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Watching
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El calor que había dentro de ella la estaba asfixiando. No podía dejar de jadear; sentía que, al momento de atreverse a dejarlo de hacer, dejaría de vivir. Su cuerpo estuvo empapado de sudor, y ella no podía decir si se trataba del calor que la quemaba desde dentro, o si se debía a su nerviosismo y culpa. Su pecho se movía de manera agitada al no obtener el suficiente oxigeno que solía necesitar, trataba de regular inútilmente su respiración.
El estado en el que se encontraba la exasperaba, podía sentir la impotencia por su ser al no poderse tranquilizar. Al estar acostada en su cama, sin ninguna sábana sobre ella, sólo lo hacía peor. Por más que las sábanas que cubrían la cama estuviesen frescas, Ichigo creía que éstas eran la causa que provocaba tal atroz calor en ella. Cerró los ojos fuertemente, tratando de buscar la tranquilidad y frescura. Una vez más, falló. Ella pensó que una buena opción para aliviar el calor infernal de su cuerpo sería meterse a la nevera.
Sentía que estaba por perder el control, Ichigo sólo quería pararse de ahí a como diera lugar y salir corriendo alrededor de la casa, desnuda, mientras se arrancaba cabellos de la cabeza por la tremenda desesperación que recorría su ser de pies a cabeza. La única razón por la que no se encontraba ya desnuda en su cama, tratando de generar brisas que la refrescasen con sus manos, era porque temía las usuales e inesperadas visitas que realizaba Kisshu y, simplemente explicar qué sucedería después de que él la viera así, jadeando y desnuda, estaría de más.
Comenzó a maldecir entre dientes, en voz baja y en susurros que parecían más bien farfullas sin sentido. Aquel calor insoportable la ponía en un mal humor tremendo. Empezó a maldecir a Kisshu, desviando todos sus malos pensamientos hacia el alíen de largas orejas. Si él no hiciera sus inoportunas visitas, ella estaría haciendo lo que imaginaba en su cabeza. Comenzó a olvidarse de sus pensamientos pesimistas y comenzó a pensar en Kisshu y todas las estúpidas visitas que realizaba. Eran innumerable las que ella se cambiaba tranquilamente y un escalofrío recorría su cuerpo entero al oír una risa traviesa detrás de ella. Ichigo estaba completamente segura de que Kisshu no la visitaba simplemente para saciar su morbo de verla con poca ropa, ella intuía que lo hacía para sacarla de sus casillas, molestarla y llevar su rabia hasta límites abismales.
─Estúpida sonrisa ─comenzó a gruñir─. Estúpida mirada. ─Otro leve escalofrío la cubrió al momento en que uno de los recuerdos de la sonrisa de Kisshu apareció en su cabeza. Su estúpida sonrisa tan confiada ─Como si todo estuviera bajo control. Bajo su control. ─Volvió a gruñir.
Ichigo comenzó a reunir todos los aspectos que ella odiaba de Kisshu. A decir verdad, prácticamente lo estaba describiendo. Cerró los ojos y respiró hondo.
"Su fuerza. Sí, su fuerza." Pensó. Abrió los ojos y frunció el entrecejo.
─Su increíble fuerza. ─Sin quererlo, un suspiro se le escapó de entre los labios.
Aunque Ichigo despreciara a Kisshu, ella admitía que Kisshu tenía una sorprendente e inmensa fuerza. En cierto modo, agradecía que éste no hiciera cosas tan estúpidas y llega lastimar realmente a alguien. Luego recordó su ropa.
─Su ropa. ─Resopló en forma de burla. La animó un poco─. Su ridícula ropa.
Cerró los ojos y comenzó a tranquilizarse. Se imaginó a la figura completa de Kisshu y con todos los defectos que ella había encontrado en ese momento. Mantuvo sin abrir sus dejó volar su imaginación. Desde una distancia, pareciera que Ichigo movía sus ojos a pesar de que estos estuviesen cerrados. Recordaba aquella sonrisa. Lo más que le irritaba aquella sonrisa y de ahí, su mirada. La irritaba aún más cuando ella estaba en un humor inestable, cuando él sonreía burlón y victorioso, y ella no podía hacer absolutamente nada para quitársela.
Sonrió a sí misma de orgullo al pensar que posiblemente ella tenía un cierto control en él. Diminuto, tal vez, pero existía. Pero aquel control desaparecía por completo Kisshu perdía la cabeza, lo cual, muchas ocasiones de ello se habían presentado. Le asustaba cuando él perdía el control, porque si él no lo tenía y mucho menos ella, entonces. Y Kisshu era una persona impulsiva y con poder. Recordó aquellas veces en que Kisshu había perdido el control y el color de sus ojos habían tornado a un tono más oscuro. Su sonrisa se había torcido en una manera que al ver regresaba ese miedo que tenías de pequeña al escuchar algo en tu solitaria habitación. Sus puños temblaban de la fuerza con la que los estaba cerrando. La sangre en su pecho deslizaba hasta su abdomen.
