué tipo de obscenidades estás pensando en este momento?

Ranma enrojeció enseguida. No sabía si era más fuerte la vergüenza de saberse descubierto o la indignación ante la hipocresía de Ryoga. Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no recriminarle ahí mismo todas sus chapucerías e intentos por realizar sus depravadas fantasías, hasta que Ryoga cometió el error de interpretar su silencio como una apertura para atacar.

–¡Sé perfectamente bien todas las indecencias que te mueres por hacerle, Ranma! ¡pero Akane-san me tiene a mí para protegerla!

–¡Óyeme tú, marrano! –antes de darse cuenta, ya estaba abriendo la puerta violentamente. –Akane es mi esposa y…

Desde el suelo del pasillo lo miraba no solamente Ryoga, sino Akari quien sonreía nerviosamente, sentada en medio de él y los hermanos Kuno. Ukyo y Konatsu se asomaban desde el pasillo lateral para escuchar mejor. Ranma titubeó unos instantes antes de meterle un puñetazo a Ryoga en plena cara.

–¡Todo esto es tu culpa, cerdo boca floja!

El primer golpe lo tomó desprevenido, pero Ryoga no necesitó ni medio segundo para ponerse de pie y lanzar un contraataque. A pesar del reducido espacio, los dos jóvenes no tuvieron problemas para enfrascarse en una encarnizada batalla que a pesar de su ferocidad, demostraba un perfecto control sobre la trayectoria de cada golpe, cuidando de no dañar los alrededores, especialmente a Akari.

Un delicado equilibrio entre furia salvaje y cruda; y el impecable dominio de dos artistas marciales con años de experiencia.

Al momento que Ranma giró para esquivar una patada, un pedazo de tela roja cayó al suelo, cerca de donde estaba sentada Akari. La chica lo recogió sin darle demasiada importancia y distraídamente la extendió en el suelo frente a ella, para luego soltar un chillido de espanto al percatarse de que se trataba de una tanga roja con un diseño algo peculiar.

Atraídas por el sonido, Ukyo y Kodachi desviaron su atención hacia Akari. La primera en identificar la prenda fue la cocinera de okonomiyakis, quien en su prisa por apoderarse de la tanga, no pudo disimular lo suficiente como para no alertar a la rosa negra de sus intenciones.

–¡Es de Ran-chan!– jadeó con entusiasmo–, ¡Ran-chan la tenía puesta!

–¿De Ranma-sama? ¡Hazte a un lado, criada culinaria!

–¡Yo la vi primero! ¡Suéltala!

Un violento crujido de madera y cristal al final del pasillo hizo que Akane se asomara tímidamente a través de la puerta de la habitación. Intercambió un par de miradas de desconcierto con Akari, esta última aún sonriendo incómoda sin saber qué hacer. Ignorando a las chicas que aún peleaban por la tanga, Akane caminó a lo largo del pasillo para encontrarse con la pared destrozada.

–¡Ranma, Ryoga! –llamó a través del agujero–, ¿están bien?

–¡Sí, ahora subo! –respondió una chillona voz femenina que conocía muy bien.

Por supuesto, de ese lado del patio estaba el estanque.

–¿Dónde está Ryoga? –preguntó extrañada al ver que solamente la pelirroja subía al segundo piso de un salto.

–Se perdió.

Ranma se encogió de hombros con una expresión de aburrimiento y luego lanzó el furioso cerdito hacia el regazo de Akari. P-chan le dirigió una última mirada de resentimiento a la empapada pelirroja antes de rendirse ante los mimos de su novia. Al menos Ranma había tenido la decencia de ir por una toalla para envolverlo antes de subir al segundo piso.

–¡Mi diosa de la trenza! –exclamó Tatewaki con los ojos llenos de lágrimas de emoción y los brazos abiertos. –¡Sabía que no podrías resistir el impulso de venir corriendo a mis brazos!

–¡Ya te dije que soy hombreee! –chilló Ranma esquivando su efusivo abrazo.

–¡Es Ranma, Kuno-sempai! Ella es Ranma –apostilló Akane, tomando la mano de la pelirroja.

–¡Oh, Akane Tendo! No tienes que seguir disimulando, ahora que ese demonio Saotome no está cerca, podemos aprovechar para huir los tres junt...

La voz de Tatewaki se fue desvaneciendo a medida que su figura se perdía en el firmamento. La reparación del techo podía esperar al día siguiente.

–¿Entramos al cuarto? –propuso la pelirroja despreocupadamente. –Me estoy helando.

