Entrenamiento en las montañas.

Ranma 1/2

-Pero todo es tu culpa Ranma, si me hubieras escuchado... – arremetió furiosa la menor de los Tendo, hacia la empapada integridad del chico de cabello trenzado.

Y es que en su escape llamado "viaje de entrenamiento" lamentablemente la lluvia los había sorprendido a poco tiempo de haber emprendido su camino, para su mala suerte ya había transcurrido más de una hora y aún no encontraban un lugar seco donde resguardarse de las implacables gotas de agua.

- ¿Y qué querías que hiciera Akane? ¿Que me sentara a checar los pronósticos del clima? Te recuerdo que lo primordial era salir de casa o ¿acaso querías que el viejo, tu padre o alguna de las locas se colaran con nosotros? Si sabes lo que buscamos con esta escapada – contestó visiblemente molesto por la actitud que su prometida tomaba siempre contra él.

Akane se sonrojó ante el argumento del azabache – obvio que no, pero por las prisas no empacamos ni siquiera la casa de acampar y ahora míranos… estamos empapados, creo que hasta la ropa dentro de mi mochila ya está mojada – comentaba la peliazul mientras su cuerpo destilaba gruesas gotas de agua al igual que su ropa, el flequillo se pegaba a su rostro a causa de la humedad.

-Ya no estés enojada Akane, seguro que estamos cerca de algún pueblo –el muchacho de mirada azulada trataba de menguar el visible disgusto de la mujer, buscando entre la intensa lluvia un indicio de algún posible refugio –mira… por allá se ve humo, verás que pronto encontramos dónde refugiarnos –comentaba con ilusión en su mirada y agradecido con el mismo Kamisama ya que afortunadamente había escuchado su plegaria.

Y como lo había mencionado, a unos cuantos metros más adelante, pudo distinguir un pequeño pueblo, rápidamente corrieron con la intensión de resguardarse del agua, se posicionaban en los pequeños techos de los negocios que permanecían cerrados a causa de la alerta de tormenta. Con desesperación buscaban un recoveco donde mantenerse secos, en una sencilla casa, una pareja de ancianos se sorprendía al ver la condición en la que dos jóvenes corrían por los angostos senderos del pueblo, la mujer de edad avanzada decidió acercarse a ellos y ofrecer hospedaje cuando menos hasta que la tormenta pasara, la anciana les invito a pasar, ofreciendo alimento y un lugar donde lavarse antes de descansa ya que ambos eran un verdadero desastre, sus piernas eran adornados por el fango del camino y sus cabelleras una chorreante maraña de oscuras hebras.

La casa de los ancianos era demasiado pequeña para alojarlos, pero afortunadamente poseían otra habitación independiente que había pertenecido a uno de sus hijos cuando se había casado. El ya no estaba ahí, explicaron a los chicos el agradable matrimonio, se había ido a la ciudad con su familia. Así que ellos podrían pasar esa noche de tormenta en ese lugar.

- Son una hermosa pareja de recién casados - comentó la anciana en cierto momento con genuina simpatía mientras los guiaba a la habitación.

Ranma esperó que la chica la sacara de su error, pero para su sorpresa Akane se sonrojó y no dijo nada.

Ranma alzó las cejas asombrado.

El fin de semana se mostraba con innumerables posibilidades delante de él y rogó a todos los dioses que lo estuvieran escuchando que por una vez en su vida, las cosas no estuvieran en su contra.

Iba tan ensimismado en sus pensamientos que no se fijó cuando Akane tropezó levemente con una roca, haciendo que la chica detuviera su avance, Ranma se impactó suavemente contra el mojado cuerpo de su prometida, alzó una mano como movimiento reflejo para guardar el equilibrio y la coloco en la femenina cintura, justo por debajo de los pechos. Fue sólo un segundo pero pudo notar el agradable calor que emanaba el cuerpo de Akane.

-Disculpa - dijo rápidamente quitando la mano.

-No pasa nada - contestó la chica, escondiendo el rostro tras su pelo mojado que ahora parecía totalmente negro.

Akane reanudó el camino.

Ranma había abandonado ya sus pensamientos y ahora se fijaba en el movimiento que las caderas de Akane hacían, la forma en que la tela mojada se pegaba a ciertas partes de su cuerpo, insinuando aquellos secretos que poseía el juvenil cuerpo de su prometida.

Observó la mano que la había tocado y frotó suavemente los dedos uno contra otro, en un gesto sensual, todavía podía sentir el calor en los dedos. Era una sensación bastante agradable y se preguntó que se sentiría cuando finalmente pudiera tocar su piel directamente, sin tela de por medio.

La amable anciana desliza la puerta de papel y madera para mostrarles la habitación. No era muy grande, apenas algo pequeña en comparación al cuarto de Akane en casa. Un futón de buen tamaño enrollado en una esquina, un closet con espejo. La anciana les dio un buen vistazo mientras los chicos revisaban el lugar sencillo pero confortable.

-Veo que sus cosas están empapadas -afirmó la anciana -Les traeré algo de ropa limpia y seca. Mi hijo y mi nuera han dejado algo de ropa cuando vienen de visita. Creo que les servirá. -la anciana les sonrió. -Dejen aquí sus cosas. -Indicó con la misma cortesía -Vengan por aquí. -los llevó por el pasillo hasta otra puerta corrediza. -Este este es el baño. Tiene un ofuro de buen tamaño dónde entraran ambos sin problemas. -ambos chicos se sorprendieron y encendieron sus rostros -Les traeré el agua caliente y toallas.

Akane hizo una respetuosa reverencia a la anciana -Le estamos agradecidos, Señora...

-Watanabe. Pero que modales, Watanabe Noriko -la anciana le dio una reverencia a los chicos.

-Saotome, mi esposo se llama Ranma y yo soy Akane.- Ranma no podía creer lo que estaba escuchando.

-A-Akane, toma el baño primero -dijo Ranma todavía sonrojado.

-¡Tonterías! -exclamo la anciana vas a enfermarte muchacho si esperas más. Vamos quítense de inmediato esa ropa empapada y comiencen a asearse para que entren al ofuro.

Ranma como piedra veía a una Akane que escondía sus ojos con el flequillo.

Una vez ambos prometidos estuvieron dentro de las instalaciones del ofuro, esperaron a que la amable mujer les trajera las prendas indicadas y toallas limpias.

Ahí estaban los jóvenes desviando la mirada, esquivando el tema de entrar juntos a la rústica bañera. Esto había ido demasiado lejos, era verdad que aquel "viaje de entrenamiento" tenía como objetivo acercarse más entre ellos, y buscar un momento para ambos, pero en sus planes tomar un baño juntos, jamás fue la prioridad, su relación había avanzado en los últimos meses, habían tenido tiernos y fugaces roses, mas nunca habían rebasado la barrera de ligeros toques, ni mucho menos la de explorar sus cuerpos debajo de sus ropas.

Bueno eso pensaba la chica, porque en realidad en la mente del azabache las escenas subidas de tono siempre estuvieron presentes, sus sueños eran protagonizados con una bella Akane seduciéndole, besando y acariciando su cuerpo con devoción.

El joven de cabello trenzado, tragaba saliva duro al ver como su prometida se paseaba por el pequeño lugar que ya estaba vaporizado a causa del agua caliente que la anciana había colocado dentro del baño.

