Disclaimer: Los personajes pertenecen a Kishimoto-sensei.
Historia de Sherryl Woods esta es una adaptación de "La Gran Sorpresa"

¡A disfrutar de la lectura!


Capítulo 1

El ingeniero Shikamaru Nara había vivido más aventuras que la mayoría de los hombres que le doblaban la edad. Las más arriesgadas habían tenido lugar durante los últimos doce meses, desde que se había trasladado a Konoha. Hasta aquel día, no se le había ocurrido preguntarse por qué, de repente, había querido poner su vida en peligro.

Lo cierto era que siempre le había gustado asumir riesgos. De niño, siempre había aprovechado cualquier desafío. No obstante, en esos momentos ni siquiera esperaba a ser desafiado. Si su empresa lo mandaba al extranjero y el viaje no satisfacía sus ansias de aventura, contrataba una excursión a algún gran nevado o hacía rafting por el río Kawa. Hacía meses que no tenía ni un minuto libre, y mucho menos, un momento de aburrimiento.

Y, aun así, le faltaba algo. Lo sabía, como sabía cuándo el diseño de un puente no estaba bien hecho. Miró por la ventana de su despacho hacia el Gran Puente de Kanabi, que emergía entre una espesa niebla, e intentó ponerle nombre a lo que le faltaba en la vida.

Emoción, no, eso era seguro.

Ni compañía. Había conocido a una docena de mujeres, guapas, triunfadoras, que compartían su pasión por la aventura.

Ni dinero. Su sueldo era más que suficiente para cubrir sus necesidades, más de lo que había soñado cuando vivía en el país de los Vientos. Por primera vez en su vida, se sentía económicamente seguro, capaz de mantener a una esposa y a una familia si aparecía en su vida la mujer adecuada.

Tampoco le faltaban retos. Los socios de la empresa de ingeniería en la que trabajaba sólo aceptaban trabajos que constituyesen un desafío.

¿Qué era entonces? ¿Qué era lo que le hacía sentirse como si lo demás casi no importase? ¿Qué había detrás de aquella sensación de insatisfacción? Le fastidiaba no ser capaz de definirlo.

Por suerte, el sonido del intercomunicador interrumpió aquella extraña y turbadora introspección.

- Sí, Shiho. ¿Qué pasa?

- Tiene una visita, Señor. No tiene cita.

Shikamaru sonrió. Shiho era una ex integrante del escuadrón de investigación encubierto del ejército, que tenía el instinto sobreprotector y que llevaba su agenda con la precisión del plan de lanzamiento de un cohete espacial. La flexibilidad no formaba parte de su naturaleza.

- ¿Tiene nombre el visitante? - le preguntó.

- Temari no Sabaku, Señor.

La respuesta lo sacudió por dentro. Nada habría podido sorprenderle más. Se le detuvo el corazón, y luego volvió a latirle tan deprisa como si le hubiesen dicho que le tocaba tirarse en paracaídas. Su reacción le sorprendió tanto como la idea de que Temari estuviese en Konoha. Temari, que jamás había tomado un avión, había atravesado el país, ¿Sin avisarle?. Tenía que verlo con sus propios ojos.

- Que entre, por supuesto.

- ¿Está seguro, Señor? Tiene una reunión a las catorce horas. Lo siento, Señor, quería decir dentro de diez minutos.

- Que entre - repitió él, poniéndose en pie, preguntándose por qué estaba tan nervioso.

¿La sencilla Temari en Konoha? ¿La mujer que le había jurado que nunca saldría de su pequeña ciudad natal en el país del Viento había ido hasta allí tal vez para celebrar la Navidad? Aquello le parecía tan imposible como ponerse a diseñar un puente robusto y barato para un país del tercer mundo.

Pero, a no ser que se hubiese imaginado las palabras de Shiho, Temari estaba allí, en su empresa, y el corazón le latía tan rápido como el día que le había robado el primer beso. Al mismo tiempo, una extraña sensación de tranquilidad lo invadió.

