Disclaimer: Los personajes de esta serie de Drabbles les pertenecen a la Mangaka Rumiko Takahashi, en cambio la trama salió exclusivamente de mi mente loca e inspirativa. No se aceptan copias/plagio del mismo.

Fanfic participe del Kinktober 2020

Advertencia: Este drabble es la continuación de Silla.


Juguete


—Toma, es para ti.

—¿Qué es?

—Ábrelo — insistió con urgencia.

Kagome desvió su vista de forma curiosa a la caja pequeña que yacía en sus manos. Anteriormente la había sacado de una bolsa color rosa palo, con ciertas decoraciones delicadas.

Decidió no seguir insistiendo en respuestas de parte del albino, y extrajo la tapa de la caja en tonos rojizos y burdeos. Su expresión fue digna para un museo de arte; en su boca se formó una perfecta "O" y sus ojos la acompañaron abiertamente. Luego, sus cejas se arquearon y volvió a buscar respuestas en su profesor.

Éste enrojeció ante su mirada intensa pero no se dejó vencer por la vergüenza. Extendió su mano y extrajo el contenido de la caja con delicadeza.

—Supuse que es tu talla, aunque no soy experto en la materia. Incluso la señorita de la tienda se reía al mostrarme todos los tamaños, texturas y diferentes colores que tenían — abrió la tela armada y la colocó sobre su pecho simulando ponérsela.

La fémina soltó una carcajada al verlo bromear con ello. Estaba enternecida por lo atento que era él, siempre que tenía oportunidad le regalaba rosas, chocolates, perfumes y lencería, como en esta ocasión.

Le arrebató el brasier blanco con encaje en color rosa pastel y comprobó que su talle era el correcto. Definitivamente, la conocía más de lo que ella hacía.

Extrajo la pequeña braga de la misma tela y textura que el brasier y lo inspeccionó con detalle. Era demasiado sensual y atrevido para su gusto, pero sabía que aquello era más del agrado para el albino que para ella.

Era un autorregalo para Inuyasha que ella usaría con gusto de ver su cara desencajada de placer.

Con aquella idea en mente, se dirigió el otro día al instituto. Sabía que hoy tenía clases con su profesor favorito y que mejor manera que estrenar su nuevo conjunto de lencería.

A penas llegó al salón de clases, se sentó rápidamente en su pupitre y espero con ansias la llegada de Inuyasha.

A los minutos, lo sintió llegar y todo el alumnado se paró dando una reverencia de bienvenida. Cuando volvieron a su antigua posición, vio que su mirada dorada inspeccionaba el lugar en busca de su presencia y cuando la encontró, le dirigió una sonrisa leve para después proseguir con el inicio de su clase.

Ella siguió con atención todo aquello que explicaba el albino, incluso admitía que se enamoró de la manera en que explicaba con pasión los temas de la materia. Ese brillo en sus ojos dorados era único, al igual que el fuego yaciente en sus iris cuando hacían el amor.

Se reacomodó en su asiento y su mente maquiavélica se activó. Necesitaba hacerle saber que hoy se dignó a estrenar su regalo y que obtendría una buena visión de ello.

Con una sonrisa melosa en su rostro, abrió disimuladamente sus piernas, dejando a la vista una porción de sus bragas blancas. Agradecía sentarse en primera fila donde nadie obstruía su espectáculo.

Inuyasha se encontraba atentamente explicando sobre el periodo Sengoku y las guerras del antiguo Japón cuando un movimiento conocido llamó su atención.

Su mandíbula casi se desencaja al captar en demasía la cremosidad de las piernas juveniles y aquella tela de encaje oculta entre su falda verde. Aclaró su garganta y simuló distracción ante su provocación.

La cosa no quedó ahí, pues Kagome al verse ignorada decidió dar un paso más allá. Traviesamente mordió su lapicera, sabiendo que aquello lo ponía duro y guio su delicada mano hacia sus muslos internos.

Su sonrisa se extendió cuando los ojos de Inuyasha se posaron en su movimiento y él no dudó en advertirle con los mismos. Lo ignoró por completo y comenzó un camino hacia sus bragas, donde la excitación ya era evidente.

