Podía sentir como las manos expertas tocaban cada parte de su cuerpo desnudo, como esa boca reclamaba sus labios con desesperación.
Su piel era testigo de lo que esas manos eran capaces de hacer,
Un brillante cabello rubio era lo único que nublaba su visión.
Sentía como su entrepierna clamaba por atención.
Sus respiraciones chocaron pesadamente.
Al enfocar bien su vista pudo ver el rostro de una hermosa mujer, poseía unos hermosos ojos azules que la miraban con deseó, unos carnosos labios rojos que volvieron a reclamar los suyos con dominio.
Está mujer le era extremadamente familiar, como si ya la conociera pero a la vez no.
Era difícil saberlo
Sintió como tomaba sus muñecas con fuerza y la inmovilizaba, la chica la miró pidiéndo permiso para continuar, luego de asentir la vio bajar sobre su cuerpo.
Al sentir esa lengua húmeda bajar por su ombligo sintió como sus piernas se abrían instintivamente, necesitaba sentirla ya.
Luego escuchó inesperadamente un ronroneo, su chica estaba ronroneando.
¿Espera, ronroneando?
Hermione abrió los ojos desconcertada sólo para encontrarse con una gruesa bola de pelo color naranja aplastanto su rostro.
¡Crookshanks!
Un obeso Crookshanks estaba recostado sobre su rostro siendo el causante de un duro ronroneo.
Rápidamente lo apartó, Crookshanks le dio una mirada indignada, por ser apartado de su cómoda posición.
Con un suspiró Hermione miró alrededor de la habitación para orientarse.
Por la ventana vio que el sol aún no había salido.
Al lado izquierdo se encontraba una todavía dormida Ginny Weasley.
Sus pequeños ronquidos confirmaban está teoría.
Que suerte que la pelirroja no se había despertado, eso habría sido vergonzoso.
Con un gran rubor en su rostro noto como cierta humedad residía entre sus piernas.
¡Maldición!
Justo cuándo visitaba la madriguera tenía que tener este tipo de sueños, y justo con la misma chica de ojos azules.
Hace una semana había decidido visitar la madriguera, invitación hecha por Ginny, para sorpresa de Ron, ella y la pelirroja menor se habían vuelto grandes amigas en los últimos meses.
El señor Weasley les avisó que el día de hoy al amanecer asistirian a la final del campeonato de quidditch.
No era muy aficionada del quidditch pero era una oportunidad para alejarse de casa y de su dura realidad.
Además de que Ginny insistió en que pasara las vacaciones con ella.
Se sentó sobre el colchón y levantó la tela de la pijama de su pierna izquierda, una gran cicatriz carcomia una gran parte de su pierna, un diario recordatorio de que ahora no era una chica normal
Habían pasado un lapso de cinco meses desde su trágico accidente.
Cinco meses realmente extraños en su opinión.
Sólo un un grupo escaso de personas sabían de su verdadera naturaleza, Dumbledore le aseguró que tendría total discreción a partir de ahora.
Resulta que ella no había sido la única estudiante con esta nueva condición, en el pasado existieron un limitado grupo de jóvenes que fueron afectados por está enfermedad, como fue el caso de Remus Lupin en su adolescencia.
Dumbledore prometió que la ayudaría con sus transformaciones cada mes en luna llena, juntó a Mcgonagall eso fue prometido.
Todavía recuerda el rostro de su profesora de transfiguración al enterarse de la verdad, una clara expresión de pena y aflicción marcaba su rostro, siendo consciente que fue ella la que le entregó el giratiempo el cual fue un factor importante por el cual llegó al lugar del accidente, luego fue cambiada por una de enfado al enterarse de quien fue el causante de tal accidente.
Pero a pesar de eso Mcgonagall junto a la enfermera madame Poppy fueron las que la ayudaron a soportar el procesó de transformación.
Ellas fueron las que estuvieron con ella esa primera noche de luna llena.
A decir verdad no recuerda nada de lo que pasó esa noche, ni las siguientes.
Poppy le advirtió que esto sucedería, era característico de la licantropia, la transformación a pesar de ser muy dolorosa sería sumamente rápida y no recordaria nada de lo paso en toda la noche.
Siempre sería supervisada por Mcgonagall a partir de ahora, siempre se le tendría permitido todas las noches de luna llena ausentarse del castillo y dirigirme a la casa de los gritos bajo la mirada de su profesora.
Se sabía que normalmente los licantropos sólo atacaban a los humanos, por ese motivó Mcgonagall usaba su forma animaga para vigilarla.