-Y ahora ¿cómo le hacemos? –cuestionó el joven, tratando de ver aquello como un acto casual.

-No sé, ¿tú que propones? –comentó la menor de los Tendo, esquivando la intensa mirada del chico.

-Emm... veras… no es que quiera bañarme contigo, pero tu oíste a la anciana y… –

-Ya sé que no quieres bañarte conmigo baka, solo gírate, me quitaré la ropa, y cuando esté dentro del agua te indicaré, para que tu entres mientras yo estoy de espaldas a ti, así podrás entrar de manera cómoda ¿entendido? –al escuchar aquellas palabras de la menor de los Tendo, Ranma sonrió mentalmente, pues conocía el temperamento de su prometida, tenía que picarle el orgullo para que esta accediera hacer las cosas.

Rápidamente el varón de ojos azules giró su cuerpo hacia la pared, en su cabeza las escenas de Akane desnudándose lo aturdían, nublando su razón, podía sentir a sus espaldas los delicados movimientos de la chica despojándose de sus prendas, la imaginación del artista marcial dibujaba la perfecta anatomía de la peliazul, deslizando las húmedas telas por su tersa piel, y si a esta singular situación le añadíamos las placenteras sensación que aun experimentaba su mano, recordando lo cálido de la femenina dermis, instintivamente Ranma llevo sus gruesos dedos a su boca, cerrando los ojos, tratando de sentir la electricidad que el toque de Akane le provocó minutos atrás. Sus sentidos estaban tan despiertos, que incluso a sus oídos llegó la ligera acústica del sonido del agua al momento que Akane ingresó el primer pie, suspiró, tal vez de nervios, de ansiedad, o quizás de alivio pues el joven había pasado la primera prueba de fuego, el gran Ranma Saotome había concentrado todo su auto control, para no dejar salir sus más bajos y carnales instintos.

Pero esa batalla por el auto control... fue una de las pocas batallas perdidas de Ranma –aunque él planeaba que nadie se enterara.

Su peor pesadilla se estaba haciendo realidad.

Inminente erección a la vista.

Sus ojos se abrieron como platos. ¿Cómo iba a esconder tal cosa de Akane?

Sabía que nada más por poner un pie en el ofuro, ¡el "problema" iba a crecer aún más!

No… no… no, esto no podía ser. Le rezó a todos los dioses que se le ocurrieran, y maldijo a todos los demás.

—Ranma, no te voy a morder. Puedes meterte.

Solo de oír la palabra "meterte" pudo sentir como su miembro saltaba de la emoción.

"Estúpida extremidad, estúpida, cálmate! Compórtate!", pensaba Ranma.

—Está muy caliente aquí dentro, es mejor que entres pronto.

El pene de Ranma comenzó a llorar de la alegría por esas palabras. El cerebro de Ranma trabajaba a toda velocidad, tratando de recordar escenas para prevenir aún más vergüenza. Recordó a su padre, tragando como cerdo un...pues...cerdo, recordó cuando fue a unas termas con el tío Soun y Happosai...

—Ranma, me estoy mojando de más por tu culpa.

Una sensación de estar completo abrazó el cuerpo de Ranma. Por segundos que se sintieron como horas estuvo bloqueo todo sonido, solo sintió como una fuerte luz blanca lo rodeaba. Pestañeó. Miró hacia abajo. Lentamente extendió una mano para tomar una cubeta de agua fría y otra toalla húmeda.

—Voy Akane, me faltó tallar bien mis...ummm...rodillas...

El joven de la trenza no pudo más, la palpable evidencia de sus deseos, se erguía orgullosa pidiendo atención inmediata, por un momento estuvo tentado a sucumbir a esa necesidad, pero la presencia de cierta peliazul lo detuvo, por nada del mundo quería arruinar sus posibilidades con ella, si todo salía bien y los dioses le concedían la gracia, quizá sería Akane la que calmara esos anhelos.

- Ranma, ¿por qué tardas tanto en entrar?- el tono de la chica, estaba cargado de molestia y decepción

- Dame unos segundos, ya voy - respondía apretando la cubeta con el agua fría, sabía que tendría que hacerlo, pero se resistía a convertirse en chica

La joven peliazul estaba demasiado molesta, siempre había pensado que Ranma no intentaba nada con ella porque siempre los estaban vigilando, pero ahora que estaban solos y con todas las oportunidades, estaba dudando, quizá lo que tantas veces le gritaron las otras prometidas era cierto, y él no la encontraba atractiva.

Solo hay una forma de descubrirlo, pensó la confundida chica, acto seguido se levantó del ofuro y miró desafiante a su prometido, quién al verla soltó la cubeta de agua fría, que cayó al suelo milagrosamente sin derramar ni una gota.

¿Estoy muerto? Se preguntó Ranma mientras el sonido de la cubeta azotando en el suelo terminaba de reverberar en el ambiente.

Definitivamente había algo que no estaba bien, pensó cuando todo quedó en silencio nuevamente. Tal vez había entrado a otra dimensión paralela o algo así. Porque de otro modo, no se podía explicar lo que sus ojos le mostraban, y su cerebro se negaba aceptar. No. Esto tenía que ser un sueño, lo más seguro es que tuvo una pelea y su cerebro comatoso se estaba inventando esta visión.

Pero todo se sentía tan real, …el ambiente estaba cargado de tensión y calor. Una gota caía rítmicamente en algún lado del cuarto de baño y Ranma deglutió.

Akane permanecía delante de él, quieta. El vapor acariciaba su piel y le confería un velo pudoroso a su desnudez. Ella sostenía una pequeña toallita en las manos que a duras penas lograba ocultar la parte más femenina de su anatomía.

"Eres tan hermosa" quiso decirle, pero las palabras quedaron atascadas en su garganta. Había veces que se despreciaba así mismo. ¿Qué clase de jodido problema tenía para que no pudiera decir ni un pequeño halago?

Akane, ignorante de los tortuosos pensamientos de su prometido, cerró los ojos y tomó una bocanada de aire, como si estuviera a punto de lanzarse por un precipicio.

— ¿Quieres que te enjabone la espalda? — preguntó con la voz un poco ronca y se acercó hacia él.

Ranma observó las volutas de vapor removerse a su paso. La habitación no era tan grande, pero en ese momento a él le pareció que tenía miles de kilómetros. Se dio cuenta de su misma desnudez y con un movimiento torpe se tapó con ambas manos, rogando porque Akane no se hubiera dado cuenta del estado en el que se encontraba.

Estando ambos de frente, abochornados por la situación, podían experimentar el nerviosismo y la tensión.

Ranma por su parte cubría inútilmente la erguida virilidad de su cuerpo con ambas manos, mientras que podía sentir el calor de su rostro hacer erupción, estaba sonrojado hasta las pestañas, sintió la boca seca, y el corazón golpeaba con fuerza las paredes torácicas, en sus oídos los latidos del órgano que bombeaba el líquido vital eran audibles, ya no escuchaba la infernal tormenta que golpeaba con fuerza las ventanas o el techo, ni los movimientos de los ansíanos en los cuartos vecinos, era como si todo hubiera desaparecido, y lo único que existiera en ese momento era la femenina silueta que se traslucía entre la nítida capa de vapor.