La puerta de su despacho se abrió, Shiho se hizo a un lado y Temari entró. Shikamaru se quedó boquiabierto. La conocía prácticamente de toda la vida, pero le costó reconocerla. No había nada de sencillo en la mujer que tenía delante. Llevaba un traje de color verde lima que resaltaba el color de su piel y tacones altos que alargaban sus piernas todavía más. Se había hecho un corte de pelo moderno, a capas. Y los mechones rubios brillaban más que nunca. Parecía más sofisticada de lo que él recordaba. Y más sexy. Entonces apareció en su rostro la dulce y tímida sonrisa que la caracterizaba y el corazón le dio un vuelco, como siempre.

- Hola, Shikamaru. Feliz Navidad

Él también sonrió.

- No puedo creerlo. Ven aquí.

Abrió los brazos y, Temari, después de dudarlo un instante, se dejó abrazar. Cuando la tuvo apoyada contra el pecho, con la cabeza debajo de su barbilla, Shikamaru sintió que una extraña sensación se apoderaba de él. Por fin sabía lo que había estado echando de menos.

Aunque, por supuesto, no podía ser. Había dejado a Temari no Sabaku cuando se había mudado a Konoha. Le había dado su palabra de que la ruptura sería definitiva, y la había cumplido. Dado que sus padres habían fallecido y que había vendido la vieja casa familiar, no había tenido motivos para volver a su ciudad natal. No había mirado atrás, ni una sola vez. Bueno, casi ninguna una vez.

Retrocedió y la observó de arriba abajo.

- Estás increíble. Siéntate. Y cuéntame qué estás haciendo en Konoha. ¿Has venido a algún congreso de profesores o algo así? ¿Por qué no me has avisado de que ibas a venir? ¿Cuánto tiempo vas a quedarte?

Ella rió ante el aluvión de preguntas.

- Te contestaré primero a la última pregunta. Voy a quedarme una semana. No te he avisado porque no me he decidido a venir hasta el último momento. Tenía vacaciones y no quería pasármelas limpiando la casa, como he hecho siempre.

Lo miró con incertidumbre.

- Espero que no estés a punto de marcharte de viaje o algo así – añadió - ¿Tendrás tiempo al menos para que cenemos? Siempre hemos celebrado Navidad juntos, desde que éramos niños.

- Empezaremos por cenar - contestó Shikamaru, pensando en todas las cosas que podría enseñarle en una semana, imaginando cómo reaccionaría ella, con entusiasmo.

Eso era lo que le encantaba de Temari. Se entusiasmaba con cada descubrimiento, fuese una punta de flecha encontrada a las orillas de un río, o el azafrán empezando a florecer en primavera. Ésa era la cualidad que la convertía en una excelente profesora, que era capaz de comunicar aquel entusiasmo a sus alumnos.

Siempre había sido capaz de transmitírselo a él. Tal vez ése fuese el motivo por el que habían estado tan bien juntos, aunque las actividades de Temari fuesen mucho más tranquilas que las que él habría elegido. En una ocasión habían recorrido el Kyoukoku, desfiladero en el que había luchado el General Shamon. Cuando Temari se lo había propuesto ambos eran adolescentes y él había pensado que prefería jugar al balón a recorrer un lugar lleno de arena.

Después le había sorprendido darse cuenta de que se había sentido como si hubiese formado parte de un increíble drama familiar que había tenido lugar durante la Guerra Civil del país del Viento. No podía negar que Temari tenía un don para la enseñanza, la capacidad de despertar y avivar la imaginación.

Aunque en esos momentos, la imaginación de Shikamaru iba por un camino mucho más provocativo. Recordó cómo era tenerla entre sus brazos, sentir sus besos.

El intercomunicador volvió a sonar antes de que él estuviese preparado para interrumpir sus pensamientos.

- Señor, su cliente está aquí - anunció Shiho con cierto aire de triunfo al saber que la visitante que no había pedido cita no tardaría en marcharse.

- Ofrécele una taza de café o lo que sea y dile que estaré con él enseguida - le dijo Shikamaru.