Camino a la alcoba se cruzaron con las dos chicas que seguían peleando. Kodachi recorrió a la pelirroja de arriba a abajo con una mirada desdeñosa pero no dijo nada. Ya que la tanga había sido destrozada durante la disputa con la cocinera, optó por volver a su sitio frente a la puerta mientras se guardaba en el bolsillo lo que consideraba la pieza más grande que sobrevivió de la prenda, sin percatarse de que Ukyo hacía exactamente lo mismo.

Dentro de la habitación, Akane caminó hacia la cama y se sentó al lado de Ranma con una actitud derrotada. No había nada qué hacer. Sabía que era demasiado iluso de su parte esperar una noche de bodas normal, pero esto era demasiado. No podría ser peor.

–¡Mover poco a la derecha! –llegó el grito de Shampoo a través de la ventana–, ¡no ver desde aquí bien!

Mousse, Shampoo y Cologne estaban trepados en un árbol del jardín, estratégicamente colocados para poder ver a través de la ventana, directamente hacia la cama.

–Y ya que estamos, ¿te podrías apurar Saotome?. Hazlo de una buena vez para que ya nos podamos ir a dormir. Hace algo de frío aquí. –se quejó Mousse.

–Nos costó muy caro este lugar, querido yerno –cacareó Cologne entre rasposas risotadas–. Más les vale que el show valga la pena.

Akane se abrazó a sí misma, girándose para darle la espalda a la ventana mientras Ranma respondía levantándose a cerrar las cortinas con mucha más fuerza de la que realmente necesitaba.

Se sentaron en el suelo, con la espalda apoyada sobre la cama a modo de escudo que los resguardara de los espías detrás del biombo. Akane se revolvió nerviosa en su sitio, acomodándose la yukata. El atrevido conjunto de encaje que se había tenido que poner ante la insistencia de Nodoka empezaba a resultarle incómodo. Amargamente se preguntó si la única otra alternativa habría sido mejor. No. Definitivamente prefería llevar algo de ropa interior, aunque fuera ridículamente reveladora.

Observó de reojo a Ranma. La pelirroja estaba ruborizada y temblaba ligeramente, no sabría decir si de frío, rabia o vergüenza. La tomó suavemente de la mano y sus miradas se cruzaron. Lo absurdo de la situación les cayó de golpe y empezaron a reír suavemente.

La verdad es que Ranma sentía de todo un poco, incluyendo anticipación por lo que realmente quería que pasara. Aún estaba tenso y agradecía haber podido descargar un poco su frustración durante el combate con Ryoga, pero en ese momento le parecía que había sido contraproducente. Su corazón palpitaba tan fuerte que le zumbaba los oídos. Sentía todos los músculos calientes e hinchados de adrenalina, tanto así que cuando Akane la tomó de la mano, Ranma estaba tan alterado que sintió el irresistible impulso de mandar todo al traste y abalanzarse sobre su esposa ahí mismo sin importar quién las viera.

En lugar de eso, se limitó a entrelazar los dedos con los suyos en un ligero apretón. Tal vez no tan ligero. Por supuesto que había muchas cosas que quería hacer con Akane y en ese momento más que nunca, su cuerpo entero se retorcía de anticipación, implorando por la mujer que amaba y deseaba en secreto desde la adolescencia.

Años de deseo reprimido parecían estar pasándole factura. No obstante, el intruso bulto de su pecho chocando contra el hombro de Akane fue un doloroso recordatorio de que en ese momento no se encontraba precisamente en el cuerpo que le hubiera gustado.

Un inconveniente más a la lista de razones por las cuales no era una buena idea continuar por ese camino. Si no estaba seguro de qué tan lejos estaba dispuesta Akane a llegar con él como hombre, mucho menos sabía si su cuerpo femenino podría resultarle extraño, o aún peor, repulsivo. Un pinchazo de inseguridad le hizo bajar la cabeza, demasiado asustado de lo que podría encontrar en los ojos avellana si se atreviera a mirarlos en busca de respuestas.

–¿Ya se están besando? –preguntó Nabiki casualmente mientras comía papas fritas.

Ranma y Akane se hundieron en sus sitios, mirando hacia todos lados menos hacia ellos mismos. Sin embargo, sus manos nunca se soltaron y eso fue suficiente para que la pelirroja tomara la resolución de volver a su forma masculina.

Al principio no le había dado importancia, puesto que sería imposible cualquier tipo de acercamiento íntimo con tantos mirones alrededor. Estaba dolorosamente consciente de eso, por lo tanto había pensado que no importaría qué forma tuviera su cuerpo. Ya no estaba tan seguro de eso.