-¿Estas bien? –preguntó la peliazul ante el semblante del joven – ¿no quieres que talle tu espalda? –

Ranma no sabía de biología o del cuerpo humano, mucho menos podría descifrar lo que pasaba en su cuerpo, tal vez era demasiada sangre la que tenía acumulada al sur de su anatomía que impedía la movilidad y las reacciones en todo lo demás.

-Eeemm… sssii… -los monosílabos emitidos por el varón de cabello trenzado eran poco audibles para la fémina, quien sonreía ante el evidente nerviosismo del muchacho.

-¿si estás bien? o ¿si te enjabono? –comentó aparentando una ingenuidad casi infantil.

-Sii... . La espalda… está bien… yo… -y de un movimiento brusco, entró a la bañera, sus zancadas eran como las de un robot, sus extremidades rígidas, todas sus extremidades, Akane sonrió al ver aquel espectáculo que su prometido le brindaba, ya tenían casi diecinueve años y aun parecía un niño.

El joven dejó caer su cuerpo de golpe en el líquido que seguía emanando vapor, Ranma no sabía si el calor que experimentaba era a causa del bochornoso momento, la excitación que sentía o producto del calor emitido por el agua en la pequeña habitación.

Una vez sentado en medio de la bañera, Akane hincó su cuerpo detrás de él, observando la musculosa y ancha espalda del artista marcial, vio lo bronceado de su cuerpo, resultado de las agotadoras horas de entrenamiento bajo los rayos del sol.

Rápidamente tomo de entre sus enseres de baño la esponja rosa que regularmente ella utilizaba para lavarse, coloco un poco del jabón líquido, y frotó los hombros del tenso azabache, Ranma parecía una estatua hecha de piedra, sus músculos estaban rígidos, la postura en la que se encontraba era dolorosa por la tensión que él ejercía.

-Relájate –le susurró Akane al oído, más bien era un ligero murmullo, donde su tibio aliento acaricio el lóbulo del nervioso chico.

En ese instante el muchacho de mirada azulina sintió como su corazón se sobresaltó, agitando su respiración por inercia.

La chica a pesar de sentir las vibraciones del cuerpo de su prometido no detenía su labor, paseaba la jabonosa esponja por la piel del azabache, Ranma prefirió cerrar los ojos, la tensión lo estaba matando, suspiró de manera audible, dejando salir el aire que sus pulmones guardaban. Por fin se estaba relajando dejándose llevar, por el placentero masaje.

De un momento a otro la piel de su espalda baja sintió una calidez abrumadora, experimento la pequeña caricia de los femeninos dedos de su prometida. No hubo una respuesta de tensión por parte de él, no se sobresaltó, simplemente lo disfruto.

Las manos de Akane resbalaban a todo lo largo de su espina dorsal, produciéndole leves cosquilleos que le encantaban al azabache. En un movimiento más osado Akane deslizó sus dedos por el cuello del muchacho, tomando la masculina nuca y cabello, haciendo movimientos circulares con sus dedos, inyectando algo de fuerza, frotando el cuero cabelludo del chico de la trenza, él estaba entregado a las caricias y mimos de la mujer. Ya en ese momento Ranma había echado su cabeza hacia atrás, entreabriendo sus labios, respirando pesado.

Akane no podía creer el estado en el que se encontraba su prometido, sonrió al ver como el chico estaba entregado a sus manos, sus dedos seguían surcando caminos hacia delante donde deliberadamente rozó los costados de su marcado abdomen.

Si ya había iniciado esto, lo terminaría de la mejor manera pensó la menor de los Tendo, lentamente acerco su pecho a la fuerte espalda del ojiazul, dejándole muy en claro el estado en el que ella se encontraba.

Ranma abrió los ojos con asombro al percibir los erguidos montes de Akane rozar su piel, definitivo estaba en la gloria, había muerto y estaba en el mismísimo nirvana.

La peliazul rozó de manera muy tenue con su nariz en el cuello del azabache.

-Akane… -fue lo único que pronuncio el muchacho antes de girar su cuerpo en un movimiento rápido, acorralando a la chica en una de las esquinas de la bañera.

La mujer de corta melena azulada le sonrió, pero no era esa sonrisa dulce, no era ese gesto tranquilizador que ella utilizaba contra él, era una verdadera invitación para probar su cuerpo.

Pasan los segundos, que parece una eternidad. Ranma observa la seductora sonrisa de Akane, pero las dudas lo paralizan. Es lo que más ha deseado desde que la conoció; a pesar de que ella ha tomado la iniciativa en este momento, no sabe si en verdad es digno de ella.

El tiempo parece congelado, ambos se miran a los ojos, pero Akane comienza a impacientarse ante la indecisión de Ranma. Siempre indeciso, por lo que llega a la conclusión de que él no la desea.

–Está bien Ranma, siempre he sabido que no te gusto. –dice la chica con notable aflicción

–¡No! –Reacciona de inmediato Ranma –¡No es eso! Y-yo… –de nuevo el nerviosismo comienza a dominarlo –A-Akane… m-me… ¡ARGHHHHHHH! ¡POR QUÉ TIENE QUE SER TAN DIFÍCIL! –el joven se revuelve los cabellos y se aparte de ella al otro extremo del ofuro.

Akane ve la reacción de Ranma, y no sabe qué hacer. Se cubre el cuerpo con sus manos. Siente que no puede hacer más por su relación, se siente totalmente derrotada; las lágrimas comienzan a escocer sus ojos. Se levanta para salir de ahí. Mientras Ranma sigue revolviéndose. Cuando se gira. Siente la mano de Ranma en su hombro.

–Tengo miedo, Akane –la chica escucha la voz quebrada de Ranma –Tengo miedo de no ser lo que mereces. Eres hermosa, con un enorme corazón. Nunca te das por vencida, incluso conmigo. Pero siempre de alguna manera termino lastimándote. Decepcionándote. Creo que te mereces alguien mejor que yo.

Akane se quedó mirando fijamente a su prometido, estaba claro que tendría que ser ella la que diera el primer paso, sus dudas se habían disipado completamente al observar el efecto que su presencia tenía en la anatomía del muchacho, sin dejar de mirarlo se mordió coquetamente el labio y se acercó lentamente, le acarició la mejilla y dirigió su mano hacia esa trenza que secretamente la volvía loca y lo jaló hacia ella, sin esperar más, cerró sus ojos y lo besó.

Ranma se quedó un momento paralizado, pero al sentir la lengua de Akane presionando sus labios, abrió la boca y respondió el beso, era como si la barrera que lo estaba deteniendo para seguir sus instintos, se hubiera derrumbado con esa señal de ella, sus manos se cerraron en la pequeña cintura de la chica y la apretó fuertemente contra su cuerpo, provocando en ambos un jadeo ahogado.

Se separaron un instante y se miraron a los ojos, no había nada más que decir, ya todo estaba claro entre ellos, esa noche sería el comienzo de una nueva etapa en su relación, una donde no existían barreras de ningún tipo.

Ella le sonrió traviesa y él no pudo más que besarla nuevamente, un beso totalmente diferente que el anterior, parecía que los dos chicos tímidos e inseguros que entraron juntos a ese ofuro, se hubieran desaparecido y en su lugar se encontraran, un hombre y una mujer con ganas de reclamar cada rincón del cuerpo del otro.