Luego se volvió y vio a Temari mirando por la ventana, con los ojos muy abiertos, emocionada.

- Es impresionante, ¿verdad? - comentó poniéndose a su lado.

- Es mejor que en las fotografías - admitió ella. Se giró - Ahora veo por qué quisiste venir aquí. El Gran Puente de Kanabi siempre te inspiró. Incluso cuando éramos niños, era tu fotografía favorita de la enciclopedia. Debiste de dibujarlo un millón de veces. Y ahora lo tienes aquí, frente a tu ventana.

Él también se había sentido intimidado por la imagen durante unas semanas. Después, se había acostumbrado a ella, como se había acostumbrado a tener el amor de la mujer que estaba allí a su lado. El sonido del intercomunicador le recordó que tenía a un posible cliente esperándolo y una secretaria impaciente que no iba a permitir que se olvidase de él.

Tocó la mejilla de Temari con arrepentimiento.

- Tengo que hacer entrar a ese cliente. ¿Dónde te alojas? - le preguntó - Le pediré a Shiho que me vacíe la agenda esta semana. Pasaré a recogerte a las seis.

- ¿Estás seguro? No quiero que lo dejes todo por mí.

- Estoy seguro - contestó él sin dudarlo.

De hecho, no había estado más seguro de nada en mucho tiempo.


Temari seguía sin poder creerlo. Aquel primer viaje en avión le había causado muchos nervios desde antes de las primeras turbulencias, pero nada en comparación con el momento en que había entrado en el despacho de Shikamaru para volver a encontrarse con él. Le había sorprendido que hubiesen resurgido viejos sentimientos, le había asustado la incertidumbre, a la que no estaba acostumbrada, hasta que había visto en sus ojos que la recibía con cariño.

En esos momentos, un par de horas después, se estaba dando cuenta de que su primera cita no la había perturbado tanto como aquella, casi dieciséis años después. Por primera vez en su vida, quería hacer que ocurriese algo, quería arriesgarlo todo para hacer realidad su sueño. Se había obsesionado con quedarse embarazada desde que la idea se le había pasado por la cabeza. Estaba desesperada porque ocurriese, quería que Shikamaru la desease como la había deseado en el pasado. Pero por mucho que quisiera aquel hijo, lo quería más a él.

Le temblaron las manos mientras se ponía el relicario de oro. ¿Se acordaría Shikamaru de que había sido él quien se lo había regalado con motivo de su decimosexto cumpleaños? Todavía llevaba su fotografía dentro. Se miró al espejo, con el relicario entre los pechos, y se preguntó si era una equivocación llevarlo puesto. Tal vez estuviese contando demasiado con los viejos sentimientos y anhelos, en vez de pensar en el presente. Si así era, los regalos que tenía para él tampoco eran los adecuados, ya que habían sido escogidos para recordarle todo lo que había dejado atrás.

Deseó poder ser fría y calculadora, poder concentrarse en quedarse embarazada de un hombre que había sido su mejor amigo, además de su amante. Pero después de haber pasado cinco minutos a solas con él en su despacho, se había dado cuenta de que, para bien o para mal, seguía enamorada de él. Todavía quedaba por ver qué sentía él, o si estaban más preparados para el compromiso que un año antes.

Le temblaron los dedos al oír que llamaban a la puerta con impaciencia. Casi se le cayó el caro frasco de perfume francés que se había comprado para la ocasión. Se puso un poco más entre los pechos y fue a abrir.

Shikamaru nunca dejaba de sorprenderla vestido con traje y corbata. Acostumbrada a verlo en vaqueros y camiseta durante tantos años, o con una camisa remangada y la corbata aflojada, como un rato antes en su despacho, no se había preparado para el impacto de aquel traje gris claro, la camisa blanca y una corbata de seda verde azulada y gris que resaltaban su pelo oscuro y su piel permanentemente bronceada. Sin darse cuenta, su vecino de al lado se había convertido en un hombre muy sofisticado. Era extraño que no se hubiese dado cuenta antes de que se marchase.