Después de haber experimentado una pequeña muestra de todas esas nuevas sensaciones que estaban por venir, se había dado cuenta de que por extraña e incómoda que fuera, ésta era su noche de bodas. Una experiencia que quería vivir al lado de Akane, con todos sus altibajos, y era algo que quería vivir como él mismo. En su propio cuerpo.

Dio un par de pasos hacia el biombo tras el que se ocultaba su familia y tomó despreocupadamente una taza de té para echársela encima. Cuando regresó a la cama, Akane lo estaba esperando con una toalla.

Mientras se secaba la cara y el cabello, Ranma sopesaba sus opciones. Ciertamente quedarse toda la noche con la ropa húmeda no era la mejor alternativa. Al sacarse la camiseta para pasarse la toalla por el pecho, se hizo consciente de su casi total desnudez y sus pensamientos volvieron a dirigirse a terrenos peligrosos.

Sabía que ponerse a pensar en ese tipo de cosas era lo peor que podía hacer, especialmente con la precaria prenda húmeda como única aliada para ocultar los efectos que esos pensamientos tendrían sobre su cuerpo masculino. Al parecer, volver a ser hombre no resultó ser una idea tan brillante como había creído.

A través de su vista periférica podía divisar a Akane, con la expresión apacible de haberse resignado a sus inusuales circunstancias. Se veía exhausta, pero la suave textura de su piel, el dulce aroma de sus cabellos, sus labios casi tan rojos como sus mejillas la convertían en una visión hipnotizante.

Durante un par de tortuosos segundos, se permitió olvidarse de todo y simplemente disfrutar la deliciosa cercanía de su mujer. Sería tan fácil simplemente dejarse llevar. Si tan solo pudieran tener un momento a solas, Ranma sabía que lo único que tendría que hacer era dejar que las cosas fluyeran entre ellos. Lo deseaba tanto que dolía, quemaba.

Especular con lo que le esperaba debajo de la yukata que Akane llevaba en estos momentos le aterrorizaba a la vez que demandaba toda su atención, pero una vez más tuvo que recordarse de que no podría ocultar que estaba teniendo ese tipo de pensamientos si ella llegaba a acercarse demasiado.

Estaba tan concentrado en su propio dilema que para cuando sintió los ojos de su mujer posarse sobre él, lo único que acertó a hacer fue petrificarse. No obstante, en la mirada avellana de la chica solamente encontró dulzura, esa misma que siempre le daba esa seguridad infranqueable de que todo estaría bien.

–Está todo muy silencioso, ¿crees que ya se mataron? –les llegó el susurro malicioso de Nabiki a través del biombo.

Sin embargo, nada de eso importaba porque Ranma y Akane sabían que no necesitaban palabras para comunicarse. El atolondrado muchacho rodeó a su esposa con el brazo, atrayéndola hacia sí. Disfrutando su presencia, su calidez, su compañía.

Suspiró satisfecho. Definitivamente la vida era buena.

...

El lejano aullido de un perro se coló a través de la ventana. Todo estaba silencioso, salvo por algunas respiraciones acompasadas que se filtraban junto con la tenue luz de una solitaria farola, diluyéndose en la oscuridad del ambiente.

Ranma y Akane estaban recostados sobre la cama matrimonial, con toda la pila de amuletos, pétalos y decoraciones amontonadas a sus pies sin ningún reparo. Se encontraban agotados mental y físicamente. Después de la ajetreada ceremonia, el acoso en el baño mientras se preparaban para dormir y el acecho durante los primeros momentos en la alcoba, no les había quedado más que esperar a que los metiches se cansaran de la inactividad.

Para Akane había sido doblemente frustrante, ya que a diferencia de su esposo, ella no podía responder con merecida violencia los bienintencionados pero completamente desatinados comentarios de Kasumi y la tía Nodoka. Ni qué hablar de las burlas subidas de tono de Nabiki, así que tuvo que hacer uso de todo su autocontrol mientras escuchaba los explícitos consejos recitados con maternal dulzura y las observaciones pícaras envueltas en risitas burlonas. Ninguno de sus artículos de aseo personal sobrevivió esa noche.

Ranma se asomó por la rendija de la puerta de la habitación para asegurarse de que todos los testarudos espías habían sido finalmente vencidos por el sueño.

Ryoga aún en su forma de cerdito, Akari, Kodachi, Konatsu, Ukyo. todos ellos dormían profundamente sobre el piso del pasillo.

Por otro lado, no necesitaba asomarse detrás del biombo para saber lo que los suaves ronquidos ya le habían confirmado.