Sin dejar de besar a la chica, el joven de la trenza bajó sus manos a los glúteos de su compañera y empezó a apretarlos ansiosamente, empujando el cuerpo de la chica contra su cuerpo, haciendo que su dura y erguida masculinidad entrara en contacto directo con la cálida y húmeda intimidad de ella, ese roce enloquecedor provocó que Akane echara la cabeza hacia atrás y lanzara un gemido excitado.

Ranma la recostó con sumo cuidado en la pared del ofuro y se dedicó a trazar un camino de húmedos besos desde su cuello hasta sus senos, al llegar a esos deliciosos montes que lo tenían secretamente obsesionado, se tomó el tiempo de mimarlos completamente, pero como un niño que guarda el dulce más delicioso para el final, recorrió con su lengua cada centímetro, dejando de último, el lugar que más reclamaba por su atención, - Ranma…por favor…- balbuceó ella, por toda respuesta, él tomó uno de sus pezones con su boca, tomándose el tiempo para chuparlo y morderlo a placer, mientras que pellizcaba y masajeaba el otro con una de sus manos.

Akane no podía dejar de mover su cabeza de un lado a otro totalmente entregada a las deliciosas sensaciones, sus manos que hasta ese momento se habían dedicado a arañar los hombros y la espalda de su compañero, se dirigieron a la cabeza de él para desprenderlo de su pecho, él la miró preocupado, no sabía si había hecho algo que la hiciera sentir incómoda, pero ella lo acercó hasta su rostro para besarlo apasionadamente.

La peliazul bajó sus manos hasta el miembro de Ranma, lo acarició de arriba hacia abajo y con mucho cuidado lo dirigió hacia la entrada de su humedecida intimidad, - hazlo ahora por favor – gimió llena de necesidad, él lanzó una plegaria al cielo, buscó su boca para besarla y suavemente la penetró, Akane lanzó un quejido ahogado y una lágrima escapó de sus ojos, él se dedicó a besar su rostro dulcemente y con sus manos se dedicó a acariciar sus caderas delicadamente.

Cuando ella se acostumbró a la dura virilidad que la invadía y el dolor se empezó a convertir en placer, empezó a mover su cadera, Ranma al sentir el movimiento, empezó a salir y a entrar en ella lentamente, poco a poco ese ritmo se hizo demasiado frustrante para ambos, que de manera sincronizada empezaron a moverse más rápido, sus cuerpos entraron en una especie de frenesí, y sus manos se recorrían mutuamente, arañando, pellizcando, sobando y mimando todo lo que estaba a su alcance.

La sensación era tan electrizante, que Akane cruzó sus piernas en la cadera de Ranma, intentando que se hundiera lo más profundo en ella, el muchacho al sentir esto, empezó a embestirla con más fuerza, - siiiii, asííí, no pares por favor – gimió la peliazul, que estaba en vía directa y sin escalas al paraíso.

El muchacho estaba a punto de estallar, pero no quería hacerlo solo, necesitaba compartir eso con ella, él había visitado el nirvana solo muchas veces, pero esta vez quería estar acompañado por ella, su prometida, su querida marimacho, nuevamente lanzó una plegaria a los dioses, que por una vez en la vida parecieron responder a sus ruegos, y por fin sintió como las estrechas paredes de la intimidad de ella apretaban con fuerza su palpitante miembro.

Con un par de fuertes embestidas, ambos lanzaron un grito ahogado y estallaron juntos en una oleada de placer, que los hizo temblar y desplomarse uno en los brazos del otro.

Desfallecieron exhaustos pero satisfechos y por supuesto con ganas de más.

Ranma miro a Akane con fervor, no podía creer que aquel tan anhelado sueño de tocar juntos el cielo por fin se había hecho realidad.

-Te amo tanto Akane –dijo mientras acariciaba la suave y delicada piel de la chica.

-Yo te amo más, no quiero que me sueltes nunca- respondió ella.

-Nunca lo haré, serás mía toda la vida- agregó Ranma depositando un cálido beso sobre los labios de Akane.

Sin más preámbulo Ranma la cargó con sus fornidos brazos saliendo del ofuro y tomando las toallas que la anciana les había provisto, las colocó en el suelo con total sutileza.

-Voy a hacerte mía en cada rincón de este lugar- susurraba al oído de Akane.

Una ola de calor recorrió el cuerpo de la chica haciéndola estremecer.

Con total delicadeza la recostó sobre las toallas, ambos se dedicaron una mirada seductora cargada de deseo. Él se arrodilló frente a ella y separó sus piernas para hundir sus labios en su intimidad, su lengua era un remolino sin frenos, Akane se retorcía de placer jalando los cabellos de Ranma, él comenzó a succionar ese botón rosado arrancándole placenteros gemidos por el buen sexo que le daba, definitivamente Akane era exquisita.

Cuando sintió que estaba a punto de derramarse en su boca salió de su recoveco y la besó con ansias embistiéndola con fuerza hasta lo más profundo, con una mano apretujaba los apetecibles pechos y con la otra masajeaba el clítoris, ambos gemían al unísono.

-Ah! no puedo parar - ¡Vamos Akane córrete conmigo! - decía Ranma aumentando el ritmo de las embestidas.

-Ranma... ya no puedo más- dijo Akane entre jadeos cuando el clímax se aproximaba.

Bastaron un par de embestidas más para que ambos alcanzaran ese punto dónde no hay retorno dejando fluir sus jugos cuerpo a cuerpo. Un gutural gemido escapó de sus gargantas, desfallecieron sobre su lecho sudorosos y jadeantes, pero eufóricos por su cometido.

Pestañeando rápidamente, Ranma se despertó del knock-out post sexo. Tocándose lentamente pudo percibir que todo estaba...pegajoso. Akane aún dormía a su lado, soltando pequeños ronquidos sumamente adorables.

Sintiéndose como el macho alfa #1 en virilidad ya que había conseguido que su mujer (su mujer?! Si algo, él era SU hombre, pero no, eso de ser dueño de alguien le pareció bizarro) cayera tan profunda debido a los orgasmos que él, de nuevo, Macho Alfa #1 le había brindado.

Mirando a su alrededor realmente agradeció que todo había ocurrido en el baño, limpiar tanto...fluido de cuestionable procedencia sería más sencillo. Y menos embarazoso que si fueran unos futones. Siendo honestos, si hubieran sido futones se tendrían a que tirar a la basura. Incinerar. Lanzar sus cenizas al viento en una elegante ceremonia celebrando el hecho histórico que acababa de ocurrir.

Se movió lentamente hasta alcanzar una toalla que milagrosamente sobrevivió su encuentro. La humedeció ligeramente y cuidadosamente limpió a Akane. Algo sonrojado, con todo y lo que acababan de hacer, pero al mismo tiempo lleno de cariño por poder ser quién proveía tales cuidados. Aprovecho incluso para dejar castos besos sobre la temple de Akane.

Recordó que su ropa seguía empapada, y no era precisamente viable correr con una Akane desnuda en brazos hacia el cuarto que les habían ofrecido los viejitos. Bueno, la idea de correr con una Akane desnuda en brazos le pareció SUMAMENTE INTERESANTE y se iba a ir directo a su archivo de "imágenes XXX para la hora del " pero no, en este momento no era conveniente.