La mirada de Shikamaru la recorrió con aprobación, haciendo que le ardiese la piel. Lo vio sonreír y volvió a tener ante ella a su vecino.

- ¿Te has comprado todo un armario de ropa nueva para este viaje? - le preguntó él.

- Por supuesto que no - mintió ella, que no quería que Shikamaru supiese todo lo que había invertido en aquella visita supuestamente improvisada.

Se preguntó si Shikamaru imaginaría que el corte de pelo y las mechas se las había hecho un estilista de Konoha que le había cobrado más de doscientos ryo. Se había quedado blanca al ver la cuenta, pero al mirarse al espejo había sabido que había sido dinero bien gastado.

- Nunca te había visto ese vestido - insistió él - Lo recordaría.

- Hace un año que te fuiste. Me he comprado un par de cosas en todo ese tiempo.

Shikamaru entrecerró los ojos.

- ¿Compraste este vestido para alguna ocasión especial?

Temari no pudo evitar que se le escapase una carcajada.

- Shikamaru Nara, estás celoso.

A él pareció consternarle la idea.

- No seas ridícula.

- Es verdad. Nunca te habías preocupado por mi ropa antes.

- Porque antes siempre te vestías con cosas muy sobrias, típicas de una profesora - murmuró. Señaló el vestido escotado, de delicada seda - Esto es distinto.

- ¿Quieres que me cambie? - le preguntó Temari.

- Oh, no. Puedes ponerte este vestido para mí siempre que quieras.

- Para ti y para nadie más.

- Yo no he dicho eso.

Ella sonrió.

- No hace falta - entrelazó su brazo con el de él - Vamos. Salgamos de aquí antes de que se te ocurra algo.

- Si no quieres que se me ocurra nada, será mejor que te pongas una chaqueta por encima de ese vestido.

Temari sacudió la cabeza y decidió que le gustaba esa nueva capacidad de excitarlo.

- De eso nada. Me he arreglado y voy del brazo de un hombre guapo, así que quiero salir. No pienso perder ni un solo minuto de este viaje. Quiero verlo y hacerlo todo.

- Entonces, será mejor que empecemos. Esto no es como tu pueblo, donde puede hacerse todo en un fin de semana. Vamos a tardar un poco más en explorar Konoha.


Empezaron cenando en una bahía cercana al lugar en donde se estaba quedando ella, luego dieron un paseo por el muelle y allí se tomaron un café. Temari se enamoró de las luces, de las vistas, de los sonidos y de los olores. Hizo tantas preguntas que a Shikamaru le costó responder a todas.

Eran casi las dos de la madrugada cuando regresaron, agotados, al hotel. Shikamaru se detuvo en la puerta de la habitación.

- Debería darte las buenas noches aquí - le dijo, acariciándole la mejilla con los nudillos y jugando con un mechón de su pelo.

Temari sintió un escalofrío.

- Deberías… - admitió. Luego se puso de puntillas para darle un beso en los labios - Pero espero que no lo hagas.

- Temari…

- No discutas. Además, todavía no te he dado tus regalos de Navidad.

Aquél era el mejor incentivo. A pesar de querer demostrar su indiferencia, Shikamaru nunca había podido resistirse a un regalo. Cuando se habían conocido, siendo niños, siempre se había sentido incómodo con el modo en que la madre de Temari celebraba todas las ocasiones especiales. Su propia familia casi ni se felicitaba, tal vez porque eran muchos y nunca quedaba dinero para gastos extraordinarios.

Temari siempre había celebrado Navidad como si fuese un día de fiesta nacional. Hacía una tarta, compraba media docena de pequeños detalles y se los envolvía como si fuesen lingotes de oro. Ese año había hecho lo mismo. Hasta le había pedido al hotel que le subiesen una tarta mientras estaban fuera. A su lado había una cubeta con una botella de champán. Shikamaru lo miró todo como si fuese un banquete.

- ¿Cómo lo has hecho?