Abrió los ojos y sacudió la cabeza. Para ella, realmente le aterraba. A la sorpresa de Ichigo, ésta se había tranquilizado un poco respecto a su calor. Conservó la mirada perdida en el techo y dejó explorar su mano una vez más. La culpa seguía a era cruelmente ignorada. Al momento en que Ichigo rozó la tela sobre su entrada, se estremeció y cerró los ojos; dejando escapar un ligero suspiro. Ichigo relamió sus labios e inferior. Su mano dudó por un momento, pero después se convenció en que tal vez le hacía bien. Ella sabía que eso era una completa mentira, o eso creía ella. Hizo a un lado la tela y comenzó a acariciarse gentilmente. Sintió paz venirse sobre ella. Dejó escapar un suspiro callado. Comenzó a juguetear con sus dedos de una manera torpe, ella se estaba consintiendo. Sintió un extraño nudo en su estómago, como si fuese de nervios y emoción en busca de algo más. Algo que la hiciera sobresaltar. Abrió los ojos ligeramente una manera perezosa.
"¿Más? ..." Se atrevió a pensar. "No, no…" Se quiso convencer.
A pesar de dichos pensamientos, cerró sus ojos y continuó. Tragó fuertemente, preparándose para lo "peor". Le hacía sentir bien, pero comenzó a pensar que tal vez necesitaba motivación. La tenía, pero necesitaba más. Pedía, necesitaba y suplicaba por más. Ichigo era, dulce e ingenuamente, nueva en esto. Sabía que había personas que hacían eso pensando en alguien a quien amaban o les resultaba atractivo. No estuvo muy convencida, pero dio un disparo a lo oscuro.
─M-Ma… ─Comenzó sin entusiasmo alguno─. Masaya… ─Intentó hacer de ello, por más que pudiera, un suspiro.
Sin éxito. Se detuvo por un momento y abrió los ojos por completo, esperando que la respuesta fuera más obvia. Realmente no tenía a nadie. Parpadeó un par de veces, sorprendida, como si algo se le hubiese presentado al cabeza, algo inesperado. Volvió a tocarse. Finalmente, y de una manera entusiasmada y sin duda, introdujo la punta de su dedo índice. Suspiró y cerró los ojos. Relamió sus labios y repitió el paso anterior. Le empezó a gustar.
─Ah… ─Gimió calladamente.
Apretó sus párpados cerrados. Por un momento, ella quiso dejar con lo dulce, tierno y tranquilo y pasar por algo más brutal y excitante. Sacudió la cabeza de inmediato para borrar aquellos pensamientos. Le aterrorizó pensar de tal manera. Una pequeña sonrisa traviesa quiso aparecer en sus labios, pero la disimuló. Aceleró. Introdujo un segundo dedo, lo estremecerse por completo, arquear su espalda y gemir un poco más fuerte de lo habitual. La culpa ya no existía. Se sintió por dentro húmeda y apretada. Bombardeó débilmente dedos y dejó escapar varios gemidos ahogados.
─Más, más… ─Se suplicó a ella misma.
Llegó a tal punto en que levantó su pelvis, con la mano debajo de sus bragas y bombardeando sus dedos. Quiso más, eso lo tenía asegurado. Estuvo dispuesta a explorar. Gimió una vez más. Con su mano libre, acarició su abdomen por debajo de la blusa y comenzó a subir más. Llegó hasta uno de sus pechos. Dudó un poco, pero prosiguió. Acarició su pezón de una manera tímida y luego se detuvo. Se sintió observada, aunque ella creía que no lo era, pero simplemente temía que alguien la viera en tal pose, aunque su mano dentro de su braga no le molestó. Definitivamente, aquello había quitado su abrumador calor y convertido en uno placentero. De repente, su celular sonó. Ichigo hizo un movimiento rápido y retiró su mano de inmediato. Tal movimiento exagerado por los nervios y miedo hizo que se cayera.
─Ow… ─Sobó su cabeza donde recibió el golpe. Tomó el celular, cuyo estaba en la mesita de noche junto a la cama─. ¿Bueno?
─ ¡Ichigo! ─ Sonó una voz masculina enfadada─ ¡¿Qué rayos crees que estás haciendo?! ─ Ichigo llegó a pensar en que la habían visto tocándose, aunque eso no era posible. ─. ¡Se supone que deberías haber estado aquí desde hace media hora!
"¡El café!" Pensó, tapándose la frente con su otra mano.
No podía creer que ya había pasado media hora.
─Oh, sí, sí. Estaré ahí en un momento, Ryou. ─El joven pudo percibir celular móvil la sonrisa torpe de la chica del otro lado de la línea.
Colgó. Rascó su cabeza, exhausta. Ella definitivamente no quería ir, se estaba divirtiendo ella sola. Estuvo sentada en el piso por un momento, pensando qué hacer, a pesar de que ella exactamente qué hacer. Después, se levantó, salió de la habitación y corrió hasta llegar a la puerta y ponerse sus zapatos. Salió de la casa. Una risa traviesa resonó en la habitación y unas ondas aparecieron.
─Vaya espectáculo me has dado, gatita ─dijo con una voz pícara. Relamió sus labios sensualmente y sonrió, a relucir sus colmillos.
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