Sigilosamente abrió la puerta corrediza del baño y sacó su cabeza para investigar. El alivio que sintió al ver que la amable anciana había dejado un par de yukatas afuera de la puerta fue inmensurable.

Eran algo grandes y viejas, pero suaves y para como estaba la situación, eran perfectas.

Envolvió con cuidado a Akane, delicadamente pasando sus brazos por las mangas y haciendo un nudo...decente. Si a ojos de los demás pareciera que es un nudo fácil de deshacer, no estarían equivocados.

Con rapidez se vistió a el mismo, colocando a Akane en una esquina del baño mientras trataba de recoger un poco los rastros de el "torbellino de pasión" (como él había nombrado el mejor acontecimiento del año, incluso, de su vida!). Limpió como pudo, siendo el hijo de Nodoka significaría que haría una buena labor.

Con gentileza cargo a Akane, le dio otro suave beso en su coronilla, abrió de nuevo la puerta corrediza y se encaminó hacia el cuarto que les habían prestado.

Entraron a la pequeña habitación, pese a la humildad del lugar, resultaba bastante acogedora. Ranma llevaba a Akane en brazos, los futones ya estaban dispuestos, uno junto al otro, el pelinegro agradeció mentalmente por la hospitalidad de sus viejos anfitriones, colocó suavemente a su prometida en el futón y la cubrió con la manta, para inmediatamente después, acostarse junto a ella, la rodeó con su brazo, de manera un tanto posesiva, y de nuevo cayó presa del sueño, durmiendo profundamente junto a su prometida hasta el día siguiente. La mañana los pilló abrazados y semi desnudos, pues con todo el cansancio el azabache había olvidado atarse la yukata y el nudo de la yukata de Akane, se había desecho también.

Los ancianos, que habían escuchado todo el ajetreo en el baño, la noche previa, estaban felices, uno de sus mayores orgullos, era el presumir que en su pequeña morada, se habían concebido una gran cantidad de bebés, incluso tenían un álbum con fotografías, para probarlo, y esperaban que esta ocasión no fuera la excepción; por ese motivo, habían decidido no molestar a la joven pareja.

La joven peliazul, pestañeó un par de veces, para después abrir sus ojos con lentitud, poco a poco se fue acostumbrado a la claridad del día, exploró el lugar, por un momento se había olvidado de en dónde se encontraba, se sentó con parsimonia, su cuerpo estaba dolorido, el ligero escozor en su entre pierna le recordó la agitada noche que había pasado al lado de su prometido. Sus mejillas se tiñeron de rojo, comenzó a ponerse nerviosa ¿Qué haría ahora? ¿Qué le diría a Ranma? ¿Qué pensaría Ranma de ella? Estaba sumida en ese maremoto de pensamientos, cuando de repente giró su rostro hacia su acompañante, y su rostro de inmediato adquirió una tonalidad roja, intensa, como un tomate maduro ¿el metió? La yukata de Ranma se había resbalado dejando a la vista una prominente erección matutina. Akane tragó en seco, a pesar de lo acontecido anoche, aún imperaba en ella la timidez. ¿Qué debía hacer? Deseaba despertar a Ranma, pero no sabía cómo, entonces una idea cruzó por su mente, quizá no era la mejor de las ideas, pero no sabía, si tendría otra oportunidad como esta, y la curiosidad la mataba, anoche todo había ocurrido tan deprisa y de forma inesperada, que hubo detalles que no pudo apreciar con detenimiento.

Lentamente y cuidando sus movimientos, para que Ranma no se despertara, se acercó a él, se colocó de rodillas frente a su prometido, y después puso sus manos a ambos costados del joven, justo a la altura de su pelvis, se inclinó, bajó lentamente hasta estar a escasos dos centímetros de distancia del tumefacto miembro del chico; volvió a tragaren seco, pero decidida, siguió con lo que quería hacer, lo inspeccionó a detalle, nunca había visto "uno de esos" tan de cerca, la curiosidad era demasiada. Lo observó a detalle, pero luego eso no bastó, se acercó aún más, e inhaló profundamente, percibió un olor "diferente" una mezcla entre dulce y salado, nunca había olido algo similar, y entonces una idea cruzó por su mente, le pareció pervertida y emocionante, en iguales proporciones -"¿Qué sabor tendrá?" -Se preguntó, Ranma seguía sumido en ese profundo sueño, por lo que Akane se envalentonó y se aproximó, le dió un pequeño lengüetazo sólo a la punta, sorprendida por lo agradable que le había parecido, se aventuró a dar otro y otro, pero después, aquella "exploración" le resultó insuficiente, fue entonces que lo hizo, lo introdujo todo por completo en su boca, empezó por la punta, se tomó su tiempo para degustarla, fue avanzando lentamente hasta que llegó a la base, y en ese momento lo escuchó, un gemido de lo más erótico acompañado de su nombre.

-¡Ah! ¡Akane!

En ese instante, Akane se incorporó rápidamente, miró a Ranma quien la observaba ansioso y extrañado, ella sintió que caería presa del pánico ¿Qué iba a hacer ahora?

-¡Ranma! -se quejó la chica en un suspiro asustada, pues había sido pillada infraganti

-¿Q-qué…? -el joven tragó duro al ver a su prometida sonrojada furiosamente

Ninguno de los dos podía articular palabra. Akane se moría de vergüenza al haber sido pescada con las manos en la masa y Ranma no salía de su asombro, ya que la fugaz visión de la peliazul engullendo su miembro era lo más erótico que jamás había visto.

-Lo-lo siento —alcanzó a decir la joven intentando levantarse, pero su prometido fue más rápido y se sentó en su lugar tomando al mismo tiempo de sus brazos y tirando de ella hasta chocar con sus labios.

La ojimarrón se sorprendió pero se dejó hacer. Mientras se hundían en la boca del otro, las manos del pelinegro guiaron a las de su prometida nuevamente hasta su palpitante erección, que latía de alegría.

-No creas que voy a dejarte ir, tú lo provocaste, tú lo arreglas -sentenció con voz gruesa señalando con su cabeza hacia su entrepierna.

Akane se quedó muda por la sorpresa, así que se movió hacia adelante con la intención de sentarse a horcajadas del excitado hombre, pero aquella no era la idea que tenía el ojiazul cuando expresó su deseo

-No, señorita, eso viene después -le susurró deteniendo el avance y tomando su cabeza con sus manos- primero quiero que me entregues esa pervertida boca -volvió a decirle muy cerca de ella mientras acariciaba con el pulgar su labio inferior de manera sensual.

Akane se sonrojó aún más si era posible y volvió a su posición anterior, con la cabeza entre las piernas abiertas del pelinegro, que se mantenía sentado con la erección sobresaliéndole como si fuese un cartel de neón imposible de no mirar.

Ranma dejó una mano sobre la parte posterior de la femenina cabeza y la otra la llevó detrás de si para mantenerse sentado apoyando parte de su peso en ella.

Al sentir la cálida lengua de Akane probándolo, echó su cabeza hacia atrás y suspiró entre cortado. Sus caderas comenzaron a moverse de manera involuntaria mientras su mano presionaba la cabeza de su prometida.

