Disclaimer: Los personajes de esta serie de Drabbles les pertenecen a la Mangaka Rumiko Takahashi, en cambio la trama salió exclusivamente de mi mente loca e inspirativa. No se aceptan copias/plagio del mismo.

Fanfic participe del Kinktober 2020


Masturbación


Suspiró sonoramente por quinta vez sin saber que hacer. Sus grandes ojos observaban todos los juguetes que yacían tirados sobre el pavimento gris de su hogar.

El sol destacaba en lo alto del firmamento celeste, sin nubes que oculten su brillo. Aquello fue la principal razón por la que pequeña decidió jugar en el patio de su casa. Llevó la mayoría de sus muñecos desde su habitación hasta el exterior, en una caja de madera decorada con sus pequeñas manos y esfuerzo.

Estuvo varios minutos jugando con ellos, imitando voces y roles perfectos para el contexto que su mente creó. Pero no era suficiente distracción para su aburrimiento. Próximamente todo juego que inventaba fue reemplazado por la molestia y sus sonoros suspiros frustrantes.

Se cruzó de brazos y con decisión comenzó a guardar todo dentro de la caja, queriendo partir rumbo a su habitación.

Capaz que su mamá le ayudaría a terminar con su aburrimiento, aunque ésta escaseaba de tiempo debido a la corta edad de su hermano menor Sota. Aquel infante a penas entendía las palabras que trataba de decirle, por lo que iniciar un juego con él se veía imposibilitado.

Levantó su pequeño cuerpo del duro suelo gris y desempolvó su tierno vestido rosa con sus manos.

Cuando comenzó a tomar la caja desde los extremos, un sonido inundó el lugar, atrayendo su completa atención. Soltó el cuadrado de madera hueco y se digirió a cortos pasos hasta hallar el lugar exacto donde provenía la melodía. Ésta incrementaba su volumen con cada paso pequeño que daba.

Cuando su vista fue impedida por el alto cerco de madera, debido a su corta altura, buscó soporte en algún objeto dentro de su jardín. Tardó en hallarlo hasta que sus ojos chocolates se enfocaron en un banco de madera que su madre utilizaba para limpiar las canaletas.

Fue en su búsqueda y lo colocó cerca del cerco, asegurando el soporte del mismo. Se subió en él, manteniendo el equilibrio y apoyó sus delicadas manos en la madera barnizada.

El jardín de su vecino se proyectó en sus lagunas chocolates. A diferencia del suyo, ahí abundaba lo verde, con variedad de flores y plantas. También había varios juguetes esparcidos por el césped, pero aquello no fue de gran atención pues la figura de un niño sentado ocupó su mente.

Él se entretenía rasgueando las cuerdas de una guitarra acústica, tratando de recordar los acordes de aquella canción que su mamá le cantaba todas las noches antes de dormir.

Kagome no aguantó su emoción y con saltitos pequeños en el banco, escupió su curiosidad.

—¿Sabes tocar la guitarra?

El pequeño albino dejó de centrarse en el instrumento y observó a la chillona de su vecina.

Era realmente fastidiosa cuando quería. No era la primera vez que lo espiaba desde un banco y la cerca, recordaba que antes lo hacía en silencio. Incluso su madre tenía el descaro de decir que ella sería su futura esposa.

Si, claro, antes muerto que casarse con una niña gritona, caprichosa y desalineada. Debía mantener las distancias antes de que ocurriera lo peor.

—¡Keh! ¿No es obvio, tonta? — su timbre era brusco.

Kagome ignoró el despectivo y siguió observando con atención aquel instrumento enredado entre las manos de su vecino.

—¿Me enseñas a tocar la guitarra? — pidió poniendo su mejor cara de favores.

—No y ya deja de fastidiar, niña — refunfuñó abruptamente.

Justo cuando emprendía camino a su hogar, escuchó una determinación brotar de los labios de su vecina.

—Ya verás que me terminarás enseñando.

Bufó nuevamente y negó tales hechos futuros. Jamás se involucraría con aquella niña chillona, en ningún sentido.

-.-.-

—¿Te gusta cómo toco la guitarra?

—Si... — logró admitir. —Sigue, por favor.

Inuyasha sonrió con todo su orgullo a flor de piel y prosiguió con su acción gustosamente.

Palpó los suaves pliegues femeninos sin interrupción de telas de por medio. Deslizó dedo tras dedo entre la humedad de su excitación y la carne enrojecida por sus caricias constantes.

