Disclaimer: Los personajes de esta serie de Drabbles les pertenecen a la Mangaka Rumiko Takahashi, en cambio la trama salió exclusivamente de mi mente loca e inspirativa. No se aceptan copias/plagio del mismo.

Fanfic participe del Kinktober 2020


Viagra


De un salto, se subió al techo de chapas, amortiguando la caída con sus pies entrenados y abrió de sopetón la ventana. Una vez dentro de la habitación femenina, olfateó el dulce aroma emanante de las cosas dentro del lugar. Todo olía tan delicioso para su gusto, olía tan a Kagome.

Inspeccionó con su vista la presencia de la susodicha sin encontrar rastros de ella por lo que decidió recorrer la planta alta del hogar obteniendo el mismo resultado. Luego se dirigió hacia abajo continuando su búsqueda.

Cuando llegó a la cocina se topó con la madre de la colegiala y el pequeño Sota. Ella al verlo con su rostro de preocupación, sonrió cálidamente entendiendo el significado de su expresión.

—¿Buscas a Kagome, cariño? — preguntó, sabiendo la respuesta.

—Ehh, si... — respondió con un sonrojo adornando sus mejillas. Aún no estaba acostumbrado al cariño por parte de la familia de Kagome.

—Hace 15 minutos salió con sus amigas. Puedes esperarla, seguro no tardará.

El albino asintió ante su respuesta y volvió a la habitación de la colegiala.

Aquel lugar olía tanto a Kagome que, de pronto se sintió mareado. No sabía si era el efecto de su olfato sensible o sus sentimientos profundos por la fémina.

Hasta su alocado corazón se alteraba cuando pensaba en ella y en todas sus muestras de cariño que le dirigía, sin pedir nada a cambio.

—¿Qué me has hecho Kagome para tenerme así? — llevó una mano a su pecho, buscando confort.

Siguió recorriendo con la mirada todos los objetos de su habitación. Muchos de ellos eran tan complejos que ni sabía su mecanismo por muy sencillo que sea. Su mente antigua aún le costaba razonar.

Incluso rio cuando vio el nuevo aparato rosa con algunos dígitos extraños y dos líneas negras señalándolos. Al parecer consiguieron otro reloj, como la familia Higurashi lo llamaba.

Toda su curiosidad se centró en un nuevo objeto que brillaba por los escasos rayos del sol. Arrugó su ceño y se acercó hacia él.

Estaba al lado del reloj nuevo y el material de metal fino resaltó en demasía. Lo tomó con cuidado por sus garras e inspeccionó con más énfasis.

Del otro lado había cuatro puntos azules encapsulados en el metal. Se parecían demasiado a las golosinas que Kagome le regalaba siempre al pequeño zorro.

—¡Keh! Seguramente es otro nuevo regalo para él — exclamó con celos. —No creo que se enoje si pruebo uno. Además, ese enano nunca comparte sus regalos.

Sintió el crujir del material cuando lo presionó con fuerza y todos los puntos azules cayeron al piso.

—¡Maldición! Ahora si me sentará.

Los guardó de inmediato dentro de su manga roja, ocultando la evidencia de sus actos.

Un aroma familiar comenzó a filtrarse en su nariz, anunciando la llegada de la joven al hogar. Con nerviosismo en sus venas, brincó por la ventana y se ocultó entre las ramas del árbol sagrado.

Una vez cómodo, extrajo las golosinas azules y las olfateó buscando algún mal en ellos. Sin resultados, se llevó una a la boca y la tragó de inmediato.

—Joder. Esto es peor que la comida que prepara Kagome — las muecas expusieron su repulsión por el sabor.

Tiró las demás por el jardín de los Higurashi y bufó sintiendo aún la amargura en su garganta y papilas gustativas.

-.-.-

La noche comenzó a expandirse por todo Tokyo y las nubes anunciaban una posible lluvia.

Kagome soltó un suspiro sonoro tratando de concentrarse en el ejercicio de matemática yacido en su libreta cuadriculada. Todo era en vano pues sus pensamientos estaban puestos en la repentina huida del albino. Al parecer se cansó de esperarla.

Justo cuando decidió tomar un baño y así despejar su mente, el cuerpo de Inuyasha entró precipitadamente dentro de su habitación.

Se lo veía agitado y fastidiado por algún motivo. Kagome lo observó curiosa, buscando alguna razón de su actitud tosca.

—¿Qué demonios era eso? — preguntó de forma violenta.

—¿A qué te refieres?

—A eso — señaló al objeto imaginario en la mesa de luz. —Ahora siento una pesadez en mis piernas.

—Pero si ahí no hay nada, Inuyasha — observó repetidamente el lugar sin hallar rastros.

—¡Joder! Esas golosinas que le regalarías a Shippo.

—¿Golosinas? No he comprado aún la comida para el viaje.

—Entonces ¿Qué era aquello? — exigió con decisión.

—Si me explicas el aspecto de eso, podría entender mejor — comenzó a contar hasta diez tratando de calmar su impaciencia.

—Eran piedras azules. Pensé que eran golosinas y quise probar su sabor, pero descubrí que...

La mente de Kagome se bloqueó y un escalofrío invadió su cuerpo. No creía que Inuyasha sería tan curioso e impulsivo para comer aquello. Incluso se recriminaba haberlas dejado a la vista. Ahora comprendía su situación.

Aún estaba avergonzada recordando cuando Eri y Yuca le regalaron un blíster de viagra con la excusa de probarlo con su novio rebelde. Sabían que aquello sería peligroso pero la durabilidad del acto sexual era increíble.

Sus mejillas se sonrojaron imaginando escenas explicitas de ella con Inuyasha, profesando su amor entre gemidos y llegando juntos a la cima del éxtasis.

—¿Me estás escuchando, Kagome? — inquirió con frustración al verla perdida ante su explicación. Joder, aquellos no eran temas para hablar abiertamente.

—Discúlpame, yo... — sus mejillas se encendieron al hallar un nuevo objetivo.

Entre la tela holgada, se asomaba una protuberancia con precisión. El moño se deformó levemente ante la punta y una ola de deseo llenó los poros de la joven.

—Es molesto y pesa demasiado. Si quieres te lo muestro y me dices porque está así...

Inuyasha comenzó a desamarrar su pantalón y Kagome lo frenó de golpe.

—¡No! No hace falta… — soltó hiperventilada. —Ahora te explico el motivo...

Deseaba poder formular una explicación lógica, sin tocar ciertos detalles vergonzosos. Volvió a mirar de reojo el pantalón, ahora desprolijo y quiso apartar todo pensamiento indecente.

Definitivamente, el viagra había hecho un muy buen efecto dejando a la vista una increíble erección prolongada en el hanyou.

Fin

Palabras: 993


Notas de autor: Acá les dejo lo prometido. Ojalá que lo disfruten y se rían un poco del contexto. Les juro que me costó hacerlo porque no se me ocurría nada, así que al final decidí hacerlo algo cómico.

¡Nos leemos mañana! Espero poder publicar los dos drabbles que llevo atrasados este finde y con eso finalizaríamos el reto Kinktober 2020. Aún no me creo lo lejos que llegamos, recuerdo que dudé demasiado en hacerlo ya que solo había escrito un lemon y me sentía súper inexperta. Ahora me siento más segura e inspirada para seguir con otros proyectos.

¡Los quiero! Cuídense mucho y disfruten de la vida.