Por su parte, la muchacha, ya desinhibida, se dejó llevar por el deseo y la curiosidad, con cada movimiento descendente, provechaba para acariciar la dureza de su verdugo con su lengua y al retirarlo de su cavidad aprovechaba para rozar sus dientes por toda la extensión hasta la punta, donde succionaba con un poco más de fuerza haciendo que el joven de cabello trenzado saltara y gimiera de placer.

Cuando se sintió saciado de su anterior virginal boca, el ojiazul levantó a su prometida y sin demasiadas explicaciones la besó salvaje y apasionado, la acomodó sobre él a horcajadas y Akane se sentó sobre él de un rápido y certero movimiento, arrancando un fuerte gemido de ambos

-No tienes idea de cuánto deseaba hacerte mía -jadeó el hormonal muchacho apretando las caderas de su compañera y haciendo más rápidos los movimientos

-No tantas como yo, baka -contestó Akane moviéndose con más fuerza, intentando que la hombría de su amante llegase a lo más profundo de su ser que pudiera.

Ambos estaban sudados, con las yukatas caídas hasta los codos.

Ranma besaba y mordía los pezones de la muchacha que respondiendo a sus actos, arañaba la amplia y llamativa espalda.

Unas pocas penetraciones y los dos sintieron los recién descubiertos síntomas del orgasmo. Ranma aceleró sus movimientos abrazando a la peliazul por la cintura con fuerza mientras ella clavó sus uñas en la espalda y los dientes en su hombro.

-Diablos, Akane, no sé cómo haré para no tocarte cuando estemos de nuevo en casa -decía un agitado pero saciado Ranma

-No sé tú, pero yo buscaré la manera de hacerlo -susurró en el masculino oído

Unos golpeteos se sintieron del otro lado de la puerta, eran los ancianos preguntando si ya habían terminado con sus plegarias -puesto que los oyeron "aplaudir", aunque tanto la pareja de ancianos como la de los amantes sabían perfectamente lo que los jóvenes estaban haciendo.

Ese día en casa de los ancianos había sido algo vergonzoso pues la amable pareja lanzaba comentarios que de inmediato hacían sonrojar a los chicos, haciendo alusión a los extraños sonidos que provenían del pequeño lugar donde hospedaron al par de prometidos.

Ranma y Akane se miraban discretamente, tratando de ocultar el rosado de sus mejillas y las sonrisas que ambos tenían tatuadas en sus rostros. La tormenta duró lo que los pronósticos dictaban, ese fin de semana definitivo no fue provechoso para los artistas marciales que fueron al supuesto "viaje de entrenamiento" pero para la pareja de prometidos esos dos días fueron los mejores de su vida, jamás imaginaron que se podría disfrutar el cuerpo de otra persona de esa manera, no solo se habían entregado de manera carnal, habían compartido la noche, durmieron plácidamente en los brazos del otro, compartieron la última visión antes de cerrar los ojos para dormir, y fueron la primer imagen al despertar. Aunque en un principio fue algo atropellado, con discusiones y miedos de parte de ambos, al final de aquella travesía el resultado positivo.

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En Nerima todo seguía de lo más común, todos seguían sus rutinas como siempre, eso si la palabra común y rutina podría aplicarse con la familia Tendo Saotome, pues las ideas locas de los patriarcas en conjunto con los negocios de Nabiki siempre terminaban mal.

Los pretendientes y las autoproclamadas prometidas no desistían con sus hostigamientos, seguían intentando los acostumbrados acercamientos, en realidad nada había cambiado mucho todo seguía igual…. Cuando menos eso creían los integrantes de la familia y las personas que les rodeaban. Lo que desconocían es que cada noche después del regreso de su aparente "viaje de entrenamiento" dos jóvenes eran presa de sus más bajos instintos, cada que el sol caía en la ciudad de Nerima, el chico de ojos cobalto visitaba cierta alcoba a escondidas de todos, cada noche se colaba por la ventana de la peliazul para perfeccionar las técnicas amatorias que practicaban con mucho interés. En algunas ocasiones buscaban rincones del hogar de los Tendo para besarse y tocarse, provocando al otro, era un juego erótico que ambos disfrutaban, aunque cierto chico tenía que esperar para salir o definitivo tenía que esconderse, pues cierta parte de su anatomía se resistía a entender que no tendría el desfogue que deseaba.

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-Mamá ¿has visto mi camisa azul? –cuestionaba el azabache, al mismo tiempo que removía sus prendas del cajón de la gastada cómoda.

-Ya te he dicho que no… ya le pregunte a Kasumi… incluso la busque en las pertenencias del maestro y no esta…. Todos los días te repito lo mismo –contestaba la elegante mujer de Kimono, con una visible vena en su sien palpitando.

-Es que no la encuentro… perdón… -al sentir la aterradora aura que emanaba a sus espaldas, el ojicobalto experimento un estremecimiento recorriéndole la espina dorsal.

-Lo más seguro es que se haya quedado en la montaña, en tu viaje de entrenamiento –formuló la teoría mientras observaba a su vástago con suspicacia.

A la mente de Ranma llegaron imágenes de la variedad de movimientos aprendidos y como había mejorado en estos últimos días, Nodoka pudo distinguir como los masculinos labios de su primogénito se curvaron ligeramente.

-Me alegro que te guste tanto entrenar hijo, serás el mejor artista marcial estoy segura –la matriarca Saotome con un ligero deje de sarcasmo en sus palabras, sospechaba de lo que en realidad había ocurrido, ella distinguió cambios en los prometidos, los celos casi enfermizos de Ranma, la necesidad que tenía por estar cerca de Akane, la posesividad que desarrollaba día con día no era la acostumbrada, mientras que en la menor de los Tendo los coqueteos y miradas insinuantes eran evidentes, el planear extrañas salidas y segundos después salía Ranma disparado con una tonta excusa. Solo ellos y los patriarcas podían creer tan tontos argumentos –hablando de entrenamiento Ranma… tu padre y Soun necesitaran tu ayuda en el Dojo esta noche, después de las clases, tendrán que reparar la duela –comentó ante el visible asombro del ojiazul

-¿Hoy en la noche? –Ranma parecía estar bastante sorprendido -¿Por qué? ¿No puede por la mañana, o después de comer?

-Ranma por Dios es muy claro que no…. Tienen que hacerlo después de la última clase, para no alterar los horarios de los discípulos, aparte existen partes que tienen que ser barnizadas, así secara en el transcurso de la noche –explicaba la madura mujer mientras observaba como Ranma se llevaba las manos a la cabeza tratando de pensar como esquivar esa tarea.

-Y si le pagamos a alguien para que realice esas reparaciones, digo esto es un negocio serio, ¿que no tendría que ser hecho por un experto? –el azabache hacia movimientos extraños con sus manos, en un vano intento de ponerle seriedad a su casi infalible resolución.

La mujer echó a reír ante la extraña actitud del moreno –es solo un cambio de algunas maderas y pintura, nada de otro mundo –

-Pero… Mamá, es lo mejor… -arremetió, seguro.

-Te comportas muy extraño hijo, ¿todo está bien? No me digas ¿qué tienes una cita con una de esas chicas? –

-¡Nooooo! Por supuesto que no… -contestó de una manera efusiva.