¿Quién diría que terminaría enseñándole a tocar la guitarra a su vecina?

Realmente fue inevitable. Con el correr de los años, ambos crecieron y maduraron notoriamente. El albino se convirtió en un adolescente de 17 años, fornido y con una belleza exótica por sus ojos dorados en combinación con su melena albina. Kagome, a su vez, se hizo señorita, dejando a la luz sus perfectas curvas y su cara coqueta.

Nunca creyeron que aquella determinación de una pequeña Kagome se convertiría en realidad, pero la atracción y el deseo sexual por el otro fue realmente fuerte.

Ahora se encontraban en la habitación del albino con la excusa de enseñarle lecciones de guitarra acústica a su vecina, aunque su enseñanza fue en el sentido literal.

La joven soltó otro gemido y mordió su labio inferior frenando los siguientes. Se sentía tan bien la mano de Inuyasha sobre su intimidad, aquellas enviaban corrientes eléctricas por todo su torrente sanguíneo.

Su cuerpo yacía desnudo y sudado entre las sábanas blancas masculinas. Se arqueó nuevamente cuando la extremidad incrementó el ritmo de su intromisión. Los fluidos facilitaban el desplazamiento, enrojeciendo e hinchando de deseos sus pliegues y clítoris.

Inuyasha la besó con frenesí mientras introducía un dedo en su cálido interior. Simuló ser su miembro y comenzó un vaivén con ferocidad, arrancando más jadeos de la garganta femenina.

Luego desvió sus labios hacia sus pezones erectos, quienes lo llamaban con ansias. Los devoró y succionó con delirio.

Kagome se sentía cerca, aquella sensación calentó en demasía su bajo vientre y sus músculos comenzaron a destensarse. De pronto, una ola de calor azotó su cuerpo y su intimidad palpitó indecentemente. Los espasmos hicieron lo suyo y desbordaron su ser, al igual que su respiración acelerada por el orgasmo.

El miembro de Inuyasha endureció aún más dentro de su bóxer ante espléndida visión que le otorgó su vecina. Le calentaba tanto verla disfrutar de sus arremetidas fogosas, que ahora él necesitaba la atención debida en su dureza.

Cuando los efectos del clímax sucumbieron en la joven, Kagome decidió brindarle el mismo placer a su vecino.

Empujó su pecho musculoso sobre el mullido colchón y lo despojó de su bóxer. El miembro erguido se dejó ver, hinchado y enrojecido fieramente.

—Te enseñaré cómo se toca la flauta — susurró ella indecentemente.

Inuyasha soltó una pequeña risa que luego fue reemplazada por un ronco gemido, sintiendo la humedad de la boca femenina y su lengua en su glande.

En definitiva, ambos eran profesores de una pasión intrépida.

Fin

Palabras: 1081


Notas de autor: ¡Hellow bonis! No se crean que he abandonado el reto, no señor. Les quiero comentar el porqué ayer no actualicé, resulta que el domingo me entero de que alguien había robado un fanart de Inuyasha que yo dibujé. Capaz que para ustedes no es gran cosa, pero no saben lo horrible que se siente que te roben algo que vos, con tanto amor y esfuerzo, creaste.

La cosa es que estuve todo el día de ayer deprimida, sin ganas de nada (ni de actualizar, ni de escribir, ni de dibujar). Si no fuese porque unos amigos que también dibujan fanarts me ayudaron a escrachar a este usuario de Instagram, seguiría tirada en mi cama como una bolita triste. Enserio, les agradezco de corazón a esas hermosas personas ;-;

Volviendo al reto… ¿Qué les pareció este drabble? Perdonen por las 81 palabras de más, pero no podía cortarlo a la mitad o seguir eliminando párrafos.

Les cuento que antes tenía otra idea bien explicita, pero me decidí por esta ya que surgió en base a una experiencia. Antes de que piensen que yo tuve un vecino, con quien me pajeaba, aclaro que no es tan así… en realidad, salió todo por una joda con mi bro JAJAJAJAJA. No diré nada al respecto, lo dejo a su criterio xD

Les comento que hoy habrá doble actualización… ¡YES! Subiré en minutos el siguiente drabble y prepárense porque será explícito y candente :0

Así que, nos vemos en unos minutos. También responderé sus comentarios allí.

¡Los quiero!