Según comentó su profesora, a su forma de loba no le agradaban muchos los gatos, por eso Mcgonagall siempre la miraba a una distancia apartada.
Ni siquiera sabía cómo era su forma de loba, seguramente horrible, pensó para si misma.
Otra persona que la ayudó en estos últimos meses fue Harry, a pesar de sentirse culpable consigo mismo su amigo logró que estos meses no fueran tan duros, en especial después de la noche de luna llena.
Resulta que después de cada transformación ella presentaría una serie de síntomas muy notorios.
Su rostro pálido como un hoja y la serie de rasguños y moratones era una forma evidente de llamar la atención.
Siempre despertaba con un número significativo de pequeñas heridas.
Harry la ayudó a evitar la serie de preguntas curiosas que presentaban sus compañeros respecto a esto.
Ron era el principal que quería obtener respuestas, su amigo pelirrojo sabía que le ocultaban algo, la pregunta era, cuanto tiempo podrían ocultarle la verdad y como reaccionaría al respecto.
Tenía miedo de que su amigo pelirrojo pensará que era un monstruo o algo peor.
Otro cambio que presentó fue su nuevo gusto por la carne, especialmente cruda, era un cambio asqueroso en su opinión, pero estaba tratando de controlarlo.
Luego estaba el aumentó de su percepción auditiva y su sentido del olfato, eso no era tan malo.
Justo en ese momento podía oler el fuerte perfume que el señor Weasley se estaba untando desde la privacidad de su habitación.
Un perfume muy fuerte en su opinión.
Pero lo más difícil fue decirle la verdad sus padres.
Una vez que terminó su tercer año escolar, Albus Dumbledore junto a Minerva Mcgonagall bajo la sorpresiva mirada de los Granger la acompañaron hasta la puerta de su casa.
Esa noche fue muy dura para sus padres, al enterarse de su hija había sido mordida por un hombre lobo y que ahora ella se convertiría en uno era un hecho difícil de aceptar.
La única que tuvo una opinión abierta fue su abuela Charlotte, que tras un incómodo silencio la abrazó y comentó que la ayudaría con su pequeño problema peludo y que la aceptaría tal y como era.
A veces le sorprendía lo rápido que su abuela Charlotte se había adaptado al mundo mágico, como si ya lo conociera desde antes, pero eso no era posible.
Al principio la situación con sus padres no fue la mejor, podía ver como este nuevo cambió los afectó enormemente, pero eso fue cambiando con el pasar de los días, sus padres fueron aceptando poco a poco la idea de que su hija no sería normal nunca y la apoyaron incondicionalmente.
Hasta en una ocasión su padre dejó que comiera la carne cruda en la cena.
Por obligación en las vacaciones de verano debía dejar a su familia en las noches de luna llena para volver a estar bajo la vigilancia de su profesora en la casa de los gritos.
Esto hizo que su condición fuera un poco más fácil, sabía que su familia no correría peligro por su culpa.
Su ultima transformación había sido hace dos semanas, por suerte su próxima luna llena sucedería cuándo estuviera en Hogwarts, así que sabía que no dañaria ni a su familia ni a los Weasley.
¿Una pesadilla?
Se sobresalto al escuchar la somnolienta voz de Ginny desde su cama.
rápidamente cubrió su herida de la vista de la pelirroja.
Si algo así.
Mintió con un pequeño sonrojo en el rostro.
Le daba pena admitir que había tenido un sueño erótico lésbico con una chica que no sabía si conocía o no.
Sueño que se había repetido en más de una ocasión.
Sólo tenía quince años por Merlín, ella no debería soñar este tipo de cosas.
En especialmente con una sexy chica rubia de unos conocidos ojos azules.
Al voltear a ver a su amiga vio que la pelirroja tenía la cabeza cubierta con las mantas seguramente con intenciones de volver a dormir
Señales de que no sabía lo tardé que era.
¡Por Merlín!
¡Ginny mira la hora, debemos irnos en treinta minutos!
¿Ir a donde?
Se escuchó una voz ronca debajo de las sabanas.
Miro encredula a Ginny, la noche anterior no había cerrado la boca, diciendo a los cuatro vientos lo emocionada que estaba por la copa de quidditch, que llevaba semanas esperando este viaje.
¡Ah es cierto, el quidditch!
¡Es hoy, Hermione porque no me despertaste antes!
La castaña la miró con los ojos enterrados.
Un ruido en la puerta las interrumpió.
Vieron como el señor Weasley asomaba la cabeza con una gran sonrisa.