-¿Y cuál es el problema jovencito…? Hoy en la noche en el Dojo ¿entendiste? Tienes que ser todo un hombre y afrontar tus responsabilidades –fueron sus últimas palabras antes de salir de la pequeña habitación.

Ranma observó por la ventana el cielo y vio que el sol estaba a punto de ocultarse, ya no faltaba mucho para la última clase, se golpeaba mentalmente, no quería estar martillando, ni reparando, lo único que deseaba era estar con la chica que le hacía rabiar cada dos minutos a causa de su terquedad. Rascó sus cabellos con desesperación, revolviendo la abundante melena, podía sentirse el aura derrotada y depresiva del joven, estaba a punto de hacer el berrinche de su vida, pero con el rabillo del ojo pudo ver el ligero brillo del afilado metal salir con discreción de la funda que le protegía, el click que producía al chocar con la empuñadura lo tensaba, le crispaba los nervios…

De un salto se puso en pie y salió rumbo al Dojo tenía una clase que impartir y una duela que reparar, Nodoka por momentos pudo escuchar incluso el silbido del muchacho, o el intento de tararear algo como una canción mientras caminaba hacia su objetivo.

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Eran aproximadamente las dos de la mañana, los varones de la casa habían tenido una jornada larga, los hombres mayores iban destruidos físicamente, podían experimentar el escozor de las astillas abriendo su piel, el punzante dolor de los dedos a causa de más, de un martillazo, definitivo iban hechos polvo, Ranma sonreía al ver el estado de su padre y tío, arrastraban los pies mientras con sus lastimadas manos sostenían sus espaldas, les dejó avanzar delante de él, ¿tal vez no era tan tarde para un beso de buenas noches? pensó el muchacho, una vez que los patriarcas entraron a la residencia, se aseguró verlos subir las escaleras para poder correr discretamente en dirección a la ventana que cada noche visitaba.

Solo un beso, eso era lo que él necesitaba para poder dormir cómodo, decirle buenas noches… eso era todo… sus pies lo guiaron hasta el tejado y descendió despacio hacia el cristal que era adornado por una femenina cortina en tonos amarillos y blancos, con ilusión vio que no tuvo que tocar, ya que con facilidad deslizo el ventanal, las cortinas se movieron producto de la pequeña ráfaga de aire que entró, haciéndolas bailar, agitándose juguetonamente. El azabache introdujo su cuerpo despacio, de manera sigilosa, apoyándose en el escritorio que descansaba al filo de la ventana, el aroma inundó su olfato, embriagándose del dulce olor que su prometida despedía, era la mezcla de lo que ella utilizaba cada noche para asearse, el aroma de los jabones y cremas permanecían impregnados en su piel, dándole un perfume natural que a él le encantaba. Su vista tardo unos segundos en acoplarse a la abrumadora oscuridad, el silencio era una señal de que la chica estaba profundamente dormida.

La luz de la luna se colaba entre las cortinas iluminando el tersó cuerpo de la peliazul, Ranma parpadeo varias veces enfocando su vista en el espectáculo que tenía a pocos pasos de él.

-Con que tú eres la ladrona –habló para sí mismo mientras veía el esbelto cuerpo de su prometida envuelto en la prenda aparentemente perdida del azabache, era una escena erótica ante sus ojos, Akane Tendo recostada en la cama profundamente dormida, portando la camisa china color azul, los botones superiores estaban desabrochados dejando ver el canalillo blanco que existía entre sus senos, su plano abdomen era cubierto por la tela. Los ojos del azabache se paseaban por la femenina figura una y otra vez, subía y bajaba contemplando cada detalle, gravando esa imagen en su mente, sus orbes se guiaron hacia el níveo cuello, subiendo ligeramente hacia el casi angelical rostro, era tan hermosa, dormida emanaba una paz inexplicable, instintivamente sonrió, al recordar las ocasiones en que los celos se apoderaban de ella y en cuestión de segundos podría destruir el mundo.

Los mechones del azulado flequillo caían por la blanquecina frente enmarcando su rostro, siguió el camino hacia arriba donde la delicada mano se posaba sobre la almohada, descansando a la altura de su rostro, mientras que la otra extremidad permanecía sobre el femenino estómago.

Probablemente la mirada del ojicobalto era tan persistente que turbó el sueño de la ojicanela, haciendo que esta se removiera ligeramente, provocando graciosos pucheros en el fino rostro, la mujer elevó una de las largas piernas, doblando la rodilla, haciendo que la sabana resbalara, deslizándose por el firme muslo.

Discretamente Ranma se acercó más al cuerpo de la chica, tomando con cuidado la tela satinada que cubría la parte inferior de Akane, jaló despacio para no interrumpir el placentero dormir de su prometida, mientras dejaba descubiertas las perfectas extremidades.

El delicado brillo de la blanca piel era un imán para el azabache, con la yema de sus dedos delineo casi de manera imperceptible las largas y gruesas piernas, desde los pequeños dedos decorados con un esmalte coral, hasta debajo de la camisa china topando con el borde de la ropa interior, lo mismo hizo con la otra pierna pero esta vez de manera descendente. Recorrió el interior de los muslos con delicados roces, Ranma estaba hincado disfrutando de la tersura de la piel.

Por encima de la camisa guio su dedo índice y medio directo al escote que dejaba ver la camisa, con cuidado acaricio el borde de sus senos, tocando el nacimiento de estos, dibujo su cuello con cuidado, cada línea, sintiendo las pulsaciones de la fina dermis, llegando a la pequeña barbilla. Despejó el rostro con sus manos apartando los estorbosos mechones que cubrían parte de su piel. Estaba a punto de tocar sus rosados labios cuando la menor de las Tendo dibujó una sonrisa pícara en su rostro.

-Así que no estás dormida –preguntó en voz baja el azabache. Ella no contestó solo trataba de callar la traviesa risa en sus labios – ¿te gusto? –fueron sus palabras antes de atacar el cuello de la chica.

Akane no abrió los ojos, simplemente le dio entrada a su prometido para probar más de su piel, elevó su barbilla dándole acceso a cada rincón. Ranma besaba de manera majestuosa el terso cuello mientras se posicionaba sobre la cama.

Sus manos se paseaban por las firmes piernas desde las rodillas hasta tocar la pequeña braga de encaje, los masculinos labios saboreaban la barbilla, cuello, y clavícula de la chica, de vez en cuando utilizaba sus dientes en un gesto apasionado que sabía Akane disfrutaba, la peliazul apretaba los labios tratando de callar cualquier tipo de sonido que estos pudieran emitir, agitando su respiración, elevando su pulso y emanando un agradable calor, el azabache era consciente de lo que estaba despertando en ella. Bajó con cuidado los costados de la camisa dejando ambos hombros descubiertos, devoró toda la piel que estaba expuesta, delineando las clavículas son sus labios en una caricia casi salvaje, hambriento de ella, la necesitaba era un vicio que había desarrollado aún más después de haberla tenido por primera vez.