Soun y Genma sonreían triunfalmente apoyados el uno en el otro, sonrojados por la descomunal cantidad de alcohol que habían bebido durante la recepción. Kasumi descansaba contra la puerta del armario, con su expresión imperturbable de siempre y con la mano apoyada cariñosamente sobre la cabeza de Nabiki, quien dormía sobre su regazo.

Con cuidado de no hacer ruido, Ranma se acomodó en la cama junto a su recién proclamada esposa.

Desde esa posición podían ver claramente a Shampoo, que había resistido la somnolencia hasta el final como la orgullosa amazona que era, pero que finalmente sucumbió sobre la rama del árbol en el que se había posicionado para vigilar a los recién casados en su noche de bodas.

En algún momento durante su sopor, había buscado instintivamente la fuente de calor más cercana, y ahora disfrutaba del confort de los brazos de un dormido Mousse. Más tarde, el chico pato se lamentaría no haber estado consciente para disfrutar del momento antes de que su compañera despertara y lo moliera a golpes.

Mientras tanto, a pesar de la extrema fatiga por todo lo que habían tenido que pasar, para Ranma y Akane, conciliar el sueño resultaba una tarea imposible.

–Me es difícil decir lo que más quiero decirte–, susurró Ranma al oído de su mujer.

–Lo sé.

Akane alzó la vista para encontrarse con los ojos de su esposo. En la tormenta de cobalto pudo leer claramente todo aquello que sus labios no eran capaces de pronunciar.

"He aprendido a aceptar que mi vida siempre será un desorden absoluto. La lucha constante es parte de mí. Lo ha sido siempre, y hace mucho que hice las paces con la batalla interminable que me persigue a donde voy.

Pero la verdad es que todo este tiempo estuve vagando a ciegas en la oscuridad, solo y perdido, creyendo que nunca fui lo suficientemente bueno para merecer algo real, sintiendo el vacío de creer que algo así ni siquiera existía.

Hasta que te conocí, Akane.

Tú le diste calor a este corazón que nació para correr. Ver tu sonrisa fue como ver el verano por primera vez. Fue casi instantáneo, tengo que admitirlo. Me rendí, la pelea terminó cuando me ofreciste tu amistad.

Entendí que hasta ese entonces había vivido libre y salvaje, pero también a la deriva, siguiendo un rumbo errático hacia ninguna parte. Desamparado, sin pertenecer a nada ni a nadie, hasta que tomaste mi mano y entonces supe que nunca más tendría que volver a estar solo.

Eres mi equilibrio en medio del caos, eres mi centro y por eso, no importa a donde vaya, siempre encontraré el camino de vuelta a ti, porque tú eres mi hogar."

"Ranma… llegaste a mi vida así, sin avisar, para voltear mi mundo de cabeza, pero también para enseñarme a aceptar las partes de mí misma que no encajaban en el molde que durante toda mi vida creí que debía llenar. De ti aprendí a fluir con la corriente, en vez de resistirme a ella.

En ti encontré la libertad de ser yo misma, sin pretender nada más, pero también sin tener que pedir disculpas por lo que soy.

No fue fácil, al principio tuve miedo. No te entendía, pero te volviste mi amigo, te ganaste mi confianza, y me convertiste en una salvaje como tú. Arrasaste con todo lo que creía saber y te instalaste sin permiso en mi corazón.

No estaba preparada para esto, a veces es difícil seguirte el paso, pero si de algo puedo estar segura es de que cada vez que tomas mi mano, no tengo miedo de nada."

Notas de la autora

Hola a quienes hayan llegado hasta aquí, y gracias a Benani0125, graceurglsq, JHO-rdi and GI, James Birdsong, nancyricoleon, Ranma84, SARITANIMELOVE, Juany Nodoka, DolcePiano, SakuraJonas12, EroLadyLawliet, Shojoranko, Lady excaret y Yanya por sus reviews. También gracias por los follows y favs, y a quienes pasan a leer.

Cuando estaba escribiendo este one shot tuve que recortar muchas cosas y una de ellas fueron los votos matrimoniales porque parecían demasiado conclusivos para estar en el medio de la historia y porque me parecía algo ooc que Ranma y Akane hablaran de este modo frente a tantas personas.

Después, platicando con DolcePiano, le mostré las partes que había recortado y me alentó a incluirlos, porque consideró que hacían falta. Lo que inició como una pequeña escena en la que Ranma y Akane se miraban a los ojos en el cuarto, se extendió hasta formar el anexo que presento aquí, y bueno, me encantaría saber qué opinan.

Gracias por leer.

Un abrazo,

LunaGitana