"Maldita Kagome, no se da cuenta que estamos en horario de clases" — se regañó mentalmente volviendo a su asiento.

—Ya veremos quien ríe al final — susurró para el mismo de forma victoriosa.

De su maletín profesional extrajo un pequeño control con algunos botones en rojo. No dudó y presionó el primero en la fila.

Su sonrisa femenina se vio opacada al sentir una vibración extraña cerca de su clítoris. Instantáneamente, cerró sus piernas buscando eliminar aquel movimiento, pero fue en vano, pues la vibración se sentía más fuerte.

Dirigió su mirada curiosa hacia su profesor y al ver aquella sonrisa pícara, mientras revisaba unos papeles, comprendió inmediatamente.

El maldito no solo le había regalado un hermoso y sensual conjunto de lencería, sino que éste tenía un pequeño vibrador escondido entre la tela de las bragas. Todo cuadraba perfectamente, recordando la incomodidad que sintió al colocarse la tela sobre sus partes.

La vibración se incrementó y no pudo evitar soltar una maldición. Se sentía tan bien, sumando la adrenalina del lugar público en el que estaba. Aquel aparato se movía y su clítoris reaccionaba ante él, hinchándose de placer y con ganas de más.

Mordió su labio inferior, callando los gemidos nacientes en su garganta. La humedad de su entrepierna se incrementó al igual que la vibración.

No tardó en mirar intensamente a su profesor, deseaba que parara con aquella tortura, pero su cuerpo se negaba ante la pensada decisión. Quería que el albino la tomara en ese mismo instante, gritando de placer sin importarle los espectadores.

La gota que rebalsó el vaso fue aquella pregunta que brotó de los labios de él.

—¿Te encuentras bien, Higurashi? — su timbre denotaba preocupación, pero la colegiala sabía que era una perfecta imitación.

Él degustaba verla así, retorcerse de placer por aquel aparato que no paraba de vibrar en su intimidad. Tomó todo el valor que pudo y trató de que su tono de voz sonara lo más normal posible.

—Estoy bien, profesor.

Pero aquello no terminaría así, ya se vengaría de lo sucedido y con mucho gusto. Por el momento, decidió dejarse llevar por el reciente éxtasis que su cuerpo experimentaba mientras improvisaba una mirada normal, opacando sus muecas.

Fin

Palabras: 999


Notas de autor: No se crean que los he abandonado, este drabble está recién salido del horno y como me gustó tanto, se los quise compartir ¿Les gustó? ¿Desean la venganza de Kagome? JAJAJA

Este drabble fue a pedido de mi bella colega, Zio Takumi. Te cuento que lo único que odié de este escrito fue haberlo terminado, porque te juro que quería seguirlo pero tuve que parar al instante en que llegué a las 999 palabras :c

Wenooo, llegó el momento de agradecer a todos los que leen este reto y también a los que comentan, me fascina leer sus opiniones al igual que escribir cada drabble.

- Zio Takumi: Literal que me encanta ponerlos en algún lugar público, lo encuentro tan excitante y a la vez prohibido. Solo esperemos que la azafata pase de largo y así se ahorran una humillación :0. Me alegra que te hayan gustado los anteriores, creo que son mis favoritos ya que pude utilizar mi glosario de palabras sexuales JAJAJAJA.

- I'm Iseul: ¡Por fin ellos tuvieron su sesión de sexo! Agradecemos la determinación de Inu por concretar tal acto, se ve que estaba como loco por hacerlo xD. Te juro que yo estaría igual, me daría alto miedo que me descubrieran en plena mano cruzada jsjsjsjs.

- Serena tsukino chiba: Ese es nuestro Inu favorito, siempre tan sensual e influyente en Kagome. Esas manos grandes y expertas nunca faltaran en el cuerpo femenino 7u7

¡Nos leemos mañana! Aún estoy entre dos opciones, pero les adelanto que serán candentes y un tanto explícitos.

¡Saluditos, mis bellos lectores!