Ella sonrió.

- Al fin y al cabo, estamos en Konoha. Todo es posible. ¿No es eso lo que me dijiste cuando intentaste convencerme de que me viniese aquí a vivir contigo?

- Apuesto a que la tarta no es mi favorita - comentó él mientras hundía el cuchillo en la gruesa capa de nata que la cubría.

- Claro que sí. De chocolate, y rellena de frambuesas - confirmó Temari.

Él giró la cabeza y le sonrió.

- Eres increíble.

- Eso me has dicho siempre. Supongo que tendré que hacer lo posible para mantener mi reputación.

A continuación, abrió un cajón y sacó tres pequeños paquetes de colores chillones.

- Primero esto, y luego la tarta.

Como había hecho siempre, Shikamaru abrió primero el más pequeño. Era un llavero dorado con un dibujo de una playa y la palabra Suna escrita debajo en letras rojas.

- ¿Te da miedo que me olvide de mi casa? - le preguntó él riendo.

Ella lo miró y dijo en voz baja:

- Me temía que ya lo hubieses hecho.

Shikamaru dejó de reír y la miró a los ojos.

- Eso, nunca.

Temari tragó saliva y apartó la mirada.

- Abre el más grande ahora - insistió.

- Siempre dejo el más grande para el final.

- Este año, no.

- Está bien - dijo él, tomando el paquete más grande.

Como si quisiese provocarla, se tomó su tiempo para abrirlo. Cuando por fin lo hizo, se sonrojó. La miró, sorprendido.

- No es posible.

- Sí que lo es - le aseguró ella - Es una fotografía de tu coche, aquel descapotable azul que tanto te gustaba - hizo una pausa antes de añadir - En el que hicimos el amor por primera vez.

- ¿De dónde…? Pensé que había acabado en la chatarra hace mucho tiempo.

- No. Un día iba paseando por la ciudad cuando oí el sonido de aquel motor…

- Era inconfundible - rió él - Sonaba como un cortacésped.

- Pues sigue funcionado. Ahora lo tiene un adolescente, uno de los hijos de la familia de la casa que está en la esquina de nuestra calle. Se cree el más guay de la ciudad.

Como yo en su momento.

- Tú eras el más guay - comentó Temari - En fin, le pedí que me llevase al río y me dejase hacerle una fotografía al coche, para ti.

- Espero que no le contases por qué.

Temari rió.

- No hizo falta. Esa parte se la imaginó él solo. Me dijo que se acordaba de habernos visto a los dos en el coche cuando era un niño.

- Espero que no nos viese nunca aparcados al lado del río.

Temari rió al ver su expresión de horror.

- Lo vendiste hace años. Por entonces, él debía de tener ocho. Dudo que lo dejasen salir por la noche.

- Menos mal - dijo Shikamaru pasando la mano por el cristal del marco. La miró a los ojos - Gracias.

- De nada.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

- Claro.

- ¿A qué se debe este viaje al pasado?

Temari se encogió de hombros, intentando fingir indiferencia.

- No lo sé. Supongo que sentí nostalgia al recordar que iba ser Navidad y pensar que sería la primera en muchos años que no estaríamos juntos.

- ¿Me has echado de menos, Temari? ¿Es eso?

Ella se obligó a no apartar la mirada de él, a no eludir la verdad.

- Te he echado de menos, sí. Más de lo que había imaginado que sería posible.

- Oh, cielo - susurró él, abrazándola - Yo también te he echado de menos.

Le hizo levantar la cara y, muy despacio, inevitablemente, bajó la boca hasta sus labios. Al encontrarse, la pasión surgió al instante y toda una vida de recuerdos los invadió a ambos.


¡Hola muchachones! Aquí, como lo prometido es deuda, un nuevo cap xD... Mil gracias a todos los lectores y espero que sigan esta historia que esta demasiado linda. Saludos especiales a TeaganShamir por su review y espero que hayas disfrutado este cap. Ahora si me despido y hasta la próxima lectura ¡Besazos!