Buenos días chicas, dentro de poco partiremos al campamento.
Su sonrisa se desvaneció al ver el estado somnoliento de su hija.
Chicas recuerden que debemos estar puntuales en el punto de encuentro, hay nos estará esperando la guía que mi compañero Amos Diggory contrato.
¿Guía?
Hermione miró confundida al señor Weasley.
Son personas que trabajan para el Ministerio, están al cargo de la seguridad de los eventos importantes, y también son los encargados de guiar a las familias hasta su destino.
Comentó una apresurada Ginny mientras buscada su ropa desesperadamente.
Algo así como un guía turístico, afirmó la castaña.
Así es Hermione, pero me temo que si no nos damos prisa no lograremos encontrarlo, estas personas siempre están muy ocupadas, así que es mejor no hacerlo esperar, rápido chicas.
Cerrando la puerta se escuchó como Arthur caminaba a hacía la habitación de Ron a despertar a los chicos.
Siento lastima por este guía que nos vigilará.
Dijo Ginny caminando hacia el baño.
¿Por qué lo dices?
Hermione vio como una pequeña sonrisa adornaba el rostro de Ginny.
Porque Fred y George le jugarán una de sus bromas experimentales.
Tres chicas caminaban a través de la gran multitud, verde y rojo cubrían su visión.
Una Gabrielle muy inquieta caminaba delante de ellas esperando encontrar la carpa donde se encontraba su madre.
Fleur vio como la sonrisa de su hermana crecía con cada cosa que miraba.
Eso hizo que su veela se llenará de orgullo.
Hace unas horas habían llegado a las afueras del estadio, su madre se ofreció a acompañarlas para cuidar de cerca a la traviesa Gabi.
Se suponía que dentro de unos minutos debería de ir a ver a las familias que el Ministerio le asignó.
Mientras tanto Gabi estaría segura al cuidado de Apolline, pero no sabía que hacer con Mishell.
Su amiga tenía la capacidad de meterse en problemas y eso la preocupaba, en especial con tanta multitud alrededor.
Recordó que en varias ocasiones tuvo que defender a su morena amiga al ella verse involucrada en problemas.
Sintió como Mishell que estaba a su lado la volteaba a mirar, eso la puso nerviosa.
Oye Fleur, por cierto tu yo no hemos hablado de la pequeña rosa que te enviaron.
Fleur salió de sus pensamientos al escuchar a Mishell.
Su amiga estaba vestida con los colores búlgaros, en especial su rostro, estaba pintado entre negro y rojo sobre sus mejillas.
En verdad que si parecía una verdadera aficionada.
Me pregunto si esto está relacionado con ese tal Víctor Krum, pensó la rubia.
Fleur miró a una sería Mishell fingiendo confusión.
¿Rosa?
No por supuesto que no, sólo era otra nota del Ministerio Mishell.
Fleur.
El tono de su amiga era realmente serio, algo poco común en ella.
¿Esta bien, que quieres que diga?
No se si esa rosa pertenece verdaderamente a Hermione, hace meses que no se nada de ella de acuerdo.
No me quiero dar falsas esperanzas...de nuevo.
Más adelante vieron como Apolline recibía a una Gabrielle en sus brazos.
Por eso Fleur, no quiero que te hagas daño de nuevo.
Se perfectamente que tu le regalaste una rosa exactamente igual en el pasado.
Y se que esa rosa es de ella.
Sólo te pido que tengas cuidado.
Fleur le mostró una pequeña sonrisa.
A veces olvidaba lo sobreprotectora que era Mishell con ella.
Fleur sabía que Mishell la conocía muy bien, donde todos veían a una Fleur Delacour fuerte, fría y audaz, Mishell veía a una chica con el corazón roto, insegura de si misma, cariñosa, y leal.
Te prometo que no me volveré a ilusionar.
Bien eso esperó.
No quiero tener que consolarte de nuevo a altas horas de la noche.
Fleur rodo los ojos.
Estaba algo avergonzada por todas las noches que mojó el hombro de Mishell con sus lágrimas de adolescente desconsolada.
De acuerdo entonces nos veremos luego Delacour, te prometo que vigilare a tu hermana hasta que regreses.
Dice con firmeza Mishell.
Más bien ella te vigilará a ti.
¡Oye!
Hablo enserio Mishell nada de hablar con desconocidos ni participar en apuestas.
No creas que no se para que me pediste de nuevo dinero prestado.
¡No te metas en problemas!
¡Pero Fleur!
¡No!