Con sus manos acariciaba los contornos femeninos, saciando por fin la sed que tenia de ella, esquivando la tela de la camisa, disfrutando de la sedosidad del encaje y la seda que portaba debajo de la masculina prenda. Ranma ya no soportaría mucho con el preámbulo, irguió su cuerpo desabrochando de manera brusca la camisa roja que llevaba puesta, dejando sobre su torso la camiseta negra sin mangas, desabrocho el nudo del pantalón con rapidez, deshaciéndose de la prenda junto con la ropa interior, Akane trató de imitarlo pero el chico de ojos azules se lo impidió.

-Déjate la camisa puesta –ordenó en un tono gutural, ella asintió mientras él, la despojaba de la pequeña prenda interior.

Aun erguido sobre sus rodillas, el moreno se posiciono entre las suaves piernas de su amante, no sin antes delinear con sus ojos la hermosa visión que su marimacho le brindaba, ahí estaba ella, iluminada tenuemente por los azulados tonos de la noche que se filtraban por las traslucidas cortinas, con el cabello revuelto y su camisa china azul desabotonada hasta la mitad, dejando ver parte de sus senos y hombros, no podía creerlo, sus fantasías más escondidas se hacían realidad. Inclino su fornida anatomía para destapar los redondeados pechos, vio con gusto que estos le esperaban ansiosos por ser mimados, rápidamente llevo su rostro hacia ellos aspirando su aroma, rozando con su nariz la rosada cima, haciendo suspirar a la mujer de ojos castaños, quien solo se limitaba a acariciar los hombros y cabellera del varón sobre ella.

Ranma lamio con una lentitud tortuosa una de las cimas, disfrutando el sabor, una, dos lamidas más y engullo en su totalidad el erecto pezón, dentro de su boca acaricio la zona con su lengua intercalando movimientos con sus labios y dientes, pasando de un seno a otro enloqueciendo de placer a le fémina, quien trataba de callar los gemidos mordiendo su labio inferior. La tarea de Ranma era ardua, la destreza aprendida en estos días era notoria, habían experimentado en sus cuerpos, aprendiendo lo que les provocaba llegar a la culmine del placer, Akane seguía recostada sobre la acolchada superficie retorciéndose bajo el ancho cuerpo del menor de los Saotome.

-¿Ya estas lista? –preguntó Ranma dejando de mimar los senos de la mujer posicionándose a la altura de sus labios, Akane no respondió, simplemente besó los delgados bordes del azabache, degustando su sabor, invadiendo la cavidad, encontrándose sus lenguas que parecían haberse extrañado una eternidad. El ojicobalto besaba con pasión la femenina boca, mordisqueando a placer el grueso labio inferior de Akane, con su tosca mano sostuvo el rostro pálido, hundiendo ligeramente sus dedos en las tersas mejillas, besando con desespero los labios de la peliazul –me imagino que este es un "si" a mi pregunta –habló el muchacho mientras posicionaba una de sus manos en la pequeña cintura, ella solo le sonrió afirmando su muda respuesta.

Con la fuerza que le caracteriza giró a la chica sobre la cama dejándola de espaldas a él, provocando un sobresalto en ella.

-¿Qué haces Ranma? –preguntó en voz baja, mientras giraba su rostro hacia su prometido, quien se acomodaba entre sus piernas, masajeando con fuerza los prominentes glúteos de su pareja.

El hombre de trenza no contestó solo colocó su amplio pecho sobre la estrecha espalda, posó su mano derecha sobre la cama dejando caer la mayor parte de su peso en esta para no aplastar a Akane, con su mano libre acomodando su erecta virilidad en la ya húmeda entrada de la mujer, una vez acomodado y su cuerpo pegado al de ella, embistió con fuerza, introduciéndose por completo dentro de la estrecha cavidad.

Akane ahogó un jadeo de placer en las almohadas al sentir la invasión en su cuerpo, el calor que ambas anatomías emanaban era delicioso, Ranma percibía lo tibio y apretado del interior de Akane, era algo placentero, único que él disfrutaba cada que la hacía suya, las embestidas iban en aumento, con fuerza, el sonido de sus pieles sudorosas chocando lo excitaba de sobremanera, su pelvis y el redondo trasero de Akane se frotaban de manera exquisita, los labios entreabiertos del ojiazul rosaban sutilmente la oreja de su pareja, armonizando la atmosfera con los roncos y quedos gemidos que dejaba escapar el azabache, Akane podía experimentar como su piel se erizaba con el masculino sonidos de la respiración y los evidentes jadeos producto del placer de Ranma.

Akane estaba al límite el cosquilleo en su bajo vientre le indicaba la proximidad del clímax, cerraba los ojos entregándose a las sensaciones que la envolvía, sus labios dejaron salir sonoros suspiros, llenos de deseo, coronados con jadeos impúdicos involuntarios, Ranma en un momento de lucidez tapó con una mano la boca de la chica, tratando de callar la evidencia del delicioso orgasmo que la embargaba el femenino cuerpo, Akane no opuso resistencia al brusco acto, se dejó hacer, estaba entregada al placer, entregada al eco que sonaba cerca de su oreja, donde Ranma gemía roncamente.

Las embestidas seguían, entrando y saliendo de la intimidad de la peliazul, Ranma estaba extasiado con las placenteras palpitaciones del centro de Akane, no podía creer que al momento de llegar al orgasmo las cálidas paredes del femenino interior pudieran estrecharse de esa manera. La áspera mano seguía sobre la cálida boca de la ojicanela, a su mente vino el cuerpo de su amante con la camisa china desabotonada, los hombros descubiertos coronando la erótica imagen con él, sobre la delicada anatomía de Akane, esa imagen en su mente fue demasiado en conjunto con la sensaciones, ya no pudo soportarlo más dejándose llevar, dando las ultimas embestidas más rápidas y fuertes casi de manera brutal, sintiendo los ligeros espasmos de su cuerpo, culminando así el acto, derramándose dentro de ella, escapándose de sus pulmones un suspiro ronco.

Sintió como sus fuerzas le abandonaban, de un momento a otro su músculos era gelatina, soltó el agarre que tenía en el rostro de la fémina, salió despacio de ella causándole un ligero temblor en las piernas, dejó caer su cuerpo de manera pesada sobre la cama, respirando agitado, cansado, pero feliz, el beso de las buenas noches había sido perfecto.

Akane se acomodó la camisa china abotonándola y se acurruco en el pecho del varón, Ranma la recibió gustoso besando la coronilla azulada.

-Así que todo este tiempo, la ladrona habías sido tú –dijo con algo de gracia el pelinegro.

-Es que si te la pedía me ibas a decir no –comentó con tono avergonzado.

-Creí que la había perdido –afirmó –pero ahora que la veo puesta en ti, me gusta más –una sonrisa pícara se formó en el rostro del ojiazul.

-Te gusta cómo se me ve –

-Akane solo vine a desearte buenas noches y mira como terminamos –comentó entre risas el azabache –esta camisa será tuya y te comprare todas las que quieras –para la peliazul aquellas palabras habían sido una clara declaración, no necesitaba más.

La menor de los Tendo le brindo una hermosa sonrisa mientras lo encaraba juntando sus rostros

–Me lo prometes –

-Palabra de Artista Marcial –ambos se besaron entre risas y jugueteos de pareja. Esa noche sería el inicio de un amplio desfile nocturno de camisas chinas en la habitación de Akane con un solo espectador.